CAPITULO 3
Hermione temía ser descubierta, puesto que no tenía ningún tipo de explicación razonable que justificara lo que estaba haciendo. Aun no había logrado siquiera excusar su comportamiento consigo misma, eso hubiera sido un comienzo. Pero en este momento no quería pensar, solo quería averiguar lo que Malfoy estaba tramando.
Había entrado a la habitación de los chicos, en su sala común, cuando todos dormían y había tomado sigilosamente del baúl de Harry el Mapa del Merodeador.
Se encontraba ahora escondida detrás de una armadura, donde podía ver el tapiz de Barnabás el Chiflado, observando como Malfoy caminaba delante de la pared vacía que se encontraba frente a la colgadura.
Cuando apareció una puerta en el muro, el rubio entró con rapidez y cerró tras el. Instantes después, la puerta que había emergido desapareció, como si nunca hubiera estado allí.
Hermione decidió esperar para ver si Malfoy salía de la Sala de Menesteres con algún objeto sospechoso o si alguien más ingresaba en ella.
Habían pasado algunos minutos, Hermione estaba comenzando a impacientarse, cuando vio aparecer la oscura figura del profesor Snape en la esquina del pasillo.
En un principio Hermione pensó que el profesor solo estaba realizando una de sus rondas, pero cuando lo vio pasar tres veces frente a la pared vacía se dio cuenta, sorprendida y alarmada, de que él también iba a ingresar en la Sala Multipropósitos.
Alrededor de veinte minutos después, ambos, Snape y Malfoy, atravesaron la puerta que había vuelto a materializarse, envueltos en lo que parecía ser una acalorada discusión, y continuaron con su disputa mientras se alejaban. No logró oír lo que decían, ya que se encontraba a una distancia considerable, no quería ser descubierta bajo ninguna circunstancia.
Una vez que los vio desaparecer, comenzó a caminar por los pasillos del séptimo piso aun perdida en sus pensamientos. ¿Qué hacía Malfoy en la Sala de Menesteres? ¿Qué hacía Snape también allí? ¿Y por qué habían salido de ella discutiendo? ¿Acaso Snape sospechaba que Draco era un mortífago y lo siguió hasta allí? De ser así ¿qué había descubierto que lo hiciera enfadar tanto? No sabía que pensar, puesto que ella no tenía muy claro a qué bando pertenecía Snape, razón por la cual podría estar enfadado por buenas razones tanto como por malas.
Hermione iba tan ensimismada en sus pensamientos y conclusiones que no se percató de la presencia de Draco hasta que éste la tomó por la muñeca, haciéndola pegar un grito del susto, y la empujó contra el muro del castillo. Hermione no tuvo que mirar a los lados para saber que se encontraba flanqueada por los brazos del rubio en la oscuridad del corredor, Malfoy siempre la acorralaba.
-¿Se puede saber qué haces fuera de tu sala común a esta hora, Granger?- Malfoy estaba susurrando en su oído con aquella voz baja y grave que provocaba en ella escalofríos y hacía que se le erizara el vello de la nuca con su aliento mentolado.
-Ehr… estaba haciendo mi ronda, Malfoy. ¿Se puede saber que haces tú merodeando por aquí?- Hermione intentó que la voz no le temblara al mentir tan descaradamente, el rubio la había pillado completamente desprevenida.
-Mientes tan mal, Granger.- el slytherin sujetó su barbilla entre los dedos, obligándola a mirarlo a los ojos.- ¿Acaso me estabas siguiendo?
-Malfoy, sé que esto va a sonar extraño, pero lamento decirte que el mundo no gira a tu alrededor.- respondió Hermione desinteresadamente, mientras pensaba: "¡¿Cómo lo supo?!" e intentaba ignorar esa corriente eléctrica que parecía recorrer su cuerpo con cualquier contacto de parte de Malfoy.
Malfoy se carcajeó. Era más que evidente que no creía ni una de las palabras que Hermione recitaba, evadiendo su inquisidora mirada gris.
-Soy consciente de que el mundo no gira a mí alrededor, Granger, así como también soy consciente de que tienes ronda los jueves y de que hoy es martes.
Hermione se quedó de piedra. Que Malfoy supiera qué días tenía ella asignadas las rondas la había dejado pasmada y algo sobrecogida. Sentía como si alguien le hubiera lanzado un Petrificus.
Definitivamente no era normal que alguien supiera esos detalles de la vida de otra persona, menos cuando esa persona es tu peor enemiga y alguien con quien solo te relacionas cuando se enfrascan en discusiones que por poco terminan en duelos de varitas (exceptuando las últimas dos veces que se vieron, en las que la contienda parecía ser entre sus lenguas).
Al parecer Hermione había estado mucho tiempo sin responder. Lo supuso cuando Malfoy soltó un bufido exasperado y, aunque ella no había hecho ningún comentario al respecto, inquirió:
-¿Sorprendida de que sepa tus horarios?
-Pues… la verdad es que sí.- Hermione no sabía por qué, pero estaba muy nerviosa. Nunca sabía qué caminos podía llegar a tomar una conversación con Malfoy.
