Yo no poseo ninguno de estos personajes
||Este capítulo me dolió. Si, tuve que meterme en papel y sentir lo que Petra, sentí bieeeen feo mientras escribía pues me puse en la situación y no, no, no. Es un dolor de corazón bastante fuerte. Hoy tuve dia libre así que adelanté el de esta semana. Estaré publicando lunes o viernes. Y bueno, las cartas de Petra son para que se den una idea de la evolución del personaje. El de la próxima semana va a resolver dudas y a darles más. ¿Quién es esa hermana jodida? Además que... Les mando saluditos a quiénes siguen mi historia; gracias.
• Reiner •
La mañana era una de los peores enemigos de Reiner, cada que el sol tocaba a su puerta la felicidad se iba de su vida, era de esas personas que adoraba dormir, era algo magnífico estar en un mundo irreal dónde las cosas podían ser distintas. El ama de llaves de su casa tocó la ventana del joven. Reiner tenía unos veinticinco años, hombre con buena educación y una pequeña fortuna que él mismo estaba ganando gracias en su mayoría a la ayuda de su mejor amigo Levi Rivaille, un hombre distinto sin dudas, ambicioso pero eso solo lo hacía trabajar más duro.
Desde los preparativos de la boda improvisada para Levi, Reiner había sentido por primera vez en su vida un poco de envidia por la suerte del azabache, se casaría con una mujer hermosa, pero lo qué más le llamaba la atención de Petra eran esos enormes ojos que parecían haber guardado la belleza de la vida, nunca vio antes tanta belleza irradiando. Sin embargo, era ahora la mujer de su mejor amigo y él solo se limitaría a verla desde la distancia. La fatídica mañana había comenzado, el ama de llaves le dejó la ropa lista y el almuerzo sobre la mesa que estaba cercana al ventanal. Se cambió tan rápido como pudo pues se le hacía tarde, habían dejado muchos pendientes y era hora de regresar a la casa de Rivaille.
El coche tirado por un par de caballos andaba rápido, pues era ligero, excelente para él que siempre andaba a toda prisa, cuándo al fin llegó, se topó a Levi en la entrada, cómo un gesto entre iracundo y confundido, la charla no fue como la esperaba, puesto que lo jaló hacia uno de los salones de lectura pequeños, lo miró a los ojos, luego le habló nervioso. – Ella… Regresó, no sé que voy a hacer, pero me la voy a llevar de aquí para hospedarla en algún sitio mientras consigo qué hacer… Reiner, cuida mi casa y a la niña estúpida con la qué me casé. – No dijo más pero se marchó de inmediato, el rubio era discreto y no iba a hablar de más, pero podía apostar que sabía quién más iba en el carro grande preparado en la entrada, Annie se aproximó al más alto para informarle el estado de Petra, a ella le agradaba mucho la señora, por lo tanto le daba mucha pena cuando Levi la hacía sentir mal. Reiner estuvo a nada de irse a buscar a Petra, pero notó que empezaría a llover y pidió un paraguas. Salió de la casa al rumbo que le indicaron y fue cuando empezó a caer agua en pequeñas pero constantes gotas, él caminó más rápido hasta que el pequeño cuerpo de Petra estuvo en su rango de visión. Esa niña emanaba dolor, era tan joven que sintió mucha lástima por ella, si fuese su esposa jamás se sentiría así, sin dudas.
Llegó hasta ella, los ojos hinchados denotaban el encuentro previo con el azabache, lo descubrió cuando le habló y ella volteó, la cubrió con el paraguas y empezaron una caminata, cada cosa que ella le contaba, le hacía ver cada vez más maravillosa y única. ¿Qué joven de esa edad tiene interés en saber de plantas medicinales? ¿Quién podría aceptar que una joven tan hermosa y ahora adinerada sepa toda labor de hogar? Definitivamente ella no era como Marianne, Levi debía ser idiota, un gran idiota.
