La hora pico del tráfico por la mañana era abrumante, la gente seguía su rutina, cada quien con sus preocupaciones y esperanzas para el día. Mientras Alfred miraba de reojo a la persona que pasaba delante de él, se preguntaba por qué cosas este estaría pasando; que miedos escondía detrás de esa máscara que mostraba a la sociedad.
"Alfred ¿estás bien?" le preguntó Iván después de algunos minutos de silencio entre ellos.
"¿Eh?" Alfred alzó la mirada, dándose cuenta de cuan tensa era su expresión al contestar. Trató de relajarse un poco, pero era difícil. "Sí. Quiero decir… no lo sé. Me siento tan perdido y cansado con todo esto. Ni si quiera sé a dónde ir o qué hacer."
Iván le ofreció una gentil sonrisa. "No te preocupes. Al final todo saldrá bien Fredka."
El sobrenombre le sorprendió, pero le resultaba familiar así que lo pensó un poco. "Fredka. Creo que me habías llamado así antes ¿verdad? Bueno, usualmente solo me dicen Al. Creo que ni siquiera llegan al Fred."
"Sí. Bueno, ese sería como un sobrenombre cariñoso en ruso. Pero si te incomoda o prefieres que te diga Al…" Iván agachó la mirada, acomodándose la bufanda.
"¡No! Es bastante mono. Por favor, siéntete libre de hacerlo." Un sobrenombre ruso tendría sentido, ya que no contaba solo como sobrenombre dado el número de letras que el suyo tenía. "Que pena que no hay manera de sacar un sobrenombre del tuyo. Ya de por sí es corto y 'Van' sonaría muy cutre."
Iván tarareó. "Eso no es verdad. En ruso mi sobrenombre sería Vanya."
Alfred arqueó una ceja. "Es incluso más largo que tu nombre! Vanya. Sí que suena bien. Algún día deberías de explicarme cómo funciona eso de los sobrenombres rusos. Suena demasiado complicado tío."
"Me haré responsable de educarte al respecto. Y, hacer un nombre más corto no lo hace sonar necesariamente cariñoso ¿verdad? Debería ser el sentimiento detrás del sobrenombre lo que cuenta. Como Fredka." Iván acercó su mano y pilló un costado de la oreja de Alfred.
Alfred soltó una risa, un poco desconcertado por el gesto, pero no le era desagradable. "Ya veo. Tú sí que eres un tío sabio. Gracias por mostrarme lo equivocado que estaba."
Ivan retiró su mano, sonriendo. "Así me gusta. Prefiero verte sonreír."
Los ojos de Alfred se abrieron más y agachó un poco la cabeza. "Ah. No quiero ser borde o algo por el estilo. Es que, todo esto me ha puesto así. Supongo que no es nada nuevo para tí si te digo que crecí siendo muy engreído. Así que esto es lo peor con lo que he tenido que lidiar honestamente, y sí que me ha liado mucho. De lo único que creí tener miedo hasta ahora, era de los fantasmas."
La expresión de Iván se suavizó. "Es entendible. No estoy tratando de decirte que no tienes que estar molesto. ¿Cómo no podrías estarlo después de todo lo que ha pasado? Aún tienes mucho que pensar."
Alfred levantó la cabeza de nuevo, alzando la mano y tirando un poco la manga del abrigo de Iván. "Lo sé. Joder, realmente aprecio el que tú hayas estado conmigo todo el tiempo. Probablemente aún estaría teniendo un ataque de pánico ahora si no hubiera sido por ti. Nunca podría agradecerte lo suficiente porque, te digo de todo corazón, haz hecho mucho por mí, por más cursi que eso suene."
"No hay necesidad de que me agradezcas; ya que me alegra haber estado a tu lado. Pero no estamos aquí para recordar todo esto, así que vamos."
Alfred caminaba detrás de Iván, agradecido de estar fuera de su apartamento y rodeado por esas vistas familiares y olores de la ciudad. Lo hacía sentir a salvo, relajado, incluso si era una sensación falsa de seguridad. "Así que… ¿hacia dónde vamos exactamente?"
Ivan levantó el dedo índice en señal de espera. "Pronto llegaremos, no temas. El misterio es la mitad de la diversión."
Alfred le puso freno a su curiosidad y permitió saborear el misterio, muy preocupado ahora como para actuar como solía hacerlo. De pronto, ellos se detuvieron frente a un café, Iván abrió la puerta para él. El olor a café y bollería era muy fuerte y por primera vez en horas, sintió un poco de hambre. Todo esto fue aplastado por una cruel realización. "Joder! Ni si quiera pensé en traer mi billetera."
"No te preocupes de ello. Yo me ocuparé de ti durante el día. Yo invito ¿vale?" Iván le indicó que se acercara hacia la barra, lo cual Alfred hizo.
"Te lo devol-". El ruso movió su mano en señal de 'olvídalo' y lo incitó a hacer su pedido. "Um, vale. Bueno, solo tomaré un café negr-"
"Tonterías. Él tomará un caramel macchiato, largo. Yo deseo un café corto. ¿Qué deseas comer?" Iván lo miró, esperando por su respuesta.
Alfred lo miraba algo desconcertado. "Yo pues…" Su mirada se movía rápidamente por el menú presentado, hasta que finalmente eligió. "Una rosquilla. Una rosquilla está bien; tostada por favor y con queso cremoso."
Iván asintió satisfecho, luego se dirigió hacia el cajero. "Yo deseo un trozo de tarta de frambuesa, caliente y eso es todo."
El cajero parecía algo desconcertado por la enérgica voz de Iván, al igual que Alfred, así que pegó media vuelta y se dirigió a preparar la orden. Ambos se quedaron de pie esperando, mientras Alfred continuaba mirándolo. "Estoy agradecido y todo, pero no tenías que haber hecho eso. Hubiera estado bien con un simple café. Aunque caramel macchiato es mi favorito. ¿Cómo lo sabías?"
Iván parecía algo distraído, mirando al barista detrás del mostrador prepar su orden. "¿Eh? Tú me lo dijiste hace algún tiempo."
"Oh." Sonaba como algo que él hubiera traído a una conversación. Ya que tendía a hablar mucho acerca de comidas y bebidas que disfrutaba, e Iván siempre solía hacerle café. No había duda de que se le habría escapado algo así. "Bueno sí que eres muy asertivo."
"¿Te gusta?" Alfred asintió dos veces, Iván estaba sonriendo antes de tornar su atención nuevamente hacia el barista. El ruso alzó una mano para pinchar las mejillas de su compañero mientras se daba la vuelta. "¿Te estás sonrojando?"
Alfred llevó su mano hacia su mejilla para corroborar aquello, ya que no estaba seguro. "¿Lo estoy?"
Iván rio un poco. "Estaba bromeando. Te sonrojas fácilmente ¿sabes?"
El hecho de que Iván diga eso, hizo que Alfred se sonrojara aún más, pero se recuperó rápidamente una vez alcanzaron su mesa, la cual daba hacia una gran ventana. Se sentaron en silencio por un tiempo, bebiendo su café y comiendo sus postres. Alfred se preguntaba si era así como Iván era en su trabajo, asertivo y a cargo de todo. Normalmente era tan relajado y tranquilo, que era interesante haber visto este contraste. Un atractivo contraste, si era honesto consigo mismo.
Después de un momento, Alfred llegó a un punto donde sintió que alguno de ellos debería decir algo, aunque Iván se veía contento de estar así. Sintiéndose menos que cómodo con silencios muy largos, Alfred se forzó a entablar un tema de conversación. "Te escuché hablar ruso anoche. Eh...Tío, disculpa. Quiero decir, no quiero sonar como que usualmente voy cotilleando las conversaciones ajenas en plena noche. Solo te estaba echando un ojo para saber si estabas bien porque me preocupé un poco ¿sabes? En plan ¿Y si estabas siendo atacado por mi acosador? O si alguien entró a robar, o peor un fantasma!"
Iván se detuvo, ya que estaba a punto de beber de su café. "¿Escuchaste eso? Ah, bueno, agradezco tu preocupación. Te aseguro que no fue un fantasma." Iván hizo otra pausa para darle un bocado a la tarta que pidió, antes de continuar. "Estaba hablando con mi hermana mayor. No era nada serio, espero no haberte molestado."
"No, Superman fue el que me despertó y luego me puse en plan paranoico, lo cual es estúpido realmente. Eso es algo con lo que he tenido que lidiar últimamente, paranoia. A veces me pasa y me pone como una cabra, más aún con todo este tema. Déjame decirte que todas esas cosas desapareciendo, no me han ayudado en lo más mínimo. A veces me encontraba mirando a través de mi ventana, como esperando que alguien me estuviera vigilando. Para nada sano, así que lo siento por ser un caguetas y paranoico, joo."
Iván lo estudiaba cuidadosamente y luego negó con la cabeza. "Para nada, por favor no seas tan duro contigo mismo. Digamos que esto es normal, dada las circunstancias."
"Claro, aunque trataré de no serlo. Así que… ¿Cómo está tu hermana?" le preguntó, forzándose un poco a sonreír.
"Oh…ella está bien." Iván le dio otro mordisco a su tarta y bebió un poco de café.
"Me alegro." Alfred cogió su rosquilla, no muy seguro de ello. "Yo extraño a mi hermano. Aunque últimamente he sido un hermano clase C de 'capullo' con él, con cosas que no han sido culpa suya, así que he cortado el rollo con él. Siempre solíamos ser muy cercanos el uno con el otro, quiero decir, nadie me conoce tan bien como él y viceversa. Ahora es cuando me pregunto si eso aún sigue siendo así. Ni siquiera le he contado sobre mi acosador."
"No quiero preocuparlo, pero desearía que estuviera conmigo ahora. Aunque es un poco egoísta de mi parte con todo lo bien que le está yendo a él ahora. Sé que se preocuparía demasiado por mí si le dijera lo que me está pasando y haría un lío de ello. Quizás hasta se le ocurra la tonta idea de venir a verme, pero, parte de mi desearía que lo hiciera. Dejar todo y en cero coma estar alado de su estúpido hermano."
