Capítulo IX:

Me encontraba tumbada en mi cama mirando al techo, recodando lo que había pasado en el último tiempo de mi estancia en la escuela Hogwarts de magia y hechicería.

Pasaron primero los días, más tarde las semanas y finalmente los meses, cuando me quise dar cuenta ya tenía que presentarme para los TIMOS; aprobé los exámenes con excelentes ya que Draco me había preparado muy bien, gracias a él dominaba todos los hechizos básicos y podía realizar varios de magia avanzada y algunos de magia oscura que no tendría que saber ni siquiera que existen. Hermione había dejado de hablarme y ser mi tutora, por lo tanto había pasado a llamarla por el apellido. Blasie, Theo, Harry, Ginny –Harry le había contado todo y desde entonces no se juntaba con la castaña –, Draco y yo la seguíamos muy de cerca. Harry todavía era amigo de Granger, a pesar de que él decía que solo era su amigo para que no sospechara, todos sabíamos que a Harry fue al que más le dolió lo que hizo su ex mejor amiga y que aún no lograba aceptarlo. Todos sabíamos que a Harry le iba a costar horrores elegir a uno u a otro bando. Sus dos mejores amigos ya no eran los mismos que él conoció, esos chicos ingenuos y valientes, ellos ahora eran adultos, toda su inocencia había desparecido dando paso a la verdad que enterraban en lo más profundo de su ser, abriendo puertas a la venganza, dejando que su rabia y dolor por las pérdidas de la guerra los cegara, dejando surgir la maldad en sus corazones y la oscuridad en su alma.

Ginny también sufrió por Granger, pero no fue nada comparado con el dolor que sintió al descubrir que su hermano también era participe de las acciones de venganza de una de sus amigas más allegadas, sin embargo no se permitió caer en una depresión. Harry estaba más ausente que nunca, todos le entendíamos, necesitaba tiempo para aceptar lo que había pasado con sus compañeros de aventuras. No es fácil descubrir que tus mejores amigos se dedican a matar a gente por venganza.

El pelirrojo y Granger habían empezado una relación, los Weasly –exceptuando a Ginny – al igual que los padres de Granger estaban contentos y se alegraban por la "feliz" pareja, claro que ellos no sabían lo que estos dos hacían a sus espaldas.

La muerte de Pansy había llegado a oídos de todos y todo el mundo se planteaba si Hogwarts seguiría siendo seguro. El funeral se realizó en un cementerio mágico en Londres mágico, había muy pocas personas presentes, los padres de Pansy, los Malfoy, los Greengrass, Harry junto a Ginny, Theo, Blasie y yo éramos los únicos que habíamos asistido, la ceremonia fue corta pero ciertamente era mejor así.

Los padres de Draco ya habían venido para entregarme mi herencia, cuando vi lo que ponía en los papeles casi me da un infarto. Poseía una gran mansión a las afueras de Londres y varias casonas repartidas alrededor del mundo mágico, millones de galeones en mi recién abierta cuenta de Gringotts, los tres elfos domésticos que habían sobrevivido al incendio y todas las joyas pertenecientes a mi familia, una verdadera fortuna.

Estábamos a dos días de navidad, los Malfoy me habían invitado a pasar las fiestas en su casa y yo no me pude negar, la otra opción era quedarme en el colegio y pasar las navidades junto a los otros alumnos que se quedaban aquí, cosa que me era totalmente desagradable ya que los pocos que se quedaban no me resultaban para nada simpáticos.

Mientras yo seguía concentrada en mis pensamientos, alguien llamó a la puerta.

Adelante –dije levantándome al mismo tiempo de la cama –

Hola Clett –saludó un moreno sonriente –

Theo, ¿qué haces aquí?

Venía a decirte que cojas tu maleta y bajes a la sala común, todos te están esperando.

Vale, ahora bajo

¿Qué habrá querido decir con todos? ¿Acaso alguien más va a pasar la navidad con los Malfoy? Sacudí la cabeza, no convenía hacerse preguntas que no podía responder.

Cogí mis cosas y me dirigí a la sala común, al bajar descubriría quienes eran ese "todos".

Al llegar a la sala, me encontré con Blasie, Harry, Ginny, Theo, Luna, Neville y, por supuesto, Draco. ¿Qué hacían Luna y Neville aquí?

No me digáis que vais a venir con nosotros. Draco, ¿tus padres saben que estos seis van a venir? Porque si no es así prepárate para quedar descuartizado por ellos y por mí.

