Capitulo VII: Tocar el cielo
Draco P.V.O.
Dejarme llevar por mi lado bueno iba a ser difícil, al fin y al cabo llevaba toda mi vida tratando de creer que no lo tenía. No era momento de confesar a Granger algún que otro delito, en la enfermería aún estaban Madame Pomfrey y Longbottom, pero sabía como deshacerme de ellos.
Granger quita tu culo de mi camilla, ¿quieres? -dije mientras retiraba el paño de mi cabeza y antes de que me pudiera replicar, procedí con más preguntas:
Y tu Longbottom, ¿has sido el que me ha golpeado? -cuestioné mientras él intentaba hacerse el desentendido- Porque de ser así más te vale convencerme de que no querías realmente hacerlo sino quieres acabar en un agujero a dos metros bajo tierra. -Longbottom hizo una mueca de disgusto- Madame Pomfrey, lo que acaba de oír no ha sido realmente una amenaza, así que ni se moleste en comentárselo a los profesores. En fin, ¿puedo irme ya? -pregunté a la vez que me levantaba- Como ve sigo de una pieza.
Claro señor Malfoy, -respondió Madame Pomfrey eludiendo mi comentario anterior- la señorita Granger ya se ocupará de que no haga otra tontería y acabe otra vez aquí, ¿no es cierto?
Puede estar segura de que no me separaré de su lado. -aseguró Granger sonriendo burlonamente- Seré su sombra.
Lo peor es que es literal... -susurré ganándome un codazo de su parte-
La asesiné con la mirada mientras Granger tragaba saliva, se la había cargado. Me dirigí con ella bien sujeta del brazo a la salida, mientras Longbottom se quedaba embobado y sin darme ninguna respuesta. Cuando abandonamos la enfermería, apoyé a Granger en una de las columnas y amenacé:
Mira Granger, no soy uno de tus amiguitos del alma a los que les puedes dar una colleja o un codazo y salir ilesa. Está te la paso por haber tenido la decencia de traerme a la enfermería pero la siguiente te arrepentirás de haberlo hecho.
No, mira tu, Malfoy, -dijo deshaciéndose de mi agarre- vete con tus amenazas a quien se las quiera creer, por lo que a mi respecta no me das ningún miedo, es más por mi podrías jurar que me vas a matar y aun así no me asustaría, porque se que en el fondo eres un cobarde, alguien que dice mucho y hace poco.
Tu no sabes nada. -repliqué- No sabes lo que he hecho o he dejado de hacer, no sabes por lo que he pasado y tampoco lo que he hecho pasar a otros. No tienes ni la más mínima idea de quien soy realmente. Ves lo que quieres ver y si eso te hace feliz: genial, adelante sigue engañándote, no pienso sacarte de tu error. No me interesa ni lo más mínimo tu opinión, eres como todos, juzgas sin conocer y si vas a seguir así, no quiero saber lo que piensas, tus prejuicios me la traen al pairo.
Bien, entonces déjame conocerte. -dijo haciendo que me quedara estático- Déjame ver que es lo que escondes detrás de tu caparazón, déjame descubrir como piensas, como sientes y como reacciones. Deja de huir de ti mismo y muéstrate, si no es al mundo. al menos a mi. No sé cuanto tiempo voy a tener que compartir contigo, ni lo que el futuro nos tiene planeado, pero te lo digo en serio, algún día tendrás que abrirte a alguien si no quieres pasar el resto de tus días solo, amargado y arrepintiéndote de lo que pudiste haber tenido. Te ofrezco la oportunidad de ser mejor, de ti depende aprovecharla.
Granger, ¿por qué haces esto? ¿por qué te interesas por mi? Te he tratado mal, te he humillado y te he amenazado. No me merezco que alguien crea en mi, no soy lo que se dice una buena persona, ni me preocupo por nadie más que yo mismo. No quiero tu lástima.
Mira, no debes permitir que nadie te haga sentir que no mereces las cosas buenas que suceden en tu vida. -dijo quemándome con sus ojos avellana- No es lástima, creo que todos merecemos la oportunidad de demostrar quien realmente somos. Todos deberíamos gozar del beneficio de la duda, sin excepciones. Puede que me equivoque al pensar que no eres tan malo como todos piensan, o puede que esté en lo correcto, pero si tu no me enseñas tu verdadero yo, nunca lo sabré.
