Uf...Que de tiempo sin actualizar esto...lo siento ^^U . Aunque ahora que es verano creo que podré actualizar más a menudo (yupi! XD). Bien, ya no os hago esperar más, pero antes de empezar el fic me gustaría agradecer vuestros reviews ^^, de verdad que aprecio mucho vuestros ánimos y consejos sobre el fic ^^.

Aclaracion: Las palabras en cursiva son pensamientos

Los personajes de Inazuma Eleven no me pertenecen pero mis Oc's sí.

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¿Lugar secreto?

Saburo guió a la chica hasta la gigantesca puerta metálica para salir del gran y grisáceo edificio. La chica paró en secó justo en la puerta mientras el joven de ojos esmeralda bajaba tranquilamente las escaleras que salían a un gran jardín con un motón de arbustos y árboles, todos exactamente podados de la misma forma.

-¿Te ocurre algo, Aoi?-preguntó al ver que la nombrada seguía parada en la puerta.

-Es que yo...-le mostró la mano con la pulsera desde lejos- No puedo salir del recinto...¿recuerdas?- el chico empezó a reír y ella lo miró confusa.

-¿Crees que ese edificio es lo único que hay en el recinto?-dijo señalando la grandiosa construcción mientras Aoi lo miraba entre confusa y curiosa- ¡Esto es muchísimo más grande!- exclamó emocionado mientras alzaba los brazos- ¡Aquí hay muchas más cosas aparte de este sitio!-subió las escaleras a toda velocidad y cogió la mano de la chica para que lo siguiera- ¡Ven, sígueme!

-¡Ey! Pe...Pero...- balbuceó mientras intentaba ir al paso al que corría el chico- ¿No íbamos a jugar al fútbol aquí? - preguntó confusa- ¿A dónde vamos?

-¡A mi lugar especial secreto! - exclamó con la misma ilusión que un niño- ¡Ya verás! ¡Te va a encantar!

Aoi observaba su alrededor mientras corría junto a su compañero. Era un camino de tierra y había muchísimos árboles altos y vegetación. Eso le hizo suponerse que el recinto donde estaba atrapada se encontraba en mitad de un bosque o algo así. De repente Saburo dio un brusco giro y salió del camino de tierra adentrándose en el bosque.

-¡Ven, es por aquí!

-Pe...Pero por ahí no hay ningún camino...-señaló.

-Es que si hubiera un camino que llevará allí,-se encogió de hombros- entonces ya no sería secreto.

-Bueno...sí...creo que tienes razón-no se lo pensó más y lo siguió- Tras caminar un poco llegaron a una gran casa abandonada. Aoi contempló el lugar sorprendida.-Que bonito...-dijo casi en un susurro. Saburo sonrió y la chica observó con más detalle todo.

Una gran casa de dos pisos de altura atrapada entre grades lianas de hierva que habían aprovechado la soledad del lugar para adueñarse de todo. Ventanas con cristales rotos, pintura desconchada, tejas rotas y aún así la casa seguía siendo una maravilla. Aoi se fijó en lo demás. La casa y su gran patio estaban delimitados por un pequeño muro de apenas un metro de altura, también invadido por las plantas. Se entraba al patio a través de una pequeña verja de metal sin color aparente debido a su oxidación, a cada soplido de viento la verja se mecía y chirriaba un poco. En el interior del patio había una portería también oxidada, pero mucho menos que la verja de la entrada. Además, había dos neumáticos colgados de un gran árbol que, en sus buenos tiempos, seguramente, hubieran sido unos columpios construidos con cariño para que los niños jugasen.

-¿Te gusta?- la voz del chico hizo que saliera de su trance.

-Sí, es muy bonito. -volvió a mirar todo de nuevo-¿Cómo encontraste un sitio así?

-No lo encontré...-contestó simplemente y Aoi lo miró totalmente confundida ante la respuesta- Ven. Vamos a entrar.-Saburo abrió la verja que chirrió con un ruido bastante desagradable. Entró en el interior del patio seguido por su acompañante y luego se agachó entre las hiervas y empezó a rebuscar entre éstas.

-¿Qué buscas?- preguntó entre curiosa y confusa-

-¡Ésto!- exclamó alegre mientras alzaba un viejo balón entre sus manos mientras se ponía de pie- Este es mi lugar de entrenamiento. Como tío Rui no me deja entrenar con los demás, porque dice que entorpezco el entrenamiento, siempre me vengo aquí a jugar...

