Yo no poseo ninguno de estos personajes

|| OMG perdón por la demora pero pues las fechas y dos trabajos no son fácil de llevar. Este capítulo es el penúltimo, esese saldrá el diez de enero y ese mismo día se va a publicar un pequeño epílogo sorpresa para todos los fans de este fanfic. De verdad que es una gran emoción casi finalizar este proyecto que es un regalo para mi preciosa Cirze. Espero les guste, hice saltos temporales pero se especifica el momento en el que se regresa a la actualidad. Gracias por leer.

Г Estadía.

Estaba helando, el clima había descendido abruptamente para el final del otoño, aún no iniciaba el invierno y los labios de Petra se resecaban a momentos, teniendo que ponerse un ungüento para que no se quebraran, usaba vestidos más cerrados del frente, lo que le hacía ver bastante bonita, mangas largas y amplias del final en colores oscuros que le quedaban muy bien, por su parte, Mikasa se sentía tan dueña de la casa que había ocupado toda la tercer planta de la casa para ella y Eren, colgando algunas de sus pinturas en las paredes, a Reiner no le gustó en lo mínimo, pero hasta que no supieran más de cómo sacarla de ahí le dejaban hacer su voluntad, Petra ya no le tomaba atención ni a ella o al moreno, pasaba más tiempo cerca de la chimenea de un pequeño salón, contemplando el fuego.

Era lunes, treinta y tantos días de que Levi no estaba, las cinco de la tarde y Petra decidió tomar el té junto a Annie frente a la chimenea. Té verde y un toque de zumo de limón, algo de miel, la rubia agregó algunas galletas a la charola antes de llevarla, eran de mantequilla y canela, seguramente Petra las amaría. Bebían las dos, tan cómodas que la más bajita casi se sentía culpable. Pasó días casada con él, apenas el sabor agridulce que iba tomando la relación ¿pudo acaso enamorarse con eso? Estaba consternada, Mikasa ya lo había invadido todo, no le importaba, pero ¿por qué estaba la azabache tan feliz con la muerte o supuesta muerte de Levi? A lo que ella supo jamás la trató mal, era la reina de ese enorme sitio cuando ella no llegó a ser ni querida por él.

Г La conspiración.

Habían dado las ocho de la noche, la castaña estaba en sus aposentos descansando, tenía un libro de contabilidad entre las manos aunque su mirada estaba perdida hacia la ventana, debía esperar a las nueve de la noche para que llegaran Annie, Reiner y un abogado que había de llevar el rubio, todo para saber qué deberían hacer con la "señora Mikasa" y su falta de vergüenza. No podía concentrarse, ellos desayunaban, almorzaban y comían en el tercer piso cada día, apenas si bajaba el moreno a veces a molestar a las empleadas o a la misma Petra.

El tiempo avanzaba tan lento que estaba pensando seriamente en contar hasta los segundos para ver si así transcurrían más rápido. Su puerta se abrió a la brevedad, apenas un par de centímetros, parecía empujada por el viento ya que iba acompañada de un rechinido, esta pegó un salto de la cama para ponerse en pie, tomó una sombrilla de al lado de su cama, ya andaba en camisón y aún así avanzó sin miedo. – ¿Quién anda ahí? – Cuestionó en voz alta, pero nadie respondió. Jaló el pote de la puerta esperando ver a alguien, pero no era sino Reiner quién estaba ahí, Petra sintió como que el alma le regresaba al cuerpo. – Señor Reiner… debió responder, iba a pegarle con esto. – Alzó la sombrilla con ambas manos, Reiner quiso reír pero mejor le hizo una seña de que guardara silencio y lo siguiera. Petra obedeció, el rubio siguió sigilosamente escaleras arriba, pero temía el ir cerca de esos dos, aunque mientras más se acercaban a lo que habían tomado como estancia más se oían gritos acallados, voces que intercambiaban opinión pero de manera agreste y aún intentando guardar la compostura. – Odio que Eren siga creyendo que se quedará contigo, Mikasa. No pretendo apoyarte en un juicio si no lo mandas de regreso a Japón… Tú eres mía, entiende eso de una vez. – Eso dejó a Petra helada, de igual manera a Reiner quienes se quedaron a unos pasos de la puerta, Petra juraba que Eren estaba con la azabache. – Necesitábamos a ese estorbo para llegar hasta aquí, mi amor. – La mujer usaba una voz más melosa ahora, como si intentara callar el enojo del sujeto, la castaña no soportó la tentación y se asomó por el breve espacio de la puerta semi abierta. Vio como Mikasa se acercaba peligrosamente al hombre, a ese no lo había visto antes y Reiner también fue derrotado por la curiosidad. Cuando vio a aquel hombre alto, rubio como él mismo y de apariencia dura no pudo creerlo. – No soy estúpido, lo tienes aquí porque te gusta como te folla. – Mikasa guardó silencio un par de segundos. – Pero eso se acabó. O lo echas de aquí o te dejo en la calle, revelaré lo que pasó aquí y quizá te den una larga condena. – La azabache se puso de rodillas frente a él. – Haré lo que me pidas… todo lo que me pidas. – El hombre sonrió de medio lado, triunfante y a la vez cínico. Petra se estaba poniendo nerviosa al ver tales cosas, pero Reiner quería oír más para saber al respecto.

