Capitulo VIII:

Draco P.V.O.

¿Pero que estaba haciendo? ¿Acaso me había vuelto loco? ¡Estaba besando a Granger! Peor aún, la estaba besando sin ningún motivo de procedencia dudosa, simplemente así, porque había querido besarla. Decididamente estaba peor de lo que creía. Tanta indiferencia por el resto del mundo me estaba afectando y muy, pero que muy seriamente. No podía ser que estuviera disfrutando con el beso, ¿verdad? No, eso no era posible. Tan solo no me dan ganas de vomitar, me aseguré (en el fondo no muy convencido). Granger me había pillado con la guardia baja. Es decir, me había mirado con esos ojos de corderito degollado y no se había opuesto a que la tocara, ni que decir a que la besara. Se había dejado querer y bueno, no me había podido resistir a esos labios carnosos entreabiertos. A pesar de que besarla era un error (y uno de los gordos), no quería parar. El calor de su boca me brindaba una sensación de pertenencia inigualable. Deseaba que ese beso nunca acabara, pero me recordé a mi mismo que eso no podía ser, por el bien de ambos debía apartarme de ella.

Hermione P.V.O.

El beso terminó demasiado pronto y me dejó una extraña sensación de perdida. Si de mi hubiese dependido nunca hubiera dejado ese momento en el que una peculiar conexión se formó entre nosotros. Pero el saberme liberada de su tacto, me devolvió a la realidad: la triste y cruda realidad. Me di la vuelta rápidamente, deseando que el no atisbara mi sonrojo. Si, lo admitía, estaba avergonzada de lo bien que me sentía mientras el me besaba y eso me cabreaba y me confundía a cada momento. Mira que era cabrón. Malfoy no parecía tener intención de pararme, así que continué caminando de nuevo en dirección a la sala de Gryffindor, tenía que encontrar a Harry, si es que no se había ido ya.

Granger, no pretenderás que entremos otra vez ahí, ¿no?

Si, ¿algún problema? -contesté mirándole inquisitivamente-

Si, que vamos a parecer idiotas entrando y saliendo cada dos por tres. -respondió con su habitual tono malhumorado.-

¿Y de quién es la culpa? Te recuerdo que tu eres el que me ha sacado a rastras de ahí dentro.

Normal, hay que ser masoquista para querer estar ahí dentro más de lo estrictamente necesario.

Ignoré su comentario y me dispuse a dar la contraseña para entrar.

El panorama no había cambiado mucho desde la última vez. La gente seguía haciendo lo mismo que hasta poco antes y tan solo volvieron a desviar su atención para mirar a los que habíamos entrado por la puerta. Les ignoré de nuevo y tiré de Malfoy para ir a la habitación de Ginny. Claro, que cuando la escalera se transformó en una trampa, me di cuenta de que eso así por las buenas no iba a poder ser. Y encima ahora tendría que soportar las burlas del hurón, genial.

Granger, tu elocuencia me asombra más cada día. -declaró Malfoy con clara ironía-

Cállate, hurón. Si fueras mujer esto no pasaría.

No, si ahora será culpa mía por ser hombre. Hay que joderse.

Me limité a sonreír y ha pedirle a una chica de primero, encantada de atender a una de las heroínas del mundo mágico, que llamase a Ginny.

No pasó mucho tiempo cuando esta volvió gritando desesperada por ayuda y gimoteando cosas sin sentido. Una mirada mía a Malfoy bastó para que conjurara la escalera y ambos pasáramos corriendo en dirección al cuarto que Ginny y yo compartíamos

El panorama que nos encontramos allí me dejo boquiabierta. Habían destrozado las camas y las plumas de los colchones y almohadas cubrían el suelo junto a los cristales de lo que antes había sido nuestra ventana. Las lámparas no habían tenido mejor suerte que los armarios y se encontraban destrozadas. Toda nuestra ropa estaba esparcida por los vestigios del cuarto, al igual que el resto de nuestras pertenencias. Pero lo más escalofriante era el rojo y el olor a podredumbre que reinaba en el dormitorio. Supuse que era sangre y el pensamiento de que fuera de mi compañera me desgarraba el alma. En una de las paredes laterales se podía en sangre leer: "Así como os alzasteis caeréis. Esta vez sin éxito os esconderéis. Él resurgirá y esta vez su justicia hará."

