¡Hooooola!

Sí, ya lo sé. Queréis quemarme con antorchas y enterrar mi cadáver...No merezco menos -.-

Estos dos últimos años de bachillerato han sido bastante complicados y aunque este verano podría haber escrito algo mientras me sacaba el carnet, sinceramente...no se me ocurría NADA. Cada vez que intentaba hacer algo mi cabeza se bloqueaba. He estado haciendo bachillerato de ciencias y digamos que allí te lo piden todo claro y práctico una y otra vez, al final mi creatividad se esfumó.(Incluso solo hacía uno o dos dibujos "trabajados" durante cada año)

Ahora os preguntareis (o no -.-) ¿por qué ha vuelto a fanfiction después de tanto? Pues veréis, he empezado la universidad y no sé por qué (quizás porque en parte de la carrera se necesita creatividad) me han vuelto unas ganas terribles de escribir y me han llegado numerosas ideas a mi cabeza para crear nuevas historias (gran parte de estas ideas han surgido durante experiencias durante mis dos años de bachiller irónicamente).

No os prometo subir historias de forma seguida debido a que la carrera exige muchos trabajos y como siempre éstos tendrán prioridad sobre mis fic, pero creo que este año estaré mas activa.

Y sin darles más vueltas al asunto os dejo con un muy tardado capitulo de "¿Qué hago aquí?", no será el mejor fic de fanfiction pero para mi es una de mis mejores historias en esta web.

Espero que os guste.

Disclaimer: Inazuma Eleven pertenece a Level-5


¿Sujeto extraño?

Saburo y Aoi se miraron. La chica con una expresión de miedo nervioso y el chico con una expresión confusa. Ambos se voltearon a la vez para encontrarse a uno de los tipos de blanco con gorras y gafas de sol que estaban repartiendo la comida y vigilando el orden de la sala. El sujeto torció la cabeza ante la mirada atónita de los chicos.

-¿A qué lugar secreto os referís?-volvió a insistir al ver que los chicos no parecían articular palabra alguna.

Aoi tragó saliva en seco y miró a su compañero quien aún seguía mirando extrañado al sujeto. Al ver que Saburo no reaccionaba intentó contestar ella, pero no sabía muy bien que decirle. Se supone que aquella casa era el lugar secreto de Saburo, no sabía ni siquiera si su hermano conocía su existencia, así que seguramente tendría que inventar una excusa de algún otro lugar del recinto, pero ahora tenía otro problema: ¡No tenía ni idea de que más había en aquel recinto aparte de los condenados calabozos y el edifico gris gigante!

La cabeza de la chica iba a explotar y su boca no paraba de hacer balbuceos en busca de una fortuita respuesta. Su nerviosismo aumentaba al notar las gafas de sol clavarse sobre ella, aunque no pudiera ver a través de ellos juraría que los ojos del tipo estaban empezando a mirarla con impaciencia. Cuando el sujeto parecía querer volver a insistir en su pregunta Saburo le cortó en seco.

-¿Por qué nos has hablado?-pregunto el chico confuso a lo que el sujeto reaccionó con sorpresa.

-Yo...-Antes de que pudiera terminar su frase otro de los sujetos, que iba vestido de blanco pero con una gorra roja en vez de blanca, se acercó rapidamente a él.

-¿Qué diablos haces? Ya sabes que hacer eso está terminantemente prohibido.-reprochó con mucho enfado-¿Eres nuevo o qué?

-¿Eh?-el sujeto primero se sobresaltó al escuchar la voz reprochadora de su compañero atacarle por la espalda-Sí, lo siento mucho, señor.

-Déjate de cháchara y recoge los platos de los jugadores que para eso estás aquí.

Obedeció la orden en cuanto el que parecía su superior se dio la vuelta. Recogió los platos de Subaru, Saburo y Aoi, y justo en el momento oportuno le deslizó una nota a la chica en la mano sin que nadie lo notara. La chica de ojos azules se sobresaltó un segundo y miró la nota extrañada, cuando vio lo que ponía en ella la escondió rápidamente en los bolsillos de ahora su uniforme de deporte negro.

-¿Qué ha sido eso?- preguntó Subaru haciendo que Aoi sintiera un mininfarto al creer que la había visto esconder la nota-¿Por qué ese capataz os ha hablado?

-¿Qué tiene de malo?-preguntó Aoi aún un poco nerviosa por la falsa alarma.

