Capítulo IV.

Me fui corriendo de ese lugar. Necesitaba alejarme de todo, no podía creer lo que mis ojos acababan de presenciar, no estaba preparada para ver eso, tenía que hacer algo, no podía dejar que lo que había visto momentos atrás sucediera otra vez, tenía que avisar a alguien, pero ¿a quién? No podía decirle nada a Draco, este primero no lo creería, luego lo aceptaría y se fundiría en una confusión total que luego se convertiría en furia; pensé en Hermione, pero era ella la que había cometido esa atrocidad, más tarde pensé en Blasie, pero este entraría en estado de shock, lo cual no ayudaría para nada. Entonces tuve una idea, Harry, él me aconsejaría que hacer y me ayudaría, de eso estaba segura, seguramente en un principio intentaría hablar con Hermione pero le haría entrar en razón. Me dirigí hasta la torre de Gryffindor y amenacé a la señora gorda para que me dejara pasar.

Una vez dentro me dirigí hacia las habitaciones masculinas, no sabía cuál era la habitación de Harry por lo que entré en una cualquiera. Estaba muy oscuro y no podía ver nada, así que decidí usa un hechizo que me habían enseñado esa tarde Hermione y Draco.

Lumos –susurré –

Inmediatamente mi varita se iluminó y pude ver que en la habitación había más de una persona, me acerqué a una cama y vi como Weasly estaba roncando en ella, me dirigí hacia la cama de al lado y vi que ahí dormía Harry plácidamente, casi me dio pena despertarlo, pero tenía que hacerlo.

Harry –dije mientras le zarandeaba- Harry despierta.

Harry abrió los ojos y yo le pasé las gafas que reposaban en su mesilla de noche, al verme pegó un pequeño saltito.

¿Qué haces aquí? –preguntó el mientras me miraba extrañado –

Ven, tengo que contarte algo.

Salimos de la habitación y bajamos a la sala común, al llegar le hice un gesto a Harry con la mano para que me siguiera. Al llegar a Slytherin pronuncié la contraseña y entramos, lo que no me esperaba era que Draco estuviera sentado en un sillón mirando fijamente a la puerta.

Eh, Draco, ¿cómo tu por aquí? –le pregunté nerviosa ante que me hubieran pillado con las manos en la masa –

Resulta que esta es también mi sala común –respondió el penetrándome con sus fríos ojos grises -¿qué hace aquí San Potter?

Pues, verás, es que…

El levantó una ceja esperando mi explicación.

¿Es que…?

¡Qué te importa lo que haga yo en mi tiempo libre! –contesté yo, era lo único que se me había venido a la cabeza –

Da la casualidad de que soy prefecto y llegar después del toque de queda y encima con un Gryffindor es una infracción

Yo me lo quedé mirando, Harry no sabía dónde meterse y Draco esperaba una respuesta por mi parte.

Bueno Draco, una mujer tiene necesidades, y a veces tiene que satisfacerlas, ¿no crees? –insinué yo observando como Draco al igual que Harry abrían los ojos desmesuradamente –

¿Me has traído aquí para eso? ¿¡Creí que íbamos a hablar!? –dijo un molesto Harry arruinando mi coartada –

Clett, me parece que tu acompañante no sabía nada de lo que tenías planeado. –percibió Malfoy mientras sonreía de medio lado – ¿Vas a dejar de mandarme evasivas o voy a tener que sacarte la información por las malas?

Está bien, tengo que contarle algo a Harry que acabo de ver y él me podría ayudar –reconocí yo. –

¿Y qué es eso que acabas de ver?

Eso no te incumbe –aseguré yo mirándole altivamente –

Oh, si mi querida Clett, ¿o acaso te olvidaste de mi promesa?

En ese momento me acordé de lo que me había dicho, que estuviera atenta porque me la acabaría devolviendo y eso estaba haciendo el muy desgraciado.

Te odio –dije yo destilando veneno –

Me alegro de que hayas captado el mensaje. –comentó el con aires de suficiencia –

Está bien –acepté yo –escucharás lo que le voy a decir a Harry pero no actúes sin pensar, eso podría costarnos la cabeza.

¿Tan grave es lo que viste? –preguntó Harry preocupado. –

Más de lo que te puedas llegar a imaginar. Draco, ¿podemos ir a tu cuarto? Las paredes a veces pueden tener oídos, y esto es mejor que nadie salvo nosotros tres lo sepa.

De acuerdo, vamos. –dijo Draco con aire autoritario –

Harry yo le seguimos, al entrar en la habitación Draco puso un hechizo silenciador.

Y ¿qué es eso que querías contarnos? –preguntó Draco –

Pues veréis…

Flashback.

Al salir del comedor vi que una castaña de pelo alborotado caminaba por los pasillos mirando hacia todos los lados como si temiera ser descubierta, la seguí y vi que ella se dirigía hacia el bosque prohibido. Cuando se paró, me escondí detrás de un árbol y lo que vi me dejo helada. La castaña se dio la vuelta con una daga en la mano, gracias al reflejo de la luna pude ver que la chica era Hermione y que iba a clavar el arma en el corazón de una chica morena de ojos verdes, si era Pansy. Yo no sabía qué hacer, no tuve más remedio que quedarme quieta donde estaba pues no se casi ningún hechizo y tampoco llevaba nada con lo que parar a Hermione. Antes de llevar a cabo el crimen, susurró unas palabras en un idioma desconocido que no pude reconocer, después se marchó dejando a Pansy moribunda en medio del bosque. Cuando Hermione se alejó lo suficiente me acerqué a Pansy, esta con las pocas fuerzas que le quedaban me dijo:

Me ha matado porque se su secreto, se lo que piensa hacer. Pase lo que pase, no lleves mi cuerpo al colegio, si lo haces te matará a ti también. Llevo un pequeño frasco en el bolsillo, sácalo.

Hice lo que me pedía.

Bien, ahora dámelo.

Vi como Pansy sacaba un hilo plateado de su cabeza con ayuda de la varita y lo metía en un frasco.

Esto de aquí –dijo señalando el pequeño bote –son mis recuerdos, tienes que meterlos en un pensadero para verlos, ellos te dirán todo lo que tienes que saber. Ahora vete, pero una cosa más, cuida de Draco, ¿lo harás?

Yo asentí y vi como a ella se le formaba una pequeña sonrisa en la comisura de los labios y se dejaba caer sobre la húmeda hierba. Me fui corriendo de aquel lugar al oír unos pasos que se acercaban y sin parar de pensar en lo que había pasado momentos antes.

Fin flashback.

Ambos estaban quietos en sus asientos y me miraban asombrados. Entonces Harry dijo:

Hay que encontrar un pensadero. –observó Harry –

Eso es fácil, -aseguró Draco –tengo uno en mi casa.

Perfecto, pero ¿cómo hacemos para ir a tu casa? –pregunté yo dubitativa –

Eso dejadlo en mis manos. –dijo Harry con una sonrisa –