Yo no poseo ninguno de estos personajes

|| Este capítulo es más que nada una explicación del viaje de Levi y la resolución de un misterio horrendo, aunque ahora gracias a esto se desencadenará alguien que traerá nuevas intrigas para nuestros protagonistas. Gracias a quienes me leen y a quienes empiezan a hacerlo, son mi razón para continuar. Disfruten

• Reencuentro •

Parecía que Annie iba a hiperventilar cuando llegó Levi, le avisó a Petra tan rápido como pudo, la castaña se quedó atónita un momento, no sabía qué hacer pero algo se le iba a ocurrir. Agarró aire pues no quería que la viera así, por el contrario, siguió con lo suyo en aquellos libros de contabilidad de una fábrica textil. – Ve y ayuda al señor, Annie. Cuando termines vienes a verme. – Petra hablaba tranquila, pero la rubia podía ver en sus ojos la confusión y el enojo que irradiaba, más la madurez obligada le había servido muchísimo en la ausencia del azabache.

Annie optó por obedecer, aunque estaba demasiado preocupada por Petra, demasiado para ir muy tranquila a con el señor de la casa. La mucama ayudó a bajar las maletas mientras el señor lucía consternado, quizá esperaba que Petra estuviese en la entrada para recibirlo, había tanto que hablar con ella y al mismo tiempo tenía tantas ganas de evitarla. Seis meses no fueron suficiente para que perdonara su indiscreción, tampoco es que Petra quisiera ya ningún perdón.

El que salió a recibirlo fue Reiner, Levi llegó muy formal de traje negro, las puñeteras cortas como siempre y la camisa blanca con un holán delgado, con un prendedor negro a juego con el traje, lucía regio en ese color. Por otro lado el rubio traía pantalón gris con tirantes y una camisa sencilla blanca que denotaba su cuerpo trabajado, abrazó al más bajito cuando lo tuvo al alcance, Levi solo sonrió con cierto pesar, se separaron después de un par de segundos. – Crees… ¿Crees que ya debería hablar con ella? Ha pasado tiempo – Reiner se preocupó por Petra, quién sabe que ha venido a decirle tan de repente, perturbando el mundo que ella empezaba a construirse. – Está en el despacho si quieres hablar con ella… Me ayuda con unos libros de contabilidad. – Levi alzó ambas cejas ante el descubrimiento – Raro ¿Desde cuándo sabe ella de esas cosas? – El rubio se sintió molesto, no sabía cual era el odio hacia la menor que siempre intentaba humillarla. – Es una muchacha muy inteligente, en menos de tres meses aprendió todo lo básico de contabilidad, administración y otras cosas de esa índole. – Levi no pudo evitar sentirse impresionado, aunque sea un poco, sonrió de nuevo y fue a buscar a su mujer, estaba sola ahí pero ya no estaba temerosa porque en el tiempo que pasó se convirtió en una mujer más fuerte y decidida. Cuando oyó la puerta abrirse, ella levantó la cabeza mientras él la observaba directamente, sus miradas se cruzaron un par de instantes, Levi se sintió ligeramente incómodo pues el odio y rencor que ella sentía era capaz de atravesar cualquier cosa. Se apresuró a hablar para romper el ambiente – Esperaba que mi esposa estuviera esperándome en la entrada. – La castaña empezó a notar el calor proveniente del odio de su propio cuerpo. – Yo esperaba tener un marido después de casarme, pero he sido la esposa de nadie. – El tono agrio fue demasiado notorio, Levi juntó el entrecejo y la mueca de desprecio fue clara, aunque a Petra no le importó y regresó la mirada al libro. Ahora él tenía unas inminentes ganas de decirle algo para herirla, pues las verdades dolían y ella soltó una muy fuerte. – Debes comprender, no es fácil haberte casado con una mujer tan estúpida que no mide sus palabras, y… Cuándo encuentro algo mejor que hacer pues… Es una salida fácil para no verte. Aunque extrañé mi vida no me puedo deshacer de todo solo por ti, Petra. – Una inmensidad de dolor llegó de nuevo a Petra, sentía cosquilleos en las manos por golpear algo, pero no debía permitirse llorar o sentirse débil. Ahora era el tiempo de demostrar a Levi Rivaille que ella no era ninguna estúpida. – Es lo que pasa con las decisiones apresuradas y movidas por el interés. Pero no recuerdo haberte pedido ni una sola explicación, ¿O sí? Puedes quedarte dónde quieras todo el año, finalmente yo no te necesito para nada. – Todo mientras la atención seguía en el libro, escribiendo y sacando unas cuentas, como si aquella charla fuese de lo más ordinaria en una relación, tanto odio que hasta él llegó a sentirse abrumado, no supo siquiera cómo responder, solo recordó el tuteo y se indignó. Fue hasta dónde ella por un costado, la tomó de ambas muñecas y la levantó con fuerza, Petra se sobresaltó, y Levi la jaló hacia sí, se agachó apenas un poco para dejar un beso sobre los labios de la fémina, uno intenso, lleno de enojo, pasión, dolor y confusión, él no se había ido por ella, no, fue por culpa de alguien más y a pesar del poco tiempo juntos si recordó a Petra, su cara de inocencia, la dulzura en su mirada y ahora había tanta rabia en ella que la culpa le cayó de peso, no le gustaba qué lo tutearan pero eso terminó pasándolo por alto cuando la tuvo de nuevo tan cerca, más de una noche deseó dormir abrazado a su cuerpo delicado que ahora lucía más desarrollado ¿Qué le habían hecho esos meses a la mirada de Petra? Repentinamente él fue mordido en el labio inferior con fuerza, hasta se escuchó el crujir de la parte interna cuando pasó. Se separó de ella y llevó la diestra a sus labios. – Jamás… ¡Jamás vuelvas a tocarme, te odio! – Petra se fue corriendo, azotó la puerta y se largó hasta los jardines, Reiner escuchó el problema y fue hasta el despacho, asustado, pensando que Levi había golpeado a Petra. Entró corriendo casi. – ¿Te atreviste a golpear a tu esposa? – Reiner estaba furioso, Levi levantó el rostro, tenía el labio brevemente hinchado y con algo de sangre. – Claro que no. Pero parece que hoy todo mundo me grita – Reiner bajó el rostro, estaba apenado y a la vez el rostro de Levi le causó gracia – Eso… ¿Te lo hizo ella? – El azabache asintió mientras Reiner soltó una carcajada amplia, no sabía sí estaba asustado, orgulloso de ella o feliz porque eso demostraba que no lo amaba. Fue deteniéndose pues el rostro de Levi se veía consternado.

