¡Hoooolaaaa! ¡Estoy viva! xD No voy a molestarlos con largas excusas, solo diré que los exámenes me están volviendo loca x.x
¡Espero que les guste este capítulo!
¡A leer!
Los personajes utilizados aquí son propiedad de Dreamworks y William Joyce.
When the darkness creeps in
I feel my nightmares watching me
And when my dreams are sleeping
I feel my nightmares watching me
They're watching me, they watch me sleep
"Nightmares", Ed Sheeran ft. Random Impulse, Sway UK & Wretch 32
Capítulo 13: Un trato.
Una sombra se coló en el cuarto de Sophie Bennett, pero tan pronto como ingresó se extinguió. Lo mismo les pasó a las pesadillas que intentaron abrirse camino hacia la chica. Nada podía interrumpir el tranquilo soñar de la jovencita.
-¿Qué demonios...?
El autor de las pesadillas se deslizó hasta ubicarse al lado de la rubia. Estaba durmiendo pacíficamente y eso sólo lograba enfurecerlo aún más. Tenía ganas de ahorcarla, pero esa no era una opción para él. Por ahora.
-¿Por qué está durmiendo bien? ¿Cómo es posible?
Entonces se dio cuenta de que la respuesta era simple. Miró el cielo nocturno y sus ojos se encontraron...
...con la Luna.
La luz de la Luna llena se proyectaba totalmente sobre la chica, protegiéndola.
Maldito MiM... ¡Él la protegía!
¿Pero por qué? De pronto no quiso saber la respuesta, pero no pudo evitar pensarla.
-No... no es posible que quieras... ¡No voy a permitir que eso suceda! -dijo con indignación-. Que te quede claro, viejo amigo. Además, no siempre estarás ahí para ella. La Luna no puede alumbrar para siempre... como todo, debe apagarse alguna vez.
Jack, sujetándose de su cayado y de Jamie, subió al auto con él. Aún se notaba muy aturdido y mareado. Jamie no sabía qué demonios hacer, pero por ahora lo mejor era llevarlo a su casa, hasta que mejorara, si era posible. Aún no sabía si estaba soñando. Acomodó al joven espíritu en el asiento del acompañante y continuó el viaje hacia su apartamento.
¿Qué habría pasado si esa misma tarde no hubiera vuelto a creer en él? No lo habría visto caer y lo habría arrollado con su coche. Cualquier persona lo habría hecho. Había sido pura obra del destino ese encuentro tan repentino.
Jack apenas era consciente de que estaba en un asiento muy cómodo, con el cinturón de seguridad puesto, y de que Jamie Bennett estaba ahí con él.
-Jack, ¿cómo te sientes?
-Pues, me golpeé varias veces en todos estos siglos, pero jamás sentí un dolor de cabeza igual...
-Esa respuesta no me tranquiliza.
Jamie no tenía muy en claro qué iba a hacer con un espíritu invernal, guardián de la infancia, de más de trescientos años de edad en su apartamento, pero no iba a dejarlo solo. Esperaba que Clary no notara nada extraño.
-No te preocupes, ya casi llegamos y podrás descansar. Espero que luego me des algunas explicaciones.
Jack supo que Jamie se refería a Sophie y de pronto se dio cuenta de que estaba hablando con el hermano mayor de la chica que amaba, quien ya era todo un adulto y lo superaba en edad física. Si Bunny era celoso, no se imaginaba cuánto lo sería Jamie. Jack tragó saliva.
El celular de Jamie comenzó a sonar y él atendió rápidamente.
-Hola, amor. Ya casi estoy llegando, no me tardo. Tuve un pequeño problema. Okey, nos vemos en un rato.
Jack supo, por esas palabras y ese tono, que Jamie hablaba con su novia. Observó al joven de veinticuatro años que tenía al lado. ¿En qué momento había pasado de ser un niño inocente y curioso a un hombre hecho y derecho? Sus pensamientos fueron aún más lejos y se depositaron en Sophie. Se dio cuenta de que tarde o temprano, ella también llegaría a ser una adulta, y no le faltaba mucho.
A pesar de sus preocupaciones, Jack se sentía tan mal que no pudo evitar quedarse dormido el resto del viaje.
Cuando Jamie lo despertó, apenas se sentía un poco mejor. Se preocupó aún más, pensando en sus compañeros, que también debían estar tan apagados como él.