-Los capataces, o sea, los tíos de blanco, tienen prohibido hablar con los jugadores.-explicó el chico de ojos marrones.-Sólo los capataces superiores, los de la gorra roja, tienen permitido hablarnos pero no lo hacen muy a menudo

-¿Por qué?-preguntó confusa Aoi.

-No lo sé.-contestó encogiéndose de hombros-Ordenes de los superiores.

-No le des más vueltas, Subaru. Seguro que el tipo era nuevo en el recinto.-afirmó Saburo.-Bueno, Aoi-dijo mientras se levantaba de la mesa- ¿Quieres darte una vuelta por el edificio para conocerlo mejor?

Antes de que la chica pudiera abrir la boca para contestar a su acompañante Subaru se levantó de golpe de la mesa-¡De eso nada! ¿No recuerdas el toque de queda? Como os vean por los pasillos después de esa hora os...-el chico de ojos marrones detuvo su frase y miro a la chica- Ya sabes lo que pasará...-continuó devolviendole la mirada a su hermano.

-No te preocupes, todavía nos queda una hora hasta el toque de queda.-dijo con su típica sonrisa tranquilizadora-Me da tiempo a darle una pequeña vuelta a Aoi antes de que llegue la hora.

-¿Tú?¿Bromeas? Si estás cada dos por tres perdiéndote por los pasillos. Seguro que acabais perdidos y no volvéis antes del toque.

-Es que son todos iguales...-se defendió con un pequeño puchero infantil.-Pero si tan preocupado estás porque nos perdamos acompáñanos.

-¿Yo?...pero es que...

-¡Sí!¡Venga!-antes de que su hermano pudiera tan siquiera negarse Saburo agarró a Subaro y Aoi de las manos y casi los obligó a que lo acompañaran.


Anduvieron por los pasillos con grisáceas y gigantescas paredes que acompañaban a un techo de gran altura del mismo color. Saburo avanzaba el primero con ojos de niño ilusionado deseoso de mostrarle el lugar a su nueva amiga, en cambio, Aoi y Subaru andaban un par de metros más rezagados. La chica miraba de vez en cuando su alrededor esperando encontrar algo más a parte de las numerosas puertas idénticas y el monótono color gris de la pared que le estaba empezado a dar dolor de cabeza. Por su lado, Subaru avanzaba con un gesto serio y aburrido observando y cuidando de que su hermano no los llevara por el camino equivocado, aunque no supiera exactamente hacia dónde los llevaba.

-Saburo.-lo llamó su hermano- ¿Te has vuelto a perder?

-Noooo, estoy casi seguro de que es por aquí.

-Ese "casi" tuyo no me inspira confianza. La última vez que te vi desaparecer por los pasillos diciendo eso apareciste al día siguiente acompañado del señor Nakamura y muerto de hambre.-dijo mientras se cruzaba de brazos con aire reprochador.

Aoi sintió un escalofrío al oír el apellido de aquel hombre gigantesco de mirada penetrante con el que se había encontrado desgraciadamente tantas veces. Se abrazó a si misma por el frío repentino que había acosado a su cuerpo por un segundo. Subaru observó la actitud de la chica.

-¿Estás bien? ¿Tienes frío?

-Si...Un poco...-la chica mintió, no quería que supiera el verdadero procedimiento de su escalofrío-Deben ser estos pasillos.

Subaru la observó durante unos segundos y luego se quitó su chaqueta del uniforme para echársela por los hombros a la chica.-Toma, con ésto entrarás en calor.-dijo mientras un casi invisible sonrojo ocupaba sus mejillas.

-¡No! Gracias, no es neces...

-Por favor,-interrumpió el chico-insisto. Yo no suelo tener frío.

-Gra...Gracias...

Saburo miró hacia atrás y dibujó una mueca extrañada-¿Eh?¿Seguro? Pero si siempre vas en manga larga, hasta en verano, y odias el invierno.

-¡Ca...Cállate!-gritó molesto mientras su sonrojo aumentaba cada vez más.-¡Si no tengo frío no lo tengo y punto!

-Bueno,-Saburo se encogió de hombros-está bien. La verdad es que te pones muy raro cuando hay chicas cerca.

-¡Que pares ya!-volvió a gritar molesto.