Yo también me alegro de que estés bien. –comentó Draco sarcásticamente –Claro que mis padres saben que van a venir, no quiero morir tan joven.

¿Y por qué yo no sabía nada? –pregunté visiblemente molesta –

¿No podrías alegrarte como una adolescente normal?

¡Draco parece que no me conocieras! Sabes que odio enterarme la última de todo.

¡Es normal que seas la última en enterarte si la sorpresa es para ti! –exclamó Draco ahora también enfadado –

Chicos queréis parar, no es que no nos gusten vuestras peleas, creedme son de veras interesantes, -interfirió Blasie –lo que pasa es que como lleguemos tarde Narcissa nos va a descuartizar y yo prefiero comer la comida que convertirme en ella.

Draco y yo le dedicamos una mirada heladora a la que este correspondió con una sonrisa burlona.

Blasie tiene razón, Narcissa nos va a matar como volvamos a llegar tarde a una de sus reuniones. –acordó Harry –

Harry, ¿desde cuándo llamas a la madre de Draco por su nombre? ¿Y qué es eso de volver a llegar tarde? ¿Y qué hacen Luna y Neville aquí?

Harry se removió incomodo en su sitio a la vez que Draco le taladraba con la mirada.

Potter, vuelves a abrir tu bocaza en lo que queda de día, te juro que te arranco la lengua y la uso como broche. –amenazó Draco haciendo retroceder a Harry inconscientemente unos pasos al mismo tiempo que movía la cabeza arriba y abajo en señal de afirmación– Ahora vayámonos, no quiero quedarme aquí a pasar las navidades.

¿¡Acaso nadie me va a responder!?

Clett, no nos queremos arriesgar a que una parte de nuestro cuerpo se convierta en adorno. –explicó Zabini–

Puf –bufé cruzando los brazos– Malditos Draco Malfoy y Harry Potter, uno por amargado y el otro por bocazas –murmuré yo haciendo que Blasie soltará una risita –

Caminamos hasta el exterior del castillo y cogimos las carrozas que nos llevarían a la estación.

El viaje se me hizo eterno y a pesar de que intenté por todos los medios que alguien me dijera porque íbamos todos a la Mansión Malfoy, nadie me contestó a la pregunta. Se ve que le tienen más apego a sus vidas de lo que creía, pensé sonriendo ante mi estúpido pensamiento.

Al llegar a la estación pude divisar a los señores Malfoy, Draco se dirigió hacia ellos y en seguida todos le seguimos. Los padres de Draco saludaron apresuradamente ya que, por lo que habían dicho, iban a tener visita en casa, lo que hizo que nos llevaran casi corriendo hasta la casa.

Cuando llegamos a la Mansión, me quedé paralizada. Era increíble, tenía una decoración de estilo gótico y se notaba que la fachada había sido trabajada por manos expertas, y los jardines que rodeaban la mansión eran enormes y estaban bien cuidados. El portón que tenía enfrente se abrió, detrás de este se hallaba un camino bien señalado que guiaba hasta la entrada. Todos entraron en cuanto la verja cedió lo suficiente como para pasar por ella, mas yo no me podía mover del sitio. Era cierto que ya había estado en la mansión pero solo por dentro y ciertamente no era lo mismo. Una casa por dentro, por muy lujosa que sea, no impresiona tanto como una vivienda lujosa por fuera, y menos si esta es claramente una obra de arte del siglo XV.

Draco me susurró algo al oído dibujando una sonrisa petulante en sus labios, haciendo que un escalofrío recorriera mi cuerpo y que meneará la cabeza en señal de confusión.

Perdona, ¿Qué decías? –pregunté alejándome unos centímetros de él.

Te declaro mi amor y tú me preguntas que que estaba diciendo.

Lo miré con los ojos abiertos como platos y de repente soltó una risotada, ganándose una mirada furibunda de mi parte.

¿Por qué bromeas con esas cosas? ¡Casi me caigo de culo al oírlo!

¡Por Merlín Clett! –dijo todavía riendo –Tendrías que haberte visto la cara.

Si, lo que tu digas… Vamos, que me estoy congelando

Y ahora te acuerdas del frío, hace media hora que estas aquí parada y ahora me metes prisa, ¡nunca entenderé a las mujeres!

No me molesté en contestarle y seguí el camino que conducía a la entrada. Al llegar la puerta estaba abierta así que entré y dejé mi abrigo en el perchero que había en el recibidor.

