¡Hola! ¿Cómo están? Acá la desaparecida xD Mi vida es un desastre, ni se imaginan. Por suerte encontré tiempo para subir este nuevo capítulo!

Antes que nada, en esta ocasión voy a usar pequeños fragmentos de una canción. Si quieren pueden buscarla, los que no la conocen: Lost boy, de Ruth B. Perdonen si mi traducción de la letra está incorrecta en alguna parte, cuando se traduce del inglés al español uno tiene que interpretar lo que se quiere decir y pasarlo a nuestras palabras, esa es mi técnica.

¡Espero que les guste este capítulo!

¡A leer!

Disc. Los personajes utilizados aquí son propiedad de Dreamworks y William Joyce. La letra de la canción tampoco me pertenece.


Capítulo 12: Volver a creer.

Durante la noche, todo ser mágico sabía que la arena de Sandy viajaba a cada rincón del mundo para llevar dulces sueños a cada niño. Quizás, de no ser por el Creador de Sueños, los Guardianes ya habrían desaparecido a esas alturas.

Pero además de todos aquellos niños que descansaban tranquilamente gracias a Sandman, había una chica de dieciséis años que sufría de desprotección. Sin Sandy, las pesadillas se arremolinaban a su alrededor, y no la dejaban en paz. El principal problema era ese corazón terco y lleno de luz que no dejaba de creer por nada en el mundo. Un adolescente puede tener pesadillas, pero no son provocadas por una oscura entidad, porque un joven no cree en criaturas mágicas, no ve más allá de lo que lo rodea. Pero Sophie Bennett era diferente.

Desde el primer momento lo fue.

Esa noche se despertó agitada, por cuarta vez ya. El miedo la estaba volviendo loca. Ya no lo soportaba. No sabía qué hacer.

En la oscuridad de su cuarto, se largó a llorar, pero este ya era un llanto de cansancio e impotencia. Sólo quería descansar, nada más.

-Sandy... Sandy, por favor, te lo suplico... -murmuró con su voz quebrada.

Extendió su mano a un lado y tomó el conejo de peluche que había pertenecido a Jamie años atrás. Lo abrazó y se hizo un ovillo, apretando los párpados para alejar las lágrimas y las imágenes horribles que se formaban en su mente.

Ella seguía creyendo, y a cambio, debía soportar aquello.

-No es justo... -susurró la chica-. Ya... ya no sé qué hacer.

Resignada, intentó dormir una vez más, pero pronto abrió los ojos al captar una tenue luz.

Una... una luz.

En medio de la oscuridad.

A causa del viento, la cortina que cubría la ventana se había apartado un poco, dejando entrar una luz blanca y pura.

Soph se levantó de su cama, ya sin miedo, y se dirigió hacia la ventana para correr completamente aquella cortina. La luz entró de golpe, ahuyentando toda oscuridad. Del otro lado, la Luna la miraba, llena y completamente brillante.

Tantas veces había mirado a la Luna en su vida, pero nunca como en ese preciso momento.

-Sophie...

El corazón de la rubia latió con fuerza. Después de escuchar casi todos los días aquella voz siniestra que la atormentaba, oír ahora esta voz tan suave y dulce fue como pisar tierra firme. Como si alguien la estuviera cuidando, a pesar de todo.

Sophie conocía la historia del Hombre de la Luna.

-Manny...

Miró directamente hacia esa moneda blanca, sin importar si su luz llegaba a cegarla de tanta potencia.

Sabía que MiM no era muy conversador. Los Guardianes solían quejarse de que no les respondiera nada cuando lo necesitaban, como Jack. Sin embargo, esperó pacientemente que dijera algo más.

-Descansa, pequeña. Yo te cuido.

Era imposible explicar la paz que derramaba esa voz, esas palabras. Los ojos verdes de Sophie se llenaron de lágrimas. Y simplemente, respondió:

-Gracias.

Dejó que toda la luz inundara su cuarto, volvió a acostarse y cerró los ojos. No tardó nada en quedarse dormida.

Después de mucho tiempo, Sophie pudo descansar sin molestia alguna.


