¡Hola! ¿Cómo están todos? Me tardé un poquito más esta vez porque estoy de vacaciones y estoy haciendo todo lo que no puedo hacer en el año, jaja. Además, la compu que estoy usando es de mi hermano, y ahora que está dormido se la robé muajajaja xD
Hoy se suman personajes nombrados en el pasado, son OC, les aviso porque tal vez se olvidaron de ellas, son un par de amigas de Sophie.
En fin, ¡espero que les guste este capítulo!
¡A leer!
Los personajes utilizados aquí son propiedad de Dreamworks y William Joyce.
Capítulo 8: Esperanza.
A pesar de las esperanzas que pudiera tener con saber que al día siguiente sería Pascua, Sophie sentía que algo andaba mal.
Era sábado, así que ocurrió lo que solía ocurrir los sábados. Las llamadas de Emily.
-¿Irás a la fiesta en la casa de Wren?
Sophie suspiró, aún con su celular en el oído. Estaba limpiando un poco la casa, intentando despejar su cabeza. Jamie y Clary habían salido a hacer una caminata, con intenciones de recorrer casi todo Burgess. En fin, ella no había querido ir porque consideraba que sería un momento que Jamie querría pasar a solas con su novia, mostrándole la ciudad donde había vivido toda su vida. Además, no estaba de ánimo para nada.
Se preguntaba por qué Jack aún no había aparecido.
-Emily, te dije ayer que no iría. Además, Wren ni siquiera sabe quién soy.
-¡AAYY, POR EL AMOR DE LOS CIELOS! -Emily gritaba desde el otro lado-. ¡No puedes ser tan tonta! No hace falta que sepa quién eres, a este tipo de fiestas va todo el mundo. Además, ¿qué planeas hacer, eh? ¿Pintar huevos y esconderlos por ahí para los niños?
Se mordió el labio inferior. Claro que Emily no sabía que cada año, el día anterior a Pascua, Sophie encontraba la excusa perfecta para desaparecer e ir a la Madriguera a ayudar a Bunny. Siempre compartían juntos el momento exacto en el que los huevos se dirigían a los túneles para llegar a la superficie. Sophie jamás se cansaba de aquello, amaba la Pascua.
Por supuesto que no podía decirle todo eso a su amiga.
-Tengo visitas en casa, Em.
-¡Oh, vamos! ¡No me hagas ir a buscarte!
-No hace falta, en serio, tengo mucho que hacer. Puedes ir con Nina, ¿o no?
-Pero tú eres mi amiga -se quejó Emily, quien suspiró pesadamente-. Okey, haz lo que quieras. Llámame si cambias de opinión.
-Bien. Adiós.
-Adiós.
Sophie cortó la llamada y luego puso su música favorita a todo volumen. En realidad, sus gustos eran muy variados, no tenía un estilo de música preferido, sólo canciones.
Sujetó su desordenado cabello claro en una trenza y continuó con el sector de la cocina. Como su madre vivía trabajando, Sophie era quien se encargaba de la limpieza en la casa, lo cual no le molestaba en absoluto. Es más, ese día quería terminar de limpiar lo más pronto posible, porque estaba segura -lo consideraba un hecho- de que iría a la Madriguera como todos los años.
En unas horas, ya casi tenía toda la casa limpia. Estaba terminando cuando escuchó el timbre. Ya estaba oscureciendo, así que supuso que eran Jamie y Clary. Los guardianes nunca tocaban el timbre, por supuesto, eso era innecesario.
Aunque, ahora que lo pensaba, ¿no tenía Jamie su propio juego de llaves? Seguramente lo había olvidado.
-¡Ya voooy! -exclamó sobre la música que aún estaba fuerte.
Bajó un poco el volumen y se aproximó a la puerta de entrada. Un dolor fuerte en la cabeza la invadió.
-Ay, pobrecita traviesa -era la voz de Bunny, en su cabeza-. Mírenla, está agotada.
-Qué linda -ahora era Tooth-. Es tiempo de llevarla a casa.
-¡Yo la puedo llevar! -ese era Jack.
