Zafiros y esmeraldas

Por: Wendy Grandchester

Epílogo I


Es increíble cómo tu vida puede cambiar tanto en unos meses. En dos años, que han parecido siglos viví tantas cosas. Presenciar en mi propia carne que la muerte se me lleve un amor. Conocer el amor más grande y que me golpee con esa pasión que me arrastró y me llevó hasta acá. Y ahora somos padres. De un tormentito rubio y alegre de ocho meses causando estragos en la casa.

—¡Oh por Dios! ¿Pero qué han hecho con mi salón?— Dice Leia al ver a Terry galopando por la alfombra con Jenny en su lomo, juguetes esparcidos por todas partes y las almohadillas de los sofás en el suelo.

—Eh... yo se los dije, pero es que Terry nunca me hace caso...

—Jajajajaja. ¡Ay Candy! Era sólo una broma. ¿Verdad, preciosa?— Desmonta a Jenny de la espalda de Terry y la carga.

—Ji... guuu... jij— Oh me encantan sus balbuceos, sus risitas. Terry se levanta del suelo tratando de relajar su espalda.

—¿Estás cansado?

—Es que Jenny está pesada. ¿Qué le das? ¿Piedras?

—No está pesada, está en su peso ideal.

—Sí, peso plomo.

—¡Terry!

—Ya, ya, no vengan a formar un pleito por tonterías... pero miren quién está aquí... ¿Quién es la princesa de abuelo?

—Jiii, jiii...— Jenny se pone muy inquieta de alegría, quiere safarse de los brazos de Leia y casi vuela hasta el señor Grandchester.

—Jenny siempre nos vende por cualquiera.— Se queja Terry y cruza los brazos, su padre levanta una ceja y sonríe con esa peculiar sonrisa torcida de los Grandchester.

—¿Disculpa? ¿Dijiste "cualquiera"? Los celos son atrevidos.

—¿Celos? Jajajaja. Veámos a quién prefiere Jenny. Ven, linda, con papi...

Terry extiende los brazos y la bebé está indecisa, mira a su abuelo y luego a Terry, la pobre está entre la espada y la pared. Terry fue a bajar los brazos rendido, pero en ese momento, Jenny extendió los suyos hacia él.

—Ves, perdiste.— Terry le devolvió la sonrisa arrogante y su padre bajó los brazos en señal de rendición.

—¡Hola! ¡Jenny!— Oh, Mia y Gia han llegado de la escuela y corrieron hacia la niña, casi tumbando a Terry.

—Hey, hey, antes de cargar a Jenny, quítense los uniformes y báñense.

—Pero sólo vamos a saludarla...— Se quejó Mia con carita de tragedia.

—Primero lo primero, Jenny no se les va a ir a ningún lado.

—¿Después podemos pasearla en su carriola?— Los ojitos de Gia estaban llenos de ilusión.

—Bueno... ya eso lo deciden Candy y Terry...

—Yo no dejaré a Jenny en manos de éste par de locas...

—¡Terry!— Le doy un codazo por impertinente.

—Por supuesto que pueden. Iremos a Central Park más tarde.

—No, claro, hagan lo que quieran, decidan todo, si yo sé que aquí lo que yo diga no cuenta...— Hay que ver que Terry lleva el drama en la sangre.

—Hola, hola, abran pasao. Karen Klaise Grandchester, fashionista y crítica de moda está en la casa.— Llegó Karen, la madrina de Jenny, cargada de paquetes... la tarde será muy larga...

—Karen... deberían penalizarte por tus desfalcos a las tiendas, por no hablar de la fortuna familiar...

—¿Desfalco? Pero sí sólo son un par de cositas para renovar el ropero de Jenny... ¿verdad, linda? Éstos padres que te gastas no tienen el menor sentido de la moda...

...

Hoy he decidido visitarla. Me ha costado todos éstos meses tomar ésta decisión pero es algo que debo hacer, mi corazón me está pinchando hace tiempo y de alguna manera, siento que se lo debo.