Alfred estaba inundado de sentimientos y añoranza sobre su hermano, que se desplomó hacia atrás, sintió un nudo formándose en su garganta. "Mattie puede ser un poco duro y pesado a veces, pero siempre sabe qué decir cuando las cosas van mal. Debería llamarlo luego, quizás mañana. Realmente lo extraño."
Iván había escuchado silenciosamente todo lo dicho y Alfred trató de alejarse un poco de esos pensamientos al mirar a su acompañante. Su expresión era difícil de leer y una pequeña parte de Alfred quería tener su cámara con él para poder capturar el misterio de su expresión. Algo que parecía no ser una expresión de placer, pero lamentablemente al siguiente segundo ya no estaba seguro de lo que el ruso estaba expresando. "Quiero decir, no lo llamaré mientras tu y yo estamos paseando. Eso sería de mal gusto."
La expresión de Iván permaneció fría un segundo más, antes de relajarse y volver a su usual sonrisa. "Para nada. Entiendo que ahora más que nunca deseas estar cerca de tu familia. Estoy seguro de que se alegrará al saber de ti."
El americano asintió. "Aunque aún no sé si debería decirle todo. Dudo que él sepa qué hacer respecto al acosador estando tan lejos. Joder, ni yo sé que hacer tampoco. No puedo quedarme sin hacer nada y esperar a que el problema se arregle solo, pero ahora que lo pienso no sé qué hacer…"
"No lo harás. Empezarás a caminar hacia adelante y verás que el tiempo ya no será un problema ¿vale? Porque ese es el tipo de persona que eres tú ¿verdad?" la sonrisa de Iván permanecía pero se sentía la seriedad de lo que dijo, de cuál Alfred tomó confianza.
"Sí, lo sé. Tienes razón. No voy a dejar que algo como esto me siga afectando!" Alfred no era pesado y no dejaría que alguien como Iván se pusiera en peligro, ni él ni ninguna persona que le importara. No había manera alguna de que dejara que eso les pase, aunque él no tuviera idea de qué hacer.
"No te preocupes demasiado. Todas las cosas a su debido tiempo. Y por tu hermano, se lo dirás cuando te sientas bien y estoy seguro de que te apoyará en cualquier cosa que pidas de él." Iván arrugó su servilleta. "¿Ya terminaste o deseas quedarte más tiempo? Hace un poco de fresco afuera."
La cafetería se había llenado de gente mientras ellos comían y los murmureos eran más altos que cuando habían llegado. "Deja que me termine la rosquilla y nos podemos ir."
"No hay apuro." Iván se relajó en su silla, terminando lo último que quedaba de su café, parte de su tarta permanecía en el plato, sin tocar.
Alfred se metió un buen trozo de rosquilla en su boca. Era agradable y caliente por dentro, esperaba que el frío exterior fuera algo tolerable.
"El frío no te molesta mucho ¿verdad? Ahora que lo pienso, nunca te he escuchado quejarte del frío. No sé cómo lo toleras. El frío no mola, preferiría el calor todos los días."
"Estoy acostumbrado al frío. Aunque me gusta más cuando el clima es cálido. Largos días de verano, sí, me agradan mucho. Verás, el clima era bastante frío donde yo crecí. Temo que esa frialdad se haya acoplado a mi personalidad." Iván tornó su cabeza hacia la ventada, como mirando algo en la distancia.
"¿Eh? No lo pillo pero…si estás diciendo que eres una persona fría o algo así, no me lo creo ni por un minuto. Eres una de las personas más cálidas que he conocido nunca!" Alfred tragó el último pedazo de rosquilla que le quedaba, atorándose en el proceso, elegante como siempre.
"Perdóname. Creo que no me expresé bien y ahora soy yo el que parece algo melancólico. Pero Alfred, si yo fuera a caracterizarte, diría que tienes el verano dentro. Para ser honesto no soy nada cálido si me comparas contigo. A veces se te va la pinza y haces cosas sin pensar, pero tu empatía es la más grande que he conocido nunca, y eso viene de alguien que trabaja en el campo médico."
Alfred se encontró sonrojando nuevamente. "¡Qué dices! No digas eso! Yo solo quiero que la gente sea feliz. No lo sé, no es mucho que pedirle a la vida, quiero decir, debería ser fácil ¿verdad?"
"Pero no lo es. Y que tú se lo desees a todos es lo que te hace único." Ivan untó un dedo en lo que quedaba de su tarta, lamiendo el dígito lentamente. "En este mundo, es más fácil hacerte feliz o dedicarte a ti mismo que deseárselo a otra persona. Y cuando has encontrado la felicidad, nunca dejarla ir."
Alfred lo miraba, lo miró por un largo y tendido tiempo. "Tienes una manera tan franca de mirar al mundo. Es una de las razones por la cual me gustas mucho."
Ivan parpadeó y por primera vez se sintió sonrojar. Eso complació inmensamente a Alfred y se lo tomó como una pequeña victoria. "Vamos. No sé hacia dónde pero no acaparemos más esta mesa." Dijo el ruso.
Con un guiño, Alfred cogió la basura de la mesa y se levantó, Iván le seguía el paso detrás. El frío había bajado para el momento en que ellos dejaron la cafetería. El aire que inhalaba el americano le sentaba refrescante y calmante de cierto modo.
La temperatura era algo más tolerable, aunque a veces el viento hacía que el americano rechinara los dientes. A medida que caminaban, Alfred se encontró más calmado. Tarde o temprano tendrían que volver a su apartamento y a sus problemas, pero estaba contento de no pensar en ello por ahora, quería seguir sintiéndose así de bien un poco más.
El menor compartía con Iván la emocionante historia de cómo una vez, organizó la liberación de 20 gallos en su colegio como una broma de último año. El más alto de los dos se tomó un momento para mirar a su reloj y luego cogió a Alfred de la mano. "Me disculpo por la prisa pero tenemos que caminar rápido o nos haremos tarde."
"¿Eh? ¿Tarde para qué?" Si pensaba que obtendría respuesta alguna de Iván, estaba muy equivocado, pero ya se estaba acostumbrando a ello. Dejó que el ruso lo llevara, su respiración se aceleró a medida que avanzaban más y más. De repente se detuvieron frente a un pequeño teatro en el cual Alfred había estado ya unas cuantas veces, donde solían emitir películas viejas. Fue una agradable sorpresa, la cual le hizo sentir una pequeña chispa dentro de él que le hizo olvidar del frío por un segundo. "Oh tío! Amo este lugar. No he visto una película desde hace años!"
"Pensé que disfrutarías de esto. Ven conmigo, no querrás perderte el inicio." Así entraron en el lugar, donde el ambiente daba sensación de intimidad, y se desprendía ese olorcillo a humedad característico de un lugar viejo. Iván compró los tickets, mientras Alfred admiraba uno de los poster vintage que estaban pegados a la pared. Todos le resultaban familiares, gracias a ello otra vez sintió un pequeño calor nacer en su pecho.
Cuando Iván le dio el ticket, Alfred leyó la película que ellos estarían viendo y su expresión se abrillantó. "Oh tío, me fascina Casa Blanca! Es una de mis favoritas."
"Lo sé, me lo habías mencionado antes." Iván se movió hacia la puerta más cercana y Alfred le siguió, parpadeando mientras sus ojos se ajustaban a la oscuridad de la sala. La cual estaba casi completamente vacía, excepto por una sola figura en el frente. Iván le dio una amplia privacidad a esa persona, escogiendo sentarse en la parte de atrás.
El americano se sentó en la silla de un golpe. Mantenía su voz en un tono bajo mientras le hablaba al otro. "No puedo creer que lo recordaras. Tienes una memoria de elefante ¿lo sabías? Ni siquiera recuerdo la mitad de lo que digo. Las cosas salen de mi boca antes de pensarlo y yo en plan 'sí, esto suena bien' pero tú no te pierdes ni una."
Iván llevó su mano hacia la del otro y le dio unas palmaditas. "Podrías llamarlo un don supongo."
El menor bufó una risa y se sentó más cómodo en su asiento, contento. Mientras esperaban a que la película empezara, las preocupaciones que él había estado tratando de apartar volvieron, haciendo que su mirada se dirigiera a la persona solitaria delante de él. Odiaba el tener que decir algo, pero se lo quería sacar del pecho. "¿Estás seguro que esto está bien? Quiero decir no que esté exactamente a tope de personas. ¿Qué pasa si…"
Sin si quiera dejar que termine, Iván entendió inmediatamente su preocupación. "No te preocupes demasiado. Dudo mucho que alguien pueda hacer algo en este lugar. Si alguien estuviera lo suficientemente loco como él, dudo mucho que el lugar importe."
Alfred no estaba seguro de si eso era reconfortante o desconcertante, pero supuso que Iván tenía razón, así que trato de dejar allí el tema. Su estómago no paraba de retorcerse pero se obligó a dejar de mirar a la otra persona.
Una vez que la película empezó, le fue más fácil relajarse, especialmente cuando nadie más entró al salón. El rubio recitó sus líneas favoritas de la película, concentrándose mucho en ella. Mientras una de las partes románticas era plasmada en la pantalla, Iván empezó a moverse a su costado, se estaba estirando. Levantó sus brazos mientras se estiraba y relajaba su espalda, uno de sus brazos llegó a descansar en el hombro de Alfred. El movimiento no le pareció mucho, por lo cual el americano a penas y le dio importancia.
Pero luego el gesto empezó a hacerse más significativo, dejándolo perplejo. ¿Por qué Iván hizo eso? Claro, era normal que entre amigos estas cosas de poner el brazo en el hombro del otro pasara, era solo que nunca antes lo había hecho. Quizás era porque Alfred había estado tan nervioso todo este tiempo y su amigo trataba de tranquilizarlo un poco. Sí, eso tenía que ser, Alfred pensó. Iván siempre sabía qué hacer para hacerlo sentir seguro.
Los dos permanecieron así por el resto de la película, Alfred nuevamente muy concentrado en la película como para pensarlo mucho. Lagrimas se asomaban mientras el aplastante final se acercaba, Alfred miró secretamente a Iván, curioso por saber cómo reaccionaría. Captó su mirada, la cual estaba siendo dirigida hacia él en retorno, el americano se encontró sonriendo y la expresión de Iván se suavizó un poco en esa manera especial que solo él tenía, antes de que los dos volvieran a posar sus ojos en la pantalla.
