¡Holii! *le agarra un ataque de tos* ¡Ayudaa! ¡Cof, cof! ¿Saben -seguro que sí- lo que es estar en cama, enferma, sintiéndose una inútil, con el peor dolor de cabeza del mundo? Waah T.T ¡Eso me pasa por tomar tanto frío! Gracias, Jack. Era lo único que me faltaba en este invierno.
En fin, me sentía tan mal que no podía concentrarme para escribir algo, ni siquiera para leer mis libros pendientes, y mi mal humor estaba por las nubes. Por eso me tardé un poco más T.T
¡Capítulo de hoy, sencillo pero necesario! Les agradezco por pasar a leer una vez más *w* ¡Espero que les guste!
¡A leer!
Los personajes utilizados aquí son propiedad de Dreamworks y William Joyce.
Capítulo 9: Niñera.
-¡Jamie, Jamie! ¡Mira, mira, es Jack!
La pequeña Sophie de apenas cuatro añitos saltaba de la emoción, Jack había entrado por la ventana de su cuarto, junto con una gélida brisa. Jamie, de once años ya, corrió al escuchar a su hermanita y se encontró con su guardián favorito.
-¡Jack, volviste! -exclamó con emoción el niño.
El espíritu invernal abrió sus brazos para abrazar a ambos hermanos. Cuando iban a romper el abrazo, Jamie se separó de él pero Sophie, en cambio, no quería soltarlo. Jack la elevó en sus brazos y le hizo cosquillas, ganándose las dulces risitas de la niña.
-¡Wow, han crecido mucho desde la última vez! -dijo el joven espíritu.
-Pues tú estás igual que siempre -dijo Sophie, llena de inocencia.
-Soph, Jack es inmortal, él no va a crecer -Jamie se cruzó de brazos y puso los ojos en blanco, como si fuera lo más obvio. Pero su hermanita era muy pequeña para entender sobre inmortalidad.
-¿Nos llevarás con Bunny, Jack? -preguntó ella.
-Colita de algodón estará feliz de saber que irán a visitarlo -respondió Jack.
-¡No lo llames así! -exclamó Sophie, enojada, con su dulce vocecita.
Jack rompió a reír y bajó de sus brazos a la niña.
-¿Están listos? Jamie, ¿ya le dijiste a tu mamá?
-Sí, piensa que iremos al parque a jugar.
-¡Muy bien, todo listo! Los estaré esperando afuera, no hay que despertar sospechas.
Jamie asintió, emocionado. Ya se estaba yendo cuando Sophie lo detuvo.
-Espera, Jamie, ¡quiero llevar mi mochila!
-Oh, apúrate, ¡qué lenta eres! -dijo él con fastidio.
-Oye, oye -Jack le dijo en voz baja a Jamie-. ¿Olvidaste lo que te había dicho?
-Sí, ya sé -repuso Jamie y rodó los ojos otra vez-. Debo cuidar a mi hermana y ser paciente con ella.
Sophie guardó sus cosas en su mochilita y siguió a Jamie hacia afuera.
Jack los llevó hasta la Madriguera entonces. Sophie soltó la mano de Jack y corrió a través de las verdes extensiones de hierba primaveral, del mismo color de sus ojos, buscando a ese enorme conejo que tanto admiraba.
-¡Bunny! ¡Bunny! -lo llamaba.
Jack sonrió, aquella escena era tierna. La pequeña niña buscaba al guardián por todas partes, mas no lo encontraba, y cada vez que sus ojos se agrandaban con la ilusión de encontrarlo, al comprobar que Bunny no estaba, su mirada perdía brillo y hacía un leve puchero con sus labios.
-Sophie, Sophie -la llamó Jack-. Ven -Ella corrió hacia el peliblanco y extendió su manita para tomar la de él-. Mira, allá viene. ¿Qué tal si le hacemos una broma?
Sophie meditó unos segundos, pero finalmente asintió con energía. Mientras no fuera nada que pudiera molestar a Bunny, no quería que él pudiera enfadarse con ella y que dejaran de ser amigos.
Bunny llegó a donde estaban Jack y Jamie e inconscientemente buscó con la mirada a la niña de cabello rubio. Saludó a Jamie y no pudo evitar preguntar:
-¿Y Sophie?
Jack le llamó la atención con un gesto, luego le guiñó el ojo.
