¡Hooolaa! :D ¡Aquí está el segundo capítulo de esta historia! *Baila* ok, no xD En primer lugar quiero agradecer a los que le dieron una oportunidad a esto, en serio :'D Espero que les guste este pequeño capítulo y dejen aunque sea un review, para saber que lo leen y así lo continúo -¡gracias!-.
Princesa Twilight Sparkle 1: ¡Gracias! Espero no defraudarte :)
Los personajes utilizados aquí son propiedad de Dreamworks y William Joyce.
Capítulo 2: Los Guardianes.
Afortunadamente, Sophie recordó que aún conservaba una esfera de cristal de North para crear un portal, ya que así fue mucho más rápido llegar al Polo.
-¡Sophie! -saludó Tooth al verla llegar junto a Jack.
El Hada de los dientes voló hacia Sophie junto con sus pequeñas haditas y le dio un gran abrazo, elevándola en el aire. Luego la soltó y abrió la boca de la chica para inspeccionar sus dientes, lo cual resultaba normal para Sophie.
-Veamos... ¡Pero qué hermosos dientes! ¡Veo que los has estado cuidando muy bien! -Soltó su boca para mirarla-. ¡Y qué bella estás! Toda una mujercita.
-Gracias, Tooth.
Sandman la saludó con una mano en alto, formando pequeños signos de arena dorada sobre su cabeza. North lanzó una alegre y cálida risa al verla, y Sophie corrió a sus brazos.
-¡Sophie! ¿Cómo está mi pequeña?
Sophie debía admitir que ya estaba acostumbrada a los abrazos de oso de Santa Claus. North era como el abuelo que todos querían tener. Le besó la mejilla a la chica y la dejó con delicadeza en el piso. Sólo faltaba un guardián...
-Sophie...
La mencionada dio media vuelta y se encontró con Bunnymund. Él se veía sorprendido de verla, en tanto que ella no podía dejar de sonreír.
-¿Cómo es...?
Pero el conejo no pudo terminar su pregunta porque Sophie ya estaba abrazándolo y tirándolo al piso junto con ella.
-¡Bunny! -gritó con entusiasmo la jovencita de largos cabellos rubios.
Bunny se llenó de ternura al escucharla decir su nombre con la misma alegría de siempre, de la misma manera en que lo llamaba cuando era muy pequeña. Él correspondió el abrazo y ella se sintió más segura que nunca. De todos los guardianes, Bunny era el favorito de Sophie por obvias razones. Desde aquella primera vez en que la pequeña hermanita de Jamie visitó la madriguera de Bunnymund, eran inseparables. Sophie aún tenía el leve recuerdo de aquel día en que conoció a los guardianes, cuando tenía tan sólo dos años de edad. Había crecido con la completa creencia en ellos junto a su hermano. A cambio, los guardianes los hicieron parte de sus vidas. Jamie y Sophie tuvieron el privilegio de conocer todo sobre ellos y ser sus amigos. Pero así como Jamie había tenido preferencia por Jack, la dulce Sophie adoraba a Bunny.
-¿Qué te trae por aquí, pequeña sabandija? -cuestionó el conejo con una adorable sonrisa.
-Vine a verlos, ¿es que ya no puedo hacerlo? -dijo ella, casi triste.
-¡Pero claro que sí, pequeña! -exclamó North con los brazos abiertos.
-Aunque deberías estar durmiendo, mañana tienes escuela -dijo Tooth con un dedo en alto, lo cual hizo reír a Sophie.
-Ah, no seas aburrida, Tooth -se quejó Jack, sin dejar de lado su sonrisa.
-Sophie, ¿quieres galletas o pastel de frutas? -le ofreció North.
Dos duendes se acercaron con una bandeja llena de galletas, pero ella las rechazó amablemente.
-No, gracias.
A Sophie le daba gracia que North siempre ofreciera sus galletas sin darse cuenta de que algunas estaban mordidas o lamidas por sus duendes.
-Has crecido mucho, niña -comentó él.
-Sí, ya tengo dieciséis -afirmó la rubia.
Sophie ni siquiera se fijó en las miradas incrédulas que intercambiaron los guardianes entre sí, estaba bastante entretenida saludando a uno de los pequeños duendes. Jack se acercó volando a la chica y tocó su espalda para llamarle la atención, entonces le hizo entrega del dibujo que había hecho para Bunny. Sophie sonrió en respuesta y corrió hacia el Conejo de Pascua para darle el regalo.
