Lamento la demora. Las vacaciones me tuvieron más ocupada de lo que esperaba. Aunque ya pasó Navidad, terminaré la historia, espero que sigan leyendo, ya falta poco. Feliz Año!
*Los personajes pertenecen a S. Meyer. La historia es mía.
Perdido en Navidad
Dic. 23 y 24: ¿Perdido en Navidad?
Edward había perdido la noción de cuánto había manejado desde aquella desviación. Pensó que no deberían estar muy lejos de la ruta original pero ¿cómo saberlo?
—Edward, detente —pidió Bella desde el asiento de atrás.
—Bella, yo… —balbuceó queriendo explicarle— no quería… yo…
—Solo quiero pasarme al asiento de adelante y podemos recoger tu celular —explicó al notar que estaba nervioso.
Se detuvieron en medio de la nada. Edward aprovechó para salir del auto y buscar su celular debajo del asiento, mientras Bella ocupaba el lugar del copiloto y sacaba el suyo. En ambos aparecía: Fuera de servicio.
—Bella, yo…
—Tranquilo, Edward —dijo tomando su mano—. Supongo que no es bueno confiar siempre en el celular… ni en un chico de ciudad —bromeó intentando relajar el ambiente aunque sin mucho éxito—. Debe haber un mapa por aquí —habló mientras abría la guantera del auto y revolvía los papeles ahí… del seguro, de la renta del auto, un folleto de restaurantes, pero no había mapa.
—¿Nada?
—Increíble, pero nada —respondió y cerró los ojos para tomar aire profundo—. Bien… pensemos con calma… —abrió los ojos y se giró hacia Edward— ¿Tienes idea de hace cuánto que estamos perdidos?
Él no pudo responder, solo negó con la cabeza sin poder sostener por mucho tiempo su mirada.
—Ok. Vamos a poner en claro algunas cosas antes de decidir qué hacer, ¿de acuerdo?
Edward asintió y se acomodó en el asiento para verla mejor aunque en realidad trataba de evitar su mirada. Si supiera que él intencionalmente había cambiado la ruta y después se había salido de sus manos, lo mataría.
—Bien. Mírame, por favor —Le pidió antes de continuar—. Primero, no te sientas culpable por esto. Mucha gente se pierde aún contando con el GPS —Le sonrió reconfortándolo un poco—. Segundo, aunque parece que estamos en medio de la nada, a mitad de la noche, en algún punto desconocido de la montaña, estoy segura de que tenemos que encontrar un camino de salida o de regreso a la ruta original, así que ¿cuánta gasolina traemos?
Edward estaba sorprendido por la actitud de Bella, no solo eso, estaba admirado por la serenidad con que estaba tomando las cosas, lo tenía asombrado a pesar de las circunstancias. Definitivamente era como la recordaba, aunque más hermosa y segura, lo que solo incrementaba su inadecuado deseo de besarla en ese momento.
—¿Edward?... Hey… —La voz de Bella lo sacó de sus pensamientos.
—Eh… sí… —respondió sin saber.
—¿Sí? ¿Estás seguro?
No tenía idea de lo que había dicho. Se había perdido en aquellos ojos café prácticamente desde que empezó a hablar.
—¿Creo? —agregó dudoso.
—No me estabas escuchando, ¿cierto?
—Perdona… Solo estaba sorprendido —reconoció sin dejar de mirarla.
—¿Sorprendido? ¿Con la situación?
—Contigo.
—¿Conmigo? ¿Por qué?
—En verdad lamento… esto.
—Menos mal que no nos pasó estando cada uno por su cuenta. Créeme que estaría muerta de miedo si no estuviera contigo.
—No estarías perdida —refutó.
—No estaría disfrutando tanto el viaje a casa.
—No habrías dejado cosas en el aeropuerto.
—En eso tienes razón —sonrió y ambos comenzaron a reír.
—¿Crees que debemos avanzar más? —indagó Edward una vez que dejaron de reír.
—Bueno, es tarde, está muy frío afuera, no tenemos mucha gasolina, no sabemos en dónde estamos y no tenemos visibilidad. Yo diría que podríamos esperar un poco a que amanezca y entonces intentar ver si hay algo cerca. ¿Qué opinas?
—Tal vez podríamos avanzar un rato más por si se ve algo a la redonda y si no, orillarnos y esperar un poco. No estoy seguro de simplemente quedarnos aquí sin hacer nada.
—Bien, avancemos un poco. Solo cuidemos la gasolina por si debemos regresar.
—De acuerdo.
Veinte minutos después el camino seguía igual, por lo que se orillaron e hicieron una parada. El auto estaba bastante frío así que sacaron los suéteres y ropa abrigadora de la maleta y se acurrucaron en el asiento de atrás con todos los seguros y ventanas cerradas. Estaban sentados uno a lado del otro debajo de una par de suéteres, el brazo de Edward rodeando los hombros de Bella quien mantenía la mano sobre su pecho.
Durante la primera hora platicaron sobre momentos en que se habían sentido reconfortados en una situación complicada, con la esperanza de no perder el ánimo y no pensar que estaban varados en medio de la nada en un lugar desconocido de Montana.
Acordaron hacer guardia cada hora, así que programaron las alarmas en su celular. La primera en quedarse despierta fue Bella, ya que había dormido durante el camino y no tenía sueño en ese momento. No obstante, ninguno se movió de su posición.