-Oh, ella no quiso venir. Prefería quedarse en casa.
Bunny captó el mensaje enseguida. Sonrió casi imperceptiblemente y luego cambió su expresión a una de sorpresa y angustia.
-¿Qué? ¿Por qué?
Sophie, escondida entre unos arbustos detrás de Bunny, se cubrió la boquita ahogando una risita.
-Oh, no puedo creerlo -decía Bunny mirando a su alrededor-. Tendré que buscar a otra ayudante...
La niña pensaba asustarlo, pero al escuchar esto se lo creyó, tal era su inocencia. Se arrepintió y corrió fuera de su escondite hacia Aster.
-¡No, Bunny, estoy aquí, estoy aquí! -decía saltando con los bracitos extendidos hacia él.
Aster se derretía de ternura por dentro al escuchar esa vocecita tan dulce. Levantó a Sophie entre sus brazos y la niña enterró su carita en el suave pelaje del conejo, abrazándolo.
-Te extrañé, Bunny.
-Yo también, mi niña traviesa.
Tooth llegó a la Madriguera gracias a un túnel que Bunny abrió para ella. Baby Tooth la seguía. El hada mayor se detuvo un momento y observó a su alrededor. Podía sentir que las cosas no iban bien, incluso con solo apreciar el ambiente.
-¿Bunny?
No lo veía por ningún lado. Tooth revoloteó de aquí para allá, buscando a su compañero. El lugar estaba muy silencioso, pero de todos modos eso era normal ya que Bunny siempre estaba solo en su casa. Temía encontrar a su amigo tal como imaginaba que podría estar...
Recorrió cada sector de la Madriguera y escuchó el chillido de Baby Tooth.
-¿Lo encontraste, pequeña?
Tooth siguió a su hadita hasta llegar a donde estaban los túneles con destino a los distintos continentes, que eran usados únicamente en Pascua para que los huevos llegaran a la superficie. Los caminos trazados sobre la tierra que llevaban a cada túnel estaban desiertos. Los huevos ya habían subido hace tiempo. Ni siquiera había mariposas, el lugar parecía abandonado.
-¡Aster!
-Oh, hola, Tooth.
Ella se dio la vuelta y se lo encontró justo detrás de ella.
-¿Ahora me haces buscarte como a un huevo de Pascua? -dijo el hada con las manos en las caderas.
Bunny intentó sonreír, pero ya se lo veía bastante deprimido.
-Bueno, al menos estás en tu tamaño normal -dijo ella, recordando que ese era su mayor miedo.
Aster no dijo nada, solo se sentó al lado de unas rocas, sostenía en su pata un pequeño huevo. Tooth detuvo el aleteo de sus alas y se sentó a su lado, observando con curiosidad aquel huevo, que parecía haber sido pintado con gran dedicación.
-Es el único que quedó -murmuró Aster-. Era... para Sophie.
Tooth tomó el huevo con gran delicadeza y lo miró con mayor atención. Tenía todas las tonalidades del arco iris, justo como sabía que a Sophie le gustaba. También tenía pequeñas flores y mariposas, tan detalladas que cualquiera habría quedado ciego al pintarlas. Era, definitivamente, el huevo de Pascua más bello que había visto. Bunny realmente debía tener mucha paciencia para dibujar y pintar así... igual que Sophie. Tooth sonrió. Aster y Sophie eran muy parecidos en cuanto a gustos y talentos.
-Es bellísimo, Bunny -halagó. Se lo devolvió y luego puso una de sus diminutas manos sobre el hombro de su compañero-. Sé cómo te sientes.
Bunny no apartó a su amiga. No se lo creía, pero necesitaba algo de compañía en ese momento.
-Sabes, yo... no sé por qué pensé...
-No tienes que contarme si no quieres -dijo Tooth.
-No entiendo lo que pasó. Fue un golpe tras otro.
Tooth le dedicó una mirada comprensiva, animándolo a hablar. Él se decidió a contarle.
Y vaya que había sido duro para Bunny lo que le había pasado.
En primer lugar, había pasado el sábado entero preguntándose si debía ir por Sophie o no. Había una parte de él que le decía que lo mejor era soltarla, dejarla ir, que no debía ponerla en peligro, pero a la vez estaba la otra parte que le decía que ella lo estaría esperando, que no podía fallarle. Cuando Sophie tenía cuatro añitos le había hecho prometer a Bunny que siempre iría a buscarla el día anterior a Pascua para ayudarlo. Era un fin de semana que compartían juntos, sin falta.