Respiro profundo, inhalo valor y exhalo ansiedad. Estoy en la puerta de su casa y toco el timbre.

—¡Terry! No te esperábamos por aquí...

—Sí, lo siento... ¿llegué en mal momento?

—No, por supuesto que no, entra.

—Gracias, señor Marlowe.

Entro y él me conduce hacia el salón, Susana me saluda con un gesto ligero de cabeza y se larga quién sabe a dónde.

—Y bien... ¿a qué debo tu visita? Pensé que ya todo estaba arreglado para tu próxima presentación...

—Sí, todo va perfectamente... en realidad... no vine hablar del trabajo, señor Marlowe... yo vine hablar con Nicky...

—Oh...— Trató de permanecer sereno, pero era evidente su asombro.

—Alicia, haga el favor y dígale a mi hija que venga.

—En seguida, señor.— La mucama fue en su busca luego de dejarnos unas tazas de café.

Cuando estoy dando un sorbo a mi café, casi me lo derramo encima por la impresión. Nicky se va acercando poco a poco con la ayuda de un andador. Sus pasos, aunque lentos, son firmes y yo sólo me quedo mirándola como un idiota.

—Nicky...— Por instinto me pongo de pie con intención de ayudarla.

—Oh no, quédate donde estás, yo llego solita.— Me sonríe llena de optimismo. Es curioso porque... es que como si estuviera viendo a otra persona. Ella luce diferente y no sólo físicamente, ahora con un estilizado corte de cabello hasta la barbilla, un suéter y jeans.

—Bueno, los dejo solos para que hablen.— Inteligentemente, el señor Marlowe se retira. Ella se sienta en una butaca frente a mí y un silencio profundo nos arropa.

—¿El café te ha dejado mudo?— Ella decide romper el hielo y yo me río.

—No... es que... no sé por donde empezar...

—¿Terry Grandchester sin palabras? Vaya que sí es una novedad... pero yo te aconsejaría que empieces por el principio, ¿no?

—No hemos vuelto hablar desde... desde el accidente...

—No hablábamos desde antes.— Me sonríe, pero sentí el reclamo aunque no haya sido su intención.

—Sí, tienes razón. Pero... yo recuerdo que antes de que iniciara la pesadilla... te lanzaste sobre mí, me cubriste para que las balas no me alcanzaran...

—Y de todas formas te alcanzaron...

—El punto fue que te sacrificaste por mí y yo quería saber... ¿por qué?

Se forma una nube inmensa de silencio y sus ojos se vuelven aguados hasta que revientan en una corriente furiosa.

—Yo sólo vi a esa persona disfrazada en la multitud, su arma apuntando directamente a ti y... no pensé, de hecho, yo no hice nada, mi cuerpo reaccionó sólo antes de que yo misma lo supiera, como si fuerzas invisibles me hubieran empujado hacia ti... suena estúpido, pero así fue.

—Yo...— No sé ni qué responderle. Su argumento no me convence del todo, ella se sacrificó por mí y yo nunca he sido ni siquiera amable con ella.

—Sé lo que estás pensando.— Interrumpe mis pensamientos de golpe y yo parpadeo varias veces.

—¿Perdón?

—No crees que ese haya sido el único motivo de mi sacrificio y tienes razón, hay mucho más. Hasta un ciego podría verlo.

—No te entiendo, Nicky...

—Que te amo, Terry.—Me lo soltó así de golpe. Me quedo atónito por lo directa que fue, casi sin respirar.

—Tal vez no lo demostré de la mejor manera, pero yo me enamoré de ti aunque tú ni me vieras.

—Pero Nicky, si yo ni siquiera...

—Lo sé. Tú eres de otro mundo, Terry. Yo lo supe desde que te vi. Tú tenías tanto, tu presencia es muy fuerte, donde tú llegas... se nota, así de simple. Luego... te fui conociendo más, tus reservas, esa claridad con que expresabas lo ajeno que eras a todos, excepto para... Candy... Como la tratabas, como te iluminabas y soltabas lo que fuera cuando ella llegaba... tú te desvivías por ella, tus estados de humor dependían de ella y yo... yo quise un amor así para mí, erróneamente, hice de todo para llamar tu atención y que te fijaras en mí...