Г Mujer de todos ( Narrativa de la vida de Mikasa en los seis meses que Levi las dejó a ambas)

[Mikasa]

La rutina estaba matando lentamente a la "esposa" de Rivaille. Desde tener que despertar y sin poder salir le parecía la cosa más tediosa del mundo, además de que tenía demasiado lejos a su amante y no podía llamarlo porque era como perder el poco terreno que había ganado ya con Levi. Pero Mikasa era intuitiva, sabía que debía tener un plan de respaldo por si Levi decidía hacer público el escándalo y llamarla infiel ante toda la sociedad, la sola idea le hacía erizar la piel pues sería como vivir amarrada y encima gratis.

Ya había pasado algo de tiempo, Levi le escribía constantemente para que no se le ocurriera presentarse en su casa ¿Quién se estaba creyendo? Al negarle ir a esa casa que legítimamente le correspondía nada más a ella, y no a esa adolescente idiota con la que el azabache había contraído nupcias. Bendita estupidez que ella solo tuviese una casa veraniega y la otra todas las ventajas. Conforme los días fue ganándose a la servidumbre con regalos (joyas que Levi le dio antes) todo para que le dejaran en un futuro recibir visitas sin pasar un reporte al señor. Al grado que ellas mismas empezaron a aconsejarle lo que según les parecía mas apto para hacer una vez que ella les contó una versión demasiado cambiada de lo que en realidad pasó, en cierto punto se empezaron a referir a Petra como la "ladrona".

Según una de las empleadas, esos asuntos debían tratarse directamente con los consejeros del Rey, así mismo ella podría intentar que Levi la reconociera de nuevo como su esposa o mandarlo preso por hacerla pasar por muerta, un martes emprendió su camino a la oficina de uno se esos consejeros, según la moza él era demasiado justo y correcto como para no ayudarle, recordó el nombre todo el camino, lo memorizó. Mientras el cochero avanzaba ella se imaginaba qué clase de hombre era ese Erwin Smith, seguramente algún anciano horrendo al que bastaría con llorarle un poco, quizá un poco de coqueteo y ya, no podría resistirse a ella, nadie podía.

Una vez que llegó, se detuvo para alisar el faldón de su vestido en tono rosa palo, con pliegues de un rosado más oscuro, corsé de tonos oscuros con un escote prometedor y de mangas cortas, el cabello azabache recogido en un molote del cual colgaban un par de rizos, un sombrero rosa palo que combinaba con un chal que cubría sus brazos, y sí, robaba la mirada de varios hombres, nadie podía negar que era bellísima. Ese era el alimento de su ego día con día, lo único que la mantenía con vida.