-Clary aún no llegó a casa, así que tenemos que aprovechar para esconderte en algún lado -le dijo Jamie mientras abría la puerta para bajar del auto.
Estaban ya en el edificio donde vivía el muchacho. Jack le iba a preguntar quién rayos era Clary, pero entonces se dio cuenta de que obviamente era su novia.
-¿Para qué esconderme? Soy invisible para ella, ¿recuerdas? -murmuró con su voz desganada.
-Sí, pero no puedo decir lo mismo de tu temperatura.
Era un buen punto.
El apartamento de Jamie era pequeño y bonito, aunque Jack no pudo interesarse demasiado en aquello porque estaba cada vez más cansado. Era como si sus trescientos años le cayeran encima con todo su peso, y él era un espíritu joven, el más joven de los Guardianes, de hecho. Ellos debían estar peor.
Jamie lo llevó hasta un sofá cerca de una ventana, la cual dejó abierta para dejar entrar el aire fresco.
-¿Me puedes decir qué demonios hacías y cómo es que caíste del cielo? -le preguntó Jamie, después de ofrecerle bebidas y que Jack sólo le pidiera un vaso lleno de cubos de hielo-. ¿En qué estabas pensando? ¡Podrías haberte herido muy gravemente!
Jack no podía creer que sus roles estuvieran tan invertidos. Antes, era él quien regañaba a Jamie cuando se metía en problemas.
-Wow, espera, tranquilo... Sólo estaba... -Jack se tiró los cubos de hielo encima-. Eh... ¿viajando a Burgess?
Jamie alzó las cejas.
-¿Y qué ibas a hacer allá?
-Eh...
-¿Ibas a ver a mi hermana?
-Uh... ¿Ajá?
Jamie se cruzó de brazos y frunció el ceño.
-No soporto el calor -Jack intentó desviar el tema, haciendo alusión a la causa de su debilitamiento y molestia.
-Eso ya lo sé, pero estábamos hablando de Sophie.
-¿Qué? No, tú empezaste a hablar de ella.
-Jack, respóndeme sólo una cosa, ¿por qué ibas a ver a Sophie después de ignorarla por tanto tiempo?
Jack agrandó sus ojos con estupefacción, Jamie sabía más de lo que parecía. Iba a responder cuando ambos oyeron el ruido de unas llaves. Alguien había llegado.
-No hagas ruido y no te muevas de ahí, ¿okey?
-No te preocupes, ni siquiera tengo fuerzas para moverme.
Instantes después, una chica muy linda entró al apartamento, sin duda debía ser Clary. Saludó con un largo beso a Jamie y Jack decidió que no quería ver eso, ni siquiera siendo invisible, así que se dio la vuelta en el sofá.
-¿Cómo te fue, cielo? -preguntó ella con una dulce voz-. Mmh... qué extraño, hace frío aquí, afuera estaba más cálido.
La chica se acercó a la ventana para cerrarla, pero Jamie se lo impidió.
-¿En serio? Pues yo me estoy muriendo de calor -mintió él, ya que necesitaba mantener el frío en el ambiente si quería que Jack mejorara-. ¿Ya cenaste?
-Sí, y estoy muerta de sueño, mejor vamos a dormir, ¿sí? Mañana tengo que ir a trabajar.
Gracias al cielo, Clary se fue al dormitorio sin preguntar nada más. Jamie volteó hacia Jack y se puso de cuclillas para poder mirarlo a los ojos.
-Por favor, llévame a Burgess -suplicó el espíritu.
-¿Por qué? -preguntó Jamie en voz baja.
-Te lo explicaré después.
-No, si se trata de mi hermana, tengo el derecho de saberlo ahora mismo.
-¿Jamie? ¿Me hablaste? -preguntó Clary desde la habitación.
-No, mi amor, ya voy.
Jamie se puso de pie y encendió el aire acondicionado para que bajara aún más la temperatura. Luego cerró la ventana.
-Podría dormir dentro de la nevera -bromeó Jack.
-Mañana te llevaré a Burgess, pero antes vas a explicarme todo -susurró el mayor.
-Okey.
-Principalmente, qué es lo que te pasa con mi hermana.
En la mañana, Sophie intentó mantener la calma mientras hablaba con Emily por teléfono.