La pequeña Sophie dibujaba desde que tenía memoria, lo que había empezado como simples garabatos se convirtió en un increíble talento. Cualquiera que viera sus cuadernos llenos de dibujos encontraría retratos exactos y perfectos de los guardianes, pero claro que muchos, al no creer en la existencia de los espíritus, creían que ella sólo dejaba volar su imaginación. No tenían ni la menor idea de que lo que dibujaba la niña era totalmente real.
Bunny esbozó una tierna sonrisa al ver que la costumbre de Sophie, con el pasar de los años, no había cambiado. Y como Jack había dicho anteriormente, Bunny tenía cientos de dibujos bien guardados en su madriguera. En este dibujo, Sophie y Bunny pintaban huevos, pero ella era apenas una niña de dos años.
-No puedo recordar casi nada de ese día en que los conocí -admitió Sophie-. Pero a veces llegan imágenes a mi mente y al dibujarlas... los recuerdos regresan... -Una imagen vino entonces a su mente y agrandó sus ojos, dirigiéndose a Tooth-. Creo recordar que quisiste regalarme unos dientes... con algo de sangre...
El hada rio dulcemente con sus haditas revoloteando a su alrededor.
-¡Sólo conseguí asustarte!
Bunny le sonrió a la niña y señaló el dibujo.
-Gracias, Sophie.
Ella volvió a abrazar al guardián de la esperanza. Jack flotaba de cabeza mirando la situación con una sonrisa traviesa, estaba elaborando un malvado plan para molestar al conejo más tarde, pero entonces recordó que se habían reunido allí por alguna razón.
-Oye, North, ¿qué ibas a decirnos?
Los cuatro guardianes y Sophie hicieron un semicírculo frente al guardián del asombro para escucharlo atentamente; sin embargo, el alegre hombre esta vez se puso serio y parecía algo confundido, mirando a cada uno de sus compañeros.
-¿Yo? -preguntó-. Yo no tengo nada que decirles.
Los otros guardianes se miraron entre sí, extrañados.
-Pero si nos llamaste...
-Creí que sólo venían a visitarme.
-Claro, como si nos reuniéramos todos los días los cinco juntos para tomar el té -dijo con sarcasmo Bunny, cruzado de brazos-. Tengo mucho trabajo allá en la madriguera, faltan unos días para Pascua...
-Esto parece el tipo de discusión que tuvimos hace catorce años atrás -dijo Tooth, divertida-. Por cierto, no puedo dejar mi palacio solo por mucho tiempo...
-¿Y eso qué? -dijo Bunny-. ¿Acaso crees que podría pasarle algo? Ya no hay más amenazas para nosotros, ¿o sí?
Nadie notaba que North comenzaba a ponerse nervioso. El guardián miró hacia la luna, que comenzaba a brillar con un poco más de intensidad. Sabía lo que significaba y se acercó a Jack mientras los demás discutían.
-Jack -dijo con su acento ruso-. Será mejor que Sophie regrese a casa.
El chico de cabello blanco frunció el ceño, no entendía qué razones tenía North para pedir que Sophie se vaya. Adoraba las visitas de la niña, al igual que los demás. Sin embargo no dudó y voló hacia la chica, quien abrazaba y hablaba a cada uno de los yetis como era de costumbre.
-¡Sophie! -la llamó-. Ven, te llevaré a casa.
La niña hizo pucheros y se escondió detrás de un yeti. Jack rió por su comportamiento y comenzó a perseguirla mientras ella corría atravesando los distintos sectores del taller de North, usando de guardaespaldas a los yetis que no le permitían el paso al espíritu invernal. Bunny se acercó entonces al guardián del asombro.
-Oye, en verdad pasa algo, ¿cierto? -cuestionó para que sólo North lo escuchara.
-En realidad sí, pero no quiero que Sophie lo sepa. Será mejor mantenerla alejada de nuestros problemas, esa fue siempre nuestra única condición para...
-...mantenerla con nosotros -completó el conejo.
Jack seguía inmerso en su persecución, Sophie no se dejaba atrapar. Ella seguía siendo la niña dulce, inocente y traviesa de siempre, no dejaría de jugar jamás. North lo sabía, por lo que le hizo una seña a Sandman. El hombrecito dorado se encogió de hombros y formó entre sus manos una bola de arena dorada.
-Uou, espera -le advirtió Bunny-. Fíjate bien a quién le arrojas eso...