Aoi observaba la escena con una sonrisa nerviosa, luego apartó su mirada al suelo y palpó el bolsillo dónde escondía el papel que le había entregado el sujeto extraño. Había algo raro en todo ello, la chica quería descubrir el qué pero la constante tutela de los mellizos no la dejaba analizar el papel con más calma. Miró al frente y notó que Subaru se había puesto a la altura de su hermano para seguir regañándolo mientras el otro sólo reía; ahora era su oportunidad de volver a mirar el papel. Introdujo con cuidado su mano en el bolsillo, ya casi palpaba el papel con la punta de sus dedos pero unos pasos cerca de su espalda hizo que parara su acción casi instintivamente y se volteara para encontrase a un firme Rikuo Nakamura aproximarse hacía ella.

-Señor, Subaru.-llamó Rikuo a lo que ambos chicos contestaron con un pequeño sobresalto.

-Señor Nakamura,-habló Subaru-¿Ocurre algo?

-El señor Uchida requiere vuestra presencia en la sala de entrenamiento treinta y dos.-explicó

-Enseguida voy.-dijo mientras echaba a correr pero paró su carrera en seco al acordarse de algo-Señor Nakamura, falta poco para el toque de queda. ¿Le importaría acompañar a mi hermano y a Aoi hasta sus habitaciones? Ya conoce la gran orientación de mi hermano-terminó lanzándole una mirada acusatoria a Saburo mientras este se rascaba la cabeza avergonzado.

-Por supuesto, señor Subaru.-contestó mientras hacía una reverencia.

-Gracias.-dijo justo antes de emprender su carrera y perderse entre las sombras.

-¡Jo!-se quejó Saburo- Pero todavía no le he enseñado el sitio al que quería ir a Aoi.

-Lo siento, señor Saburo. Pero sabe que el toque de queda no tiene excepción.

-Um...Está bien. -se rindió-Ya se lo enseñaré mañana.

-Vamos.-ordenó Rikuo mirando a la chica la cual permaneció con una mirada desafiante pero no pudo evitar cerrar aún mas la chaqueta de Subaru al sentir el escalofrio recorrer su espalda.-No hay tiempo que perder.


Volvieron sobre sus pasos por los pasillos encabezados por Rikuo Nakamura. Saburo de vez en cuando comentaba cosas con la chica en un intento de distraerla y hacerla reir, pero Aoi no podía evitar centrar su mirada en la espalda de aquel tipo. Había algo raro e intimidante en él, y parecía estar bajo el total control de Rui Uchida. Aún así también demostraba un gran respeto hacia los hermanos Sato cuando se dirigía a ellos para hablar. Si estuviera al cien por cien bajo las órdenes de ese entrenador seguramente hubiera tratado mejor a Subaru que a Saburo después de las cosas que el chico de ojos verdes le había comentado sobre su tío, en cambio Rikuo parecía tener el mismo trato para ambos.

-Llegamos.-habló Rikuo deteniéndose en las puerta de los chicos- ¿Necesita algo más, señor Saburo?

-No, gracias. Puede marcharse si usted quiere.-Nakamura hizo una reverencia y caminó hacía la oscuridad de los pasillos hasta que se perdió de la vista de una atenta Aoi.-¿Me lo vas a enseñar?-la chica se volteó confusa ante la repentina pregunta de Saburo.-El papel que te ha dado el capataz que nos habló antes.

Aoi abrió sus ojos sorprendida. ¿Cómo diablos había conseguido el chico ver eso?. Palpó su bolsillo y le envió una mirada insegura a Saburo.

-Si no quieres enseñármelo no tienes por qué.-la tranquilizó.-Debe ser algo muy importante para que lo hayas estado escondiendo de todos.

Los dos se mantuvieron en silencio mientras la chica miraba con expresión seria a su nuevo amigo. No sabía si enseñarle el papel, desde que llegó a ese lugar la rodeaba una cortina de inseguridad y confusión, pero Saburo conseguía devolverle con una sonrisa la seguridad. Ya conocía esa sensación, se parecía mucho a lo que sentía cuando Tenma la miraba y sonreía en una situación difícil; fuera lo que fuera lo que estuviera ocurriendo cuando veía esa sonrisa sabía que nada malo le iba a ocurrir. Sin duda, en el poco tiempo que llevaba ahí Saburo había conseguido ganar su confianza rápidamente.

-Ven-dijo Aoi para abrir la puerta de su habitación y casi meter a Saburo de un empujón en ella.-Aquí nadie nos molestará.-dijo mientras cerraba la puerta de su habitación-Ahora...-paró su frase al ver que el chico miraba atónito a una esquina de la habitación.-¿Eh?-la chica miró hacia la misma esquina y se topó con un capataz sentado en la silla de su habitación.