-¡¿Cómo es eso de que olvidaste de que tu cumpleaños es esta semana?!
-Emily, cálmate, es muy temprano para que estés gritando así, ¿qué te pasa?
-No respondiste a mi pregunta.
-Estuve con otras cosas en mente, lo olvidé.
-Bueno, no importa. Tenemos que hacer una súper fiesta y eso...
Sophie sonrió, pero pronto su sonrisa se borró al recordar cómo festejaba cada año su cumpleaños. Obviamente, con los Guardianes. O al menos con Bunny y Jack.
Y ese año tal vez ya no sería lo mismo.
-Vamos a invitar a toda la escuela, y también a Nina, para que te vea súper linda y se muera de envidia, esa perra...
-Em, creo que ya estás diciendo cualquier cosa.
-Okey, sí, tal vez.
-Además no quiero una súper fiesta, sólo quiero estar con las personas que amo.
-Ugh, qué tierna. Okey, pero vas a cumplir diecisiete, es una edad muy importante. Es tu último año como menor de edad.
-¿Por qué diablos tienes que recordarme eso?
-Oh, cierto que estoy hablando con la chica que no quiere crecer, Sophie Pan.
-No soy como Peter Pan, cállate.
Emily se rió y Soph, a fin de cuentas, también.
-¿Quieres venir a casa hoy?
-Voy en un rato -respondió Soph.
-Nos vemos.
Luego de cortar la llamada, Sophie terminó el dibujo que estaba haciendo. Era parecido a muchos de los que ya tenía, en este estaban los cinco espíritus que amaba y ella en el medio. Mientras hablaba con Emily, casi inconscientemente, había escrito "Mi familia" arriba del dibujo. Tomó cinta y lo pegó en la pared, junto a los demás que tenía colgados.
-Soph, cielo, voy a la casa de Annie -le dijo su madre, asomándose por la puerta-. Vamos a tomar un café, vuelvo más tarde.
Annie era una de las tantas amigas de su madre. La señora Bennett siempre salía en sus días libres para estar con sus amistades.
-Okey, ma, yo iré a la casa de Emily.
-Genial, cielo, nos vemos después.
Cuando su madre se fue, Soph se preparó para salir.
A pesar de que ahora no tenía pesadillas y estaba durmiendo bien, cada vez que se encontraba sola, Sophie seguía sintiendo esa presencia escalofriante muy cerca. Y la ponía muy nerviosa. Veía sombras, siluetas oscuras en las esquinas, oía ruidos de la nada, pasos que desaparecían a lo lejos... Y su corazón latía más rápido por el miedo, pero decidía respirar hondo e ignorarlo. Bunny le había enseñado a ser valiente frente a lo peor, pero... ¿podía ser valiente frente a lo desconocido?
Estaba a punto de salir de su casa cuando se dio cuenta de que había olvidado su celular sobre su cama, el cual justo en ese momento comenzó a sonar. A Soph le dio un escalofrío cuando vio una sombra proyectada a lo lejos, en la cocina, que desapareció tan pronto como ella se acercó. Su celular seguía sonando. Emily debía estar ansiosa, como siempre. Sólo tenía que ir y recuperar su móvil, para poder abandonar la casa.
No recordaba haber apagado tantas luces, el pasillo que la conducía a su cuarto estaba tan oscuro como un túnel interminable. Era de día, sí, pero el sol estaba totalmente bloqueado por nubes oscuras. Y el silencio le permitía escuchar el latir desenfrenado de su corazón. Justo cuando llegó a su habitación, perdió la llamada. Revisó su celular: en verdad era Emily.
Al levantar la vista notó algo extraño, fuera de lugar...
Y cuando encendió la luz, dejó salir un grito desgarrador.
Todos los dibujos que por años había pegado y colgado en las paredes de su cuarto estaban... desgarrados. Destrozados. Partidos en mil pedazos.
Con horror vio a sus pies el dibujo que había hecho recientemente, al cual había titulado "Mi familia". Sus manos temblorosas fueron a recoger los pedazos, sus ojos se llenaron de lágrimas.
Escuchó esa risa macabra muy cerca de ella...
Y no pudo soportarlo: salió corriendo.