Sandy sonrió e hizo desaparecer la bola de arena. Cuando Sophie pasó corriendo sólo tuvo que tomar su mano para que la chica se detuviera y cayera dormida en brazos de Jack, quien estaba más cerca en el momento. A los guardianes les vino un déjà-vu al verla dormir tranquilamente después de haber jugado hace tan sólo un momento, era como si no hubieran pasado catorce años...
Pero sí pasaron...
Jack la cargó en sus brazos, sin soltar su cayado. Sophie acomodó su cabeza en el pecho del guardián y siguió durmiendo profundamente. Sobre su cabeza flotaron por un momento un par de conejitos de arena dorada.
-Aaaw, pero qué linda -comentó Tooth observando los sueños de la niña al igual que sus compañeros-. En verdad, ella ha crecido mucho -agregó.
-¡Dieciséis años! -exclamó con alegría North-. Nadie ha llegado a esa edad sin que su luz se apague -dijo señalando el globo donde parpadeaban las luces de los niños que creían en los guardianes.
-Ni siquiera Jamie -comentó Jack en voz baja, apenado.
-Tal vez no falte mucho tiempo para que... -Bunny no quiso completar la frase, él no dejaba de mirar a Sophie con tristeza y miedo de perderla.
-Oh, yo creo que aún tenemos algo de tiempo -opinó Tooth poniendo una de sus pequeñas manos en el hombro de Bunny-. Su fe es muy fuerte.
North le dio una esfera de cristal a Jack para crear un portal.
-Vuelve tan pronto como puedas, tenemos que hablar todos juntos -le advirtió North.
-Sí, y cuídala, ¿quieres? -le dijo Bunny apuntándolo con un boomerang.
-Claro, canguro.
Bunny se enfureció.
-¡No me digas canguro!
-¿Cómo no voy a cuidar de mi futura novia? -siguió bromeando Jack, con la intención de ver el efecto de sus palabras en el conejo.
Bunny agrandó sus ojos, furioso y sorprendido a la vez, y luego lo miró amenazante.
-Si llegas a tocarla, mocoso, te juro que...
-¡Okey, okey! Ya entendí, no tienes que ponerte celoso -se burló el guardián de la diversión.
-¡No estoy celoso!
Jack atravesó el portal que hizo North con una última mirada desafiante a Bunny mientras cargaba a Sophie. Al llegar a la habitación de la jovencita, miró los cientos de dibujos pegados en las paredes. Dibujos mayormente de Bunny, pero también de North, Sandy, Tooth, las haditas, los duendes, los yetis... y por supuesto algunos de él. Jack se miró dibujado: colgando de un árbol, jugando con bolas de nieve entre los niños, volando junto con Baby Tooth, incluso molestando a Bunny... ¡eran muchos dibujos y todos eran perfectos!
Con cuidado dejó a Sophie sobre la cama, quien no lo soltaba completamente, sus brazos seguían alrededor del cuello del chico. Jack se rio silenciosamente, no era la primera vez que pasaba eso. Cuando al fin la dejó, se dio media vuelta y oyó un golpe. Adivinó de inmediato que Sophie se había caído de la cama. Tampoco era la primera vez. Se acercó para levantarla una vez más y ella despertó poco a poco.
-Jack... no te vayas... -susurró con los ojos cerrados y la voz adormilada.
-Ya duérmete, ¿sí? -le dijo él con su sonrisa traviesa y sus palabras cargadas de cariño.
Sophie estaba sentada en la cama, tenía mucho sueño, pero de ninguna manera iba a dejar ir a Jack y no le soltaba el brazo.
-Es que no quiero dejar de verlos... -dijo ella-. Tengo miedo de perderlos.
Jack comprendió lo que Sophie quería decir. Él también iba a sufrir mucho el día que la luz de Sophie ya no brillara como las de los otros niños. Era doloroso saber que inevitablemente pasaría.
-Mañana vendré a verte y le haremos una visita sorpresa al canguro gruñón, ¿qué tal?
Sophie sonrió un poco y asintió con la cabeza. Después de todo, si Bunny se enojaba con alguien, ese alguien era sólo Jack. Se sacó el abrigo -abajo ya tenía el pijama- y se hundió entre las mantas para quedar dormida al instante. Jack sonrió y la miró un momento más. Sí, había crecido, su aspecto había cambiado con los años también y era muy... bonita... Jack sacudió su cabeza, como si pudiera apartar sus pensamientos de esa forma. Realmente había estado bromeando con Bunny cuando le dijo sobre la "futura novia", él sólo podía ver a Sophie como a una hermana, es decir, la había visto crecer...
Se convenció de eso antes de regresar al Polo Norte...
