¡Buenas! Lo prometido es deuda y aquí está el quinto capítulo *w* (No creí que llegaría hasta aquí) :'D ¡Espero que les guste!

¡A leer!

Los personajes utilizados aquí son propiedad de Dreamworks y William Joyce.


Capítulo 5: Tengo miedo.

Bunny y Jack casi nunca estaban de acuerdo en algo, pero la situación era diferente esta vez. El conejo tuvo que aceptar a regañadientes que Jack permaneciera cerca de Sophie, pero ambos estaban seguros de que lo mejor era mantenerse alertas. O al menos descubrir por qué o cómo Sophie conocía a Pitch Black. ¿Cómo era posible que lo hubiera dibujado? Ella tenía apenas dos años cuando el Coco fue visto por última vez y de cualquier manera no había tenido oportunidad de verlo. Sophie no había sido víctima de las pesadillas que atacaron a los niños en ese momento, era muy pequeña, incluso demasiado joven para formar parte del globo de luces de los creyentes. Entonces... ¿cómo? ¿Cómo podía dibujarlo a la perfección?

Sophie entró a su cuarto seguida de Jack y arrojó su mochila a un lado, sus zapatos al otro y finalmente se tiró sobre la cama, exhausta. Su mamá le había dejado una nota, iba a llegar tarde, por eso tenía que prepararse la cena ella misma, pero no tenía hambre. De hecho, si lo pensaba bien, no había tenido hambre en todo el día.

Le agradaba el haber pasado el día entero con Jack, se sentía más segura si veía a sus guardianes, porque así se aseguraba de no olvidarlos. El espíritu invernal elevó su cayado y provocó una leve nevada llenando la habitación. Sophie, recostada sobre su cama boca arriba, cerró los ojos y sintió los copos de nieve tocando su rostro. No le molestaba en absoluto.

-Sophie... ¿has estado durmiendo bien?

La chica abrió un ojo y miró al peliblanco.

-Claro que sí, Sandy siempre me da buenos sueños -dijo con una sonrisa.

Muy bien, eso significaba que no había estado teniendo pesadillas. Buena señal. Jack incluso se sintió un idiota por preguntar, ¡claro que Sandy se encargaba de eso! El guardián de los sueños solo cuidaba de los niños, pero Sophie era un caso especial.

-¿Por qué lo preguntas? -cuestionó la rubia.

Jack se recostó a su lado, mirando el techo también.

-Sólo... sólo preguntaba -dijo suavemente-. Nunca... ¿nunca has tenido una pesadilla?

La chica no dijo nada por un momento, pero finalmente respondió:

-No.

Más extraño aún.

-¿A qué viene todo esto, Jack? -Sophie rodó en la cama para poder mirar a los ojos al espíritu. Sus ojos verdes se entristecieron de repente-. ¿Es que Sandy ya no podrá cuidar de mis sueños? ¿Ya soy demasiado grande?

Jack también se volteó hacia ella para mirarla a los ojos, apoyado en su codo.

-Soph, sabes que nuestro deber es cuidar de todas las luces. Tú sigues siendo una, Sandy jamás te abandonaría.

-Entonces cuando ya no lo sea...

-Ya basta, no sigas con eso -replicó el guardián.

Sophie tomó una almohada y golpeó a Jack en la cara.

-No me des órdenes -dijo ella, sonriente.

Jack le devolvió el golpe con la misma almohada.

-Y tú no seas terca.

Sophie repitió la acción, entonces Jack tomó otra almohada y la lucha comenzó. El guardián de la diversión podía ser un experto en guerras de bolas de nieve, pero Sophie le estaba ganando con las almohadas. Sus risas explotaron llenando del alegre sonido el cuarto de la chica. Jack intentaba ser suave con los golpes, pero Sophie no tenía piedad. Cuando las almohadas ya no parecían ser suficientes y Jack intentó huir, la joven usó sus peluches, persiguiendo al guardián por toda la habitación. Hicieron un desastre, las almohadas y los peluches cubrían el suelo, al igual que varios libros, dibujos y otras pertenencias que antes descansaban en el escritorio de Sophie. Los dos formaban un torbellino de risas que no se detenía. Por un descuido, Sophie tropezó y cayó sobre su cama, lo cual el espíritu del invierno aprovechó para cobrarse la revancha. Ya sin almohadas ni peluches, su única arma eran las cosquillas.

-¡Oye! -gritaba Sophie entre risas-. ¡Eso no se vale!

De un empujón lo alejó de ella, Jack cayó de espaldas sobre la cama y la chica le devolvió las cosquillas. Jack no recordaba tener cosquillas... ¡nadie podía hacerle eso! Él siempre ganaba cualquier juego, sin embargo ahí estaba ella, la excepción a la regla, ganando la batalla. Jack simplemente no podía defenderse. ¿Sería por el dulce perfume que emanaba el largo y fino cabello de la chica? ¿O por esa risa que podría pasar horas escuchando? No estaba seguro... Jack rodeó las muñecas de Sophie con sus manos y la detuvo, rodaron y él quedó sobre ella. La chica aún no dejaba de reír, pero pronto calló al ver al guardián mirándola fijamente. Dos sonrisas se dibujaron.