-Parece que "nadie" se nos ha adelantado...-comentó Saburo por lo bajo.

La figura se puso en pie y casi instintivamente Saburo retrocedió un paso y se colocó delante de la chica a modo de escudo al ver que el sujeto se acercaba hacia ellos.

-Creía que los capataces tenían prohibido entrar a ordenar las habitaciones durante las horas de no entrenamiento.-afirmó Saburo algo serio.-Pero veo que tú no pareces ser de por aquí.-el suspuesto capataz paró su paso al oir eso y miró a la chica, la cual asintió al notar las gafas de sol dirigir su mirada hacia ella.

-No te preocupes, Saburo.-la chica metió su mano en el bolsillo y sacó su bien guardado papel.-Creo que es de los mios.-dijo para mostrarle la nota a su amigo.

Saburo tomó el pequeño y misterioso trozo de papel y lo abrió para encontrarse el dibujo de un balón de fútbol con un escudo cual símbolo destacable era un relámpago. Saburo alzó una ceja y miró a su compañera confundido.

-¿Y ésto que significa?-preguntó confuso.

-Es el escudo del equipo Raimon...-explicó la chica con una tenue sonrisa.

-¿Raimon? ¡Ah! ¡El equipo de Frenma y tus amigos!-exclamó emocionado.

-Que se llama Tenma...-susurró Aoi un poco desesperada por lo bajo.

-Efectivamente-dijo el sujeto desconocido mientras se quitaba la gorra y las gafas de sol para dejar al descubierto su rostro- Ese es el escudo de nuestro equipo Raimon.

-No...No puede ser...-tartamudeó Aoi.-¡Entrenador Endo!-exclamó alegre y sorprendida.

El joven mencionado sonrió y se acercó a ella-Me alegro de que te encuentres bien, Aoi. Temía que te hubieran hecho algo malo, pero he observado que tienes buena compañía.-dijo mientras miraba a Saburo- Mi plan era haber esperado a que entraras tu sola a tu habitación pero estoy seguro que tu nuevo amigo también quiere ayudarte.

-¿Ha venido a sacarme de aquí, entrenador?-preguntó esperanzada.

-Eso me encantaría pero...-dijo mirando al brazalete detector de Aoi.-...me parece que va a ser imposible por el momento.

-Entiendo...-susurró la chica algo triste mientras agarraba la mano dónde tenía el maldito brazalete.

-La verdad es que llevo mucho aquí infiltrado,-continuó Endo-incluso antes de que trajeran al Raimon aquí. Este centro lleva haciendo actividades extrañas durante algún tiempo...

-¿Actividades extrañas?-repitió Saburo algo confuso.

-Sí. Aunque sé que tú no estás al corriente de éstas. No te dejan entrenar con los demás ¿verdad?-el chico asintió ante la pregunta.-Llevo un tiempo investigando y aunque a los capataces no nos dejen entrar en la zona de entrenamiento creo hacerme una ligera idea de lo que ocurre.

-¿El qué?-preguntó la chica preocupada. A lo que Endo contestó con una sonrisa tranquilizadora.

-Tú no te preocupes por eso, yo me encargo. Tu mayor afán deber ser mantenerte a salvo.-Endo tomó un pequeño aparato de su bolsillo y se lo entregó a la chica.-Estos días voy a estar investigando los demás recintos del lugar, así que no voy a estar por aquí. Si necesitas mi ayuda para algo pulsa el botón, activará una señal de localización e iré a ayudarte.

-No tiene por qué preocuparse por ella. Le prometí a Tenme, digo Tenma, que yo la cuidaría-dijo dándose unos golpecitos en el pecho.

-Saburo...-susurró Aoi mientras una suave sonrisa se formaba en sus labios.

-Se que lo harás-afirmó el ex portero con una sonrisa-Hablando de Tenma, le enviaré un mensaje a Goenji para que les comunique a todos que estás bien, así se tranquilizarán.-Aoi asintió y Endo se volvió a colocar las gafas de sol y la gorra.-Debo irme. Pronto llegará el toque de queda y no quiero que nadie me vea por los alrededores de vuestra habitación y sospechen.-Endo abrió la puerta y observó que no hubiera nadie en los pasillos- Cuidaos los dos.-dijo antes de marcharse.

-Que tipo tan simpático.-comentó Saburo.-No se por qué pero me recuerda a Len..., digo Tenma.-la chica miró al suelo triste al oír el nombre.-¿Echas de menos a tus amigos?