Emily estaba cruzada de brazos frente a su mejor amiga, quien aún dormía. La morena ya había intentado despertarla de todas las formas posibles. La señora Bennett, al ver a su hija durmiendo tan profundamente, sonrió y con absoluta despreocupación le dijo a Emily que la dejara dormir un poco más.

Pero Jamie llegaría pronto para llevarlas a la casa de Pippa.

-¡Sophie! ¡Despiertaaaaaa!

-Hmmm...

Bueno, al menos daba una señal de vida. Era un avance.

-¿Emily? -musitó Soph-. ¿Qué haces aquí?

-No sé si te diste cuenta, pero ya es sábado y son como las once de la mañana.

Sophie se incorporó de golpe, sorprendida. Su cabello estaba hecho un desastre y apenas podía abrir los ojos.

-¿Qué? ¿Tan tarde?

-En realidad, yo suelo dormir hasta las tres de la tarde los sábados, así que diría que es temprano -razonó Em.

-Estás loca.

-Sí, ya iba a tirarte agua -Emily le arrojó ropa en la cara-. Anda, ve a cambiarte. No quiero que hagamos esperar a tu hermano.

Soph rió un poco, estaba de buen humor y se notaba. Se sentía... tan llena de esperanza.

Se dio una ducha y se vistió, justo cuando terminaba de calzarse sus converse, escuchó la bocina del auto de Jamie.

-¡Apúrate, Soph! -exclamó Em-. Ya quiero ver a Jamie.

-¿Recuerdas que trae a su novia, cierto?

-Qué diablos me importa. En el fondo, Jamie sabe que soy el amor de su vida.

Soph se mordió el labio inferior. Tocaron el timbre varias veces, señal de que sin duda era su hermano mayor quien había llegado. Corriendo, se dirigió hacia la puerta principal. Sintió que Emily la seguía con la misma velocidad.

-¡Jamie!

Ni siquiera tuvo tiempo de abrazarlo porque Emily se adelantó y se arrojó a los brazos del muchacho.

-¡ESTÁS AQUÍ! -exclamó la morena.

Jamie, con los ojos agrandados por la estupefacción, le devolvió el abrazo a Em. Sophie se rió, no pudo evitarlo.

-Eh... sí, a mí también me da mucho gusto verte, Emily -dijo Jamie.

Luego se dirigió a su hermana menor y la abrazó con fuerza y cariño.

-¿Dónde está Clary? -preguntó la rubia.

-Sí, ¿dónde está esa per... digo, Clary? -cuestionó Em.

-Está en la casa de sus padres, tenía reunión familiar -respondió el joven, entrando a la casa-. ¿Dónde está mamá? ¿Ya están listas?

-¡Aquí estoy, cielo! -exclamó la señora Bennett, sumándose a ellos y saludando a su hijo mayor con besos y abrazos.

-Ya, mamá, como si no me vieras desde hace años -se quejó Jamie.

Los cuatro rieron y se dirigieron al auto para ir a la casa de Pippa.


Era bueno ver a su hermano reunido con sus viejos amigos, parecía muy feliz. Allí estaban todos: Caleb, Claude, Monty, Cupcake y, obviamente, Pippa. Los seis amigos conversaban y reían como si el tiempo no hubiera pasado.

La casa de Pippa estaba llena de familiares suyos y amigos, había mucha comida, música, y su bebé era el centro de atención. Con un solo añito, el pequeño se pasaba de listo, y era muy bonito y parecido a su mamá.

Los amigos de Jamie no habían dejado de lado a Sophie, todos le decían lo adulta que se veía y cuánto la habían extrañado. Soph tenía muchas ganas de unirse a la conversación de ese viejo grupo de amigos, pero no podía dejar de lado a Emily; sin embargo su amiga estaba muy ocupada hablando con un chico que debía ser un primo lejano de Pippa.

-Oye, Soph, ¿sigues dibujando? -le preguntó Cupcake.

-Sí -respondió con una sonrisa.

-Oh, sí, recuerdo tus dibujos -dijo Pippa-. Qué gran imaginación.