Así que haces esto para satisfacer tu curiosidad, ¿no?
Eres un misterio Malfoy y puedes sacar provecho de mis ganas de conocerte o ignorar todo lo que te he dicho. Es tu decisión y, sea cual sea, la respetaré.
Entonces lo mejor será que saques de mis actos tus propias conclusiones respecto a lo que quiero hacer, guíate por las pequeñas señales que veas, en general seguiré igual, no pienso cambiar mi modo de tratar contigo.
No me esperaba otra cosa.
Bien, ahora tenemos que buscar a Longbottom -anuncié-, me debe una disculpa.
Probablemente se habrá ido a la sala común de Gryffindor.
Pues para allá que vamos.
Y dicho esto, salimos en busca de Longbottom. Mientras yo me preguntaba como es que habíamos pasado de amenazas a razones por las cuales Granger quería conocerme, probablemente no me había dicho ni la mitad de los motivos por los que estaba interesada en mi, pero ya se los iría sacando, poco a poco y sin que ella lo notara.
Hermione P.V.O.
Llegamos al retrato de Gryffindor, le di la contraseña a la dama gorda y después de criticar que llevara a un Slytherin a la sala común y enumerar las muchas deshonras que ese acto suponía, nos dejó -muy a su pesar- entrar. Hay que ver el carácter de algunos cuadros.
Al entrar busqué por la habitación a Neville con la mirada y le encontré jugando con Seamus al ajedrez. Algunos alumnos se había percatado de nuestra llegada y nos observaban con recelo, pero ninguno se atrevió a decir nada. A mi me dirigieron miradas de lastima y a Malfoy de asco, por suerte a ninguno se le ocurrió la idea de molestarnos. Así que fuimos hasta donde Seamus y Neville jugaban, estaban tan ensimismados que no se dieron ni cuenta de que estábamos allí hasta que Malfoy carraspeó por segunda vez.
Esto... Malfoy... -dijo Neville ateniéndose a lo que le esperaba-
Me imagino Longbottom que estarás informado de lo que un mortífago (o exmortífago en su defecto) es capaz de hacer, tus padres son un claro ejemplo de lo que le puede pasar a uno si se mete con quien no debe.
Mira Malfoy, no te esfuerces en amenazarme. Se que estás con las manos atadas. Cualquier movimiento en falso podría mandarte derechito a Azkaban.
Te sorprendería la cantidad de accidentes que ha habido.
Neville estaba perdiendo poco a poco la seguridad. Si esto seguía degradando pronto tendría que intervenir. Tras unos momentos de indecisión, contestó:
Si, mejor que tengas cuidado no vaya a ser que tengas uno.
No te preocupes por mi, mojigato. Más bien empieza a desembuchar si no quieres acabar como decoración de pared.
Así que eso es lo que quieres.
No nos equivoquemos, te lo estoy exigiendo no pidiendo.
Si, me consta que tu y amabilidad no vais juntos. -dijo Neville resignado- Pero para que veas que soy capaz de reconocer mis errores, siento haberte dejado K.O.
Bien, Granger, vayámonos.
Y dicho esto tiró de mi y me sacó de la sala de Gryffindor sin siquiera tener oportunidad de oponerme.
¿Por qué tienes que ser siempre tan desagradable? -pregunté una vez ya fuera-
¿Por qué eres tan metomentodo? -contraatacó Draco-
No lo soy, pero tengo que compartir contigo las 24 horas del día. No te haces una idea de lo cascarrabias que eres. No quiero imaginarte cuando seas viejo, si ya ahora eres un gruñón a saber como habrá empeorado tu personalidad para aquel entonces.
¿Has terminado? -preguntó Malfoy con gesto molesto-
No. Lo cierto es que uno se cansa de que todo lo hagas exigiendo. ¿Qué te costará pedir las cosas bien? Y ya no hablemos de dar las gracias, de pedir perdón o de decir por favor...
Draco P.V.O.
Granger siguió con su charla lo que me parecieron horas. Como no cerrara pronto el pico, yo mismo me encargaría de que no volviera abrirlo en lo que me quedaba en su "instruyente" compañía. ¡Como se podía ser tan pesada! ¿A caso había hecho un curso especializado en molestar a otros? Porque si no era casi inexplicable.
¿¡Me estás escuchando!? -me gritó de repente-
Intento no hacerlo. -contesté- Pero tu voz chillona casi ni me deja abstraerme, es más me estás provocando hasta dolores de cabeza.
