No me pertenece ninguno de estos personajes.

|| Estaba leyendo lo de la semana pasada y el autocorrector me trolea. Ahora* Como*

Y bien, me gusta como va la historia. Ya nos quedan solo cómo cuatro capítulos para el final, espero les esté gustando. Gracias por seguirme y ¡ánimo!

• Duda •

La lluvia seguía atormentando la mente cansada de Petra quién temía por la seguridad de Reiner, Levi había salido a buscarlo desde mucho tiempo atrás y ahora no sabía que ocurrió. Annie se mantuvo a su lado, siempre al pendiente de lo que su señora pudiese necesitar, además de haberle dado más de un té para mantenerla calmada. Se oía como las gruesas gotas golpeteaban las ventanas y a pesar de ser ya de día el cielo se veía demasiado oscuro. Se notaba la piel erizada de la castaña quien apenas y se vistió, no quiso desayunar ni nada, además que, en el fondo, Petra estaba preocupada por Levi. La noche fue espantosa y no había señal de él, ni siquiera había vuelto la carreta y se le apretó el corazón cuando Annie mencionó que pudo tener un accidente por lo feo que estaba el camino, cosa que no deseaba, pero le era imposible no pensar en él, a final de cuentas había más que desprecio en su corazón.

Las horas transcurrían lentas, como si el día jamás fuese a terminar, tanto como la tormenta que no cesaba, el reloj avisaba que pasaban de las seis de la tarde, los rayos iluminaban el salón que Petra mandó a tener apagado, solo la chimenea encendida y ella dándose calor frente a esta, pues el clima era frío y deprimente, como las ideas de la menor. – Mi señora, creo que es hora de que coma algo. – Musitó Annie, preocupada por Petra qué no había probado bocado en todo el día. La muchacha cayó en cuenta de que se sentía débil y brevemente hambrienta, quizá si tendría que comer algo. – Cena conmigo en lo que seguimos esperando. – Pidió a Annie mientras ella se ponía en pie para ir al comedor para tantas personas que siempre ocupaban ella, Annie y Reiner, ¿Hasta dónde tendría que sufrir Petra para que la vida tenga suficiente? Además, no le gustaba nada la idea de preocuparse por el azabache, pero, a ratos recordaba los pocos buenos momentos que tuvieron juntos, mentalmente los ponía en una balanza con los que tenía con Reiner, con el rubio eran más… pero… Los de Levi pesaban más. Cosa que le hacía sentirse inmensamente estúpida, quizás lo era, no era del todo su culpa jamás haber visto al rubio de otra manera que no fuese un amigo, un preciado amigo.

Palpó con la diestra el roble de la mesa, tan perfectamente tallado que le encantaba la textura, de la nada, le vino a la mente la idea de su cajita, dónde estaban guardadas las cartas sin destino, esas para Levi que nunca entregó. Si llegase a pasar una desgracia ella sería la primer culpable, debió darle la cara, pero ahora no podía lamentarse.

Llegó Annie con una charola, mientras otra mucama llevaba otra y la madre de Annie puso la mesa antes de que sirvieran. Destaparon las charolas una vez que estaban sobre la madera, hogaza de pan con mantequilla y frutillas frescas al costado, mermelada de moras silvestres y una jarra con leche. El aroma del pan recién hecho se mezclaba con el de la mantequilla, huevos duros y panceta, como siempre había para elegir lo que Petra prefiriera, así mismo se conformó con algo de pan, pues el aroma hizo reaccionar su hambre, cogió algo de leche que le sirvieron, la primer mordida le hizo sentir el sabor dulce del azúcar que le pusieron encima, se le aguó la boca y siguió comiendo, pasó de satisfacer el hambre a comer por ansiedad, Annie cenó huevos duros y panceta, tampoco había comido bien, pero no era para que Petra comiese de aquella manera. Cuando terminaron de cenar, Petra le dirigió una mirada con cierto aire de culpa a Annie – ¿Tú crees que están bien? – La rubia bajó la mirada un instante. – Mi señora… Las noticias malas corren sin piedad ¿No cree que ya sabríamos algo en ese caso? – Annie no pensaba que estuvieran bien, pero Petra era una muchacha de su edad, nadie merecía que le ocurrieran tantas desgracias siendo tan joven, y peor aún, tan amable cómo era la castaña. La joven se sentía menos tensa con esa respuesta, por lo que regresó frente a la chimenea para recostarse sobre un precioso diván, el peso de las horas estaba cayéndole sobre los hombros, la comodidad de una cena en exceso y la calidez del salón le obligaron a dormir profundamente, mientras la tormenta iba cediendo poco a poco, hasta que entrada la mañana de nuevo, el sol se asomaba de entre las nubes, buscando el espacio que le fue arrebatado por estas.

