|| Primero que nada, GRACIAS por haber seguido conmigo durante estos meses. Segundo: ¡Feliz cumpleaños, Cirze! me atrasé un día, pero este fic es para ti, gracias por ser mi amiga y por disculpar que sea once y no diez N N(?) 3

Г Más que un reencuentro˩

[Petra]

Los brazos de Levi eran tan cálidos que no notó el lapso que tardaron así, unidos. Petra sentía un inmenso alivio, se sentía tan culpable de su accidente que en cierto momento cortó el abrazo para tomarlo por los hombros y aferrarse a estos, viéndolo directo a los ojos – Levi, oh cielos ¿dónde estuviste? ¿Te pasó algo? ¿Por qué te fuiste? - Levi, aún con los ojos llorosos y ese nudo en la garganta pudo responder. – Una a la vez, mi amor. – El corazón de Petra palpitó más rápido, emoción como antes, cómo cuándo se iban a casar. – Estuve al norte, una muchacha me encontró y entre ella y su hermana menor me cuidaron… Me fui porque pensé que me habías dejado por Reiner. Yo… fui un completo imbécil. – Petra le abrazó de muevo, el azabache hundió el rostro en el cuello de su mujer. – Yo pensé que me dejarías por Mikasa, estaba dolida y molesta. Muy molesta - Levi aspiraba suavemente el aroma sutil a frutas con desespero mientras la menor continuaba hablando – Yo… pensé que todo lo que hacías era decirme mentiras. – Levi separó el rostro para verla de frente, rozó sus labios con los ajenos en un fortuito toque de felicidad, eran tan suaves que hubiera querido besarla, pero le debía respuestas. – No fui capaz de darme cuenta de la clase de persona que tenía enfrente. No fui capaz porque me cegó el pasado, bastaron un par de días buenos contigo para darme fuerza en la adversidad… ¿Sabes por qué? Porque sin saber me enamoré de ti. – Petra sonrió, se sentía tan alegre y llena de vida que podría quedarse siempre con él. Dejó un beso sobre la mejilla del azabache.

[Levi]

Al fin pudo hablar con ella, tenerla cerca le hacía bien, pero seguía con la idea de necesitar un baño, y acomodar a Christa e Ymir, eran sus visitas y había sido descortés al solo salir corriendo por Petra, aún así separó su cuerpo del de su mujer para ponerse en pie. – Luego de instalarme iremos a buscar a Mikasa, necesito que se vaya o hacer algo para que no quiera pelear por el título de esposa. – Petra por primera vez se sintió apoyada de tal manera por Levi o eso decían sus ojos. Aunque se quedó quieto antes de continuar. – Primero vamos a bajar. Te presentaré a mis rescatadoras, las traje aquí porque ellas compartieron lo poco que tenían conmigo y yo compartiré con ellas algo de lo mucho que tengo. – El azabache mostró un pequeño muestro de comprensión cuando terminó la oración, pero Petra se le quedó viendo directo. – Levi… Mikasa vive aquí. – Los ojos del mayor parecían abrirse como platos. – Llegó hace pocos días, estaba con su hermano adoptivo, Eren… y viene alguien más cuando creen que no estoy, el miembro del concejo del Rey, Erwin Smith. – Levi no entendía muy bien – Pues… ¿Qué relación tiene Mikasa con él? – El rostro de Petra se puso rojo, desvió la mirada y la bajó al suelo. – De amantes. – Susurró ella con cierta pena, Levi no podía creer que la mujer esa llegase a tanto. Se sintió indignado, pero frente a él estaba una mujer que realmente valía la pena. – Vamos abajo, me esperas con mis visitas mientras tomo el baño e iremos a hablar con ella ¿quieres? – La castaña asintió con felicidad. La vio resonar una campanilla que tenía sobre un buró de madera al costado de la cama, en poco llegó Annie. – Annie. ¿Me ayudarías a vestirme? – Levi se adelantó a la sala mientras ella se vestía. Una vez que entró vio a sus visitas en el recibidor. – Woooow… Tienes una casa grande, eh. – Ymir no soportó no hacer el comentario, viendo la sala de un lado a otro. Estaban sentadas sobre el sofá de dos plazas, Christa estaba expectante, lo notó en su rostro sorprendido cuando lo vio. – Levi, ¿cómo está ella? – El hombre sonrió apenas. – Creo que saldremos de esta. – A la rubia le faltó aplaudir de lo feliz que se veía, mientras la más alta solo pensaba en cuánto valdría cada mueble. Él se sentó frente a ellas en otro sofá de dos plazas. – De hecho la estamos esperando, vendrá en cuanto se vista. – Christa malentendió aquel comentario y se sonrojó inminentemente, Ymir echó a reír mientras le explicaba que las señoras de sociedad eran ayudadas a vestirse en la mañana pues no tenían necesidad de dormir con ropa ordinaria por la noche, el sonrojo fue bajando conforme comprendía.

