|| Yo no poseo ninguno de estos personajes. ||

|| Oh Dios. Este capítulo es más corto pero sepan que será difícil {?} tengan paciencia que el lunes tendrán su episodio nuevo y resolverán las dudas que les quedarán de hoy. Gracias a mis lectoras constantes: Cirze, GirlSc, Lexia, Nay y a mi Gordetoh que a pesar de qué no le gusta el drama igual me lee. Un besote y espero que se estén llevando sorpresas en cada episodio, el próximo no tendrán ni idea de lo que viene, espero que les guste.

• Desesperación •

Estaba encerrada, sola, ansiosa ¿a qué hora llegaría Levi a matarla? Sabía que en algún momento terminaría de enterarse de todo, y de verdad que era algo que necesitaba para continuar con su vida, saber si huir, o si quedaría manchada por haber sido "amante" de Levi, porque si lo que Reiner aseveró era cierto, él seguía casado con la misteriosa Mikasa. Una tormenta repentina azotaba el lugar, el viento y las gotas gruesas de lluvia golpeaban con fuerzas las ventanas, una estaba cerca de su cama, así que ella se arrinconó en el suelo, al lado de un escritorio. Los rayos le daban un miedo increíble, desde niña sentía que en momentos como esos el cielo podía caerse.

Sus labios aún tenían la esencia de los de Reiner. Nunca había sentido tanta calidez en un beso, más no le emocionaba de más la idea. Jamás se esperó que el rubio estuviese enamorado de ella. La idea le causó conmoción y al mismo tiempo un sentimiento de lástima por él. Al haberse confesado perdió hasta su trabajo, veía como la noche parecía caer pero no podía saber pues el cielo tenía un rato siendo gris y a ratos se iluminaba por los molestos truenos. Annie pasó a dejarle fruta fresca y jugo de naranja, además de bollos con mantequilla y nuez, pero seguían ahí en la charola sobre la mesa esquinera del cuarto. La tormenta cada vez era más agresiva, así que Petra se metió en un hueco entre el enorme ropero de Cedro y la pared, resguardándose aniñadamente de los peligros del mundo que ahora radicaban en esa habitación.

Luego, golpeó su puerta, era Levi.

|| Levi

Lo que él vivía ahora era un doloroso golpe de realidad. No se había casado con una mala mujer y él se encargó de hacerla justo de esa manera que era ahora. Tan rencorosa que le daba miedo acercarse a ella pues no sabía que clase de reacción iba a tener. También perdió a ahorrar mejor amigo y empleado, a quien lo escuchó tantas veces y le aconsejó. No lo podía culpar, lo dejó seis meses a cargo de una hermosa y dolida joven. ¿Cómo demonios no intentar proteger ese rostro angelical? Negó con el rostro mientras seguía aferrado a las cartas de Petra con la zurda, recargado en la cabecera de la cama y la derecha sosteniendo la botella que le agrandaba el dolor en el alma. Él jamás bebía de la botella, pero era un día distinto donde Levi Rivaille no era quien solía ser. Menos aún aquel hombre antes de la traición de Mikasa. Por su cabeza rondaban ideas raras, tales como: "¿Y si Petra hubiese sido mi primera esposa?" Quizá tendrían un par de niños regordetes corriendo en el jardín, o tal vez viajarían juntos visitando las fábricas y arreglando documentaciones y demás cosas, juntos, oliendo siempre su perfume dulzón y abrazando su cuerpo delicado, besar cada rincón de su cuerpo y ser siempre uno mismo.

Pero él ya estaba mal desde el principio, se enamoró de alguien que se encargó de amargarle el existir y como efecto dominó, él arruinó la vida de alguien más y al parecer había sido para siempre, ¿cómo reparar algo tan hecho trizas? Además estaba Mikasa, Mikasa y esa mirada suplicándole por perdón, ¿acaso ella sabía lo mal que la llevó él por su culpa? Trago a trago ese whisky desaparecía, el escozor descendía por su garganta en cada uno, pero tampoco se llevaban su dolor.

Estuvo incluso recordando de aquella vez que la atrapó teniendo sexo con su hermano adoptivo, Eren, quién parecía ocultar que llevaban bastante en aquella practica, viajes y viajes a ver a sus padres eran la cortina perfecta para encontrarse con su amante. Esa vez fue la única que estuvo a punto de llorar, un nudo se le hizo en la garganta, fue un duro golpe a su manera de ver la vida. Su princesa había bajado del trono por voluntad propia, pero había hecho de él la basura de hombre que fue capaz de tomar a la fuerza a Petra el día de su boda. En esa basura que le arrancó la virginidad sin darle un solo beso, quien la hizo sentir como una zorra.