Después de un rato caminando, cuando la lluvia se fue y el lodo empezaba a pegársele en la parte inferior del pantalón y zapatos, la llevó hasta la casa, mientras se acercaban podía verla de reojo casi temblar, nerviosa, y ese fulgor en la mirada más que extinto. – Tranquila, Rivaille no está. – Petra se sonrojó, como si hubiese sido atrapada en un pensamiento indebido. A la entrada la esperaba Annie, tenía el baño listo para qué la señora no cogiese un resfriado, además de tener el almuerzo preparado pues la señora no comió ni el desayuno.
Reiner la dejó ir, con sus anhelos escapando por la ventana, fue a limpiar sus zapatos para luego retirarse a la oficina de Levi a seguir con el trabajo.
• Los días sin él •
Aquella tarde, Petra bajó a comer después de la ducha, no quiso comer sola en su cuarto, así que ordenó a Annie qué comiese con ella. En el gran comedor ambas, incluso invitó a Reiner, iba a ser un día calmado sin Levi, por más serena, paciente o buena que fuese Petra, Levi no parecía tener interés en una buena relación con ella. Quizá erró en cuestionarlo así, pero Petra jamás iba a poder sustituir a su esposa muerta, nunca la iba a amar cómo a ella, quizá estaba siendo ambiciosa y ni llegaría a quererla. La noche anterior parecía solo un juego de seducción dónde ella cayó redondita y él fue el vencedor.
Tenía que acostumbrarse a qué lo único constante en su vida iba a ser el dolor, las lágrimas y el sabor agridulce de cada caricia de ese hombre. Comieron en paz y cada quien a sus labores. Tomó la cena en la habitación y a dormir, esa noche el otro espacio en la cama estaba vacío, inconscientemente lo extrañó porque a pesar de todo era su esposo, y la amplia cama se hacía más grande con su ausencia ¿Qué hacía su esposo con la hermana de esa mujer? - Sí tanto la amaba debió casarse con su hermana… si eran parientes debían parecerse un poco, ¿no? – Se cuestionaba en voz alta, sola en su habitación.
No podía ni conciliar el sueño, vagó un rato en los pasillos, llevaba una vela sobre un artefacto para no quemarse, parecía un alma en pena, pero se decidió y llegó hasta la habitación de la difunta mujer de Levi. Destapó cada cuadro, con ese rostro que parecía de porcelana, esos ojos rasgados y tanta belleza que parecía esculpida a mano, en cada cuadro donde los pintaban juntos, él se veían feliz, estúpidamente feliz… Y cuando estaba con ella siempre lucía incómodo, fuera de contexto, ¿Era acaso porque no era tan hermosa como Marianne? La autoestima de Petra tocaba el suelo, estaba pudriéndose de lo infeliz que era. Entre las cosas de la muerta, encontró unas botellas de lo que parecía whisky, tomó una de esas, la destapó y empezó a beber, el hueco lleno de dolor en su pecho empezó a llenarse de calor trago por trago, y las lágrimas brotaban como si no se le fuera a acabar nunca el llanto. Sabía que no amaba a su esposo, no había cariño de parte de él a ella… Y aún si llegaba a quererlo más sería una idiota porque ni todo el amor iba a comprar eso que él se negaba a darle. Porque solo había amado a una mujer y no era ella.
Luego de media botella, ya no sabía ni que hacía, empezó a gritarle al cuadro del día de la boda de Levi y Marianne. – Yo no soy tú… ¡Yo no soy tú! Pero estoy viva y no quiere amarme… ¿Por qué tengo que estar atada a alguien que no me va a amar jamás? ¿Por qué me odia tanto? ¿Por qué? – Eran gritos tan fuertes que se escuchaban por toda la casa, Annie corrió a avisarle a Reiner qué aún estaba en el despacho del azabache, culminando el trabajo de ambos, cuando se enteró ambos corrieron a buscarla, los demás de la servidumbre ya dormían o se hicieron los sordos.