-Oh, vaya...-lo miró con algo de pena- ¿Y no te sientes solo jugando sin nadie más?

-Algunas veces sí y otras no, depende de lo que haga- empezó ha hacer toques con el balón mientras la chica lo observaba. Controlaba bastante bien la pelota.

-Se te da bien- comentó con una sonrisa sin apartar la mirada del objeto redondo.

-A mi hermano se le da aún mejor – atrapó el balón entre sus manos y la miró- ¡Es un genio del balón!

-Parece que admiras mucho a tu hermano ¿no?

-Bueno,-colocó el balón en el suelo- siempre se le ha dado bien el fútbol y siempre me ha enseñado muchas cosas sobre él. ¡Incluso me enseñó a cómo chutar con el pie izquierdo! - a cada palabra que decía se le notaba la admiración que tenía hacía su hermano. Aoi lo escuchaba atenta y sonriente al verlo tan emocionado- Además, desde que mis padres ya no están, él me ha estado cuidando y protegiendo...

-¿Desde que no están...?-susurró para si misma. Saburo no le dio importancia a lo último dicho y se aproximó a uno de los neumáticos que funcionaban a modo de columpio.

-¿Quieres ver mis métodos de entrenamiento?-el joven aferró entre sus manos el neumático. Aoi asintió y él sonrió-¡Pues vamos allá!

Empujó con todas sus fuerzas el objeto haciendo que se balanceara a mucha velocidad. Saburo corrió a la misma posición en la que había estado antes, junto a Aoi, y chutó el balón desde allí, con tal destreza y puntería que consiguió colar el esférico por el agujero del neumático dejando a la chica atónita.

-¡Vaya! ¡Eso ha sido impresionante!- exclamó emocionada.

-Gracias – respondió gentilmente- ¿Quieres probar?- le ofreció el balón pero ella negó con la cabeza-

-No, gracias. Eso es demasiado difícil para mi.

-¡Tranquila! Empezaremos por algo más sencillo. No te preocupes.

-Pero...a mi... A mi no se me da bien el fútbol. Por eso me limito solo a ser gerente- dijo en un tono algo triste.

-¡Venga! No digas tonterías- dijo con tono algo ¿enfadado? O por lo menos eso pensaba la chica.-¿Has entrenado? - ella negó con la cabeza- ¿Te gusta el fútbol?-Aoi asintió- ¡Pues entrena!

-Pero es que...no se me da bien...-volvió a decir triste.

-Eso no es lo decías antes- le cortó Saburo y la chica torció la cabeza algo confusa- ¿No le recuerdas? Me dijiste que en el fútbol da igual si se te da mejor o peor jugar...lo que importa es que te guste jugar – dijo con una sonrisa tierna. Ella sonrió de la misma manera- ¡Bien! ¡Vamos a entrenar!

-Pero, Saburo...Así no puedo jugar al fútbol- dijo un poco avergonzada y sonrojada-

-¿Cómo que "así"? - torció la cabeza confundido hasta que la chica señaló su ropa algo sonrojada. Saburo lo entendió al ver la falda - Oh, claro. No te preocupes, te conseguiré ropa más deportiva – dijo antes de empezar a correr hacía la dirección por donde habían llegado al lugar- ¡Esperame aquí! ¡No tardaré en volver!- gritó antes de perderse entre los árboles.

-¡Pero Saburo...!-intentó detenerlo pero ya era demasiado tarde- ¿Y ahora que hago yo aquí sola? -miró a su alrededor y detuvo su mirada en la casa, tenía mucha curiosidad en saber cómo era por dentro.

Se aproximó a la casa y se detuvo en la puerta. Por una parte tenía unas ganas terribles de entrar y ver como era todo aquello por dentro, pero por otra parte aquel sitio era muy viejo y sería peligroso entrar ahí. Al final la curiosidad venció la batalla en su mente y acabó entrando en el interior del gran edificio. La puerta de madera hizo un ruido bastante tenebroso al abrirla y Aoi intentó ignorar el cosquilleo que había atravesado su columna. Avanzó con paso cuidadoso observándolo todo bajo una atenta mirada que recorría cada rincón. El recibidor era bastante humilde para una casa tan grande. Avanzó por el pasillo ignorando las puertas que iba dejando atrás, llegó hasta unas escaleras que llevaban al segundo piso pero decidió no subir por seguridad, aunque la casa no pareciera tan vieja por dentro. Retrocedió sobre sus mismos pasos y entró en una de las puertas al azar.