Además de ese cuestionamiento interior, Aster sentía que Sophie lo necesitaba. ¿O sería que él la necesitaba a ella? Las horas iban pasando y Bunny ya tenía todo listo, los huevos estaban preparados para subir a la superficie. El guardián de la esperanza había ocupado bastante tiempo en preparar un huevo especial para su pequeña.
Finalmente, se decidió. Abrió un túnel, llegó a la casa de los Bennett, y buscó a Sophie. Al demonio todo, no podía fallarle a su "niña" favorita. Ya era bastante tarde, esperaba que ella no estuviera dormida. Sí, había tardado un poco más, pero sólo por pintar aquel huevo que era mucho más especial que los demás. A Sophie tendría que gustarle, estaba seguro.
Escuchó unas voces y se escondió detrás de unos arbustos. No que los adultos pudieran verlo, pero reconoció la voz de Sophie.
Grande fue su sorpresa cuando la vio salir de su casa riendo con una amiga y hablando de una fiesta a la cual estaban a punto de ir. A Bunny se le cayó el mundo a los pies.
No importaba si la iba a buscar o no, porque Sophie ya tenía otros planes. Y parecía muy feliz, sin preocupación alguna.
Lo último que vio de ella fue que subió a su auto junto con su amiga y se fue, así nada más.
Bien, no tenía por qué molestarle eso. No, claro que no, Sophie ya era... toda una mujer. Vamos, hablando seriamente, ella ya había crecido, no tenía tiempo para...
Pero no podía mentirse. Le dolía. Él había esperado... él había esperado que aquella tradición no se terminara nunca...
Maldita esperanza.
Regresó a la Madriguera y continuó con su trabajo. Fue la primera vez, desde que había conocido a Sophie, que presenció a los huevos viajar por los túneles hacia la superficie solo.
Estaba acostumbrado a la soledad, pero esto era diferente. Le costaba hacerse a la idea de que Sophie no estaba ahí con él.
Pero eso no fue lo único que le pasó.
Al día siguiente, la Pascua llegó. Todo parecía ir bien, dentro de lo normal...
Pero ningún niño salió de su casa.
Fueron contados los pocos niños que sí salieron a realizar la búsqueda de los huevos. Daba la sensación de que el mundo entero se había olvidado de que era Pascua. Las calles, los parques, los jardines... todo estaba vacío. Los huevos estaban ocultos por todas partes, esperando ser encontrados, pero nadie salía a buscarlos.
Los demás guardianes se dividieron, visitando cada país, para verificar que esto era mundial. La Pascua había sido un fracaso, pero esta vez había sido a causa de los mismos niños. ¿Ya habían perdido el interés en esta vieja tradición? Pero... el público siempre se renovaba...
Bunny ni siquiera tuvo tiempo de quedarse en Burgess y no pudo ver a Sophie. Algo más que le dolió. Definitivamente, nada podía ser peor.
Al final del día, Aster se sentía devastado. Millones y millones de huevos desperdiciados, un montón de trabajo para nada...
Entonces North le informó que ninguna luz se había extinguido. Los niños seguían creyendo. Pero eso sólo lo llevó a pensar en otra cosa: quizás creían en los otros guardianes pero no en él.
Sin embargo, Bunny podía sobrevivir al dolor de no tener niños que creyeran en él.
Sí, de hecho, el mundo entero podía dejar de creer en él.
Porque la única luz que le importaba, era la de Sophie.
Si ella ya no creía en él, entonces ya nada tenía sentido.
-¿Puedes contarme lo que te pasa?
Sophie estaba hecha un ovillo sobre el regazo de su hermano mayor, apoyando su mejilla sobre su pecho. Jamie, a su vez, estaba sentado en un viejo columpio que tenían en el patio de la casa desde que eran niños. Sostenía con ambos brazos a su hermanita, quien parecía más frágil que nunca.
-No... no pasa nada.
Jamie quiso bufar. Típico. Que una chica diga "no pasa nada". No le preocuparía bajo ninguna circunstancia, pero en este caso se trataba de su hermana, y él la conocía mejor que nadie como para saber que mentía.
-Hoy me tengo que ir -comentó él-. Y me preocupa dejarte así, Soph.