Sentía la mirada de Draco detrás de mí, me giré y me encontré con sus ojos grises. Sus ojos brillaban más de lo normal y tenía una sonrisa que dejaría embobado a cualquiera y yo no iba a ser la excepción. Me quedé observándole durante un buen rato, el pelo le caía ligeramente sobre los ojos haciéndole parecer más guapo de lo que ya era, la bufanda negra que llevaba atada a su cuello caía sobre el abrigo del mismo color –como siempre vistiendo de negro, aunque no puedo decir nada ya que sería demasiado hipócrita, ¡como si a mí no me gustara el negro! –.

¿Sabías que nunca había visto unos ojos cómo los tuyos? –dijo el rubio haciendo que le mirara como diciendo "¿Es qué no te has mirado nunca al espejo?" y "Mira quien fue a hablar".

Draco, tus ojos son mucho más impresionantes que los míos, no creó ver nunca a alguien con tu color de ojos, el gris que tú tienes no es un gris común, es como plateado o metálico, aunque a veces se tornan tan oscuros que no sé lo que se te pasa por la cabeza, creo que tus ojos no expresan nada y a la vez lo expresan todo, ¿me entiendes?

Estás loca si crees que te voy a entender. –respondió él aún sonriente –Puede que mis ojos sean los más impresionantes que has visto en tu vida, que lo son, pero es la primera vez que veo a alguien con los ojos azul oscuro.

Creído –murmuré yo bajito pero no lo suficiente como para que él no lo oyera y soltara una risita –

Lo que tu digas, pero es la verdad –aseguró con una sonrisa de autosuficiencia –

Bueno, será mejor que entremos, los demás deben estar esperándonos. –comenté yo haciendo un ademán de irme, pero antes de que cumpliera mi cometido, Draco me agarró suavemente la muñeca haciéndome girar y ponerme frente a él.

Clett, sabes que intentaba hacerte un cumplido, ¿no? –preguntó él y yo asentí con la cabeza -Tus ojos son los más increíbles que he visto en mi vida, excluyendo los míos claro está…

Hice caso omiso de su último comentario y sin detenerme a pensarlo ni un segundo le besé. Supongo que él no esperaba que me lanzara a besarle –la verdad es que ni yo misma me lo esperaba. Había sido un impulso, un impulso que me gustó demasiado –pues tardó unos segundos en reaccionar y devolverme el gesto, cuando me respondió al beso pase mis brazos por su cuello y sus manos fueron a parar a mi cintura. Al principio el beso fue un simple tímido roce que bastó para que un escalofrío recorriera mi espalda y mi corazón se acelerara, pero en cuanto el reaccionó se volvió más atrevido y sensual.

Ejem –oí como alguien detrás de nosotros carraspeaba.

Inmediatamente ambos nos soltamos y dirigimos nuestra mirada sonrojada al ser descubiertos al dueño del carraspeo.

Potter, ¿Cómo consigues estar siempre de por medio?

No lo hago aposta Draco, siempre hay alguien que me mete en situaciones incómodas.

¿Y quién te manda esta vez?

Tu madre

En cuanto desapareció por la puerta Draco y yo nos volvimos a mirarnos. A pesar de que el sonrojo de mis mejillas ya había desaparecido, no pude evitar que me volvieran a subir los colores al volver a mirar al rubio que tenía delante.

¿Por qué me besaste?

No tengo ni idea, solo puedo decir que no me arrepiento de haberlo hecho –confesé yo haciendo que el rubor de mis mejillas se agrandará aún más.

¿Solo me puedes asegurar eso? –indagó él sonriendo seductoramente y acercándose lentamente hacia mí–

¿Hay algo más que tenga que asegurar? –pregunté yo dándome cuenta de que hablaba del beso –

No sé, quizás tenga que besarte para que te cerciores si algo falta en tu declaración

Puede que tengas razón, a lo mejor he pasado algo por alto –coincidí yo sonriendo provocativamente –

