Había una vez cierta chica que tardó un montón de tiempo en actualizar... ¡Hola! Esa soy yo. Miles de disculpas, chicos. Estoy muy estresada por motivos personales -hablo en serio-, pero en fin, ¡ya volví!
¡Y no los molesto más! Espero realmente que les guste este capítulo *w*
¡A leer!
Los personajes utilizados aquí son propiedad de Dreamworks y William Joyce.
Capítulo 14: Mentiras y engaños.
Emily caminaba de un lado a otro en la sala de espera del hospital. Aún no podía creer que estuviera allí... por Sophie. Ni siquiera sabía exactamente qué había pasado, pero al menos los médicos decían que no estaba bajo ningún tipo de peligro, simplemente habían tenido que administrarle un tranquilizante porque no había reaccionado para nada bien a lo que había visto. Los pasajeros de los autos que habían chocado estaban graves.
-¡Emily!
La mencionada dio media vuelta y vio a Jamie corriendo por el pasillo hacia ella. Intentó no quedarse embobada mirándolo, debía verse seria. Él llegó hasta ella y la tomó de los hombros. Se veía terriblemente preocupado y agitado por la prisa.
-¡Emily! ¿Qué pasó? ¿Qué es lo que sabes?
Tratando de ignorar el hecho de tenerlo tan cerca, Em le respondió:
-Soph está bien, no le pasó nada. Le están haciendo unos análisis para asegurarse de que está perfectamente, sólo sufrió un shock emocional por lo que vio y tuvieron que darle un tranquilizante.
-¿Dónde está mi madre?
-Está hablando con el médico.
Justo en ese momento, una enfermera se acercó a ellos y les informó que ya podían ver a la paciente. Como Jamie era el hermano, él iría primero.
-Te espero aquí -le dijo Em-. Después voy yo.
-Okey -aceptó Jamie-. No me tardo.
El muchacho por poco corrió hasta la habitación donde estaba su hermana, sin darse cuenta de que algo se le había caído. Emily recogió del suelo una cajita de terciopelo color azul.
-¡Espera, Jamie...!
Pero él ya se había ido. Em se encogió de hombros y guardó la cajita en su cartera. Más tarde se la devolvería.
Sophie tenía el peor dolor de cabeza de su vida. No quería abrir los ojos porque sabía que eso sólo empeoraba la molestia. Deseaba que aquello que había soñado hubiera sido sólo una pesadilla, sin ningún tipo de repercusión en la vida real. Sin embargo, hacía tiempo que ya se había acostumbrado a la idea de que en su vida, todas sus pesadillas eran reales.
Tenía muchas ganas de llorar, y también de levantarse y romper todo lo que estuviera a su alcance. Quería gritar con todas sus fuerzas, por la furia que tenía encima. Pero lo mejor que podía hacer en aquel momento era comportarse lo más tranquilamente posible. Su conducta frente al accidente había alertado a los médicos. Si seguía llamando la atención, tal vez creerían que tenía algún tipo de desequilibrio mental, y no quería ir a parar en un hospital psiquiátrico.
Las palabras de Pitch aún resonaban en su mente y no sabía cómo parar de pensar en toda la carga que llevaba sobre sus hombros, en la dimensión del problema en el que se había metido.
Frunció los párpados y dejó que una lágrima se deslizara por su rostro.
-Bunny, ¿por qué North dice que la Navidad es mejor que la Pascua? -preguntó la pequeña Soph de cinco años.
Llevaba largo rato conversando con Bunny, acomodada entre los brazos del guardián, y ya se estaba durmiendo. Había jugado todo el día con Jack y Jamie y se sentía muy cansada, pero enormemente feliz.
Bunny, al escuchar esa pregunta, sonrió.
-¿Tú también crees que la Navidad es más importante? -cuestionó él alzando una ceja.
Sophie no respondió tan pronto como él creía que lo haría, de hecho pensó bastante su respuesta.
-Pues... me gusta la Navidad porque todos reciben regalos y puedo ir a jugar en la nieve con Jack, y también porque North me lleva a visitar su fábrica de juguetes -La niña bostezó entonces, tenía mucho sueño-. Y los yetis preparan las mejores galletas del mundo... Y... porque todos estamos juntos...
Bunny no quería decir que se estaba poniendo muy celoso de aquel panzón que era su compañero. Entonces, la pequeña continuó hablando:
-Pero la Pascua me gusta mucho más.
