Yo no poseo ninguno de estos personajes.

|| Gracias por leerme, de verdad. Levi parece al fin entender quién está mal y ahora puede perder todo.

• Sonrisas vacías •

|| Levi

Tenía esa inminente necesidad de abrazar a Petra, desde que la vio así de agresiva sintió cómo si fuese su culpa todo aquello, realmente lo era pero tampoco era fácil admitirlo. Quizá abrazarla cómo aquella vez, oler su cuello y decirle que todo iba a estar bien, solo que aquella idea se veía lejos, lejos como la amabilidad de su esposa. Y aún estaba ahí la idea clara de Mikasa, era hora de tomar una decisión y jamás se sintió tan incapaz de hacerlo. Quería quedarse en cama, no perder el aroma dulzón de su mujer, pero habría de trabajar y Reiner tenía que actualizarlo en cuestión de algunas fábricas, solo que él de momento no tenía cabeza para eso.

Annie pidió permiso para entrar, Levi lo concedió y la mucama ingresó, dijo que ya estaba el contador esperando en su despacho, él y la señora Petra esperándolo. El azabache sintió algo en el pecho, una incomodidad tremenda, le ordenó que avisara que iba a bajar en poco, por lo que la rubia se retiró de inmediato, él se puso en pie, recorrió la habitación desnudo, había mucho de ella ahí aún, hasta el odio pudo sentir. Recogió del tocador un perfume redondeado, el aroma era como melón o algo así de dulce, la sonrisa mostró sus dientes, a sabiendas de que probablemente jamás volverá a oler directo de su piel, este resbaló de entre sus manos y cayó al suelo, este rodó hasta la orilla de la cama, ahí mismo se agachó para recogerlo, lo quería solo para él ya, esa extraña sensación entre quererla aunque se negara y esa en la que aunque quisiera no iban a estar juntos. Mientras agarraba el frasco, tocó una caja que parecía de madera, lo jalo hacia afuera al igual que el perfume.

La caja tenía un grabado sobre el café oscuro, eran unas rosas sin color de relleno, pero bien hechas, eran solo dos rosas cuya raíz estaba enlazada, tenía un broche muy pequeño pero no tenía mas seguridad, así que no pudo evitar abrirlo, levantó una tapa y dentro estaban unas cartas, sacó estas en una sola exhibición, se sentó sobre la cama para empezar a leer, pues claramente decían su nombre, agarró primero el sobre que tenía la fecha más vieja, los demás los dejó sobre la cama, así que empezó a leer.

|| Lectura

Sintió un hueco en el pecho, uno espacioso. Se portó como un patán culpando a Petra por todo y eso le había deprimido a la mujer, siendo que desde el principio fue culpa del fantasma de Mikasa. Ella que lo había dejado por otro, quién decía amarlo pero ahora ya no sabía que era o no verdad. – Perdón, Petra – Se lamentó en voz alta, cómo si eso pudiese remediar algo.

La segunda no la abrió hasta que dejó la primera como estaba, en esa era donde le contaba de lo que estaba aprendiendo, ella quería demostrarle que no era ninguna tonta, el nudo en la garganta era muy notorio, llegó a intentar dejar de leer pero no fue capaz. Repitió el proceso de la primera y la regresó a donde pertenecía. La tercera pudo romper una parte de él, ya no era más "Petra Rivaille" y el odio… Ya no le prestaba interés a saber si ella lo tuteaba o no, ahora era doloroso pensar que esa mujer pudo amarlo de verdad y él perdió la cordura por la traición que Mikasa le hizo, y aún así a la última si le dio oportunidad de hablar, las dos cartas finales fueron un castigo. De verdad que era un imbécil ¿Cómo le pasó por la cabeza regresar con Mikasa? Era la primera vez que estaba tan confundido. Las ansias lo devoraban lenta y tortuosamente, guardo todo en su sitio ¿habría algo para él en el futuro qué no fuese confusión total? No tenía idea, pero si algo deseaba era alejarse de nuevo, no era lo suyo afrontar situaciones de esa naturaleza.