No sabía lo que hacía, sus pasos la condujeron por la puerta trasera de la casa y lo primero que hizo fue arrojarse sobre su bicicleta. Su celular había quedado en su cuarto una vez más, pero eso ya no importaba. Tenía que salir de ahí.
Con gran torpeza salió a la calle y pedaleó en su bicicleta color verde, a toda velocidad. Tenía que ir con Emily, ella sabría qué hacer.
Sus ojos seguían goteando lágrimas, su vista se volvía borrosa. Lo único que podía hacer era secarse a manotazos, intentando no perder el equilibrio sobre la bicicleta. Estaba respirando entrecortadamente, como si hubiera corrido una maratón, y los nervios la estaban manipulando poco a poco. Se sentía como la protagonista de una película de terror, aunque nunca veía ninguna porque no le interesaban, pero al menos le habría gustado saber qué debería hacer uno en una situación como esa.
Los dibujos destrozados daban vueltas en su cabeza, al igual que el miedo, tan puro y amargo. Sabía que tenía que enfrentarlo, lo sabía...
En eso pensaba cuando de repente tuvo que frenar. Un auto venía a toda velocidad hacia ella y cuando el conductor la vio, tocó la bocina e intentó cambiar de dirección para evitar el accidente, pero aquello fue un error porque otro coche se interpuso y ambos chocaron. Para Sophie, que ya estaba fuera de sí, fue la gota que rebalsó el vaso. Sus piernas perdieron las fuerzas y se dejó caer sobre el asfalto. No se movió. Apenas fue consciente de la gente que comenzaba a agolparse alrededor de ella y luego, minutos más tarde, de la sirena de una ambulancia, médicos y policías acercándose... Y todo se distorsionaba... No entendía nada.
Un par de médicos le hacían preguntas e intentaban ayudarla a levantarse. Soph estaba, por lo menos en ese instante, medianamente bien. Pero cuando vio al tipo de negro entre la gente a su alrededor, mirándola con una sonrisa de satisfacción, el pánico regresó.
Empezó a gritar presa del terror y, seguramente, ese comportamiento fue suficiente para convencer a los médicos de lo que debían hacer con ella.
Lo último que sintió fue una aguja en el brazo, y entonces todo se volvió negro.
Clary se fue a trabajar preocupada por Jamie, quien decía estar muy acalorado y hacía todo por mantener el apartamento frío. Por supuesto que ella no sabía sobre la visita invisible en su casa.
Jack odiaba quedarse quieto, y mucho más estar encerrado. Tenía un muy mal presentimiento y todo el tiempo se debatía entre la posibilidad de volver con sus compañeros -lo que sería la opción más responsable-, o ir con Sophie.
-Jamie, tengo que salir de aquí -dijo en un momento.
El mayor se acercó a él. Llevaba puesto un abrigo, ya que el aire acondicionado estaba muy fuerte y ya no necesitaba fingir que tenía calor.
Se sentó frente a Jack, con los brazos cruzados.
-¿Por qué? -cuestionó, muy serio.
El chico peliblanco frunció el ceño.
-¿Cómo que por qué? Tengo que salir...
-No, no me refiero a eso -lo interrumpió Jamie-. Te pregunto por qué le hicieron algo así a mi hermana.
Jack se quedó sin habla.
-¿Por qué desaparecieron de un día para el otro?
-Es que...
-¿Por qué la hicieron sufrir?
-Nosotros no...
-¿Por qué la hicieron llorar?
Jack no podía creerlo. Habría esperado escuchar cualquier cosa, excepto eso... ¿Sophie había estado llorando? ¿Por ellos?
-No puedo entender que ustedes se hagan llamar "guardianes" si son incapaces de proteger a la única persona en el mundo que jamás ha dejado de creer en ustedes. Porque cualquiera puede creer, pero mantener la fe... no. Incluso yo he dejado de creer, pero Sophie nunca lo hizo. Y ustedes ni siquiera se molestaron en ir a ver cómo estaba todo este tiempo.
Cada palabra era un balde de agua fría para Jack -aunque quizá sería mejor decir de agua "caliente"-. Ellos habían tomado la decisión de alejarse de Sophie para siempre, solo para protegerla... y la habían lastimado. Justo como él había temido que sucediera. Por eso, desde el principio, Jack había estado en desacuerdo con los demás: él no quería dejar a Sophie.
-Jamie, yo...