No podía con tanto, tenía que pedirle perdón a Petra. El alcohol le dio ese falso valor y fue capaz de ponerse en pie, iba con sus cartas en mano, despeinado y descalzo a toda rapidez al cuarto de Petra. Dejó caer la botella para tocar pues no iba a soltar sus cartas, no ahora. Tocó y tocó tanto como pudo. – ¡Petra abre! – Una y otra vez, una de sus cartas se deslizó de entre sus ahora torpes manos por la ebriedad.

• Un lamento •

Lo oía gritar. Su voz se mezclaba con los truenos y ella sentía mucho miedo. – Petra… ¡Petra! – Pero hasta resultaba estúpido porque ella estaba encerrada y no podía abrir por dentro, pero no respondía, ni lo haría, si quiera moverse, hasta que lo oyó gritando por la llave, el desespero le hizo pensar muchas cosas ¿y si intentaba tocarla o golpearla? La sola idea le parecía de lo mas espantosa. Así que abrió la ventana con rapidez y colgó la cobija compra si hubiese escapado por ahí. Abajo había arbustos así que se vería convincente, ella se encerró en el ropero mientras oyó a Annie llegar, Levi la echó y entró a la "vacía" habitación. – Seguro fue Reiner. – Aseveró con hostilidad. Se fue a toda prisa con todo y sus cartas, el aire y agua entraban por la ventana y su cobija seguramente estaba arruinada, lo veía por la rendija.

|| Levi

Reiner había ido por ella, estaba seguro, se la quería robar antes de que él pudiese hablar con ella y recuperarla, ella sería su esposa, no le importaba nada más que pedirle perdón y contarle todo desde el principio, así Reiner no podría llevarla a ningún lado. – Annie, prepara el carruaje y tú vas conmigo. – Annie le sugirió que se pusiera zapatos o pantuflas, pero él se negó, el cochero no estaba disponible así que él iba a manejar a los caballos. Annie se veía temerosa, pues la tormenta no parecía cesar y vio cuando el señor Rivaille agarró el arma de mano que tenía en el cajón con llave de su despacho. Le entregó a Annie la botella. – Mejor quédate y espera a que ella regrese… sino está con él regresará. – La rubia se sintió repentinamente aliviada, Levi se salió y montó en el carro porque si volvía con ella no la podía traer a caballo.

Lo único que llevaba dentro de los bolsillos del pantalón eran sus cartas, iba a regresar y hablaría con ella. Quería saberlo todo de la mujer que deseaba como madre de sus hijos.

Los caballos empezaron a andar, el azabache era hábil manejando ese tipo de vehículos, así que entre la lluvia y el lodo que salpicaban aquellos animales, iban a toda prisa, pasando primero por el jardín de los Rivaille, ese camino de piedras que lo atravesaba, cuando salieron del enorme sitio, los guió hasta la estrecha vereda que cruzaban para llegar al pueblo más cercano antes de ese donde vivía Reiner. Pero la vista se le nublaba entre la densa lluvia y tanto alcohol, un rayo, un solo rayo que fue capaz de derribar un árbol enorme, este golpeó el vehículo donde iba Rivaille con fiereza, arrojando a este por impulso de catapulta unos tres metros hacía atrás, cuando cayó se golpeó contra unas piedras. El impactó mi siquiera lo dejó gritar, solo sintió cómo un hilito de sangre descendía por su boca y como la lluvia estaba llenándolo todo, frío, viento, y un perdón ahogado entre las manos.

|| Petra

Se quedó un rato dormida dentro del ropero. El sitio era cómodo por amplio y los abrigos tan tibios que la resguardaban del frío por la ventana abierta que dejaba entrar incluso agua sobre su cama. No quería dormir ahí. Mientras dormía un rayo bastante ruidoso la despertó, incluso tenía una extraña sensación como de pena o dolor. Era extraño pero imaginó que Levi ya se había dormido. Salió del cálido sitio para bajar, pero cuando llegó a la puerta, sus pies tocaron un papel que discernía del resto del suelo. Cuando lo vio el corazón empezó a latirle mucho más rápido, ¿Levi había leído aquello? Si era así ya conocería sus sentimientos y no tendría que explicar más allá.

G

Guardó la carta antes de salir a buscar a la mucama rubia que tanto le había ayudado, cuando dio con ella, Annie se sorprendió al verla en casa. Le contó lo qué Levi había hecho y pensó que esa mala sensación de antes era porque seguro le iba a hacer algo a Reiner.

La noche transcurrió en medio de lluvia y una corazonada de esas que sabes que algo malo pasará. La castaña pensó en que Levi asesinaría a Reiner, la culpa le invadía. Si ella hubiese dado la cara quizás no pasaría más que la echara de su casa o que le hiciera la vida imposible cómo si lo que ya había pasado no fuese suficiente. Mientras más entraba la madrugada más parecía que el cielo se iba a caer. Por la mañana el panorama no pintaba distinto y ellas a la expectativa de lo que ocurrió entre Levi y Reiner.