*Los personajes pertenecen a S. Meyer. La historia es mía.
Perdido en Navidad
Dic. 22 y 23: Primeras escalas
Finalmente, acomodaron lo que habían elegido en la maleta de Bella y el resto se lo entregaron a un par de personas de servicio del aeropuerto que estaban cerca de ellos.
El primer vuelo, a Minnesota, transcurrió sin mayor problema, tras algunas negociaciones adicionales con los pasajeros, lograron sentarse juntos en el pequeño vuelo. En ese momento, Edward recordó llamarle a Alice para avisarle que había resuelto el tema del pasaje, pero era tarde y los avisos de apagar los celulares ya estaban encendidos, así que esperaría a realizar el primer aterrizaje.
Durante el vuelo, platicaron para ponerse al día. Fue un charla distendida y casual. Él le confesó que en todo este tiempo había seguido de cerca su carrera, sin detallar que casi parecía obsesionado, y que había leído sus libros ante la mirada asombrada y un poco tímida de ella.
Bella le confesó que había "googleado" su nombre varias veces (más de las que podrían considerarse "normal") buscando información sobre lo que estaba haciendo. Le contó que supo de sus cursos de guionismo y de su película independiente y, con algo de vergüenza aceptó que, ante la dificultad de conseguirla, la había descargado de algún sitio para conservarla.
Edward le contó del episodio con Tanya y sus padres, y de su encuentro en el aeropuerto y ambos rieron. El tiempo se les pasó volando y cuando menos lo esperaban, ya habían llegado a su primer parada y entonces, debían esperar por poco más de dos horas para tomar el siguiente vuelo.
No es que se tratara de una conexión propiamente, por lo que tenían que averiguar si había lugar para que Edward viajara.
En todo el ajetreo, Edward se había olvidado de llamar a Alice para avisarle lo que había sucedido, y en casa de los Cullen todos estaban inquietos sin saber de él. Por más que Alice les había explicado que Edward estaba atrasado y que le aseguró contactarla en cuanto lo resolviera, habían pasado más de cuatro horas desde su último contacto y estaban nerviosos pensando que algo podría haberle pasado.
Kate estaba un poco histérica y había incluso discutido con Alice por no haberle comunicado con él cuando hablaron. La situación se encontraba francamente tensa y no había forma de que establecieran contacto con él.
Estaban casi convenciendo a las personas de la aerolínea cuando Edward recordó avisarle a su familia que estaba en camino. En cuanto tuvo su boleto para viajar se disculpó con Bella e hizo la llamada.
—Edward… ¿estás bien?... ¿en dónde has estado?... mis papás ya están preocupados y no sé qué más decirles… ¿por qué no habías llamado? —Una alarmada Alice no dejaba de hacer preguntas al teléfono.
—Alice… —Intentaba interrumpirla— Alice… —Finalmente hubo una pausa al teléfono— Alce lo siento, estaba tratando de resolver lo del vuelo y después se me fue el tiempo… yo est…
—Edward —intervino Alice con voz molesta— no vuelvas a hacer esto. No tienes idea de la tensión que hay en casa.
—Alice de verdad lo siento. Te prometo que no vuelve a pasar —dijo en tono conciliador esperando que su hermana se tranquilizara un poco.
—Bien —aceptó aún molesta—, ¿en dónde estás?
—En Minnesota.
—¿Qué? ¿Qué haces ahí? ¿Te equivocaste de vuelo?
—No, Alice —Edward trató de no reír ante la pregunta de su hermana—. Digamos que… tomé la ruta panorámica —explicó mientras miraba a Bella comprando algunos snacks para el camino.
—¿Ruta panorámica?... ¡No me jodas, Edward! —El enojo de Alice había vuelto, así que decidió ser un poco más escueto para evitar que se alterara.
—Quiero decir… tomé el camino largo… Haré un par de escalas por avión y después llegaré en coche. Me tomará más tiempo del esperado, pero estaré para el 24 con ustedes. No te preocupes.
—¿El 24?... Pero…
—Sí… —Bella le hizo señas de que debían abordar así que Edward concluyó la conversación—. Alice, debo abordar, pero no te preocupes. Te llamaré en cuanto pueda para decirte cómo va mi camino a casa, ¿de acuerdo? Diles a todos que estoy bien y que pronto los veo. Te quiero.
Sin tiempo a escuchar respuesta, colgó el teléfono y lo apagó. El vuelo hacia Dakota del Norte fue un poco más incómodo y largo, pero aún así disfrutaron la plática.
