¡Hola! ¿Cómo están? Aww, ¡ya el capítulo 10! ¡Y vamos por más!

Sé que tardé más de lo habitual, pero es que tengo mucho por estudiar, ya empecé el segundo cuatrimestre de mi carrera :'D Así que a partir de ahora más o menos voy a actualizar cada dos semanas.

Ok, los dejo leer tranquilos OwO ¡Espero que les guste! :D

Los personajes utilizados aquí son propiedad de Dreamworks y William Joyce.


Capítulo 10: Un diente de leche.

Jack estaba colgado de un árbol, observando un parque que solía ser muy visitado todos los días. Allí podía encontrar a muchos niños con quienes jugar y pasar el rato, pero ahora el lugar estaba vacío, sin contar a un anciano leyendo un libro a la sombra de un roble.

No estaba en Burgess. Prefería evitar a toda costa el estar cerca de Sophie. No quería ni siquiera tentarse de verla al menos por un minuto, porque sabía que entonces no podría contener sus ansias de hablarle, de explicarle lo que pasaba, de estar con ella.

Le pareció tan extraño que no hubiera nadie. No era tarde, era pleno mediodía. ¿Estarían todos almorzando? No, pero si hasta hacían picnics allí mismo. ¿Dónde estaba todo el mundo?

Sobrevoló la ciudad en busca de algún niño. Sólo veía algunos adultos por ahí.

Desde que la Pascua había fracasado, Jack presentía que eso sólo era el principio de algo mucho peor.

Manny les había advertido que Pitch regresaría, pero el maldito jamás apareció. Y Jack sabía que eso no mejoraba la situación. Quería saber qué tramaba Pitch y qué era lo que estaba haciendo para arruinar las cosas esta vez.

¿Y si North había malinterpretado el mensaje de Manny? Quizás él sólo quería advertirles que habría un cambio en los niños del mundo. Porque era obvio que algo pasaba.

Los tres más afectados eran Tooth, Bunny y Jack.

-Mis hadas ya casi no encuentran dientes bajo las almohadas -había dicho Tooth en la última reunión.

De más estaba recordar lo que había pasado en la Pascua de ese año, y Jack al ser un guardián ahora dependía de los niños, y si ellos no estaban ahí para divertirse, su poder disminuía.

Jack necesitaba de la diversión de los niños. Bunny necesitaba darles esperanza en Pascua. Tooth necesitaba guardar sus memorias más importantes.

Y si tres de los cinco guardianes estaban en la cuerda floja, todo el equilibrio estaba en problemas.

Y las luces empezaban a extinguirse.

Por más respuestas que exigían a MiM, él permanecía en absoluto silencio -nada fuera de lo común-.

-¿Qué vamos a hacer?

Esa pregunta no abandonaba la mente de Jack.

¿Qué iban a hacer?

El espíritu invernal detuvo su paseo un momento, a la orilla de un lago, cuando escuchó una voz femenina cerca.

-Cansada -decía la mujer-. Cansada, cansada, ¡cansada! ¡Me tienen cansada!

Jack notó que había un camino de flores que se perdía entre los árboles, los cuales rebosaban de vida y color verde en sus hojas. Siguió el camino, sus pies llenaban de escarcha a las hermosas flores.

-¿Es que no puedo simplemente renunciar? ¡Yo renuncio! -seguía diciendo la voz.

El joven guardián se detuvo al divisar una figura femenina frente a un árbol. Era una mujer que no pasaba de los treinta años físicos, pero que pronto identificó como un espíritu. La dama tenía el cabello verde -sí, verde-, y un vestido que podría considerarse hecho de flores y hojas. Ella estaba... ¿hablando con el árbol? Jack se preguntó si los espíritus eran capaces de enloquecer o algo así.

De pronto ella dejó de hablar y permaneció en silencio un instante, sin voltearse.

-Frost, sé que eres tú. Puedo sentir tu frío dañando mis flores.

Jack sonrió.

-¿Primavera?

Ella dio media vuelta y lo encaró.

-Que mi nombre es Iris, niño. ¿Por qué todos tienen la manía de llamarme Primavera? ¿A ti te llaman Invierno, acaso?

-Normalmente no -respondió Jack, sonriente.

Iris acariciaba la corteza del árbol que estaba a su lado, como si fuera su hijo. El color verde en las hojas se fortalecía aún más.

-¿Qué haces aquí, chico? Si vas a estropear mi estación, estás en problemas, no estoy de humor.

