Yo no poseo ninguno de estos personajes.
|| Uy... Pero si me he picado escribiendo este fanfic, se me han ocurrido nuevas intrigas y dolorcito de corazón en ciertas acciones, pero lo mejor es que espero quien lo lea, se sumerja en este universo que he creado con tanto amor. Ya me siento como Carla Estrada pero en tamaño de gente normal. Saludotes
Los ruidos de la fiesta desaparecían poco a poco junto a la dignidad de Petra. En cuánto Levi la dejó sola, llegó una mucama a ayudarle a quitarse la parte superior del vestido de novia, ella solo se sentía sucia, y de alguna manera estaba segura que no era demasiado distinta de una cortesana, la sola idea le provocaba náuseas. La mucama la llevó a otra tina en una recamara contigua a la del dueño de la propiedad, ahí ya tenían lista el agua caliente, Petra estaba en un lugar mucho más elegante que el baño de su habitación, pero también en el lugar más frío y doloroso que jamás soñó, la joven del servicio iba a ayudarle a tallarse el cuerpo, pero ella le pidió que la dejase sola, así que le acercó el jabón y esponja, y la bata para cuando terminase de bañarse.
La soledad le sirvió, la tenue luz de la lámpara le hizo pensar en donde estaba, la tina de piedra se sentía agresiva bajo el cuerpo adolorido, el agua estaba purificando su dolor y calmando el alma enfurecida, se había sentido un objeto en toda la extensión de la palabra, tenía dieciséis años y el único beso que su esposo le había dado fue el acostumbrado en ceremonia, pero en la cama se limitó al maltrato, a ese que no tenía ni un sentimiento impreso más que pasión e ira. Los minutos se le hicieron horas, más de dos horas dentro de la bañera, la piel brevemente arrugada por el contacto con el agua y los ojos hinchados de tanta lágrima que había soltado. Entró repentinamente la mucama, turbando la soledad de una persona afligida, la jovencita de inmediato se preocupó por quien ahora era su nueva patrona, le preguntó de su estado y Petra solo pudo responder con una sonrisa y unas palabras tan vacías como la mirada de Levi.
-Estoy bien, ¿cuál es tu nombre? – Preguntó Petra, que no se creía más que la mucama, ni mucho menos. – Annie. Para servirle. – Respondió la muchacha rubia, tan bajita como la misma castaña, tenía una nariz aguileña bastante curiosa, pero se veía seria y amable. Petra solo asintió mientras se ponía en pie con dificultad, aún le dolía el cuerpo y no le incómodo que la joven la viese desnuda, aunque Annie era una mucama experimentada y le ayudó a ponerse la bata mientras salía de la tina. La acompañó hasta su habitación, donde Levi ya estaba recostado del lado derecho de la cama, cuando lo vio tan cómodo y como si nada, sintió de nuevo todo el dolor y su falta de sentimientos, empezó a temblar y eso lo notó hasta la misma mucama, le pasó de inmediato una pijama a Petra, quién se acomodó detrás de una especie de cortina rígida para vestirse, Annie se despidió, preguntó a la castaña si necesitaba algo más y cuando iba a responder que se quedara, oyó el tono neutro de Levi. – Vete ya. Mañana tendrás que mostrarle todo a la señora. – La joven solo obedeció lo que le dijeron, se despidió de la castaña para después solo salir por la puerta que daba a la habitación contigua.
Petra tenía pánico de salir, como si temiera que Levi optara por hacerle lo mismo, hasta que, luego de unos minutos salió de atrás de la cortina rígida para acercarse al lado libre de la cama. Se fue metiendo, con ese camisón puesto y el peinado deshecho ahora solo semi bucles, nada más que eso. Se cubrió completamente, pero bien en su lado, esperando que Levi no rompiera esa línea imaginaria entre ambos espacios que era lo que la mantenía del todo segura, era el primer día de su infierno personal, no tenía ni idea de que hora era, pero su único deseo era morir mientras dormía.
La cama era muy suave, mucho más que la suya, al igual la almohada que parecía de plumas, seguramente de ganso, así que ese dolorcito breve que aún le molestaba empezaba a irse, lento sí, pero a la vez seguro. Le dio la espalda a Levi quién parecía dormir boca arriba, mientras ella siempre lo hacía de lado. El sueño empezaba a vencer a la desconfianza, su esposo seguro no quería más de ella, o al menos por esa noche.