Soph asintió, a pesar de que tenía ganas de decir que lo que dibujaba era real, no un producto de su imaginación.

-Y ahora también es niñera -añadió Jamie.

-Vaya, debes tener mucha paciencia -comentó Monty.

-¿Les cuentas sobre los Guardianes? -preguntó Caleb.

Sophie agrandó sus verdes ojos. ¿Qué?

-¿Se acuerdan de los Guardianes? -cuestionó Jamie, sus ojos soñadores brillando.

-Sí, me encantaba esa historia -respondió Monty.

Todos asintieron, de acuerdo con lo dicho.

Oh. Ellos creían que era sólo un cuento.

-Pues a mí no -replicó Pippa, de pronto seria-. Me parece un cuento muy absurdo. ¿Cómo pueden permitir que los niños crean en esas cosas tan tontas? Sólo les rompemos la ilusión cuando se dan cuenta de que no existen.

Soph estaba sorprendida de todo lo que estaba escuchando. Todos ellos habían tenido mucho contacto con los Guardianes en el pasado, pero Pippa parecía ser la única que no los recordaba con felicidad.

El tema de conversación se desvió, pero Soph no olvidó lo que había escuchado.

Al cabo de unas horas, el bebé de Pippa lloraba. El pequeño tenía mucho sueño y ya estaba cansado de tanta fiesta y gente desconocida. Nadie podía calmarlo, ni siquiera su madre.

-Lo llevaré a su cuna -dijo Pippa, quien estaba muy ocupada atendiendo a los invitados.

-¿Quieres que yo lo lleve a dormir? -se ofreció Sophie.

-Claro, tal vez se calme contigo -accedió de buena gana la mamá del bebé.

El niño pataleaba y gritaba, enojado. Soph, con mucha paciencia, lo tomó entre sus brazos y él pareció tranquilizarse un poco. Pippa la guió hasta el cuarto del pequeño y luego la dejó sola para continuar con sus tareas. Sophie le echó un vistazo a la habitación pintada de azul, con la cunita del bebé al lado de la ventana y juguetes esparcidos sobre una alfombra.

Con cuidado, colocó al bebé en su cuna, cuyo llanto continuaba. Mientras intentaba calmarlo recordó una canción que su madre le cantaba cuando era muy pequeña. Sin darse cuenta, empezó a cantarla:

"There was a time when I was alone (Hubo un tiempo en el que estaba sola)

No where to go and no place to call home (No había dónde ir ni lugar al que llamar hogar)

My only friend was the Man in the Moon (Mi único amigo era el Hombre en la Luna)

And even sometimes he would go away too (E incluso a veces él se iba también)"

El pequeño se fue calmando al oír la dulce voz de la chica. Soph se sintió bien por poder recordar la letra de la canción, y aunque sabía que se trataba sobre Peter Pan, algo en aquellas palabras le recordaba a Jack.

"Then one night, as I closed my eyes (Entonces una noche, mientras cerraba mis ojos)

I saw a shadow flying high (Vi una sombra volando alto)

He came to me with the sweetest smile (Él vino a mí con la más dulce sonrisa)

Told me he wanted to talk for a while (Me dijo que quería hablar un rato)"

No podía recordar con precisión cuándo había sido la primera vez que había visto a Jack, ni cómo había empezado a creer en él. Si lo pensaba profundamente, sentía que ver a Jack era algo natural, que no requería de ninguna magia; él había estado siempre, al igual que los demás. Nadie le había contado la historia de Jack Frost, como a la mayoría de los niños... ¿Cómo había empezado a creer en él?

Pensó en su relación con cada uno de los Guardianes. North era como un abuelo para ella, el que siempre la consentía; Sandy era como un dulce y amigable tío; Tooth era, sin duda, una imagen materna, como una segunda mamá; Bunny era su ejemplo a seguir, a quien más admiraba, y lo amaba como si fuera su padre...

Pero Jack...

Su relación con él era diferente. No se atrevería a decir que fuera como un hermano, era algo totalmente distinto. Él siempre había estado a su lado, él era el puente entre ella y los demás Guardianes, él le había dicho...