Draco cortó la poca distancia que quedaba entre nuestras bocas para juntarlas en un beso profundo y tierno, y de nuevo un escalofrío recorrió todo mi cuerpo. El beso se prolongó unos minutos más y terminó por la falta de aire. Abrí los ojos y me encontré con sus ojos plateados que me miraban transmitiendo algo que no era capaz de descifrar, ¿se puede saber por qué no puedo saber lo que se le pasa por la cabeza? ¿Qué habrá sentido al besarme? ¿Qué he sentido yo? Vaya pregunta, ¿qué he sentido yo? Si yo misma no me puedo responder, ¿quién lo hará? El beso me ha gustado, había cariño en él, ¿pero cariño de que tipo? Quizás nunca debí besarlo, tal vez debería haber examinado antes la situación, pero es que él me estaba tirando los tejos, a su modo, pero lo estaba haciendo y yo, que no soy conocida por ser muy impulsiva, voy y le beso, ¿por qué coño lo he besado? ¿Y por qué narices él ha respondido? ¿Por qué cojones me ha gustado la forma en la que su lengua jugueteaba con la mía? ¿Por qué cuando me hago preguntas para las que no tengo respuesta no dejo de soltar insultos? Bueno, la última pregunta la puedo contestar yo, me cabreo y empiezo a hablar como una barriobajera.

Lo que sí es cierto es que yo conozco esa sensación, la sentí la primera vez que besé a Oliver, Oliver… Él fue mi primer amor, lo conocí en uno de mis paseos solitarios por la playa. Lo recuerdo como si fuera ayer…

Flashback

Era un día lluvioso y la marea estaba alta, yo iba vestida completamente de negro, llevaba unos vaqueros ajustados, unas botas de cordones estilo Punk que hacían que no me entrara arena en los pies, una camiseta negra cubierta por una sudadera del mismo color y encima de esta, una chaqueta de cuero negro. Iba paseando tranquilamente por la playa, completamente en mi mundo sin fijarme en nada de lo que pasaba a mí alrededor y de repente alguien me hizo caer en la húmeda arena, manchando así todo mi vestuario con arena mojada.

¡Estás loco! ¡Mira por dónde vas!

Lo siento, no te había visto –se disculpó el chico ofreciéndome la mano para ayudarme a ponerme en pie.

Acepté la mano que el muchacho me ofrecía y me levanté de un impulso. Cuando mis pies volvieron a pisar tierra firme, me detuve a mirar al causante de mi caída. El joven tenía los ojos verdes claros y el pelo negro como la noche, sus facciones eran simples pero hermosas, sus labios estaban cortados por el frío y su nariz roja por la misma razón. Vestía una chaqueta negra entreabierta que dejaba ver una sudadera gris, unos vaqueros oscuros y zapatillas negras.

Siento haberte hecho caer, iba ensimismado en mis pensamientos y no me he dado cuenta de que había otra persona caminando por la playa –explicó el chico educadamente –

No pasa nada, yo tampoco iba mirando lo que ocurría a mi alrededor

Me llamo Oliver –dijo estirando la mano para que la estrechara –

Clett –dije a su vez a la vez que estrechaba su mano –

¿Vives por aquí?

Sí, cerca de la costa y ¿tú?

También, pero en el centro del pueblo –aclaró mientras me sonreía –

Nunca te había visto, ¿eres nuevo en el municipio? –pregunté a la vez que le devolvía la sonrisa –

Si, mis padres son biólogos y nos mudamos continuamente. Hace una semana que estamos aquí.

Ah, ¿vas a ir al colegio del pueblo?

Si, no hay otro en kilómetros a la redonda.

Tienes razón, es una pregunta un poco tonta.

¿Tú crees? A lo mejor yo no iba más al colegio o quizás estudiaba en casa, si fuera así no sería una pregunta tonta, ¿no crees?

Sí, pero en este caso era una pregunta tonta

Ya, pero podría no haberlo sido –insistió él –

¿Siempre mareas las cosas de este modo?

Es mi forma de ser –declaró sonriendo –

Seguimos caminando durante un rato y hablando sobre cosas sin importancia hasta que llegamos a una cafetería en la que entramos para tomar un café. Al salir del negocio Oliver me acompañó a mi casa y antes de entrar nos miramos durante unos pocos segundos y él se acercó más de lo normal a mí y me besó. Fue un gran beso, quizás el mejor que me habían dado hasta entonces, sus labios estaban fríos causando un gran contraste entre estos y su cálida boca. El beso no fue muy largo pero lo suficiente como para darme cuenta de que me había causado una sensación desconocida por mí hasta ese momento. Me despedí de él con una sonrisa y entré en la casa.

Fin flashback

Sí, Oliver abandonó el pueblo un año más tarde y nunca más supe de él, pero eso estaba más que superado, como dijo una vez Barbara DeAngelis: Nunca se pierde por haber amado. Solo se pierde por reprimirse.