Aster se sorprendió.
-Ah, ¿sí? ¿Y por qué?
La pequeña Soph cerró sus ojitos y sonrió.
-Porque tú eres mi guardián favorito.
Lo menos que necesitaba Soph en ese momento era recordar viejas épocas felices. Tiempos en los que no tenía ningún tipo de preocupaciones y era feliz...
Pero ese no era el momento de recordar. No. Los Guardianes estaban en peligro y ella debía hacer algo por ellos, no podía quedarse de brazos cruzados. Pitch le había dicho que tomara una decisión, y Sophie no era ninguna tonta. Sabía que él sacaría algún provecho de aquello aun cuando decía que no iba a causar más problemas a los Guardianes. Hay otra intención detrás de sus palabras, pensó Sophie. ¿Por qué no quiere que yo siga creyendo? ¿Qué pierde conmigo? ¿Por qué me dijo que ya no les contara más a los niños sobre...? Oh. De pronto, lo entendía todo.
Así que eso era.
Pues bien, ella ya había tomado una decisión.
De repente sintió que alguien tomaba su mano con cariño, y entonces sus pensamientos fueron interrumpidos.
-Soph...
Abrió lentamente los ojos y pudo ver la expresión preocupada de su hermano mayor. Con mucha ternura, él sujetaba su mano entre las suyas.
-Jamie...
Él sonrió y suspiró, aliviado.
-¡Demonios, todos estábamos asustados! -exclamó el muchacho-. ¿Qué te pasó?
Sophie permitió que Jamie la mimara un poco, pues lo necesitaba.
-No lo sé... no lo recuerdo bien -mintió ella-. Debe ser por el golpe en mi cabeza -justificó.
-Bueno, lo que importa es que estás a salvo. No tienes idea de lo que tengo que contarte...
-Supongo que no...
Jamie se veía muy entusiasmado, como cada vez que tenía algo increíble para contar.
-Es sobre los Guardianes, Soph...
Sophie respiró hondo. No le quedaba otra opción. Poniendo la expresión más seria posible, le dijo:
-No sé de qué me estás hablando.
El entusiasmo de Jamie se disipó tan rápidamente como un parpadeo. En su mirada se notaba que no podía creer lo que escuchaba.
-¿Qué? ¿Cómo que no lo sabes? Los Guardianes, ellos...
-¿Qué guardianes? -preguntó Sophie.
-¡Los únicos que conoces! -exclamó su hermano-. ¿No los recuerdas? Jack, Bunny, Tooth, North, Sandy...
-¿De qué hablas?
-Debes tener amnesia, no puedes haber olvidado...
-Jamie, te juro que recuerdo todo perfectamente, pero no sé de qué me hablas.
Jamie no dijo nada por un momento. La miró con suspicacia y luego sonrió.
-Estás bromeando, ¿cierto? Vamos, ya, dilo.
Pero Soph seguía tan seria como al principio.
-No bromeo. ¿Qué guardianes?
Jamie estaba pálido. ¿Había pasado realmente? ¿Sophie había dejado de creer, después de todo?
-Soph, por favor... no. No puedes... tú no puedes haber dejado de creer.
-¿Creer qué?
-¿En verdad no lo sabes? Hablo de ellos: el Conejo de Pascua, el Hada de los Dientes, Santa Claus...
-Oh, hablas de ellos. ¿Y qué con eso? -dijo ella, sin inmutarse-. No me digas que aún crees en cuentos para niños, creí que habías madurado hace años.
-En verdad los olvidaste...
-Te dije que yo no olvidé nada, deberías dejar de hablar de seres que no existen, ¿sabes?
Sophie no lo demostraba, pero ella misma se sentía herida al pronunciar esas palabras. Se sentía una traidora, ¿pero qué otra opción tenía? Y Jamie no dejaba de mirarla como si esperara que todo aquello fuera mentira. Iba a ser muy difícil, pero debía continuar con lo que había empezado. A partir de ese momento, los Guardianes no existían para ella.
Pero su hermano no iba a dejar de insistir.
-Mira, te voy a demostrar que no estoy mintiendo -insistió Jamie-. Sé que lo recordarás.
Buscó en sus bolsillos la cajita de terciopelo color azul que Jack le había dado. Estaba seguro de que debía tener algo especial y que Sophie reconocería al espíritu invernal en ese regalo. No podía haber dejado de creer en él.
