Una nueva semana comenzaba en el colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. El odiado y poco ansiado lunes había llegado y para los alumnos de Séptimo Año parecía no tener fin. Los alumnos de Gryffindor, tanto como los de Slytherin detestaban los lunes. Se veían obligados a compartir dos horas de Pociones con un cada vez más grasiento y huraño Snape y dos horas de Transformaciones con McGonagall, quien cada día se mostraba más exigente y menos piadosa.
Llevaban menos de cuarenta minutos de clase con Snape. Se respiraba una atmosfera de histeria, cansancio y tensión que cada vez era más densa e insoportable. El profesor les había ordenado que realizaran, sin consultar en sus manuales, el Filtro de Muertos en Vida, argumentando que ya debían saberse sus ingredientes y su modo de preparación de memoria desde hacia dos años, cuando les había ordenado preparar una redacción sobre el mismo.
Al escuchar la consigna Hermione pudo ver a su amigo pelirrojo palidecer hasta tomar un tono verdoso y a Harry suspirar frustrado, se encontraba sentada entre sus dos amigos, quienes le dirigían miradas de terror y desconcierto mal disimuladas. Era evidente que ellos no tenían ni idea de cómo preparar aquella poción. Ella había tenido suerte, ya que hacia un par de semanas había releído un libro de pociones en la biblioteca, para matar el tiempo mientras ellos se encontraban en uno de los tantos entrenamientos de Quidditch y, en aquel libro, se encontraba detallado el procedimiento de creación del filtro, junto con los ingredientes correspondientes. Les susurró a Harry y Ron que no se preocupen, que ella sabía como hacerla, podían seguir sus pasos. Ambos muchachos la miraron como si ella fuera un vaso de agua en medio del más árido desierto. Pero el profesor Snape estaba siempre un paso por delante de sus alumnos.
-Esta demás agregar que deben cambiar sus puestos, para desgracia del señor Weasley, quien seguramente pretendía obtener ayuda de Granger.- dijo el profesor, arrastrando las palabras aun mas que el mismo Draco Malfoy, apenas moviendo sus labios, haciendo pausas para que fuera evidente su desagrado por los integrantes del Trío Dorado.- Señorita Granger, hágame el favor de tomar sus cosas y sentarse junto a Malfoy; Zabini, tu te sentaras junto a Weasley; Potter junto a Bullstrode- esta vez Harry no pudo disimular la mueca de verdadero horror que se formó en su rostro al oír con quien debía sentarse- Parkinson, Brown…- el profesor continuó asignando parejas por algunos minutos mas, pero Hermione ya no lo escuchaba, al girarse para dirigirse al asiento de Malfoy, en lugar de encontrar una mueca despectiva, que es lo que se esperaría del rubio, se encontró con un Malfoy sonriente, que la esperaba cruzado de brazos y con un brillo malicioso en los ojos que no auguraba nada bueno. Y aun quedaba una hora para que finalizara la clase.
-Granger.- la saludo Malfoy cuando tomó asiento junto a él.
-Malfoy.- contestó Hermione cortante.
Decidida a ignorar al rubio y su sonrisa de "yo se algo que tu no" tomó su caldero y encendió el fuego con la varita. Luego dedicó varios minutos a preparar los ingredientes de memoria, murmurando para sí, tratando de no olvidarse de nada. Era verdaderamente difícil, se preguntó cómo lo estarían llevando sus amigos. Dirigió la vista hacia Ronald y lo descubrió sentado mirando un punto indefinido detrás del pizarrón, era evidente que no tenia ni idea de cómo empezar. De vez en cuando echaba un vistazo hacia Zabini, pero éste no parecía tener muy en claro los pasos a seguir para preparar esta poción y Ron suspiraba resignado, ni siquiera podía copiarse. "Al menos Zabini lo intenta, Ron, podrías hacer lo mismo" pensó Hermione. Recordó su conversación de esa mañana con el pelirrojo. Él le había preguntado por qué había cancelado su encuentro en la biblioteca y ella, nerviosa, había respondido que madame Pince no estaba de humor esa noche, por lo que no quería tentar a la suerte permaneciendo hasta tan tarde en la biblioteca con alguien que no tenía el "permiso especial". Se sintió mal por mentirle a su amigo y haberse quedado justamente haciendo lo que dijo que no haría con Ron, con Malfoy. Se dijo a si misma que era lo mejor y que solo estaba evitando problemas.
Al ver que a Ron comenzaban a pesarle los ojos y parpadeaba cada vez mas lentamente Hermione soltó un bufido, exasperada. Decidió ver como iba Harry. El panorama en el pupitre de su cicatrizado amigo lucía mejor, había encendido el fuego y estaba aplastando los colmillos de serpiente, que era el primer paso. Satisfecha, volvió los ojos hacia Malfoy, sintiendo curiosidad aunque sabiendo de antemano que el rubio era más que experto en pociones, casi un fanático.
El slytherin la ignoraba completamente, inmerso en la preparación de sus ingredientes. Sus largos y delgados dedos se movían con agilidad, cortando, aplastando, separando. Parecía encerrado en una burbuja, su propia burbuja, ya que ella llevaba varios minutos observándolo fijamente sin que el pareciera percatarse. Verlo tan concentrado de alguna forma extraña logró enternecerla, no había en su rostro rastros de superioridad o suficiencia, estaba simplemente serio, atento a sus tareas. Era muy… competente. Solo en cuanto a las pociones se refiere, claro está.
Hermione buscó ajenjo entre sus ingredientes y luego de comprobar la temperatura del caldero comenzó a arrojar dentro aquellos que ya tenía preparados, en el exacto orden que recordaba. Revolvió primero de izquierda a derecha, esperando a que ésta tome el color negro que debe tener en la etapa intermedia. Cuando obtuvo el resultado que esperaba sonrió satisfecha y pagada de si misma. Cortó las raíces de valeriana y las dejó caer dentro de la poción, revolviendo y esperando que esta tome un tono lila.
-Granger, recuerda revolver siete veces a la izquierda.
Hermione dio un respingo. Se había olvidado por completo de su excéntrico compañero de banco. Sonrojada, se dio cuenta de que estuvo a punto de echar a perder la poción, ya que solo había revuelto cuatro veces. Al parecer Malfoy no estaba tan ensimismado en su tarea, ya que notó su pequeño error. "Que controlador" pensó la gryffindor.
