*Los personajes pertenecen a S. Meyer. La historia es mía.


Perdido en Navidad

Dic. 22: Crisis en el aeropuerto (Parte 2)

Edward había conocido a Isabella cinco años atrás en una convención literaria. Se habían topado casualmente en una conferencia y la conexión había sido casi instantánea, habían hecho comentarios sobre el expositor, habían ido a cenar, se recomendaron libros y películas, intercambiaron teléfonos y comenzaron a salir.

Dos meses más tarde habían empezado un noviazgo. Ambos vivían en Seattle en ese entonces, y tenían grandes ambiciones relacionadas con las letras, él escribir para llevar a la pantalla grande sus historias; ella para llevar a páginas impresas las suyas.

Salieron durante poco más de año y medio. Conocieron a sus familias y todo parecía marchar como un sueño. Eran una pareja envidiable, compatibles, amorosos, bohemios, familiares, apasionados, bien parecidos… pero jóvenes, no demasiado, pero estaban en un momento en que sus sueños parecían llevarlos por caminos distintos.

Bella fue la primera en recibir una oferta laboral fuerte. Una editorial en crecimiento le ofreció publicar una de sus historias y tenía que ir a Nueva York para entablar negociaciones sobre el contrato.

Consideraron mudarse juntos por primera vez e iniciar su vida del otro lado del país. Sin embargo, para entonces, Edward tuvo que viajar a Los Ángeles buscando una oportunidad para un guión que había preparado con un colega y le había dicho que tenía contactos en Hollywood, aunque al final resultó no ser como lo esperaba.

Hablaron por algunos meses desde su separación, incluso cada uno viajó para visitarse, pero sus actividades fueron orillándolos a hacer más esporádicas sus comunicaciones, las llamadas diarias se convirtieron en semanales, mensuales y después dejaron de tener una temporalidad.

Las decisiones que tomaron los llevaron a separarse. Tomaron caminos distintos: Bella comenzó su exitosa carrera editorial en Nueva York, en tanto a Edward le había resultado más complicado el camino, no había logrado que ningún productor se convenciera de sus guiones originales, pero lo habían contratado para colaborar con otras cintas.

No terminaron mal. Al contrario, habían entendido que en ese momento la oportunidad estaba ahí y nunca quisieron verse egoístas con el otro orillándolo a dejar su carrera de lado. Confiaban en que, al cabo de unos meses, estarían lo suficientemente afianzados para reencontrarse y seguir con sus planes en pareja, pero no fue así.

Edward finalmente se estableció en Chicago cuando un inversionista independiente le dio la oportunidad de filmar una de sus obras. No era la cuna del cine, pero era la oportunidad más clara que tenía de avanzar en su sueño, así que se mudó. Fue una película de bajo presupuesto, pero al poco tiempo se convirtió en un film de culto y le había dado algo de reconocimiento en la industria.

Hacía cinco años de ese primer encuentro y dos desde la última vez que la había visto. No se lo había dicho a nadie, pero siempre pensaba en ella.

Tenía un guión escrito sobre lo que hubiera pasado si no se hubieran separado, tenía una alerta en su teléfono para recibir noticias sobre ella, había comprado sus libros, conservaba sus fotos con ella, y guardaba un par de camisetas que le había regalado mientras estuvieron juntos. Soñaba con ella y tenía pesadillas con ella. Todo en secreto, por supuesto. Él estaba convencido de que ella había sido el amor de su vida, pero no quería que su familia y amigos pensaran que estaba obsesionado.

—¿Edward?... —La pregunta de la chica, ahora frente a él, lo trajo a la realidad— ¿Estás bien?

—Hola, Bella —dijo en un suspiro. Cuando la conoció él le había preguntado si podía llamarla así y a ella le gustó. Quería pensar que seguía siendo el único que le decía así, aunque no tenía forma de comprobarlo.

—Hola, Edward —sonrió y se abalanzó hacia él para darle un abrazo rodeando su pecho. Por un momento él permaneció inmóvil, estaba petrificado sin poder creer que ella estaba ahí, con él, pero el escucharla decir "¡Qué gusto verte!" mientras lo estrechaba con fuerza, lo despertó.

—Te ves hermosa —afirmó inclinando su cabeza para oler el cabello de la chica y reforzar el abrazo antes de que ella se separa un poco para mirarlo.

—Tú… —Edward sintió la mirada de Bella detallando su rostro— siempre te ves bien… —afirmó con cierta coquetería pero de inmediato frunció el ceño— aunque ahora te noto un poco preocupado. ¿Todo está bien? —Finalmente preguntó y se alejó de él dejando una sensación de vacío en los brazos de Edward.

Entonces, el ruido y movimiento del lugar, las maletas, los altavoces… todo se hizo presente y Edward recordó que instantes antes estaba pensando en la manera de ir a casa para Navidad.

—¿Tienes tiempo para un café? —preguntó con la esperanza de poder charlar con ella después de tanto tiempo. Había visto su pequeña maleta, así que sabía que tendría un vuelo próximo, pero no desperdiciaría la oportunidad de estar con ella el mayor tiempo posible.

Bella miró su reloj y, por su expresión, sabía que estaba calculando el tiempo que tendría disponible antes de irse.

—Claro.

Sentados en un Starbucks, le explicó de manera general lo que le había sucedido con su vuelo y ella no pudo evitar reírse un poco de la situación.

—Bien. Sé que lo mío nunca ha sido la tecnología, pero no puedes culparme por confiar de la gente que vende cosas por internet —intentó defenderse sabiendo que era imposible y ambos terminaron riendo—. ¿Qué haces en Chicago? ¿Vives aquí? —añadió curioso.

—No —Edward no supo si la respuesta lo alivió o lo entristeció—. Vine a la boda de unos amigos.

—Sigues viviendo en Nueva York —Fue más una afirmación que pregunta.

—Así es. Ahora voy a casa para pasar Navidad con papá… no me espera, así que será una sorpresa —explicó nerviosa—. Espero que todo salga bien.

—Estoy seguro. Charlie siempre ha amado pasar las fiestas contigo.

—No lo digo por él —aclaró mientras su rostro se cubría de un rojo intenso.

—¿Entonces? No entiendo.

—Bueno, hace un momento me reí por lo que pasó con tu falso boleto, pero espero que mi forma de viajar este año no vaya a terminar igual.

—¿Compraste un boleto en eBay?

—No —rio suavemente—. Pero, como tampoco los compré a tiempo, seguí el consejo de un amigo para lograr viajar.


Gracias por leer.

¿Cómo será esa forma de viajar? ¿Se irán juntos?