"I promise that you´ll never be lonely (Te prometo que nunca estarás sola)"

Seguía cantando, con una lágrima corriendo sobre su mejilla. Era como si la intención de la letra fuera otra. Qué maravillosa era la magia de la música, que podía amoldarse a los sentimientos de cualquier persona. Así lo sentía Sophie. Ya no pensaba ni en Peter Pan ni en un niño perdido, sólo pensaba en Jack Frost y ella que, al menos en ese momento, estaba perdida en todo ese dolor.

"He sprinkled me in pixie dust and told me to believe (Él me roció en polvo de hadas y me dijo que crea)

Believe in him and believe in me... (Que crea en él y que crea en mí)"

Y aunque pasaran los años y ella jamás lo volviera a ver, no dejaría de creer. Se lo había prometido, la última vez que lo había visto.

Hubiera querido nunca haberse dado cuenta, pero...

Lo amaba.

Y no como a un hermano, ni como nada parecido a una figura familiar.

Lo amaba de una forma muy diferente.

Sólo se preguntaba si podría decírselo alguna vez.

Sin darse cuenta, terminó de cantar y el bebé de Pippa ya estaba dormido, relajado en sus sueños. Al parecer la dulce canción había funcionado... para ambos.

-Cantas muy bien.

Sophie dio un respingo y se dio vuelta. Falsa alarma, era sólo Jamie, apoyado en el umbral de la puerta. Se veía muy pensativo.

-Gracias -murmuró ella en voz baja.

Su hermano le sonrió.

-Tengo que hablar contigo, ven.

Sophie se encogió de hombros y lo siguió; después de todo, ella también quería hablar con él. Jamie la condujo hacia el patio trasero, donde no había nadie, la mayoría de los invitados ya se había ido.

Se sentaron en los escalones que ascendían hasta la puerta trasera de la casa. El atardecer parecía un crimen, la noche matando al día, extinguiendo la luz.

Soph sintió que estaba en un mundo diferente, que las cosas como las conocía habían cambiado... Pero al menos estaba allí con Jamie, y eso no lo cambiaría por nada. La chica apoyó su cabeza en el hombro de su hermano mayor.

-Mamá me dijo que está preocupada por ti -dijo él, rompiendo el silencio.

Sophie sólo asintió.

-No quieres contarme por qué, ¿cierto? -continuó Jamie.

-En realidad, no sé cómo contártelo todo...

Y era verdad, a pesar de que quería hablar con su hermano, no sabía cómo empezar. Jamie esbozó una sonrisa comprensiva.

-Sabes, cuando estábamos hablando con los demás, yo... seguía recordando a Los Guardianes como un cuento viejo y lindo.

Soph abrió los ojos de par en par. Jamie continuó, bajando la mirada:

-Pero... cuando Pippa dijo que era un cuento absurdo... Algo dentro de mí se descolocó. Y luego, sólo bastó con ver tus ojos llenos de indignación. De pronto empecé a recordar todo con nitidez... Todo.

Sophie no quiso interrumpirlo, apenas podía creer lo que escuchaba.

-Y me sentí un idiota, porque... estaba olvidando la parte más importante de toda mi vida. Tenía ganas de decirles a todos: "¿cómo pueden haberlo olvidado? Ustedes estuvieron ahí cuando ayudamos a Los Guardianes, hace quince años. Tú estuviste ahí, Pippa". Supongo que cuando una persona crece, surgen cosas nuevas a las que prestarles atención. Cosas nuevas y vacías, preocupaciones, que no nos hacen felices. Eso es convertirse en un adulto. Por eso nadie recuerda los momentos felices de su infancia, porque nos decimos a nosotros mismos que no tenemos tiempo para nada y que hay cosas más importantes ahora -Jamie se veía enojado consigo mismo-. Me creía especial cuando era un niño, pero soy como todos los demás. Me olvidé de ellos y dejé de creer.

Jamie sintió los brazos de su hermana alrededor de sus hombros y luego una caricia en su mejilla.

-Pero ahora estás creyendo otra vez.

Su hermano largó una risa un poco amarga.