El asistente del consejero Smith estaba esperando por la señora Brauss, así que cuando la oriental llegó él pensó que era la otra, un hombre regordete de unos cuarenta años, apenas iba a hablar la mujer cuando el señor la interrumpió. – Señora Brauss, el señor Smith está esperando por usted. – Mikasa arqueó la ceja derecha y se adentró en la oficina, ya que la estancia olía un poco a polvo Levi hubiera muerto de enojo sonrió al descubrirse pensando en él, finalmente era bueno con ella, pero tampoco podía concebir estar sin Eren, se le erizaba la piel de tan solo pensar en el moreno al punto de siempre apretujar las piernas con suavidad.

La oficina del consejero era elegante, toda de madera fina y bien lustrada, olía a flores pues la ventana principal no solo proveía luz, también daba a la vista a un jardín que se acomodaba al costado. El señor Smith estaba de espaldas revisando unos libros, buena complexión, alto, faltaría verlo de la cara, pero de momento ella estaba encantada. – Hermoso jardín. – Mencionó la azabache, el señor Smith dio media vuelta para verla de frente, la analizó de arriba a abajo, era hermosa sí, pero no era la señora Brauss. – Sin temor a equivocarme sé que usted no es la señora Brauss. – Hasta el tono de voz era sensual, Mikasa se olvidó de Eren y Levi, lo de enfrente captó toda su atención. – No soy la señora Brauss, pero soy una mujer afligida que necesita su ayuda, señor consejero. – Erwin Smith era un hombre justo, pero si se le llegaba al costo podría ayudar a una causa injusta. – Siéntase y cuénteme ¿Qué podría afligir a una mujer tan hermosa? – El halago no hizo más que darle valor para entrar en aquella mentira. – Mi nombre es Mikasa, no… Marianne Rivaille. – Erwin no podía creer eso. – Me está diciendo que… Es una muerta, ¿no? – Él supo de su "muerte" – Evidentemente estoy viva. – Smith rió por lo bajo. – Continúe y no se detenga hasta que la historia culmine. – La mujer se estaba jugando todo ahora, Erwin Smith no le parecía tan fácil como antes. – Mi esposo Levi Rivaille, hace un par de años se interesó en otra mujer, apenas una chiquilla… dejé de gustarle y me lo hacía saber con golpes y maltratos. – No quería ver al consejero a la cara, así que continuó. – Un día me llevó a mi lugar de origen y me acusó de acostarme con mi hermano adoptivo. Dijo que si regresaba aquí me acusaría de eso y yo no quiero estar lejos de lo que considero mi hogar ni que mi nombre y orgullo sea manchado. Hace un par de meses regresé y descubro que está casado con la muchachita esa… Y que me sacó de su casa para aislarme en un lugar que tiene cerca de la playa. Quiero mi vida de regreso. – La voz quebrada, como si todo aquello fuese cierto al punto que empezó a llorar.

[ Erwin Smith ]

Smith estaba en pie, escuchando a la fémina. – Bien… Le diré las incongruencias de su historia. – Mikasa se quedó helada. – Conozco a Levi. Estudiamos en la misma escuela, no fuimos cercanos pero al menos sé que no haría algo de ese nivel, una porquería. Segundo… Menciona usted que Levi ya conocía a su nueva esposa. Ella se llama Petra Ral. Su padre es un imbécil que le estaba buscando un buen marido, demasiado dulce para mi gusto, así que le recomendé al hombre algunos solteros cotizados dónde también venía el nombre de Rivaille. Y como tercera y última… yo no creo que ningún hombre quisiera sufrir la vergüenza de dar a conocer que su mujer le ponía deshonor encima follando con su propio hermano adoptivo. Eso sería una cosa de espanto. – Seguía caminando mientras hablaba, aunque últimamente su vida iba tan monótona que vio en aquél triángulo o cuadrado amoroso la posibilidad de divertirse con la "pobre" señora frente a él. – Acaso… ¿Me equivoqué en algo? – Se detuvo frente a Mikasa, se metió entre la silla y el escritorio y se inclinó para verla a los ojos, se le antojaba esa sucia pecadora, le provocaba la dureza que seguramente ella podría ver. Ella no podía responder nada, así que Erwin se irguió, fue hasta la puerta y se quedó ahí. – Puedo llamar ya a los guardias a que la apresen por mentirle a un miembro del concejo. – Mikasa no pudo mantener más el silencio. – Hágalo… diré que es una conspiración suya y de Levi, además de que intentó propasarse conmigo. – Eso provocó el interés del rubio, se colocó a la espalda de la mujer, sentía su pesado respirar y veía bien ese pequeño espacio entre sus pechos, pasó al mismo espacio de antes, entre su escritorio y la silla de la mujer, de nuevo se inclinó y tomó el rostro de la fémina entre ambas manos, luego la beso con intensidad, si lo iba a acusar de aquello se iba a encargar de hacerlo verdadero. Mikasa le correspondió, se aferró a él mientras se ponía en pie para que quedaran erguidos, le excitaban ese tipo de situaciones dónde la hacían sentir una sucia, una guarra, esa era la clase de mujer que era, una de lo peor y Erwin Smith se lo haría saber. Terminaron en una trifulca sexual en ese escritorio, y visitas constantes de ella al lugar, un juego dónde la promesa de ayuda era la constante.