A medida que la película iba terminando, Iván retiro su brazo de una manera tan delicada, que pareció que nunca había hecho eso en primer lugar. O mejor dicho, Alfred pensó que quizás intentaba hacer que el gesto pareciera casual y era él que le daba muchas vueltas.
El hombre que estaba en la primera fila se levantó, pasando por los asientos vacíos. El estómago del rubio se retorció otra vez y se trató de confortar así mismo, pero su mente ya había saltado hacia el peor escenario posible. El hombre pasó por su fila sin quiera darles mirada alguna, el menor dejó salir un suspiro de alivio. Tenía que controlar su paranoia o terminaría avergonzándose así mismo.
Iván le sonrió con gentileza, sabiendo que pasaba por su mente. Aun así, se le vinieron a la mente todas las fotografías que le enviaron donde a Arthur le habían tachado el rostro, haciendo que esa sensación no fuese tan fácil de olvidar. Su acosador puede que no esté tan al día de sus actividades pero sería imposible de negar que en algún punto quizás él estaría observándolos.
Con todo el esfuerzo que Iván estaba haciendo para animarlo, Alfred decidió de tratar mantener esos pensamientos para sí mismo y no malograr el ambiente. Después de todo, ese era el por qué la gente siempre lo quería alrededor, el americano eliminaba la seriedad en cualquier situación. Si nunca actuaba serio entonces nada serio podría pasar. Esa filosofía le ha estado funcionando bastante bien, bueno, hasta hace poco.
"Las películas antiguas son lo mejor, tienen mucho glamour, cosas como las joyas y los ojos que tienen a relucir incluso más que en las películas de color de hoy, ¿no lo crees? Yo mismo experimenté un poco con fotos en blanco y negro porque amaba como se veían, hasta darme cuenta que lo que verdaderamente me inspira eran los colores. Es como que veo ciertos colores y quiero que el resto del mundo lo vea. No solo eso, quisiera que también lo sintieran!" Alfred le sonreía a Iván mientras se abrían paso hacia el lobby.
Iván le retornó la sonrisa, sosteniendo la puerta abierta para Alfred. "Creo que tu voz y tu pintura son relucientes y eso se transmite a través de tu trabajo. Hay mucho amor en ello."
Alfred le dio un pequeño golpe en el hombro, muy complacido al parecer por el comentario. "Gracias. Eso significa mucho para mí." Su vista se movía de un lado a otro, haciendo una pausa y soltando un pequeño tarareo en su garganta, posó una mano sobre el pecho del más alto, haciendo que retrocediera un par de pasos. "Espera aquí un momento ¿vale?"
Iván le hizo caso, mientras Alfred daba pasos hacia atrás enmarcando con sus dedos al rostro del ruso que yacía parado al costado del teatro. Hizo una pausa, sacando la lengua ligeramente hasta encontrar el ángulo perfecto para la foto. Iván ni siquiera tenía que posar, le salía natural. Alfred le guiñó como si ese fuera el 'click' de la cámara para después bajar sus manos. "Joo desearía tener mi cámara conmigo. Esa hubiera sido una toma perfecta. Tenemos que volver a este sitio otra vez ¿vale? Ya sabes, cuando haya resuelto todo esto."
Iván lo miró con cariño mientras el otro retornaba a su lado. "Oh ¿es esa una invitación?"
"Doh! no lo preguntaría si no lo fuera." El menor arrugó la nariz mientras sonreía.
Entonces por segunda vez Iván se sonrojó nuevamente y Alfred lo tomó como otra victoria. ¿Cómo es que no había alguien que hiciera de esto su meta de vida? hacer que el ruso se sonroje cada vez que sea posible. Iván se acomodó la bufanda por encima de su boca y murmuraba a través de ella, "Entonces vendremos otra vez."
"Genial! Es más divertido ver películas en compañía." Empezaron a caminar en la acera, Alfred no preocupándose más de cuál sería el siguiente destino. "¿Sabes? Había querido hacer una serie de fotos inspiradas en Casa Blanca. He estado dándole vueltas a la idea pero con todo lo que pasó… Como que eso drenó mi creatividad y deseo de hacer cosas. Quizás esto te suene como una vaga excusa ¿eh?"
Alfred soltó una risa algo incómoda, cejas contrayéndose en preocupación. Iván lo miraba y negaba con su cabeza. "Para nada. Tu inspiración volverá una vez te sientas a salvo."
Las palabras resonaban en su cabeza y como siempre, el otro hombre sabía exactamente que decir para hacerlo sentir mejor. "Bueno, como dije, ya no siento tanto afán por las fotos en blanco y negro pero estaba pensando en hacer algunas basadas en la… la sensación que te da esa atmósfera en la película. Y cuando lo haga, tú definitivamente deberías ser mi modelo. Quiero decir, tienes ese perfil tan maravilloso. Creo que serías perfecto para captar la intensidad del guapo Humphrey Bogart."
"Si deseas que sea tu modelo, yo estoy más que feliz de hacerlo." El ruso llevó su mano y cogió la manga del abrigo de Alfred, y el americano casi que murió con el gesto.
Un gesto tan adorable hecho por una persona tan mona como él, era un arma poderosa; Iván debería tener cuidado de con quién lo usa! Alfred se detuvo un momento al darse cuenta de lo que acababa de pensar, lo que le hizo dudar. Se recuperó rápido, aunque el sentimiento seguía allí, negándose a desaparecer. Iván era solo un amigo ¿verdad?
Los dos caminaron sin ninguna meta en particular, Alfred pensando en múltiples ideas sobre qué fotografiar, tratando de aplacar todas las cosas que le pasaban por su cabeza. El tema de antes aún seguía en su cabeza, pero él era un profesional ignorando las cosas con las que no sabía cómo lidiar. A mayor tiempo que el rubio estuviera fuera mayor sería el tiempo que podía disfrutar un poco de calma, ya no mirando cada dos por tres detrás de su hombro por si alguien venía.
Alfred empezaba a enfriarse un poco cuando Iván finalmente rompió el silencio. "¿Tienes hambre? Conozco un buen lugar cerca de aquí."
En forma de gruñido su estómago contestó por él. Alfred rio y cubrió su estómago. "Creo que ya respondió por mí. Sí, definitivamente deberíamos comer algo. Nada muy lujoso por favor, ¿vale?"
"No te preocupes, el lugar no es lujoso." Iván le aseguró, pero tras haber caminado unos quince minutos, se detuvieron frente a un restaurante que gritaba a todo pulmón '¡Gente pija entrad!'.
A medida que caminaron hacia el interior, Alfred se desconcertó al ver todo el panorama. No era como que si nunca hubiera comido en lugares como este en su niñez, pero esta no era la definición de 'no lujoso'. Alfred se movía un poco mientras Iván hablaba con el encargado, sentía que no tenía la ropa adecuada para el lugar. En tanto iban siendo guiados hacia una mesa, el americano expresó su voz, "Ostras ¿estás seguro de que esto está bien? Todo se ve tan caro."
"Está bien si tú estás bien. No estás incómodo ¿verdad?"
"Bueno, no, pero-"Iván le cortó "Excelente! Entonces no te preocupes."
No hubo tiempo para darle más cabida a la discusión, ya que ni bien se sentaron, el menú fue presentado. Alfred tomó una bocanada de aire y lo dejó salir en forma de suspiro. Iván estaba perfectamente enterado de qué el menor no traía dinero y que Alfred no le negaría ninguna invitación le ofreciera. Ya habría tiempo de sobra para devolver el favor luego.
Alfred entrecerraba los ojos al leer los nombres de los platos, incapaz de descifrar los misterios del francés. "Um… No puedo leer esto. No tienen, ya sabes, ¿una versión en inglés? Creo que tendría más chance de leer algo en chino mandarín que en francés, es algo así como mi enemigo mortal, me daba por saco cuando estaba en el colegio."
Iván estaba claramente sorprendido por la seriedad con que lo dijo Alfred. "No temas. Creo que puedo elegir algo que sea de tu agrado."
Alfred se encogió de hombros y dejó el menú sobre la mesa. "Vale. Dejo mi estómago en tus manos. Escoge sabiamente, su destino depende de ti. Aunque sé que pillarás algo bueno y nos salvaras a todos."
Iván dio unas carcajadas y movió su cabeza suavemente, sus ojos escaneaban el menú. Cuando el mesero se acercó, Iván habló en un francés muy fluido, arqueando una ceja al mirar a Alfred. Le tomó una momento darse cuenta de que le estaba pidiendo permiso y él asintió rápidamente, luciendo como un completo idiota, de eso estaba seguro. Iván ordenó y el mesero se llevó consigo las cartas, marchándose.
Alfred lo miró, una pequeña sonrisa de asombro creciendo en sus labios. Iván finalmente levantó ambas cejas hacia él. "¿Qué?" cuando la sonrisa del menor creció aún más, Ivan sonrió siendo consciente de lo que quería decir. "¿Qué? Dime"
"Nada, nada. Sólo que no sabía que dentro del mogollón de cosas que tienes por talento, el francés era uno de ellos. ¿Hay algo que no puedas hacer? De verdad."
La mirada del ruso se tornó distante y su sonrisa menguó. "Yo tuve un… un amigo. Él hablaba francés, así que fue muy fácil para mi aprenderlo."
"Oh, así que tenías un lujoso francés por amigo que te enseñó cómo hablarlo. Quizás hasta yo hubiera podido hablar francés si mi hermano no hubiera sido tan capullo y no dejarme copiar de sus deberes. Aunque eso mola, sí."
"Nosotros ya no somos…Eh, desafortunadamente nosotros tuvimos una…una terrible falta de comunicación. Ya, ya no es mi amigo." La expresión de Iván se endureció un poco que incluso Alfred, que era muy malo para leer el ambiente, lo pilló de inmediato, era algo fácil de decir.