Draco P.V.O.

No puede ser de ella, ¿verdad? -me preguntó Granger al borde de las lágrimas.

No hizo falta que me preguntara más, sabía a lo que se refería. No se veía cuerpo por ningún lado y estaba casi completamente seguro de que un asesino no se llevaría el cadáver para evitar pruebas, no después de semejante amenaza. Solo un verdadero psicópata haría tal cosa, aunque visto el panorama, no me extrañaría. Así se lo dije a Granger -obviando claramente la ultima parte, eso la hubiese puesto más histérica de lo que ya estaba- y la mitad de la casa Gryffindor pudo también oírlo, los gritos de la niña los habían puesto a todos en alerta. Era evidente que todos los que habíamos visto el mensaje habíamos llegado a la misma conclusión. Ese mensaje no podía provenir menos que de los mortífagos restantes, aquellos que habían sido o bien perdonados o no encontrados. Me preparé mentalmente para las acusaciones de los Gryffindor, si ya me tenían manía antes, con esto se les daba motivos más que de sobra para insultarme, desacreditarme más de lo que ya estaba y permitirles pensar en mí más como monstruo que como persona. Había que joderse.

Como había previsto, las lluvias de insultos empezaron a caer. Que si asesino, que si mortífago de mala muerte, que si homicida, que si racista sin corazón, que si fascista... ¿alguna vez se cansarían de repetir una y otra vez lo mismo?

Granger pareció salir de su lapsus momentáneo y comenzó a acallar a todo el mundo:

¿¡Pero se puede saber que hacéis aquí todos parados acusando sin tener pruebas!? ¡Lo primero que tendrías que hacer antes de sacar conclusiones erróneas es avisar a la directora McGonagall y ya luego le decís todo lo que tengáis que decir!

Y tras eso cerró la puerta del cuarto de un golpe, colocó un hechizo protector y echó a todos del pasillo.

Deja de mirarme como si hubieses visto un fantasma. -ordenó con aire hastío- No hay tiempo para estupefacciones. Tenemos que encontrar a Ginny. Como sea.

Hermione P.V.O.

Me apresuré a mandarle un patronus con un mensaje para Ginny y Harry. No podía estarme quieta y recorría la entrada del cuarto una y otra vez. Sabía que Malfoy me observaba y eso me ponía más nerviosa de lo que ya estaba, si es que era posible. No se había quejado de mis movimientos inquietos a pesar de que lo arrastraba conmigo a cada paso y no estaba segura de cuanto tiempo podría aprovecharme de su paciencia. Conociéndolo, no mucho. Los segundos pasaban muy lentamente, y me desesperaba el no recibir respuesta por parte de ninguno.

Lo que daría por que llevaran móvil... -dije más para mí misma que otra cosa al tiempo que dejaba de moverme y me sentaba apoyándome en la puerta de la habitación-

¿Móvil? -preguntó Malfoy curioso sentándose a su vez al lado mío- ¿Es eso un aparato muggle?

Sí, sirve para hablar con personas aunque estén a miles de kilómetros de distancia. -expliqué- Si Ginny o Harry tuvieran uno, podría llamarles y avisarles inmediatamente de lo que pasa.

Ajá.

Malfoy no hizo más comentarios, y poco después llego McGonagall. Inmediatamente Malfoy y yo nos pusimos en pie.

Señorita Granger, haga el favor de abrir la puerta. -dijo McGonagall con plasmada preocupación-

Así lo hice y el escenario volvió a aparecer ante nosotros. Toda la sangre y los destrozos.

Tras una rápida observación, la profesora cerró la puerta y colocó otro hechizo protector sobre ella.