¿Qué rayos? ¿Qué estaba pasando, por qué los escuchaba en su mente?
Sophie se tocó la frente. ¿Tenía alucinaciones auditivas ahora?
¿Y de qué hablaban los guardianes, después de todo?
Sin hacerle caso a lo que le pasaba, abrió la puerta de entrada.
No había nadie. Qué extraño. Los niños ya casi no salían a jugar afuera, ellos no podrían estar jugándole una broma.
-Jack, no... Pitch se encuentra...
Sophie cerró los ojos apretando sus párpados. Otra vez los escuchaba.
-No puede con esto -decía Jack en su mente.
Iba a cerrar la puerta, cuando se dio cuenta de que la música se había apagado de repente. Se giró, preguntándose qué había pasado con su reproductor de música allá en la sala, y entonces ahora la puerta se cerró sola con un golpe muy fuerte que la hizo sobresaltar y llevarse una mano al pecho.
-Por eso tienes que quedarte. Con nosotros.
La velocidad en la que latía su corazón se iba incrementando. Algo no andaba bien. Caminó a paso lento hacia la sala de estar, donde antes sonaba su música. Revisó el equipo de audio, pero no encendía. Estaba desconectado.
-Hey, confíen. Iré rápido como conejo.
Escuchó pasos en algún sector cercano. Las luces se apagaron. Ya estaba temblando.
-¿B-bunny? -murmuró, esperando que fuera alguno de sus amigos-. ¿Jack?
Cerró los ojos, y por un momento recordó su pesadilla. Había sido tan horrible. Un mundo sin los guardianes. Para Sophie, no había un mundo sin ellos. Ellos eran parte de su vida. Los cinco. Todos. Cada uno de ellos era muy importante para ella. Eran su segunda familia.
Si Sophie fuera una chica "normal", en esta misma situación estaría asustada, pero su mente estaría formulando explicaciones lógicas para las cosas que le estaban sucediendo. Pero ella tenía conocimiento sobre el mundo sobrenatural. Sabía que no todo tenía una lógica. Era consciente de que lo que fuera que estaba molestándola, tenía que ver con el mundo de los espíritus.
Sintió un escalofrío y se abrazó a sí misma, allí, quieta en el medio de la sala, en la oscuridad y el silencio. Había alguien a sus espaldas.
-Bunny... Jack...
No quería darse vuelta a averiguar quién estaba detrás de ella.
-Ellos te abandonaron, princesa.
Sophie jadeó, asustada al escuchar esa voz desconocida y escalofriante. El timbre volvió a sonar y cuando abrió los ojos, la música y todas las luces se encendieron.
-¡Sophiiiiiie!
La mencionada se dio la vuelta al reconocer la voz de Emily afuera de la casa. Y también se dio cuenta de que no había nadie detrás de ella. Quien fuera que le había hablado, se había ido.
¿O lo había imaginado?
-¡Soph! ¿Vas a abrirme, maldición?
En efecto, su amiga estaba afuera, de brazos cruzados, esperándola. Traía bolsas con ella y ya estaba producida en cuanto a maquillaje y peinado para la famosa fiesta.
Emily frunció el ceño en cuanto vio a Sophie.
-¿Estás bien? Parece que hubieras visto a un fantasma. Estás... muy pálida.
Sophie se masajeó un poco los ojos, en verdad debía tener cara de susto. Por otro lado, se sentía muy aliviada de ver a su amiga.
-Lo siento, Em, es que la luz se cortó por un momento y no lograba ver nada. Justo ahora volvió.
-¿De qué hablas? Hace como diez minutos que estoy parada aquí como una idiota esperando a que me abras y la luz en tu casa estuvo encendida todo el tiempo. La música también.
Sophie se puso aún más nerviosa. Decidió que lo mejor era fingir que todo iba bien.
-Okey, como digas. ¿Qué haces aquí?
-Vine a obligarte a salir. Te traje ropa. Y no aceptaré un no por respuesta.
-Emily...
-Dame una buena razón para no ir.