Terminó por vestirse y bajar, era hora de ver a Petra y aunque fuesen a hablar de negocios era tiempo de un segundo encuentro, pero ahora bajo la perspectiva de lo que la joven vivió y con esa transformación tan radical. Al despacho entró sin hacer ni un ruido hasta que abrió la puerta de un empujón, aquello que vio lo dejó helado.

|| Petra

La noche era un trago agridulce, desde el hecho qué ya no tendría que compartir cama con quien la odiaba tanto hasta el saber que toda su vida la iba a pasar dentro de esa tormentosa relación, dónde lo más fuerte siempre iba a ser el recuerdo de otra mujer. Ni siquiera pensaba ya en tener hijos, eso supondría que jamás iba a poder ser, era una casa tan grande y aún así sentía que no cabían los dos con tanto rencor.

Por la mañana tendría que verlo y hablar con él de nuevo, entregarle junto a Reiner las cuentas y explicar la situación de las fábricas, bastante buenas en realidad. El rubio le había enseñado bien y ella era capaz de hacer muchos procesos, estaba demasiado agradecida porque nadie jamás pensó en que podría ser algo más que una mujer de cartón, de esas programadas para ser esposas y madres, pero él la vio como alguien capaz de pensar y eso era un regalo para alguien como Petra.

Petra intuía que Annie sentía algo por Reiner, se notaba en su mirada cuando comían los tres juntos, pero la rubia jamás lo admitió, Petra le preguntó más de una vez, y la joven solo se sonrojaba antes de negar. Ella comprendía el temor por la diferencia social, pero estaba segura que Reiner Braun no era un hombre que se fijaba en ese tipo de cosas. Tenía disposición para ofrecerle su ayuda a Annie, por la mañana hablaría con él al respecto.

Por la mañana se aseó, cambió y peinó antes de que la mucama llegara a ayudar, bajó hasta el despacho para encontrar apenas a Reiner ahí. Annie entró a avisar que Levi bajaría más tarde, así que pensó que era el momento idóneo para hablar aquel tema amoroso. Reiner le dedicó una sonrisa extraña, como vacía así que no se animó a decir más, el silencio se rompía con las aves cantoras qué andaban por los jardines recorriendo los árboles y andando de flor en flor. Petra observaba el faldón de su vestido color verde esmeralda, a decir verdad, la castaña se veía preciosa aquella mañana, con el vestido que resaltaba sus ojos y esa piel clara, traía un collar de plata con una esmeralda mediana como joya principal. El cabello suelto y con bucles de la parte baja, el vestido de manga larga afinaba su ya delicada figura. El rubio la observaba a momentos, la menor desviaba la vista a la ventana hasta que le oyó hablar. – Petra… ¿Le incomodaría si le hablo de algo que no es trabajo? – La castaña se emocionó, estaba segura que iba a decir que le gustaba Annie. – Pero no me interrumpa hasta que termine, ¿sí? – Petra asintió. – Levi no le ama, ni puede llegar a hacerlo porque él sigue enamorado de Marianne… Pero eso usted ya lo sabía. Lo que no sabía es que ella sigue viva – Petra elevó el rostro inmediatamente, lo primero ya lo sabía pero eso último era nuevo, sintió cómo el corazón se le apretaba en el pecho, y no sabía sí llorar, reír o gritar ¿Qué le faltaba a Petra? Nada, como si todas las cosas malas solo fuesen a pasarle a ella. – Petra, quizás sí Levi volvió con ella, la que caerá en vergüenza es usted, pueden inventar cualquier cosa. Yo no sé si regresaron… Pero no dormí pensando en esto ¿Cómo va a quedar usted en sociedad? Su padre ha caído en vicios y solo se preocupa por dinero… Usted es joven y hermosa para caer en la inmundicia que la sumergirá Levi. – Petra no toleraba tanto, tenía los ojos vidriosos por las ganas de llorar, le temblaban las manos. Reiner se puso en pie, quedó justo frente a ella, observando directo a sus ojos. Tomó las temblorosas manos de la castaña con seguridad y calidez mientras ella pensaba tantas cosas al mismo tiempo que no podía ni pensar. – Yo la amo, Petra. Estoy dispuesto a estar con usted hasta el final de los días. – A Petra se le erizó la piel ¿eso era el amor?