La luz de la ahora brillante mañana, atacaron el rostro de Petra, pues tenía una ventana justo encima de ella, abrió los párpados lentamente mientras sus ojos se acostumbraban a la luminosidad del día. En cuanto cayó en cuenta de que se quedó dormida, se quitó la manta con la que le habían cubierto para empezar a gritar por Annie, la mucama se apresuró, ella ya estaba vestida con ropa que no era de trabajo. – Dígame, señora – Petra la miró atónita. – Annie, ¿Llegó Levi ya? – la rubia negó con el rostro. – De hecho iremos a buscarle, el cochero ya tiene todo listo. – Petra casi se cayó del diván. – Yo iré con ustedes. – Ni siquiera se arregló, se fue tal cuál cómo despertó.

No anduvieron demasiado en coche, cuando pasaron la curva qué unía la mansión de los Rivaille al camino del pueblo más cercano, encontraron un árbol obstruyendo el camino, Petra tuvo un mal presentimiento, el cochero se bajó para ver como moverlo o saber si necesitaría más ayuda, Petra se asomó por la ventana, había una rueda de coche más abajo, y lo que parecía una cabina, como en la que iban ellas, de inmediato se bajó, se le aceleró el corazón por completo, un nudo se le formó en la garganta y de alguna manera, sentía que a pesar del sol, iba a ser un día más gris que los anteriores.

El cochero la observó mientras se asomaba por el borde del camino, eran varios metros hacía abajo dónde se veían esas cosas, quizá unos tres. – Mi señora, tenga cuidado, una caída de ahí sería imposible salir ileso. – Petra no le hizo caso, empezó a hiperventilar mientras los ojos se le llenaban de lágrimas, la puerta de la cabina tenía la "R" en dorado sobre un campo del mismo tono, ni podía hablar, pero Annie la alejó de la orilla. – Mark, asómese ¿no era ese el coche del señor? – El hombretón se aproximó a la orilla, sin dudas era ese. Pero Petra ya lo sabía, Levi se cayó ahí y era su culpa por no darle la cara ¿Qué iba a hacer ahora? Se libró como tanto deseaba de un raro matrimonio arreglado, de un lugar donde no la comprendían, de ser la sustituta de un fantasma que resultó estaba viva. ¿Ahora qué? La culpa se la estaba comiendo, junto con la conmoción y el dolor. Empezó a temblar, Annie le ayudó a subir al coche pero Petra estaba ausente. Su cuerpo estaba ahí pero no su alma, el dolor y la culpa eran un dúo terrible, eran capaz de adueñarse de la mente de cualquier persona.

Annie era demasiado eficiente, mandó a buscar a Reiner para que se hiciera una búsqueda del señor de la casa, pero antes él quiso ir a ver a Petra, no atosigarla u obligarla a nada, solo verla, aunque fuese un momento. Petra estaba en la habitación que compartió con Levi alguna vez, de nuevo rememorando sus pocos momentos juntos, tiempo que, sin saberlo ella en aquellos momentos, hicieron que se enamorara de él. No pudo evitarlo, por eso le dolía tanto su ausencia y ese amor enfermizo por su ex mujer. Por eso le dolía hasta la médula no representar nada para él, nada más que un juguete. Pero, ya era tarde. No iba a saber jamás que quería decirle o si simplemente la iba a matar por el beso que le dio el rubio.

Sobre la cama, cubierta con las cobijas, deseó de nuevo estar con él, abrazarlo una vez más, pensó en lo que habría pasado si fuesen de la misma edad y hubieran conocido juntos el amor. No había nada que la consternara más que imaginar cómo seria si él la hubiese amado. Reiner no se atrevió a violar su duelo, no se sabía nada del cuerpo de Levi, pero si lo encontraban, sabía que ella se estaba preparando para eso. Reiner descubrió que Petra amaba a su marido y él iba a dar lo que fuese por encontrarlo con vida, no se rindió en algo que nunca pudo ganar, simplemente cedió la felicidad a dónde correspondía.

|| Reiner

Con el corazón roto y la pena que le embargaba el no saber de quien alguna vez llamó: "mejor amigo" organizó unos diez grupos de búsqueda, si Levi estaba vivo, iban a dar con él. Eran grupos de cinco personas y un sabueso, con una intrépida nariz y ropa de Levi para facilitarles la búsqueda. Él encabezaba el grupo principal, dónde también iba un doctor por si lo encontraban en malas condiciones.

