Capítulo 2
EXPECTATIVA
Ron ingresaba a la sala de interrogatorios con el prisionero agarrado de la solapa del saco y lo arrojó sobre la silla haciéndose mecer en ella.
- Te conviene hablar declaraba Harry detrás del pelirrojo él perderá la paciencia en cualquier momento.
- ¿Harán la parodia del bueno y del malo? Dijo el mortifago y el morocho lanzó un crucio corto pero poderoso.
- Te equivocas, los dos somos malos, pero él es peor Declaraba Harry señalando a Ron.
El oscuro mago miró al chico, recuperándose del dolor provocado por la maldición, e intentó leer algo en los azules ojos, pero estaban inexpresivos, helados, sin vida, bajó la mirada y dijo
- Qué necesitan saber.
Ya en la oficina Ron completaba el informe.
- ¡Muy buena la pista de hoy!
- Si Harry, pero todavía hay que verificar que sea cierta.
- ¿Y el positivismo Weasley? Le decía el morocho cruzándose de brazos, pero él sabía muy bien cuando ese positivismo se había ido, esperaba que pronto, el anterior carácter de su amigo regresara, no era que no le agradaba la seguridad, casi mecánica, con la actuaba Ron, todo lo contrario, pero extrañaba a el Ron que se reía, que se burlaba y que cometía torpes errores, muchas veces para darle seguridad. Ahora estaba más que tranquilo, tenía a una máquina como compañero, pero le dolía en el alma verlo sin vida y también sabía que Hermione estaba igual; mejor acompañada, pero igual.
- ¿No tenías cosas que hacer? Le preguntaba su amigo sentado en el escritorio.
- ¡Si! ¿En realidad no tienes problemas en completar el reporte tu solo?
- Ve Harry, te lo he dicho tres veces, además si no estás para la prueba del traje de novio mi hermana me matará. Harry sonrió, pensando que era un chiste, pero ninguna sonrisa salía de los labios de Ron.
- Gracias Dijo simplemente meneando la cabeza y se marchó.
Ron completó el reporte, ya sólo le quedaba revisarlo para entregarlo a los archivos.
El pelirrojo observó la oficina, se aseguró de haberse quedado solo y luego de comprobarlo abrió el tercer cajón de su escritorio, allí tenía guardada la foto de ella.
Por primera vez sus ojos reflejaron calor y vida para luego cerrar el cajón de un golpe y volver a su gélida actitud.
Hermione regresaría en dos días, sus latidos se aceleraron recordando cuando ella se marchó.
Le había dejado una nota con el horario de partida del vuelo de avión, se iba a ir por un tiempo al extranjero y él no quería, pero tampoco sabía como hacer para detenerla; meneaba la cabeza, como le hubiese gustado tener la experiencia y seguridad ahora, hacía un año y medio atrás, pero no, era inmaduro, inseguro y un tremendo estúpido.
Ya no era ni inmaduro, ni inseguro, aunque, según Ginny continuaba siendo un estúpido por no ir a buscarla.
Pero él había ido a detenerla, sólo Harry lo sabía, sólo Harry conocía la verdad, nadie más.
Él había ido a impedir que se fuera, pero llegó tarde y se quedó con la mano sobre el frio vidrio, viendo como el avión partía y con una declaración inconclusa.
Pero Ginny tenía razón, él pudo ir tras ella. Aunque no era del todo fácil, ya que en ese entonces no podía dejar a George y demás cosas que pesaban en su mente. Pero también se le cruzaba por la mente el por qué ella se había ido, si tanto lo quería, por qué huyó en lugar de enfrentarlo.
Sabía que gran parte de la culpa la tenía él por no haber dicho nada en tantos meses antes que ella se fuera y luego fue tarde; al principio pensó que sólo eran tres meses, que les haría bien, para saber que realmente se amaban y no podían vivir uno sin el otro.