-Que mi nombre es Jack -replicó él, imitando el tono de ella.

Iris rió suavemente.

-Como si no lo supiera, pequeño guardián. Sabes, son tus vacaciones, vete al Ártico, no sé -Iris caminaba dejando más flores y vegetación a su paso. No había nadie a los alrededores, estaban en medio del bosque-. Oh, espera, ya lo recuerdo. Ahora tienes "responsabilidades", ¿verdad? Pff, qué suerte que MiM no me eligió a mí, odio a los niños.

"Y ellos te odiarían a ti con ese carácter", pensó Jack.

-He oído que están en problemas, al parecer los niños están olvidando quiénes son todos ustedes. Qué pena.

Jack frunció el ceño.

-Eso no es cierto, ellos no pueden olvidarnos.

Iris lo miró y puso los ojos en blanco, como si le resultara tonto incluso hablar de ello. Estaba curando con mucha dedicación a un viejo árbol que había estado a punto de secarse por completo.

-Niño, tengo miles de años en este mundo, los tiempos cambian. Lo sé. Un mito que pierde su brillo entre sus creyentes, desaparece. Es un proceso lento, pero no imposible. Nosotros creemos que la eternidad existe, pero en realidad nada es para siempre -Iris tomó una flor y con un suave movimiento de sus manos la convirtió en un pequeño pájaro-. Como yo, ahora me doy cuenta de que no quiero seguir con este trabajo. Estoy vieja, el planeta ha cambiado, los humanos no hacen más que destruirlo todo y maltratar a la naturaleza, no puedo estar siempre arreglando sus errores.

Aquello sí que tenía sentido, aunque Jack jamás lo admitiría delante de ella.

-Lo triste es... que si ellos dejan de creer, tarde o temprano, ustedes desaparecerán.

Dicho esto, Iris sonrió y se alejó de Jack, perdiéndose entre los árboles.

-¡Y aléjate de mis plantas, por favor! -gritó a lo lejos-. No quiero que arruines nada. ¡Agh, ya estoy cansada!

Jack no sabía si reír o llorar.


La señora Bennett llegó del trabajo un poco más tarde de lo acostumbrado. Había sido otro día duro, pero ella era una adicta al trabajo, así que no tenía problemas. La tormenta afuera era de lo más fuerte.

-Sophie, cariño... -llamó en cuanto entró a la casa, y miró su reloj-. Mmm... tal vez ya está dormida.

Se preguntaba cómo hacía su hija para dejar la casa tan impecable si se pasaba el día estudiando y, ahora, trabajando de niñera. En la cocina había algo preparado para ella, Soph había tomado la costumbre de prepararle la cena a su madre, cuando debía ser al revés.

Se dirigió al cuarto de su hija para saludarla, aunque estuviera dormida, se lo merecía. ¿Cuándo había crecido tanto? ¿Cuándo se había convertido en una chica tan responsable y madura?

-Soph... -entreabrió la puerta, espiando.

Alcanzó a ver la silueta de su hija recostada en la cama. Las luces estaban apagadas, la lluvia se deslizaba en el cristal de la ventana. Entró a paso lento, de pronto una gran luz se extendió afuera en el cielo, un rayo, y el sonido fue electrizante segundos después. Sophie se sentó de golpe, agitada, apretando las sábanas.

-¡DÉJAME! -gritó con todas sus fuerzas-. ¡POR FAVOR, DÉJAME!

Un segundo después, su madre la estaba rodeando con los brazos.

-¿Qué pasa, Soph? Despierta, cielo. Despierta...

-Por favor, por favor, no les hagas daño... ¡por favor!

-¡Hija!

-¡Aléjate de ellos! -Soph tenía los ojos cerrados pero cubiertos de lágrimas-. ¡No los toques!

Su mamá la sacudió con fuerza y Soph finalmente abrió los ojos, confundida, mirando a todas partes. Rompió a llorar entre los brazos de su madre.

-¿Qué sucede, cielo? ¿Qué sucede?

Sophie parecía tan asustada, que su madre la acompañó a lavarse la cara. Todo lo hizo sin decir una palabra, sabía que sería peor para Soph si la atormentaba con preguntas. Luego la condujo al sofá de la sala, frente al televisor. Le preparó a su hija su té favorito y puso una película, la primera que encontró. Sophie se envolvió en una manta, con la taza de té caliente entre sus manos, e intentó olvidar las horribles imágenes de su pesadilla, mientras veía Cómo entrenar a tu dragón 2 en la tele.