-Parece que sí -murmuró él. Tomó a Sophie de los hombros y la miró profundamente-. Dime que no estoy loco, tú también crees aún, ¿cierto?

Soph no podía contener su felicidad.

-¡Claro que sí!

-¿Los sigues viendo? ¿Cómo están?

La rubia negó suavemente con la cabeza.

-Ya no. No sé nada de ellos...

La sonrisa de Jamie se extinguió, así como la de Soph.

-Hace tiempo que Jack dejó de visitarme, ni siquiera Baby Tooth aparece. No pasé las Pascuas con Bunny, ni pude ayudarlo el día anterior, nadie fue a buscarme.

-¿Qué? -Jamie se veía auténticamente sorprendido-. Eso no es posible, tú siempre ayudas a Bunny en Pascua, sin falta. Bueno, al menos lo que recuerdo.

-No sé por qué de repente... desaparecieron. Yo creo en todos ellos. Estoy preocupada... -Sus ojos se llenaron de lágrimas-. No es justo que...

-Hey, hey, espera -Jamie la contuvo, mirándola a los ojos-. No tienes por qué ponerte así. Sabes, recuerdo el día en que Jack se unió a Los Guardianes, hace quince años. Yo estaba preocupado porque creí que no volvería a verlos, pero Jack me ayudó. Él me dijo:

"Una pregunta: ¿dejas de creer en la Luna cuando sale el Sol?".

"No".

"Okey, muy bien, entonces dime: ¿dejas de creer en el Sol cuando las nubes lo ocultan?".

"No".

"Nosotros siempre estaremos ahí, Jamie. Y ahora, siempre estaremos aquí. Y eso hace que tú también seas un Guardián".

Sophie se emocionó, lo que le contaba Jamie era muy conmovedor y cierto. ¿Por qué tenía que ver para creer? No ver a aquellos espíritus no significaba que la habían abandonado. Ellos estaban en alguna parte.

Pero eso sólo la preocupaba más... ¿y si estaban en problemas?

-¡Jamie, Sophie! -La madre de los jóvenes los encontró-. Ya tenemos que irnos. Querido, sé que tú conduces, pero yo sigo mandando.

Jamie rió de buena gana y se puso de pie. Soph aún tenía varias cosas rondando por su mente, pero al parecer ya no tenían tiempo para seguir hablando.

-Ven, Soph, vamos a saludar a los demás. Oye, ¿dónde está Emily?

-...

La cuestión ahora era encontrar a su amiga, que quién sabía dónde se había metido.


Sandy y North esperaban a los demás en el Polo Norte con una terrible noticia, pero cuando ya era la hora sólo vieron llegar a Tooth con Bunny, sin Jack. Había algo diferente en esos dos espíritus... Oh, esperen, ya estaba claro. Bunny se había vuelto pequeño y Tooth lo cargaba en sus brazos. Pero además de eso, había algo diferente...

-¡Bunny! -exclamó North-. ¿Pero qué te...?

-Sí, sí, ya lo sé -lo interrumpió el ahora conejito con un tono fastidioso-. Ni siquiera lo menciones.

Ya era bastante extraño verlo tan cerca de Toothiana, pero North decidió no hacer más comentarios.

El estado de todos era lamentable. Tooth apenas volaba, sus haditas ya no trabajaban y estaban todas en el Palacio, sin siquiera poder alzar vuelo. North no tenía muchas fuerzas, se sentía tan viejo como su edad lo marcaba, y Sandy se veía tan cansado como si no hubiera dormido en siglos -y eso era bastante malo para él-.

-Está pasando otra vez -murmuró Tooth, posando sus pequeños pies en el suelo y deteniendo el desganado aleteo de sus alas.

-¿Dónde está Jack? -cuestionó North-. ¿Ustedes lo saben?

Tooth bajó la mirada y negó con la cabeza.

-No es momento de vagar por ahí, debemos permanecer juntos -dijo con severidad el Guardián del Asombro-. Todos estamos perdiendo nuestros poderes, Jack no está exento de eso.

Tooth, la única que sabía dónde estaba Jack -o al menos a dónde se dirigía-, se preocupó por él. ¿Debía decirles a los demás lo que sabía?

