*Los personajes pertenecen a S. Meyer. La historia es mía.


Perdido en Navidad

Dic. 20: ¿Cosas raras?

Tal como Edward lo había anticipado, Esme y Carlisle ya esperaban a Kate y la recibieron calurosamente.

El trayecto del aeropuerto al famoso pueblo de Forks les tomó más tiempo del que la chica hubiera querido, ya que el vuelo que había conseguido Edward llegaba a Seattle.

Estar encerrada en un auto con sus casi suegros por tres horas no le parecía lo más atractivo, pero sin otra alternativa, trató de establecer algunos temas de conversación superficiales como el clima, las tradiciones navideñas y poco más. Sin embargo, los padres de Edward eran un poco más… curiosos.

—Y dime, Kate, ¿tu familia no se molestó porque no pasarás Navidad con ellos? —preguntó Carlisle mirándola por el retrovisor.

—No —respondió la chica despreocupada.

—¿No? —Esme se giró curiosa desde el asiento delantero.

—Quiero decir… no se molestaron… —añadió rápidamente—, estuvieron algo tristes, pero se quedaron tranquilos al saber que estaría con la familia de Edward.

—¡Oh!... ¿En dónde vive tu familia, Kate? Tal vez podríamos invitarlos también… —propuso Esme acomodándose de nuevo en su asiento— Estas fechas siempre sirven para unir familias, conocer gente, ya sabes.

—Gracias, pero si a nosotros nos costó encontrar vuelos, supongo que a estas alturas sería imposible. Tal vez para el próximo año.

—Seguro, cielo —sonrió Esme dirigiéndole una cálida sonrisa—. Y esta vez nosotros haremos las reservas con tiempo. No me importa si Edward tiene planes. No quiero que vuelvan a pasar por apuros para conseguir pasajes.

—Gracias, Esme.

—¿Y cómo suelen festejar? ¿En dónde dijiste que viven?

—Bueno, mis padres siempre están viajando. Papá debe atender sus viajes de negocios y mi mamá siempre va con él, así que los planes siempre son distintos.

—Debe ser difícil. Afortunadamente el trabajo de Carlisle no requiere que viaje porque sin duda yo también estaría de un lado a otro con él —afirmó Esme mientras su esposo sonreía sin perder la vista de la carretera.

Kate fingió quedarse dormida para no seguir platicando con los papás de Edward, quienes asumieron que había tenido un mal vuelo y la dejaron descansar mientras platicaban de lo que debían hacer los próximos días.

Mientras tanto, Edward había aprovechado para ir a comprar los últimos regalos entre las tradicionales aglomeraciones decembrinas en los centros comerciales. Pensando que tendría oportunidad de comprarlos en su viaje en Europa, tampoco había previsto esto con tiempo y se encontró dando varias vueltas para encontrar los detalles perfectos para cada uno de los miembros de su familia y su novia.

Pensó en Kate y en si seguiría molesta por el cambio de planes para festejar estas fechas. La discusión el día previo había sido dura, como nunca antes había tenido con ella, pero afortunadamente antes de irse parecía que ya todo estaba bien. No sabía si un regalo extra ayudaría o por el contrario, viciaría su relación.

Cuando decidió pedirle que se mudara con él las cosas parecían más sencillas. En algún momento él se había dado cuenta de que no había sido algo que naturalmente le hubiera pedido, al menos no tan pronto. No era que no la quisiera, pero había estado enfrascado en su guión y se dejó llevar por la emoción del momento.

Se había esforzado en hacer funcionar la relación y al parecer todo iba bien, hasta la discusión sobre las fiestas de fin de año. ¿Qué más daba pasar las fechas con su familia si sabía que Kate no era muy hogareña y no le gustaría estar con sus padres? ¿Qué más daba si viajaban separados si en esos días ya estarían juntos? ¿Qué más daba gastar cien dólares si eso aseguraba tener un plan familiar para pasar Navidad?

Con varias bolsas en la mano, y sabiendo que nadie lo esperaba a cenar, se detuvo en un café cerca del departamento. Se había tomado su tiempo en las compras navideñas, así que ya era bastante tarde como para llegar a preparar algo de cenar.

—Hey, Cullen.

—Hola, James —saludó a su vecino que se había formado detrás de él en la fila.

—¿Vas a hacer de Santa o qué? —dijo señalando con la cabeza las bolsas que venía cargando.

—Algo así —respondió con cortesía. Había algo que no le agradaba sobre su vecino, pero no sabía exactamente qué.

—No pensé que fueras de esos que celebran con ponche frente a la chimenea, usando un suéter bordado con un reno al frente y hacen ceremonias para encender el árbol.

—Ese soy yo —mintió en un intento de parar la conversación pero no funcionó.

—¿Y tu novia? Pensé que no pasarían aquí estas fechas.

Aunque le extrañó la pregunta y que tuviera "tanta" información, contestó con cortesía.

—No lo haremos… —Por fortuna, la chica del café los interrumpió en ese momento y Edward se apresuró a recoger su orden y salir de ahí.

Cuando llegó a su departamento se dispuso a envolver los regalos, pero recibió un mensaje de Kate que le pedía que la llamara para contarle cómo le había ido con sus padres en el primer día.


Gracias por leer.