—Metiéndote con Candy no creo que haya sido la forma más convincente de lograrlo...

—Lo sé, pero es que en el fondo... yo sabía que en realidad, no había ninguna forma de que eso sucediera de todos modos. Tú eras tan inalcanzable... pero Candy... ella te doblegaba.

Sonrío sin decir nada, sin contradecirla, porque es verdad. Candy tiene ese poder sobre mí, eso y mucho más.

—Y... ¿Cómo va todo? Tus terapias...— Quise cambiar el tema de conversación.

—Han sido un éxito. Dicen que en u par de años, si Dios lo permite, podré caminar sin el andador... pero sabes...— Se vuelve a romper en llanto.

—Cuando sentí los balazos y me desconecté del mundo por un instante... sólo pensé que estaba muerta o que lo estaría pronto... por eso... cuando desperté, aunque no sentía mis piernas yo... yo lloré de alegría porque... estava viva y tenía otra oportunidad...

—Me alegra mucho eso, Nicky, todos merecemos otra oportunidad.

—No creo que todos... Al menos yo pienso que Eliza y Michael no la merecen.

Asentí. Viéndolo desde esa perspectiva, cada quien tiene lo que merece. Aunque me horroriza recordar el rostro de Eliza en los noticieros, gracias a Dios está en un hospital psiquiátrico de máxima seguridad, pero aún así... las pesadillas me asaltan a veces. Hasta Michael me da pena... recuerdo la noticia en los medios y los diarios sobre sus incontables violaciones y su familia tuvo mover todas sus influencias para trasladarlo a otra cárcel.

—Buenas tardes... ¿Interrumpo?

—Oh, claro que no, Jimmy. Terry ya se iba.— Me quedo perplejo al ver al chico que llega por Nicky. No sabía que estuviera saliendo con alguien.

—Así es. Adiós, Nicky y mucha suerte.— Me despido de su novio con un gesto de cabeza y salgo de ahí satisfecho a pesar de todo.

...

Cuatro años después

—Buenas tardes. Es un honor estar de pie aquí hoy, frente a todos ustedes. Quiero primeramente dar gracias a Dios por permitirme cumplir una meta más. También a todos los maestros y especialistas que estuvieron conmigo para que ésto fuera realidad, pero sobre todo... quiero agradecer a mis padres y a mis suegros por todo su apoyo. Por estar ahí cuando más los necesité y sobre todo... Quiero agradecerle a mi amor, por caminar conmigo durante éstos años sin descanso hasta alcanzar mi sueño, por él y por mi hija, mis dos soles. Los amo.

La lluvia de aplausos me acaparó. Cumplí una de mis metas soñadas, mi bachillerato en psicología completado y toda mi familia está ahí, sonriéndome, sobre todo, mi preciosa hija, mi orgullo.

—¡Mami!— Se lanza hacia mí. Y la abrazo fuerte. Mi princesa que está cada vez más bella. Tiene cinco añitos y es la imagen encarnada de la madre de Terry.

—¡Felicidades, mi reina!— Terry me da un fuerte abrazo y un apasionado beso que me deja temblando y sonrojada, todavía a mis veintidós años.

—¡Oye! No beses a mi papi.— Jenny me aparta y se mete en medio de los dos.

—¿Y por qué no puedo besarlo?— Me finjo muy indignada.

—Porque es mi papi. ¡Mío!— Se aferra a las piernas de Terry como una fierecilla.

—Pero yo fui quien besó a mami... mami es mi novia y puedo besarla...

—¡Pues no!

—¿Y por qué no?

—Porque Justin y yo somos novios y no nos besamos...— El rosto de Terry se desencaja y yo presiento lo peor.

—Espera... ¿Que tú y Justin son qué?

—¡Novios!— Grita Jenny con emoción e inocencia, no percatándose de que está a punto de arder Troya.

—Terry... Justin es su compañerito del kinder... ¡y por Dios! Tiene cinco años, no hay que hacer un drama.