-¿Qué pasa, Toothie? -le preguntó Aster.

¿Tanto se le notaba su miedo?

North les llamó la atención una vez más y les señaló a Sandy, quien se había quedado dormido en el suelo, uno de los yetis lo llevó hacia un sofá.

-Sandy ya casi no está dando buenos sueños -dijo North.

-¡¿Qué?! -exclamaron los otros dos guardianes al mismo tiempo.

-Shh -los calló North, con su dedo índice sobre su boca-. Necesita dormir.

-Pero North, ¿cómo puede ser posible? Sandy es nuestra única esperanza -dijo Tooth.

-Lo sé, pero sucede que los niños del mundo ya no son felices. Si no son felices, no tienen buenos deseos y si no tienen buenos deseos, Sandy no puede darles dulces sueños. Él no puede hacer su trabajo solo.

Tooth, cada vez más preocupada, sujetó con más fuerza a Bunny entre sus brazos.

Las luces en el globo eran muy pocas, la mayor parte del mundo estaba sumido en la oscuridad.

-Sólo espero que Jack aparezca pronto.

Tooth no pudo soportar más ocultar lo que sabía.

-Hmm... yo sé a dónde se fue.

Los otros guardianes la miraron. Tooth se maldijo por haberle permitido a Jack algo así en una situación tan crítica como esa.

-Se fue a Burgess a ver a Sophie.


-¿Pudiste hablar con Jamie? ¿Qué te dijo? -Emily interrogó a su amiga.

Estaban otra vez en la casa de Sophie. Jamie ya se había ido y Emily estaba a punto de hacer lo mismo, pero no sin antes tener noticias.

Soph se sentía muy bien. Por primera vez en mucho tiempo, sentía apoyo en lo que creía verdadero y era aún mejor saber que ese apoyo provenía de dos personas tan importantes como Emily y Jamie.

-Él cree otra vez.

Emily se cubrió la boca con las manos y después saltó de la emoción.

-¡Lo sabía! Oh, Soph, ¡eso es genial!

-Pero sigo preocupada, tengo que averiguar qué pasa con Los Guardianes -continuó Sophie-. Jamie me hizo ver que el hecho de que estén ausentes no significa que se hayan ido.

-¿Crees que estén en problemas?

-¿Quiénes están en problemas? -preguntó la señora Bennett, quien abandonó la cocina para ingresar a la sala de estar, donde las chicas conversaban.

-Ah... Eh... ¡Sophie y yo hablábamos sobre una serie que... uh... se llama "Los Guardianes del Corazón"! Está increíble, debería verla, los actores están buenísimos y tiene una gran historia de amor.

Soph se llevó ambas manos a su rostro. Su amiga tenía ideas fatales.

-Oh, qué extraño, nunca te vi mirando esa serie, Soph -dijo su madre.

-Es que es online.

-¿Y Jamie... mira esas cosas? -cuestionó algo extrañada.

-Síp.

Su madre pareció conforme con aquella respuesta, aunque se notaba sorprendida por los gustos de su hijo, y regresó a la cocina. Emily y Sophie se miraron dos segundos y se echaron a reír por lo ridículo que había sonado eso.

-Oye, me voy a casa. Si ves el nuevo capítulo de la serie, avísame -Emily le guiñó el ojo.

-Por supuesto, no me lo perdería -continuó la broma Soph.

Se dieron un abrazo como despedida, la morena prometiendo regresar al día siguiente.

Sophie tuvo una cena tranquila con su madre y luego se fue a dormir, agradecida de ver la Luna llena entregando su luz a través de la ventana de su cuarto. Tenía muchas esperanzas y preocupaciones, pero sobre todo, al menos por ahora, estaba en paz.

Al menos por ahora.


Jamie conducía de regreso a su casa, muy pensativo. ¿En qué pensaba? En lo que había hablado con su hermana, en sus recuerdos más lejanos. Era como si el día anterior hubiera sido la batalla contra Pitch Black, y no quince años atrás. Sin embargo, no podía engañarse, sabía muy bien que el tiempo había pasado, derrumbando todo a su paso. Ya no era un niño, era un joven adulto de veinticuatro años, con su propia vida, una novia, una profesión, un trabajo, un futuro... ¿De qué le servía todo eso si no era tan feliz como aquellos años inocentes?