Annie fue solicitada para preparar una habitación distinta para Petra, una para ella sola y él se quedaría en la habitación vieja, por alguna razón sentía que la menor estaba en lo correcto en no querer que se le acercara. Lo que ganaron en poco tiempo lo perdieron por culpa de la manera idiota de decir las cosas de ella y ese arranque estúpido de él, que no era capaz de deshacerse del fantasma del pasado que se iba a encargar de seguirlo haciendo infeliz hasta el último de sus días.

• Memorias tristes en las que no hay mañana feliz •

Para la noche ya estaban cada uno en sus respectivas habitaciones, Petra tenía una recámara nueva, estaba cómoda y tenía el detalle extra de qué no tendría que pasar ni una sola noche más con él. Tal vez era solo su esposa de repuesto, pero no compartiría más el lecho con alguien que no era capaz de amarla o al menos apreciarla, menos aún porque era capaz de decir cosas tan crueles, las cobijas eran cálidas compañeras que traían bienestar a su adolorido corazón. Se abrazó a su almohada larga, e intentó en silencio llorar, pero las lágrimas no venían, se quedaron tatuadas en su alma y no podían salir. Pegadas a ella, pegadas al dolor eterno en su pecho que Levi solo regresó a acrecentar, empezó a dormir, era cansado eso de no poder mostrar el dolor.

|| Levi ||

No terminaba de entender cómo logró invocar tanto odio en ella, tanto desprecio que no cabía en su pequeño cuerpo. La culpa le invadió, por algún momento recordó su cara en el día de su boda, tan hermosa, quizá todo el rechazo que le tenía él por culpa de Marianne habían convertido esa inocencia en un cúmulo de odio, le dio una sensación extraña, algo similar a dolor.

La cama aún tenía el aroma dulzón de las fragancias de Petra, ella estaba tan cerca y a la vez tan lejos, pero seguía con esa confusión de qué hacer. Marianne había regresado rogando perdón por haberlo abandonado, aunque los rumores de qué él la mató llegaron a afectar hasta sus amistades, él no sabía sí regresar con ella o buscar una nueva vida con Petra. Sabía que la mentira se le iba a escurrir entre las manos, ahora todo mundo iba a saber que lo abandonaron y dejaron por otro. Aún sentía amor por ella, o quizá era esa obsesión gracias a la humillación de sentirse dejado de lado. Pero, a veces se detenía a pensar en Petra, en su pequeña nariz que le daban ganas de mordisquear juguetonamente, de su sonrisa llena de calidez y la bondad que emanaba. Eran tan distintas.