Buscaban con las horas de luz y regresaban cuando Selene se asomaba en el cielo, se les estaba pagando bien a todos, pero luego de una semana de búsqueda, los ánimos empezaron a bajar, y así tres semanas dieron, entre cansancio y hartazgo. Pidió que no se difundiera sobre la desaparición de Levi, sin embargo era casi imposible retener la información por tanto tiempo.

• Cuando el cadáver apesta; los buitres llegan •

Petra lucía descuidada, casi un mes en cama provocó aquello, estaba tan deprimida que le dolía pensar cualquier cosa, procuraban darle leche de amapolas, pues algunas noches despertaba gritando el nombre de su marido, lo cual le provocó estar más ausente que después del shock emocional. Un mal viernes, el padre de la muchacha arribó a la enorme mansión de los Rivaille, más que cara de tristeza llevaba una sonrisa de oreja a oreja. Vestido de traje de terciopelo negro, holán y puñeteras blancas, unos zapatos elegantes y un sombrero que no iba en nada a juego con la ropa, pidió ver a Petra quién recién había tomado aquel brebaje que le hacía perder el espíritu. Irrumpió en la habitación y la cerró, Petra lo veía apenas como una ilusión y empezó a hablar de palabras qué momentáneamente no le entendía. – Petra, ahora eres millonaria, pero cediste a este horror de la leche de amapolas, lo cual me conviene pues soy tu único familiar y manejaré todo tu dinero… ¡Petra! Me has hecho el padre más feliz. – Musitaba el hombre y ella solo ladeó el rostro, luego el se aproximó y la acarició por encima de la ropa. – Me darás tanto dinero, qué podré perdonarte haberte quedado con la belleza de tu madre. – Era un hombre demasiado dañado pues, mientras la muchacha estaba así, la acarició por encima de las sábanas, paseando por sus ahora más redondeados pechos, sus más anchas caderas, ese cuerpo que tanto se parecía al de su madre. El pecado le invadió las ideas, le dieron ganas de poseerla cómo en sus mejores sueños imaginó, pero, Annie estaba preparando el baño para darle una ducha cuando oyó todo lo del padre, empujó la puerta para salvarla. De inmediato giró el rostro hacia la cama, donde el hombre le estaba tocando las piernas por encima de la cobija, Petra solo negaba con el rostro en brevedad. – Ah, mi señor. No sabía que el papá de mi señora estaba aquí. – El hombre la soltó ipso facto cuando vio a la rubia, salió de inmediato sin decir más, decidida a suspender el "calmante" qué le daban a la menor.

Annie se encargó de traerla de nuevo al mundo, desechó la idea estúpida de drogarla qué tuvieron y la duchó, le ayudó a despertar y admitir que ahora era probablemente viuda, se esforzaba bastante por ella para que pudiera enfrentarse a la vida, y a ese reto que ella sabía llegaría en cualquier momento.

Pasaron unos cinco días más, Petra tomaba el té junto a Annie mientras esperaban a los sujetos de la búsqueda, tranquilas hasta que oyeron una carreta, pensaron en Reiner y los demás, pero no esperaban qué al abrirse la puerta entrara una elegante mujer de cabellos azabaches, mirada afilada y sonrisa cínica. – Hace más de siete meses que no pasaba por acá. – Se levantó Petra de inmediato, caminó hasta donde estaba la mujer, qué además venía acompañada de un atractivo joven, de piel un poco bronceada. – ¿Quién eres? – Cuestionó Petra a la persona frente a ella. Pero Petra ya conocía la respuesta – Mikasa, Mikasa Rivaille. – La castaña sintió el peso del apellido en los hombros, se había colado la ex de Levi y no sabía que quería. – La señora Rivaille ahora es ella. – Agregó Annie, mientras Petra intentaba salir de la conmoción. – No sabía que las gatas hablaban – El joven que acompañaba a la mujer soltó una carcajada burlona, la menor reaccionó ante el comentario viperino. – Annie no es ninguna gata, pero si usted me lo permite… usted si es una perra. – El muchacho rió con más intensidad. – Cállate, Eren. En cuanto a ti, vengo a reclamar lo que me pertenece, Levi murió y como su legitima esposa todo esto me pertenece. – La sonrisa de la oriental parecía una burla en memoria del azabache. – Arreglaremos esto cuando llegue Reiner. – Mikasa asintió.

• Un ángel •

Solo escuchó como se encendían las llamas de una fogata, el calor que dio a su cuerpo eran de agradecer.

{…}