Observó con detalle el interior, la habitación era de gran tamaño y las ventanas eran bastante grandes, las cortinas que colgaban de éstas eran amarillas y estaban agujereadas, seguramente las polillas las habían devorado. El techo estaba a gran altura y aunque las ventanas fueran enormes la luz que llegaba al interior a través de ellas era muy tenue. Por fin se detuvo en contemplar desde la puerta el objeto que más resaltaba en la enorme sala: Un piano de cola. Se acercó con paso lento y rozo con sus dedos el piano con mucho cuidado, como si tuviera miedo de que el instrumento se rompiera en mil pedazos con tan sólo un contacto. Retiró sus dedos del piano y los miró, se sorprendió al ver que apenas tenía polvo sobre estos. Dio una vuelta completa al gran instrumento y finalmente paró delante de sus teclas. Aproximó sus manos al marfil, quería comprobar si aún el roce de unos dedos lo harían sonar, quería comprobar si el tiempo y el abandono habían conseguido destruir el bello sonido del piano.

-Aoi...-se sorprendió al escuchar su nombre de la nada y rápidamente apartó las manos del piano mientras buscaba a su alrededor.

-Ah...Saburo, eres tú...Menudo susto me has dado – rió, pero vio que el joven moreno la miraba serio- ¿Ocurre algo? - se paró a pensar unos segundos y reaccionó- Oh, claro. Te has tenido que preocupar al no encontrarme fuera...Perdón...Pero es que no me he podido resistir a explorar un poco. ¡Este sitio es enorme!- giró sobre sí misma para volver a dar un vistazo rápido a la sala- Y el piano es precioso.

-Te he traído la ropa – interrumpió Saburo mientras le enseñaba una equipación de fútbol- Es mi antigua ropa pero creo que te valdrá.

-Gracias – tomó la equipación en sus manos y se quedó parada.

-Venga, pruebatela – Saburo se giró sobre sus propios talones dándole la espalda y se tapó los ojos- Te prometo que yo no miro.

-Sa...Saburo...-tartamudeó sonrojada- Me sentiría más cómoda si me esperaras fuera.

-Ah, claro. No tardes mucho en salir – el joven se marchó dejando a Aoi otra vez encerrada en el silencio del lugar.

Aoi echó un último vistazo a su alrededor antes de quitarse la ropa. Se vistió todo lo rápido que pudo y se detuvo un segundo a comprobar como le quedaba la equipación. La camiseta era azul oscura y los pantalones negros con detalles azules. Le iba un poco grande, pero no mucho y además era muy cómoda. Tomó su uniforme de gerente y salió fuera, Saburo sonrió al verla.

-Te queda muy bien. Estás muy guapa – sonrió y ella se sonrojó- ¡Bien! ¡Empecemos a entrenar!

-De acuerdo – dejó su uniforme sobre una silla rota que había junto la entrada.

-Empecemos por los estiramientos – Saburo empezó a hacer los ejercicios mientras Aoi lo imitaba- Y esto ya está. Um...a ver, a ver...¿Qué ejercicio podríamos hacer? ¡Ah! ¡Ya sé! Empecemos con el regateo. Ven conmigo – Aoi obedeció y el joven la llevó a pocos metros- Aquí – la chica lo miró confusa y él señaló el suelo donde había una fila de grandes rocas separadas entre ellas- El ejercicio consiste en regatear estas piedras con cuidado de que el balón no se te escape, en ese caso deberías empezar otra vez. - Saburo tomó el balón y se lo entregó a la chica- ¿Preparada?

-¡Sí!- contestó decidida-

Aoi empezó el ejercicio, conseguía llegar hasta la mitad, pero justo en ese punto las piedras empezaban a estar más cerca entre ellas, lo que dificultaba avanzar. El balón siempre se le acababa escapando pero ella seguía persistiendo en conseguirlo mientras Saburo la miraba con ojos sonrientes y la animaba con entusiasmo.

