Capítulo VI: Escapada nocturna

Salimos de la habitación tratando de hacer el menor ruido posible, sin embargo las cosas no salen nunca como uno las planea y para nuestra desgracia Blasie Zabini estaba entrando por el cuadro de la sala común.

Draco, ¿qué estás haciendo a estas horas con Clett y Potter? –preguntó el moreno sorprendido –

Ninguno de los tres teníamos una respuesta coherente para cubrir nuestra escapada nocturna con destino en la mansión Malfoy, por lo tanto nos mirábamos los unos a otros intentando idear una mentira lo bastante buena.

¡Eso no te importa Blasie! –contestó Draco intentando sacarse al chico de encima –

Claro que sí, Draco, ¿es qué no sabes que está prohibido andar con gente de otras casas en la sala común?

Para empeorar nuestra situación, por el retrato se volvía asomar una figura.

¿Qué hace Potter en nuestra sala común? –indagó Theo curioso –

Eso mismo estaba por averiguar yo, Theo, pero ninguno de los tres se digna a contestarme –constató Blasie al ver que con Theodore de su lado tenía más oportunidades de sonsacarnos la verdad –

Entonces deben estar ocultando algo bastante grande, porque para que Draco se acerque a Potter y viceversa… -comentó Nott –

Bueno chicos, ahora somos dos contra dos, no te ofendas Clett, pero no vamos a luchar con una dama que solo sabe hacer unos cuantos conjuros básicos –declaró Zabini con una sonrisa burlona –

Draco, será mejor que se lo digamos, al fin y al cabo lo único que haremos será perder tiempo si os enfrentéis a ellos en un duelo y está de más decir que son de fiar, dentro de lo que cabe –dije con molestia por el tiempo tan valioso que estábamos perdiendo–

Malfoy, Clett tiene razón no podemos seguir malgastando saliva, cuéntales la versión corta de lo ocurrido y larguémonos de aquí.

Draco pareció pensárselo antes de hacer algo de lo que luego se podían arrepentir, pero después de un par de batallas internas pareció reaccionar.

Está bien, –concedió Draco –pero ni se os ocurra reaccionar mal, tenéis que permanecer con la cabeza fría y no dudar en nuestra palabra en ningún momento.

Después de cenar, Clett siguió a Granger hasta llegar al bosque prohibido, ahí descubrió a Pansy desangrándose por culpa de una daga que Granger le había clavado. Pansy le brindó sus recuerdos para explicarle el porqué de su asesinato y a eso íbamos cuando nos habéis interrumpido.

Theo y Blasie se habían quedado clavados en el suelo y nos miraban con sorpresa y un deje de tristeza. Después de unos segundos, uno de ellos reaccionó.

¿Y qué pasa con Pansy? –preguntó Blasie contrariado –

No lo sabemos, supongo que el cuerpo seguirá donde estaba, no nos podemos arriesgar a ir a comprobarlo y menos a decir algo a algún profesor, si lo hacemos nos harían un interrogatorio y lo que menos queremos es ser después de esto las próximas víctimas de asesinato de Hermione Granger. –respondí yo –

¡Pero no podemos dejarla ahí! –protesto Blasie –

Blasie, mañana por la tarde si aún no se han percatado de su desaparición iremos con la profesora McGonagall para confesarle nuestras preocupaciones y así no levantaremos sospechas –dijo Draco intentando tranquilizar a Blasie –

¿¡Y mientras tanto qué!? ¿¡Dejaremos que se la coman los gusanos!? –gritó entre sarcástico y exasperado el moreno –

Ellos tienen razón Blasie, no podemos hacer nada hasta mañana por la tarde, entiendo que te duela pero como dijo Draco antes tenemos que mantener la cabeza fría.

Tras las palabras de Theo, Blasie pareció tranquilizarse un poco.

Iré con vosotros a donde quiera que vayáis a ir, necesito un motivo para no ir ahora mismo al cuarto de Granger y matarla con un avada

Blasie, es mejor que te quedes –comentó Draco cansado de la situación –

Draco, Blasie tiene razón, no podemos quedarnos de brazos cruzados. –confesó Theo –

Malfoy, que vengan si quieren, cinco cabezas piensan mejor que tres –declaró Harry ganándose una mirada de desaprobación por parte de Draco –

Entonces está decidido, vámonos.

¿Tú también te pones de su lado?

Draco, te recuerdo que el primero que se interfirió en mis planes fuiste tú, así que ahora no te hagas el ofendido.

Draco salió refunfuñando del cuadro y el resto nos apresuramos a seguirlo mientras nos dirigíamos a la sala de Gryffindor intentando no causar mucho alboroto. Al llegar Harry pronunció la contraseña y nos indicó que esperáramos fuera. Tras unos minutos llegó Harry con una capa y un pergamino.