-Gracias, Malfoy, casi lo olvidaba.- susurró Hermione, buscando a Snape con la mirada, temiendo que descubra la pequeña "ayuda" de Malfoy.
-Lo sé.
Hermione asintió y ambos continuaron con su trabajo. Esta vez la castaña prestando más atención y tratando de recordar cada minúsculo detalle, para evitar que Malfoy tuviera que volver a intervenir en la preparación de su poción.
Al terminar, ambas mezclas tenían el color del agua cristalina que se suponía que debían tener si la preparación fuera correcta. Hermione observó a Ron, que dormía con la boca abierta, casi cayendo sobre el hombro de Zabini, quien, a su vez, revolvía desesperadamente su caldero, que contenía líquido color moco. La poción de Harry tenía un tono gris, como si fuera agua sucia, no estaba TAN mal, pero era la clase de errores por los que Snape desaprobaba a sus alumnos para luego encargarles una redacción del mismo largo que sus propios cuerpos.
La clase duró otros veinte minutos. En los cuales la mayoría de los alumnos recibía los regaños y comentarios despectivos del profesor. Ron había sido castigado por dormir y Harry había sido humillado por varios minutos, con comentarios del estilo "parece que el elegido no es tan brillante, después de todo" y "si tu inteligencia fuera tan grande como tu ego, Potter, esta poción me haría desmayarme con solo olerla". Hermione sintió como le hervía la sangre en las venas y cerró los puños, conteniéndose para no replicar, ya les habían bajado suficientes puntos. Se alegró de que Harry se limitara a mirar sus zapatos y no respondiera ante las provocaciones de Snape, como solía hacer.
Felicitó a Malfoy por su perfecta poción y no emitió ningún comentario sobre la de Hermione, a la que solo le dedicó una breve mirada, con gesto asqueado. A ella no le importaba, mientras no tuviera motivos para seguir restándoles puntos.
Malfoy comenzó a recoger sus cosas, por lo cual ella hizo lo mismo, ambos en silencio, esperando a que Snape se decida a dejarlos ir. Aun quedaban un par de compañeros más. Decidió ocupar ese tiempo haciendo mentalmente una lista de las cosas que tenia para hacer esa tarde. Estaba anotando una rápida visita a la sección prohibida, a pedido de Harry, cuando una blanquecina mano posada en su muslo la hizo dar un respingo y casi caerse del banco. Permaneció inmóvil mientras Snape la miraba interrogante, olfateando una oportunidad. Cuando el profesor desvió la mirada, Hermione observó fijamente a Malfoy, con una ceja alzada, quien parecía no estar enterado de que su fría mano estaba deslizándose por el muslo de Hermione como si fuera de su propiedad. El rubio tenía la mirada al frente, una media sonrisa y jugueteaba con su varita en la otra mano.
Hermione llego a preguntarse si acaso Malfoy había ingerido alguno de los ingredientes por accidente y esto le hubiera provocado alucinaciones, puesto que no encontraba una explicación lógica al comportamiento del slytherin.
-Malfoy ¿se puede saber qué estas haciendo?- Hermione intentó que su tono fuera lo mas bajo posible, pero estaba tan escandalizada que fue unas octavas mas alto de lo esperado y tuvo que volver su mirada rápidamente hacia el profesor. Por suerte, no se había dado por enterado, estaba examinando la poción de Lavender, quien parecía a punto de echarse a llorar.
-¿A qué te refieres, Granger?- Malfoy ahora la miraba a los ojos, con aquella sonrisa suya que lograba exasperarla hasta límites insospechados. Con que pensaba hacerse el tonto ¿eh?
-Me refiero a tu mano, hurón.- Hermione estaba que echaba humo por las orejas.
-¿Cuál de las dos, Granger? Tendrás que ser mas especifica.- "esto tiene que ser una broma de mal gusto ¿qué se cree el estúpido hurón? ¿Acaso perdió la cabeza?" exclamó mentalmente Hermione, ante el descaro de su compañero de banco.
-La que tienes sobre mi pierna, Malfoy ¡quítala!- dicho esto, la castaña intentó empujar aquella invasiva mano, pero no se movió del lugar, al parecer Malfoy estaba esperando esa reacción.
-La verdad es que me apetece dejarla ahí, eres muy cálida.- Malfoy le regalo otra de sus sonrisas y luego dirigió la vista al frente. Dejando a Hermione con la boca abierta formando una perfecta o.
Se sentía completamente descolocada, Malfoy no solo la estaba tocando, sino que lo estaba haciendo conscientemente porque "le apetecía" y porque ella era "cálida".
Hermione decidió que no estaba para bromas y se puso de pie, haciendo caer la mano del rubio y tomando el resto de las cosas se dirigió al armario, donde se dedicó a guardar lentamente cada uno de los ingredientes, una excusa para alejarse del acosador slytherin con el que le había tocado sentarse.
Aguardó allí, simulando guardar cosas en las estanterías hasta que el profesor dio por terminada la clase.
Se dirigió a su puesto y tomó su bolso rápidamente, sin dirigir siquiera una mirada a Malfoy y salió de la clase. Dirigiéndose a toda velocidad a la biblioteca, su refugio.
Granger había escapado como alma que lleva el diablo. La verdad él también estaba bastante confundido. No había podido controlarse. Había tenido a Granger a su lado dos horas completas. La bruja llevaba falda. Una falda que dejaba ver sus piernas. Lucían tan suaves, tan tersas. A último momento le había importado un comino lo que podía llegar a pensar Granger y posó una mano en su pierna. La castaña por poco se cae de la silla, eso hizo reír a Malfoy. Pero al parecer le había disgustado su "caricia" y esa era la razón por la cual ahora se encontraba buscándola en la biblioteca. Sabía que se encontraría allí, debía encontrarse allí.
Vagó su mirada gris por entre las estanterías, pero no lograba divisar la ya conocida figura de Hermione. Se preguntó si la encontraría en la sección prohibida. Él tenía un permiso permanente, firmado por su padrino, el profesor Snape. Madame Pince le dio la llave, sin disimular su desagrado ante la idea de que Malfoy pudiera entrar y salir a la sección prohibida de su preciada biblioteca a su antojo.
