Yes, my Lord

02

Mikey despertó con una gran sonrisa en el rostro. Siempre amanecía así.

Se estiró un poco y dio un bostezo. Había tenido el sueño más raro de todos. Había soñado que había tenido un trato con una hermosa demonio, a quien había llamado Rachel Joyce, y…

– Buenos días, mi Lord.

Mikey observo hacia su cama, donde, en efecto, estaba Rachel Joyce. El demonio con quien había hecho un trato.

– Entonces no fue un sueño…

– En efecto. – Ella se levantó con gran cuidado de la cama de su amo y se agacho para verlo fijamente. – ¿Cuáles son sus primeras ordenes?

– Eh…

¡Mikey! ¡Es hora de desayunar! – Se escuchó la voz de Leo desde el otro lado de la puerta.

– ¡Ya voy! – Vio a Rachel con miedo. – No puedo dejarte aquí sola, ¿no hay alguna manera en la que puedas quedarte conmigo?

Rachel lo observo unos segundos.

– ¿Son tus ordenes?

– Sí. – Con voz seria dijo las siguientes palabras. – Rachel, quiero que te quedes conmigo de manera discreta ¡es una orden!

Ambos pentagramas aparecieron con un ligero brillo rojo. Al notarlo, Rachel hizo una reverencia.

– Sí, mi Lord.

Ella empezó a brillar de un suave color negro. Mikey tuvo que cerrar un poco los ojos, pero pudo notar que la chica había desaparecido. Sintió algo pesado en su cuello y bajo un poco la mirada. Era un lindo collar negro con el dije de plata con la figura de unas alas de demonio.

– Increíble. – Le sonrió al collar.

Rápidamente se paró y se fue a desayunar junto con sus hermanos.

– Buenos días, chicos. – Mikey les sonrió.

– Buenos días. – Lo dijeron en un pequeño coro.

El desayuno empezó normal, y ojala hubiera seguido así si Donnie no hubiera notado el collar de Mikey.

– ¿Y ese collar, Mikey?

Todos miraron hacia el inusual collar del menor de la familia. Éste solamente sonrió.

– Es un collar que encontré. ¿Genial, no?

– Pero ¿por qué alas de demonio? – Preguntó Leo, confundido.

– Bueno, me pareció que unas alas de demonio serían geniales.

– Que extraño puedes llegar a ser, Mikey. – Dijo Rafa, sonriendo. – ¿Sabes? Unos pensarían que hiciste un trato con un demonio. – Mikey se puso pálido.

– ¿P-Por qué dices eso, Rafa?

– Yo solamente digo, Mikey. – Rafa le sonrió.

– Estas muy pálido, Mikey, ¿te encuentras bien? – Preguntó Donnie, preocupado.

Él lo sabe. – Escucho la voz de Rachel sonando dentro de su cabeza. – ¿Quieres que lo mate?

– ¡NO!

Sus hermanos se alarmaron un poco ante el grito que dio.

– Quiero decir, estoy muy bien, D. – Le sonrió a su hermano mayor. – No hay nada de qué preocuparse.

Sus hermanos se miraron entre sí, preocupados.

– ¿Seguro?

– Por supuesto, ¿por qué no lo estaría?

Mantén vigilado al de rojo, joven amo. Él podría ser una amenaza. – Dijo Rachel.

– "Es mi hermano, Rachel". – Pensó. – "Solamente está jugando. Por favor, no le hagas daño".

Rachel no dijo nada.

Llego el entrenamiento. Había sido ligeramente duro, pero nada fuera de este mundo.

Cuando toco entrenamiento de parejas, Mikey se había puesto ligeramente nervioso cuando le tocó con Leo. Al principio le fue bien, pero empezó a fallar drásticamente cuando, de repente, el pensamiento de Rachel le había llegado a la mente.

¿Acaso estaría incomoda dentro ese collar? ¿Acaso ella quisiera salir y observarlo pelear contra su hermano y líder? ¿Acaso debería decirle a su familia pronto lo que sucedía?