Bajemos un piso para poder hacer los hechizos de invisibilidad –dijo Harry al mismo tiempo que empezaba a descender las escaleras –

Al llegar al piso inferior nos encontramos con un chico alto, moreno y de ojos chocolate, al lado de una rubia menuda de ojos azules.

Harry que alegría verte por aquí –habló una voz cantarina perteneciente a la muchacha de iris lapislázuli –

La chica tenía una mirada soñadora, lo que me ayudó a deducir que probablemente no estaba enterada de que no era normal ver alumnos caminando por los pasillos a altas horas de la madrugada y menos a cuatro Slytherin y un Gryffindor, eso sin duda haría sospechar a cualquiera, todos en el castillo sentían aversión hacia las serpientes y esta chica parecía que no le sorprendía nada ver a su amigo con nosotros. El chico, en cambio, nos miraba con desconfianza sin embargo no preguntó nada ya que si lo hacía probablemente se vería obligado a confesar el motivo por el cual estaba andando por los pasillos a esas horas.

Luna, ¿qué haces aquí? –pregunto Harry contrariado –

Pues estábamos en el bosque prohibido…

La rubia no pudo seguir hablando ya que una mano cubría su boca impidiéndole hacer sonido alguno. El muchacho mantenía su mano en la boca de la rubia y sonreía nerviosamente, saltaba a la vista que intentaba ocultar algo. Harry al igual que el resto se percató de este hecho y decidió indagar un poco aún con el riesgo de que descubrieran el motivo de nuestra escapada nocturna.

¿Y se puede saber que hacíais en el bosque prohibido a estas horas?

El chico nos miraba fijamente pero acabó respondiendo:

Pues… Estábamos… ¿Y tú qué haces por aquí Harry?

Draco al ver que la situación no iba a ningún lado, decidió proponerlo un trato al moreno que sin duda aceptaría encantado.

Longbottom, nosotros no diremos nada si tu no dices nada, haz como si no nos hubieras visto y te librarás de nosotros… Por el momento… -añadió en un susurro –

Hecho. –aceptó el muchacho contento de haber salido bien parado –Vamos Luna.

Los cinco observamos como desaparecían en la oscuridad de los pasillos.

Malfoy, ¿por qué has dejado que se fuera? Sin duda Neville me hubiera acabado contando el motivo de su paseo nocturno por el bosque prohibido.

Potter, por si no te has dado cuenta, el tiempo avanza y nosotros aún no hemos conseguido siquiera salir del castillo. Además, si tanto te preocupa mañana puedes preguntarle a Longbottom o sonsacarle la información a la lunática, seguro que lo segundo te resulta más fácil. –comentó Malfoy con sorna y una sonrisa maliciosa en su rostro –

Draco tiene razón, no podemos seguir perdiendo tiempo. –intercedí temiéndome una discusión entre ambos–

Bueno, empezad con los hechizos ilusionadores. –ordenó el rubio con una voz imperiosa y fría –Potter, me imagino que la capa será para Clett.

Por supuesto. Póntela, hará que nadie te pueda ver. –habló dirigiéndose a mi –

Yo asentí con un movimiento de cabeza y me coloqué la capa. Observé como el resto desparecía ante mis ojos y pegué un saltito cuando alguien me agarró la mano. La mano era fría al tacto pero era bastante suave.

Tranquila, soy yo.

Aunque pareciera mentira ya me había acostumbrado a la voz del rubio y lo pude reconocer de inmediato. Empezamos a andar y al llegar a una estatua de una bruja jorobada nos paramos. Harry dio unos golpecitos a la escultura y pronunció una palabra que no logré entender y esta se movió hacia un lado enseñando un pasadizo. Draco me guió a través de los pasillos y al poco rato nos encontrábamos en un sótano con una trampilla. Uno de los chicos abrió la puerta y supongo que asomó la cabeza, al ver que no había peligro, Malfoy me tiró de la mano y atravesamos la trampilla. Cuando salimos del sótano, tan solo me dio tiempo a ver que nos hallábamos en una tienda de dulces ya que Draco enseguida me llevó al exterior.

Creo que ya podemos finalizar el hechizo –observó una voz que parecía ser la de Theo.

Inmediatamente pude volver a contemplar a los cuatro chicos, me quedé unos segundos mirándolos. Uno era más guapo que el otro pero sin lugar a dudas Draco era el más apuesto de los cuatro, su cabello platinado estaba despeinado y le caía sobre sus ojos metálicos, su piel pálida se podía apreciar a pesar de la oscuridad y la neblina que cubrían el pueblo, años más tarde recordaría la imagen de Draco, Harry, Theo y Blasie en esa fría y húmeda noche de octubre y al hacerlo me daría cuenta de cómo los años habían cambiado para todos nosotros, sumiendo a unos en el olvido y a otros alzándolos en la gloria, si hubiera sabido lo que poco tiempo después ocurriría no habría puesto en peligro a cuatro de las personas que más tarde se convertirían en indispensables para mí.