-¡Tú puedes, Aoi!- animó alegre-

La joven puso toda su concentración sobre el control de la pelota, seguía hacía delante ignorando todo lo demás, lo único que veía eran las piedras y el balón. Para su sorpresa y la de Saburo consiguió completar el circuito a una velocidad impresionante.

-Lo he conseguido... – susurró para sí-

-¡Genial! ¡Así se hace, Aoi! - exclamó alegre para acercarse a ella-

-¡Lo he conseguido!- gritó alegre- ¿Cuál es el siguiente entrenamiento? - preguntó inquieta y emocionada, al parecer su logro le pedía que no se detuviera ahí.

-Eso ya lo veremos mañana. Ya se ha hecho tarde, será mejor regresar -señaló hacía cielo donde entre las ramas de los árboles se distinguía el cambió de color sobre éste. Saburo escuchó el suspiro de decepción de su acompañante y sonrió- No te preocupes, mañana seguimos. Ahora marchémonos.


Salió de su baño individual tras ducharse y ponerse las prendas que había encontrado en su cómoda. Aunque odiara estar atrapada en aquel lugar agradecía tener aseo propio con ducha incluida. Se dejó caer de espaldas en su cama y se quedó con su mirada fija en el techo. Poco a poco estaba asimilando todo ese embrollo en el que estaba envuelta, aunque aún no podía creérselo todo. Un suspiró de cansancio escapó de sus labios, echaba de menos a su familia y amigos además estaba preocupada por el estado de sus amigos, las heridas que habían sufrido durante el partido parecían graves. De repente se incorporó bruscamente, si mal no recordaba Saburo parecía conocer a Tenma y a los demás y estuvo todo el tiempo cerca de los banquillos del Raimon, quizás él sabría algo más sobre sus amigos. Se dispuso a salir de su habitación, sabía que Saburo estaría en la de al lado. Abrió la puerta para salir al pasillo y correr hacía la habitación de al lado pero se topó con Subaru al salir. El joven avanzaba por el pasillo, seguramente se dirigiría a su cuarto. Aoi lo observó, había algo raro en él, sus ojos estaban algo opacos y su expresión era fría y seria. La asustaba un poco esa expresión pero se atrevió a hablarle.

-¿Subaru? - lo llamó algo temerosa. El joven miró al la chica con una mirada fría cosa que la hizo estremecerse. Subaru, al ver que se trataba de Aoi, cambió su mirada helada por un rostro sereno y algo nervioso.

-Ho...Hola, Aoi. ¿Ocurre algo? - preguntó un poco nervioso ante la presencia de la chica.

-I...Iba a buscar a Saburo a vuestra habitación.

-Oh, vale. Entonces ven, pasa – abrió la puerta y se hizo a un lado para que ella entrara primera.

-¡Hola, Aoi! - exclamó alegre Saburo al verla entrar – Ey, pero si vienes con Subaru – dijo para acercarse al nombrado - ¿Qué tal estás? Hoy no te he visto en casi todo el día.

-Bien – contestó simplemente – Voy a ducharme -habló justo antes de coger sus cosas de la cómoda y entrar en baño.

Aoi se sorprendió por la actitud tan cortante de Subaru. No lo conocía bien, pero por la tarde tenía una actitud diferente a la que tenía ahora. Dejó de darle vueltas a eso y prestó toda su atención en el joven de ojos verdes- Oye, Saburo, he venido porque quería preguntarte algo.

-¿Um? Vale, dispara.

-Has conocido a Tenma y a los chicos del Raimon ¿cierto?

-¿Eh?...¡Ah, claro! A tu novio y tus amigos

-¡Que no es mi novio!- exclamó sonrojada-

Saburo empezó a reír – Tranquila que sólo era broma – Aoi miró hacía otro lado avergonzada y el chico detuvo sus carcajadas – Sí, los conocí. Son muy simpáticos sobre todo Renma.

-Se llama Tenma – corrigió -

-¡Sí! ¡Eso!- paró a pesar unos segundos serio y luego sonrió- Sabes qué, a ese chico le importas mucho.

-¿Qué? - dijo algo sorprendida y ruborizada.

-Con decirte que casi se mata por las escaleras para ir a salvarte – soltó una pequeña risa al recordar la cómica escena y luego cambió expresión a una más seria y pensativa- Y había algo en sus ojos que...¿Cómo explicarlo?...Cuando no te encontramos, sus ojos era...era como si tuviera miedo...