¿Alguna idea de quien puede ser el culpable de esto?

Si, y señora no le va a gustar oírlo -contestó Malfoy-

¿No me digáis que creéis que esto ha sido causado por seguidores de Voldemort?

Bueno, la verdad es que pinta tiene. -confesé- Lo bueno, es que Malfoy no puede haber sido. -declaré elevando mi brazo para que viera lo de la cadena-

En ese momento llegaron Harry y Ginny con pintas de haber corrido toda una maratón.

Gracias a Merlín que estáis bien. -dije mientras me acercaba a ellos con una sonrisa-

¿Ves, Granger? Te dije que la pelirroja estaba aun de una pieza.

Pero, ¿qué ha pasado? -preguntó Harry aún con la respiración agitada-

Será mejor que lo veáis por vosotros mismos. -dijo la profesora McGonagall interviniendo en nuestra conversación-

McGonagall deshizo los hechizos protectores y abrió la puerta para que Ginny y Harry pudieran ser plenamente conscientes de lo que había pasado con sus propios ojos. Como era de esperar, sus caras se tornaron pálidas pero una vez pasado el primer susto inicial, ambos empezaron a sacar conjeturas de la situación. Los dos se volvieron a mirar -como por otra parte era de esperar- a Malfoy.

Por más que hubiese querido, Malfoy no puede haber sido. -dije antes de que ninguno soltara alguna burrada-

¡Hermione! -gritó Harry sorprendido- ¿¡Estás defendiendo a Malfoy!?

Por supuesto que no. -me apresuré a contestar- Solo estoy constatando un hecho. Esta lapa no puede haber sido.

Ay... -suspiró Malfoy con un gesto bastante exagerado- ¡Y yo que creía que lo nuestro empezaba a dar sus frutos! Me rompes el corazón...

Te voy a romper otra cosa como no te calles. -amenacé mirándolo de manera intimidante (o eso esperaba)-

Cuando quieras, Granger. -replicó dedicándome una mirada lasciva-

¿Pero en que coño estaba pensando? El idiota iba a dar lugar a más conjeturas erróneas. ¿Por qué lo habría defendido...?

Entonces, Malfoy queda descartado, ¿no? -insinuó Harry-

Ahora ya no puedo echarme atrás. -contesté en tono malhumorado-

Potter, Granger, Weasley y Malfoy a mi despacho. -ordenó McGonagall- Una materia de esta dimensión no se puede discutir aquí. Esperad allí, yo buscaré a la niña.

Hicimos lo que McGonagall nos dijo y fuimos derechos hacia allí. Nadie dijo nada en el camino, pero en cuanto pisamos el despacho y la puerta se hubo cerrado, las conjeturas empezaron a fluir de las bocas de todos.

Malfoy, tu que conoces el terreno, ¿hay más exmortífagos aparte de ti en Hogwarts? -preguntó Harry-

No que yo sepa. -respondió Malfoy sin titubear.-

¿Y sabes quién tendría métodos suficientes para infiltrarse en el colegio? -continuó Harry-

Potter, cualquier exmortífago conseguiría entrar aquí si se lo propusiese. -contestó Malfoy como si la pregunta de Harry hubiese sido completamente estúpida e innecesaria- Incluso cualquier persona con un poco de ingenio. Esa pregunta no nos va a llevar a ningún sitio.

Harry pareció reflexionar un poco antes de decir:

Pero sin duda las palabras escritas en la habitación eran una clara incitación de venganza por parte de los mortífagos.

No seas corto de miras. -recriminó el hurón- Hay más de una secta que se siente infravalorada.

Pero tendrás que admitir, -dije- que elegir justo la habitación de Ginny y mía es sospechoso.

No lo niego. -se apresuró a decir- Pero solo porque esa sea la respuesta más lógica, no significa que sea la correcta. Puede que estén intentando confundirnos.

Una buena conclusión, señorito Malfoy. -aplaudió McGonagall.- Pero le agradecería que moderara tales palabras. Pueden dar rienda a pensamientos equívocos.

