Yes, my Lord

04

– Lo aceptare. – Mikey se puso frente a Rachel, notando otra vez que Rachel era más alta que él.

Rachel lo observó en silencio y miró a otra parte. Se sintió tan estúpida por haberse dejado besar por su am… por Miguel Ángel. Si era sincera consigo misma, ella no quería que el trato acabara tan rápido.

– ¿Estás listo? – Inquirió, mirando a otro lado.

– Listo, pero quiero que sea rápido, por favor. – Mikey cerró los ojos, pero antes de hacerlo observo las estrellas y la luna resplandecer con gran hermosura. – Por fin podré conocer a Tang Shen, siempre la he querido conocer por todas las historias que nos ha contado el Maestro Splinter.

Rachel tragó saliva con fuerza. Acercó lentamente su mano a la frente del chico rubio mientras temblaba con ligera fuerza. No sabía porque, pero sintió algo que jamás pensó sentir: miedo. Sentía miedo. ¿Por qué no podía matarlo y ya? Es decir, ya lo había hecho un montón de veces y nada como esto le había pasado.

Entonces, algo vino a ella… como si fuera una gran película que jamás sería capaz de acabarse… era su vida pasada

Había una vez una chica, pero no cualquier chica. Era una chica "especial", según en las palabras de sus padres. Ella era una adorable chica cuando no era provocada, aparte de que era muy querida por su familia. Su madre y su padre, y sus tres hermanas. Ella era la segunda mayor, pero aun así siempre se comportaba como la menor.

Su nombre era Rei, y eso era lo único importante que uno debía saber de ella. O tal vez no, ¿qué tal que su largo cabello negro como la noche junto con el rojo del fuego llegara a sus talones? ¿O que sus ojos como el verde tóxico hipnotizara a cualquier hombre y tuviera más pretendientes que cualquier otra mujer? Bueno, tal vez eso era importante.

Que aburrido. – Se quejó Rei, mirando a su hermana mayor, Reonora, una chica casi de aspecto igual a Rei, solamente que en vez de tener esos mares de fuego y los ojos más tóxicos tenía los ojos igual al mar en la oscuridad.

¿Qué es aburrido? ¿De ver tantas horas a ese lindo chico del huerto de calabazas o el hecho de que estas en el árbol espiándole el trasero?

¡Reo! – Exclamó, sonrojada.

Oh, vamos, Rei. – Dijo, molesta. – Sabes que tengo razón aunque quieras negarlo.

Tal vez, pero no de esa manera.

Bueno, misterio arreglado. Tal vez pueda pedirle mi dinero a Mika.

¿Hiciste una apuesta con Mika?

Claro, ¿por qué no lo haría? Esto puede llegar a ser muy divertido. – Dijo, cruzándose de brazos. – Tú sabes que, al final de la historia, yo siempre tengo razón o gano en las apuestas. – Dijo Reo, sonriéndole.

Hmmp.

La mirada de Rei se dirigió hacia la pequeña casa donde se encontraba un huerto de calabazas. Y cerca de ahí se encontraba un joven campesino, pero muy guapo. Era rubio y de unos ojos capaces de enamorar a cualquier mujer, y al parecer Rei cayó en la trampa.

¿Por qué no le hablas? Él no muerde. – Reo rió con diversión.

Lo sé, pero…

Vamos, no te matara hacerlo. – Dijo, agarrando la mano de Rei y haciendo que ambas bajaran del árbol donde ambas se encontraban.

Antes de que Rei lo notara, se encontraba enfrente del hogar del chico.

¡Hey, Mikey! – Reo gritó, llamando la atención del chico.

¿Sucede algo, Reo? – Preguntó Mikey, acercándose. Cuando vio a Rei, le sonrió cariñosamente. – Hola, Rei.

Hola, Mikey. – Trató de sonreírle, pero recordó que ella jamás ha sonreído en su vida y lo único que pudo formar fue una mueca.

Tú, mi hermana, una cita. Ahora. – Fue al grano Reo, molesta.

¡Reo! – Exclamó Rei, molesta.

Por supuesto, ¿quieres salir al bosque a caminar un rato? – Preguntó Mikey, sonriéndole a la chica de ojos verdes.

Claro, sería estupendo. – Su mirada se volvió suave, por lo cual Mikey se sonrojó sin poder evitarlo.