Pero los tres meses, se hicieron seis, luego un año y él con sus deberes en la tienda y su curso de auror y luego el silencio y luego Daniel; la tristeza se convirtió en furia.
Tantas interrogantes, tanto silencio y se decidió a intentar olvidarla, cosa que fue imposible.
Y en el proceso se ganó algunas buenas amigas pero también algunas enemigas.
Las mujeres eran ahora tan predecibles, pero cuando comenzó a descubrirlas eran una caja de sorpresas, y cometió muchos errores, pero nunca mintió, nunca les prometió nada a ninguna y pronto aprendió a manejar las situaciones íntimas con propiedad e integridad.
Había cometido bastantes equivocaciones, pero ahora era el momento de poner las cartas sobre la mesa o tal vez lo mejor sería no hacer nada, esa duda era la que más le carcomía.
- Hola Ron Levantó la vista.
- Hola Celia Saludó a la rubia frente a él.
- ¿Tienes planes? Era una especie de frase clave entre ellos, lisa y llanamente significaba ¿pasamos la noche juntos?
Ron sonrió, sólo él desconocía el efecto de esa sonrisa en las mujeres, era extremadamente sensual y ella creyó que esa noche tendría suerte.
- Tengo planes Lo cual significaba no, no pasaremos la noche juntos.
- Es una pena Se lamentaba ella acercándose al escritorio.
- ¿Tú eres mi amiga, no? Le preguntó Ron, ella asintió, era verdad, debía reconocer que Ron era un excelente amante pero aún mejor persona y amigo y bastó mirarlo para darse cuenta lo que pasaba por la mente.
- ¿Cuándo llega?
- Pasado mañana. No hacía falta nombres
- ¿Cómo te sientes? Ron intentó definir en una sola palabra lo que sentía pero al no poder definirse simplemente acotó
- Expectante
- ¿Qué esperas encontrar?
- Definiciones.
- ¿Y si no las encuentras?
- Significa que deberé replantear mi vida Celia se alzó de hombros; la llegada de Hermione Granger significaba una sola cosa para ella, que Ron ya no iba a estar más disponible y debía seguir el juego con otros de sus conocidos, pero le alegraría saber que él encontró la felicidad, se lo merecía.
Ella valoraba mucho su amistad, además siempre fue honesto al igual que ella, ninguno buscaba compromisos; ella ya había experimentado el matrimonio.
Se había casado con un mago de sangre pura, tal cual ella, que resultó ser un maldito mortífago, y al notar que ella no era seguidora de Voldemort intentó matarla; por suerte fue más ágil y ella terminó dándole muerte. Después de esa experiencia no quería saber nada con el compromiso o matrimonio.
- Que tengas suerte. Te voy a extrañar.
- Seguiremos siendo amigos Confirmó Ron.
- No será lo mismo Sonrió Celia pícaramente.
- Tal vez te equivoques y ella
- Te conozco, no descansarás hasta que te diga que sí, y si ella llegara a tardar más de veinte minutos en aceptarte solo demuestra una cosa.
- ¿Qué no me ama? Celia rió.
- No, mi querido. Que es una estúpida engreída y no te merece. Adiós Ron Y se marchó dejando al pelirrojo pensativo.
En dos días estarían frente a frente, por su mente pasaban las palabras precisas que debía decirle y lo que debía hacer. Aunque no sabía si esa seguridad que lo caracterizaba con otras mujeres se iba a presentar junto a ella.
Hermione lo inhibía, lo hacía sentir inseguro, lo hacía parecerse un niño. Nunca podía adelantarse a lo que por su mente pasaba, ella era inteligente y madura.
¿Por qué sentirse menos? ¡No! Él era igual que ella, habían pasado por los mismos peligros y pruebas y los habían superado.
Al salir a la calle, el frío goleó en su rostro haciéndolo caer a la realidad.
La única forma de sentirse completo y seguro era al lado de ella y Celia tenía razón, esta vez no iba a permitir que se escapara.