Malfoy comenzó su cacería. La sección prohibida estaba oscura, muy oscura, pero no utilizaría Lumos porque sabía que Granger se encontraba allí y no quería espantarla. Deambuló varios minutos por los pasillos, hasta que dio con ella.
Granger se encontraba de espaldas a él, con la varita en alto, iluminando los lomos de los libros, buscando el que necesitaba. Malfoy sonrió. Jamás se encontrarían tan solos como ahora. El resto de los alumnos estaría disfrutando el recreo que precede a la clase de Transformaciones y además, era la sección prohibida, tenía a Hermione Granger a su merced.
Se acercó sigilosamente y la tomó por el codo para girarla y apoyarla contra una estantería, esta vez no se escaparía. Granger chilló del susto, pero él fue rápido y le tapó la boca. Cuando vio que era él se tranquilizó y Malfoy liberó su boca, no sin antes lanzarle una mirada de advertencia para que no volviera a gritar.
-¿Qué sucede, Malfoy? ¿Qué haces aquí?- preguntó Hermione, en un tono bajo de voz, no quería que los oyeran, estaban en una posición comprometedora. Ella contra la estantería y Malfoy a centímetros suyo, con ambos brazos apoyados cerca de su cabeza. Estaba atrapada.
-Vine a buscarte.- contestó él, llanamente.
-¿Por qué? ¿Qué te sucede últimamente? Estas actuando muy raro, Malfoy.- Hermione tenía razón, ella no entendía lo que le sucedía, porque nunca fue consciente de su obsesión por ella, de lo posesivo que era con ella. Él no lo había demostrado, hasta ahora. Luego de haberla visto sonreírle a Weasley sonrojada, todo había cambiado. Ya no quería ocultarlo más.
No podía ir directo al grano con Granger. Ella lo enviaría volando de un hechizo, o puñetazo, hasta las frías mazmorras de Slytherin. Debía ir despacio. Pero no sabía cómo. No quería ser "su amigo". Quería otra cosa. Quería más. El problema era que ellos no tenían relación alguna, aparte de sus constantes peleas. Eso tenía que cambiar.
-Vine a disculparme.- comenzó Draco, pasándose una mano por el cabello, señal de que estaba nervioso.- por lo de hoy, en la clase de Snape, no fue mi intención molestarte.
-Pues parecía que lo hacías muy conscientemente, si no fue tu intención molestarme, entonces ¿cuál era?- Granger no iba a dejarlo pasar, genial. Ahora le pedía explicaciones.
-No lo se, Granger. Simplemente sucedió, y ya me disculpé.- no le daría lo que quería, que ella averigüe sola lo que desee saber.
Hermione se quedó mirándole, buscando alguna respuesta en sus ojos. Alguna pista. Debía estar verdaderamente perdida. Él, de un día para el otro había decidido cambiar radicalmente su comportamiento hacia ella, pero ella nunca sospecharía todo lo que había detrás de ese cambio en su conducta. Tardaría mucho tiempo en descubrirlo, teniendo en cuenta lo avispada que es Granger con los hombres. Lo que le intrigaba era ¿qué sucedería cuando se revelara la verdad ante los ojos de la castaña? ¿Cómo actuaría cuando descubriera su ferviente obsesión por ella?
-De acuerdo. Disculpas aceptadas.- no parecía satisfecha, pero al menos había accedido a disculparlo. Malfoy se relajó visiblemente y bajó los brazos, liberándola. No quería irse, pero al parecer no tenía nada mas para decirle, ni motivos para encontrarse allí. Decidió distraerla:
-¿Qué estas haciendo aquí, en la sección prohibida?- Hermione pareció sorprendida con la pregunta. Le dirigió una mirada escrutadora, buscando segundas intenciones, al parecer, no las encontró.
-Buscando un libro que me pidió Harry, él no tiene permiso para estar aquí.
-Ya veo, así que eres algo así como su elfo doméstico.- sabía que ese comentario molestaría a la castaña, por lo que le dirigió una sonrisa conciliadora, para que entienda que lo decía en broma.
-No, Malfoy, soy algo así como su amiga, dudo que estés familiarizado con relaciones de ese tipo.- "que lengua viperina, Granger" pensó Malfoy, sonriendo para sus adentros.
-Estoy relacionado con muchos tipos de relaciones, Granger.- le dirigió una mirada seductora, para que entienda a qué se estaba refiriendo. La vio sonrojarse (señal de que milagrosamente había captado la indirecta) y volvió a sentir ese inexplicable júbilo que lo asaltaba cuando esto sucedía gracias a él.- tengo amigos, de eso puedes estar segura.
-Yo diría que Crabbe y Goyle son más bien tus guardaespaldas. Eso no es amistad.- Granger le lanzó una mirada desdeñosa, seguía provocándolo.
-No me refería a ellos. Y para guardaespaldas ya tenemos a la Comadreja y a San Potter, que, al parecer, no pueden despegarse de ti ni para ir al baño.- si le gustaba provocarlo, que se atenga a las consecuencias.
-¡No los llames así! Y, para tu información, son completamente capaces de ir al baño sin mí, y de muchas otras cosas más.
-Me alegra saberlo, Granger. Pero, sinceramente, no podría estar menos interesado en las pocas capacidades de tus guardaespaldas. Estoy mas interesado en las tuyas.- Malfoy miró a Hermione de arriba abajo, viendo su expresión pasmada, satisfecho por cómo había desviado la conversación hacia terrenos mas interesantes.
-¿A qué te refieres, Malfoy? No te sigo.- Granger lo miraba cruzada de brazos, una pequeña ventana sobre sus cabezas le iluminaba el rostro, lleno de duda y desconfianza. Su varita seguía emanando luz, pero ella parecía haberlo olvidado.
Malfoy se acercó unos pasos, haciendo que ella retrocediera hasta chocar nuevamente con la estantería. Sus ojos color avellana estaban desmesuradamente abiertos, tal vez por el temor de estar sola en un pasillo de la sección prohibida con él, tal vez por la expectación. No interesaba. Él apoyo nuevamente ambos brazos a los costados del cuerpo de la gryffindor, rodeándola, para que no pudiera escapar. Hermione tragó saliva.