Г Levi
Odiaba que las mujeres lo tutearan, desde que Marianne hizo lo que hizo, Levi había perdido la confianza en todas ellas, así que no estaba dispuesto a dar a Petra el mismo amor que le brindó a su ex mujer, estaba perdido viendo la cortina que fungía como techo de la cama, cuándo vio a Petra recostarse, tan pequeña, tan temerosa, no sabía sí lo que había hecho se vio menos grotesco en su mente, pero tampoco esperaba que la joven reaccionara bien ante él, fue brusco y abusivo, hasta él sintió pena al recordar que ella no era la otra, que quizá no fuese una basura como ella, las contradicciones de su mente siempre terminaban perturbándolo al grado de no poder conciliar el sueño, mientras el parecía sumergido en su océano personal de ideas, la castaña cayó en un sueño tan profundo que parecía dar saltitos a cada rato, tan raros que sacaron a Levi de sus pensamientos turbulentos. Parecía tener pesadillas, se notaba en esos breves quejidos que soltaba, tan inocente Petra, tan nulamente culpable de lo que él había pasado en la vida, pero con la cruz de cargar con todo en su pequeña espalda. Fue como si su cuerpo se moviese solo, pero cuando lo notó, ya estaba abrazando a la menor por la espalda, pasó un brazo por debajo de ella y el otro por encima, aferrándose al cuerpo como si quisiera calmar los sueños malos con su mera presencia, recargó el rostro sobre el cabello de su fémina, olisqueando los restos del aroma a vainilla dulzón que quedaron luego del baño.
En esa posición bien podía sentir los latidos del corazón de su mujer, estaban tan cercanos, más que cuando la tomó casi a la fuerza, Petra despertó, lo notó porqué ella empezó a respirar mucho más agitada, casi hasta se puso temblorosa. – Calma… calma. – Musitó el azabache a su oído, luego le dejó un suave beso en la mejilla, como si se tratase de un amoroso esposo. Ella no supo como reaccionar, su cuerpo lo hizo por ella, relajándose para lentamente caer en sueño profundo de nuevo, guiado por ese respirar suave del hombre. Al compás que al que él también sucumbía.
Г Primer día de casados.
Por la mañana, Petra despertó de lo que pensó fue un sueño extraño, su marido había sido bueno, pero seguramente fue solo eso, un sueño del anhelo de la castaña. Él ya no estaba en cama, según vio la luz colándose por la ventana no era tan tarde, se sentó al borde de la cama, viendo cada lugar de la habitación bien ordenado, parecía un amante de la limpieza empedernido, o el ama de llaves era demasiado eficaz. Annie entró a la habitación casi en cuánto la castaña estaba buscando dónde habían colocado sus pertenencias. – Mi señora, hay que apresurarnos, el señor Rivaille está a punto de tomar el desayuno y si usted no lo toma con él no le permitirá hacerlo después. – No es que ella tuviese hambre, pero si lo de la noche anterior no había sido un sueño, no deseaba hacerlo esperar. Annie preparó un vestido sencillo color azul cielo, ayudó a Petra a vestirlo de inmediato, le acomodó el cabello en un recogido y apenas unos bucles improvisados, se veía sencilla con eso, pero totalmente jovial y hermosa. Le calzó unas botas más ligeras que las del día anterior y finalmente bajaron, lento, pues la señora Rivaille aún no superaba las sensaciones de su cuerpo por la brusquedad de su marido, sin contar los moretones que le quedaron en la piel de los glúteos, al llegar al comedor, había otra persona además del azabache, era Reiner, el contador y al parecer mejor amigo de Levi. Ambos se levantaron cuando ella llegó, esperando a que se sentara, incluso Levi se acomodó tras la silla de su mujer, separando esta para que ella lograra sentarse, ella, tan cómoda y feliz que se sentó. – Buenos días y gracias. – Levi lucía hasta con un semblante distinto, no sonriente como el rubio, pero ya era algo.
El desayuno consistía en huevos duros, panceta y salchicha para los señores, vino tinto y pan con mantequilla, mientras Petra solo comía algo de fruta con jugo de arándanos silvestres. El desayuno transcurrió en silencio, pero no de esos incómodos, de esos dónde no pasa nada, más que un exquisito plato enfrente. Una vez que terminaron, los caballeros se retiraron a la oficina del mayor, mientras Petra buscaba a Annie para dar una visita al jardín, además del paseo por la casa que se le había programado.