Edward intentó dormirse, y aunque permanecían en silencio, los primeros 20 minutos solo pudo concentrarse en sentir cada parte del cuerpo de Bella que estaba en contacto con él. Pensaba en las veces en que habían despertado juntos y lo mucho que había extrañado esa sensación. En el fondo tenía un poco de culpa por haberse perdido "más de lo programado", pero sabía que encontraría algo positivo de todo, claro, si Bella no lo mandaba al diablo en cuanto se enterara de su fallido plan.
Finalmente se durmió, pero solo pasaron quince minutos cuando sonó la alarma e intentó incorporarse demasiado cansado.
—Edward, duérmete. Puedo estar despierta un rato más —murmuró Bella sin moverse, aún acurrucada en su pecho.
—No —Intentó protestar.
—Sé que casi acabas de dormirte, así que duérmete, por favor. Estoy lo suficientemente despierta para esperar la siguiente alarma.
Sin embargo, con la buena excusa del frío, para la siguiente alarma, y la siguiente y el resto de ellas, ambos se encontraban durmiendo abrazados a lo largo del asiento trasero. Edward sostenía a Bella como si temiera que fuera a caerse mientras dormía, la espalda de ella estaba sobre su pecho y respiraba con mucha tranquilidad. Edward la rodeaba con ambos brazos mientras ella los sostenía como una niña estaría cuidando su muñeco favorito.
Despertaron poco después de las 9 de la mañana del día siguiente, adoloridos y entumecidos. De alguna manera, la mano de Edward había amanecido acunando uno de los senos de Bella y la de ella sosteniéndolo bien en su lugar.
Fingiendo no haberlo notado, salieron a ver qué camino tomarían. Seguían sin señal, con poca gasolina, pero con menos frío que la noche anterior, así que se arriesgaron a avanzar.
Esta vez conducía Bella quien, conforme seguía el camino, comenzaba a ponerse nerviosa. No podía creer que siguieran avanzando sin encontrar nada o poder ver algo a la distancia.
—Edward… —dudosa rompió el silencio— tal vez deberíamos regresar.
—Mmm… no lo sé… Debe haber algo pronto, no creo que el camino esté despoblado tanto tiempo.
—Compraremos un mapa en el primer lugar que veamos, ¿de acuerdo? —intentó aligerar el ambiente aunque no podía ocultar su nerviosismo cada vez que miraba el indicador de la gasolina.
Algunos kilómetros adelante lograron relajarse cuando vieron finalmente una estación de servicio. Al menos podrían llenar el tanque y entonces sí, buscar la ruta correcta. El encargado abasteció la camioneta, les indicó que no debían seguir esa ruta porque los conduciría al sur alejándolos de su destino, que no tenían señal porque estaban rodeados de montañas y que debían regresar. No tenía un mapa, pero les explicó que encontrarían una desviación que los llevaría a una parada en el "Montana Inn" y después otra desviación que los sacaría a la autopista que iba directo a Seattle.
Edward decidió conducir de regreso, y para cuando llegaron al "Montana Inn" estaban realmente hambrientos, así que hicieron una parada. El lugar tenía un mejor nombre de lo que en realidad era, pero no tenían otra alternativa próxima. Se adentraron en la cafetería y mientras comían, discutían sobre lo que faltaba de camino y lo iban a hacer. Era ya empezada la tarde del 24 y todavía faltaban varias horas antes de llegar a casa para ambos. Si no se detenían en ningún lugar, Bella llegaría por la noche y Edward en la madrugada del 25.
—Edward, de verdad lo lamento… Tal vez te habría convenido esperar en el aeropuerto a que alguien no llegara a su vuelo —dijo una avergonzada Isabella.
—Bueno, en realidad el retraso fue mi culpa por haberme perdido en el camino —aceptó Edward.
—Me siento mal de que tu plan para Nochebuena y Navidad… ahora resulte tan malo. Odio pensar que estarás en carretera…
—A menos que… —Edward la interrumpió.
—…Desde luego, podrías quedarte con Charlie y conmigo aunque no somos tan festivos como tu familia…
—No, no. A menos que… —Había cometido más locuras en un par de días que en todo un año, pero no le importaba— A menos que… celebremos tú y yo.
—¿En mitad de la carretera?
—No —Hizo una pausa analizando su mirada—. Aquí.
—¿Qué?
—Sé que parece una locura, pero piénsalo —explicó entusiasmado—. Si nos vamos ahora ninguno estará a tiempo para una buena celebración de Nochebuena y Navidad. La alternativa es que nos quedemos aquí y… no sé… organicemos una pequeña celebración tú y yo… No será remotamente parecido a lo que hemos vivido hasta ahora. Pero… ¿Quién podrá contar una Navidad como esta? La anécdota puede incluso servirte de inspiración para alguno de tus libros…
Edward no paraba de hablar para convencer a Bella cuando la mesera de la cafetería se acercó.
—Buenas tardes. No sé si estén de paso, pero solo vengo a invitarlos a nuestra cena navideña —Edward sonrió mirando a Bella—. Todos los años extendemos la invitación a los huéspedes del Montana Inn. Servimos pavo, pasta, pastel de frutas, cerveza y algunos cocteles. No es nada elaborado, pero convivimos un rato y cerramos a la una de la mañana. El cargo de la cena puede hacerse a la propia habitación o pueden pagarlo en efectivo.
—Muchas gracias —respondieron ambos y se miraron con una sonrisa cómplice.
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Gracias por leer.