Su madre se sentó a su lado con su propia taza de té y se entretuvo un momento también. Por un largo rato, sólo las voces de los personajes se escucharon en la sala, y los truenos de la tormenta que se desataba afuera.

-¿Quieres contarme... qué soñabas? -preguntó su mamá con cuidado.

Soph giró su cabeza para mirar a su madre, ella pudo ver que su hija tenía ojeras. ¿Cómo no se había dado cuenta? Había estado tan ocupada en sí misma toda esa semana, tanto que no se había fijado en el estado de Sophie. Tal vez no era ni de cerca la primera pesadilla.

Sophie se frotó los ojos, le dolían bastante. Estaba durmiendo muy poco aquellos días.

-No creo... que lo entiendas -murmuró con sinceridad.

La señora Bennett sonrió apenas.

-Vamos, ¿ha sido horrible, verdad? Si no sacas tus miedos afuera, se quedarán dentro de ti.

Soph se encogió un poco más sobre el sofá, como si pudiese hacerse más pequeña, y bebió otro sorbo de té caliente mientras procesaba su respuesta.

-Soñé que mataban a mis amigos -su voz se fue quebrando con cada sílaba hasta que tuvo que presionarse el puente de la nariz para evitar llorar otra vez.

Su madre no se esperaba escuchar aquello, pensaba que sería algo un poco menos... traumático. Aunque, a juzgar por los gritos de su hija y lo asustada que se veía momentos atrás, era bastante lógico.

-Oh, cariño...

¿Qué amigos?, se preguntó mentalmente. O sea, Soph tenía compañeros en la escuela, pero más allá de Emily, no tenía muchos amigos cercanos (que ella supiera). Se sintió una muy mala madre, no sabía nada de Sophie, se la pasaba todos los días trabajando y no se detenía a pensar qué le podría estar pasando a su niña.

-No es la primera vez que sueño esto -susurró Soph, como si temiera que alguien más la escuchara-. Hace más de una semana que no puedo dormir bien. Sandy no... -De pronto la chica se calló, había hablado de más.

-¿Sandy?

-Eh... es... sólo una expresión.

A su madre se le vinieron a la mente los recuerdos de sus hijos, cuando eran niños, hablando de un tal Sandy antes de ir a dormir. Sandy... ¿Sandman? ¿Sophie hablaba de ese personaje?

-El caso es... que no sé qué hacer, mamá. No dejo de tener pesadillas. No me dejan en paz.

Su madre asintió, en señal de comprensión. Rodeó con sus brazos a su hija y la mimó un poco.

-No te preocupes, hija. Tal vez estás muy estresada.

-No, no es por eso. Tengo miedo... -dijo en voz baja-. Tengo miedo de que les haya pasado algo...

Su madre no escuchó lo último.


Sophie fingió que dormía sólo para que su madre se fuera a descansar tranquila. Con todas las luces de su cuarto encendidas, se pasó toda la noche dibujando. Dibujaba... recuerdos. Sus memorias más lindas con los Guardianes. Se diría que estaba obsesionada con ellos, pero no le importaba. Ya tenía, desde muy temprana edad, las paredes de su cuarto repletas de dibujos de los Cinco Grandes, así como también decenas de cuadernos. ¿Dónde iba a poner los nuevos? No lo sabía.

Tal vez podría dárselos a Paige y Joey.

Sophie había encontrado uno de los mejores pasatiempos del mundo contando historias. Había empezado contándoles sobre el mismísimo MiM a los pequeños, y ellos querían saber más, y más. Para Paige y Joey, tener a Sophie era mejor que tener un libro de cuentos ilustrado, puesto que ella era una gran narradora en vivo y en directo, y sus dibujos reflejaban exactamente lo que ella quería transmitir, y los ayudaba a desplegar aún más su imaginación. Querían saber todo sobre los Guardianes. Sophie casi podía sentir las luces de los niños alimentándose de ilusión.

-¿Y cómo hace el Hada de los Dientes para ir a todas partes en una sola noche? -preguntó Joey una vez.

-Toothiana tiene pequeñas hadas que la ayudan a recolectar dientes. Todas ellas trabajan muy duro durante todo el año -respondió Soph.

-¿Y Santa hace todos los juguetes solo? -cuestionó la pequeña Paige.

-No, él tiene sus propios ayudantes -dijo su niñera-. ¡Yetis! Y duendes también.

-¡Wow! ¿En serio?