Se llevó una sorpresa cuando descubrió que no tenía la cajita. ¡La había perdido! ¿Dónde se le había caído?
-¿Qué buscas? -preguntó ella.
-Algo que debía darte... -murmuró Jamie-. Era...
-¡HIJA!
La señora Bennett había entrado en el cuarto, interrumpiendo las palabras de Jamie. Por poco se lanzaba sobre la camilla donde estaba recostada Sophie.
-¡Oh, estás bien!
Mientras su madre abrazaba a Soph, Jamie siguió buscando el regalo de Jack, pero también trataba de pensar por qué su hermana ya no creía. ¿Sería cierto? O... ¿qué era lo que había pasado exactamente antes del accidente?
Escondido en las sombras, había alguien que estaba contento luego de haber presenciado toda esa situación. Su plan funcionaba a la perfección.
-Mi trabajo aquí ya está terminado -murmuró, sonriente-. Ya no eres un obstáculo, pequeña Bennett.
-Ahí se va otra luz -murmuró Tooth, desganada-. En todos mis años jamás me he sentido tan impotente.
-No es como si no nos hubiera pasado antes -dijo Bunny-. Pero se supone que nos habíamos asegurado de que esto no volvería a suceder.
North, Tooth, Sandy y Bunny, poco a poco se estaban dando por vencidos. Sin dejar de mirar el globo de luces en el taller, contemplaban un destino inexorable -excepto Sandy, que seguía dormido-. No era porque no tuvieran la capacidad de afrontar lo que sucedía. No, era simplemente porque ya no tenían fuerzas. ¿De dónde podían sacar fuerzas si no había luces que se las dieran? Si ellos no eran nada sin los niños...
Tampoco conocían la situación de Jack. Muy lejos no podría haber llegado con las fallas en sus poderes.
-No podemos darnos por vencidos... -dijo North, echado en un sofá, al lado de sus compañeros.
De pronto una risa maligna resonó a través de la fábrica de juguetes. Los yetis, al instante, formaron un círculo alrededor de los Guardianes para protegerlos. La presencia de la arena negra alarmó a los cuatro espíritus a tal punto que, con la poca voluntad física que tenían, se pusieron de pie y se cubrieron las espaldas los unos a los otros -incluyendo ahora a Sandy, quien definitivamente había despertado-.
Ninguno pudo detener la cantidad de arena negra que azotaba el lugar arremolinándose en torno a ellos, destruyendo todo a su paso... Entonces algo brotó del negro tornado sin previo aviso, una delgada figura que cayó junto a los guardianes.
-¡JACK!
El chico estaba casi inconsciente y su estado era aún peor que el de sus amigos. North y Tooth lo sujetaron e intentaron reanimarlo. Jack apenas pudo abrir los ojos y enderezarse para ver lo que estaba pasando, parecía que llevaba dormido largo rato. Los demás le preguntaron qué había pasado, qué estaba sucediendo, y otras cosas que no llegó a comprender.
-So-soph... -balbuceó.
Aunque los otros no le entendían, a Bunny jamás le fallaba su sensible oído, y apenas escuchó esas sílabas pronunciadas por el peliblanco, se puso en alerta.
-¿¡Qué pasa con ella!? -casi gritó el conejo.
Los otros tres guardianes no entendían a qué se refería Aster, ni qué trataba de decirle Jack, pero era obvio que solo podían esperar lo peor.
-No... n-no está... bien...
Otra vez la misma risa. Jack, esta vez, abrió bien los ojos y se sujetó de su cayado, el cual había caído junto con él. Los cinco intentaban detectar de dónde provenía la siniestra risa que ya conocían de sobra.
-Es increíble, ¿verdad? Pero es cierto lo que dicen -La afilada figura del Rey de las Pesadillas se materializó frente a ellos-. La historia es cíclica. Todo lo que una vez pasó, vuelve a suceder.
Hacía quince años que los Guardianes no lo veían... Habían creído que nunca más tendrían que lidiar con él, pero cuánto se equivocaban, y cuánta razón tenía Black... La historia era cíclica.
-Sin embargo -prosiguió él, sonriendo ante la evidente estupefacción de sus contrincantes-, de este final ninguno de ustedes se va a salvar.