-Bueno, no lo estés. Se muchas cosas sobre ti, Granger.
Y otra vez, no sabía qué responder. Nunca había conversado con alguien que la dejara sin palabras como lo hacía Draco Malfoy. El platino parecía tener un don, o parecía leerle la mente. ¿Sería eso posible? No le sorprendería en absoluto que Malfoy fuera todo un experto en Legeremancia.
No quería quedarse callada otra vez, por lo que, siguiendo su curiosidad, preguntó:
-¿Qué cosas sabes sobre mi, Malfoy?- al parecer, el platino esperaba esta pregunta, porque sonrió dejando entrever sus dientes perfectamente blancos. Hermione pensó que sus padres dentistas quedarían fascinados con aquella dentadura.
-Muchas cosas.
-¿Cómo por ejemplo?- ahora sí que lo miraba a los ojos. Malfoy había despertado la curiosidad en ella y era por demás sabido que nada la aplacaría hasta averiguar de qué hablaba.
-De acuerdo, Granger, si quieres jugar ese juego…- respondió Malfoy, con una sonrisa algo resignada.- Se que te gusta el pastel de cerezas; que odias la leche, solo puedes desayunar té o café solo; tu libro favorito es "Historia de Hogwarts", es como si creyeras que todas las respuestas se encuentran allí; tienes un gato muy feo al que inexplicablemente le tienes mucho afecto; no tienes idea de nada que tenga que ver con hombres; no sabes mentir, cuando lo haces miras el suelo y te muerdes el labio; también te muerdes el labio cuando algo no te convence, cuando algo te avergüenza, cuando algo te molesta y cuando te concentras; te gusta leer El Profeta de cabo a rabo todas las mañanas y detestas El Quisquilloso, aunque no lo expresas, supongo que para no herir los sentimientos de Lunática Lovegood; eres obsesivamente ordenada; detestas adivinación; detestas el Quidditch; te gusta saltar las normas, aunque eso es algo que jamás admitirás, ni a ti misma; adoras la navidad; no te gusta el frio; eres leal; tienes agallas; eres alérgica a las nueces; no sabes aceptar cumplidos; los domingos te obligas a no estudiar, aunque por la noche visitas la biblioteca; solo asistes a los partidos de Gryffindor y te la pasas sufriendo y temiendo por la seguridad de tus adorados, pero no por eso menos estúpidos, amigos. Aunque dudo que la Comadreja tenga interés en ser tu amigo, yo diría que prefiere algo más…
Si antes Malfoy la había dejado sin palabras, ahora se encontraba haciendo un gran esfuerzo para no desmayarse por la impresión. ¡¿Cómo diablos sabía él tantas cosas sobre ella?! No se había equivocado en ninguna de todas sus apreciaciones, salvo:
-Son Luna Lovegood y Ron, no Lunática y Comadreja. Mis amigos no son estúpidos ¡Y mi gato no es feo!
Malfoy soltó una carcajada y acercó su boca al oído de la castaña.
-Sabía que ibas a responder eso.- Hermione intentó ignorar el escalofrío que le provocó su aliento cerca del cuello.
-Tampoco estoy de acuerdo con que no se nada sobre hombres.
Malfoy se separó de ella, llevándose consigo su aroma a menta, café y colonia cara.
-Créeme, Granger, no tienes ni la mas mínima idea de lo que piensan los hombres de ti.- Hermione no entendía muy bien a qué se refería, ella se hacía una idea de lo que pensaban los hombres de ella: mojigata, ratón de biblioteca, mandona.- Conozco la perversa mente masculina, puesto que yo tengo una, y tu no tienes ni idea de los pensamientos que tienen lugar entre los hombres, a tu alrededor.
-Creo que estas exagerando.
-Yo jamás exagero, Granger. Y hazme el favor de dejar de morderte el labio, si no quieres que te retenga detrás de una estatua por el resto de la noche.
Hermione soltó su labio, sonrojada. No se había percatado de que estuviera mordiéndolo, en primer lugar, era un gesto inconsciente, al parecer. Malfoy la tomó por el codo y la instó a caminar por el pasillo.
-Sera mejor que te acompañe a tu sala común, no deberías deambular sola por el castillo. No quiero que vuelvas a hacerlo.
-Pues hasta donde yo se, soy libre de hacer lo que quiera, Malfoy.- la forma autoritaria en la que dijo eso había despertado en Hermione su instinto de rebeldía.
-De acuerdo, Granger. Vuelve a salir de tu sala por la noche y las consecuencias serán nefastas. Te recomendaría que no tientes a tu suerte… o a mí.- al decir esto, Malfoy había deslizado la mano desde su codo hasta su muñeca, donde ahora se encontraba trazando pequeños círculos con la yema de sus dedos, causando estragos en el sistema nervioso de Hermione. Apartó la mano rápidamente, como si el contacto del rubio la quemara. Se había prometido a si misma no volver a caer en sus trampas, por mas tentador que fuera. Primero quería averiguar qué tenía entre manos.