¡Esto es el colmo! ¡Eres un engreído, arrogante, elitista, déspota y demás adjetivos que ni siquiera me voy a molestar en nombrar! ¡Y no te soporto!
En serio Granger, ¡déjalo! Yo también veo millones de defectos en ti y no te los echo en cara las 24 horas del día.
¿¡Pero es que tu no te das cuenta del estrés que causas!?
Si, si, lo que tu digas. La que aquí parece no darse cuenta de algo eres tú. Tu opinión te la puedes meter donde quieras porque a mi me da exactamente igual lo que pienses. Ni creas que algo de lo que dices va a calarme.
Pues debería, porque realmente ahora mismo soy lo único que tienes.
Después de esa declaración cerró la boca. Claro, que prefería que me recriminara todo lo que quisiera y más a que me diera un guantazo emocional y me enseñara mi triste realidad. Quizás me lo hubiera buscado, pero eso no era motivo para echarme eso en cara o eso creía. De verás que esta mujer me estaba volviendo loco y no en el buen sentido.
Granger, ¿a dónde vamos? -pregunté dándome cuenta de que no tenía ni idea de a donde me llevaba-
Solo me miró rápido y por encima del hombro pero no me contestó. No me digas que se había enfadado, porque por ahí si que no pasaba. Encima de criticarme y luego reprocharme el que no la hacia caso, se enfadaba. Pero ya podía olvidarse de su cabreo que aquí el que debería estar echando humo era yo.
Granger, te he preguntado algo, así que responde.
Nada. La muy cabezota no estaba por la labor.
Mira, no lo voy a repetir. Respóndeme.
¿O si no qué, Malfoy? -inquirió sonriendo burlonamente- ¿Me vas a pegar?
Pues ganas no me faltan.
Hazlo, así demostrarás que tan hombre eres, ¿no? Al fin y al cabo en tu familia el machismo ya es costumbre.
Eso ya si que no se lo iba a permitir. Insultarme a mí, vale. Pero meterse con toda la familia Malfoy sin siquiera saber bien lo que pasaba dentro de ella era demasiado.
Tu no sabes nada de mi familia. -dije tirando de ella y haciendo que dejara de andar-No tienes ni la más mínima idea de lo que significa ser un Malfoy. Ni de como se tratan los miembros de la familia entre ellos.
¿Ah no? Sé de buena fuente más de lo que te gustaría. -aseguró sin dudar-
¿Como cuales? -pregunté altivo- Solo sabes lo que te hemos dejado ver.
No te equivoques, hay muchas personas que han pasado por ese nido de locos al que llamas familia. Yo misma pude experimentar la repulsión y la indiferencia hacia alguien que según vosotros "los sangre pura" no merece ni llamarse persona. Tu y esos sádicos habéis repartido el miedo, el odio y el dolor por todo el mundo mágico. Y solo Dios sabe hasta donde hubieseis llegado de no ser porque había gente dispuesta a defender en lo que creían. -a este punto de la discusión Granger se deshizo en lágrimas.- Así que Malfoy, no esperes que tu familia me agrade ni que este dispuesta a escuchar que en realidad sois una familia normal porque no me lo trago.
No supe que contestarle, si las lágrimas no hubiesen empezado a caer de sus ojos y a recorrer sus mejillas, la cosa hubiese sido distinta. Pero ahí la tenía, expuesta y dejándome ver parte (de eso estaba seguro) del daño que la guerra le había causado y particularmente de nosotros, los mortífagos. Sabía que tenía razón, que habíamos sembrado desdicha y rencor, que habíamos destruido cientos -sino miles de vidas- y que nada de lo que yo ahora hiciera o dijera podría jamás cambiar ese hecho. Aunque tenía que hacer algo, es decir no me podía quedar mirando como Granger lloraba y esperar que se le pasara pronto porque eso no pasaría. Ciertamente la había visto llorar antes pero hay cosas a las que uno nunca se acostumbra. Ver a alguien fuerte, seguro e incluso arrogante ceder ante las lágrimas no es agradable, ni aunque se tratase de Granger, mucho menos si se trata de ella, pensé. Claro, que al darme cuenta de ese pensamiento tan escandaloso lo eliminé lo más rápido que pude y no me permití pensar más en ello. ¿Dónde ha quedado el antiguo Draco Malfoy? Realmente era más fácil actuar como si todo te importara una mierda, preocuparse por alguien, ¿¡qué digo preocuparse!? Que alguien te diera lástima -porque decididamente era lo único que Granger me daba- era estresante.