• La verdad detrás de la huida •

Durante su ausencia se llevó a la supuesta hermana de Marianne, qué en realidad era ella con un peinado y ropas distintas, ya sin el acento británico fingido que usaba cuando vivía con él, cuándo la vio no supo si gritarle o matarla de verdad con sus propias manos, pero ese amor que aún conservaba le impidió hacerle daño, solo pudo sacarla de ahí, le dijo que no le dirigiera la palabra hasta que no se hubieran ido a otro sitio.

Anduvieron horas en el coche, quizá cinco o seis. Nunca se detuvieron a comer o beber algo, ella no merecía la compasión de nadie, mucho menos la de él. El silencio imperaba por parte de ambos, pero no por los caballos que andaban a toda prisa, hasta que se detuvieron, Levi se asomó levantando la cortina apenas un poco y ahí estaba, una de las propiedades de la familia Rivaille, una preciosa casa de veraneo cerca de las costas, Marianne iba seria, como si fuesen a sentenciarla a muerte.

Entraron al lugar y lo primero fue ir hasta un salón muy grande, varios sillones estaban en centro, hasta el cochero y una mucama qué se veía bastante torpe por alguna razón los siguieron, para noche ya había caído y él mismo moría de hambre, por lo que pidió que les llevaran algo de cenar, nadie los esperaba pero no podían negarse al dueño de todo. El aroma a sal viajaba en el aire, clara señal de que el mar estaba cerca. Levi abrió la ventana grande para que el viento invernal hiciera aparición. Marianne tomó asiento y él enfrente de ella, la mirada de culpa qué poseía la pelinegra parecía no tener demasiado efecto en él. – Habla. ¿Qué quieres ahora? – Impasible, la mujer solo se limitó a responder. – Vengo a pedirte perdón, Levi – Ahora si, Levi quería matarla pero la dejó continuar. – Necesito explicar todo lo que pasó. ¿Puedo? – Él asintió. – Te juro que siempre te amé… No hubo nada ni nadie que llenara el dolor que sentí cuando me di cuenta que era una idiota, Eren me sedujo… Yo solo fui débil y él me atrapó. – Marianne se dejó caer de rodillas frente a Levi, rogando clemencia. – No estuve mucho tiempo con él, lo juro. Pero lo pensaba para venir de rodillas a pedir tu perdón y mi lugar cómo tu esposa, no tengo a donde ir ni qué hacer, lamento la vergüenza que te hice pasar, lamento ser tan idiota y crédula ante los hombres pero solo te pido tu amor, quiero recuperarte, sé que te casaste… ¿No se anula si se llegan a enterar que estoy viva? ¿No podemos estar juntos? Sé que aún me amas… Lo veo en tus ojos. – El azabache empezó a pensar en Petra, ya no era una doncella, y si alguien llegase a saber que su mujer anterior seguía viva quien iba a caer en la pena iba a ser su pequeña castaña, esa muchacha gentil que parecía no conocer la maldad. – No, no te atrevas a hacer nada tan estúpido como ir a decir eso, por favor. – Marianne estaba llorando, pero él no sabía que creerle o qué hacer. – No lo haré… Pero no me eches a la calle, qué te amo.

Cenaron en silencio, el reloj que estaba cerca de la chimenea era el único ruido evidente, y poniendo mucha atención de fondo se escuchaba el mar. Levi estaba demasiado confundido para volver a casa y hablar con Petra, o explicarle nada. Siempre consideró a Marianne el amor de su vida pero estaba al mismo tiempo herido por su traición ¿Qué haría? – Ya no uses ese nombre, podría traernos problemas. Usa el real, finalmente solo los de la casa grande conocen ese y ahí no volverás. – Mikasa sonrió amargamente. – Entonces no me perdonas, ¿no? – Él bajó el rostro. – No sé, Mikasa. – La esperanza regresó a ella. En cuanto terminaron de comer, Levi cogió su abrigo para irse, ella lo siguió hasta la puerta – Quédate conmigo, mi amor. – Él solo negó y se fue. Pasó seis meses en una comunidad dónde tenía una fábrica, lejos de ambas. Confundido y cansado de todo. Su único pasatiempo en ese tiempo era limpiar la oficina dónde se instaló y rogar porque Reiner mantuviera los demás negocios a flote. Seis meses y solo le escribió a Mikasa pues no quería que se acercara a la casa dónde vivía Petra. La mantenía a raya con notas de dos líneas y manutención para el lugar, la mujer vivía cómoda pero ella aspiraba a volver a ser la señora.

No la visitó de nuevo, aunque lo haría en cuanto tomara una decisión, una que cambiaría el futuro de los tres.