-No te tengo miedo, Malfoy, ya deberías saberlo.- Hermione se cruzó de brazos, por si el rubio decidía intentar tomar su muñeca nuevamente.
Al parecer, Malfoy captó la indirecta, porque guardó ambas manos en los bolsillos de su costoso pantalón de traje negro. Él siempre vestía negro.
-Si no me tienes miedo ¿por qué te estremeces cada vez que te toco, Granger?
-¡Yo no me estremezco!
-Granger, te he dicho que eres pésima mintiendo, por favor, ya deja de intentarlo, no funciona conmigo y me irrita mucho.
-No estoy mintiendo.- el corazón de Hermione latía desbocadamente, justamente por encontrarse mintiendo, y sabía que en este momento sus mejillas debían tener el color del pastel de cerezas que a ella tanto le gustaba.
-Admítelo, Granger, o me obligaras a comprobarlo, tocándote.- Malfoy miró a Hermione lascivamente, de arriba abajo, poniéndola aun más nerviosa de lo que estaba.
-¡No te atrevas!
Otra carcajada por parte del rubio.
-Creo que ya me atreví y es por eso que sé a ciencia cierta que te estremeces ante mi contacto y tiemblas como una hoja.
A Hermione nunca le había parecido tan largo el camino hasta su sala común y nunca había estado tan feliz de ver a la desdeñosa Dama Gorda que guardaba la entrada a la misma.
-Hemos llegado.- anunció Hermione, aunque intuía que Malfoy sabía que esa era la entrada, por más que se suponía que era un secreto.- adiós, Malfoy.
-Que descanses, Granger.- el rubio elevó una mano hasta el costado de su rostro y, luego de tomar un mechón de cabello castaño entre sus dedos, lo acomodó detrás de la oreja de Hermione.- las mentiras tienen patas cortas, acabas de estremecerte.
Malfoy se alejó por el pasillo, dejando a una sonrojada y atónita Hermione con la boca abierta.
La castaña contuvo un grito de frustración y, girándose para encarar a la Dama Gorda, dijo:
-Sopa de leche.
La señora la observó ceñuda, dejando claro lo que pensaba sobre el horario de llegada de Hermione y se hizo a un lado, dejándola pasar a su sala común.
Bajó los peldaños ensimismada y se dirigía a su habitación, observando el mapa del merodeador que había sacado de su bolsillo, meditando sobre si devolverlo en ese momento o al día siguiente, cuando un par de brazos la rodearon fuertemente, haciéndola gritar del susto, por segunda vez en esa noche.
-¡¿Dónde te habías metido, Hermione?!- un muy despeinado y al parecer, furioso Harry Potter zarandeaba sus hombros, exigiendo una respuesta.
-Salí a dar un paseo, Harry, no podía dormir.- recordando su conversación con Malfoy, Hermione evitó mirar el suelo y morderse el labio, y le sostuvo la mirada al niño que vivió.
-¿Y por qué llevaste contigo el Mapa del Merodeador?- inquirió el azabache, quitándoselo de las manos y elevándolo ante sus ojos.
-Para evitar encontrarme con algún profesor y tener que dar explicaciones.
-En ese caso… ¿qué hace Malfoy alejándose de nuestra sala común en el momento en el que tú entras?- inquirió Harry señalando las dos pequeñas huellas en miniatura con el nombre "Draco Malfoy" escrito debajo, que se encontraban girando al final del corredor que ocupaba la sala común de Gryffindor.
-No lo se, Harry. Yo solo lo vi pasar cuando estaba llegando aquí.- Hermione le rogó a Merlín que su intuitivo amigo le creyera, había sido una noche de sorpresas para ella. Primero Malfoy, ahora Harry. No tenía ni un solo momento de paz.
-¿No te parece que esta actuando algo extraño?- Harry la había liberado de su agarre y se había dirigido mientras hablaba hacia uno de los sillones de la sala común, frente al fuego.
-¿A qué te refieres, Harry?- Hermione lo imitó, sentándose a su lado, sonriendo porque se había percatado de que su amigo llevaba el pijama rojo y dorado que ella le había regalado la Navidad pasada.
-A sus constantes desapariciones nocturnas. Estoy seguro de que es un mortífago, desde el año pasado.- Hermione alzó las cejas, intrigada.
-¿Desde el año pasado?
-¿Recuerdas la fiesta de Slughorn?- Hermione asintió. ¿Cómo olvidarla? Ella intentando huir de Cormac y un muy furioso Malfoy apareciendo de la nada para molerlo a golpes. Nunca supo la razón de aquel enfrentamiento.
-Tú te habías ido porque intentabas esconderte de Cormac, por lo cual no presenciaste lo sucedido, pero Filch llegó al despacho de Slughorn arrastrando consigo a Malfoy de la oreja, gritando que lo había encontrado merodeando por los pasillos y que Malfoy decía estar invitado a la fiesta.
-¿Lo estaba?