—¿No hay que hacer un drama? Mi hija de cinco años grita que tiene novio a los cuatro vientos y yo debo reirme como si nada...

—Papi... ¿hay cuatro vientos? Pensé que sólo era uno...

—Jajajajaja.— No pude evitar estallar en risa. Jenny me mira riendo también, aunque ella no comprende nada.

—No le veo la gracia, Candy.— Terry realmente está furioso, pero yo no puedo parar de reirme.

—Ya, Terry. Es algo totalmente normal. Yo también tuve un novio en el kinder... Tommy Lee... aún lo recuerdo... jajajaja. Era chino. ¿Puedes creerlo?

—¡Claro! Debí suponerlo... ¡Lo llevan en la sangre! ¿Y qué te hizo tronar con Wung Lee?

—Tommy Lee.

—¡Es lo mismo!

—Díganme que es una broma.

—Ninguna broma, Leia. Terry está que hecha chispas porque Jenny tiene novio.

—Y nos vamos a casar, abuela.— Dice Jenny para acabar de rematar.

—¿Ya tan pronto?— Leia le sigue la corriente.

—Sí. La tía Karen hará mi vestido.

—¡Karen! ¡Lo sabía! Ella está llenando la cabeza de Jenny con esas locuras... ¡Pero me va a oir!

—Pero si desde aquí todos te estamos oyendo, Terry. Aww... cambia esa cara. La boda de Jenny será dentro de viente años.— Karen le da un beso en la mejilla a Terry y lo abraza, insistió tanto que Terry acabó por ceder y corresponder.

—¿Veinte años es mañana?— Se atreve a preguntar Jenny para colmo.

—No. Pero tú te irás a tu cuarto hasta mañana. ¡Estás castigada!— Le dice Terry a la niña y en seguida se le aguan los ojitos y se queda mirándolo. Todos nos conmovemos, pero no decimos nada, sabemos que no hará falta.

—¿Ya no iremos a comer pizza y helado?— Sus lágrimas gruesas caen.

—¿Qué pasa, princesa?— El señor Grandchester terminó una llamada telefónica y se acercó a la niña.

—Abuelo... papi me.. me... re... regañó y... me... me... castigó.— Explicaba Jenny ahogada en llanto y buscando refugio en los brazos de su abuelo preferido.

—Awww no llores. No le hagas caso, papi está loco.— Terry tenía sentimientos encontrados. Y muchos remordimientos.

—Jenny... ven aquí...— La llamó con los brazos extendidos, pero Jenny era tan orgullosa como él y estaba resentida.

—¡No quiero!

—Vamos... ya no estás castigada. Comeremos pizza y helado...

—¿Y también iremos a los columpios?

—También.

—¿Y a la playa?

—Sí. Y a Disney y a donde tú quieras.

—¡Sí!— Y eso fue todo, hija recuperada.

—Apúrense. Después nosotras tenemos que ir al cine con los chicos...— Dijo Mia desesperada y con el respaldo de su hermana que comprobaba la hora en su celular. Mia y Gia ya tienen quince años.

—¿Al cine? ¿Con quiénes?— Preguntaron Terrence padre e hijo a la vez.

...

—Tu pizzería favorita. Todavía lo recuerdo... no puedo creer que ya seas todo una mujer, Candy...

—El tiempo pasa con prisa, papá.— Lo abrazo y lo beso. Ya se le están notando los años a mi papi, pero sigue viéndose guapo.

—Candy tenía la misma edad de Jenny cuando la trajimos la primera vez... tantos recuerdos...— Mi madre tiene los ojos melancólicos. Amo a éstos dos seres con mi vida, a toda mi familia.

Unieron varias mesas para todos nosotros porque somos muchos. Estamos todos, absolutamente todos, incluyendo mis primos y sus novias. Archie y Annie tienen una bebé de un año, Perla, idéntica a su madre, sólo que con los ojos acaramelados de su padre. Stear y Patty, bueno... ellos son dos cerebritos ambulantes, aún siguen estudiando, haciendo maestrías en aquello y post grados en ésto otro, no hay planes de nupcias por el momento. Y Karen... bueno, no hay nupcias, pero aquí entre nos... se acaba de enterar de que la semillita de Tom está germinando en su vientre, pero shhh. Nadie lo sabe todavía.