Ella no se sentía atraída ya por Reiner, solo fue la idea vana del "si hubiera" pero no fue así, ella no lo amaba, lo veía como la mejor persona que había conocido, ella era casada, o eso pensaba hasta ese día, ya nada era seguro en la vida de Petra Ral, cuando menos lo pensó, ya estaba él besándola, sus suaves labios masajeaban los de ella en una demostración de amor, no era afecto o lujuria, era amor. Ella estaba alejándolo cuándo la puerta se oyó, Reiner se echó hacia atrás y ambos vieron a un Levi sorprendido, parecía dolor lo que decían sus ojos, y al mismo tiempo se llenó de cólera, parecía un perro rabioso, se dejó ir contra Reiner a los golpes, Petra se llevó ambas manos a los labios mientras ellos se golpeaban.

|| Reiner

Le costaba concentrarse en lo que iba a decir, pero agarró valor. ¿Por qué Levi aún no le decía la verdad a Petra? Pero ahora se lo iba a decir él. Ella no merecía ser botada a la calle como basura y que una traidora como Marianne se quedara con todo era de lo más injusto que jamás se imaginó. Él estaría ahí para llevársela y tomarla como esposa, sería su reina y nada más.

Mientras se confesaba, no pudo ceder ante la belleza de la menor, esos labios que quería devorar a besos estaban justo delante de él y no iba a perderla, era una oportunidad que no iba a tener si le daba tiempo de rechazarlo, se dejó ir y la besó, con todo el amor qué pudiese transmitir en un solo beso. Disfrutó aquel efímero momento aunque ella no correspondiera, hasta que la puerta se abrió de golpe, Levi se arrojó a él con todo lo que tenía, a pesar de ser bajito era muy hábil para los golpes, no quería ver a Petra, no quería ver lo que le había hecho sin querer, ahora Levi la iba a querer matar pero él iba a llevársela antes, no la iba a dejar ahí para que hiciera algo con ella. – Petra, recoge tus cosas. – Ella negó mientras el azabache le gritaba traidor. Al fin pudo atinar un buen golpe al mayor. Así que se quedó quieto – ¿Tú para qué la quieres? ¡La vas a botar como basura! – Levi escupió hacia los pies de Reiner.

• Una reacción inesperada •

|| Levi

Aquello no le cabía en la cabeza ¿cómo era posible que Petra le hiciera lo mismo? Todas las mujeres eran iguales de nuevo ante los ojos de Levi. Estaba dolido, pero ahora no la iba a dejar ir así de fácil, no. Ahora tendría que hablar con ella. Ahora si quería saber la razón exacta de su infidelidad. – No te vas a llevar a nadie. – Petra se veía alterada, asustada, con más ganas de huir que el mismo Reiner. – ¡Annie! – Gritó, la muchacha llegó de inmediato al lugar pues el escándalo había llegado a toda la planta baja. – Llévate a la… señora a su recámara y enciérrala, sino lo haces todos me la van a pagar. – Petra observó a Annie como si le temiera, y la rubia la cogió de la mano con cuidado, ella le ayudaría a escapar de poder, por eso Levi la amenazó. Petra era consciente de eso y por ello se fue sin oponer resistencia. En cuánto salieron de nuevo observó al rubio. – Vete de mi casa, no te quiero cerca de aquí o de mi mujer. – Reiner se notaba furioso también, le temblaba el labio inferior de pura ira. – No la quieres, yo la amo. Tú la volviste desconfiada y su mirada perdió brillo. Déjame amarla – Levi no toleró aquello. – Eso no te da derecho a convertirla en tu amante. – El azabache llevó ambas manos a su cabeza, masajeando las sienes. – Si la conocieras, sabrías que clase de persona es. – Las voces eran cada vez más bajas, así que la servidumbre estaba perdiendo el chisme que tan ansiosos oían al principio. – Tu amante, eso. Una cualquiera, una puta. – Reiner no soportó tal insulto. Dio a Levi un derechazo justo en el ojo izquierdo, el mayor cayó hacia atrás sobre el sofá, derribando este hacia atrás, se puso en pie casi de un salto. – ¡Ella es una dama! ¡No es esa zorra de tu ex! – Levi cayó en cuenta que quien forzó aquella situación entonces fue Reiner y no Petra. – Y aunque te hubiese sido infiel. Tú prefieres eso ¿No? Vas corriendo con esa y te pierdes seis meses ¿sabes lo horrible qué es ver llorar a la mujer que amas por alguien que la odia? – Levi se quedó helado. ¿Qué iba a hacer?

Dejó que se fuera Reiner, ahora solo quería pensar. Mandó a una mucama por whisky y en cuanto se lo dio se fue a su cuarto el resto del día. Se alimentó a base de alcohol y todo el día pensó en cómo había hecho para cambiar así a Petra, y peor aún, ¿por qué no había ido ya s enfrentarla? Sacó las cartas y se aferró a ellas, como si no hubiera nada más en su vida. Al lado de la cama, con el olor de Petra en la habitación.