Sophie no dijo nada. Miró su reloj. Era bastante tarde para que Bunny o Jack la llevaran a la Madriguera. No entendía por qué aún no habían aparecido, pero seguramente los huevos ya estaban subiendo a la superficie. Tenía ganas de llorar, muchas. Porque sabía que algo estaba pasando pero no entendía qué. Y aquella frase, que aún dudaba si había imaginado, pronunciada por una voz masculina y fría, vagaba por su mente: "Ellos te abandonaron, princesa".
Tal vez era una señal. Quizás ya había llegado el momento... de perderlos. No... Eso no...
-¿Qué esperas? Vamos, te encantará lo que te traje.
Sophie evitó las lágrimas y dejó pasar a Emily.
Tal vez los guardianes se habían cansado de ella. Tal vez Bunny ya no la quería. Ni Jack. Ni los demás. ¿O por qué tendría una pesadilla? Se suponía que Sandy la cuidaba. ¿Por qué Bunny la habría dejado "plantada", si era tan importante para ella ese día? ¿Y Jack? Él había estado últimamente todos los días con ella, incluso la había acompañado a la escuela.
¿Qué estaba pasando?
-Te ves hermosa.
Se miró en el espejo. Pocas veces se veía así. Emily le había traído un lindo vestido azul y unos zapatos. Luego la había maquillado y peinado, y en todo ese rato la única que habló fue ella, Sophie no pronunciaba ni una sola palabra.
-Eres tan bonita, ojalá yo tuviera esos ojos verdes tan grandes y lindos.
Sophie tuvo que reír. Ella no pensaba lo mismo. Emily era pequeña, morena, de ojos color café tan brillantes y alegres que podrían conmover a cualquiera. Sophie habría querido tener ese tipo de ojos, tan confiables y dulces.
-Oye, ¿de qué te ríes? ¿No ves que con un poco de maquillaje puedes lograr hacer grandes cosas por tu rostro?
-Prefiero lo natural -dijo Sophie.
-Blah, blah, qué aburrida eres. Dime, ¿qué estabas haciendo? ¿Limpiando la casa otra vez? ¿En plan Cenicienta? ¿Yo soy tu Hada Madrina entonces?
Sophie se estaba poniendo los zapatos, una risita se le escapó. Emily podía decir mil cosas por segundo.
-¿Planeabas quedarte limpiando toda la noche esperando a que tu familia regrese? Cielos, Sophie, realmente no te entiendo. Tienes que salir, ya verás que me agradecerás algún día que te haya sacado de aquí -Emily estaba arreglando su peinado-. Oye, ¿tu hermano en verdad vino de visita? Oh, ya quiero verlo, se me cae la baba...
-¡Emily!
-¿Qué? ¿No sabes que como tu mejor amiga me corresponde casarme con tu hermano mayor? Todo el mundo sabe eso. ¿No has leído las típicas historias de adolescentes...?
-Es mi hermano, y tiene novia -Sophie se cruzó de brazos-. Ya cálmate, no puedes ponerte así por cualquier figura masculina que se te aparezca.
Emily se rió.
-Ya me conoces, Soph. Vamos, anda. Llegaremos un poco tarde.
Sophie había tardado lo suficiente como para darle tiempo a Bunny. Quería hablar con él, quería contarle lo que le había pasado, quería preguntarle por Sandy, cuestionarle por qué había tenido una pesadilla. Él no había ido a buscarla. Llena de dolor, decidió que debía irse.
Además, no quería quedarse sola en casa otra vez. Sabía que había algo detrás de ella, y mientras menos estuviera sola, mejor.
Sophie no se esperaba ver a la escuela entera en aquella fiesta. Al parecer la única antisocial que no iba a ese tipo de fiestas era ella. Sophie le avisó a Jamie que no estaría en casa para cuando ellos llegaran, pero que no tardaría en regresar. O al menos eso esperaba. La casa de la tal Wren era lujosa y muy linda, suficientemente grande para recibir a bastante gente. Apenas llegaron se encontraron con Nina, amiga de Emily. Ambas se pusieron a charlar y Sophie quedó un poco aislada, como de costumbre. La fiesta tenía lo que se puede esperar de cualquier fiesta: música, bebidas, baile y risas fuertes, también algunas peleas. Sophie se sentía fuera de lugar. Deseaba estar en otro sitio, no hacía falta mencionar cuál.