-Dime, Granger ¿sabes besar?
La expresión de Granger en ese momento era algo que Malfoy atesoraría en sus recuerdos por el resto de sus días. No tenía desperdicio.
La castaña estaba lívida, con los labios formando una fina y prieta línea. Tenía los ojos abiertos de par en par, amenazando con salirse de sus orbitas. Era evidente que su pregunta la había descolocado.
-No es de tu incumbencia, Malfoy.- respondió, con un hilo de voz.
-Oh, verás, Granger. En eso te equivocas. Tengo pensado besarte, incontables veces, por lo cual, para mí es de suma importancia saber si tu ya sabes besar o tendré que enseñarte a hacerlo.
Las mejillas de Granger nunca habían estado tan rojas. Sus ojos, aun más abiertos que antes, si es que eso era posible, transmitían la confusión que sentía ante su declaración. Malfoy la miró interrogante, haciéndole saber que estaba esperando una respuesta.
-Mi-mira…Malfoy, no sé qué has bebido o quién te ha lanzado un confundus, pero creo que deberías ir a la enfermería.
Draco lanzó una carcajada. Hermione creía que estaba hechizado, o borracho. Al parecer, para Granger era imposible que él quisiera besarla conscientemente. Se imaginaba las razones. No le quedaba otra alternativa que demostrarle cuán consciente estaba en ese momento, para que no le quedaran dudas.
Lentamente, dirigió su mano hacia el rostro de la castaña, quien continuaba mirándolo con incredulidad. Con el dorso de la mano acarició una de sus mejillas, haciéndola pestañear, confundida. Tomó un mechón rebelde que se había escapado de su coleta y lo colocó detrás de la oreja de la joven, generándole un escalofrío. Sonrió complacido al ver la reacción que le generaba con un simple roce.
Llevó su otra mano debajo de la barbilla de Hermione y, con el dedo índice, le obligo a elevar el rostro. Acercando sus labios y haciendo que lo mirara a los ojos. Acercó su rostro al de ella, haciendo que sus narices se rozaran, una y otra vez, acariciándola. Luego, pegó su frente a la de ella y la observó. Granger había cerrado los ojos. Eso significaba que estaba disfrutando, pero él quería más. Quería besarla, quería demostrarle lo que provocaba en él.
Llevó sus labios a los de ella y comenzó a rozarlos. Primero uno, luego el otro. Estuvieron así varios segundos, sintiéndose y rozándose, pero cuando Hermione abrió la boca, dejando escapar un suspiro que olía a fresas, fue demasiado para Draco.
No podía soportarlo más, necesitaba más.
Se abalanzó sobre Granger y la empujó aun más contra la estantería, haciéndole soltar la varita por la brusquedad de su movimiento, razón por la cual quedaron casi a oscuras, a excepción de la poca luz solar que se filtraba por la pequeña y mugrienta ventana sobre sus cabezas.
Devoraba su boca como si se le fuera la vida en ello, y Hermione ¡le correspondía! Malfoy la apretó aun mas contra su cuerpo, atrapándola con sus caderas. Con una mano le sujetó el cabello, tirando suavemente de él para obligarla a levantar la cara y así poder besarla con más profundidad. Granger gimió, lo que le permitió a Malfoy aprovechar y meter su lengua en la boca de la castaña y recorrerla con pericia. La otra mano la había utilizado para rodear la pequeña cintura de la joven, de modo que sus cuerpos estuvieran completamente pegados.
Hermione acarició tímidamente la lengua de Malfoy con la suya. La verdad era que nunca la habían besado así. Su anterior experiencia dejaba mucho que desear comparada con lo que estaba viviendo ahora. Su lengua se unía a la de Malfoy en una danza de sensaciones y roces. Jamás había sentido algo así. Era como si el ambiente estuviera cargado de electricidad, como si ellos mismos estuvieran cargados de electricidad. Malfoy dominaba la situación, era quien guiaba el beso y quien la tenia completamente atrapada, no podría escapar ni aunque quisiera.
Draco levantó la mano que se encontraba en su cintura y le sujetó la mandíbula, para que no se moviera, estaba atrapada. Él continuaba besándola con pasión, con fuerza. Se apretó aun más contra ella y pudo sentir su erección contra su vientre. Malfoy estaba excitado, y eso lo generaba ella, Hermione Granger. No tenía sentido, pero ahora mismo no podía pensar en otra cosa que no fuera ese beso, deseando, confundida, que nunca se acabara, ya que las nuevas sensaciones que le estaba generando Malfoy eran algo maravilloso, prohibido y delicioso.
"Draco Malfoy me desea" "Draco Malfoy está besándome". Estos eran los únicos pensamientos existentes en la mente de la gryffindor, abrumada por la sensualidad del beso que estaba recibiendo de parte de su rubio compañero.
Hasta el momento, sus brazos habían permanecido inmóviles a los costados de su cuerpo. Malfoy la había tomado por sorpresa y se había olvidado de la existencia de los mismos, concentrada como estaba en las atenciones del slytherin, o más bien abrumada. Lentamente y con timidez, apoyo las palmas de sus manos en el pecho del joven, sintiendo su corazón latir desbocado mientras él dejaba un camino de besos por su cuello y su barbilla, sujetando ahora con ambas manos su cintura.
Cuando Malfoy volvió a tomar su boca con desesperación, llevó sus manos al cabello del rubio y enterró sus dedos en el, disfrutando de su extrema suavidad. Se dio cuenta de que era algo que deseaba hacer hace mucho tiempo. Al parecer, esta caricia le agradaba a Malfoy, porque soltó una especie de gruñido y enterró aun mas sus dedos en la carne de su cintura, aumentando la velocidad del beso.
Ambos tuvieron que detenerse a respirar, ya que el oxigeno les estaba faltando. Malfoy la miraba con sus ojos grises oscurecidos ¿por el deseo, tal vez? Mientras ella sentía agolparse la sangre en sus mejillas, sonrojándose, acomodó detrás de su oreja el mismo mechón de cabello que había acomodado previamente Malfoy, que había vuelto a escapar en la fogosidad del beso. Luego intentó por todos los medios evitar la ardiente mirada del rubio, ya que generaba en ella sensaciones muy confusas.