"Oh, Um, lo siento, No quise traer malos recuerdos." Iván negó con la cabeza e intentó sonreír un poco, la cual vino un poco forzada. El americano intentó enmendar inmediatamente su error. "Pero… aun así es increíble, quiero decir, sacaste lo mejor de ello, hablando francés. Y eso que hablas inglés y ruso muy fluidamente, déjame añadir. Ni mencionar que eres doctor y súper guapo, wow. Lo tienes todo ¿no es así? Tiene que haber alguna falla, apuesto a que roncas por las noches o algo así."
Las palabras parecieron hacer feliz al ruso, un poco avergonzado quizás. "Me halagas demasiado. Nunca he pensado de mí como alguien particularmente guapo, tiendo a ser un poco frío y la gente suele sentirse intimidada por ello. Tú hablas de mi apariencia más que nadie que haya conocido antes, para ser honesto."
Alfred lo miró boquiabierto, sorprendido por lo dicho. "Qué dices! No te creo, pero si eres maravilloso!"
Iván agachó un poco su cabeza. "¿Lo ves? Siempre dices cosas como esta, halagas mi físico y me llamas perfecto. Esos no son los tipos de comentarios que suelo recibir de otros."
Alfred negó con su cabeza, determinado a que el otro viera lo equivocado que estaba. "Bueno, deberías! Eres muy guapo y buena persona. Sin mencionar inteligente y exitoso como ya había dicho antes. Eres una de las personas más increíbles que he conocido, de verdad!"
La luz del salón captó un ángulo ideal en los ojos del ruso, el cual miraba al americano, esas orbes púrpuras parecían brillar como preciosas gemas. "También estoy feliz de haberte conocido Alfred, de verdad. Supongo que desde tu perspectiva, piensas que tú eres el beneficiado con esta amistad, pero en realidad yo también he recibido cosas a cambio. No había sido así de feliz en un largo tiempo. Antes de que aparezcas en mi vida, yo era bastante solitario, no es que serlo me haya molestado alguna vez pero es adorable tener a alguien que disfrute de tu compañía."
Alfred se quedó sin palabras. Ellos se habían hecho buenos amigos en tan poco tiempo, que no se había percatado de lo mucho que eso significaba para Iván. De hecho, él siempre pensó que era un poco plasta con el otro. Aun así, míralos ahora.
La idea de Iván como un ser solitario le daba un poco de rabia, en una manera que era difícil de describir. ¿Cómo no pudo haber notado aquello? ¿Por qué…por qué Alfred sentía que por primera vez estaba viendo a Iván como realmente era? "Lo mismo digo. Después de que me mudé aquí conocí a mucha gente, pero no dejaba de sentirme solo, hasta que ese día paseando por el río te pedí que posaras para mí. Conocerte ha sido una de las mejores cosas que me ha pasado."
Iván era un amigo muy preciado para él, quizá algo más que un amigo-
Su dura cabeza de repente fue golpeada con la realidad de lo que estaba pensando, haciendo que su corazón saltara un poco. No cambiaba para nada la buena amistad que habían forjado, a pesar de las no tantas cosas en común que ambos tenían. Iván era la clase de persona con la que Alfred saldría. Preocupado por los demás, entendible, divertido, comprometido, ridículamente guapo que debería ser ilegal. ¿Por qué no se había dado cuenta antes?
Iván lo estaba mirando, cejas arqueadas sutilmente con lo que podría llamarse preocupación. Alfred se percató que tenía la boca entre abierta y la cerró de inmediato. "Lo que- lo que quiero decir es, ehm…lo siento. Ostras ¡se me fue el santo al cielo! ¿De qué estábamos hablando? Ah sí, que me alegra mucho haberte conocido."
La tensión fue milagrosamente rota gracias al camarero que se acercaba con la comida. Alfred sintió un poco de pena al ver al hombre alejarse de la mesa, ya que aún no se recuperaba del todo. Iván parecía preocupado. "¿Está todo bien? Lo que ordené tiene buena pinta ¿verdad?"
La comida de Alfred era pollo bañado en algo que parecía salsa de queso fundido. No estaba seguro de cuál sería el sabor, pero al menos podría manejar darle unos bocados. "Sí, tiene buena pinta. Eh, gracias por ordenar por mí."
"¿Te estás sintiendo agobiado otra vez?" La forma en que Iván lo miraba -el ruso jugueteaba con su tenedor- hizo que el americano se sintiese culpable por preocuparlo.
"Supongo que sí, pero pararé ya mismo. Quiero decir, mira! El papeo tiene muy buena pinta. ¿Puedo decir papeo en un restaurante francés? Espero que sí, porque jódete Francia! Bueno, a comer!" De inmediato el menor cogió los utensilios y acercó su plato, tratando de deshacerse del raro ambiente que creó. Y por si no fuera poco, se le vino a la mente una epifanía. Lo peor de aquello era que no importara lo que Iván sintiese o no por él, Alfred ya tenía en mente que Iván le interesaba…y mucho.
El ruso no se tragó mucho la actuación del menor, pero lo dejó pasar, tornando su atención hacia su comida. Alfred quería comentar cuan delicioso su plato estaba pero el ambiente no era apropiado aún. Nunca se había sentido raro estando con el ruso y ahora todo lo parecía. Si hubiera un modo de retroceder el tiempo y volver a ser el tío despistado que era, ya lo hubiera hecho.
Como si Alfred hubiese querido creer que el poder de Iván para leerle la mente dejaría de funcionar de repente, el ruso le mostró lo equivocado que estaba. Una vez que terminaron de comer, el susodicho habló. "¿Qué te está molestando?"
Alfred se encogió de hombros, sintiéndose como un flan. "Muchas cosas ¿sabes? Un capullo me está jodiendo la vida y… recientemente – bueno, recientemente me he dado cuenta de algo, pero es una causa perdida. Soy un completo idiota Iván."
"No eres tal cosa, y no quiero oír que lo digas otra vez. Siempre he admirado tu optimismo, así que no actúes como si todo eso hubiera desaparecido. Lo que sea que pienses que es una causa perdida, es solamente porque tú te dices eso. Te he dicho antes que soy un hombre que cree en forjar su propio destino. En este mundo si alguien quiere algo, debemos hacer que ello pase." Dijo mientras dejaba de lado su tenedor. "¿no lo crees?"
Las palabras de aliento que le dio, solo hizo que el sentimiento se clava más profundo. No era culpa del ruso; él solo intentaba animarlo como siempre. Eso lo complicaba aún más. "Supongo que sí, pero a veces no es tan fácil. Las cosas se complican y nos damos cuenta de ello muy muy tarde."
"¿Aún sigo hablando con mi Fredka? Claro que la vida es complicada, a veces es tan difícil que te hace sentir que todo el mundo está en tu contra, que te odian. Pero, ¿dejarías que ello te pueda sin haber luchado antes? Mientras más desees algo, más debes de sacrificar para obtenerlo. Y cuando se trata de ti-".El tono de su voz gradualmente había crecido, hasta que su mirada se posó en la del otro, disminuyendo un poco la voz pero sin dejar que sus ojos le mostrasen la ardiente pasión que le intentaba transmitir. "No lo puedes dejar."
Alfred se quedó mudo, pero indudablemente ello le afectó. Quizás si se estaba dando por vencido fácilmente, no solo con lo del tema de Iván, que era algo que se acababa de preguntar hoy, pero en relación a todo lo demás. Había estado tan preocupado por lo del tema del acosador, que su entusiasmo y optimismo se vieron afectados. No era solo acerca de salir adelante y sobrevivir, si no de tratar y saber prosperar. Las cosas no siempre iban bien, pero no era excusa para aceptar la derrota. Quizás al enfrentarse a cosas tan duras como estas, le ayudarían a forjar su carácter.
La pausa entre ambos se alargó algo más de la cuenta, Alfred asintió con la cabeza y sonrió. "Tienes toda la razón del mundo Iván, para variar."
Eso pareció complacer al otro quien le devolvió la sonrisa. "Me alegra que concuerdes conmigo."
Alfred miraba fijamente a Iván, aún desconcertado de que había reconocido que el ruso era un gran partido, sin fijarse en que tal vez ante sus ojos el americano también lo era. Por supuesto que a Iván le gustaba alguien, pero por lo poco que el otro le había contado parecía que esa persona era un cabezotas, esa persona tenía que ser un completo idiota!
La atmósfera se suavizó después de eso, Alfred trató de hacerle más preguntas, escuchando atentamente sobre cómo le iba al ruso en la clínica. Iván era como un hombre de hielo en el trabajo, pensó. Aunque él sabía que el hombre era una persona fascinante y que no había mucho misterio una vez lo conocías bien.
La preocupación volvió a apoderarse del corazón del menor. Ya habían llegado a su bloque de pisos, pero no iba a dejar que eso le pudiese. Alfred se sobresaltó cuando sintió una mano posarse en la suya, pegando un giro para ver que era Iván, quien le hacía un gesto de 'adelante' con la cabeza. "Vamos, hace frío."
Alfred dejó que Iván lo guiara adentro, aferrándose fuertemente a esa mano, hasta que ambos estaban parados frente a la puerta del piso del ruso. Alfred aún temeroso preguntó "¿Qué pasa si ese psicópata nos está esperando en tu apartamento? ¿Y si empieza a hablar de que le he sido infiel y trata de matarte? La gente dice que los psicópatas tienden a escalar en su nivel de acoso."
Iván sacó las llaves de su abrigo, aun sosteniendo la mano del menor. No se veía preocupado por lo que podría encontrarse del otro lado de la puerta. "Te aseguro que ese no será el caso, confía en mí Alfred. ¿Lo harás?"
El americano suspiró fuertemente y asintió, sabiendo que era su paranoia la que lo hacía actuar así. "Por supuesto que sí. Sólo déjame entrar primero, ¿vale?"
Iván le cedió las llaves, algo sorprendido por lo dicho. "Por favor, protégeme de lo que sea que esté dentro."
Incluso mientras le hacía un guiño al ruso en modo de respuesta, su corazón palpitaba como loco al abrir la puerta. Su acosador había entrado fácilmente a su piso en varias ocasiones, así que no le sería imposible hacerlo en este piso. Darle vuelta al manillar resultó ser más difícil de lo normal, los nervios se apoderaban de él, hasta que finalmente lo giró por completo y se adentró.