Sentía una mirada pesada sobre ella. Estaba sentada en una de las varias mesas dispuestas en el jardín. Hacía frío, pero no le molestaba. Quería estar ahí.
Nina era quien la miraba. Desde el primer día supo que no le caía bien a esa chica y viceversa. ¿Por qué la miraba así, como si tuviera un cartel en la frente? Quién sabe.
En algún momento de la noche, la debilidad de Emily por el género masculino había surtido efecto y se encontraba por ahí con algún tipo, coqueteando.
Sophie vio que un chico se acercaba a donde Nina y un par de chicas conversaban. Él les preguntó algo a las chicas y ellas miraron directamente hacia Sophie.
-Nah, ni siquiera te molestes -le dijo Nina al chico-. Está esperando a que su amado, el Conejo de Pascua, venga a buscarla.
Dicho aquello, el grupito se largó a reír, excepto el muchacho, que parecía no entender a qué se refería Nina. Sophie sintió la sangre subir a sus mejillas. Nina, al igual que el resto de sus compañeros, conocía los dibujos de Sophie. Y claro que sus dibujos eran básicamente sobre los guardianes. Pero nadie jamás se había burlado de ella por eso. Al parecer, Nina había estado buscando la forma de molestarla, y la había encontrado. Lo peor era que había dado justo en el blanco.
-Mírala, pobrecita, se va a poner a llorar...
Sophie apretó los dientes, pensando en si valía la pena levantarse y darle un puñetazo a Nina en medio de la cara o más bien debía ignorarla.
-Deberías ir a dormir temprano si mañana quieres ir a buscar huevos, ja, ja -siguió molestando.
-Oye, ¿cuál es tu problema? Maldita envidiosa -Emily había aparecido de quién sabe dónde-. No te metas con ella.
-Oh, pobre Sophie, tan inocente que necesita que la defiendan.
Era suficiente. Sophie se levantó y se acercó a Emily.
-No vale la pena, déjala.
-Rubia tonta -atacó Nina.
Sophie tomó un vaso de bebida y se lo echó encima, Nina dio un grito y se miró su caro vestido arruinado. Emily se largó a reír.
-Sabes, tienes razón, tengo que ir a dormir temprano para ir a buscar huevos en la mañana -dijo Sophie con sarcasmo.
-Yo la acompañaré -dijo Emily levantando su mano.
Obviamente Nina, avergonzada, salió corriendo de allí, con su vestido empapado. Al menos por un buen tiempo, Sophie estaba segura de que no volvería a molestarla.
-Lo lamento mucho, no pensé que esa idiota podría molestarte -se disculpó Emily.
Estaban en el auto de Sophie, quien conducía de regreso a casa.
-Creí que era tu amiga -dijo ella.
-Yo también -Emily lanzó una risita.
-¿Y el chico que bailaba contigo?
-Dah, era un tonto. Lo dejé y fui a buscarte, entonces escuché a Nina -Emily se miraba las uñas-. Escucha, Sophie, yo... la verdad lamento lo que te dije aquella vez... No me importa tu fanatismo por los cuentos para niños, eres mi amiga y punto. Si amas a Jack Frost y al Conejo de Pascua, a Sandman y los demás... hazlo. Me molestó mucho lo que dijo Nina. Suerte que no estaba ebria y pude intervenir.
Sophie se sintió feliz, al fin su amiga aceptaba esa parte de ella. Sonrió un poco.
-Gracias, Em.
-Lamento que la primera vez que logro llevarte a una fiesta, todo termine así.
-No te preocupes.
-Claro que me preocupo. Sé que pretendes no parecer herida por lo que te dijeron pero en realidad te sientes mal.
Sophie detuvo el auto frente a la casa de su amiga. Emily le dio un abrazo y se despidió de ella.
Encendió el reproductor de música y condujo hacia su casa. Estaba un poco lejos. Se preguntó si Jamie y Clary ya habían regresado a casa, él le había avisado que cenarían en algún restaurante esa noche.