En ese caso, Tucker – Dijo refiriéndose al chico. –, los dejo.

Reo se alejó de ahí con paso ligero, pero con una sonrisa en el rostro ante lo que había hecho.

Mikey y Rei se miraron, sin prestarle atención al hecho de que un gran y hermoso brillo apareció en sus ojos al observarse.

Dime, ¿quieres irte ahora o hasta la noche?

Supongo que sería lindo irnos ahora. – Ella asintió.

Pasaron semanas, quizás meses. Uno nunca sabe de verdad. Pero un extraño y lindo amor empezó a crecer entre esos dos jóvenes de mismas costumbres.

Dime, Mikey, ¿cómo les va a tus hermanos? – Preguntó Rachel después de que ambos se encontraran en la quinta cita.

Supongo que bien. – Le sonrió. – Por lo que supe Leo consiguió una cita con Reo, y vaya que fue un gran esfuerzo para ello.

Me lo imagino. – Dijo, sonriéndole.

De repente, ambos escucharon un horrible, como el sonido de unas garras en el vidrio.

Ponte detrás de mí, Mikey. – Dijo ella con una clara intención de querer protegerlo.

¿No debería ser al revés? – Preguntó, incómodo.

No me gusta ser la dama en peligro. – Le sonrió tiernamente.

Antes de que pudieran hablar, alguien detrás de Mikey lo golpeo en la nuca, haciendo que el rubio perdiera el conocimiento.

¡MIKEY!

Y ella, al intentar hacer algo, fue golpeada en el rostro, pero lo único que hizo fue que ella sacara sangre.

¡Maldito! ¡¿Dónde estás?!

Cuatro hombres acorralaron a Rei y empezaron a golpearla sin piedad alguna. Rei trataba de protegerse, pero no pudo conseguirlo, lo único que conseguía eran más heridas y graves. Inclusive trataba de dar patadas para alejarlos de ella.

Uno de ellos le golpeo con una gran fuerza, inclusive dejándola inconsciente.

– ¿Rachel?– Preguntó el Mikey de la actualidad, preocupado.

Cuando abrió los ojos pensó que se encontraría en el paraíso de la pizza, pero no fue así. Se encontraba aún vivo, pero lo que más le sorprendió es que Rachel lo mirara con los ojos demasiado abiertos, con la boca ligeramente entreabierta y muy paralizada por un gran miedo, como si estuviera petrificada.

– ¿Rachel?

¡Rei! ¡Despierta!

Rei abrió los ojos repentinamente. Se levantó con gran dificultad, observando a su alrededor. Una extraña alegría la inundo cuando vio a Mikey frente ella.

¿Estas bien? – Ella le pregunto.

Lo estoy ahora.

Ella le sonrió, pero su sonrisa desapareció cuando seres encapuchados empezaron a aparecer de repente.

¡¿Quiénes son ustedes?! ¡¿Qué quieren?!

No le contestaron. El silencio que se encontraba en ese lugar preocupaba un poco a Rei, pero no dijo nada.

¡Déjennos libres, idiotas! ¡Se las verán conmigo s-!

La usaremos a ella. – Dijo uno de ellos, señalando a Rei.

De repente alguno de ellos empezó a abrir la puerta de la jaula donde se encontraba Rei (ella ni siquiera había notado que se encontraba ahí). Rei se alarmó un poco ante lo que sucedía, pero debía mantenerse firme.

La sujetaron con fuerza de los hombros, impidiendo cualquier movimiento de la chica. Rei empezó a patear creyendo que así podría tratar de escaparse y salvar a Mikey.

¡Déjenme!

Pero, de repente, todos ellos empezaron a golpear con fuerza a Rachel, machándola de su propia sangre.

¡PAREN! ¡POR FAVOR! – Exclamó Mikey, horrorizado.

Los encapuchados no paraban, golpeaban a Rei con gran brutalidad y sin ninguna piedad.

De repente, ellos pararon de golpearla, pero la pusieron en una mesa de piedra. La oscuridad reina ese lugar, por lo cual Rei no sabía en realidad donde golpear. Cuando sintió el frío de la piedra, trató de seguir peleando, pero todo era en vano.

¡Prepárenla! – Gritó alguien.