Llegaron cuando estaba hablándole al espejo – Yo no… Soy tan bonita, ¿verdad? – Se sentía la persona más miserable del mundo, viéndose triste, patética en pijama y tan deprimida como nunca en su vida. Reiner se sintió horrible, Levi le estaba rompiendo el corazón y la vida a alguien por su estúpida obsesión por esa mujer. Cargó a Petra mientras Annie iba abriéndole las puertas y ayudando para que no se tropezaran. El arribo a la recámara de los señores fue lento pero seguro. – Huele demasiado a alcohol, creo que es su primera vez y no la lleva nada bien… Trae un té muy caliente para ella, yo me encargo. – La rubia se fue mientras Reiner acomodaba y cubría a Petra con unas sábanas. – Señor Braun. – Musitó Petra. – ¿Nunca podré ser amada por Levi? – La culpa aumentó, la castaña estaba ebria pero él no, no le decía nada pero la dejaba hablar. – Creo qué es porque ella es la mujer más hermosa que he visto jamás. – Él negó con el rostro. – Tú eres la mujer más hermosa que ha pisado esta casa. – Pero ella no le escuchó pues empezaba a dormir, al contrario de Annie que alcanzó a oír. Entró con el té pero no era más necesario, así que ambos se fueron para dejarla dormir.
Por la mañana la resaca no la dejaba vivir, pero se recuperó y aún sin autoestima suficiente, fue aprendiendo a estar así, sin el amor de su esposo, aunque con la amistad de Annie y Reiner, los días corrieron su curso, Petra tejía para entretenerse, a ratos leía o se iba con la cocinera a enseñarse nuevas cosas, la servidumbre estaba apreciando mucho a la nuevas señora, aunque quién sabe que pasaría con ella cuando regresara el señor pues todos se enteraron de cómo la estaba tratando. Cada noche lloraba un rato antes de dormir, pues la incertidumbre la estaba matando, luego se quedaba dormida con los ojos hinchados y despertaba muy temprano, con el sol, desayunaba y comía acompañada de su par de amigos aún así la cena era solitaria y poca. Estaba más pálida que antes, pero su cuerpo empezaba a mostrarse más desarrollado, pechos un poco más grandes y curvas más notorias, si algo era verdad es que día a día se ponía más hermosa.
Tres meses, tres meses siendo la esposa de nadie, había dejado de llorar por las noches resignada al abandono, tres meses jugando a la esperanza invisible, se había quedado sin lágrimas ya, seca por ese lado, tan amable como siempre pero odiando a su padre y a Levi, al padre porque ni siquiera era capaz de buscarla a pesar de que era su culpa todo lo que estaba pasándole y con recibir su dinero al mes se olvidó de la hija que casi vendió. Y a Levi, a él más que a nadie por jugar con una vida, por mucho que la hubiese comprado no tenía derecho a tratarla así… Cómo una muñeca sin sentimientos. Reiner le mentía diciéndole que volvería pronto, incluso con una promesa de volver para su siguiente cumpleaños que sabía lo hacía por no verla sufrir, Annie siempre fiel a ella, más de una vez habían llorado juntas, sin decirse más, no era necesario pues la rubia era muy empática con la señora, a Petra se le fue endureciendo el corazón porque se cansó de llorar y ser débil. Se cansó de ser el juego de Levi. Las cosas iban tomando su rumbo sin su esposo. Dejó de pensar en lo grande que era la cama, dejó de cuestionar si algún día iba a ser amada.
• Reiner •
Ser el apoyo de Petra y Levi no era fácil, él le mandaba cartas notificando su estado, pero con oraciones simples y más que nada vacías en cuánto a cosas para su esposa y con instrucciones específicas para los negocios. Obviamente él sabía dónde estabas el azabache, en las cartas decía la dirección, pero no estaba dispuesto a arriesgar en aquello que estaba metido, no podía decir nada al respecto. Y con ella, con ella era más difícil no abrazarla, estrujarla entre sus brazos y decirle lo enamorado que estaba de ella, la prudencia era lo que tenía que mantenerla y eso hacía con todo su esfuerzo.
Él mismo necesitaba hablar con Levi en persona, rogarle que si nunca iba a estar con ella, qué mejor la dejara ir, a él no le importaba si ya no era doncella, pero no quería ver re nuevo que sus ojos se apagaran más.