Tomó un camino diferente, ya que justo ese día habían cerrado una calle por motivos de construcción. ¿Por qué tenía que transitar justo ahora la calle más oscura de Burgess? Jamás pasaba por ahí.
De pronto escuchó un ruido extraño, proveniente del motor.
-No... no, no...
Quiso mandar todo al demonio cuando su auto, que siempre funcionaba bien, se detuvo abruptamente.
-¡Maldición!
Lo peor era que nadie pasaba por ahí, y mucho menos a esa hora. Aquello se pasaba de peligroso. ¿Pero qué más podía hacer?
Bajó del auto y revisó el motor, pero no encontró ningún tipo de problema. ¿Por qué no funcionaba...?
Oh... ahora entendía.
El miedo la abrazó dejándola helada. Era una sensación tan horrible, pero que estaba aprendiendo a tener. Después de dieciséis años de alegría y tranquilidad, empezaba a tener miedo.
Tomó su celular y marcó el número de Jamie a toda prisa, las manos le temblaban. Del otro lado le informaron que estaban teniendo problemas con la línea, que intentara más tarde. No podía ni siquiera enviar un mensaje.
Sabía que no estaba sola. Podía sentir esa oscura presencia cerca. No lo soportaba. No quería hacerle frente. No sabía qué hacer.
Deseaba que los guardianes estuvieran allí.
-Hola, mamá -Jamie llegó a su antigua casa con una gran sonrisa en el rostro, sujetando la mano de su novia-. ¡Llegamos!
Colgaron sus abrigos, bromeando sobre temas sin importancia. Habían pasado juntos un día fabuloso.
-Debo admitir que tenías razón, Burgess es muy lindo y la gente es muy amable -Clary rodeó el cuello de Jamie con ambos brazos-. Se nota que te gusta estar aquí, además.
-Me gusta más cuando estoy contigo -dijo él en un tono dulce.
Juntaron sus narices, a punto de besarse, cuando la mamá de Jamie irrumpió en el vestíbulo.
-Jamie, tú... -Se paró en seco cuando los vio besándose-. ¡Oh, lo siento!
-Típico de madres, interrumpiendo en todo momento -bromeó Jamie, Clary a su lado se reía.
-Lo siento, es que la amiga de Sophie, Emily, llamó y preguntó si ella estaba bien.
-¿Y...?
-Sophie no está, ¿no te diste cuenta de que su auto no está en la entrada?
-Pues sé que se fue a una fiesta...
-Sophie llevó a Emily a su casa... hace más de media hora.
-...
Sophie había cerrado bien las puertas del auto, con seguro, y permanecía hecha un ovillo en los asientos traseros, casi escondida de lo que pudiera estar afuera. En su mano tenía el celular, esperando a que funcionara correctamente para llamar a alguien. La oscuridad lo cubría todo afuera.
Pero Sophie ya no tenía miedo.
Lo único que la embargaba era la tristeza.
Porque lo sabía, lo sentía en lo más profundo.
No volvería a ver nunca más a sus amigos.
Se preguntaba una y otra vez por qué, por qué tenía que pasar por eso.
Y lo peor de todo, era que tenía esperanza.
Esperanza de que al día siguiente, todo volvería a ser como era.
Bunny le había enseñado a tener esperanza.
Pero empezaba a odiar ese sentimiento.
Porque te hace creer que hasta lo más loco es posible.
Y la decepción, después, es lo más devastador del mundo.
¡Gracias por leer!
Cuando escribía este capítulo era el Día del Amigo, así que me inspiré en aquellos amigos/as que a pesar de nuestras locuras, siempre están ahí para ayudarnos o apoyarnos :'D
Con respecto a lo que había dicho la otra vez, gracias por los consejos y opiniones, sólo quería saber qué pensaban hasta ahora del curso de la historia, es importante para mí saberlo. Pero claro que ya tomé una decisión -y no voy a decir nada más- :D
¡Gracias por todos sus reviews, favoritos y alertas!
¡Nos leemos la próxima! :'D