– ¿Estás bien, Mikey? – Preguntó Leo al notar como su hermano se perdía en sus propios pensamientos.

– Estoy bien, Leo, nada de qué preocuparse. – Trató de darle una sonrisa amistosa, pero salió más como una mueca.

– ¿Seguro?

Su hermano menor asintió repetidas veces y se puso en posición de ataque.

– Defiéndete esta vez, Mikey. – Dijo Leo, agarrando firmemente su katana y preparándose para atacar.

Mikey asintió y se preparó.

Leo ya estaba a tan casi de atacarlo, pero de repente en sus pensamientos volvió a llegar Rachel y no pudo evitar el ataque.

– ¡MIKEY!

Leo trató de parar, pero ya estaba cerca de lastimarlo. Estaba tan cerca, que cerró los ojos por inercia.

Espero el golpe, no llego nada. Abrió los ojos lentamente, para luego encontrar a Rachel frente a él sosteniendo la katana con una mano y con la otra mano poniéndola en su cintura.

– ¿Estás bien?

– Ajá… – Mikey estaba impresionado ante la repentina aparición de Rachel, pero no pudo evitar sonreír. – Me alegra que estés aquí.

– Es mi deber protegerte, recuérdalo. – Dijo, seria.

– ¡¿Q…Quién rayos eres tú?! – Exclamó Rafael, impactado. Bueno, todos estaban impactados cuando vieron de repente aparecer a una chica frente a Mikey.

– Yo soy Rachel. – Dijo, apretando la katana con fuerza como si de papel se tratara y rompiéndola al instante. Leo quedo sin habla ante lo que hizo. – Y soy el sirviente de mi joven amo.

– ¿Amo? – Preguntaron todos a la vez.

Ella alejó la katana y se arrodillo ante Mikey. Todos estaban en shock tratando de procesar lo que ha sucedido.

– ¿Está bien? – Ella alzó la vista, mirándolo.

– Gracias a ti, Rachel. – Le agarró delicadamente de la mano. – No es necesario que hagas eso, siento que te molesta.

– Al contrario, uno se acostumbra. – Ella miró a otra parte.

– Pero no conmigo, siento que te molesto mucho, Rachel.

– ¡¿Alguien puede explicarme que está pasando aquí?! – Preguntaron los tres al mismo tiempo, impactados.

– Oh… Bueno…

– Yo lo explicare. – Dijo ella, dándole una mirada serena. Se puso frente a la otra parte de la familia Hamato y, con voz seria, habló. – Soy un demonio altamente peligroso y sediento de sangre fresca y joven que me encantadevorar una joven alma inocente y tierna. Y él, Miguel Ángel – Señaló el mencionado, quien sonrió. –, me invoco e hizo un trato conmigo. Por cierto, él me nombro Rachel para cerrar nuestro trato. Que es su alma por mi sonrisa. – Ella tosió un poco. – Es un gusto en conocerlos, familia Hamato. Espero que el alma de su pequeño hermano sea altamente deliciosa y valga la pena comérsela.

Todos quedaron en silencio demasiado tenso mientras veían a Rachel con los ojos demasiado abiertos. A Splinter casi le da un ataque cardiaco ante las palabras del demonio. Aunque lo único que había en ese lugar eran las palabras "demonio", "alma" y "hermano menor".

– Y si no me creen, puedo mostrárselos matando salvajemente a alguien a quien odien.

Donnie pensó en la pequeña posibilidad de que ese demonio pudiera matar a Casey…

Todos miraron a Miguel Ángel, quien sonreía nerviosamente detrás de Rachel. Ella simplemente lo observo unos segundos, para luego voltear a ver a los demás integrantes de la familia de su joven amo.

– ¡¿Por qué rayos hiciste un trato con un demonio?! – El primero en hablar fue Rafael, quien estaba completamente alterado ante la situación en la que estaba su hermano ahora.