-¿Miedo? - repitió confusa - ¿Miedo a qué?

El chico se encogió de hombros- No lo sé...-permanecieron unos segundos en silencio y el siguió hablando- Pero he visto esa mirada antes...-afirmó serio mirando hacía la puerta del baño donde estaba su hermano aseándose- Quizás tu amigo tenía miedo de...-fue interrumpido por el ruido de unos nudillos golpear la puerta- ¿Eh? Adelante, pase – la puerta se abrió y apareció Rikuo Nakamura.

-Señor Saburo, sólo venía a informarle de que la Señorita Sorano cenará en el comedor con el resto de comensales.

-Ah, vale. Gracias por informarnos, Señor Nakamura – agradeció Saburo junto a una sonrisa.

-¿Cómo sabía usted que estaba aquí? - preguntó seria y sorprendida Aoi. Rikuo sólo se limitó a mirar el brazalete detector de la chica- Ah...Claro...-susurró.

-Si me disculpan, me retiro – hizo una reverencia y se marchó.

-En cuanto salga mi hermano de la ducha iremos al comedor, Aoi – la chica sólo se limitó a asentir.

Aoi recordó el por qué estaba en la habitación de Saburo y volvió a preguntar- Saburo ¿Tú sabes algo de mis amigos?

-Sólo sé que se los llevaron a su caravana para llevarlos a la ciudad de donde venís...O por lo menos eso me dijo mi tío...-vio que la chica apartó su vista al suelo mientras un gesto de preocupación se formaba en su rostro – No te preocupes, seguramente estarán bien – ella lo miró- Y tú también lo estarás. Le prometí a Tenma que cuidaría de ti y pienso cumplir mi promesa – habló decidido y sonriente.


Abrió a más no poder los ojos de sorpresa. Aquella sala era inmensa, las mesas eran enormes y la cantidad de gente era desbordante, y además, todos tendrían más o menos su edad; los únicos adultos eran los guardias y los sirvientes que servían la comida.

-¿Qué te parece, Aoi? - preguntó el chico moreno al ver la cara de sorpresa de la chica.

-Aquí hay más gente que en el comedor de Harry Potter...-dijo aún incrédula mientras los gemelos reían por la ocurrencia de la chica.

-La verdad es que hay mucha gente – habló Subaru- Al principio puede ser agobiante pero acabarás acostumbrándote.

-¿Cuánta gente hay aquí?- preguntó curiosa-

-Pues si son treinta y cinco equipos de once jugadores más suplentes... Hazte una idea...-dijo Saburo divertido.

-¡Tantos equipos hay en este recinto! - exclamó sorprendida.

-Tienes que tener en cuenta de que este recinto es para...

-Vamos a sentarnos – interrumpió Subaru.

Aoi siguió a los hermanos y se sentó junto a ellos, bueno, para ser más exactos entre ellos dos...así se sentía más segura. La chica echó un vistazo a los jugadores que ocupaban la mesa, parecían auténticos robots comiendo en silencio y con la misma miraba fría que tenía Subaru cuando lo vio en el pasillo. Todo ésto la hacía sentir muy incómoda, sobre todo cuando las miradas de los comensales se detenían sobre ella observándolos algo sorprendidos por su presencia.

-Venga, Aoi. Come algo-dijo mientras le daba un pequeño codacito en el brazo.

-No, gracias Saburo...No tengo hambre...

-No digas eso. Pruebalo, ya verás que rico – dijo sonriente.

La gerente del Raimon le hizo caso y probó algo parecido a una sopa saboreandola con cuidado- Um...Está delicioso – dijo sonriendo mientras sus compañeros imitaban su gesto.

-Aoi – susurró por lo bajo Saburo – Mañana seguiremos con el entrenamiento en el lugar secreto – dijo mientras le guiñaba un ojo a lo que la chica respondió con una sonrisa entusiasmada.

- ¿A que lugar secreto os referís? - escucharon una voz que los hizo paralizar a ambos.

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Ya lo sé, este capi ha sido muy lento -.-U... pero es que quería que Aoi conociera un poco más su alrededor antes de nada (aunque aún no ha visto todo lo que hay ahí mujajaja). De todas formas intentaré hacer el siguiente capi más movidito ^^

Espero que les haya gustado el capi :)!