Capítulo VIII: Pillados Infraganti
¡Draco!
¡Padre!
¡Se puede saber qué hacéis en la biblioteca a estas horas! –grito el que debería ser el señor Malfoy entre escandalizado, enfadado y sorprendido –
Pues, estábamos…
Señor Malfoy, en el colegio nos pidieron un trabajo y como en la biblioteca no encontrábamos el material necesario, Draco nos ofreció venir a su casa para encontrar libros que nos fueran de ayuda –mentí yo ya que Draco parecía no saber que inventarse –
Así es, padre, pero como no nos dieron permiso decidimos salir por la noche del castillo ya que la tarea puede ayudarnos a subir las notas y para eso necesitábamos fuentes más extensas que las que hay en Hogwarts
Draco, eso sería una escusa perfecta, pero para vuestra desgracia Potter os delata con ese pijama que lleva puesto
Inmediatamente todos clavamos nuestras miradas en Harry, estábamos tan conmocionados que ninguno –ni siquiera él mismo –se había dado cuenta de que aún andaba con ropa de cama, Harry al darse cuenta se puso colorado, Draco casi sufre un infarto ya que por ese imbécil de San Potter –como él decía –serían descubiertos por su padre, Theo intentaba averiguar las posibilidades de escapar airosamente, Blasie reía a carcajadas y yo no sabía dónde meterme, para que habré abierto mi bocaza, la impresión que debo estar dando al padre de Draco, lo acabo de conocer y ya le estoy mintiendo.
Bueno, tenéis cinco segundos para inventar una excusa convincente, de lo contrario me encargaré de llevaros yo mismo a Hogwarts y decirle a la directora el supuesto motivo de vuestra escapada, eso sí, ella me dirá si es verdad que tenéis que hacer un trabajo, cosa que estoy totalmente convencido es mentira
Todos nos quedamos en silencio, ninguno teníamos una respuesta coherente y no le íbamos a confesar el verdadero motivo de nuestra estancia en la biblioteca. El rubio mayor estaba a punto de decir algo, gracias al cielo una mujer de mediana edad, rubia y de ojos azules irrumpió en la biblioteca, claramente la madre de Draco.
¡Draco! –gritó la señora Malfoy.
¡Madre! –correspondió Draco mostrando una cariñosa sonrisa que dejo consternados a todos los presente exceptuándonos al señor Malfoy y a mí.
¿Qué haces aquí? ¿No se supone que deberías estar en la escuela?
Narcissa, en estos instantes estos chicos –explicó señalándonos –iban a decirme el motivo de su visita
Narcissa Malfoy pareció percatarse de que aparte de Draco y su marido, en la habitación había cuatro personas.
Lucius, creo que lo mejor será que vayamos al salón y que allí más cómodamente nos cuenten que les trae por aquí
Tienes razón, vayamos al salón
Draco bajó inmediatamente las escaleras y el resto hicimos lo mismo, atravesamos varios pasillos hasta llegar a las puertas pertenecientes a la sala de estar.
Sentaos –ordenó Lucius –
Inmediatamente todos le obedecimos, su mirada se había vuelto fría y su tono de voz amenazante.
Bueno señorita, supongo que usted me podrá dar una explicación a todo esto –habló dirigiéndose hacia mi –
Lo lamento señor Malfoy pero no puedo decir el motivo –aseguré yo sin titubear –
Pues otro responderá mis preguntas, pero me gustaría oír de su boca su nombre
Clett Alvor
Lucius Malfoy –dijo ofreciéndome la mano para estrecharla, hecho que yo correspondí de la misma forma –
Bueno, como vuestra amiga es una dama y yo un caballero no insistiré en sonsacarle la verdad pero vosotros cuatro me aclarareis que hacíais a estas horas en la biblioteca
Los chicos se miraron entre sí, con la mirada decidieron que lo mejor era no decir nada por ahora.