-Tienes que tener una muy buena razón para ir a verla. Merece una explicación.
-Y la hay, lo juro -dijo Jack, apenado. Decidió que debía ser sincero y directo-. Es Pitch. MiM nos dijo que él había regresado...
-¡¿Qué?!
-Y nosotros nunca le contamos a Sophie sobre él. Es una parte de nuestra historia que quisimos mantener alejada de ella, para que nunca sintiera miedo.
-O sea que todo esto lo hicieron sólo porque no querían que Pitch encontrara a mi hermana...
-Sí, North y Tooth dijeron que tal vez Pitch podría usarla si supiera que es tan importante para nosotros.
-Sobre todo para ti -resaltó Jamie.
Jack se sonrojó.
-¿Qué? ¿Por qué dices eso? Di-digo, ¿qué quieres decir...?
-Jack, despierta. Ambos sabemos que la última vez que enfrentaron a Pitch, si no hubiera sido por ti, él habría ganado. Si él quiere vengarse de ustedes, el primero en la lista eres tú. Y si ese maldito sabe lo que sientes por ella...
-¿Tú qué sabes de mis sentimientos? -Jack se estaba poniendo cada vez más nervioso.
Jamie levantó una ceja.
-Fui tu mejor amigo por años. Además, no soy ningún idiota.
Jack asintió lentamente y bajó la mirada. ¿Qué podía ocultarle a Jamie? Nada.
-Mira, te mataría sólo porque siento que mi hermana es demasiado para cualquier sujeto, pero ahora que estoy atando cabos y entendiendo qué es lo que pasa... -Jamie se llevó ambas manos hacia su cabeza y se despeinó un poco, pensando-. Sophie no está bien desde que ustedes se fueron, pero no sólo por ustedes. Hay algo más, lo sé. Algo que no la deja tranquila.
El guardián entendió qué era lo que Jamie quería decir.
-No... no puede ser... -Jack apretó su cayado con mucha fuerza.
-Más vale que no sea lo que estoy pensando, porque tú serás el culpable y voy a matarte.
En ese momento Jamie recibió una llamada.
-¿Sí? ¿Mamá? ¿Qué pasó?
Por la expresión de su rostro, las cosas no iban nada bien.
Sophie miraba al frente, absorbiendo con sus ojos el cielo color plata. Debido a la próxima tormenta, el viento que chocaba contra ella era fuerte y frío, y peinaba su cabello rubio. Estaba en una estación de tren. Lo extraño era que no había nadie más por allí y ella no llevaba maletas. Lo único que hacía era esperar el tren.
Y mientras lo hacía, reflexionaba sobre lo que había pasado.
Había sido una tonta al dejarse llevar por el miedo. Intentó justificarse pensando que toda su vida había vivido sin miedo, y ahora que lo sentía no sabía cómo manejarlo. Pero no quería permitir que ese sentimiento regresara otra vez.
-¿Hace mucho que esperas? -le preguntó alguien a sus espaldas.
El viento dejó de golpearla y todo se volvió más silencioso, si era posible.
-No lo sé -respondió ella, en voz baja.
Soph se abrazó a sí misma un poco más fuerte, como queriendo protegerse de algo... o alguien. Sintió cómo el sujeto que estaba detrás de ella se acercaba cada vez más hasta susurrar en su oído:
-Me refiero a ellos. ¿Hace mucho que esperas... que regresen?
Un temblor se adueñó de las manos de la chica. Conocía esa voz profunda. Y anticipó perfectamente la risa que vino después.
-Tu miedo es hermoso, como la primera pesadilla de un niño -le dijo él-. ¿Sabías eso? Todos tus temores son nuevos, y eso solo los hace aún más fuertes.
Sophie bajó la mirada, tratando de manipular su miedo. Pero entonces ese miedo pasó a ser ira.
Una ira incontenible.
-¡Déjame en paz! -exclamó y se dio la vuelta.
Por primera vez en su vida, Sophie estaba viendo en persona a aquel sujeto que había estado molestándola todo ese tiempo. Miles de imágenes se agruparon en su mente, ella lo conocía, pero no sabía cómo... o por qué.
Lo único que entendía era que... dependía de ella lo que sucediera a continuación.
-¡¿Cómo que tuvo un accidente?! -cuestionó Jack sin poder evitar su tono alto.