La habitación se veía tranquila, normal, vacía. No vacía del todo, ya que Superman se asomó desde una esquina, maullando por su atención. Somya le siguió detrás, caminando un poco antes de sentarse y empezar a lamerse las patas. Ante eso Alfred sonrió, sus miedo de alguna manera cedieron.
Se agachó para acariciar a Superman detrás de su oreja. "Eh colega. ¿Me extrañaste? Sí, apuesto que sí. ¿Somya y tú os lleváis bien?"
Una mano se posó sobre su cabeza, haciendo que Alfred mirara hacia arriba. Iván le sonrió dulcemente mientras alborotaba sus dorados cabellos, haciéndose paso hacia el interior. "Parece que estamos seguros. Gracias por preocuparte."
Alfred seguía sentado en el suelo, cogiendo a Superman y llevándolo a su regazo, acariciándolo. "Eso parece. A menos que se esté escondiendo pero- uhm. No es el caso."
"Te lo dije." Iván se quitó el abrigo y los zapatos, antes de dirigirse hacia la cocina. En el momento en que el ruso sacó el pienso de gatos, Superman saltó del regazo del rubio y Somya le siguió detrás.
Alfred soltó carcajadas. "La lealtad de un gato es tan fuerte mientras haya comida de por medio."
Iván sonrió. "¿Quizás están planeando algo?"
Aún con un poco de inseguridad, Alfred empezó a quitarse los zapatos también. Pausando tras quitarse uno mientras se mordía el interior de su labio inferior. Algo le decía que hacer esto era muy habitual para él, algo fácil, pero su corazón se sentía inseguro. Un poco inseguro, esperó a que el sentimiento desapareciera, aunque sabía que tal vez eso no pasaría.
Ya había terminado. El americano sabía lo muy cagado que estaba, ya que había saboreado el sentimiento de vivir con alguien y no estar solo, no era justo.
Se sacó el otro zapato y se forzó a levantarse, dirigiéndose hacia la cocina donde los gatos comían.
"Pues sí que se llevan bien, me da gusto saberlo. Había escuchado que los gatos se desagradan entre sí mayormente, en especial si son machos. Me recuerdan a ti y a mí. ¿Cómo era ese refrán? Ah sí! Los dueños se asemejan a sus mascotas." Alfred sonreía mientras codeaba al otro.
"Sí, pues va a ser cierto. Es tan genial que sean colegas."
Iván asintió, luego fue a abrir la nevera. "¿Quieres beber algo?"
"Sí, cualquier cosa me vale." Alfred aún se sentía un poco raro con lo que pasó en la cena, no muy seguro de qué decir. Estudiaba el perfil del ruso mientras este se agachaba a buscar la bebida. Incluso si sus facciones eran suaves, se podía notar una elegancia innegable que le atrajo desde que lo conoció.
El ruso cerró la nevera sujetando una cerveza, que fue ofrecida al otro. El menor agradecido la tomó. Se le ocurrió de qué nunca había visto a Iván tomarse una. ¿O es que acaso sólo las compraba para él? La idea le agradaba, pero la tachó de su cabeza y abrió la botella.
"¿Quieres que veamos algo para cerrar la tarde? Apuesto que hay algo entretenido en la televisión."
Alfred tomó un buen sorbo, esperando que ello calmara sus nervios. "Vale, buen plan. Y si no, pues siempre contaremos con un buen episodio de CSI MIAMI."
Los dos fueron a parar al sofá; el más alto de ambos hacía zapping y el otro bebía de su cerveza. Al final optaron por ver una serie antigua de policías, comentando sobre los casos mientras el tiempo pasaba. Quizás para Iván, esto no era más que una adecuada distracción de todo lo que había sucedido, pero al menor eso no le ayudaba mucho.
Alfred había sido muy abierto y detallado al hablar de sus relaciones amorosas. Es verdad que no siempre tuvo suerte en el amor, pero se sentía cómodo hablando de ello con Iván. ¿Por qué el ruso no hacía lo mismo? ¿Acaso no quería que metiera sus narices en sus asuntos? Además de saber que al mayor le gustaba alguien, Alfred no tenía idea de qué precisamente le gustaba de esa persona. Para colmo, él ni siquiera le llegó a preguntar más sobre el tema; no cambiando el hecho de que ahora quería obtener esa información. ¿Era posible que el ruso no confiara en él? Alfred empezó a meditar sobre ello.
La serie se había tornado en algo diferente, pero igual de entretenido. Iván hizo una pregunta durante la publicidad. "Contéstame honestamente Alfred ¿Te ayudé a sentirte mejor hoy?"
La pregunta sacó a Alfred de su transe, contestando rápidamente. "Lo hiciste! Y nunca podré agradecerte lo suficiente por ello. Creo que me hubiera puesto como una cabra de no ser por ti. De verdad, me salvaste la vida."
"Me alegra oírte decirlo. Te veías algo pensativo y creí que no te había ayudado después de todo."
"No! No es eso, de verdad. Estuviste fantástico, quiero decir, siempre lo eres pero hoy fuiste de mucha ayuda."
"El acosador sigue agobiándote ¿verdad?"
Alfred apretó sus labios sobre el pico de la botella. "Sí, supongo. Es parte de ello, hay algunas…algunas cosas que están rondando por mi mente. Pero no es nada, no has hecho nada malo, de verdad."
Iván lo estudió por un momento, asintiendo una vez la publicidad se acabó. "Vale. Que sepas que estoy aquí si quieres hablar."
Quizás Alfred no tuvo que haberlo dicho de esa manera y hacer sentir mal a Iván. Era obvio que todo lo que hacía o decía tenía un efecto en el otro, ya que su expresión se volvió algo triste. Había un aire de tensión, del cual el americano no tenía idea de cómo deshacerse, su ansiedad crecía poco a poco. No podía organizar sus pensamientos y concentrarse en la televisión, por supuesto que las cosas no podían quedarse así, tenía que hacer algo.
En cuanto la serie terminó, Iván pilló el mando para apagar el televisor. La habitación se volvió más silenciosa de lo normal, un incómodo sonido agudo resonaba en el oído del americano. Se podía coger la tensión y sentarla en medio de ellos dos!
Iván giró su mirada hacia él, como esperando a que algo pasara. El silencio se alargó y su sonrisa lucía casi resignada, o eso pensó Alfred. Iván soltó un suspiro y miró hacia otro lado. "Se está haciendo tarde."
De seguro Iván trabajaría el día siguiente. No debería de seguir malgastando su preciado tiempo sólo por su beneficio, el mayor ya había hecho mucho por él; aun así Alfred no se movió, ni se forzó a bostezar y pretender que ya era hora de acostarse.
Cuando Iván no observó respuesta alguna, se levantó del sofá. "Bueno, si aún no estás cansado, haré un poco de té. Sé que no te gusta mucho el té pero, el café no nos vendría bien a estas horas."
Alfred lo observaba mientras iba a la cocina, una lucha se debatía en su interior. Si no era cuidadoso, podría fastidiarla toda. Pero Iván interrumpió su disturbio. "El té está listo."
Había tantos factores desconocidos en su vida ahora, muchas cosas fuera de control. Para él, eso era un infierno. Alfred se levantó y fue hacia la cocina. Algunas cosas aún podían con él, sin embargo, ya era hora que eso cambiara y que le pusiera cojones.
"¿Iván?" la voz fue agradecida en el silencio de la habitación "Recuerdo que me dijiste que te gustaba alguien. ¿Aún estás por esa persona?"
El ruso se volvió muy despacio, apoyándose y descansando los codos en la barra. "Claro que sí, ¿Cómo podría parar?"
El corazón de Alfred se hundió. ¿Cuánta esperanza tendría, si el ruso estaba coladito por esa persona? "Ah! Quiero decir, que bien! Pues sí que te ha pillado fuerte, eso es fantástico. Esa persona sí que es afortunada, de verdad espero que se dé cuenta de cuánta suerte tiene"
La expresión de Iván era algo cansada, como si ya estuviera a tope. Le extrañó ver eso, ya que usualmente siempre vestía una sonrisa. Finalmente Iván le respondió con una voz algo exasperada. "No estoy seguro, es difícil de decir a veces. ¿Cuánta suerte crees que tienes Alfred?"
"¿Yo? Bueno, en lo usual me considero alguien con suerte, pero al parecer la susodicha no ha estado a mi lado últimamente. Quiero decir-".Alfred paró en seco, algo confundido. ¿Por qué Iván le preguntó eso? Sus entrecejo se arrugó, mientras su mente empezaba a captar la idea; una impresión de shock al darse cuenta. "¿Qué? Quieres decir…?"
El americano se le quedó mirando. ¿Quiso decir que él era esa persona? ¿A caso era él a quién siempre se refería? Más que júbilo, todo eso le hizo sentir confusión. "Espera. No estoy malinterpretando la situación ¿verdad? Porque suelo hacer eso mucho. A riesgo de sonar como un tonto ¿Era yo a quién te referías?"
Iván permaneció perplejo, hasta que al final rompió con una sonrisa. "¿Quién más podría ser?"
Es decir que… ¿Por qué no se lo había dicho antes? Millones de preguntas le rondaban la cabeza, hasta que un tinte rojo adornó sus mejillas. Alfred estaba legítimamente desconcertado por el desarrollo delos eventos y estaba tratando de detener a su acelerado corazón. "¡Tío! ¿Por qué no dijiste algo?"
Una vez más el ruso se veía perplejo, como si Alfred hubiera sido el que le daba la noticia. "¿Porque era obvio?"
No, no, eso no era posible, él no fue obvio. Pillar pistas y más si eran sutiles, digamos que no era su punto fuerte, solo sería obvio si alguien se lo decía a la cara. Alfred no iba a empezar a criticar lo poco sutil que fueron sus indirectas, ya que la noticia aún lo tenía atónito; y ahora que lo pensaba, el menor había sido algo insensible al haberle estado contando abiertamente sobre sus relaciones pasadas…añadiendo a eso que todavía no le había respondido.
"Lo siento, es que yo…yo no…" Se había quedado sin palabras. Era difícil expresar alegría, después de darse cuenta lo capullo que había sido.