Bunny ya no quería quedarse callado, y tampoco quería que su tamaño lo limitara de forma alguna.
-¡DINOS QUÉ FUE LO QUE LE HICISTE, MALDITO!
Pitch, sin bajar la vista, fingió que buscaba al dueño de aquella furiosa voz entre los presentes, obviamente burlándose de la altura de Aster. Cuando por fin le prestó atención, se echó a reír.
-¿Te he dicho antes lo gracioso que te ves, Bunnymund? -comentó, burlón-. A propósito, no sé de qué me hablas, ¿tal vez podrías repetir tu pregunta?
Jack se levantó entonces e intentó acercarse a Pitch, pero los demás se lo impidieron porque no se veía en condiciones para enfrentarlo. El guardián del invierno le clavó la mirada al oscuro espíritu, lleno de odio.
-¿Qué le hiciste a Sophie?
Entonces los demás comprendieron...
-Jack, ¿de qué hablas? ¡Él no sabe quién es ella! -exclamó Tooth, presa del pánico.
-¡Claro que lo sabe! -Jack estaba totalmente fuera de sí-. ¡Siempre lo supo! Nosotros creíamos que la estábamos protegiendo, pero no hicimos más que dejarla sola...
-¿Q-qué...?
Tooth se cubrió la boca con ambas manos y North y Sandy se miraron entre ellos, como buscando una respuesta. Pitch volvió a reír, y su risa solo ponía más nerviosos a los guardianes.
-Me temo que Jack tiene razón -canturreó-. La verdad es que no sé en qué estaban pensando cuando decidieron dejar de lado a su pequeña, realmente me han decepcionado -Pitch se llevó ambas manos al pecho, como si en verdad lo lamentara.
-Maldito y asqueroso gusano, ¡DILO DE UNA VEZ! ¡¿Qué le hiciste?!
Pitch ladeó la cabeza a un lado, como si pensara muy bien su respuesta, cuando en realidad solo quería impacientarlos cada vez más con la incertidumbre y la desesperación de no saber qué pasaba con la chica que tanto amaban.
-Mira, conejo -dijo por fin, con su odiosa voz-. Si en serio quieres saberlo, ella está muy grave. No le queda mucho tiempo de vida, después del accidente que sufrió.
Los Guardianes se tragaron esa mentira como el más letal de los venenos. Pitch disfrutaba de sus expresiones repletas de dolor.
-Claro que nada hubiera pasado si no fuera por ustedes. Apuesto a que no tienen ni la menor idea de lo que tuvo que soportar su pequeña durante todo este tiempo.
De pronto un gélido rayo de hielo fue disparado hacia Pitch, con tal potencia que al chocar con el oscuro espíritu, lo hizo retroceder hasta estrellarse contra el globo de luces, que sufrió un momentáneo apagón. Las pocas luces que quedaban empezaron a parpadear. Pitch se levantó con toda dignidad y volvió a reírse. Jack, quien le había disparado con lo poco que le quedaba, permanecía firme en su postura desafiante. Decir que estaba furioso era poco.
-Tranquilo, Jack... No habría venido aquí sin decirles que aún tienen la oportunidad de salvar a tu novia.
-¡¿Qué novia?! ¡Ellos no son novios! -gritó Bunny, a quien los demás lo miraron haciéndole notar que eso no era lo importante en ese momento-. Demonios, Black, ¡VOY A MATARTE!
-Lo dudo bastante, conejito.
-¡YA BASTA! -gritó Tooth antes de tomar un boomerang de Aster y arrojárselo a Pitch. Él apenas pudo esquivar el golpe, el hada lo había arrojado con una asombrosa puntería. Varias pesadillas se pusieron delante de su amo para defenderlo. Lágrimas inundaban los ojos violetas de Tooth-. Pitch, tú sabes bien que esto es entre tú y nosotros, ¡no puedes meterte con una humana!
Pitch se giró hacia al hada, dándole toda su atención.
-Mi querida Toothiana, no seas ingenua. Todos aquí sabemos que Sophie y Jamie Bennett no son simples humanos para ustedes -afirmó Pitch, mirándola con lástima-. Deberían verse, lucen tan patéticos... Y todo por una estúpida humana que, por si no se dieron cuenta, ya no es una niña.
-¡No hables así de ella! -exclamó Jack entre dientes.