El único sonido que inundaba aquel oscuro pasillo era el de sus jadeantes respiraciones.
Hermione inspiró hondo, intentando, aparentemente, relajarse. Luego clavó su mirada en los ojos de Malfoy y, dándole un empujón en el pecho para que soltara su cintura, tomó su bolso del suelo y salió corriendo de allí, huyendo de él por segunda vez en lo que iba del día.
Y ni siquiera eran las diez de la mañana.
Malfoy suspiró. Debió imaginarse alguna reacción así de parte de la gryffindor. Estaba algo decepcionado, ya que creía que no sucedería, por la forma en que ella le devolvió el beso. Para ser una leona, no era tan valiente., teniendo en cuenta que había salido huyendo despavorida como una cobarde.
Algo en el suelo llamó su atención. Se agachó y recogió la varita de Granger. Debía habérsele caído al suelo cuando él la besó.
Ahora Granger no tendría otra alternativa que acercarse voluntariamente a él si quería recuperarla. Al parecer la suerte estaba de su lado, era prácticamente imposible que una persona tan responsable y cuidadosa como ella se olvidara un objeto tan preciado como lo es una varita.
Con una sonrisa de extrema satisfacción, la guardó en el bolsillo interior de su túnica y se dirigió a su clase de Transformaciones. Donde podría observar en primera fila la desesperación de la gryffindor cuando no encontrara su preciada varita.
Hermione se encontraba en primera fila, como siempre ocurría en la clase de Transformaciones, ya que era impartida por McGonagall, a quien ella admiraba mucho y se esforzaba por impresionar.
A su lado se encontraba Harry, quien la había mirado con extrañeza al encontrarla corriendo en medio del pasillo que llevaba al aula, como si el mismísimo Voldemort la estuviera siguiendo, completamente despeinada y desarreglada. Le había preguntado qué le sucedía, pero ella se limitó a mascullar algo como "demasiado para hacer en la biblioteca" y le había tomado del brazo, obligándolo a entrar al aula lo más rápido posible.
Ron aun no había llegado, lo cual Hermione agradeció secretamente, porque aunque no era tan intuitivo como Harry, solía inmiscuirse en sus asuntos y hacer demasiadas preguntas si algo no lo convencía. Y en esos momentos Hermione no se encontraba preparada para inventar excusas persuasivas, con lo alterada e inquieta que estaba.
Luego de sacar apresuradamente pergamino, pluma y tinta de su bolso, evitando mirar hacia atrás, por si se encontraba con un par de orbes grises que estaba determinada a ignorar, fijó su vista en el frente, esperando a que terminara de llegar el resto de los alumnos de Gryffindor y Slytherin.
Harry le dirigía miradas de reojo, seguramente confundido por la extraña actitud de Hermione. Ella lo ignoró también, ya encontraría luego el momento para darle alguna patética excusa que lo deje satisfecho. En este momento tenía otras preocupaciones.
La profesora entró al aula y se hizo el silencio. Hermione pudo oír resonar sus zapatos mientras se dirigía por el pasillo entre los pupitres hacia su escritorio, donde depositó cuidadosamente un libro y su sombrero de punta, que le recordó a Hermione al sombrero seleccionador, aunque el de McGonagall era mucho menos viejo y, por supuesto, no tenía vida.
La profesora recorrió el aula con la mirada, Hermione sintió que alzaba las cejas sorprendida cuando sus ojos se posaron sobre ella y, con pánico, se imagino cual debía ser su aspecto en estos momentos. Despeinada y desarreglada. Y todo por culpa de las manos de Malfoy.
Con las mejillas ardiendo, Hermione aprovechó el momento en el que McGonagall se giraba para escribir algo en el pizarrón con su varita y tanteó sus bolsillos buscando la suya propia, para acomodar su estado con un pequeño e imperceptible hechizo.
La castaña dio un respingo en su asiento cuando se percato de que su varita había desaparecido. Con la respiración agitada, e ignorando la, nuevamente interrogante, mirada de Harry, se giró para revolver desesperadamente su bolso en busca de su preciada varita. Olvidándose de su anterior determinación de evitar cierta mirada gris, que prontamente comenzó a quemarle, como llamándola.
Cuando estuvo segura de que no se encontraba en el bolso, alzó lentamente la mirada. No se había equivocado. Malfoy, en el último pupitre, junto a Parkinson, tenía los ojos fijos en ella. Su rostro estaba adornado por aquella sonrisa socarrona que le decía "yo se algo que tu no".
Hermione entreabrió los labios, dándose cuenta de lo que estaba sucediendo.
Lo más probable era que Malfoy tuviera la varita en su poder. Y esa era la razón de la sonrisa secreta que le estaba regalando. Ella había huido de él en la biblioteca y tenía decidido ignorarlo rotundamente el resto del día, pero ahora se veía obligada a hablarle para pedirle que le devolviera su varita.
Alzó la barbilla, orgullosa, y se giró bruscamente. "No le daré lo que quiere" pensó Hermione mientras remojaba la pluma con innecesaria fuerza en el tintero y comenzaba a anotar en su pergamino los pasos a seguir para realizar el hechizo Homorfus, que hacía que los hombres lobo regresen a su forma humana por unos instantes. Hermione pensó que le podría llegar a servir en algún momento, teniendo en cuenta lo allegados que eran ella y sus amigos al profesor Lupin. Agradeció mentalmente que sea un hechizo que no pudieran poner en práctica, porque no sabría qué decir cuando la profesora le preguntara por qué no estaba realizando el hechizo y por qué no tenía varita.
Trató de prestar atención e ignorar el calor que le generaba en la nuca la mirada de Malfoy. Nunca más volvería a sentarse delante de él. No le interesaba lo que piensen los profesores. En adelante, se sentaría en el último de los asientos, con uno de sus amigos a cada lado.
Minutos después, un pequeño papel se materializó cerca de su mano derecha. Esta vez, Hermione se contuvo de dar un respingo, porque no quería que Harry se diera cuenta. Ya había tenido suficiente suerte ocultando rápidamente el papel con su mano, evitando que el niño que vivió le pregunte de qué se trataba.