-No, aun así, el profesor Slughorn lo invitó a quedarse. Malfoy se lo agradeció, pero Snape dijo que debía hablar con Draco a solas y se lo llevó de allí. Los seguí.- Harry sacó su varita para avivar el fuego, malinterpretando el estremecimiento que recorrió el cuerpo de Hermione al imaginarse el tipo de escena que podría haber visto Harry entre Draco y Snape.
-¿Los seguiste?
-Si, habían ingresado a un aula vacía. Snape le ofrecía ayuda, no se para qué. Y Malfoy decía que no había nada para lo que él necesitara su apoyo. Snape respondió que debía aprender a mentir, que esa era la forma en la que él había sobrevivido todos estos años. Draco replicó que no tenía nada que ocultar, que se guarde sus consejos sobre engaños en… bueno, ya sabes. Luego de eso se fue, muy enfadado, y Snape regresó a la fiesta. Nunca supe qué estaba haciendo Malfoy merodeando por allí, era evidente que no le interesaba lo mas mínimo asistir a la celebración navideña de Slughorn.
-Yo sí sé qué estaba haciendo Malfoy.- si le hablaba a Harry acerca del enfrentamiento, probablemente él dejaría de sospechar sobre Draco, aunque con lo que Hermione había visto hoy, ella continuaría sospechando. Pero al menos Harry se mantendría alejado del asunto. Quería averiguarlo sola.
-¿Tu lo sabes? ¿Qué estaba haciendo?- Harry la miraba ansioso, esperando una respuesta.
-Yo me encontraba con Cormac… bajo el muérdago, ya sabes, él intentaba besarme y yo intentaba quitármelo cortésmente de encima. En ese momento apareció Malfoy, no se de donde salió, lo tomó por el cuello de la camisa y lo molió a golpes.- Hermione se encogió de hombros.- probablemente tenían asuntos pendientes y Malfoy decidió saldar cuentas esa noche.
-¿Por qué no me habías contado eso?- inquirió Harry, decepcionado.
La castaña volvió a encogerse de hombros.
-No lo se, no le di importancia. Era otra de las estupideces de Malfoy y en ese momento agradecí que dejara a Cormac "fuera de combate".
-¿Aunque sea lo acusaste con algún profesor?- Hermione negó con la cabeza, avergonzada.- ¿Por qué no?
-Lo tomé como una forma de quedar a mano con él. Cormac estaba realmente insistente, no se cómo hubiera logrado escapar si no fuera por la oportuna aparición de Malfoy.
-No es un comportamiento muy propio de ti.- Harry no parecía estar juzgándola, mas bien parecía decepcionado por lo que había averiguado de Malfoy, era como si él esperara algo mas.
-Lo sé.
Draco ingresó al Gran Comedor y, como era su costumbre, buscó con la mirada a cierta persona en la mesa de Gryffindor. Por supuesto, Granger estaba de espaldas a la mesa de Slytherin, parecía ser su lugar favorito esa última semana.
Era muy evidente que la castaña hacía todo lo posible por evitarlo, lo que no entendía Malfoy era el por qué.
¿Se debía a las dos veces que la había besado? ¡Pero si ella le había correspondido! No podía ser tan hipócrita.
En la última semana Malfoy había ido a la biblioteca más veces que en toda su vida y ninguna de todas esas veces había encontrado a Granger estudiando allí o al menos leyendo "por placer".
El hecho de que la gryffindor sea capaz de sacrificar sus horas de estudio en la biblioteca para evitarlo lo ponía de los nervios. Debía ser realmente indeseable para ella. Creía que había avanzado con Granger, pero evidentemente estaba dejando escapar algo, porque la castaña no era siquiera capaz de dirigirle una fugaz mirada.
Si lo que sucedía era que estaba enfadada por algo, no era normal en ella que lo ignorara, lo normal sería encararlo completamente fuera de sí y gritarle unas cuantas cosas, tal vez amenazarlo con la varita o con los puños. Pero esta ignorancia, esta frialdad, era algo que jamás había sucedido entre ellos. Nunca habían sido indiferentes el uno con el otro, y esa era la razón por la cual Malfoy sentía que le faltaba algo importante, como un brazo, desde hace una semana.
Ya se había hartado de esperar a que a Granger se le pasara lo que sea que le sucedía y estaba elaborando un plan para poder abordarla sin que ella tuviera escapatoria, parecía ser la única forma de tratar con Granger.
Malfoy se había levantado esa mañana con mas entusiasmo de lo normal, ya que sabía que era el día en que anunciarían los nombrados Premios Anuales de ese año y que la Sala Común que compartirían ambos ya estaba lista y con todas las pertenencias correspondientes acomodadas en su lugar. Su regocijo interior casi podía palparse. Y esa era la razón por la cual, cuando Dumbledore interrumpió el desayuno, a Malfoy se le dibujo una media sonrisa de satisfacción en el rostro.
