*Los personajes pertenecen a S. Meyer. La historia es mía.
Perdido en Navidad
Dic. 25: Regreso a la realidad
Se besaron lentamente, reconociéndose de nuevo, recordando la sensación de sus labios sobre el otro, era aún mejor que los besos de antes, y no era que entonces no fueran suficientemente buenos, era solo que había pasado demasiado tiempo y ambos parecían necesitarlo desesperadamente.
El beso se tornó un poco más intenso, Edward mantenía una mano en el rostro de Bella mientras el otro acariciaba su cintura desnuda y lo presionaba contra su erección.
Bella acariciaba los cabellos de la nuca de Edward mientras su otra mano intentaba explorar por debajo del suéter y la camiseta que aún tenía puesta él.
—Te extrañado tanto —dijo apenas separando sus labios de él.
—Y yo a ti… —respondió pero seguía besándola— te necesito…
En ese momento, Edward la soltó sorprendiéndola, pero solo era para quitarse el suéter y la playera que ya le estorbaban para sentir en su propia piel el cuerpo de Bella.
—Te has ejercitado —reconoció una sugerente Bella mirando su pecho y acariciándolo antes de volver a besarlo.
Edward solo sonrió en respuesta mientras la abrazaba caminando de espaldas hacia la cama.
Se deshicieron de sus ropas, recorrieron la piel del otro llenándose de besos, caricias, pequeñas mordidas. La primera vez no pudieron alargar mucho más el preámbulo y Edward la penetró llenándose del calor que había extrañado todo este tiempo. Los gemidos de Bella no hacían más que incrementar su deseo de no salir de ella nunca. Su reacción casi adolescente por poco le hizo olvidar que no llevaba protección, pero ella lo animó a continuar avisándole que tomaba la píldora. Ella colapsó primero en un orgasmo que casi la hace perder la respiración. Poco después, él no pudo más y también se liberó.
Ambos permanecieron abrazados en la cama recobrando el ritmo de su respiración. No dijeron nada por los siguientes minutos, solo apretaban de vez en cuando su abrazo o depositaban un beso en el cuello y brazos del otro.
—¿Cómo pude estar tanto tiempo lejos de ti? —Era una pregunta más para sí mismo, pero Bella se giró para encararlo y responder.
Sus caras estaban a escasos diez centímetros y continuaban abrazados. La mano de Bella trazaba lentamente la mandíbula de Edward provocando que él cerrara los ojos.
—Quise buscarte tantas veces… pero no estaba segura de lo que iba a decirte.
—¿Cuáles eran tus opciones? —indagó curioso Edward.
—La primera era… "Edward, múdate conmigo a Nueva York".
—No suena mal. Un poco imperativa, pero no suena mal —bromeó—. Sobre todo si hubieras llegado con ese sexy conjunto de señora Claus.
—Otra opción era… "Edward, no he podido olvidarte. Vamos a darnos otra oportunidad".
Edward suspiró antes de hablar. —Bella… fui dos veces a Nueva York… a buscarte.
—¿Qué?
—La primera vez fui a una presentación tuya en Barnes&Noble… Te veías hermosa… feliz. Y no quise arruinar nada de eso.
—Edward… —Bella tenía los ojos llenos de lágrimas al pensar en lo que le estaba contando.
—La segunda vez fue después de tener mi película. Quería compartirlo contigo pero te vi llegar con varias personas a tu edificio y un tipo abrazándote —Ambos cerraron los ojos—. Tenía miedo de que me rechazaras.
—Edward… —Bella cerró la distancia entre ellos y lo besó.
—Te amo… —La abrazó más cerca de él— Te amo, Bella.
—Yo te amo, Edward. Nunca he dejado de hacerlo.
Y con esa declaración que reafirmaba lo que nunca habían dejado de sentir volvieron a hacer el amor, una vez más despacio, aunque con la misma necesidad, y otra más juguetones. Aunque durmieron poco, el alcohol se había ido de su sistema al igual que el frío en la habitación.
En algún momento, Bella quiso liberarse de su agarre, pero Edward reaccionó y no la dejó.
—¿A dónde vas? —preguntó adormilado.
—Edward… voy al baño.
—¿Ahora?
—Sí, ahora —sonrió ante la actitud de Edward.
—¿Estás segura?
—Mi cuerpo está seguro.
—Tendrás que darme algo a cambio.
—Bien… —Bella se giró para poder observar su rostro—. Eres un aprovechado, ¿sabes? —Y antes de que pudiera responder lo besó.
Eran las 10 de la mañana y aún no se habían levantado. Ya sabían el camino de regreso y en pocas horas cada uno estaría en su casa listos para preparar la celebración de Año Nuevo. No habían hablado de lo que harían al llegar a Seattle, ni Edward la había invitado con los Cullen. No habían planteado ningún escenario en Nueva York ni en Chicago, así que había una parte aún medio nebulosa entre ellos, aunque lo único claro era que se amaban y que no se habían olvidado.
—Podríamos quedarnos aquí —propuso Edward besando su cuello.
—¿En este hotel?
—Creo que desde ayer le tengo un particular aprecio.
—Tal vez debamos comprarlo como casa de campo para vacacionar —bromeó Bella.
—Lo único que me preocuparía sería no encontrar la ruta para perdernos —El comentario iba con doble intención, pero Bella no lo sabía. Tal vez nunca sabría del desvío que había tomado Edward.
Finalmente salieron de ahí a mediodía. Edward parecía estar a punto de enfermarse pero se empeño en conducir. No permaneció mucho al volante, ya que comenzó a tener incontrolables ataques de tos y estornudos.
A regañadientes, fue su turno de recostarse en el asiento trasero cubierto con los suéteres.
Cuando Bella pasó el anuncio que señalaba la llegada a Seattle decidió no detenerse ahí y llevar directo a Edward hasta Forks. Con suerte él despertaría hasta estar frente a su casa.
.
Gracias por leer!