Iván solo se encogió de hombros. "No pasa nada."
Alfred le respondió frunciendo el entrecejo. "Cómo que no! Hasta ahora yo he…" sido anormalmente rudo contigo, no ha sido a posta pero tampoco es excusa.
"Acepto tus disculpas, pongamos esto en el pasado y digamos que ahora podrás compensarme"
Alfred medio sonrió. Parece que la lista de cosas por las que debía compensarlo era en extremo larga, algo difícil de creer que Iván tuvo que aguantarlo todo este tiempo. "Claro" dalo por hecho."
Por ahora, el rubio no tenía ni idea de cómo continuar con esta conversación, Iván estaba interesado en él, así que el ¿sentía lo mismo? Esa parecía ser la respuesta, aunque el ruso aún se mostraba calmado después de haberse confesado. "Yo, um…creo que ya me he cargado todo el ambiente, jolines. Pero la cosa es que…quiero decir, estoy por ti, ¿sabes? No, espera, déjame decirlo mejor. Joder! La sigo liando ¿verdad? Te prometo que no suelo ser así, de verdad!"
Iván veía como el estado de pánico de Alfred se incrementaba, hasta que el menor miró al ruso y mantuvo sus ojos en él. Su mente se tranquilizaba gracias a su mirada calmante. Iván se alejó de la barra, deteniéndose frente a Alfred, por un momento parecía que iba a hablar, pero hizo una pausa, su rostro se mostraba inseguro, sin embargo se decidió por hablar con una voz muy suave pero determinada. "¿Puedo tocarte?"
Las cejas de Alfred se levantaron en sorpresa mientras que se mordía el labio inferior. Fue una pregunta muy directa y él ni si quiera sabía que decir. Había tantas cosas de las que deberían hablar primero, pero el americano siempre apreciaba los hechos antes que las palabras. La petición era algo que le daba vueltas a la cabeza, tenía dudas acerca de dejarse tocar, pero no era como si el ruso fue el culpable de que su acosador lo haya tocado de malas maneras, no él no era de ese tipo. Alfred podía confiar en él, así que decidió que lo haría desde ya. "Su-supongo que sí, quiero decir, claro."
"Me alegro" Iván se acercó, sus dedos pausando a solo centímetros de él. "Dime cuando quieras que pare."
Alfred tragó saliva, siendo demasiado consciente de su respiración, de cómo se aceleraba para luego pararse de golpe cuando los dedos de Iván lo tocaron. El roce era muy sutil, ninguna palabra fue dicha entre ellos mientras continuaba explorando su rostro: dedos moviéndose sobre sus mejillas, deslizándose sobre su pequeña nariz, rozando la piel bajo sus ojos…ninguna palabra dicha.
Parecía que ambos permanecieron parados por un largo tiempo, Iván tocándolo como el objeto más delicado del mundo, a veces sus dedos tocaban sus rosados labios, con un poco más de fuerza sus dedos crearon una pequeña abertura entre ellos para luego acercar su rostro hacia él.
El estómago del americano pegó un salto al sentir unos suaves y cálidos labios posarse sobre su frente. Ese calor se expandió por su rostro y hacia la punta de sus orejas, llegando hasta su cuello. La mano libre de Iván se deslizó hacia la cintura del menor, abrazándolo más cerca.
Iván rompió el suave beso, alejándose. Acarició sus mejillas mientras sus ojos encontraban a los de Alfred. El acto hizo que su cuerpo pegara un salto, casi haciendo su cabeza girar al otro lado, pero no lo hizo, él mantuvo su mirada fija en esos púrpuras tan hechizantes.
Los dos respiraban, la luz de del salón había descendido, Iván continuó tocándolo. La tensión se podía sentir, pero ninguno hizo nada. Había pasado tanto tiempo desde que Alfred se sentía avergonzado de besar a alguien, que el sólo hecho le causaba aprehensión. Nunca se había imaginado besar al ruso pero era eso lo que tenía que hacer, aunque se sintiese tan anormal con el sólo hecho de considerarlo.
¿No deberían esperar un poco? Los ojos del rubio se dirigieron hacia los labios del otro, para luego retirar la mirada. Era un gesto sutil, pero parecía ser la pista que Iván necesitaba.
Iván levantó el rostro de Alfred, inclinando su rostro y acercándose. El americano cogió a Iván por su camiseta, el miedo apoderándose de él. "Para" le dijo Alfred, pero el sonido fue silenciado por los labios del ruso, devolviendo la palabra de regreso a su boca. El menor tensó sus nudillos hasta que se pusieron blancos, el corazón le iba a tope.
Sus labios se fusionaron de manera suave, poco a poco escalando hacia algo más apasionado; Alfred respiraba fuertemente por su nariz, ojos cerrándose a medida que cada una de sus preocupaciones se iba desvaneciendo. Iván lo besó profundamente antes de separarse, presionando su frente con la del otro, una brisa caliente fue liberada en forma de aliento que Iván dejó salir al suspirar su nombre "Fredka."
Los puños del menor se relajaron y sus ojos se abrieron. Alfred nunca había hecho uso de la poesía, pero Iván seguro que era merecedor de todas las frases poéticas de un libro. Y la única forma en que el americano podría expresarse ahora era a través de caricias. Sus manos se deslizaron por los lados del ruso mientras acariciaba su nariz contra la suya. ¿Cuál era el sobrenombre que le mencionó sería el suyo? Ah sí! "Vanya."
Iván suspiró entrecortadamente y atacó nuevamente sus labios, esta vez con más energía. Alfred dudó por un momento pero puso atrás sus preocupaciones y decidió lidiar con ello luego, después de todo, la compulsión era una vieja amiga.
Él lo besó con igual pasión, succionando el labio inferior del ruso. Iván apretó más fuerte la cintura del menor, mientras daban pasos hacia atrás.
Alfred acercó más su cuerpo contra el otro, en parte por miedo a caerse y en parte por querer cerrar más la distancia entre ellos. Su cabeza era un torbellino, algo mareado con lo rápido que todo estaba sucediendo; ambos continuaron dando pasos hacia atrás hasta que el menor sintió algo detrás de sus muslos. A penas hubo tiempo de identificar que había chocado contra la barra de la cocina, cuando se sintió caer hacia atrás; el pánico hizo que su agarre hacia el ruso se incrementara.
El beso se rompió mientras Iván acomodaba al americano sobre la barra, una vez hecho, Alfred alzó sus brazos hacia el cuello del mayor para atraerlo cerca, sus piernas se cerraban entre la cintura de Iván. Ambos se besaron con una pasión que Alfred nunca imaginó podía ser posible en Iván, labios devorándose y rozándose hasta que terminaban sin aire, jadeando uno contra el otro. Era emocionante, algo desconcertante si se podía decir. La técnica del ruso no era perfecta pero lo compensaba con la pasión con la que lo hacía, y Alfred lo hubiera encontrado tierno si no fuese por la manera en que estaban presionándose el uno contra el otro, enviando un dulce calor hacia ciertas regiones.
Alfred jugueteaba con el labio inferior de Iván, mordisqueándolo de vez en cuando. El ruso temblaba por ello, manos acariciando la bronceada cintura del otro. El menor besó la esquina de los labios del ruso, sonriendo mientras sus dedos tocaban su amplia espalda. Se encontró siendo empujado hacia atrás, Iván tiraba de sus piernas para acercarse aún más hacia el americano, casi acostándose sobre él, sus cuerpos presionados cada vez más cuando Iván se agachó y le robó otro beso.
Hubo un mini segundo en el que el pánico se apoderó del americano, al sentir el peso del ruso sobre él, acorralándolo; su mente se puso en alerta y su cuerpo pegó un salto en un intento de querer escapar empujando con fuerza el pecho del ruso. Su corazón iba a tope, acelerado por el miedo.
El pánico de desvaneció, haciendo que el menor se dejara caer sobre la barra respirando aceleradamente. Sus manos tocando su propio rostro para esconder la vergüenza que poco después fue reemplazada por temor. "Mierda. Mierda! Lo siento."
Iván levantó su cuerpo del suyo pero permaneció cerca de Alfred, utilizando un brazo para soportar el resto de su peso y el otro para acariciar la cabeza y rostro del menor. Iván sacudió su cabeza negando, casi sin aliento pero con un tono seguro. "Estoy aquí contigo, todo estará bien."
Alfred se inclinó hacia la pálida mano cerrando los ojos mientras recuperaba su respiración y asintiendo al final. "Lo sé, ya estoy mejor ahora. Es solo que me pilló de sorpresa…joder."
Iván acercó su rostro y fue dejando una cadena de besos desde su sien hasta la esquina de sus sonrosados labios. "¿Quieres que paremos?"
Era una pregunta que Alfred había considerado seriamente. Quizás sí que todo estaba ocurriendo muy rápido. No negaba que estaba muy atraído por el ruso y que quería que sus relación progresara, pero lo del acosador siempre se ponía de por medio. A veces cuando cerraba los ojos, se imaginaba las manos de aquel hombre tocándolo y la sola idea le daba asco. Quería poder olvidarse de ello completamente, limpiar cada parte de él que el acosador había tocado y remplazar esas imágenes con otras que fueran más de su agrado, imágenes menos amenazadoras.
Alfred giró su rostro hacia Iván, tomándolo su rostro y besándolo suavemente, aprisionando su labio inferior por un segundo para luego dejarlo ir. "No. Sigamos."
Iván sonrió dulcemente y le dio un pequeño beso en los labios. "Si ese es el caso, quizás deberíamos mover esto a la habitación. Será más cómodo."
"Qué ¿acaso no quieres ensuciar la mesa donde siempre comes?" Alfred intentó esbozar una sonrisa mientras se sentaba, cuidadoso de no caer de la barra.
"Ajá" Iván unió su boca contra el cuello del americano, respirando acaloradamente sobre él antes de dejar un solo beso sobre su garganta. "Pero creo que hoy prefiero tener un bocadillo de media noche en la cama."
Alfred sintió una electricidad recorrerle la espalda. "Como un defensor de comer en la cama, secundo esta moción."
Iván tomó su mano y entrelazó sus dedos. "Entonces está decidido."