-¿Y cómo son?

Podía pasarse horas así. Era la única forma de no olvidarlos, lo único que la ayudaba a tener el recuerdo constante de ellos, de saber que no fueron un mero sueño.

Pero la preocupación seguía ahí, ¿y si les había pasado algo? ¿Y si sus pesadillas eran un aviso? Si ellos no querían verla nunca más, al menos podrían haberle dicho «eh, Sophie, estamos bien, sólo vamos a desaparecer de tu vida». Dolía pensar en esas palabras. ¿Por qué era tan dura? Quizás ellos en verdad estaban en problemas.

Las horas pasaron lentas hasta que llegó la mañana. Hora de ir a la escuela. Soph no había dormido nada.

-¡Sophie! ¿No vas a desayunar?

La rubia miró el reloj de su celular, tenía tiempo de sobra.

-¡Ya voy!

Entró al baño, no sin antes ver por el rabillo del ojo una sombra desplazándose por las paredes.

Respiró hondo, diciéndose que no se iba a dejar vencer por sus temores. Se dio una ducha, trenzó su cabello, cubrió con maquillaje sus ojeras y se puso un lindo overol corto sobre una camisa verde. Se dirigió al comedor a toda prisa.

-¿Café? -preguntó su madre, que había preparado el mejor desayuno en siglos.

-Sí, por favor.

Realmente necesitaba café si quería sobrevivir. Su madre no conocía la cantidad de cafeína que consumía últimamente.

-¿Cómo dormiste?

-Bien -mintió.

-Genial, tengo una buena noticia para ti. Oh, no, son como tres noticias.

Se sentaron a la mesa con sus respectivas tazas de café. Soph atacó una tostada con Nutella, esperando lo que tuviera que decir su madre.

-Cuenta -ordenó, tras un mordisco.

-Bueno, una amiga mía me llamó y hablando con ella le dije que eras niñera de los vecinos -dijo, agregando azúcar a su taza-. Y ella quiere saber si podrías cuidar a su hijo... tiene ocho años.

Soph agrandó sus ojos con evidente sorpresa.

-Sabes que puedes traerlos a casa.

-Sí... supongo.

-Claro que le dije que lo pensarías -aclaró su madre-. La segunda noticia es que me llamó Jamie y dijo que estamos invitados a la fiesta de cumpleaños del bebé de Pippa. Cumple un año este sábado.

Sophie había tenido una gran amistad con los amigos de Jamie, cuando aún eran niños. Ahora todos eran adultos y tenían sus propias vidas, Pippa se había casado y ya tenía un bebé.

-¿Vas a ir?

-Claro que sí.

Soph pensó que tal vez sería una buena oportunidad para hablar con su hermano, quería contarle todo lo que le pasaba, tenía la mínima esperanza de que la entendería. La última vez no había tenido el valor de hablar con él sobre los Guardianes.

-¿Cuál es la otra noticia?

Ya casi se habían terminado el desayuno. Sophie le dio un último sorbo a su café y revisó la hora en su celular. Su madre parecía esperar a que la mirara a los ojos para hablarle, así que lo hizo. La señora Bennett aclaró su garganta.

-Tengo una conocida que es psicóloga. Hablaré con ella... por ti -dijo lentamente, como midiendo la reacción de su hija-. No quiero que pienses que es algo malo, ¿okey? Ella te ayudará. Todos necesitamos un psicólogo alguna vez.

Sophie dejó la taza sobre la mesa, negándose a mirar a los ojos a su madre. Okey. Esto era raro. ¿Terapia? Sabía que no tenía nada malo, no hasta que tu propio psicólogo te enviaba a un psiquiatra si lo consideraba necesario. Pero... ella... no quería admitir que tenía problemas como para requerir terapia.

-Mamá, no gastes tu dinero en eso, yo estoy bien.

-Cariño, estás pasando por un momento difícil, y me he dado cuenta de que yo no soy capaz de ayudarte lo suficiente -dijo, llena de culpa, su madre.

-Ma, estoy bien. Punto final.

-Lo necesitas.

-¡No! Y no digas que no eres capaz, es que tienes cosas mucho más importantes que...

-Eso no es cierto -replicó-. Tú eres muy importante para mí.

-Okey, pero no quiero una psicóloga -dejó en claro. Tomó su mochila y se acercó a darle un abrazo a su madre-. Tengo que irme, nos vemos más tarde.