-Bien, como todos los presentes sabemos, cada año se designan dos alumnos, un chico y una chica, para que tengan el honor de llevar la insignia de Premios Anuales.- el director hizo una pausa para observar a todos los alumnos que se encontraban desayunando.- El cargo de Premio Anual corresponde a los dos alumnos con mejores calificaciones de todo Hogwarts y es una congratulación por el esfuerzo, responsabilidad e inteligencia de ambos.- carraspeó para aclararse la garganta y, a continuación, anunció:- Los Premios Anuales de este año son: ¡Hermione Granger, de Gryffindor!- una horda de aplausos se expandió por todo el Gran Salón.- ¡Y Draco Malfoy, de Slytherin!- hubo aplausos, pero no tantos como cuando nombraron a Granger.-Sus respectivas pertenencias ya se encuentran debidamente acomodadas en sus nuevas habitaciones, en la Sala Común de Premios Anuales. La profesora McGonagall les hará saber la contraseña para entrar, cuando se reúnan con ella después de cenar.- Varias personas le dieron palmadas en la espalda y lo felicitaron, pero él solo tenía ojos para una cosa.
El pobretón había abrazado a Granger, al encontrarse sentado al lado de ella, y aun no quitaba aquel mugroso y despreciable brazo de sus hombros, aunque ya todos habían felicitado a la castaña y el momento había pasado.
Sin poder soportar la escenita por mas tiempo, Draco se levantó bruscamente de su asiento, seguido de cerca por Pansy, quien, al parecer, había captado la molestia del rubio y probablemente lo interrogaría al respecto en cuanto estuvieran solos.
La ignoró rotundamente en todo el camino a la biblioteca. A pesar de que sabía que Granger no se encontraba ni se encontraría allí, le reconfortaba el lugar, le recordaba a ella.
Malfoy se abofeteó mentalmente por aquel estúpido pensamiento de niño enamorado. Admitía que deseaba a Granger más de lo que nunca había deseado a otra mujer, pero ir a aquel polvoriento lugar que apestaba a libro muerto solo porque le recordaba a ella rayaba en la idiotez.
Se dirigió a la sección de Historia de la Magia, y tomó un libro cualquiera, dejando escapar un gruñido de frustración al darse cuenta de que se encontraba en el "Sector Granger" de la biblioteca, era su favorito.
Tomó asiento y fingió leer mientras Pansy, sentada a su lado, lo escrutaba con una ceja alzada y los brazos cruzados sobre su pecho, moviendo su pie insistentemente de un lado al otro, irritando a Malfoy.
-¿Se te ofrece algo, Parkinson?- inquirió Draco, sin quitar la vista del libro que tenía entre sus manos.
-La verdad es que si, Malfoy. Me agradaría saber qué esta sucediendo con Granger.- el rubio sentía la mirada de su amiga observando cualquier movimiento o señal de su parte. Se mantuvo impasible.
-¿A que te refieres?
-Me refiero a que en cuanto el Pobretón le puso una mano encima te pusiste en pie como si tuvieras un jodido resorte en el trasero y te marchaste.- Parkinson, hartándose de que Draco la ignorara, intentó arrebatarle el libro de las manos, pero el slytherin tenía muchos reflejos, por lo que logró esquivar el ataque.
-Ya sabes que me molestan las demostraciones excedidas de afecto.- Draco se encogió de hombros y fingió continuar con su lectura.
-Podemos hacer esto de la manera fácil, o de la difícil, Malfoy. La fácil es que vayas al grano y respondas lo que te estoy preguntando y la difícil es que sigas intentando evadirme y yo seguiré preguntando hasta que desistas. Tú decides.
Draco sabía que Pansy no estaba mintiendo. Se quedaría plantada allí a su lado hasta que él le respondiera. Dejó de lado el libro y la miró a los ojos.
-¿Qué quieres saber?
-¿Te gusta?
-No voy a negar que es bonita, tiene lo suyo.- contestó Draco, aparentemente desinteresado.
-¿Tienes relación con ella?- Draco comenzaba a sentirse atrapado, entre Pansy y la pared. Su amiga parecía un tigre agazapado a punto de atacar.
-Define "relación".
-¿Hablas con ella?
-Si.
-¿Pacíficamente?
-A veces.
-¿Se han besado?
Draco realmente no deseaba que Parkinson tuviera esa información, aun no sabía si Granger prefería que esos besos queden en el olvido, no sabía si quería volver a repetirlos, no sabía siquiera si quería dirigirle la palabra. Todo indicaba que no.
-Eres muy molesta, Parkinson, métete en tus asuntos y déjame en paz. No estoy de humor.
Lo bueno de Pansy era que sabía cuándo había llegado al límite de la paciencia de Draco y debía dejar de insistir, por lo que la pelinegra suspiró, algo decepcionada y se apoyó en su hombro, sin hacer mas comentarios, mientras Draco comenzaba a leer, esta vez de verdad, el libro que había tomado para entretenerse hasta que llegara el momento de "la cacería de Granger".
Hermione subía a toda velocidad una de las escaleras cambiantes, que la llevaría al corredor en el que se encontraba el despacho de McGonagall.
Se había retrasado porque, sabiendo que Malfoy se encontraría donde McGonagall, había pasado por la biblioteca a recoger unos libros que creía que iba a necesitar. Intentó llevarse la mayor cantidad posible, puesto que no sabía cuando iba a poder regresar allí, mientras siguiera evitando a Draco.