Dio un suspiro y miró al frente, apretando el volante. Siguió conduciendo tranquilo, llegando a las calles de menor tránsito, cuando de repente dio un respingo. Algo había caído a unos metros más adelante sobre la carretera. Había distinguido una figura humana, sin dudas, cayendo del cielo... ¿Del cielo?

Jamie detuvo su auto lo más pronto posible, antes de aplastar lo que sea que estuviera frente a él. Las ruedas chirriaron, marcándose en el asfalto.

Se bajó del auto a toda prisa para ver qué había pasado.


Jack sobrevolaba las distintas ciudades a toda velocidad, o por lo menos lo más rápido que podía en esas condiciones, con la esperanza de llegar a Burgess aquella noche. Podía sentir perfectamente lo débil que estaba, su magia estaba decayendo. Uno de sus principales poderes era la capacidad de volar, que en ese momento estaba teniendo problemas. Le faltaba tan poco... no le importaba si después no podía moverse, sólo quería llegar a la casa de Sophie.

Le dolió saber que los creyentes que tanto trabajo le había costado conseguir, ya no creían en él. Sin esas luces, su vida como Guardián no tenía sentido.

-¡Maldición!

Ya no podía controlar su vuelo, estaba cayendo. Se sujetó lo más fuerte posible a su cayado, su único sostén. Ni siquiera estaba lo suficientemente cerca de Burgess, lo único que sabía era que estaba cayendo en picada en medio de la noche y que no podía hacer nada para detenerse. Lo último que vio antes de impactar contra el asfalto de la calle fue un auto.

El golpe fue bastante duro, pero al ser un espíritu, al menos no lo dejó inconsciente, sólo bastante mareado y agotado. Sus dedos apenas sostenían su cayado a un lado y las luces fuertes de un auto lo cegaban. Aturdido, ni siquiera se movió de su lugar.

-¡¿Jack?!

Jamie, quien se había acercado al sujeto tumbado sobre el asfalto, al instante reconoció esa cabellera blanca y ese cayado... No era nada más ni nada menos que Jack Frost.

-¡Jack! ¿Estás bien? ¿Qué te pasó?

Parecía un sueño: estaba viendo otra vez en persona al héroe de su infancia, en quien había vuelto a creer tan sólo unas horas atrás, pero no podía detenerse a pensar en eso porque estaba mucho más ocupado revisándolo para encontrar algún tipo de heridas. El chico peliblanco ni siquiera respondía.

-¿Estás herido? ¿Ustedes pueden herirse? Jack, di algo, por favor.

El guardián frunció el ceño, por fin reconociendo a su amigo.

-¿Jamie?


¡Gracias por leer!

Ejem... este fic podría terminar en cualquier momento. Aunque tengo una planificación de los capítulos, es imposible seguirla al pie de la letra. Lo único que puedo adelantarles es que no se va a extender mucho más. ¡Y no quiero soltar esta historia, en serio! Les agradezco a los que siguen leyendo por hacer esto posible.

bluefrosty27: Te entiendo, el tiempo es oro, como dicen. ¡Qué bueno que te haya sacado alguna risa! Es la intención. Gracias por leer *w*

Renesmee123: ¡Gracias por tu review! Hmm... vas a tener que seguir leyendo para averiguarlo ;) Todo puede pasar de ahora en más.

Loba-san: Tengo que ser cruel :'( jaja ¡Espero que te guste la actualización! Gracias por leer :)

Moon: Me alegra que te haya gustado :D ¡Y qué bueno que te guste Em! A mí tampoco me gusta cuando sacan personajes inventados de todas partes en un fic, pero Emily era necesaria en esta historia :)

Princess Praline: ¡Muchas gracias por leer y dejar review!

Y gracias a todos los que siguen este fic y le ponen favorito.

No se olviden de dejar review, es lo único que los autores recibimos a cambio.

¡Nos leemos la próxima! :'D