Ya en el auto, condujo hacia la escuela, pensando en todo lo que había hablado con su madre. ¿Qué le iba a decir a la psicóloga? ¿En qué podría ayudarla? No podía contarle a una persona totalmente desconocida y experta en enfermedades mentales que sentía que alguien la seguía a todos lados, que alguien la observaba constantemente. Que tenía pesadillas porque Sandman ya no la protegía. ¿Y de qué servía mentir y tirar el dinero en una tonta terapia?

Se detuvo en el semáforo e inconscientemente esperó sentir el golpe de un par de pies en el techo de su coche y una fría brisa entrando por la puerta del acompañante. Pero nada pasó. Suspiró. Cómo habría querido que Jack estuviera ahí para hacerla reír como nunca antes. Para recordarle que cada día era una oportunidad más de tener diversión y sonreír.

Ella ya empezaba a desconocer lo que era sonreír.

-¿Todo está bien? -le preguntó Emily en cuanto la vio, ya en la escuela-. Te ves cada día peor.

-Gracias -dijo Sophie sin ánimo.

-Podrías al menos decirme qué te pasa -sugirió su amiga.

Soph se dedicó a tomar algunos libros de su casillero, ignorando el comentario de Emily.

-Okey, se nota que no confías lo suficiente en mí -dijo Emily, desanimada.

-No digas eso, Em.

-¿Entonces?

Soph suspiró pesadamente y cerró su casillero. Una hoja voló y cayó en el medio del pasillo. La fue a recoger, pero Emily fue más rápida. Era un dibujo de los Cinco. Emily sonrió, era un dibujo muy hermoso, aunque aquellos personajes no existieran para ella. Soph miraba con dolor la imagen.

-Guau, Soph, ¿en serio?

-Tú simplemente no los recuerdas -Soph se acomodó un mechón de pelo detrás de su oreja y bajó su mirada verde.

Emily le devolvió el dibujo. Luego miró con detenimiento a su amiga, trató de pensar en todo lo que sabía sobre ella. Se habían conocido de niñas. Habían compartido muchos momentos juntas. Con el paso de los años, Sophie seguía hablando de aquellos personajes y Emily sólo quería hablar de chicos lindos. Em sabía que no existían los Guardianes, que sólo eran los padres quienes se encargaban de darles esa ilusión a sus hijos. Por su parte, creía que lo de Sophie era inmadurez, y que se iría con el tiempo. Pero no, Soph seguía insistiendo. Y ya estaba harta, ahora con casi diecisiete años, de tener esa falta de comunicación con su mejor amiga. Había aceptado que esos personajes eran muy importantes para Sophie, pero aun así había una barrera que no permitía que hablaran libremente de ello. Se daba cuenta de que Soph evitaba contarle todo lo que le pasaba porque, de alguna forma u otra, estaba relacionado con esos Guardianes.

-Quiero que me cuentes todo -declaró con firmeza y se cruzó los brazos-. No importa si es lo más loco del mundo -continuó Emily-. Necesitas hablar, se te nota. Y soy tu amiga.

Soph se giró hacia Emily, abrazando sus libros con fuerza entre sus brazos. Claro que confiaba en su amiga, pero también entendía lo difícil que era explicarle algo sin sentido para ella, algo que en algún momento había vivido pero ahora ya no recordaba porque había crecido.

A menos que...

De repente la idea más descabellada se le ocurrió.

-Te contaré todo -le prometió-. Ven a mi casa hoy y trae tu caja de Las Princesas.

-¿Qué?

-Tú sólo tráela. Estaré cuidando a los niños en la tarde.


Los niños habían armado una carpa poniendo una sábana entre un sofá y otro, y ahora jugaban a ocultarse allí del supuesto monstruo que quería devorarlos. Soph se había unido a sus juegos por un buen rato, hasta que escuchó el timbre.

-Esperen aquí, ¿sí? O el titán los devorará... -canturreó.

Paige y Joey gritaron de miedo, siguiéndole el juego a su niñera.

Sophie fue a atender la puerta, sabiendo de quién se trataba.

Emily estaba del otro lado, llevaba la famosa caja entre sus brazos y una expresión intrigada en su rostro.

-La verdad es que no tengo idea de para qué quieres esta vieja caja.

Sophie sonrió un poco.

-Sígueme.