Después de un rato bajó Petra. Iba con un bonito vestido color azul marino de mangas largas y sin escote, pero tenía un porte bastante notorio y se veía de la misma edad que Christa pero mejor arreglada, seguramente Ymir soñaba con poder vestir a su hermanita así, él quería ayudarlas, porque a final de cuentas les debía hasta la vida. Él se puso en pie para recibir a esa sonriente Petra en la sala, igualmente Christa e Ymir. Petra hizo una reverencia corta. – Buen día, mi nombre es Petra Ral. – Levi corrigió. – Petra Rivaille. – La muchacha se sonrojo y aceptó la aclaración, charlaron un rato y se contaron la historia de aquello, Annie les llevó té y galletas, a final de cuentas él subió a ducharse y les pidió que le esperasen. Aunque solicitó a Annie que buscase a Reiner, había cosas que hablar con él. Algunas muy importantes.

Г Un crimen ˩

(Bitácora de Eren la noche anterior al regreso de Levi)

Despertó bastante tarde, estaba en un burdel despilfarrando dinero que no era suyo, cosa demasiado encantadora, Mikasa le estaba dando dinero a manos llenas, pero últimamente no le estaba cumpliendo como mujer, lo cuál le hacía buscar a otras para darse placer, así mismo sacó el brazo de bajo la cabeza de la pelirroja que tenía recargada boca abajo sobre el brazo, antes de moverla usó la mano libre para apretarle los glúteos con mucha fuerza, se estaba poniendo duro de nuevo, pero él tenía ganas de su Mikasa, no de cualquier puta callejera, sino de su mujer. Le lanzó dinero en la cama a la mujerzuela exquisita que se folló anoche, se vistió a duras penas, cuando vio la hora en su reloj de bolsillo pescó que ya eran las cinco. – Mierda. Mikasa me va a matar. – Pero el hambre era más notoria y se fue a cenar, de nuevo bebió de más y cuándo lo notó, ya eran las nueve de la noche. Solo pensaba en el escándalo que le pudiese hacer la azabache, aunque si llegaba ebrio habría más justificación para ir a molestar a la castaña un rato, le agradaba la idea de aquello, un encuentro fortuito entre ambos, le gustaba corromper o al menos intentar corromper la inocencia de la bajita mujer.

Buscó al cochero, pero este no se encontraba ni cerca del vehículo o los caballos, así que separó a uno del resto y se montó en él, andaba a trote rápido pues era habilidoso a pesar de estar ebrio, una vez llegó a la casa, entró por la puerta grande como el amo y señor que se suponía era ahora que Mikasa se convirtiera en la heredera de Rivaille. Se saltaría la parte de molestar a Petra, buscaba directamente a su mujer, pero, en una casualidad jodida del destino, pasó cerca del despacho de Rivaille, dónde se oían dos voces, una era de la castaña, sin dudas, así que se aproximó a la puerta con cuidado para poder escuchar mejor. − ¿Qué relación crees que tenga esta mujer con Erwin Smith? Me da mucho miedo que te deje en la calle. – Eren se sintió repentinamente orgulloso, Mikasa había convencido al viejo Smith de que ella era la esposa legítima y que él la abandonó, sin dudas una actuación digna de los dioses. – Mikasa tiene una relación amorosa con él, ambos lo vimos… A mí no me preocupa el dinero, pero… Me dolería que alguien que traicionó así a Levi se quedara con todo, al menos deberíamos intentar que la gente sepa de ese amorío. – Eren se quedó atónito, quizá hasta la ebriedad se le había pasado por el mal sabor de boca que aquello le causó. ¿Cómo podría estar ella con un vejete asqueroso? Apretó los puños con fuerza, hasta que oyó lo siguiente. – Qué yo sepa Smith es de la edad de Levi, y en algún momento se conocieron, él me lo contó cuando hacíamos los trámites para ver al rey, no se notó que tuvieran historia, ¿por qué le haría algo así a Levi? – Petra no dijo más, pero ahora Eren caía en cuenta de todo, primero que no había querido que lo viera, después, el hecho de que fuera tantas veces y por tanto tiempo a la oficina de Smith. El dolor estaba recorriéndole las entrañas. Se suponía que ellos estarían juntos por siempre ¿qué había pasado? − ¿Seguirán arriba? – Oyó decir a quién seguramente era Reiner. − No. Se fueron a la oficina de Smith, fue lo último que oí antes de que me llevaras a rastras abajo. –

Eso era lo único que le haría creer del todo, verlos juntos… Así como llegó se marchó, a caballo, a toda prisa, solo que iba con un objeto más que antes, estaba más claro, y todo el amor que sentía por la azabache se convertiría en odio si llegaba a confirmar algo.