Cuidando que Harry no mirara, llevo el papel debajo de la mesa, oculto de su inquisidora mirada, y lo desenrolló. En pulcra y estilizada caligrafía estaba escrita una única pregunta:
"¿Qué estarías dispuesta a hacer para recuperar tu varita, Granger?"
Hermione contuvo un bufido de frustración. Malfoy tenía su varita y se aprovecharía de la situación como la serpiente que era. ¿Por qué no podía ser una persona normal y devolvérsela sin pedir nada a cambio? Era evidente que lo que él pediría a cambio de la varita sería algo, como mínimo, indecoroso. Se imaginó que el papel estaba encantado para que regresara a su dueño en cuanto ella escribiera una respuesta, porque ambos sabían que no poseía una varita como para poder enviarle la nota a su oxigenado destinatario. Tomó la pluma y escribió:
"Dime tú qué estarías dispuesto a hacer para que McGonagall no te castigue por posesión de objetos ajenos, Malfoy."
En el momento en que terminó de escribir, el papel se arrugó hasta desaparecer. Observó de reojo a Harry, que parecía inmerso en sus pensamientos. Agradeció en silencio la existencia de Ginny, que mantenía a su amigo en un estado de seminconsciencia, pensando en ella.
Cuando el papel volvió a materializarse cerca de su mano derecha, lo tomó y colocándolo debajo de la mesa, lo leyó.
"¿Piensas acusarme, Granger? Buena suerte explicándole a esa vieja bruja cómo sabes que soy yo quien tiene tu varita, si es que realmente la tengo."
Esta vez, Hermione no pudo evitar que una maldición se escapara de sus labios. Por fortuna, Harry no pareció escucharla. Mojó la pluma en su tintero, con violencia. Sabía que la única forma de recuperar la varita era ceder y permitirle a Malfoy dominar la situación.
"Dime qué quieres, estúpido hurón."
Hermione esperó haberse imaginado la risa proveniente del fondo del aula. O al menos deseó que no fuera la risa de Malfoy. Sentía la sangre recorrer sus venas a gran velocidad y tenía mucho calor. Estaba realmente frustrada.
"Para empezar, controla tu lengua viperina, Granger. En otro momento te comunicaré qué debes hacer. Estoy intentando prestar atención, déjame en paz."
No entendía cómo podía ser tan irritante. ¡Él le había enviado la nota! ¡Era él quien debía dejarla en paz a ella! Arrugó el estúpido papel y lo metió en su bolsillo. Se concentró en los últimos minutos de la clase, pidiéndole a Merlín que Malfoy no sea muy despiadado con ella a la hora de pedirle lo que desee a cambio de su varita.
Se preguntó cómo podía ser tan estúpida y se abofeteó mentalmente por el descuido de haber olvidado la varita en el suelo en su desesperada huida. Una pequeña vocecilla en su subconsciente le dijo que era casi imposible no cometer errores de ese tipo cuando acababas de ser besada por Draco Malfoy. Abofeteó mentalmente también a quien sea dueña de aquella irritante voz.
Hasta el momento había intentado mantener a raya todo pensamiento que tuviera que ver con ese beso. No tenía idea de por qué Malfoy la había besado. Tal vez haya querido gastarle una broma de mal gusto, pero lo que mas le preocupaba era haber respondido a su beso. Porque eso es lo que había hecho, lo había besado de igual manera que el la besaba a ella, como si se les fuera la vida en ello. Y ahora no había vuelta atrás. Tenía que enfrentarlo con la certeza de que se habían besado, sus labios se habían tocado, sus propias manos se habían enredado en el rubio cabello del slytherin y las manos de aquel chico habían comprimido la carne de sus caderas como si no quisiera soltarla nunca. Y nada, pero nada de eso tenía sentido alguno.
La clase se dio por terminada sin que ella supiera qué deberes les había encargado McGonagall para entregar la semana siguiente. Sorprendería a sus amigos preguntándoles sobre ello y probablemente debería darles alguna explicación. Pensó en utilizar la excusa de los EXTASIS, pero solo para ella estaban a la vuelta de la esquina y era bastante inverosímil que ya se hallara saturada por el estudio, teniendo en cuenta que las clases habían comenzado una semana atrás y ni siquiera habían anunciado públicamente quienes eran los Premios Anuales y Prefectos de ese año. Aunque a ella le había llegado su nota y su insignia de Premio Anual una semana antes del 1 de septiembre. Tampoco tenían el horario completamente organizado, aun faltaban clases que apuntar, que no habían podido agregarse debido a lo difícil que era que todos los profesores se pusieran de acuerdo con el itinerario.
Probablemente para fines de esa semana ya estaría todo debidamente organizado y le asignarían una sala común para compartir con el otro Premio Anual, cuya identidad desconocía, aunque tenía sospechas de que era Theodore Nott, de Slytherin, que siempre conseguía las mismas calificaciones que Hermione. O podía ser el patán de Cormac Mclaggen, quien a pesar de tener toda la apariencia de un estúpido descerebrado, tenía excelentes calificaciones, pero era poco probable que nombraran a dos miembros de una misma Casa. Malfoy era otra opción, pero su conducta dejaba bastante que desear como para recibir un honor como aquel.
Hermione se dio cuenta de que sus pensamientos volvían a dirigirse hacia el rubio y, sacudiendo la cabeza, intentó prestar atención a la conversación que tenía lugar a su alrededor, entre Harry y Ron, mientras caminaban por los pasillos hacia el Gran Salón para almorzar.
-… lo he visto, Ron, en el Mapa del Merodeador, no estoy mintiendo y tampoco me lo estoy imaginando.- ese era Harry, quien lucía bastante molesto intentando convencer de algo al pelirrojo.
-¿A quién has visto, Harry?- preguntó Hermione, buscando tener otra cosa en que pensar.
-¿Acaso no estabas escuchando, Hermione? ¡A Malfoy!- el corazón de la gryffindor dio un respingo. ¡Los habían visto! Ahora tendría que dar millones de explicaciones que aun no se había dado ni siquiera a si misma, no sabía por donde comenzar y su desesperación debió notársele en el rostro, porque Harry preguntó:- ¿te encuentras bien? Luces algo pálida- acto seguido rozó su mejilla con el pulgar, buscando devolverle el color.
-Ehr… sí, estoy bien ¿qué decías de Malfoy?
