Capítulo III: Los tutores

Al terminar de comer, Draco me indicó donde se encontraba mi habitación ya que Pantis Temblante –así había decidido llamar a Pansy –había ido con los de primer año. Al llegar a mi habitación Draco se fue y yo entré en ella.

La habitación no era muy grande, pero tampoco es que fuera pequeña. Las paredes eran blancas con líneas verdes, había una cama cubierta por un edredón de seda verde y junto a la ventana un escritorio, me di cuenta de que encima de este descansaba una carta, fui a por ella y la leí.

Querida señorita Clett,

Me dirijo a usted para comunicarle que mañana antes del desayuno pase por mi despacho para que pueda presentarle a sus tutores y darle su horario junto con los detalles de todas sus clases.

Un saludo,

Minerva McGonagall.

Cuando terminé de leer la carta me fui a cepillarme los dientes y ponerme el pijama, una vez lista me metí a la cama. En cuanto mi cabeza tocó la almohada quede sumida en un sueño profundo.

Me desperté con el sonido de la lluvia golpeando el cristal, aún era pronto pero recordé que aún tenía que ir al despacho de la directora, sin ganas me levanté para darme una ducha y cambiarme. Media hora después ya estaba lista, me miré al espejo para ver cómo me quedaba el uniforme, no era nada del otro mundo, un uniforme tan solo eso, mi pelo había quedado atado en una coleta alta, los rizos castaños oscuro me caían aun así por la espalda pero mientras el cabello no se me encrespara estaba bien. Miré mi reloj, aún faltaban tres cuartos de hora para el desayuno así que decidí ir dando un paseo por el castillo hasta llegar a el despacho, mientras que iba caminando, me encontré con una figura rubia apoyada en el borde del muro mirando el lago, me acerqué hasta sonde estaba, al ponerme a su lado pude ver que estaba fumando y que la cabellera pertenecía a Draco.

Admirando el paisaje –dije yo mirando también hacia el lago. –

El chico giro la cabeza lentamente y al ver que era yo se limitó a esbozar una sonrisa y preguntarme:

¿Qué haces levantada tan pronto?

Yo podría hacerte la misma pregunta –dije sonriéndole-

Sin embargo he preguntado yo antes

Así es. –reconocí yo- Tengo que ir al despacho de McGonagall, por lo visto me tiene que presentar a mis tutores y darme mi horario.

Draco levantó las cejas y me dijo:

Así que tus tutores, ¿eh? –dijo mientras sonreía de medio lado- Bueno, si quieres te acompaño, ya sabes para que la relación profesor-alumno sea mejor.

Ante este comentario levanté ambas cejas y le sonreí.

Bueno Draco, que bien te tenías escondido lo de mi tutoría… –dije yo mientras que caminábamos hacia el despacho de la directora- Por casualidad no sabrás quien es mi otro tutor, ¿no?

Eso sí que no lo sé, –dijo él poniéndose serio ya que nos estábamos acercando al despacho- pero no te preocupes piensa que si no te agrada, me tendrás a mí para consolarte –cuando dijo esto, lo único que pude hace yo fue poner los ojos en blanco y decirle:

No te preocupes Draco, no creo que sea tan malo como para que tenga que llorar en tu hombro y hacer que tu ego sea más grande.

No pudo responderme puesto que ya estábamos en frente de una gárgola, Draco pronunció la contraseña como para cuando había que entrar a las salas comunes, y después de esto nos dejó pasar. Al entrar pude ver a una chica castaña con el pelo suelto y enmarañado sentada en una silla, cuando se dio la vuelta, Draco hizo una mueca de desagrado. Me acerqué a su oído cuando la muchacha se dio la vuelta y le susurré:

Me parece que más bien yo te voy a tener que consolar a ti. –dije con una sonrisa-

Clett, para que me tengas que consolar tiene que haber pasado algo que me haga sentirme afligido, y aquí lo único que veo es a Granger, la sabelotodo. Eso puede que me dé asco y odio pero llanto no lo creo

Buenos días alumnos –saludó la profesora McGonagall –

Buenos días –respondimos Draco y yo al unísono-

Siéntense. –dijo la directora señalando a las dos sillas que estaban delante del escritorio- Ahora que estáis todos me gustaría explicarles la situación de la señorita Alvor. Verán, por motivos que a ustedes no les conciernen ella no ha hecho uso de la magia muy a menudo, por lo tanto me he visto obligada a colocar a los dos alumnos más inteligentes de todo Hogwarts, para que la enseñen cuanto antes a utilizar la magia y pueda aprobar sin ningún problema los TIMOS. Señorita Alvor, está de aquí es Hermione Granger –mencionó señalando a la chica, tenía los ojos castaños del mismo color que su cabello, aunque se podía ver un destello miel en sus ojos, por el resto era una chica bastante normal. – y me imagino que ya conoce al señor Malfoy.

Yo asentí y ella continúo hablando.

Bien, aquí tengo su plan de estudios asistirá a todas las clases que tengan el señor Malfoy y la señorita Granger, ellos se encargaran de explicarle todo lo que usted no sepa y contestarán sus dudas, por supuesto por las tardes tendrán que juntarse los TRES, –dijo enfatizando la palabra, parecía como si supiera la enemistad que había entre esos dos, tengo que tomar carta en el asunto sino se matarán antes de explicarme nada. –no os preocupéis por los profesores ya les he avisado sobre una nueva alumna que no tenía mucho conocimiento mágico. Bueno, señorita Alvor, tengo que darle los libros para sus clases, espero que los cuide.