Varios minutos pasaron para que al fin pudiera llegar, pero un caballo era más rápido que un coche con cuatro de ellos y si Mikasa estaba en brazos de aquel hombre no sabía cómo iba a reaccionar. No era difícil encontrar aquella oficina, varias veces pasó por ahí cuando recién llegó, Mikasa le daba dinero diario para que hiciese lo que le viniera en gana y recorrer los poblados cercanos en búsqueda de buenas tabernas era algo de eso. Se bajó del caballo enfrente, lo dejó ahí pues no tenía interés en volver.

Se coló por el costado, buscando una ventana para poder entrar, pero había un sitio repleto de flores, olía bien, ese aroma, con esos gemidos de fondo le rompieron el alma. Ella era suya, pero, tras esa ventana seguramente estaba con él. Dio un par de pasos entre las ramas, pero ellos no oían, resonaba el golpeteo de ambos cuerpos, seguramente lo estaban pasando de lo lindo, − Di que eres mía, puta. − Erwin la maltrataba tal como ella lo pedía, era seguro, Eren la conocía demasiado bien. − Soy tuya… Solo tuya. – El moreno sentía que el corazón se le hacía añicos, así que se decidió. Rodeó el lugar para poder entrar por la puerta de enfrente, usó su navaja para forzar la cerradura procurando hacer el menor ruido posible, así ebrio, sigiloso mientras la sangre le hervía de puro odio, quedaba una puerta más e iba a poder ver a su mujer tirada con ese hijo de puta que quería robársela, siendo de él. El calor le recorría las manos, pero no tanto como ese dolor inminente. Preparó el tiro en la pistola, la pierna derecha se encargó de romper la puerta, él estaba de espaldas en pie, dándole contra el escritorio, ambos voltearon cuando la puerta se abrió, la cara de sorpresa, sudada y con los mechones pegados a la frente de Mikasa apenas se notaban por la luz que se llegaba a colar por la ventana que él mismo los escuchó. – Eren… − Musitó ella, pero era demasiado tarde, para cuando Erwin quiso correr el disparo sonó, justo a la altura de la cabeza, el revolver era demasiado efectivo a la hora de volar cráneos, Mikasa se puso en pie, llena de sangre, justo cuando Erwin caía, lo miró con horror y miedo, mucho miedo. – Eren… Solo lo hacía por nuestro bien, no me dañes, Eren, yo te amo. − ¿Te amo? Eren se quedó estático, tiró el revolver al costado y le extendió los brazos, Erwin no se quejaba ni nada, la muerte fue inmediata. – Me enteré que él te iba a entregar a la corte del rey. – Mikasa no entendió, pero se fue, así, con el vestido cayéndole pues ni se había molestado en quitarle la ropa, la usaba como a una puta, pero eso era lo que a ella le gustaba. Se abrazó la mujer a él, con fuerza, intentando evadir sus miedos, pues aún temblaba, aún con sangre encima, Mikasa era la mujer más hermosa que jamás había visto, desde aquella primera vez que estuvieron juntos declaró que sería suya siempre, y ahora todo era tan distinto, tan doloroso. Le falló, le falló y parecía disfrutarlo. El moreno la abrazó con un solo brazo, recargó el rostro en el ajeno y le dejó un suave pero significativo beso sobre los labios, luego hundió el acero con fuerza sobre el vientre de la mujer, entró fácil, sintió la sangre salir de la herida y el grito de dolor de Mikasa. Pero repitió el proceso una, dos, tres, cuatro y cinco veces, todas al costado derecho de su cuerpo. – No me amabas, perra. –

La dejó caer, el cuerpo de Mikasa estaba tibio aún, pero eso no le importaba más, no debía. Recogió su revólver y se fue. En la mañana seguramente muchísima gente se enteraría de lo ocurrido, quizá demasiada, era mejor estar lejos y él aún tenía dinero.