Ambos caminaron hacia la habitación, Alfred sintiendo una mezcla de deseo e inseguridad. Una parte de él le advertía que este no era un buen tiempo, que solo lo hacía en un intento egoísta de enterrar sus problemas con algo físico. La culpa se retorcía en su estómago y lo hizo detenerse mientras entraban en la habitación; Iván continuó hacia adelante para encender la lamparilla.
Cuando el americano no dio ni un paso más, el ruso retornó a su lado, extendiendo su brazo hacia la puerta para cerrarla. "¿Te pasa algo?"
Alfred sonrió débilmente, ojos no moviéndose más allá de los labios del ruso. "El té se echará a perder."
Iván retrajo su brazo de la puerta, deslizándolo sobre la mejilla de Alfred, levantó su barbilla y acercó su rostro, dejando que sus narices se tocaran levemente. "Debo confesar que ahora mismo el té no me importa mucho."
Alfred no estaba seguro si inclinarse hacia la cálida mano o si alejarse al ver que el ruso se aceraba a besarlo. Iván respiró sobre sus labios, pausando por un momento para luego alejarse. "¿He hecho algo mal?"
Las cejas del americano se elevaron mientras su mano se apresuró a sujetar la mano del ruso. "No! No, no eres tú, tú no hiciste nada mal, en serio."
La expresión de Iván se tornó en blanco por un segundo, para luego normalizarse. "Me has gustado todo este tiempo, pero si no estás listo para esto, por supuesto que puedo esperar un poco más."
Por más que Alfred apreciaba el sentimiento, ello también lo hacía sentir culpable. El ruso había esperado pacientemente por él por saber Dios cuanto e incluso ahora estaba dispuesto a parar si no estaba aún listo. Alfred odiaba decepcionar a las personas.
"Fui yo el que dijo que estaba bien continuar ¿verdad?" Alfred capturó el rostro del otro, acercándose para besarlo.
Al parecer eso complació y aseguró a Iván, quién respondió al beso inmediatamente. Empezó a arrinconar a Alfred contra la puerta para luego alejarse, de modo que sus cuerpos apenas se tocaban. Aunque el americano no dijo nada, el gesto fue agradecido, sus manos se dirigieron hacia el cabello cenizo del mayor, uniendo sus dedos con la suave textura.
Mientras se besaban, Iván fue retirando a Alfred de la puerta, guiándolo como lo hizo en la cocina y deteniéndose al topar el borde la cama, los besos tornándose desesperados antes de que el ruso empezara nuevamente a convertirlos en tiernos y delicados.
Se apartaron muy despacio, las manos del ruso dirigiéndose hacia el final de la camiseta del americano, tocándolo. Sus manos se detuvieron allí, quizás esperando al ver cómo reaccionaría el menor, luego se deslizó hacia su interior. Alfred dejó salir un suspiro, inclinándose hacia adelante y enterrando su nariz en el cuello de Iván, abrumado por el olor a limpio que desprendía el otro, igual que su piso. De hecho, Alfred era algo más caótico si se comparaba con Iván.
Como una señal de buena fe y por asegurarse de ello, Alfred llevó sus manos hacia la entrepierna de Iván para desabotonarle los tejanos. El ruso hundió un poco sus uñas sobre la espalda del americano cuando el susodicho deslizó la palma de su mano sobre su miembro. Alfred se detuvo, su mano retrayéndose al darse cuenta de lo que encontró allí. Él ya había estado con algunos hombres pero basándose sólo en el tacto, no recordaba haberse topado con alguien así de grande. Ni mencionar lo duro que se puso el ruso con el singular hecho de haberlo tocado. Era halagador. Alfred admitió.
Iván empezó a alejarse, dudando debido a que el otro se detuvo; pero Alfred le dio un beso mientras su mano retornó a tocar su encerrada erección. Él podía sentir cómo la respiración de Iván se exasperaba, concentrándose en cada reacción que el otro tenía respecto a sus acciones. Todo era menos intimidante si se concentraba en qué estaba haciendo él por Iván, que en lo que podría serle hecho a él.
No pasó mucho hasta que el frente de la ropa interior de Iván se tornó húmeda debido a la estimulación. Era algo agradable ver a un hombre del tamaño de Iván temblar como lo estaba haciendo, eso de cierto modo trajo confort a Alfred. Mientras sus dedos se dirigían hacia arriba para colarse por debajo de la prenda y poder tocarlo por primera vez, Iván lo cogió dela muñeca y susurró entrecortadamente en la oreja del otro, "Nyet- No, aún no."
Alfred pausó y asintió con la cabeza, el rostro rojo al escuchar esa voz tan ronca y profunda. Iván soltó su muñeca y se alejó o suficiente como para poder deshacerse de la camiseta de Alfred, ojos escaneando su desnudo torso. Cuando Alfred procedió a hacer lo mismo, Iván hizo un sonido dudoso con su garganta. "Por favor no juzgues mucho mi apariencia."
Alfred frunció el ceño y luego con sus dedos pilló la bella nariz del ruso. "No tienes nada de qué preocuparte."
Aliviado no era la palabra que Alfred hubiera usado para indicar la expresión que Iván hizo, pero de todos modos continuó retirando la camiseta del otro. El hombre tenía una constitución robusta y sexy que Alfred no pudo hacer más que admirarlo. Iván se retorció un poco. "¿Soy de tu agrado?"
Los ojos del menor se entrelazaron con los del ruso, la verdad escapando sus labios. "Eres perfecto. Justo como siempre he dicho."
Iván tragó fuerte "Fredka… Mi Fredka."
El nombre fue dicho una y otra vez como un rezo, Iván bañando al otro con besos sobre su cabello, sus labios permanecieron sobre su sien, dejando salir un entrecortado suspiro. Dedos viajando hacia los hombros de Alfred, hacia su pecho, su espalda y por último fueron a descansar sobre el cierre de sus pantalones.
Su voz se tornó temblorosa al susurrar en el oído de Alfred. "¿está bien?"
"Sí", murmuró Alfred mientras acariciaba los cabellos del ruso. "Está bien."
Soltando su respiración lentamente, Iván abrió el botón y bajó el cierre, tirando de sus tejanos y boxers hasta sus caderas. Hubo un momento en que el menor dudó pero se desvaneció de inmediato cuando Iván tocó su miembro delicadamente. Los dos no tendrían el mismo tamaño pero ambos estaban igual de duros.
Iván recorrió la palma de su mano sobre la cabeza de su miembro para luego cogerlo firmemente desde la base y empezar a moverlo. La respiración de Alfred se exacerbó, gimiendo profundamente cada vez que el pulgar del otro rozaba el glande y extendía las gotas de lubricación sobre la punta. Iván estaba muy atento, besándolo apasionadamente como queriendo beberse sus gemidos; Alfred enterró sus dedos en los cabellos del ruso, acariciando y tirando de ellos en respuesta al movimiento del otro.
La mano se alejó y Alfred se encontró siendo abrazado y apretado contra el sólido cuerpo de Iván, temblando cuando sus erecciones se encontraron y empezaron a deslizarse una contra otra. Se tragó un gemido mientras sus caderas se levantaban para rozarse contra el otro. El calor se movía hacia su estómago y se concentraba en su entrepierna, Iván movía sus caderas firme y lentamente mientras se frotaba contra Alfred. El americano movió un brazo sobre la pálida espalda, intentando traerlo más cerca. Él no había estado con alguien –conscientemente – en un largo periodo y su cuerpo estaba más que agradecido por la atención brindada.
Iván se movió, capturando los labios del otro una y otra vez con un apetito insaciable antes de alejarse otra vez. Ambos respiraban fuertemente, el menor se llevó una mano hacia su frente para retirar el sudor que se había acumulado allí. Luego trató de mover sus caderas en forma circular contra las de su acompañante, pero éste solo se alejó más.
"Por favor ponte cómodo. No te preocupes Fredka, tengo todo lo que será necesario." Iván no pudo resistirse a robarle otro beso más antes de levantarse de la cama y dirigirse hacia la mesilla de noche.
Alfred se levantó un poco de la cama, deshaciéndose del resto de su ropa mientras observaba tomar en sus manos un condón y lubricante. El hecho que él tuviera estos ítems listos y esperando por ser usados era algo calmante pero a la vez raro. En especial porque él nunca habría pensado que Iván tuviera una vida sexual activa y que de hecho sería algo que nunca encontraría en su piso.
Iván se volvió, sonriente y con ojos brillantes. "Acuéstate y yo me haré cargo de todo. Seré gentil, lo prometo."
Las piernas del americano se unieron y su boca hizo una mueca de inseguridad. Todo esto había pasado muy rápido y no había hablado mucho del tema para discutir los límites o preferencias. Así que tomó una larga respiración para poder lidiar con su inseguridad, aunque todo se desvaneció al ver al otro aplicarse lubricante en los dedos. Probablemente el ruso se había estado preparando por si algún día algo llegaba a pasar entre ellos. Alfred usualmente disfrutaba de ser el que recibía la atención pero sabiendo lo que había pasado…
Se mordisqueó el labio inferior, inseguridad asomándose. Sabiendo que Iván pararía si es que se lo pedía, se relajó un poco y abrió sus piernas mientras que el ruso se acercaba hacia la cama.
"¿Te detendrás?" Alfred buscó los ojos del ruso, transmitiendo sus miedos con una mirada. "Si te pido que te detengas, lo harás ¿verdad?"
Iván detuvo su avance, y luego se inclinó sobre él. "Si quieres que me detenga, lo haré. ¿Quieres que me detenga?"
El silencio entre ambos sostenía cierto peso, como si estuvieran reteniendo la respiración. Alfred finalmente soltó un suspiro. "Hazme olvidar de toda persona que antes me haya tocado. Si no es mucho pedir."
Iván soltó una pequeña risa mientras se acercaba. "Era lo que tenía en mente."
Alfred pegó un pequeño salto cuando sintió los dedos del otro, pero el ruso puso una mano firme por detrás de la pierna del menor, hasta que éste se relajó otra vez. Aunque el ruso se encontró algo dudoso antes, ahora se movía sin duda alguna; quizás era por los años que tenía Iván siendo doctor, o eso pensó Alfred.