– ¡Lo hice sin querer! Al parecer había hecho todo el procedimiento sin que yo lo notara.

– ¡¿Sin que lo notaras?! – Exclamó Leo, furioso.

Mikey dio una gran risa nerviosa. Rachel entrecerró los ojos y se acercó a Rafael con movimiento amenazador.

– No te atrevas a hablarle a mi amo de esa forma. – Dijo, seria.

– Él es mi hermano, por lo cual yo le hablo como quiera.

– Él es mi amo, por lo cual yo lo defenderé de cualquiera.

Ambos se miraron con un aura tan oscura que todo el ambiente se puso tan tenso. Leo dio un suspiro, Donnie rodó los ojos y Mikey sonrió. Los dos hermanos notaron la sonrisa del menor, por lo cual se preguntaron por qué estaba sonriendo.

– ¿Por qué sonríes? – Preguntó Donnie.

– Sonrío porque una linda demonio me está cuidando.

Leo y Donnie se sorprendieron. El Maestro Splinter, al escuchar las palabras de su hijo, miró a Rachel con gran curiosidad. La demonio sacaba un gran aura oscura y aterradora capaz de asustar al más valiente, pero no se sabía si Rafael era valiente o un verdadero idiota.

– Ya basta, Rachel. – Dijo Mikey, agarrando delicadamente el hombro de la chica. – Pelear con mi hermano no resolverá nada.

Rachel apretó un momento más los puños, para luego relajarlos y mirar a su amo.

– ¿Está de acuerdo, joven amo?

– Por supuesto. – Mikey le dio una cálida sonrisa. Rachel solamente bufó un poco y se cruzó de brazos.

– Sí, mi lord. – Dijo con una voz molesta. Se notaba claramente que quería hacer trizas a ese tonto llamado Rafael, pero no podía hacer nada sin el permiso de su amo.

– ¿Ya comiste algo, Rachel? – Preguntó, preocupado.

– Los demonios no comen, joven amo. – Dijo con voz un poco menos molesta.

– En ese caso, ¡te prepare unos deliciosos huevos con tocino! – Corrió hacia la cocina a preparar lo mencionado.

– Joven amo, los demonios son incapaces de sentir hambre.

– ¡No importa! ¡Sólo quiero que pruebes por primera vez el alimento humano! ¡No sabes de lo que te pierdes!

Él empezó a preparar los huevos con tocino y, hasta tal vez, incluir un rico jugo.

– Vaya, te tiene gran afecto a pesar en la situación en la que se encuentra ahora. – Dijo Donnie, impresionado.

– Lo sé. – Ella cerró los ojos. – Y me temo que eso es completamente incorrecto.

– ¿De qué manera? – Preguntó Rafael.

Rachel miró unos segundos al suelo.

– No lo sé, pero sé que será algo mortalmente malo. – Dijo mirando a su amo quien le sonreía con gran cariño.

– No queremos que algo malo le sucede, y menos perderlo. – Dijo Leo, triste.

– Lo sé.

Rachel los miró ligeramente con lastima, pero después ladeó un poco la cabeza.

– Pero no lo entiendo. – Empezó, calmada. – Si Miguel Ángel morirá dentro de poco, ¿por qué están preocupados? Es decir, sé que probablemente cuando el trato haya terminado ustedes estarían felices de que se fuera para siempre de sus vidas.

Algo horrible empezaron a sentir cada quien en su corazón. Ese sentimiento de verdad les dolía de una manera tan horrible que hasta tocaron donde estaba su corazón para tratar de eliminar un poco de ese sentimiento.

– Acaso Mikey… ¿pensara eso de nosotros? – Preguntó Leo.

Rachel asintió, pero antes de que pudiera decir algo más Mikey la agarró de la mano con ligera fuerza.

– Siéntate y disfruta de la deliciosa comida del Dr. Bromastein. – Dijo Mikey, orgulloso.