-Sí...-dijo un susurro inaudible.-También estoy preocupada, terminaron con heridas muy graves tras el partido...Me pregunto si estarán bien.

-Seguro que están bien. Son muy fuertes. Si ese chico pudo jugar un partido de fútbol después de salir rodando por las escaleras seguro que es un tipo duro.-dijo mientras una pequeña risita se escapaba de sus labios al recordar la escena.

-Sí...

Saburo miró el reloj que había en la mesita de noche.-Vaya, debo irme. Está a punto de terminar el toque de queda.-dijo mientras abría la puerta dispuesto a marcharse.-Que duermas bien.

-¡Espera, Saburo!-lo detuvo la chica.

-¿Eh? ¿Ocurre algo?

-La chaqueta de tu hermano, para que se la devuelvas y les des las gracias otra vez de mi parte.-dijo quitándose el objeto nombrado.

-¿Por qué no se las das tú misma?-preguntó sonriente-¡Mira!Viene por ahí.-dijo mientras señalaba hacia el pasillo.

Aoi se asomó al pasillo junto a Saburo y observaron al mayor de los mellizos aproximarse a paso lento. Saburo estaba a punto de saludar a su hermano con alegría pero se detuvo al ver los ojos de éste. Aoi también borró su sonrisa al mirarlo a los ojos opacos y fríos del chico, ya había visto esa mirada cuando se lo encontró antes de ir a comer. Miró a Saburo que observaba a su hermano con cara seria y preocupada.

-Subaru...-lo llamó para acercarse a él- Ya ha pasado todo...-se limitó a decir ante los ojos confusos de Aoi.

Subaru sacudió su cabeza y volvio a recuperar sus ojos de siempre para mirar con éstos a su hermano.

-Creo que me voy a dormir ya...

-Espera,-lo detuvo-Aoi quería decirte algo.

Subaru de volteó para encontrase aún a una confusa y nerviosa Aoi la cual reaccionó al escuchar las palabras de Saburo.-Toma-dijo devolviéndole la chaqueta.-Muchas gracias.

-No tienes por qué darlas.-dijo con un leve sonrojo.-Me...Me voy a dormir. Buenas noches, Aoi.

-Sí, yo también me voy ya-dijo siguiendo a su hermano hacia la puerta de la habitación-Buenas noches -dijo mientras le guiñaba un ojo a la chica.

-Buenas noches a los dos...

Aoi volvió a su habitación y tras cepillarse los dientes se tiró prácticamente de cabeza a la cama. Su cuerpo pedía a gritos un momento de paz, nunca había tenido un día tan ajetreado como ese en su vida: que si estar atrapada en una celda, que si ahora entrenamiento en una casa extraña...Por hoy tenía suficente de acción. Sus ojos deseaban cerrase y no abrirse más hasta dentro de un mes por los menos, pero su cerebro no estaba por la labor de descansar.

Se tumbó boca arriba y fijó su mirada en el techo. Estaba preocupada, nerviosa y aunque gracias a Saburo su estancia como secuestrada no fuera tan mala como hubiera podido ser no podía evitar sentir un poco de...miedo. Estaba en un lugar desconocido, lejos de su familia y amigos y por mucho que Saburo y Subaru fueran tan amables y atentos con ella no podía evitar sentirse sola en aquel lugar. Ahora sabía que el entrenador Endo estaba rondando el lugar, pero tampoco podría acercarse a él aunque quisiera si no quería meter al joven en un gran lío. A todo ésto se le sumaba las constantes dudas de qué era aquel sitio, por qué Subaru parecía tener unos ojos fríos como el hielo cuando volvía de las reuniones con aquel despreciable Rui Uchida, y la cantidad de interrogantes que rodeaban al joven Saburo Sato. Sólo lo conocía de un día, pero la chica admitía que ese chico sabía despertar su curiosidad.

Bostezó cansada. Aunque los interrogantes en su cabeza no pararan de chocar unos con otros no podía evitar que todo su cuerpo no pudiera rendirse a los brazos de Morfeo. Se acomodó en su cama y en menos de lo que canta un gallo se hundió en lo más profundo del mundo de los sueños sin casi notarlo y sin poner resistencia.

Necesitaba descansar... Aquellas dos siguientes semanas iban a ser muy intensas...


Ahora empiezan las semanas más revueltas en la vida de nuestra querida Aoi.

¿Será capaz de aguantar?

PD. Este fic es Tenmaoi y aún así Tenma es el personaje con el que menos interactua Aoi en toooodo el fic XD.