-Gané -dijo él, victorioso.

-¡Mentira! ¡Eres un tramposo!

-¡Claro que no, tú eres una mal perdedora!

-¡Tú!

-¡No, tú!

Ambos volvieron a reír hasta el cansancio, pero de pronto estaban serios, no podían dejar de mirarse y estaban tan cerca... Jack sólo tenía que inclinarse un centímetro para cerrar la distancia entre ellos. Estaba perdido en esos ojos verdes... Entonces él suspiró y vio cómo Sophie cerraba los ojos y temblaba por un escalofrío. Por supuesto, no debía olvidarse de que ya con su presencia les daba frío a los demás, y ahora al haber suspirado le había causado ese escalofrío a la chica.

-¿Sophie? -dijo alguien desde afuera.

Jack inmediatamente regresó a la realidad y se apartó de ella. La señora Bennett abrió la puerta e ingresó a la habitación, contemplando con gran sorpresa el desastre que había quedado de la guerra de almohadas. Sophie ni siquiera se había dado cuenta de que su mamá ya había regresado del trabajo.

-Muy bien, ¿qué está pasando aquí, jovencita? -cuestionó con los brazos cruzados.

Sophie no sabía qué rayos decir.

-Puedo explicarlo.

-Sí, es justamente eso lo que quiero: que me expliques -replicó su madre.

-Sólo... estaba... eh... buscando algo muy importante.

Su mamá frunció el ceño.

-¿Buscando algo muy importante? -preguntó-. Hija, te escuché hablando con alguien y además si te tomaras la molestia de mirarte al espejo, te darías cuenta de que estás totalmente despeinada -agregó, luego empezó a buscar algo-. Ahora dime, ¿dónde está ese muchacho?

Sophie comprendió. Su mamá pensaba que estaba con alguien. Se sonrojó.

-Mamá, no te miento, estaba buscando algo y recién hablaba por teléfono con Emily...

Bueno, mentir no era uno de sus fuertes. La señora Bennett revisaba el armario, como si alguien estuviera escondido allí. Al pasar junto a Jack tembló por el frío, y cuando bajó la vista sus ojos se encontraron con escarcha cubriendo el suelo. La ventana estaba cerrada, ¿de dónde venía tanto frío? La mujer no lo sabía, pero siempre estaba presente... ese extraño frío y esa escarcha siempre aparecían en alguna ocasión, cerca de sus hijos. Recordaba haber encontrado varias veces a Jamie, cuando era un niño, jugando y hablando solo, y al acercarse a su pequeño sentía frío y los objetos cercanos estaban cubiertos de escarcha. Lo mismo sucedía con Sophie.

Ignorando la extraña situación, la mujer se sentó en el borde de la cama e invitó a su hija a hacer lo mismo.

-Escucha, cariño... -le dijo con su dulce voz maternal-. Si estás saliendo con alguien no tienes por qué ocultármelo, de hecho, me encantaría conocerlo...

-¡Mamá! -exclamó Sophie-. No sé de qué...

-Pero esto de traerlo a escondidas a tu cuarto... -La señora Bennett se detuvo y sus ojos se abrieron de par en par-. Cielo... ya sabes cómo protegerte, ¿cierto?

-¡Mamá! -Sophie estaba totalmente roja, ni siquiera tenía razones, ella no tenía un novio secreto-. ¡¿De qué hablas?! ¡Yo no...!

-Uf, está bien... Creo que me quedo un poco más tranquila, pero de todos modos no quiero que sigas ocultándolo. Ayer también te escuché hablar con alguien, jovencita, y no soy tonta.

-¡Te dije que no estoy con nadie! -replicó Sophie-. ¿Okey? ¡Creí que había perdido mi celular, y por eso busqué por todos lados e hice un desastre! Estaba muy nerviosa y revolví mi cabello, ¿contenta?

-Te escuché reír.

Sophie abrió la boca y volvió a cerrarla. No podía discutir eso. Oh, demonios, qué mala era para mentir.

-Es que...

-Ya, no digas más. Está bien, hija, no quiero ser la mamá insoportable. Después de todo, no falta mucho para que seas una adulta.

Genial, justo la palabra que Sophie necesitaba. Adulta.

-Solo me preocupo por ti y quiero que puedas decirme lo que te pase, además noto que últimamente no estás comiendo bien y te ves triste todo el tiempo. ¿Pasa algo malo? ¿Es que ese chico te está haciendo sufrir?

-Por última vez, mamá, ¡no hay ningún chico!

-¿Son dos?

-¡NO! -¿Acaso su madre se había vuelto loca?-. ¡No hay nadie!

-De acuerdo, de acuerdo.

-Y estoy bien, no me pasa nada, ¿sí?