Sophie apretó los párpados. No quería que su hermano se fuera.
Jamie se había preocupado muchísimo la noche de la fiesta, cuando se dieron cuenta de que Sophie no regresaba. Él la había ido a buscar lo más pronto posible. La había encontrado encerrada en el auto, llorando en posición fetal. Quiso preguntarle qué le había pasado, pero ella no respondía. Cuando comprobó que Soph estaba bien, buscó algún problema con el coche, pero éste andaba perfectamente, así que eso no podía ser. No dijo nada y la llevó a casa.
Sophie ni siquiera habló aun cuando presenció que el auto funcionaba correctamente. Sólo quería ir a casa.
-Escucha, si fue un chico el que te hizo llorar me encargaré de enterrarlo diez metros bajo tierra -dijo Jamie, hablando con seriedad.
Sophie sonrió levemente, aún entre los brazos de su hermano, en el viejo columpio.
-No tienes de qué preocuparte entonces -murmuró.
-Vamos, no me digas que no tienes a nadie detrás de ti, porque no te voy a creer.
¿Y a quién podría gustarle yo?, pensó Sophie. No sabía por qué su madre y Jamie se empeñaban en saber sobre eso. Nadie estaba enamorado de ella, ¿o sí?
-¡Sophie! Hola, lamento si los interrumpo. ¿Cómo están?
La vecina, mamá de los mellizos Paige y Joey, se había acercado a ellos. Los hermanos Bennett bajaron del columpio y la saludaron.
-¿Cómo está usted, señora Avery? -preguntó Jamie, quien era el que tenía más ánimos para hablar en ese momento.
-Muy bien, gracias -respondió la mujer-. Sophie, querida, necesitaba preguntarte algo.
-Por supuesto -dijo ella.
-Verás, mi esposo y yo tomamos más horas de trabajo y ya no podemos cuidar de los niños, detesto que se queden solos en casa, y me preguntaba si tal vez tú podrías, ya sabes, ser su niñera por un tiempo -explicó la señora-. Estamos dispuestos a pagarte lo que creas necesario, eres la chica que mejor conoce a mis pequeños como para cuidarlos bien, ¿qué te parece?
Los hermanos intercambiaron miradas, Jamie se encogió de hombros y Sophie asintió. No era una mala idea, después de todo. Su mamá ya se había pasado la mitad de la vida trabajando para pagar la universidad de Jamie; ahora que Sophie estaba cerca de graduarse, no estaría mal colaborar un poco con los ahorros para sus futuros estudios. Y si tenía que trabajar cuidando niños, Sophie no podía pedir más. Se llevaba muy bien con aquellos mellizos traviesos.
-Puedes pensarlo -dijo la mujer-. Estaríamos hablando de un trabajo durante toda la semana, de lunes a viernes.
Sophie no tuvo que pensarlo mucho más. Ya había decidido que quería hacerlo.
Más tarde, lamentablemente, Jamie y su novia tuvieron que despedirse. Ya era hora de volver a casa y a la rutina. Y Sophie aún no le había contado a su hermano lo que le pasaba.
-Volveré en tu cumpleaños -le prometió Jamie, antes de subir a su auto-. Pero si me necesitas, si te pasa algo, sólo llámame y me encargaré de venir tan pronto como pueda.
-Okey -musitó ella.
Se despidieron con un fuerte abrazo. Soph no quería esperar hasta su cumpleaños. Había sobrevivido a ese fin de semana gracias a Jamie, ¿y ahora qué iba a hacer? ¿Y si tenía otra pesadilla? ¿Y si esa cosa... la que la molestaba... seguía ahí?
No podía pensar en nada más mientras veía el auto de su hermano desaparecer a lo lejos, en la carretera.
-Okey, entonces... si no me equivoco, las "reglas" son...
-Que hagan todas sus tareas y que cenen y vayan a dormir temprano -dijo la señora Avery, sentada frente a Sophie en los sillones de su casa-. Y nada de salir a jugar afuera, no quiero ningún juego peligroso. Puedes traerlos a tu casa, pero no pueden estar fuera -explicó.
-Eh... está bien -aceptó Soph, le resultaba rara tanta sobreprotección, ¡a todos los niños les gustaba jugar afuera!-. ¿Ni siquiera... en el patio?
-No -la respuesta parecía bastante seria.