Rei, en ese momento, recordó algo que le dijo Reo: que una extraña secta había secuestrado y asesinado personas para poder convertirse en un demonio poderoso con la sangre de los inocentes. Al principio no le había creído para nada a Reo, pero… ahora estaba completamente equivocada.

¡Esta lista!

Uno de ellos empezó a acercarse con una antorcha en una mano y en la otra mano sostenía una daga… manchada de…

Oh, Dios…

¡Concédenos nuestro gran deseo, amo! ¡Y toma a cambio esta alma inocente!

¡No! ¡Déjenla! ¡POR FAVOR! ¡NO LO HAGAN! – Gritó Mikey, tratando de liberarse, pero todo era en vano.

¡TÓMALA AHORA!

¡NOOO!

La daga atravesó con fuerza la piel de Rei, enterrándose en su corazón. La sangre empezó a salir de su grave herida, mientras que sangre también empezaba a salir de su boca. Tosía muchas veces, pero parecía que nadie quería ayudarla.

¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHH! – Rei gritó de dolor y agonía.

¡REI! ¡REEEEEIIII!

Su mundo se empezó a volver oscuro y tenebroso… quería… venganza contra esos malditos idiotas por haberles hecho esto a Mikey y a ella. Quería que murieran, quería que fuera de la manera más horrible y despiadada que pudiera conocer, ella quisiera ver el dolor y la agonía en sus rostros como ella lo había hecho cuando ellos la lastimaron.

– ¿Rachel? ¿Estás bien? – Preguntó demasiado preocupado.

Rachel seguía sin responder, mirando a la nada con una de un gran terror. Como si hubiera su peor terror.

Al parecer te usaron para sus tontos sacrificios, ¿no es así?

Se trataba de su hermana, Reo. Usaba ropa oscura: unas botas hasta las rodillas, un short muy corto de lycra, una camisa de tirantes cortos, un cinturón café oscuro con unas pequeñas bolsitas incluidas, traía consigo una capa oscura que contenía también una capucha, unos guantes que le llegaban a las muñecas y mostraban sus dedos. Su hermana lucía muy diferente, su cabello siempre corto se encontraba tan largo con unos toques azules y sus ojos parecían a los de un felino.

¿Reo? ¿Qué te sucedió?

Nada. Solamente que estas ahora en casa.

¿Casa?

Bueno, no puedo explicar ahora. Primero tengo que saber cuál es tu deseo.

¿Deseo?

Por supuesto. Hiciste e invocaste a un demonio, por lo cual debo hacer un trato contigo.

¿Demonio? – Rei estaba sorprendida, pero tenía que mantenerse firme. – ¿Eso significa que también soy una demonio?

Lo eres ahora.

¿Ahora? ¿Cómo que ahora?

Luego te lo explicare, pero bueno ¿cuál es tu trato, hermanita?

Rei se sorprendió, pero luego apretó los puños con gran ira y gritó.

¡QUIERO QUE ESOS IDIOTAS MUERAN! ¡QUIERO VER EL SUFRIMIENTO Y LA MUERTE EN SU ROSTROS MANCHADOS DE SU PROPIA SANGRE! ¡QUIERO QUE PAGEN POR LO QUE HICIERON A MIKEY Y A MÍ!

Como órdenes.

Reo desapareció, dejando sola a Rei.

– ¡Rachel! ¡Reacciona, por favor!

Esta listo. – Dijo Reo, sonriéndole.

Bien. – Fue lo único que dijo.

Bueno, ahora la paga, hermanita.

¿Paga? ¡¿Por qué?!

Hiciste un trato con una demonio, merezco algo a cambio por hacer tu trabajo sucio, hermanita.

Hmmmp. ¿Qué quieres?

Solamente quiero te conviertas en una de nosotros.

Bien.

¿Segura? Si aceptas jamás volverás a ver a Mikey. – Dijo, preocupada.

Él estará bien, no importa qué siempre lo protegeré. – Habló decidida.

No importa en qué tiempo estén, siempre lo protegerás, ¿verdad?

Así es. No importa en qué tiempo estemos, siempre estaremos juntos.

En ese caso, tenemos un trato, Rei.

Lo sé, Reo.

Ambas se dieron la mano y una luz brillante las envolvió.

Rachel parpadeó miles de veces, observando a Mikey con una expresión completamente sorprendida.

– El trato se rompe.

Fueron sus únicas palabras antes de desaparecer.