La directora acababa de hacer su entrada, dándole a Malfoy palabras para reflexionar.

He hablado con la alumna que presenció todo en un principio. -prosiguió McGonagall- Aunque me cueste aceptarlo, es muy posible que se trate de una cómplice del autor principal del desastre en la habitación de Granger y Weasley.

Tras esa declaración la sala quedó sumida en un profundo silencio. Sin duda ninguno habíamos si quiera imaginado que aquella chiquilla pudiera tener algo que ver.

¿Por qué dice eso, directora? -preguntó Harry formulando la pregunta que todos teníamos en mente.

Su jersey estaba salpicado con sangre. -contestó- Si solo hubiese abierto la puerta y tras ver el desastre se hubiese echado a correr, su jersey estaría intacto. Al igual que lo están los de ustedes. Por lo tanto, no me queda más remedio que considerarla parte de la intrusión. Los aurores están de camino y se harán cargo de ella. Les debo pedir que esperen aquí, pues me imagino que también querrán hacerles algunas preguntas a ustedes.

¿Cómo se nos escapó ese detalle? -me pregunté en voz alta-

Granger, -dijo Malfoy con un deje pesadez- en cuanto oíste los gritos saliste pitando escaleras arriba. Y luego te pusiste histérica y la niña dejó de tener importancia.

Yo no me puse histérica. -repliqué con mala cara-

¿Ah, no? -planteó con fingida inocencia- ¿Entonces gritar a todo Gryffindor y echarles prácticamente a patadas del pasillo no se considera histeria?

No le contesté y tan solo le dediqué una mirada asesina.

¿De verdad hiciste eso, Hermione? -indagó Harry-

No se por qué te sorprendes. -increpó Ginny- Si ya sabes el carácter que tiene Hermione.

¿¡Pero vosotros de que lado estáis!? -exclamé sin poder creer lo que oía-

Granger, la pelirroja tiene ahí toda la razón. -siguió el hurón engominado metiendo baza- Tienes un carácter que tela...

Habló el angelito. -repliqué mientras clavaba mis pupilas en las suyas-

Tras eso Malfoy y yo compartimos un choque de miradas. En ese momento parecía que cualquier movimiento causaría una explosión. Se trataba una vez de más de aquella sensación que ya había sentido antes cuando el me miraba tan directamente. Como si me pudiera leer el alma.

Se me erizó la piel, y sabía que debía apartar la mirada. McGonagall, Harry y Ginny estaban allí, y probablemente podían sentir también la tensión que reinaba entre nosotros.

De repente McGonagall interrumpió nuestro silencioso intercambio:

Granger, Malfoy. Me imagino que querrán librarse de esa cadena.

Por supuesto. -constaté apartando la vista los penetrantes ojos grises de Malfoy y sintiendo como la sangre se me subía a los mofletes-

Aunque no hemos podido encontrar ninguna forma de deshacernos de ella. -continuó Malfoy tras aclararse la garganta. ¿Estaría también avergonzado?-

Sin duda no han buscado en el lugar correcto. -confirmó McGonagall sacando su varita y liberándonos a ambos-

Malfoy y yo nos miramos sin poder creer realmente que por fin pudiésemos librarnos el uno del otro. Aunque tras esa sensación de liberación, se escondía un resquicio de aflicción. No lograba descifrar del todo el por qué de tal sensación. Probablemente se trataba de que me había acostumbrado a la compañía de aquel rubio arrogante; a su tacto, su olor, sus labios, sus brazos... Al notar a donde derivaban mis pensamientos, los paré de inmediato. Malfoy no me convenía. Y yo mejor que nadie lo sabía. Era solo que inevitablemente me sentía atraída hacia él, y aunque sabía que era lo que se denominaba una "atracción fatal", también era consciente de que no había nada que yo pudiera hacer para sacarle de mi mente. No ahora que había probado sus labios. No ahora que empezaba a descifrarlo.