Los dedos comenzaron a trazar círculos cerca de su entrada, de vez en cuando rozando y presionando dentro de él, mientras sus labios se acercaban a besar el cuello y el pecho del rubio. Gradualmente esa tensión se disipó de su cuerpo y se relajó completamente, absorto por la serena expresión que vestía el ruso, hubiera sido sublime el poder fotografiarlo en ese estado.
Su pensamiento fue interrumpido cuando Iván habló con una voz suave. "¿Te parece bien si te toco ahora?"
Un hilo de inseguridad nadaba en su estómago, pero la adorable expresión de Iván le transmitió tranquilidad y confort. Dejando salir un pequeño suspiro que ayudó a relajarse más, decidió dejarse en manos del otro y tratar de no pensar en nada más. "Estoy bien."
Iván tenía un tacto sorprendentemente gentil y experimentado, ya que uno de sus dedos empezó a hacerse camino a su interior. Su mirada nunca se alejaba del rostro de Alfred, observando cada expresión, después de recibir el permiso de continuar, Iván se aventuró a por introducir un segundo digito. A medida que los movía dentro, Alfred empezó a respirar más rápido, temblando, especialmente cuando uno de sus dedos rozó un punto en particular.
El menor apretó las sábanas de la cama, dejando salir un gemido cuando no pudo contenerlos más. "Esto…esto debería ser suficiente."
Iván sonrió dulcemente pero no paró, al contrario, añadió un tercer dedo para rozarlo una y otra vez en el mismo punto hasta que Alfred frunció un poco el ceño. "Joder, de verdad que no puedo tomar más que esto."
El ruso se acercó para dejar un beso en su mejilla, continuando con el roce de sus dedos hasta que Alfred jadeaba sin parar, para luego retirar sus dedos. Iván juntó sus narices antes de besarlo tiernamente en los labios. El beso incrementó su intensidad hasta que el ruso lo transformó en un beso apasionado y hambriento, dejando al menor sin aliento.
Dolorosas pulsaciones viajaban hacia su miembro y resonaban en su interior. Alfred prácticamente lloraba de alivio al sentir que el ruso se deslizó entre sus piernas, y un escalofrío le recorrió cuando sintió algo duro presionar junto a su entrada. Iván llevó sus manos hacia su entrepierna, un momento de torpeza al tratar de alinearse junto a su pareja, para que luego Alfred sintiese la cabeza del largo miembro presionar dentro de él.
Hubo una ola de calor que se apoderó de su cuerpo y después un pequeño dolor mientras sentía a Iván introducirse más y más. Los besos no paraban, era casi sofocante, entre alarmante y placentero, pero no había palabra que podía ser dicha, su cuerpo era una masilla de moldear en las manos de Iván.
Dejó salir un gemido a medida que Iván se introducía más en su interior, necesitando aire pero no queriendo alejarse del otro.
Finalmente Iván rompió el beso, permitiendo que ambos tomaran grandes bocanadas de aire, rozando sus frentes de forma delicada. "Lo siento ¿estás bien? ¿Te estoy haciendo daño?"
Alfred tragó otra bocanada de aire, su mano recorría el amplio hombro del ruso. "Estoy bien. Joder, de verdad que sabes cómo besar como si fuera el fin del mundo."
Iván soltó una risilla, algo avergonzado. "No era mi intención dejarme llevar."
Con su otra mano el americano recorrió el suave cabello de su amante. El ligero dolor de antes se iba haciendo soportable y su respiración retornaba a su ritmo normal. "No pasa nada. Es algo agradable ver al Señor 'oh tan calmado siempre' perder un poco la compostura. No me quejo."
"Me alegra saberlo." Iván se alejó un poco, ojos escaneando el rostro del menor. Se inclinó para besarlo de nuevo, pero esta vez sólo rozó sus labios, los besos permanecieron suaves, lentos y sensuales. Era cómo Alfred se había imaginado Iván se comportaría al besar a alguien.
Los dedos del americano trazaban patrones indescriptibles sobre los hombros del otro, un leve gemido escapó de sus labios cuando Iván empezó a mover sus caderas, poco a poco se introdujo más en su interior, acariciando siempre el interior de sus piernas antes de colocar las mismas alrededor de su cintura. Alfred jadeó suavemente, acostumbrado al lento ritmo que estableció el ruso.
Eventualmente ambos establecieron uno más rápido y profundo, en un punto Iván tomó de la mano al otro, presionando besos en su muñeca para luego entrelazar sus dedos. Llevó ambas manos por encima de su dorada cabellera, aprisionándolas allí. Alfred arqueó la espalda y gimió más fuerte al mover sus propias caderas en forma circular para encontrar las estocadas de Iván.
Alfred había querido algo que le hiciera olvidar de todo y esto en definitiva hacía el truco, pronto lo único que llenaba su mente era el placer que recorría su cuerpo, el abrumante calor, la sensual voz raposa de Iván susurrando en sus oídos. El ruso también era diferente a todos los hombres con los que había estado, no sólo por el hecho de que era el más grande de todos –que de hecho sentía cada centímetro de él- pero el ruso parecía conocer exactamente en qué lugar tocarlo para hacerle sentir todo ese placer.
Alfred apretó su mano mientras movía sus caderas, el calor y la presión creciendo desmesuradamente. Al sentir que su próstata fue golpeada en uno de sus movimientos, el americano emitió un gemido casi sollozando. "¡Iván!"
El nombrado dirigió su mano hacia el miembro desatendido de Alfred, lo sacudió una y otra vez, resultando en un jadeo que pronto se tornó en un sonido de frustración y confusión al sentir que el ruso apretaba la base de su pene impidiendo que se viniera.
Iván presionó sus labios contra la oreja del otro, voz algo temblorosa. "Otra vez…Di mi nombre otra vez."
Alfred arrastró su mano de entre los cabellos cenizos, desesperado por venirse. "Ivan. Joder, por…por favor Iván!"
Iván tembló y finalmente liberó su miembro, acelerando sus estocadas y volviéndolas cortas pero profundas y fuertes. Alfred gemía como nunca, agarrándose fuertemente a él, sus músculos se contrajeron y sus caderas se movían desesperadamente una, dos veces hasta que con un movimiento final se vino, llegando a su orgasmo y liberando un chorro blanco que se esparció por su estómago.
Mientras dejó caer su cabeza contra la almohada, Iván continuaba moviéndose un poco más antes de que todo su cuerpo se tensara y pequeños temblores fueran tomando su cuerpo al venirse dentro del rubio, la sustancia blanca llenando su interior. Poco a poco empezó a rodar y salir de su interior, acostándose al lado del americano.
Los dos respiraban fuerte y rápidamente, incapaces de hablar. Los pensamientos de Alfred eran como una suave capa de nieve, en la cual el mismo se vio sumergiéndose cada vez más. Hubo algo de movimiento a su costado y luego Iván empezó a mover sus manos por cada centímetro del cuerpo del americano, dedos jugueteando con el semen que yacía esparcido en su estómago, expandiéndolo aún más.
Alfred rio suavemente y se estiró para plantar un beso en la mandíbula del ruso. "Wow."
"¿Estuvo bien?" el ruso continuaba tocando toda la piel de su cuerpo.
"Oh sí! Fue justo lo que me recetó mi doctor ¿lo pillas? Porque- meh sí que lo pillas." Alfred sonrió cuando el otro se acurrucó junto a él. "Debería limpiar un poco."
"No," el mayor murmuró en su cabello. "Quédate un poco más conmigo."
El americano volvió a sonreír y se quedó junto al ruso, concentrándose en los dedos que le recorrían y exploraban todo el cuerpo. Todas las cosas malas fueron temporalmente puestas de lado y los únicos que existían eran los dos en esa cama y nada más. "Vale, me quedaré contigo."
El americano se despertó en algún momento de la noche, el mundo era un paisaje de sitios irreconocibles. Observaba las sombras que lo rodeaban, algo desorientado pero en tranquilidad. Un ruido de arañazos transformó esa tranquilidad en pavor, se movió para sentarse pero un brazo apretó más su cintura manteniéndolo en su lugar. Un grito se formó en su garganta y se volvió bruscamente para ver quién era, cuando se dio cuenta de que era Iván, se relajó. Esta era la cama del ruso, luego de que reconoció que el ruido era Superman queriendo entrar en la habitación, dicho ruido continuó por un breve momento hasta que cedió con un suave golpe en el suelo, su gato de seguro se plantó en la puerta al cansarse de intentar.
Soltando un suspiro de alivio, Alfred se acostó en la cama, se giró un poco para tratar de ver el rostro de Iván en la oscuridad. El hombre exhaló entrecortadamente y Alfred no pudo evitar sonreír. Llevó una mano hacia la ceniza cabellera para apartar algunos mechones detrás de su oreja antes de retirarla y llevarla hacia su pecho.
Una sensación de dolor empezaba a formarse, debido a lo recién acontecido, pero tenía que admitir que no era nada desagradable. Aún había mucho de lo que ambos tenían que hablar pero Iván de seguro era algo más, de lo que por su dura cabeza se habría podido perder. Quién sabía cuánto más el ruso se hubiera contenido de ocultar para que él lo notara.
Aún había la posibilidad de que algo malo pasara, su acosador podría haberlos seguido anoche y lo último que deseaba era que Iván tuviera que lidiar con este tipo de cosas. No, él tendría que resolver todo esto y protegerlo.
El calor del ruso atrajo a Alfred, quien abrazó a su acompañante. Por primera vez en semanas se sintió fuerte y confiado, tener a alguien a quien proteger siempre había sido una buena motivación para él. Así tuviera que empezar desde cero, Alfred estaba listo para tomar al toro por los cuernos y deshacerse de su acosador de una vez por todas.
AN: Bueno qué! tras dos largos años de espera a que valió la pena ;) Pues nada, disculpad la tardanza, estuve algo liada en el curro. Entre otras cosas, no sé cuanto tiempo más le cueste a Nat sorprendernos con el próximo capítulo :( espero sea pronto.
Comentarios son más que bienvenidos, ya lo sabéis, así que ¿qué os pareció? :D