Cuando llegó a su destino, Malfoy ya se encontraba allí. Lo saludo con una casi imperceptible inclinación de cabeza y tomó asiento en el pequeño sillón que quedaba libre, frente al escritorio de la profesora.
McGonagall les dijo que tendrían muchas obligaciones como Premios Anuales en las que trabajar juntos y que, como Dumbledore había decidido aumentar la seguridad del castillo, ambos debían duplicar sus rondas de vigilancia. Les informó la ubicación de la Sala Común de Premios Anuales: en la torre este del castillo, detrás del cuadro en el que habitaba un cerdo alado al que le faltaba un ala y parecía bastante deprimido y algo ensangrentado.
Cuando llegaron allí luego de una caminata en un total y absoluto silencio, el cerdo levantó la vista del suelo y los miró, esperando escuchar la palabra clave.
-Baratija.- dijo Hermione, y el cuadro se hizo a un lado, dejándolos pasar.
La castaña ingresó primero, ya que Malfoy le cedió cortésmente el paso y se detuvo a observar la sala, maravillada.
En el ala izquierda había una enorme chimenea en la que crepitaba un fuego, rodeada de un sillón de tres cuerpos de cuero color marrón y dos sillones a juego, de un cuerpo, los tres rodeando una pequeña mesa ratona de roble.
Las paredes en toda la sala eran de ladrillo a la vista y había varias pinturas, entre ellas retratos de Salazar Slytherin y Godric Gryffindor.
El ala derecha estaba ocupada por sendos escritorios, de roble, al igual que la mesilla del pequeño living. La pared del lado este de aquella estancia estaba completamente ocupada por estanterías llenas de libros que hicieron brillar los ojos de Hermione.
En el centro de la habitación había una enorme alfombra con el escudo de Hogwarts bordado en ella.
Al final de la sala, frente a la puerta de entrada, había una escalera de mármol que se bifurcaba hacia izquierda y derecha, donde seguramente se encontraban las habitaciones y una puerta en el medio que sería el baño compartido.
-Supongo que te será un poco mas difícil evitarme ahora que convivimos juntos ¿verdad, Granger?- Hermione se giró y observó a Malfoy. Estaba aun en el umbral de la puerta, no había bajado los dos escalones que nivelaban la entrada con el resto de la estancia.
La miraba inexpresivo, como si estuviera hablando del clima con un conocido. Estaba vestido completamente de negro, lo cual acentuaba su palidez y sus ojos plomizos.
-Para serte sincera, Malfoy, sí, será un poco más difícil. Hay ciertas cosas de ti que no me cierran y prefiero mantener las distancias hasta que sepa que eres de fiar.
"Así que de eso se trata, desconfianza y miedo". No le sorprendía, pero tampoco le agradaba en absoluto. No quería que Granger desconfiara de él o le temiera.
Él tenía un lado oscuro, no lo iba a negar, pero no veía como eso podía afectarle a ella. Tampoco se le ocurría ninguna forma de demostrarle que podía confiar en él.
-¿Y cuándo descubrirás si soy de fiar o no?- inquirió el slytherin, descendiendo finalmente los peldaños, acercándose a ella.
-No lo sé.- respondió Hermione, encogiéndose de hombros.
-¿Hay algo que pueda yo hacer para… acelerar el proceso?- ahora Malfoy ya solo se encontraba a centímetros de la gryffindor, aunque aun no invadía su espacio personal, estaba conteniéndose.
-Puedes responderme algunas preguntas.- Hermione se dirigió al sillón más grande y tomó asiento en una de las puntas, luego le señaló a Malfoy el lugar a su lado, para que se sentara él también.
-De acuerdo.- el platino se ubicó innecesariamente cerca de Hermione y la observó, esperando a que ella comenzara con el interrogatorio.
-¿Por qué golpeaste a Cormac en la fiesta navideña del profesor Slughorn?
-Porque estaba intentando besarte.- Malfoy continuó observándola impasible, como si nada. Hermione decidió seguirle el juego.
-¿Y eso a ti en qué te afectaba?
Un encogimiento de hombros por parte del rubio.
-Me molestaba y decidí impedirlo, nada más. Tú no parecías muy dispuesta a besarlo, de modo que te hice un favor, Granger. Me debes una.
Hermione sonrío. Estaba de acuerdo con Malfoy. Ella no quería besarlo, así que, técnicamente, sí, le debía una.
-¿Qué estabas haciendo la semana pasada en la Sala Multipropósitos?
Esta vez Malfoy entrecerró los ojos. Hermione supuso que estaba decidiendo si decirle la verdad o mentirle. El rubio suspiró resignadamente y dijo:
-Eso es algo que no te puedo decir, pero que no debería preocuparte. Cuando llegue el momento podrás saberlo, no ahora. No depende de mí.