-Que he visto su nombre desaparecer del Mapa del Merodeador varias veces, por las noches, estoy seguro de que esta tramando algo y no creo que sea algo bueno, tal vez es una iniciación o…-Harry no había terminado de exponer su idea, que había dejado el interior de Hermione como si fuera de hielo, cuando Ron lo había interrumpido.
-Harry, es imposible, te digo que estas paranoico. Malfoy es un niño de mama, es imposible que Quien-tu-sabes tenga algún interés en él.
-Yo nunca he dicho que Malfoy fuera valioso a los ojos de Voldemort, puede serle útil desde otra perspectiva… Tal vez es una venganza contra Lucius, ya sabes, encargarle a Malfoy una misión imposible para que muera en el intento.- Hermione sentía que miles de agujas congeladas intentaban abrirse paso desde dentro de su piel. Se estremeció al imaginar a Malfoy muerto o terriblemente herido.
-Harry, dudo que Malfoy corra riesgo de muerte aquí en Hogwarts bajo la protección de Dumbledore y yo coincido con Ron en que probablemente estás paranoico. Solo es un estudiante de Séptimo Año ¿qué utilidad puede tener eso para Voldemort teniendo cientos de seguidores mucho mas experimentados?- Hermione no tenía idea de por qué estaba "defendiendo" a Malfoy, pero no había podido evitarlo, las palabras simplemente salieron de su boca. Tenía la sensación de que estaba intentando convencerse a sí misma, mas que a Harry.
-Ninguno de esos Mortífagos se encuentra dentro de Hogwarts, Hermione.
En eso Harry tenía razón y aunque su mente trabajó a toda velocidad para hallar una respuesta apropiada, no la encontró. Estaba ocupada intentando que el tumulto de sensaciones en su interior encontraran un orden y un sentido lógico. Todo había sucedido tan rápido. Primero Malfoy la besaba y luego su mejor amigo decía verlo desaparecer por las noches del Mapa del Merodeador. Eso solo podía significar dos cosas: o bien Malfoy había encontrado la forma de salir de Hogwarts sin autorización, o bien entraba en la Sala de Menesteres, que no se encontraba en el mapa. Se propuso averiguarlo.
El almuerzo ocurrió en un aturdidor silencio. Cada uno estaba inmerso en sus propias cavilaciones. Hermione tenía la impresión de que Harry estaba algo ofendido con ella y Ron por llevarle la contra en algo que a él le parecía tan lógico.
Hermione había tenido cuidado de sentarse de espaldas a la mesa de Slytherin. No estaba de humor para enfrentar la mirada instigadora de Malfoy, aunque no sabía qué era más irritante, si tenerlo frente a ella enviándole miradas o sentir el calor de sus ojos clavados en su nuca durante todo el almuerzo, igual que en la clase. Debía trabajar en una forma de evadirlo, no podría concentrarse en nada con Malfoy pendiente de ella constantemente.
Apenas tocó su comida y cuando finalmente se dio por vencida, su estomago no parecía querer digerir ni una migaja de pan, se puso de pie y se encaminó a la biblioteca, deseando que Malfoy la siguiera para poder poner fin a todo el asunto de su varita.
El aroma a libros viejos y madera golpeó sus fosas nasales cuando ingresó en la estancia. Aspiró profundamente, permitiendo que el olor la relajara.
Ya en su estantería favorita y con "Historia de Hogwarts" bajo el brazo, se dispuso a sentarse a leer mientras esperaba que Malfoy apareciera. Pero al parecer, no tendría que entretenerse, porque, cuando se había volteado, un par de orbes endemoniadamente plomizos la observaban fijamente. ¡Malfoy era muy silencioso! ¡Le había dado un susto de muerte!
-¿Y bien?- preguntó Draco, quitándole el libro de las manos con agilidad, para ojearlo él mismo.
-¿Y bien qué? Devuélveme mi libro, Malfoy.
-¿Ya has considerado qué estas dispuesta a hacer para recuperar tu adorada varita? Debes sentirte muy… indefensa.- dicho esto, comenzó a acercarse a ella, cual depredador, lentamente y con los ojos fijos en los de ella, evaluándola. Parecía poder percibir el miedo en Hermione. Y parecía estar disfrutándolo. Hermione, en vez de retroceder, afirmó su palma en el pecho de Draco, deteniendo su avance.
-Te equivocas, como de costumbre, Malfoy. Jamás me siento indefensa. Ahora hazme el favor de ir al grano y decirme qué demonios quieres a cambio de mi varita y que me dejes en paz.
-Alto ahí, Granger. Dejarte en paz no es parte de nuestro acuerdo. Solo la varita.- susurró Malfoy, quien había comenzado a trazar círculos con los dedos en la parte interior de su muñeca, por lo que Hermione tuvo que quitar su mano del pecho del rubio, si es que quería concentrarse en recuperar su varita.
-Dilo de una vez, no tengo todo el día.
-De acuerdo, quiero que me digas por qué huiste luego de haberme besado tan ardorosamente. Cualquiera hubiera creído que si hubiésemos tenido una cama cerca definitivamente tendría las sabanas más que revueltas en este momento.
Hermione no pudo más que observarlo con la boca abierta, completamente pasmada. Era el ser mas descarado, deslenguado, atrevido, desvergonzado, insolente. Tenía muchos adjetivos más que describían el enigma que era Draco Malfoy, pero en ese momento necesitaba desesperadamente de todo su cerebro para poder enfrentar la situación.
-Si digo que no lo sé ¿cuenta como una respuesta válida?
Malfoy ladeó la cabeza, sopesando su contestación, sin dejar de clavarle aquella mirada que le hacía sentirse desnuda.
-Muy bien, entonces respóndeme esto: si te beso ahora… ¿huirás?
¿Cada réplica de Malfoy iba a dejarla con el corazón en la boca? ¿Cómo podía ser tan directo? ¿Y por qué se obstinaba en preguntar cosas para las cuales ella no tenía respuesta? ¿Qué sucedería si Malfoy volvía a besarla? Era una posibilidad que no había considerado. Le había parecido tan descabellado que la besara una vez que no se imaginó que podría repetirse. ¿Quería que la besara? Iba a evitarse todo el rollo de mentirse a sí misma e iba a admitir que la primera vez le había gustado, porque nunca se había sentido así. Pero si volvían a besarse, conscientemente y de mutuo acuerdo, ¿en qué se convertían? ¿En amantes? ¿Amigos "con derechos"? o, por el contrario, Malfoy simplemente la besaría una vez mas y luego ¿se olvidaría de su existencia y solo se relacionaría con ella cuando se sentía aburrido y se dirigía a la biblioteca en busca de una discusión con ella?