Así pues me decidí sin darle muchas vueltas -sabía que si pensaba en las consecuencias no acabaría haciendo nada- por hacer lo que todo ser humano hubiese hecho: consolarla. Me acerqué despacio, temeroso de ser rechazado -nunca lo admitiría en voz alta- porque al fin y al cabo yo era el culpable de sus lágrimas y penas, llevaba años maltratandola y al comenzar la guerra emporé mi comportamiento, no moví ni un pelo para que dejaran de torturarla en el salón de mi casa a pesar de que los gritos traspasaban la piel. Cierto que no ataqué al grupo de salvadores pero siempre era lo mismo. Nunca me la he jugado realmente por algo o por alguien, siempre me he mantenido en segundo plano, esperando que nadie se diera cuenta de que en realidad nunca he tomado partido, de que siempre he estado de mi lado. Soy un oportunista y la mayor parte del tiempo pienso que merece la pena sacrificar a algunos si tu pellejo sigue intacto. Sin embargo Granger era diferente y en el fondo eso me gustaba.
La abracé fuertemente, como si eso pudiera hacerle olvidar su angustia. Su cuerpo pequeño en comparación con el mío se ajustaba a la perfección. Sin embargo el abrazo la llevo a darme puñetazos en el pecho y gritarme cosas sin sentido que solo hacían aumentar su llanto.
Hermione P.V.O.
Que Malfoy me abrazara era algo que realmente no me esperaba. Es decir, ver una parte de el humana era algo increíble, pero a mi en ese momento eso no me bastaba. Quería gritarle, pegarle! Sin importar lo que pasara después, la rabia me consumía, había guardado el dolor por mucho tiempo y ahora el mismo causante de muchas de mis pesadillas me estaba intentando consolar. Empecé a pegarle con los puños y a gritarle cosas que no tenían mucho sentido. Él no me dijo nada, me dejó ser y me aguantó todo lo que mis berrinches duraron. Al final el cansancio pudo conmigo, ya no tenía casi voz y acabé abrazando tan fuertemente a Malfoy que casi podía sentir sus costillas. Sus fuertes brazos me mantenían pegada a él y su camisa estaba calada por mis lágrimas. Y por algún motivo que desconocía me encontré por primera vez desde hacía tiempo en casa. Su olor a menta fresca inundaba mi olfato, sus brazos me ofrecían toda la protección que necesitaba y el continuo ritmo de su corazón me ofrecía la posibilidad de entrar en un mundo de calma, apartarme de la realidad. Permanecimos unos minutos así, en una conexión entre dos almas que siempre se habían estado buscando y por fin habían encontrado su destino. Pero como todo momento mágico, este llegó a su fin. Malfoy aparto el brazo derecho de mi cuerpo y en reacción yo aflojé la presión con la que le abrazaba, pero en lugar de apartarse -como yo pensaba-, levantó mi barbilla y apartó con el pulgar mis lágrimas. Sus ojos grises se clavaron en mí, traspasando la barrera que siempre había estado presente entre nosotros, llegando hasta lo más profundo de mi ser, quebrantando todo lo que había conocido y demostrándome que había más y que el podía mostrármelo. Estar tan cerca, a solo unos centímetros de él, me volvía de gelatina. Era tan apuesto,tan apuesto que estuve a punto de darme la vuelta, salir corriendo y llorar hasta que no me quedara agua en el cuerpo y todo porque era consciente de que yo nunca le podría igualar en belleza y que seguramente el me viera como lo hacía todo el mundo: un cerebrito andante y sin atractivo. Aunque no me dio tiempo ni a lo primero, pues contrario a lo que hubiera podido llegar pensar, sus labios se juntaron con los míos. No era un beso, era el beso, era ese beso que uno siempre ha estado esperando, el beso que cambia la forma de ver el amor. El amor, esa ciencia inexplicable e imposible de entender hasta para aquel más experimentado. Y mientras ese beso sucedía, todo dejo de ser importante: las peleas, el pasado, los errores, las decepciones... Solo importaba el aquí y ahora y todo lo demás carecía de sentido, incluso que fuera Draco Malfoy el que me estaba haciendo sentir como si pudiera tocar el cielo.