-Pitch, sabemos que quieres algo a cambio del bienestar de Sophie -Esta vez intervino North, decidido a hacer lo que fuera por quien era como su nieta-. ¿Qué es?
Todos lo miraron, expectantes, desesperados, enojados, dolidos, angustiados... Pitch solo sonrió.
-Quiero que renuncien a sus vidas inmortales.
A Sophie le dieron el alta para que regresara a su casa, no sin antes tener una charla con una doctora psiquiatra. La chica trató de parecer lo más normal posible, diciendo que solo se había asustado al momento de ver el accidente con sus propios ojos. No pudiendo resaltar algo anormal en la joven, los médicos la dejaron ir con instrucciones de reposo por unos días.
Apenas llegó a su casa, Soph corrió hacia su cuarto y limpió todos sus dibujos rotos. Jamie se había ido, con un semblante muy decaído por cierto, y Emily, a su vez, había prometido ir a verla más tarde, ya que en su casa tenía visitas que atender. Una vez que logró ordenar todo su cuarto, tomó una mochila y empezó a guardar cosas en ella.
Oyó tres golpes en la puerta. Era su madre. Rápidamente, escondió la mochila en su armario y se metió en la cama, fingiendo haber estado acostada todo ese tiempo.
-Hola, cielo -la saludó su mamá-, no sabes cuánto me alegra que estés bien.
La señora Bennett se sentó en el borde de la cama, junto a su hija, y le acarició su rostro y cabello.
-¿Qué fue lo que sucedió, cariño? -le preguntó con suma dulzura.
Sophie le contó lo mismo que a los demás: iba camino a la casa de Emily y se distrajo, justo entonces dos vehículos chocaron frente a ella, pero en resumen, estaba bien y no le había pasado nada grave. Su madre le dijo que los pasajeros de ambos autos estaban fuera de peligro. Así que, finalmente, todo había salido bien.
-Ah, cielos -Su madre se tocó la frente-. A veces me recuerdas a tu padre... Bueno, varias veces, de hecho.
Soph alzó las cejas. Su mamá jamás le hablaba de su padre. La rubia llevó su mano al brazo de su madre y le suplicó con los ojos.
-¿Me cuentas? Sobre papá... Nunca me cuentas... cómo era él.
Su madre se acomodó sus anteojos sobre el puente de su nariz y volvió a acariciar la frente de su hija.
-Bueno... siempre has sido mucho más parecida a tu padre que a mí, no solo físicamente. Con el paso de los años, me di cuenta de que Jamie y tú heredaron de él, sin lugar a dudas, esa habilidad espiritual de creer en todo lo que hay más allá de nuestro mundo.
Soph intentaba imaginar a su padre, aunque realmente le costaba mucho ya que solo lo conocía por una foto o dos... El saber aquellas cosas sobre él era algo increíble.
-¿Y en qué creía él?
-Bueno, no lo sé exactamente, porque yo no compartía ese agrado por lo sobrenatural, siempre fui una incrédula. Él decía... Te parecerá muy loco, pero él decía que los espíritus lo perseguían.
Sophie tragó saliva, pero mantuvo su compostura. No debía demostrar lo mucho que la inquietaba aquello.
-Los últimos años de su vida, él estaba obsesionado con... las personas que él decía ver. Y yo... Oh, cielo -Ya tenía los ojos llenos de lágrimas-. Yo lo amaba demasiado.
Las dos se tomaron de las manos. La madre estaba complacida de poder compartir un poco del pasado con su hija ya mayor, aunque fuera algo triste.
-Una noche... tu padre se veía muy nervioso. Trataba hablarle, pero estaba muy ensimismado en sus pensamientos. Yo presentía que algo no andaba bien, y sospecho que tú también porque, aunque eras solo una bebé, no parabas de llorar.
Recuerdo que habló con tu hermano, y luego te llevó a dormir a tu cuna; apenas te tuvo en sus brazos dejaste de llorar y te quedaste dormida. Entonces dijo que debía hacer algo muy importante y, sin más explicaciones, tomó su auto y se fue. Eran como las once de la noche. Por supuesto que yo estaba muy confundida y enojada, porque no entendía qué era lo que quería hacer.
Se detuvo un momento y miró intensamente a su hija.
-Al día siguiente me llamaron para avisarme que habían encontrado su auto en el bosque, sin rastros de él. Nunca lo encontraron otra vez.