Leo, Donnie, Rafa y Rachel observaron el plato con curiosidad. Eso ni siquiera parecía huevos con tocino, en realidad, nadie sabía que era eso…

– Sé que no es un platillo digno o bonito, pero espero que al menos este delicioso. – La voz de Mikey se había vuelto tímida, por lo cual no era nada normal en el menor.

En ese momento, el Maestro Splinter entendió todo. Y al hacerlo, no pudo evitar sacar una sonrisa tierna.

– Gracias, joven amo. – Rachel se sentó y agarró el tenedor, para luego agarrar un pedazo y llevárselo a la boca mostrando en el proceso unos dientes un poco afilados.

– ¿Y? ¿Qué tal?

Rachel masticaba con lentitud y tragó. Cuando lo hizo, sus ojos felinos se abrieron como platos y abrió un poco la boca.

– Sé que sabe horrible, pero si no… – Empezó a hablar Mikey.

Los cuatro hermanos se alarmaron al escuchar un grito de un animal atrapando a su presa. Voltearon a ver al demonio, quien tenía unos ojos rojos brillando con maldad y, al mismo tiempo, mostraba sus afilados dientes mientras una extraña aura aterradora la cubría.

– Al contrario, joven amo… – Dijo con una voz gruesa y amenazadora. Todos tuvieron un escalofrío. – Esto es extremadamente delicioso.

Agarró el plato y abrió la boca, para luego metérselo todo completo. Los demás estaban demasiado impresionados ante la acción del demonio, inclusive no decían palabra alguna ante lo que, de repente, acababa de suceder en tan sólo un momento.

– ¿Hay más?

Mikey asintió y no pudo evitar una sonrisa. Preparó otro plato y le puso otra porción de comida.

– Aquí tienes, Rachel.

– Gracias, joven amo.

Esta vez Rachel empezó a comer con tranquilidad ya que, por primera vez, se había sentido incómoda ante las miradas que le mandaban.

– Me alegra que tú seas la primera persona que le guste mi comida. – Le lanzó una mirada acusadora a sus hermanos, quienes no pudieron evitar reír un poco.

– Me alegra oír eso, joven amo.

Entonces, el Maestro notó algo: a pesar en la situación en la que se encontraba su hijo menor, él aprovechaba todo lo que era necesario para no desperdiciar su vida. Se sentía triste, perdería a su único hijo y no podía hacer nada para impedirlo. En silencio, se retiró para meditar en la situación en la que se encontraba su hijo y, al menos, tratar de evitarlo a pesar de que no podría.

– ¿Quieres algo más?

– No, gracias.

– ¿Segura?

Ella asintió.

– Dime, Rachel – Rafael se acercó a la chica y se sentó a lado suyo. –, ¿no hay manera en la que puedas romper el trato con Mikey?

– ¿Es lastima lo que escucho, Rafael? – Inquirió, alzando una ceja.

– Es nuestro hermano. – Dijo Donnie, poniéndose a lado suyo. – No queremos perderlo a pesar de lo que pase.

– No podremos vivir el saber que lo perderemos pronto. – Habló Leo, detrás de ella.

Rachel entrecerró los ojos y su cabello tapó sus ojos.

– Ja… – Ella dio una risa sarcástica. – Debieron haber pensado en ello mucho antes. Si hubieran vivido soportando completamente al joven amo, probablemente no hubiera sucedido esto.

– ¡Rachel! – Exclamó Mikey, poniéndose arriba de la mesa y sonriendo. Todos se sorprendieron cuando Mikey los interrumpió, pero no dijeron nada al respecto. – ¡Quierosalircontigoaunacitahoyenlanoche! ¡Es una orden! – Lo último lo dijo con un fuerte sonrojo. De repente, ambos pentagramas aparecieron para luego volver a desaparecer.

Rachel abrió ligeramente los ojos y después asintió.

– Sí, mi Lord.