-Está bien, cariño, descansa. Después de limpiar todo tu cuarto, claro.

La señora Bennett besó la frente de su hija y se retiró. Sophie encontró con su mirada a Jack, el guardián estaba apoyado contra la pared y sostenía su cayado, en su rostro se podía apreciar una linda sonrisa burlona.

-Eso estuvo cerca, casi me encuentra -bromeó él.

Sophie rodó los ojos con fastidio. Se moría de vergüenza, Jack había escuchado toda esa tonta conversación de madre e hija...

-Si ella supiera...

Jack ayudó a Sophie a ordenar todo, a pesar de que el orden no era algo que iba con él. Sophie procuró no hablarle demasiado y evitar ruidos para no llamar la atención de su madre.

-¿Vendrás mañana? -preguntó ella en voz baja.

-Eh... no, tengo cosas más importantes que hacer, ya sabes -Jack se cruzó de brazos y esperó su reacción-. Solo pierdo el tiempo aquí.

Sophie se lo creyó por un momento y su corazón por poco se apagó, pero entonces vio la sonrisa burlona de Jack y entendió que jugaba con ella.

-¡Qué malo eres! -exclamó y le arrojó un peluche otra vez.

-Shhh, cállate -Jack le hizo señas para que se callara.

-¡No me des órdenes!

-¿Sophie? -La señora Bennett preguntaba desde afuera del cuarto-. ¿Estás bien?

Sophie se tapó la boca con ambas manos, y Jack hizo una expresión como diciendo «te lo dije».

-Sí, mamá.

-¿Con quién estás hablando?

-Eh...

Y tal como lo hizo su hermano hace años, respondió con algo de duda en la voz:

-¿Jack Frost?

Jack la miró, sorprendido. Desde afuera se escuchó la risa de su mamá. Seguro pensaba que Sophie bromeaba.

-Okey, dile que te deje dormir.

Jack y Sophie intercambiaron miradas cómplices.

Unos minutos más tarde, Jack se despidió de Sophie y la dejó dormir, pero se quedó en el tejado de la casa haciendo guardia por un rato, tal como había planeado con Bunny. Cuando decidió que la chica ya se había quedado profundamente dormida, la espió por la ventana. Lucía tranquila, nada parecía molestarla. Jack pensó en todo lo que habían hecho juntos en el día, hacía ya mucho que no pasaba tanto tiempo con ella; pero había, además, algo distinto... Algo había cambiado con respecto a su amiga, ¿pero qué? A ver: seguía siendo la misma niña alegre de siempre, seguía jugando con él como si los años no hubieran pasado, seguía creyendo en él y los otros guardianes con la misma fuerza... ¿Qué había cambiado? ¿Por qué sentía que había algo distinto cuando... la miraba a los ojos?

Pronto los ríos de arena dorada se vieron reflejados en el cristal de la ventana y Jack se volteó para ver el espectáculo de Sandman. Sonrió ampliamente y voló hacia su compañero, quien lo saludó con una manita en alto.

-¡Sandy!

El guardián de los sueños hizo signos sobre su cabeza que Jack interpretó como "¿qué estabas haciendo?".

-Estaba con Sophie. ¡No olvides darle buenos sueños!

Sandy asintió enérgicamente, aunque no comprendía por qué Jack se lo decía, él jamás dejaba a Sophie de lado, estaba más que claro que era la consentida de los guardianes.

Antes de irse, Jack se dirigió a la casa vecina de los Bennett, donde vivían Paige y Joey. Los pequeños ya estaban durmiendo con sus respectivos sueños pacíficos, pero en la sala de la casa se escuchaba una pequeña discusión entre sus padres. Sin preguntárselo dos veces, entró a la casa para oír algo.

-Creo que será mejor no dejar salir tanto a los niños -decía la madre, preocupada-. Es muy peligroso.

-Cielo, sólo porque tuviste una pesadilla sobre eso no significa que suceda. Ellos estarán bien -dijo el padre de los niños.

Jack frunció el ceño. ¿Pesadilla? ¿Había dicho pesadilla?

-Nosotros no estamos en todo el día en casa y la abuela ya no los puede cuidar -dijo la mujer-. Y pues... no lo sé, tengo miedo.

Su esposo la abrazó y se dirigieron a su cuarto a descansar. Al pasar junto a Jack temblaron por el frío. El espíritu ni siquiera se percató de eso, estaba demasiado ocupado pensando en esa frase que era su enemiga:

Tengo miedo.


¡Gracias por leer!

¿Quién no ha tenido de esas charlas incómodas con su mamá? xD (O con cualquier figura materna) :)

Gracias por sus reviews a Princesa Twilight Sparkle 1 y a LobaMayor1810...

¡Subo capítulo cada fin de semana -los domingos principalmente-! Solo tienen que dejar un review o un favorito *w*

Próximamente, subo video de esta historia a mi canal en YouTube ;)

¡Nos leemos la próxima! :'D