-¡No lo sé! -Jamie estaba igual de desesperado y atónito-. Tengo que ir con ella, tengo que...
Mientras hablaba, buscaba a toda prisa las llaves de su auto y demás.
-Espera... ¡llévame contigo! -rogó Jack-. Sabes que no puedo volar, pero si pudiera ya estaría allá.
-Jack, es mejor que te quedes aquí: es primavera, afuera hace calor, tú no estás bien y no quiero que...
-No me dejes aquí, en serio, no voy a poder soportar no saber cómo está ella.
-Volveré tan pronto como pueda, Jack, te lo juro.
Jack intentó levantarse del sofá, pero tan pronto como puso sus pies sobre el piso, se tambaleó y cayó. Realmente era lamentable su estado.
-¡Jack! -Jamie, asustado, lo ayudó a levantarse-. ¿Lo ves? Tienes que quedarte. Por favor, hazlo por Sophie. Debes cuidarte. Aquí estarás seguro.
Jamie tomó el resto de sus cosas y se encaminó a la puerta.
-¡Jamie! Espera... Cuando la veas, y si puedes hablar con ella... ¿le das esto?
Jack le entregó una cajita de terciopelo color azul a Jamie.
-Por supuesto que sí.
Luego de guardar el regalo en un bolsillo, se fue.
Jack no quería quedarse solo de ninguna manera. Cada vez se sentía peor y no tenía ni la menor idea de lo que podría pasar con él. A eso se sumaba que no sabía cómo estaban sus compañeros ni cómo estaba Sophie, o cuándo regresaría Jamie. Podía sentir la fuerza que ejercía la fe de los niños derrumbándose, algo que antes no le pasaba.
Se sentía algo extraño, con una sensación de... estar desapareciendo.
A fin de cuentas, tal vez lo que había dicho Iris, el espíritu de la primavera, era cierto.
"Lo triste es... que si ellos dejan de creer, tarde o temprano, ustedes desaparecerán".
Y Jack no alcanzaba a verlo, pero varias sombras empezaban a arremolinarse en las paredes, a su alrededor, aproximándose poco a poco a él.
-Pitch Black -murmuró Sophie.
-Oh, lo siento, no me había presentado -dijo él con fingida gentileza-. Pero veo que no hace falta.
-¿Qué hiciste con mis amigos? -cuestionó ella, ya sin ningún miedo.
-Más bien deberías preguntarte qué hicieron ellos contigo -sugirió él, con suma tranquilidad. Sophie advirtió cómo todo a su alrededor se iba oscureciendo cada vez más-. Creo que no tendría que decir lo obvio, pero es claro que te abandonaron a tu suerte.
-¡Ellos no me abandonaron!
-¡Pero claro que no! -repuso él con sarcasmo-. Solo desaparecieron de tu vida sin decir adiós y permitieron que tus peores pesadillas te atormentaran... Después de todo lo que hiciste por ellos...
-Estás mintiendo.
-¿Y por qué lo haría? Ni siquiera necesito pruebas, tú las tienes todas. Llegaste incluso a suplicarles que regresaran y ellos jamás lo hicieron.
Sophie se mordió el labio inferior, intentando soportar el dolor que cada palabra le provocaba.
-Sabes que es cierto. Ni siquiera Bunnymund, que es como tu padre, se preocupó por ti. Apuesto a que estaba harto de pasar las Pascuas soportando tus caprichos y decidió dejarte a un lado.
-¡No es cierto!
-Y qué decir de Jack, tu "mejor amigo", que de repente dejó de visitarte sin dar explicación alguna.
-Por esa misma razón sé que ellos no están bien, ¿qué les hiciste?
Soph ya estaba perdiendo la paciencia y se ponía peor cuando veía la sonrisa triunfadora en el rostro de Pitch.
-¿Yo? -Se señaló él-. Yo no les hice nada. Aún no -admitió, sonriendo-. Eso, mi pequeña, depende de ti.
Sophie respiró profundo, debía calmarse.
-¿Qué quieres? -interrogó con desdén.
-Ah, esa pregunta me gusta mucho más -Pitch caminaba en círculos alrededor de ella, provocándole aún más nervios-. En primer lugar, creo que ambos sabemos que diga lo diga sobre los Guardianes, y aún después de lo que te hicieron, tú seguirás siendo la fiel niñita que lo daría todo por ellos, ¿correcto?