No se esperaba esa respuesta. Aunque tampoco estaba segura de qué tipo de respuesta estaba esperando. "Allí es donde Snape y yo tenemos nuestro club de lectura secreto" no hubiera sido una respuesta muy creíble y "Es donde planeo junto a Snape la forma de derrotar a Dumbledore para que nuestro amo pueda atrapar a Harry" hubiera hecho que Hermione saliera corriendo de allí. Pero si Malfoy decía que mas adelante podría saberlo lo aceptaba, le concedería el beneficio de la duda.
-¿Depende de Snape?
-No.
-¿Entonces de quién?
-No puedo decírtelo, lo lamento.
Era extraño. Malfoy parecía lamentarlo en serio. Y mas extraño aun era que había sido la primera vez que escuchaba aquellas dos palabras de la boca del rubio. Era muy, muy extraño.
-¿Por qué me besaste?
Malfoy alzó las cejas, sorprendido de que Hermione llevara la conversación hacia ese tema ella sola. Se imaginaba que la castaña jamás querría hablar de eso. Estaba roja como un tomate, eso lo hizo sonreír, Granger era tan inocente.
-Porque deseaba hacerlo, Granger. No intentes convencerte de que estaba hechizado o borracho, si quieres puedo volver a besarte en este momento, para demostrártelo.
-Eres demasiado directo, Malfoy. Y no quiero que me beses, gracias por el ofrecimiento.
-No hay de que, Granger. Cuando gustes.- Malfoy le regalo una media sonrisa.- Me parecería justo que yo pueda interrogarte a ti, no soy el único que no es de fiar aquí.
-¡Yo sí soy de fiar! Tú lo sabes, Malfoy.
-Eres de fiar, Granger. Pero me haces dudar de mi mismo y eso es algo que nunca nadie había logrado hacer, por eso desconfío de ti.
Hermione se había quedado observando a Malfoy luego de aquel comentario. Draco no tenía ningún reparo en decir exactamente lo que pensaba, sin filtros ni barreras. Le agradaba eso de él. Ella nunca sería capaz de decir lo que pensaba tan abiertamente. Sintió un poco de envidia, se podía decir que ella tenía agallas, pero Malfoy tenía otro tipo de agallas, un tipo del que ella carecía.
-De acuerdo, puedes interrogarme.- Hermione inspiró hondo, probablemente lo que el slytherin le preguntara no sería algo que ella estuviera deseosa de responder.
-¿Qué le ves al Pobretón?
-¡Malfoy! ¿Cuántas veces tengo que decirte que no lo llames así?- inquirió Hermione, enfadada.
-La pregunta es: ¿Cuántas veces tengo que llamarlo así para que entiendas que jamás lo llamaré por su nombre? Y creo que deberíamos establecer una regla que impida responder preguntas con otras preguntas.- señaló Malfoy, haciéndole notar que ella no había contestado aun.
-No se a qué te refieres. Ron es mi amigo.
-Granger, sabes perfectamente a qué me refiero. A la Comadreja le gustas.
-¡Eso no es verdad! Solo somos amigos, Malfoy.
-Es evidente que no tiene ningún sentido discutir este tema contigo. Seguirás firme en tu ignorante postura hasta la eternidad.
-Mi postura no es ignorante, la tuya lo es.- Hermione se puso de pie, enfadada, decidida a irse a su habitación a dormir, ya había tenido suficiente de Malfoy por un día.
Comenzó a caminar hacia la escalera a toda velocidad, farfullando para sí ciertos insultos dirigidos a aquel petulante e insufrible rubio, pero se vio interrumpida por la mano de Malfoy, atrapando su muñeca. Era extremadamente veloz y silencioso, no lo había sentido venir.
Se giró para encararlo, abriendo la boca para gritarle que la soltara y la dejara en paz, pero los labios del rubio atraparon los suyos, haciendo que el grito de Hermione se perdiera entre sus bocas.
Malfoy tomó su rostro brutalmente entre ambas manos y, con su cuerpo, la empujó hasta que la espalda de Hermione dio con la pared junto a la escalera.
La boca de Hermione estaba siendo devorada por Malfoy, que la besaba con desesperación.
Hermione decidió que se dejaría llevar, como había hecho las anteriores veces que el rubio la había besado y dirigió sus manos al fibroso cuello del slytherin, deleitándose en la frialdad de su cuerpo, que le generaba escalofríos.
Malfoy descendió sus manos lentamente por la espalda de Hermione, aminorando la velocidad del beso, trazando círculos sobre la tela de la camisa. Cuando llegó al borde de la prenda, que se perdía dentro de la pollera de Hermione, llevó sus labios al cuello de la leona y comenzó a besar cada centímetro de piel que encontraba a su paso, mientras liberaba la camisa, para que le permitiera meter sus manos debajo y sentir la ardiente piel de la espalda baja de Granger.
Hermione dejó escapar un gemido, al tiempo que enterraba sus dedos con vehemencia en el cabello rubio de Malfoy. La caricia del slytherin contra su piel estaba haciendo que perdiera el orden de sus pensamientos y solo pudiera concentrarse en desear que nunca se detuviera y en sentir aquellas frías manos en otros lugares de su cuerpo.