Padre, no diremos nada por el momento, es un asunto bastante delicado y aún es demasiado pronto como para contarlo
¿Por qué será que donde hay problemas siempre estás presente Potter?
Señor, ellos vienen a por mí, yo no hago nada, ahora que todo comenzaba a estar tranquilo y me dicen que alguien está intentando hacerse de nuevo con el poder
Bueno Potter, por suerte te tenemos a ti para salvarnos –comentó Lucius sarcásticamente, hay que admitir que él y Draco son muy parecidos –
¿Y qué hay de ti Blasie?
La vida me va bastante bien, el colegio igual de aburrido y las chicas y el dinero los tengo a montones, ¿qué más se puede pedir?
En este momento, yo pediría clemencia Blasie, no querrás que las chicas y el dinero dejen de llegar
Blasie se limitó a sonreír despreocupadamente y el señor Malfoy curiosamente hizo lo mismo.
Querido, ninguno te va a contestar nada, lo mejor será que pasen la noche aquí y mañana después del desayuno enviarlos de nuevo a Hogwarts –intervino Narcisa –
Tienes razón, Draco condúcelos a las habitaciones de los invitados, señorita Alvor, usted quédese aquí, tengo que hablar con usted sobre un asunto de suma importancia
Cuando todos –exceptuándonos a los señores Malfoy y a mi– abandonaron la sala, Lucius empezó a hablar.
Bueno, se preguntará porque la he hecho quedarse
La verdad es que sí –confesé yo dirigiéndole una mirada de curiosidad –
Nosotros éramos bastante amigos de vuestra familia, de hecho tus padres nos confesaron que planeaban fingir su muerte para que pudieras seguir una vida tranquila y para eso debían llevarte lejos del mundo mágico tras vuestra supuesta muerte, ellos hicieron un testamento en el que te otorgaban todas sus posesiones pero si tu, la heredera, fallecías, el dinero y todas las propiedades pasarían a la familia Malfoy, es decir a nosotros. Necesitaremos un abogado mágico para devolverte tus vienes, ya que eres mayor de edad y para eso iremos un día al colegio.
Vaya, no me esperaba tener herencia después de lo que hicieron mis padres –admití yo un poco confundida –
Sus padres sabían lo que hacían, lo calcularon todo a la perfección, lo repasaron una y otra vez por si encontraban un fallo. Ellos te querían mucho, por eso te apartaron de todo esto
Señor Malfoy, ¿de qué lado se encontraba mi familia?
Del lado equivocado pero ellos pudieron ver el daño que ese ser iba a provocar y la alejaron de todo
¿Podría tutearme? Creo que con lo que me acaba de contar nos sobra la confianza
Claro, siempre y cuando tú hagas lo mismo, al fin y al cabo somos casi familia
Tras charlar un rato más de mis padres y su pasado, Lucius y Narcisa me acompañaron a una habitación y me dieron un camisón. Me puse el camisón y me fui directamente a la cama, el sueño empezaba a hacer mella en mí. Abrí las sábanas y me tumbé sobre el colchón, segundos más tarde estaba dormida.
Me despertó una criatura que no había visto en mi vida, no debía medir más de medio metro y era extremadamente flaco, carecía de pelo, sus orejas eran puntiagudas y sus ojos eran grandes, verdes y saltones, llevaba una especie de trapo por vestimenta y no llevaba ningún tipo de calzado.
Los amos la invitan a desayunar –dijo el extraño ser con una voz que no dejaba diferenciar si era masculina o femenina –
¿Qué eres? –pregunté con rareza –
Un elfo domestico
Y dicho esto, se esfumó con un chasquido. Me levante sin muchas ganas y me dispuse a vestirme con el uniforme que llevaba ayer del colegio, mientras me cambiaba no pude evitar pensar en Harry, ¿seguiría en pijama? Me terminé de arreglar y salí de la habitación. No me acordaba demasiado bien de cómo se llegaba a la planta baja, así que opté por ir hacia la derecha, mientras caminaba oí un ruido y me dirigí hasta él, llegué a una puerta y antes de entrar di unos golpecitos.
