Capítulo 5
ENTREGA
- ¡Te amo! ¡Te amo! ¡No me dejes nunca más! Le decía Ron a Hermione besando su cuello apasionadamente,
- ¡Nunca más me separaré de ti! ¡Tienes razón! ¡Huí como una cobarde!
- ¡Yo fui el cobarde por no decirte lo que sentía por ti!
- ¡Te amo! ¡Te amo mi amor!
- ¡Repítelo!
- ¡Te amo mi amor! Y ambos se miraron y volvieron a besarse, las ropas fueron cayendo, formando un camino hasta la habitación de Ron.
Y era como Hermione lo suponía, con tan solo besarla, acariciarla él, ella ya se sentía en el paraíso, una corriente eléctrica imbatible e imparable le recorría el cuerpo.
Ron no podía dejar de maravillarse por las millones de sensaciones que invadían su mente, cada vez que la lengua de ella lamía sus labios, cuando mordía su mentón, acariciaba su pecho, o arañaba su espalda.
Las emociones nacían del corazón y se expandían por todo su cuerpo deseándola como nunca deseo a ninguna mujer.
Pero era más que deseo lo que los impulsaba e esa entrega absoluta, era el amor, a pesar de las miles de interrogantes, a pesas de las excusas, a pesar de las culpas, a pesar de todos y de todo; ellos se pertenecían uno al otro sin miramientos.
Ron la recostó sobre su lecho y se colocó sobre ella, era imperioso el sentirse dentro de su cuerpo; ya tendría tempo de demostrarle su experiencia y habilidades, pero ahora sólo quería expresarle que ella le pertenecía a él y a nadie más.
La miró profundamente y ella se estremeció, comprendía exactamente lo que esa mirada significaba y se brindó a él, por entera, como nunca lo había hecho.
Cuando él la invadió inmediatamente sintió que ese era el lugar correcto donde estar, que no importaba absolutamente nada, ni los silencios, ni las incertidumbres, ni las huidas, ni las peleas, nada importaba.
Lo único que le daba sentido a su vida era el calor de ese cuerpo que se aferraba al suyo llenándola como nunca nadie lo hizo.
Ron todavía no podía creer que estuviera allí, apoderándose de ella, que siempre le perteneció, y a la cual pertenecía sin nada que empañara esa sensación.
Ella y él; él y ella uno solo desde ese momento y para siempre
Parecía casi un sueño, pero los gemidos, los jadeos, los te amo, el calor que los envolvía, el sudor que en pequeñas gotas surcaban sus pechos, la saliva dejando un rastro brilloso sobre los cuellos, las mordidas marcando sus pieles, todo era real; pero por sobre todo lo más verídico era esa sensación de finalmente estar con la persona correcta.
El más álgido momento se acercaba, él entrelazó sus dedos a los de ella, elevando sus brazos por encima de la cabeza, la poseyó con más fuerza, con más vehemencia, ambos se miraron, en el preciso momento de llegar a su clímax y sin saber como, cada uno sintió lo que el otro experimentaba, era la comunión de los cuerpos, de las almas de dos personas que ya eran sólo una.
Mientras tanto una reunión se llevaba a cabo.
- ¡Se los dije! Repetía Harry en la madriguera donde Molly, Arthur, los padres de Hermione y la mayoría de los Weasley sentados como podían alrededor de la mesa escuchaban.
- ¿Estás seguro mi querido? Le preguntaba Molly llevando su mano al pecho esperanzada.
- tendrían que haberlos visto declaraba Ginny Salieron discutiendo del coche.
- Totalmente previsible decía Edgar, el papá de Hermione, y todos se echaron a reír.
- pero luego se besaron ¡Y de que forma! Ginny se abanicaba con la mano dando a entender la calurosa que había sido la escena
- Ambos tienen temperamentos fuertes decía Molly
- Pero Hermione es más gritona Bromeaba Charly que había ido para la boda intentando sentarse en una pila de cajas.
- ¡Sal de ahí! Gritó Molly haciéndolo saltar - ¡eso es frágil!
- Como verás Charly, un grito a tiempo a veces es fundamental bromeaba Arthur abrazando a su mujer, provocando la risa general.
- Además, perro que ladra no muerde Decía Jane y todos excepto Harry la miraron interrogantes. Pero al no poder explicarse la dama lo hizo el morocho.
- Significa que las mujeres pueden gritar como perros, pero en el fondo son dóciles como gatitas.
- Mira que los gatos también arañan Le decía Ginny acercándosele sorteando varias cajas, ya que Ron era el único que no había mentido y la madriguera era realmente un caos.
Los únicos mentirosos estaban allí, todos confabulados para que la pareja se enfrentara de una vez.
- ¿Y ahora? Preguntaba Arthur
- Depende de ellos Decía Harry Sólo ellos pueden decidir por su futuro y espero que lleguen a darse cuenta que son el uno para el otro.
Un silencio se hizo en la habitación, interrumpido por un estallido en la chimenea por la cual salían Percy y Audrey que sacudiéndose el polvo preguntaban que había sucedido y la conversación se reinició.
En el departamento de Ron, este besaba el rostro, cuello y hombros de Hermione, que se dejaba mimar, sintiendo el cálido cuerpo pegado al de ella abrazándola por la cintura y acariciando su espalda.
- Te amo.
- ¿Y tu reunión? preguntó ella preocupada.
- Esperaba un yo también, no eso reía él.
- ¡perdóname! Yo también respondía y lo besaba sabes que no puedo dejar de ser responsable, además ya sabes que te amo.
- pero nunca me cansaré de escucharte decírmelo.
- Nunca me cansaré de hacerlo, pero tienes tus obligaciones.
- Es verdad decía él incorporándose y mirando el reloj de su mesa de noche aún es temprano ¿Comemos?
- Si contestaba ella levantándose, y completamente desnuda preguntarle - ¿Tienes algo más cómodo para ponerme?
- Si, yo le replicaba él que ya deseaba poseerla nuevamente al verla tan desinhibida y sensual; ella sonrió, mordiéndose el labio inferior ¿Sabía ella el efecto que eso causaba en él? Se agachó y gateando sobre la cama se dirigía a él, entonces el timbre sonó.
- ¿esperabas a alguien? Preguntó levantándose nuevamente
- No Contestaba él imitándola se supone que no estaría aquí se colocó una bata que sacó de su closet y luego giró a verla
- tengo otra bata en el cuarto de baño al final del pasillo a la izquierda le señaló saliendo de la habitación acompañado por ella.
- Gracias dijo ella besándolo sensualmente. Él observó como la castaña se dirigía al sanitario y cuando viró a verlo le dijo
- Me desharé de quien sea, tú y yo tenemos algo pendiente.
Ella le sonrió e ingresó en el baño y él fue decidido a abrir la puerta a cumplir con lo dicho sin saber que una sorpresa lo esperaba.