Cuando oyó el gemido de Hermione, Malfoy pegó aun más su cuerpo al de ella y dejó que sus manos subieran por la espalda de la gryffindor y luego descendieran por sus costados, deteniéndolas en la pequeña cintura femenina. Deseaba tomarla en brazos, llevarla a su habitación y encerrarse allí toda la noche haciéndole cosas innombrables. Pero debía contenerse, Hermione no era como cualquiera de las otras mujeres con las que había compartido alcoba, era diferente, era especial y sabía que intentar algo más que besarla era imposible, por el momento, si no quería arruinar sus avances.
Descendió sus manos por los muslos de Hermione, y cuando sus dedos dejaron de sentir la tela de la pollera, comenzó a acariciar la tersa y cálida piel de aquellas piernas que le quitaban el sueño, haciendo que la castaña se retorciera contra él y comenzara a besarle el cuello, provocando un gruñido gutural de parte de Malfoy, y que éste comenzara a subir sus manos hacia la piel que se encontraba debajo de la pollera, que era más tersa y cálida aun, si eso era posible.
Hermione llevó sus manos temblorosas al nudo de la corbata del slytherin y lo desató, tomándose su tiempo, debido a los nervios. Luego abrió los primeros dos botones de la camisa. Podía sentir la expectación de Malfoy, mientras introducía sus manos debajo de la tela para sentir la piel de los musculosos hombros del rubio, quien había vuelto a besarla ardorosamente al sentir los dedos de Hermione descender por su espalda, delineando sus músculos con lentitud.
Malfoy comenzó a trazar círculos sobre la piel desnuda del vientre de Hermione, generando otro gemido por parte de la gryffindor, que eran como avadas contra su autocontrol.
Hermione separó sus labios de los de él y le dijo con voz ronca:
-Debo ir a la cama, Malfoy, es tarde.
-Mañana es sábado, Granger, pero puedo ir contigo si quieres.
Hermione se sonrojó y dejó que una sonrisa adornara sus labios mientras Draco besaba nuevamente su cuello y volvía a colocar la camisa en su lugar, dentro de la pollera.
-Prefiero ir sola, gracias.
-Tú te lo pierdes.- respondió el rubio, dejándole espacio para que ella pudiera irse.
-Buenas noches, Malfoy.
-Buenas noches, Granger.- el slytherin depositó un corto y casto beso sobre los labios de Hermione y volvió a apartarse, mientras acomodaba su corbata, generando otro sonrojo por parte de la castaña, al saberse culpable del desorden en el uniforme del rubio.
Se encaminó a su alcoba a toda velocidad, huyendo de las sensaciones que le generaba la cercanía de Malfoy. Necesitaba pensar con claridad, pero cuando se encontraba junto a él no podía, se le hacía imposible concentrarse en otra cosa. Era como si él tuviera un hechizo sobre ella.
Malfoy observó a Granger subir hasta su habitación, deseando poder seguirla y terminar lo que habían empezado. Pero sabía que eso sería demasiado.
Se encaminó al baño, decidido a darse una ducha muy fría si es que quería conciliar el sueño aquella noche. Debía descansar porque tenía entrenamiento temprano a la mañana siguiente. Se sorprendió a si mismo pensando que le agradaría que Granger fuera a verlo entrenar, como hacían ciertas chicas que parecían una especie de club de fans, presentes en cada partido y entrenamiento. Pero se le hizo imposible imaginarse a Hermione dando pegando saltitos de emoción y gritando su nombre desde las gradas. Es mas, Hermione nunca lo había llamado por su nombre, aunque su apellido en los labios de la gryffindor sonaba muy…excitante.
Sacudió la cabeza, eliminando la imagen que se había formado allí, Granger debajo de él en una cama gimiendo su apellido, y se metió debajo del agua helada, que se encargaría de volver su mente a la realidad, una realidad en la que Hermione incendiaría sus calzoncillos si él intentaba llevársela a la cama.
Hola! Espero que les guste como va quedando la historia! Quiero agradecer de todo corazon sus reviews, alimentan mi alma!
adrmil: me alegro de que te guste la historia! muchas gracias!
Yoceliine: gracias por tu review! espero que la historia te siga fascinando.
Christabell Murp: tu review hizo que me riera en voz alta cuando lo lei, fue muy gracioso, aqui esta la continuacion y espero que sea de tu agrado y que disfrutes de esta historia tanto como yo.
kari dark heaven: gracias por tu review y gracias por estar pendiente!
kamari24: esto es suficientemente pronto? gracias por tu review.
Leah: valoro todas las reviews, inclusive las cortas! espero que te agrade este capitulo.
JG: muchas gracias!
UnaQueLee: tienes razon, yo llevo años enamorada de Draco, espero que te guste el nuevo capitulo, saludos!
Tambien quiero agradecer a aquellas personas que marcaron mi historia como favorita y la estan siguiendo y tambien a los que me marcaron a mi como autora, me alegraron mucho y me dieron la inspiracion que necesitaba!
Nos vemos en el proximo capitulo y espero que este los entretenga! Los quiero!
MM