Dicho esto, mandó a los tres salir del despacho, a primera hora tenía clase con Granger así que decidí que lo mejor era irme con ella al comedor. Me despedí de Draco con la mano. Después de esto, la castaña comenzó a hablar.

¿Qué es eso de que no tienes mucho conocimiento mágico? –preguntó Granger curiosa mientras caminábamos hacia el comedor –

Bueno la profesora a exagerado –confesé yo mientras que veía como se relajaba –La verdad es que en mi vida había cogido una varita, hasta el día de ayer. –añadí mirando como empalidecía a la vez que yo sonreía internamente.

¿Es… es en... en serio? –preguntó tartamudeando-

Si, por eso necesitaba a los dos mejores alumnos de todo el colegio, para que me enseñaran.

Guau… Creo que me va a llevar tiempo conseguir que domines los conjuros básicos

No te preocupes, no lo harás sola, Draco te ayudará –al decir esto, vi como ella hacía una mueca, por lo que no pude evitar preguntar el porqué:

¿Por qué os lleváis mal Malfoy y tú?

¡Es un engreído, inmaduro, hurón albino que se cree superior a todos nosotros solo por tener dinero e influencias! –vociferó ella, si definitivamente se llevaban peor que mal –A parte no creo que me pueda ayudar en algo, lo más seguro es que comprara sus notas

Hermione, ¿te puedo llamar Hermione? –pregunté ella asintió- No creo que Draco comprara sus notas y no opino lo mismo de tu descripción, puede que no haga mucho que lo conozca, pero por lo poco que lo conozco no creo que sea inmaduro, al igual que no creo que sea superior por su dinero y estatus de sangre, por lo que me han comentado al finalizar la guerra, quedó terminantemente prohibido utilizar términos poco agradables para los descendientes muggles.

Eso lo dices porque eres una serpiente… -dijo Hermione en un susurro-

Al oírlo no pude hacer otra cosa más que reír, ella me miró con cara de pocos amigos y continuó andando, pero antes de que desapareciera de mi vista le grité:

Hermione, la superioridad cada uno se la atribuye a algo, en tu caso a los libros.

La castaña se giro para lanzarme una mirada de odio pero en vez de contestarme siguió andando.

Cuando llegué al comedor, la visualicé en su mesa hablando tranquilamente con un pelirrojo de ojos azules y un moreno con gafas de ojos verdes. Me acerqué a donde estaban y me senté a su lado, al hacerlo todo el mundo en la mesa me miró.

¿Qué haces aquí?

¿Sentarme al lado de mi tutora? –contesté con aire inocente-

Se supone que no te puedes sentar aquí

Bueno Hermione, se supone que las reglas están para romperlas, y hay reglas que son estúpidas, como que no te permitan sentarte en la mesa de una casa distinta a la tuya, ¿no crees?

Hermione tan solo asintió, supuse que no podía dudar sobre que la regla era estúpida. Mire hacia el frente y observé a los dos amigos de Hermione. El pelirrojo estaba lleno de pecas y me miraba sonrojado y asqueado, el moreno me miraba a través de sus gafas con curiosidad, por lo que decidí sonreír y presentarme.

Me llamo Clett Alvor y ¿vosotros?

Ambos se miraron entre si, al final el chico de las gafas correspondió a mi sonrisa y me respondió:

Yo soy Harry Potter y este –dijo señalando al pelirrojo- es Ronald Weasly

Un placer. –dije mientras observaba como el pelirrojo dejaba de mostrarme atención y comía con la mirada a Hermione – ¿Weasly y Granger son novios? –pregunté a Harry que solo negó con la cabeza –Es que como él se la come con la mirada…

Harry al oír esto no pudo hacer más que reír y contestarme:

Para ser de Slytherin eres muy simpática, y dices que eres amiga de Hermione, ¿no?

No sé si nuestra relación es de amistad o de simple cortesía, tu amiga tiene muchos prejuicios, ¿lo sabías?

¿Qué te ha hecho llegar a esa conclusión?

La verdad es que Hermione es mi tutora, al igual que Draco, ella tiene muchos prejuicios hacia él y no me ha querido contar porqué. Sospecho que tú sabes porque ellos dos se llevan tan mal, ¿o me equivoco? –pregunté clavando mi mirada en sus ojos esmeralda –

No, tienes razón en ambas cosas, nosotros tres nos llevamos mal con él desde primer curso. –dijo mientras señalaba a Granger y a Weasly- El insultó a Ron y a Hermione, a uno le dijo pobretón pero con palabras más fuertes y a Hermione sangre sucia. Yo me enemisté con él ya que para mi alguien así no es de valor, pero quizás ahora haya cambiado, me sorprendería pero ¿quién soy yo para criticar algo que no se si ha pasado?

No te puedo asegurar que como tú dices haya cambiado, porque yo estoy conociendo a Draco y no sé nada de su pasado, sus errores, etc. Eso es lo bueno de alguien que no conoce nada acerca de ti, no tienes porque fingir, no te va a criticar por lo que hiciste o dejaste de hacer, al igual que yo no conozco su pasado el no conoce el mío, yo solo conozco su presente como él conoce el mío. A sí que Harry, por ser amiga de él no tengo porque no ser amiga tuya, para mi entre Gryffindor y Slytherin no hay rivalidad, al igual que con el resto de las casas, a si que ¿qué dices? ¿Estarías dispuesto a romper las costumbres?

Sin dudarlo, puedes considerarte amiga mía, Clett.

Lo mismo digo Harry.