Los días pasaban rápido, prácticamente vivía en la casa de Rivaille haciendo el trabajo, aunque su principal motivación era Petra, hablarle y aunque sea por un instante verla sonreír, cuatro, cinco y seis meses habían pasado ya, Petra ya había cumplido diecisiete años, se veía realmente hermosa en la pequeña celebración, pastel, bocadillos y sidra de la cosecha de Rivaille, solo estuvieron los miembros de la servidumbre, Annie se había convertido en la persona de confianza de la castaña, y él. Todos felices ahí menos ella. Por supuesto Levi no tenía ni idea de Petra estaba de cumpleaños, fue al cuarto mes de su ausencia, no hubo tampoco carta de su padre, al parecer él solo se acordaba de esas cosas cuando el dinero no le llegaba el mero día primero de mes. Entonces recordaba la dirección de los Rivaille y enviaba una nota pidiendo no olvidaran su mesada, con un pequeño saludo para su hija.
Levi le envió una carta a Reiner avisando de su regreso, a menos de una semana de estar ahí. Temía decirle a Petra, no por celos, era porque temía causarle dolor.
• Cartas sin destinatario •
Petra, desde el primer mes acumuló cada cosa que quería decirle a Levi, pero terminó guardando una a una bajo su cama.
|| Carta #.1
Le he esperado algunas noches con la esperanza de qué regrese y podamos hablar. Quizá si soy estúpida, pero tampoco es que sepa manejar cada situación en la vida, no soy de palo y me ha dolido todo esto. Sé que quizás nunca me amará como a ella, pero deme la oportunidad de demostrar el afecto que le tengo, déjeme enseñar más de mi y no solo la fachada que se lleva.
Suya, como aquella noche. Petra Rivaille
|| Carta #2
Ya van a ser dos meses, la cama se ve muy grande sin usted. Y aún no tengo la oportunidad de que hablemos… Y es que ni una carta me ha mandado, a veces siento que jamás tendré la oportunidad de mostrar que soy más de lo que piensa. Me he leído varios libros de contabilidad de su colección, espero poder ayudar algún día, se me da muy bien. Además el señor Braun me ha enseñado con ejemplos en los libros de algunas de sus fábricas. La señora cocinera me enseñó a hornear el pato con batatas que le gusta, espero algún día podamos comer juntos.
Suya, Petra Rivaille.
|| Carta #3
Llegó el tercer mes, a decir verdad ya me cansé de llorar. Sino quieres estar conmigo deberías decirme y ya. Supongo que podría regresar a casa de mi padre para que tú tomes este que es tu hogar. Ya te tuteo porque no importa, ¿no? Soy una mujer abandonada a final de cuentas y no importa ser obediente a un hombre que me ve más muerta que a su mujer muerta. Ha de ser bonito eso de amar y ser amada. Pero supongo que yo jamás voy a saber de eso. Gracias a la codicia de mi padre y a ti.
Un placer hablar contigo, como siempre. Petra Ral
|| Carta #4
Ya pasó mi cumpleaños, es a días del de Annie así que estuve de acuerdo en hacer algo pequeño, ni mi padre me escribió ese día pero no te preocupes, no me duele ya. No me duele nada, ni él o tu ausencia. Hace tiempo que lo único que me importa es aprender y aprender. Creo que estás esperando a que muera para casarte de nuevo, pero no te voy a dar ese gusto… Ni ningún otro. Ya me cansé de esperar, de ser yo quién sufra.
Buena charla, como nunca. Petra Ral
|| Carta # 5
Ojalá no regreses jamás. Quédate con quién te hace feliz.
Petra Ral.
El sexto mes ya no hubo carta, Petra se esmeraba en aprender día a día. En ser útil a Reiner con las cuentas y en aprender nuevas recetas o cosas de tejido. Porque la única manera de ignorar a un corazón roto era mantener una mente ocupada, así como la pasaba ella.
• El regreso •
Las ruedas de la carreta resonaban al compás de los caballos corriendo a toda velocidad, Petra estaba atareada con un libro de una fábrica textil de contabilidad, cuando entró corriendo Annie, en ese típico vestido victoriano de mucama, traía los ojos azules abiertos y respiraba agitada, pasó saliva y soltó. – El señor… Regresó. – A Petra se le fue más el color.