-Oh, okey.
-Llámame por cualquier emergencia, sé que tendrás todo en orden -dijo, confiada, la madre de los mellizos.
-Por supuesto, puede estar tranquila.
Los pequeños se pegaron a Sophie en cuanto la vieron, amaban a su nueva niñera. Sabían que con ella no podrían aburrirse -al menos no como con la abuela, quien se quedaba dormida y roncaba, y no los dejaba jugar-. Sophie no tenía por qué perder la paciencia, ellos se portaban muy bien con ella. Los ayudaba con la tarea, les hacía juegos dentro de la casa o los llevaba a la suya, y les cocinaba lo mejor que podía.
Una tarde le preguntaron si había visto a Jack Frost, recordando que ella participaba de los juegos del espíritu del invierno.
-Pues no -les respondió, mientras los ayudaba a terminar la tarea de la escuela-. Hace tiempo que no lo veo -Estaba siendo sincera, pero no quería dejarlos con eso-. Él... está muy ocupado, es un guardián.
Paige agrandó sus ojitos con evidente emoción.
-¿En serio?
Sophie ladeó la cabeza a un lado. ¿Ellos no lo sabían?
-Sí.
-¡Súper! -exclamó Joey-. ¿Y qué es lo que protege?
Soph sonrió.
-Él es uno de los Guardianes de la Infancia, y protege la diversión en los niños como ustedes -explicó-. Y no es el único. Hay cuatro guardianes más...
-¡Oh, déjanos adivinar!
-¿Superman es uno? -preguntó Joey.
-No, él no puede ser... -replicó su hermana.
-¿Iron Man?
-No, ¡ya sé! ¡Los minions!
Sophie, entre risas, no podía creer lo que oía. En verdad ellos no tenían ni la menor idea.
-No, no, nada de eso -Soph frunció los labios, pensando la mejor forma de explicarles el mundo de los guardianes a los niños-. ¿Recuerdan que siempre les hablé sobre el Hada de los Dientes, Santa Claus...?
-¡Sí, y el Conejo de Pascua!
-¡Y Sandman!
-¡Muy bien! -asintió la chica mayor, quien sujetaba un lápiz entre sus dedos, dibujando algo sobre una hoja en blanco-. Pues ellos son los Guardianes de la Infancia.
Con una habilidad increíble, Soph dibujó en tan solo minutos a los cinco guardianes juntos. Era un sencillo dibujo sin colores, pero le serviría para explicarse mejor. Paige y Joey miraban el dibujo asombrados.
-¿Y cómo se conocieron?
-¿Viven todos juntos?
-¿Tienen poderes?
Pronto la estaban llenando de preguntas. Una gran sonrisa se desplegó en los labios de Sophie.
Tenía mucho que contarles.
¡Gracias por leer!
Perdón por no haberles contestado la otra vez a sus reviews, no había tenido tiempo :S
Princesa Twilight Sparkle 1: ¡Gracias por dejar review siempre! Y sí, pobre Sophie, no sabe lo que le espera muajaja
La'NaCha: Sigas o no leyendo, te agradezco tus reviews y ¡sí! Soy de Argentina... En el fic no lo hago notar, siempre busco un vocabulario más o menos neutral xD ¡Saludos desde Buenos Aires!
LobaMayor1810: ¡Gracias, chica de pocas palabras! xD
Moon: Me di cuenta de eso, es que en configuración tenía activada la opción "moderate reviews" y por eso cuando recibo un review de alguien que no está registrado, tengo que entrar en el sitio para aceptar o no el review, pero ya desactivé eso porque me parecía innecesario. ¡Gracias por pasar a leer!
MaiaSemei: ¡Muchas gracias! ¡Qué bueno que te guste! :)
Renesmee123: ¡Wow, gracias! ¡Arriba la obsesión! (Soy una experta en eso jaja)
S. Girl wolf phantom: ¡Muchas gracias por leer, y espero que te siga gustando!
Bueno, eso es todo por hoy, me voy a dormir x.x Recuerden que dejar reviews es gratis *w* Y cada vez que leen un capítulo y no dejan review, eh... Un hadita de Tooth se pierde camino al Palacio y es secuestrada por Pitch (Oh, sí, soy el ser más despreciable del universo muajaja) *sarcasmo*.
Los quiero, ¡nos leemos la próxima! :'D