Guardaron silencio por unos largos minutos. Sophie ya sabía sobre la desaparición de su padre, pero no era algo de lo que hablaran en la familia. Consoló un poco a su mamá, se lo merecía. Había luchado sola por más de dieciséis años, soportando el dolor de una pérdida llena de incertidumbre. Era alguien a quien admirar.
-Desde hace años he observado en ustedes dos esa misma fe que tenía él -continuó su madre-. Cuando Jamie era niño jugaba demasiado con amigos imaginarios, al igual que tú, diciendo que yo no los podía ver porque no creía... Y siempre he sentido una presencia extraña cerca de ustedes, no lo sé, como si hubiera alguien cuidándolos... Alguien invisible. Y entonces -se rió un poco, suavemente-, me di cuenta de que... tal vez tu padre decía la verdad. Quizás era yo la que estaba mal, la que jamás pudo ver nada.
La señora Bennett se levantó y besó la frente de su hija.
-Mamá... -musitó la chica.
-¿Sí, cielo?
-¿Qué hay si... si era cierto? -preguntó-. ¿Y si los espíritus que papá veía... eran reales?
Su madre frunció el ceño, pensativa. Luego de unos eternos segundos, en los que Sophie temió que diera una respuesta rotundamente negativa o algo por el estilo, sonrió ampliamente.
-Cada día estoy más cerca de creerlo.
Sophie cerró su mochila y sus ojos se desviaron a la ventana cerrada de su cuarto. La noche era una de las más negras que había visto en su vida. Si no fuera por la tenue luz de la luna que ya casi se desvanecía, habría sido la oscuridad completa.
Se sentó en su escritorio y escribió dos notas, mirando a todos los rincones repetidamente, vigilando. Todo saldrá bien, pensaba. Todo debe salir bien.
Tomó una de las notas y la dejó sobre su cama tendida. La otra la guardó en uno de sus cuadernos de dibujo. Frunció los párpados, reteniendo las lágrimas, y salió al oscuro pasillo de su casa, con la mochila al hombro. Procurando no hacer ruido alguno, ingresó al cuarto de su madre. La mujer dormía tranquila, inmersa en un sueño profundo. Soph se mordió el labio inferior con fuerza.
-Lo siento -murmuró en voz muy baja, llena de dolor-. Si entendiste a papá, me entenderás a mí.
No quiso acercarse mucho más, si se arriesgaba a saludarla con una sola caricia, su madre despertaría. Apretó los puños y salió.
Al llegar a la calle, donde una única luz alumbraba todo, volvió a respirar hondo. Miró hacia al cielo, hacia esa única y solitaria luz.
-Necesito tu ayuda, Manny.
Paige y Joey dormían en la misma cama, abrazados. Los hermanitos tenían una linterna aferrada a sus manos, hacía horas que intentaban dormir y no podían. Tenían miedo, porque sus padres tenían miedo. Las cosas habían cambiado para todos los niños, no solo para ellos dos. Había quedado en el pasado la magia de la infancia, de la ilusión, de los juegos... Los pequeños ya no sabían lo que era la diversión, el asombro, los buenos sueños, la esperanza, los recuerdos... Todos vivían encerrados en sus casas, con la excusa de que el peligro acechaba afuera. Poco a poco, la vida se había vuelto gris. Un gris que lentamente se tornaba negro.
Joey se había dormido cuando su hermana escuchó un ruido en la ventana. Paige levantó la vista y encendió la linterna, su corazoncito latía frenéticamente. La niña iluminó cada tramo de la habitación, hasta que finalmente se centró en la ventana y una vez más oyó ese extraño ruido.
Sacudió a su hermano mellizo para despertarlo.
-Joey, Joey... -lo llamó en voz baja la pequeña niña.
El otro niño frunció el ceño y abrió sus ojitos.
-¿Qué quieres, Paige? Ya casi lo conseguía... -se quejó-. Ya casi conseguía... soñar algo bonito.
Toc, toc. Ambos se giraron hacia la ventana, cubierta por pesadas y oscuras cortinas. Paige se levantó de su cama, con la linterna en mano, dispuesta a acercarse para averiguar qué había allí afuera, pero su hermano se lo impidió, jalándola del brazo.
-¿A dónde vas? -susurró Joey-. ¿Qué tal si es uno de los monstruos de los que papá y mamá nos hablaron?
Paige se soltó de su mellizo.