Las amigas fueron hacia la sala, al lado de los niños, quienes jugaban sin molestar. Se sentaron en el suelo, ya que los sillones estaban ocupados, y Em le hizo entrega de la caja a Sophie. La caja era de las princesas de Disney, una vieja reliquia de la infancia de Emily. Allí conservaba sus recuerdos más preciados, los objetos con mayor valor sentimental de su niñez. Tenía algunas fotos, juguetes viejos, una Barbie, cosméticos para niñas, algunos lápices de colores, dibujos, un diario íntimo e incluso envoltorios de golosinas... Sophie buscaba entre las cosas de su amiga algo en particular.

-Si me dijeras qué buscas tal vez...

-Espera, no seas ansiosa -la regañó Sophie.

-¡Oye, es mi caja!

Sophie alzó una ceja, con una sonrisita burlona.

-Y luego dices que yo soy la infantil.

Siguió rebuscando, hasta llegar al fondo...

-Tiene que estar por aquí... -murmuraba, hasta que sus dedos dieron con algo suave-. ¡Aquí está!

-¿Qué? ¿Qué es?

Soph sacó de la caja lo que parecía una pequeña bolsita de tela color rosa. Emily fruncía el ceño. No recordaba qué era... hasta que Sophie sacó su contenido.

Un diente de leche.

Emily se llevó ambas manos a su boca. Ese pequeñísimo diente de leche guardado hace tanto tiempo... ¿era de ella? ¿Cómo era que Sophie sabía que lo tenía guardado?

Soph sonreía.

-Cuando teníamos ocho años, perdiste este diente -le contó la rubia-. Estabas celosa porque te había dicho que el Hada de los Dientes me había llevado a conocer su Palacio y a ti no. Te enojaste tanto, que guardaste tu diente para ti misma y juraste que nunca más dejarías que Tooth se llevara un diente tuyo.

-¿Tooth?

-El Hada.

-Oh, cierto -Emily hablaba casi en voz baja-. Cielos, en verdad no lo recuerdo.

-Dame tu mano.

-¿Qué?

-Espero que funcione. Cierra los ojos.

Emily extendió sus manos con las palmas hacia arriba y cerró los ojos, confiaba totalmente en ella. Soph colocó con cuidado el diente entre las manos de su amiga y las cerró entre las suyas. Esperaron unos minutos, pero pronto Em volvió a abrir los ojos.

-¿No viste nada?

-No -dijo con sinceridad.

-Rayos, lo imaginé -se quejó Sophie, frunciendo el ceño. Esperaba que Emily se burlara de ella, pero en cambio la miraba boquiabierta, como esperando a que pasara algo más. Soph pensó un poco más y de repente se levantó de su lugar-. ¡Ya sé!

Fue corriendo a buscar su mochila y rebuscó entre sus cosas hasta encontrar algo.

-¿Ahora qué vas a hacer? -preguntó Emily.

-No funciona sin la magia de Tooth -replicó Sophie, como dando por sentado que Em sabía algo de lo que estaba hablando-. Así que sólo necesito un poco de... ella.

-¿De qué estás hablan...?

Entonces vio que Soph volvía a sentarse frente a ella y llevaba algo en su puño... Eran... ¿plumas?

Las plumas que Sophie tenía eran de distintos colores y tamaños, mayormente verdes, amarillas y azules, algunas iban del azul oscuro a un violeta. Volvieron a repetir lo que habían hecho, Emily tomó el diente y una de las plumas entre sus manos, y luego cerró los ojos, envolviendo con sus dedos los objetos.

Soph tenía esperanza de que funcionara. Probablemente, era la idea más estúpida del mundo. Sí, ¿pero en qué estaba pensando? Era completamente absurdo, ridículo. Sólo las hadas de Tooth o la misma Toothiana podían...

-¡...! -Emily jadeó, aún con los ojos cerrados.

Un brillo dorado empezó a salir de entre sus dedos.


¡Gracias por leer!

Renesmee123: ¡Gracias por las buenas vibras! *w*

LobaMayor1810: Sí, creo que fui muy dura con Bunny T.T ¡Gracias por tu review!

bluefrosty27: Es un honor que la autora de uno de mis fics favoritos me deje un review :'D hahaha ¡Graciaaas!

Y bueno, gracias por pasar a leer una vez más, ¡tengo una pequeña sorpresa! Un humilde video -ejem, muy humilde, mi editor no es bueno- con las escenas de Sophie en la película C: Creo que no puedo poner links acá, así que les dejo el nombre: ROTG - Everything has changed - Sophie Bennett. Mi canal es Daiana Heiden, y es nuevito xD

Un simple review me alegraría el día :D

¡Nos leemos la próxima! :'D