—Bueno, ya que terminamos de comer... yo tengo el postre...— Dice Stear de pronto sacando un pedazdo de pastel de plástico.

—¡Qué gracioso, Stear!

—Y tendrás el honor de comerte la cereza, Candy. Vamos, ¡cómetela!

—¿Lo dices en serio?— Me quedo mirándolo perpleja porque él espera que de verdad me coma una cereza de plástico.

—Es en serio, Candy. Jala la cereza y verás.— Me dice señalando el pequello tallo de la fruta.

—Stear, no te ofendas, pero no quiero que tu pastel explote y arruine mi celebración...

—¡Dios, Candy! Jala ya la dichosa cereza.

—Terry...— Murmuro ahora triplemente perpleja porque Terry nuncaa antes había apoyado los inventos de Stear, más bien lo sacaban de quicio.

—Disculpa... ¿podrías jalar la cereza, mi amor?

—Bueno...

Con miedo y precaución, tiro del pequeño tallo y cierro los ojos esperando lo peor. Pero cuando los abrí...

—¡Oh!— Exclamé a punto de llorar.

—¿Pensaste que nunca te lo pediría?

El anillo más hermoso salió de aquella cereza. Terry se arrodilló ante mí en frente de todos y en plena pizzería. Peculiar propuesta.

—¿Quieres ser mi esposa?

—Yo... no...

—¿No?— Me preguntó perplejo. Mi propio asombro me tiene torpe.

—¡Claro que sí, tonto!

Sonreí llorando y él se puso de pie, colocando la joya en mi dedo anular ante los aplausos y las lágrimas de todos.


¡Hola!

Espero que les haya gustado el primer epílogo de ésta historia. La continuación estará en el próximo para que cerremos ésta maravillosa locura con broche de oro.

Gracias a todas las chicas hermosas que comentaron, sobre todo a mis dos locas: Candice W. AndrydeG y Candice Graham.

Belen Inhuman, Loca x Terry, zucastillo, mariana seguame, Laurita White, Eri, Kazy Tailea, norma Rodriguez, ferchita diaz, Nerckka, mia londoo, vero, Luisa, Dali, LizCarter, dulce lu, Azukrita, Faby Pru, Zafiro Azul Cielo 1313, Rose De Grandchester, gatita, Laura GrandChester, MARIA 1972, Mako, Oh Ha Ni


Belen Inhuman: Será un placer leer tu fic y gracias por tu apoyo.


ferchita diaz: Nunca he leído forever black, la tendré en cuenta para leerla en algún momento, mas no te prometo que yo la rehaga, pues no hago ese tipo de trabajos, pero... quien sabe... :-)


mia londo: Leí 50 sombras gracias a tus adaptaciones, no he leído los libros originales, me quedé en tu 3ra adaptación.


gatita: Me gustó mucho tu idea, bueno, realmente me fascinó y cuando termine el fic que tengo planificado hacer luego de éste, haré la historia basada en tu idea, pero, tuve una mejor y más llamativa idea para él título y que va más acorde con la trama.


LizCarter: Yo no hago historias que tenga que abundar en hechos históricos, sin embargo, los proyectos que tengo en mente tendrán algo de eso y es muy probable que te gusten.


Zukrita: Con que fan de Albert, ah! Que calladito te lo tenías.


Un beso a todas por su inmenso apoyo, especialmente a las Albertfans confesas que yo he hecho que se enamoren de Terry y honestamente no las culpo, mi arrogante inglés es irresistible, ninguna chica en su sano juicio se resistiría a sus encantos y en mi opinión, incluso las Albertfans tuvieron que enamorarse de Terry alguna vez, creo que es inevitable.

Ha sido un placer y nos vemos en el próximo epílogo.

Wendy