Eran demasiadas preguntas y dudas para las cuales no tenía respuesta ni tampoco tenía idea de dónde o cómo conseguir esas respuestas, puesto que en su cerebro indiscutiblemente no se encontraban y dudaba que existiera un libro titulado "101 Maneras de Besar a un Malfoy y Sobrevivir en el Intento".
-Granger, realmente no quiero interrumpir las, seguramente fascinantes, maquinaciones que están teniendo lugar en tu cabeza, pero me estas mirando con la boca abierta hace mas de cinco minutos y estoy comenzando a aburrirme ¿vas a responder?- Malfoy la trajo a la realidad chasqueando los dedos frente a sus ojos, sacándola de su ensimismamiento.
-No lo sé.
-¿No sabes si vas a responder o no sabes si huirás si te beso ahora?
-Ambas.
Malfoy soltó una carcajada. No era la primera vez que lo escuchaba reír, ya otras veces se había carcajeado debido a las contestaciones que ella le proporcionaba. Pero era un sonido curioso. Hermione decidió que le agradaba.
-Ni que estuviera pidiéndote matrimonio, Granger, es solo un beso.- nuevamente Malfoy parecía querer acorralarla contra la estantería y ella se debatía entre sus deseos de empujarlo y largarse de allí corriendo o atraerlo y besarlo como lo había hecho en la sección prohibida.
Cuando sintió los lomos de los libros en su espalda y vio de reojo la mano de Malfoy depositando el libro que le había robado para luego apoyarla en un estante, atrapándola, recordó por qué se encontraba allí.
-Quiero mi varita.- susurró Hermione, a centímetros del rostro de Malfoy.
-Si te devuelvo tu varita ahora, no tendré más motivos para retenerte aquí conmigo, Granger. Y créeme, no tengo ningún deseo de que vuelvas a escapar.
Hermione sintió como un escalofrío la recorría de pies a cabeza. La forma de hablar del slytherin le ponía los pelos de punta. Su voz era un sonido bajo y grave, arrullador y murmurante. La tenía completamente atrapada. No se escaparía esta vez.
Esta vez el beso no la tomó por sorpresa, lo estaba esperando. Malfoy había acomodado aquel rebelde mechón que siempre se escapaba de la coleta detrás de su oreja y había aprovechado el movimiento para acariciar toda la extensión de su cuello con un dedo.
Luego dirigió esa misma mano a su nuca y sin mas preámbulos, la besó.
Los labios de Malfoy estaban fríos, como la primera vez que la había besado. Lo mismo ocurría con el resto del cuerpo del slytherin, cuando colocó sus manos en el cuello de Malfoy, lo sintió frio, al igual que las caricias que él le propinaba.
Le gustaba el efecto que causaba la temperatura corporal de Malfoy contra la suya, era una sensación agradable y arrebatadora.
Se dejó llevar y enterró los dedos de ambas manos en el cabello rubio de su nuca, generando que Malfoy gruñera contra sus labios y uniera completamente su cuerpo al de ella.
Las manos del platino descendieron hasta su cintura, deteniéndose allí un instante para contonearla y enterrar sus dedos en la carne de ella, para luego seguir camino a sus muslos, por donde deslizó sus dedos, hacia arriba y abajo, una y otra vez, generando que Hermione dejara escapar un gemido.
El gemido de Granger había provocado que Draco quisiera hacerla suya en la biblioteca, donde cualquiera podría descubrirlos, pero se contuvo.
Se sentía muy extraño, ninguna mujer había generado en él lo que generaba Granger con un beso. Se preguntó qué podría generarle Granger con más que un beso, pero al instante se arrepintió porque pensar en eso solo aumentó el deseo que sentía por ella.
Hermione estaba respondiendo nuevamente a su beso, lo que significaba que él debía despertar algo en ella también, si fuera de otra forma él se encontraría en este momento en la enfermería luego de que una muy ofendida Granger le diera su merecido.
Dirigió ambas manos al rostro de Granger y la besó mas lentamente esta vez, disfrutando de lo que generaba en él el simple roce de los labios de la gryffindor. Supo que estaba perdido y que no descansaría hasta que Hermione Granger fuera suya. No permitiría jamás que otro disfrute de lo que él estaba disfrutando en ese momento. Jamás.
Ambos se detuvieron para tomar aire, momento que Draco aprovechó para besar el cuello de Granger y mordisquear el comienzo de su hombro, lo que provocó otro gemido de parte de la castaña. "Merlín, Granger, si vuelves a gemir así, no respondo de mí" pensó el rubio, mientras se separaba de Hermione y la observaba con una sonrisa de satisfacción.
-Debemos regresar a clases.- "por supuesto, lo primero que Hermione Granger te dice luego de que la beses apasionadamente es que deben regresar a clases, maldita sabelotodo insufrible". Malfoy le regaló un gruñido de exasperación y rebuscó en su capa mientras respondía:
-Tú regresa a clases, Granger. Yo iré a mi habitación a darme una ducha muy fría.- dicho esto, Malfoy le entrego su varita a una sonrojada Hermione.
Granger tomó su varita como si se tratara de una serpiente, con mucha cautela y, mientras la guardaba en su capa, se giraba para irse murmurando un rápido "gracias", para luego desaparecer con paso apresurado rumbo a sus clases.
Hola! Espero que les guste esta historia hasta ahora. Como se habrán dado cuenta, ocurre en séptimo año, Dumbledore sigue vivo y Draco (aparentemente) no es un mortífago. Creo que voy a continuar con la historia hasta un post-Howgarts, espero que me acompañen con sus comentarios, criticas, pensamientos, ya que es lo que alimenta mi creatividad y, por ende, la trama de esta historia.
Agradeceré sus reviews para saber si quieren continuar leyendo y enterarse de lo que sucederá entre Hermione y Draco esta vez. Los quiero!
MM