Annie llegó rápido, hablaba la rubia de manera baja, así que era del agrado de Petra, quién aún no asimilaba que ya era una señora a esa corta edad que tenía, tuvo la indiscreción de preguntarle a la mucama su edad, resultó tener la misma, la castaña se preguntaba si había hecho lo correcto al casarse mientras observaba el salón lleno de pinturas al que la noche anterior no le había prestado atención, siguieron avanzando, grandes salones de cuyos techos colgaban impresionantes candelabros, hermosos y llamativos, igualmente las paredes blancas en algunas habitaciones y en otras de tono hueso con detalles en rojo y dorado, el gran comedor para unas veinticuatro personas, demasiado grande todo solo para ellos dos y los empleados. - ¿Nadie más vive aquí, Annie? – La rubia respondió en voz más alta de lo usual, casi como si lo hiciese porque alguien podría estar escuchando – Nadie, los señores y el servicio, solamente. –
Tal como Petra lo imaginaba, tan sola en una casa tan grande que no lo podía superar, su casa era más humilde, pero siempre iban a visitarla sus primos menores, le encantaría que ahí pudiese ser igual, pero era una mujer casada.
El panorama pintaba mejor con esa faceta del azabache, hasta sentía sus brazos rodeando su cuerpo, un tenue rubor subió a las mejillas de la castaña. - ¿Se siente bien, mi señora? – Preguntó Annie cuando noto el color en las mejillas de Petra, ella negó con el rostro y continuaron el recorrido, llegaron a una habitación rezagada del tercer piso, la mucama se veía nerviosa cuando la señora le pidió que le mostrase esa habitación, aún así su deber era servirle.
Г La esposa muerta.
La habitación era más grande que la recámara que compartía con Levi, aunque por fuera parecía pequeña, por dentro era una verdadera joya, los largos ventanales estaban cubiertos por cortinas oscuras, así que Petra se dirigió a uno, abriendo la cortina para ver mejor el esplendor del lugar, al centro había una cama grande, similar a donde había pasado la noche, un enorme espejo que estaba atrás de un gran tocador, también estaban unos cuadros tapados con sábanas recargados sobre la pared, se aproximó a ellos después de ver la cantidad de cosas lujosas sobre el tocador, Petra retiró la pieza que cubría el más alto cuadro, ahí reconoció a Levi, Annie abrió los ojos como platos por quién estaba atrás de él en la pintura, una mujer de cabello oscuro, lacio, ojos hermosos y rasgados, un rostro que parecía de porcelana, labios carnosos y de un porte de lo más elegante, esa mujer fácilmente tenia unos veinte años, pero una belleza tan especial que Petra se sintió repentinamente opacada, una niña boba. – Ella es su primera esposa, ¿verdad? – Cuestionó Petra a la mucama, quién notó la incomodidad de la señora, asintió brevemente. – Qué hermosa era… - La castaña se giró para ver su rostro casi infantil en espejo. – Dime lo que sepas de ella… No le diré a Levi – Annie agarró aire para calmar sus nervios y poder hablar. – La señora Mikasa… No, Marianne era mitad japonesa, por ello sus rasgos tan hermosos y distintos. – Petra no entendió acerca de la cuestión del nombre. – Marianne o Mikasa… ¿Cuál es el nombre, Annie? – La rubia intentaba explicar bien. – Marianne fue el nombre que adoptó aquí, el otro es el de su lugar de origen, la señora siempre fue muy mimada por el señor Rivaille, mamá era la ayudante de la señora, así que me contaba de cuánto era amada, solo que empezó a salir de viaje a Japón por su familia bastante constante, una vez fueron juntos los señores y ella no volvió. – Annie se sentía traidora, pero por alguna cosa extraña le tenía confianza a la nueva señora.
Ahora Petra empezaba a temer no solo por su cuerpo, ahora temía por su vida. Salieron de ahí en cuánto la rubia cubrió todo lo de Marianne, la pobre mujer que Levi había condenado a morir… ¿O él sería inocente? No sabía ni que pensar, estaba confundida por todo, tal vez debería huir, pero no tenía ni idea de qué hacer. No quiso ver más de la casa, solamente fue a dormir, no hubo comida o cena para ella, Levi pasó casi todo el día encerrado con asuntos de negocios, acompañado de Reiner y otro contador, no esperaba que Petra estuviese al pendiente, pero esperaba más interés de su parte. Finalmente así eran las mujeres, unas interesadas.