Habían estado recordando la Navidad que Bella pasó en casa de los Cullen y reconocieron que aunque en ese momento lo odiaron, ambos conservaban los suéteres navideños que les había obsequiado Alice.
Por la hora del vuelo, decidieron dormir un poco. Primero lo hizo Edward, al parecer la tensión por la que había pasado lo tenía exhausto y no lo notó mientras estuvo con Bella, pero en cuanto optaron por descansar un poco, cayó dormido como un bebé.
Bella lo miraba con cariño y se puso a escribir inspirada por lo que estaba viviendo con aquel hombre que había sido de gran importancia en su vida. En algún momento sintió el cansancio del viaje y se durmió.
Poco antes de aterrizar se coordinaron para su siguiente conexión. No tenían mucho tiempo para tomar el último vuelo, con destino a Montana, así que discutieron la forma de aprovechar el tiempo para recoger su equipaje, conseguir el pasaje de Edward y pasar a los servicios.
Como lo habían temido, no había lugar disponible en el vuelo. Sabiendo que Bella era más persuasiva, acordaron que ella se encargaría de conseguir el pasaje, pero estaba siendo realmente complicado. Los pasaron de una persona a otra, sin tener ninguna señal clara de si existía o no posibilidad de viajar.
Edward entró en pánico. ¿Qué haría solo? ¿Perdido en el aeropuerto de Dakota del Norte? ¿En Navidad? ¿Debería conducir solo por la autopista hasta llegar a casa? ¿Podría pedirle a Bella que se quedara con él para festejar juntos? ¿Debería regresar a Chicago?
—Tranquilo, Edward —Bella intentó tranquilizarlo mientras se dirigían a un mostrador más, con apenas 30 minutos para poder abordar. Lo tomó de la mano y antes de llegar lo recargó en un pilar y giró su rostro para que la mirara—. No voy a dejarte aquí. Estamos a mitad del camino como para rendirnos y pensar que no llegaremos a nuestras casas para Navidad —aseguró y le sonrió convencida de lo que decía, a lo que Edward solo pudo asentir.
En cuanto llegaron al mostrador, Bella tuvo una idea y le pidió a Edward en un susurro que la siguiera.
—Bien —Les habló el que parecía estar a cargo, el Señor Jenks según mostraba su gafete—, me dijeron que hay un problema con sus pasajes, que solo tienen un boleto, pero que quieren viajar dos.
—Hola, sí… —respondió Bella con una voz amable pero firme y ambos observaron atentos la actitud Señor Jenks—. Verá vine a Dakota del Norte para buscar a mi novio para informarle que… —Miró a Edward con timidez y movió la mano hacia él indicándole que la tomara, y así lo hizo— estoy embarazada.
Edward sostuvo la respiración, pero Bella le dio un ligero apretón y el reaccionó sonriendo en su dirección para después mirar al Señor Jenks.
—Así es.
—¿Y? —preguntó el hombre con un poco de indiferencia.
—Bueno, yo vine con la sorpresa, pero no consideré lo que haríamos después. Es algo que hemos esperado por mucho tiempo y… ahora queremos ir a casa para anunciar que estamos esperando un bebé y que nos casaremos.
—Pueden hacerlo después de año nuevo cuando las cosas estén más tranquilas en los aeropuertos. Los felicito señorita, pero deben saber que viajar en estos días sin haber previsto los pasajes es literalmente una locura. Así que no puedo ayudarlos. Estamos llenos y si solo tienen un pasaje, solo uno de ustedes podrá viajar.
Bella miró a Edward con tristeza y con el recuerdo de aquella Navidad en casa de los Cullen, sonrió. —Ve tú.
—¿¡Qué!? —exclamó sorprendido—. No. ¿De qué hablas?
—Edward —Lo jaló lejos del mostrador—, tu familia te espera en tu casa, conozco a Esme y a Carlisle. Mi papá ni siquiera sabe que voy, puedo llegar después. Toma el pasaje, cambia los datos y ve a tu casa. Cuando llegues a Montana rentas un auto y son algunas horas, pero llegarás para Navidad.
—De ninguna manera, Bella —espetó tajante—. Ni siquiera lo pienses. No hay forma de… No. No, no, no… —negaba sacudiendo la cabeza insistentemente—. Olvida lo que acabas de decir, ¿de acuerdo?...
—No podemos quedarnos aquí, Edward…
Gracias por leer...
Y felicidades!