[Mikasa]

Un buen día, después de un encuentro furtivo de esos que tenían, Mikasa le contó lo de la desaparición de Levi, Erwin mientras la tenía entre sus brazos le pidió que se instalara en la casa principal, que hiciera afronta a la esposa actual, lo que la azabache no podría explicarle era como algún momento ella le había escrito a Eren para que viniera a verla, y tampoco podría soltarlo así como así, estaba temerosa. – Erwin… Eren vendrá, me lo avisó en una carta. – Pensó que le soltaría un golpe pero el rubio sonrió. – Ya te estabas tardando. Pero es bueno para ti en estos momentos. Solo no le des esperanzas falsas, tú eres mía. – La mujer se sonrojó, él sabía que le gustaba que la tratara así y satisfacía sus necesidades, así es como se iba a adueñar de la casa y todo lo de Levi, con la ayuda de ese par de hombres que la volvían loca.

Г Con ojos de amor (Actualidad)

Estaban cansados, pero ya estaban frente a la gran reja oscura con una gran "R" encima, Ymir y Christa estaban sorprendidas. – Finalmente. – Levi irrumpió el silencio de la sorpresa, quería ver a su mujer y sin dudas, tomar un baño. Le hacía falta, no colapsó antes por la mugre en si piel solo porque no quería que sus acompañantes terminaran cargando con él. Entraron pues era demasiado temprano y quizá el portero estaba desayunando, se colaron los tres, las muchachas apenas llevaban una maleta pequeña, no tenían mucho, pero eran buenas personas.

Finalmente caminaron hasta la entrada, Levi tocó la puerta esperando que abrieran pronto, Annie abrió aún adormilada, pero en ese uniforme clásico de mucama, cuando distinguió a Levi el color se le fue de la cara y antes de que dijera algo o notara a las jóvenes él habló. – Annie… ¿Petra aún vive aquí? – La rubia asintió y sonrió luego de que cayera en cuenta que los problemas de Petra se habían terminado. – En la habitación que usted le dio. – Christa añadió en tono dulce. – Corre, corre. Ve con ella. – Ymir veía con desconfianza a Annie, así que se quedó al lado de Christa.

[Levi]

Caminó tan rápido como pudo, una punzada tenue le daba en la pierna recién recuperada, pero al fin subió toda la escalera y recorrió el camino a la habitación de la castaña. Respiraba brevemente agitado, abrió el pote de la puerta luego de girarlo, y ahí estaba dormida, los primeros rayos de sol se asomaban tocando parte de las delicadas manos de su fémina. Caminó y se arrodilló a su lado. – Perdóname, Petra. – La muchacha reconoció esa voz, abrió los párpados de inmediato, el corazón aceleró sus latidos. – Levi… Levi me hiciste tanta falta. – Y se abrazaron. Porque aunque el tiempo que pasaron juntos fue poco, Levi aprendió a amarla desde que hicieron el amor, recordaba a cada rato su hermosa boda y lo bella que se veía con ese vestido. Él tuvo errores pero no quería perderla. Y Petra, Petra quería estar con él, lo descubrió cuando le correspondió ese abrazo. Los hombres también pueden llorar de felicidad, ¿no?