Adelante –llamó una voz –
Theo, no sabía que era tu cuarto –comenté al entrar y ver al moreno anudándose la corbata –
No te preocupes Clett, ¿te has perdido?
No, solo vi una puerta y me decidí a entrar, ¿tú qué crees? –dije sarcásticamente –
Ahora te acompaño al comedor, es normal confundirse con tanto pasillo
Salimos del dormitorio de Theo y me dispuse a seguirlo, no quería perderme de nuevo, en casonas como esta nunca se sabe. Llegamos al comedor bastante rápido, sin embargo, al llegar ya estaban todos en la mesa. Theo cogió asiento entre Blasie y Draco y yo me senté al lado de Harry. No pude evitar fijarme en que Harry vestía un jersey gris, unos vaqueros y unas zapatillas, sin duda eran de Draco pues al moreno le iban bastante grandes (el rubio le sacaba como media cabeza). En la mesa había todo tipo de alimentos colocados, frutas, pastelitos, embutidos, quesos… En fin, todo lo que uno se pueda imaginar. El desayuno transcurrió en silencio y al terminar Lucius nos hizo levantarnos de la mesa para desaparecernos y llegar al colegio. Aterrizamos a las afueras de Hogsmeade donde una carroza dirigida por lo que parecían caballos nos esperaba. Las criaturas eran bastante desagradables, su piel era negra y carecía de cabello, tenían unas alas negras pero al no poseer cabello se podía ver a través de ellas como si de ventosas se trataran.
Draco, ¿qué son esas cosas que tiran del caballo? –pregunté asqueada por el aspecto de aquellos seres –
Son Thestrals, solo los pueden ver las personas que han presenciado la muerte de alguien
¿Todos los que estamos aquí podemos verlos?
Sí, por desgracia todos hemos visto a alguien morir. –constató notablemente disgustado –Sinceramente, espero no tener que volver a presenciar la muerte.
Después de esas palabras nos montamos en el carruaje y pasamos los pocos minutos que duró el viaje en silencio. Me entretuve observando el frondoso paisaje hasta que logramos ver Hogwarts, verdaderamente el castillo era enorme, era la primera vez que lo veía por fuera y realmente imponía.
Bajamos del coche y nos dirigimos a la entrada de la escuela.
Draco, más te vale que lo que me ocultas sea necesario de esconder, sino verás lo que es un Malfoy enfadado –amenazó Lucius mosqueado a su hijo –
No te preocupes padre, lo que callamos cuanto menos personas lo sepan mejor, pero te prometo que en cuanto tengamos una oportunidad, te lo diremos, por ahora haz como si tan solo nos hubiésemos escapado para ir a casa y beber whiskey de fuego o algo por el estilo, te aseguro que la profesora McGonagall se tragará el cuento.
¿Y cómo estás tan seguro de que la directora me creerá?
¿Por qué tendrías que mentirle? Después de todo, eres mi padre y por todos es conocido que tú no eres del tipo de persona que consiente un comportamiento indisciplinado ni yo del tipo que acata todas las normas. McGonagall aceptará tu explicación, finalmente no tiene pruebas que demuestren lo contrario.
Hijo, cada día me demuestras la astucia que posees, eres todo un Slytherin. –se enorgulleció el padre de Draco brindándole una cálida sonrisa nunca vista por ninguno de los presentes, ni siquiera el mismo hijo de este.
Jóvenes, será mejor que vayáis a clase, no quiero tener que aclarar el porqué de vuestra ausencia en las lecciones
Inmediatamente el rubio mayor se dio la vuelta y empezó a andar por los pasillos, nosotros hicimos lo mismo pero en sentido contrario.