-¿Y tú les crees? -replicó la niña-. Yo le creo a Sophie, y ella dice que son nuestros guardianes, no monstruos.
Joey bajó la mirada, aún estaba asustado. Su hermana melliza se armó de valor y avanzó hacia la ventana. Cuando quiso correr las cortinas, falló ya que estas eran muy pesadas para ella. La intención de haberlas colocado allí era tapar la luz natural del exterior: sus padres decían que era mejor no dejar entrar la luz de la luna.
Joey decidió levantarse y ayudar a su hermana, a pesar de que no quería ver lo que había detrás de las cortinas. Los pequeños tiraron de la pesada tela y la ventana quedó al descubierto. El niño casi gritó, pero su melliza le tapó la boca, hasta que él pudo ver que no había peligro alguno.
Era Sophie. ¡Era Sophie! ¿Qué estaba haciendo allí a medianoche?
Los niños se apresuraron a abrir la ventana para dejar entrar a su niñera. Apenas la chica puso sus pies en la habitación, los pequeños se abalanzaron sobre ella y la abrazaron con mucha energía y cariño. Justo antes de que pudieran bombardearla con preguntas, ella se llevó el dedo índice a los labios, indicándoles que hicieran silencio.
Sophie dejó que entrara toda la luz posible que naturalmente daba la luna, de esa manera podría ahuyentar cualquier pesadilla que quisiera entrar. Se puso de cuclillas frente a los niños y colocó sus manos sobre los hombros de éstos.
-¿Qué pasó, Sophie? -preguntó en voz muy baja Paige-. ¿Estás bien?
-Estábamos preocupados por ti -agregó Joey.
-Te extrañamos mucho.
Soph dejó que su corazón se estremeciera de ternura al oír aquellas palabras.
-Necesito su ayuda, chicos -dijo ella, y ellos asintieron-. Solo debo preguntarles algo: ¿ustedes aún creen... en los Guardianes?
Paige asintió con gran seguridad, en cambio Joey bajó la mirada.
-¿Qué sucede, Joey? -preguntó Soph.
-Es que mamá y papá nos dijeron que no debemos creer en ellos -le explicó Paige-. Dicen que son monstruos que quieren hacernos daño, igual que la luz de la luna. No podemos salir a jugar afuera porque dicen que ellos nos van a robar.
-¿Eso les dijeron? -En realidad Soph ya se lo esperaba, pero oírlo de boca de los niños era diferente-. Miren, sus padres están asustados y solo quieren protegerlos, pero no es cierto lo que dicen. Joey, ¿recuerdas que el año pasado perdiste tu juguete favorito?
-Sí -murmuró el niño, con un semblante triste.
-¿Recuerdas lo triste que estabas, porque sabías que no había otro igual en el mundo? -continuó la chica-. ¿Y qué pasó después, en Navidad?
-Santa... Santa Claus me lo trajo. Él lo encontró y me lo devolvió en Navidad -Joey recuperó su sonrisa lentamente.
-Y Paige... ¿recuerdas que me contaste sobre ese hermoso sueño que tuviste, cuando estabas triste?
La niña también sonrió.
-Sí, Sandy hizo que tuviera el mejor sueño de todos -afirmó.
-Muy bien, ¿entonces?
-Yo creo -susurró Joey.
-Yo nunca dejé de creer -presumió Paige, cruzada de brazos, con una sonrisa de lado.
Soph aguantó una risita y se acercó aún más a los niños.
-Bien hecho. Ahora, presten atención a lo que voy a contarles -Los miró a ambos-. Los Guardianes están en problemas, y necesitan toda la ayuda posible.
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¡Muchas gracias por leer una vez más!
Loba-san: Pues Sophie ya decidió o.o Y creo que fui un poco más cruel aún. ¡Gracias por leer!
Renesmee123: Gracias por tomarte el tiempo, a pesar de los exámenes. Creeme, a mí casi me matan x.x Qué suerte que te haya gustado, y respondiendo a tu pregunta, la verdad es que no veo Dragon Ball, está en mi lista de pendientes. Le voy a dar una oportunidad *w*
Gracias a todos los que leen, ponen favorito, escriben algún comentario, o siguen la historia! Les deseo una hermosa Navidad y (si no actualizo antes) un muy feliz Año Nuevo!
¡Nos leemos la próxima! :'D
