Capítulo 3
DECISIONES
El día de la boda llegó, él parecía sereno y calmo, pero la procesión iba por dentro además, al lado de Harry cualquiera parecería tranquilo.
Su amigo iba y venía como un león enjaulado e intentó relajarlo.
- Han practicado la ceremonia más de diez veces. ¿Puedes estar tranquilo?
- Pero hoy es hoy Decía Harry Hoy es el día.
- Cálmate, todo va a salir perfecto.
Ambos se acercaron al altar y entonces él pudo observar por primera vez a Hermione, ya que no hubo oportunidad antes de hacerlo.
El vestido de madrina era impactante, se ajustaba perfectamente a su cuerpo, y ese tono aguamarina le resaltaba su bronceado, de repente él comenzó a temblar.
Harry lo tomó del brazo, sacándolo de su expectación y le dijo
- Allí está tu hermana ¿No es hermosa?
- Si amigo le sonrió viendo como su pequeña hermana entraba tomada del brazo de su padre.
La ceremonia fue hermosa y emotiva, ya estaban todos en la recepción y él intentaba infructuosamente verla sentado en su mesa; varias compañeras del Ministerio lo invitaron a bailar, pero él se negó amablemente, cuando se disponía a levantarse para buscarla alguien tocó su hombro, viró el rostro y la vio, sonriente, junto a él.
- ¿bailas? Le preguntó y sin contestar se puso de pie y juntos fueron a la pista de baile.
Todo lo que tenía planeado, había desparecido, tal cual lo predijo.
- ¿Todo bien? preguntó
- Si. ¿Y tú?
- Bien Contestó pero eso no marchaba, parecían dos extraños saludándose. ¡Por Merlín! ¡Estaba frente a la mujer de su vida!
- ¡Mi amor! Entonces gritó ella soltándose de sus brazos y dirigiéndose a un muchacho de penetrantes ojos negros y rasgos latinos - ¡Pudiste llegar! Se acercaron y besaron, luego de la mano de ese extraño se dirigió a él y los presentó.
- Ron, él es Daniel, mi esposo.
Ron se despertó, estaba traspirado y aún la última palabra le rondaba por su mente.
- "Mi esposo, mi esposo"
¡No! Hermione jamás haría algo así, ni a él, ni a sus padres, ni a nadie.
Fue al baño, se enjuagó la cara, era la peor pesadilla que había tenido en mucho tiempo, luego de superar las posteriores a la guerra.
Regresó a su dormitorio y observó la hora, las cuatro y media; ya no tenía sentido dormir; fue a la cocina, se preparó un café y se acercó al ventanal. Fuera todo era oscuridad, cortada tímidamente con las luces de las calles que apenas iluminaban.
Mañana era el día y él ya se había decidido.
Se negaba a seguir solo, ella era la mujer de su vida y él era total y exclusivo de ella, ya que ninguna otra había llegado a su corazón, que le pertenecía a Hermione únicamente.
Comenzó a planear cuidadosamente todos los pasos a seguir, debía ir con cuidado, ella no era una mujer cualquiera, era especial.
Pero tampoco era cuestión de esperar demasiado, debía sacarse las dudas pronto, de lo contrario enloquecería.
Le plantearía la situación de a poco y le declararía sus sentimientos y esperaría que ella lo correspondiese.
Aunque no era cuestión de rogar, él tenía también su orgullo y no se iba a dejar amedrentar.
Dejó la taza de café apoyada sobre una mesa y se tomó la cabeza con ambas manos.
¿Cómo actuar?
Directo y avasallante.
Cuidadoso y delicado.
Cerró los ojos y recordó el último día que estuvo con ella.
- ¿Cómo que te irás? Le había dicho.
- Es una tarea que me encomendó el ministro.
- Pudiste haberte negado.
- ¡Ron! ¿Negarme a una orden del ministro? ¡Te has vuelto loco! Y sí, estaba loco, loco por ella pero no sabía como decírselo, perdió un año mientras ella estaba en Hogwarts, el debía reemplazar en cierta forma a Fred, cosa que le era muy difícil y ninguno tenía tiempo.
Luego de ella recibirse se fue con sus padres a un viaje, era lógico, nada pudo hacer o decir.
Harry siempre le reprochaba porque no le escribía, pero eso no era lo suyo.
Incluso su amigo, había solucionado las cosas con Ginny, pero Harry era Harry, era más confiado; además Ginny nunca dudó en demostrarle lo que sentía.
Harry había derrotado a Voldemort y todas las enseñanzas que recibió, todo lo que vivió lo hicieron más decidido.
Él continuaba siendo un tonto, flojo e insensible; para cuando se decidió, la noticia le cayó como un balde de agua fría.
Y no hizo nada, ella se marchó, George se casó con Angelina y juntos manejaron la tienda y él se dedicó de lleno a su carrera de auror.
Se mantenía ocupado o pretendía estarlo, porque la verdad estaba dolido; luego de varios meses comenzó a frecuentar a otras chicas, poco a poco adquirió experiencia, algunas desastrosas, otras no tanto, pero cada vez estaba más seguro.
Incluso bromeaba con Harry, ya que él estaba comprometido con Ginny y pronto lo superó en cuestiones sentimentales.
Aunque jamás logró tener con nadie lo que Harry y Ginny tenían; ese mirarse y saber lo que el otro pensaba, esa complicidad.
Y al verlos juntos la recordaba y maldecía.
Una vez recibido se abocó de lleno a su trabajo, era excelente, incluso muchos decían mejor que Harry, pero él no les creía.
Luego Angelina se embarazó y George le pidió si podía darle una mano.
Prácticamente trabajaba veinticuatro por siete, su madre lo retaba por sus ausencias, pero lo cierto era que se escudaba en esas obligaciones, ya que al estar en familia le recordaba a Hermione y le dolía.
Y ahora la tendría frente a él y debía hacer lo correcto.
Pero como era de esperarse, nada salió como lo esperaba.