Г Noticia ˩

[Reiner]

Ya era casi mediodía y aún no iba a casa de Rivaille, pues se quedó toda la noche con la idea de contrastar la medida que Mikasa tenía para dejar en la calle a Petra, así que se decidió poner una cita y hablar con el mismísimo Smith, así le dejaría saber que conocían sus intenciones y que podrían delatar su falta de moral. En cuanto tomó el desayuno y se vistió, acudió a la oficina del hombre, sin embargo, estaba lleno de policías y demás personas. – ¿Qué pasó? – Preguntó a un oficial. – ¿Lo conocía? – Regresó el hombre, buscando sospechosos. – No, solo quería poner una cita para hablar con él. Disputas familiares. – El uniformado parecía menos paranoico. – Lo mataron junto a una cortesana asiática. – A Reiner se le helaron hasta las ideas, se separó de aquel hombre para luego retirarse. Tenía que informar de aquello a Petra, la cortesana asiática seguramente era Mikasa pero primero debía confirmar aquello, no podía decirlo sin antes ver a la azabache.

Se dirigió a toda prisa a casa de los Rivaille, estaba nervioso, sudaba frío ¿y si realmente era ella? Eso era bueno para Petra, pero, ¿quién lo haría? La sola idea le hacía querer devolver el desayuno en formas poco convencionales. Finalmente llegó, Annie le abrió la puerta. – Vino antes de lo esperado, señor. – Reiner enarcó una ceja. – Nadie me había llamado, vine por una noticia que quiero darle a Petra. – Annie se encogió de hombros. – Creo que hoy hay muchas noticias que darse, pase a la sala. – Reiner obedeció, no consideraba a la rubia inferior a él, de hecho le parecía una muchacha raramente agradable, cuando entró, junto a Petra estaba Levi, seguramente estaba viendo mal, eso o él había vuelto. Había dos jóvenes más ahí. – Reiner… Mi esposo volvió. – Sintió una punzada en el corazón cuando oyó a Petra soltar eso, el rubio iba a irse pero Levi se puso en pie. – Viejo amigo, no te vayas. Fui un… Idiota con todos. – En el fondo, sabía que eso le costaba demasiado trabajo al azabache, esas breves palabras. Reiner se incorporó a la sala, observó a las jóvenes, no cabía duda que a pesar de tener el corazón roto era coqueto, pues la rubia le pareció un ángel.

–Hay algo que quiero decirles. – Los otros le oyeron expectantes. – Mataron a Smith y… Creo que a Mikasa. – Levi se notó ansioso. – ¿De verdad? – Reiner respondió rápido. – Creo que es ella… Dijeron cortesana asiática. – Nadie ahí podía creerlo, y las dos jóvenes parecían no querer meterse. Ese tema se guardó en la memoria de todos pero nadie más diría nada, aunque Eren apareciera.

[Epílogo]

El perdón era cálido, llenaba los corazones de luz después de una entera oscuridad. Petra se asomaba por el balcón de la habitación más grande de la casa, en el jardín se veía Reiner y Christa, él jugaba a enamorarla día con día y ella se iba enamorando cada día un poquito más. Ymir se encargaba de los caballos, descubrió que le encantaban y ahora era una criadora de ellos, vivían todos en la misma casa, a excepción de Reiner, quién era mantenido a raya según Ymir para cuidar la reputación de su hermanita.

Annie se había convertido en la mano derecha de Petra, la castaña a veces se sentía mal por ella, pues deseaba que tuviese un novio o que se casara, pero ella era feliz siendo el ama de llaves de la casa, orgullosa de su título y rango, la casa funcionaba mejor con ella al frente. De repente, Petra sintió un abrazo, le rodeaba el abultado vientre de cuatro meses de embarazo. – ¿Quién es la mujer más hermosa del mundo? – La castaña se sonrojó ante la pregunta. – No sé… – Respondió boba, a querer jugar con él. – Tú, tú eres…– Y le dejó un beso sobre la mejilla, Petra jamás esperó que algún día llegase a ser feliz, pero ahora lo era, tenía amigos, no sabía nada de su padre pero tenía a Levi, y un bebé en camino, sería su princesita o príncipe, pero seguramente el segundo amor de su vida. Cada noche, antes de dormir. Agradecía a Dios por todo lo que le daba, porque si podía ser tan hermosa la vida, era porque alguien le ayudaba. Dormía entre los brazos de Levi, suspirando a su oído, la tranquilidad de su corazón. Ambos eran felices, se les notaba en la cara, y en todos esos años que seguirían juntos seguramente, riendo, viviendo. Y sobre todo; amándose.