Sophie le lanzó una mirada iracunda y no le respondió. A Pitch, por un momento, esa mirada decidida a todo le recordó a Bunnymund.
-Solo dime qué quieres de una maldita vez -exigió ella, apretando los dientes.
Pitch no se esperaba la repentina valentía de esa chica, sin embargo no se inmutó.
-Te diré qué quiero. Es solo... un pequeño trato -Su sonrisa era cínica-. No volverás a verme y no te molestaré nunca más. Seguirás con tu vida como tiene que ser la de cualquier adolescente. Tampoco me voy a meter con tus amados Guardianes, por supuesto, me encargaré de dejarlos en paz, tal como deseas.
Sophie podía sentir sus propios latidos aumentando de velocidad mientras analizaba cada palabra.
-¿Y qué quieres a cambio? -cuestionó con severidad.
Pitch había quedado a sus espaldas otra vez y se acercó a su oído.
-Que los sueltes de una vez por todas -susurró él.
La chica de ojos verdes apretó los puños. Empezaba a entender todo. Pitch continuó:
-No vas a seguir insistiendo con ellos, ni los vas a mencionar otra vez. Simplemente, a partir de ahora los Guardianes solo serán un viejo cuento de tu infancia, nada más. Vas a convencer a Jamie y a Emily de que no existen, y no volverás a contarles sobre ellos a los niños que cuidas. Vas a destruir todo lo que tenga que ver con ellos, todos esos ridículos recuerdos que tanto aprecias...
-Yo no puedo...
-O tendré que deshacerme de ellos.
Soph lo encaró una vez más.
-No puedes hacerlo, son más poderosos que tú.
Pitch lanzó una carcajada que heló la sangre de Sophie.
-Realmente no tienes idea del estado de tus amigos en este momento, ¿verdad? Digamos que están un poco... débiles. Con un solo golpe, van a caer todos.
-No es posible...
-Y su única esperanza eres tú. ¿Tierno, verdad? Dime, ¿qué es mejor? ¿Creer por siempre en algo imposible a los ojos de los demás o... dejar atrás y crecer?
-Tú no eres nadie para decirme qué es lo mejor en mi vida.
-Vamos, pequeña, madura de una vez. Tú ya no puedes formar parte de esta batalla. Si quieres hacer algo bueno por tus Guardianes, hazte a un lado, y te lo agradecerán. De lo contrario, no te quejes cuando los veas caer. Te lo estoy advirtiendo.
Las lágrimas se acumularon en los ojos de ella.
-¿Cómo sé que no mientes?
De pronto se oyó la inconfundible bocina del próximo tren. La espera estaba llegando a su fin.
-Oh, ese es tu tren, parece que es hora de partir -La oscura figura del Rey de las Pesadillas empezaba a desaparecer-. Ojalá tomes la decisión correcta.
-¡Ven aquí! -exclamó Sophie, furiosa, pero cuando llegó hasta Pitch, él ya se había ido.
De pronto fue consciente de la oscuridad que opacaba toda su vista y el sonido del tren cada vez más potente, como si no tuviera fin. Se tapó los oídos, perdida y sin poder ver nada, llorando con desesperación, furia e impotencia...
Hasta que despertó.
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Ok... ¡gracias por leer!
Renesmee123: Gracias por otro de tus reviews tan alentadores! Qué bueno que te haya gustado el capítulo anterior :D No subí este cap tan pronto como hubiera querido, pero en fin, ya está! Yo también estuve llena de exámenes y todavía tengo más D: ¡Gracias por leer! :')
bluefrosty27: ¡Gracias por tu review! Odio hacer sufrir a los guardianes, pero en realidad yo no soy, es Pitch xD Y sí, ahora a Jamie le toca hacer el papel del mayor *w*
Loba-san: jajaja entendí! xD ¡Qué bueno que te haya gustado! ¡Gracias!
Y bueno, como dice Germán Garmendia, un abrazo psicológico para todooos! Feliz Halloween (atrasado) les desea Pitch Black y todas sus pesadillas que me están obligando a escribir todo esto *ya estoy loca*.
Gracias a todos los que ponen favorito y siguen esta historia. Los reviews me inspiran a seguir ;)
¡Nos leemos la próxima! :'D
