La lista
La castaña que lentamente perdía sus recuerdos, estaba sentada en la pequeña mesa que había en una de las salas de Grimmauld Place. Tenía en mano un pluma con tinta recién añadida y una pergamino en blanco delante de sus ojos. Una taza de té a un lado y el tintero al otro extremo.
Técnicamente eso sería fácil, escribir las cosas que siempre había querido hacer pero ahora que estaba ahí, no se le venía nada a la mente. No porque lo haya olvidado es sólo que hay muchas cosas en sus mente que no le permiten concentrarse y escribir las cosas que ahora hará con Malfoy.
Pensarlo lo sigue haciendo extraño. Hace un par de días que él le había dicho que la ayudaría. Ella no pudo contener la profunda risotada que se formó en su garganta ocasionando, naturalmente, que el orgulloso Malfoy se sintiera completamente ofendido y se pusiera de pie dispuesto a marcharse. Fue entonces que ella entendió su error y le pidió una disculpa explicándole que simplemente es muy extraño que él se ofrezca a ayudarla de esa manera. Nuevamente se dio cuenta de su error cuando lo vio poner una barrera impecable de frialdad mascullando cosas acerca de perder el tiempo y finalmente ella aceptó su ayuda, sabiendo que terminaría arrepintiéndose de haberlo dejado.
Pero en fin…
Él le dijo que hiciera una lista con las cosas que quisiera hacer y que la vería después de su cita con el doctor Brooks para hablar de cómo harían las cosas de ahora en adelante. Él revisaría la lista y vería en qué le podría ayudar y finalmente sentirse libre de culpa. Es por eso que en esos momentos, estaba exprimiendo esa cabeza brillante que tenía para poder plasmar en papel sus sueños frustrados.
Inhaló aire y se acomodó en su silla, poniendo esa mirada de concentración que sólo ella podía poner.
—Muy bien Hermione, tú puedes hacerlo…— se dijo en voz alta, poniendo la punta de la pluma en contacto con el papel.
Sabía que Malfoy la iba a matar por esto.
1. Alimentar a los patos del parque.
Sabía que era tonto pero era verdad. Desde que había ido por primera vez a ese parque hace ya tantos años, había querido sentarse a la orilla de los pequeños estanques y meter los pies al agua, sintiendo lo fresca que está y finalmente, sacar pedazos de pan y hacerlos pequeñas bolitas e irlas lanzando a agua, observando con calma cómo los patos se acercaban nadando hasta el lugar que comenzó a crear ondas en el agua y devorar el pequeño pedazo de pan.
Obviamente, no sólo era cosa de querer alimentar patos… era algo que siempre había querido hacer, no sólo en ése parque. Sus padres jamás la habían podido llevar a hacer ese tipo de cosas que todos los niños hacen porque siempre estaban muy ocupados con citas en sus consultorios o muy cansados tras distintas cirugías. Ella entonces, sonreía y se iba a su habitación para seguir su lectura de algún libro más avanzado que para los de su edad.
En fin, continuó pensando qué más quería hacer.
2. Subirse al London Eye.
Esa era otra cosa por la que Malfoy querrá matarla. ¡Simplemente nunca se atrevió a hacerlo aunque tuvo muchas oportunidades! Estando en un año escolar antes de Hogwarts, hubo un viaje a la gran atracción turística de Londres muggle, pero jamás pudo cruzar la entrada de la gran esfera que la elevaría por los aires. Aún recuerda que la profesora le gritó cosas terribles y ella solamente negaba con la cabeza. Finalmente, las puertas se cerraron y ella se quedó en tierra, segura. Le entró pánico, no pueden culparla. Le daban terror las alturas pero siempre fue envidiosa de cómo sus compañeros hablaban de la hermosa vista y de cómo se reflejaba el sol en el Támesis. Sabía que nunca tendría esa experiencia pero ahora se le presentaba una última oportunidad, y era lo bastante inteligente como para saber que tenía que tomarla. Sí, lo haría– se auto convencía.
Ahora tenía que pensar en el número tres. Muchas de las cosas que quería hacer definitivamente se le harían patéticas a Malfoy pero ese no era su problema, él se ofreció y ahora se tendría que atener a sus decisiones.
3. Ir a un bar de jazz.
Jamás sabrá por qué quiere hacer eso, pero simplemente ha querido hacerlo desde el verano antes de segundo año en Hogwarts. Estaban sus padres viendo una película "para adultos" y ella simplemente había bajado a tomar una taza de té, cuando se quedó viendo fijamente a la televisión sin poderse perder un segundo de la escena. Los personajes principales había estado en un bar en el que tocaban música relajada y muy hermosa, pero entonces, unos se pararon a bailar y la gente los observaba con fascinación en la mirada. Simplemente esa imagen se le quedó grabada en la cabeza y siempre dijo que querría ir algún día a un lugar como esos y bailar con alguien para ser observada como en la película. Claro, no contaba con que tenía pánico escénico y que definitivamente no sabía bailar, pero eso no tenía porqué saberlo nadie. Con ir y tomar una deliciosa bebida y escuchar la música le bastaba.
Suspiró y despegó su pluma del pergamino y la dejó junto al papel. Levantó la taza y tomó un gran y cálido trago de té, que con tranquilidad se deslizó por su garganta, relajando instantáneamente sus músculos. Nuevamente tomó la pluma y la remojó una vez más en el tintero, dispuesta a continuar escribiendo sus sueños frustrados.
4. Encontrar un trébol de cuatro hojas.
Muy bien, sabía que esto era completamente ridículo, pero le llamaba muchísimo la atención. Jamás había sido considerada una mujer supersticiosa pero había leído y estudiado tantas teorías acerca de cómo supuestamente los tréboles de cuatro hojas dan amor, suerte, esperanza y salud, que siempre había querido encontrar uno por el simple hecho de encontrarlo. Durante su primer año de Hogwarts, cuando se sentía completamente sola, que lamentablemente fue muy a menudo los primeros dos meses, salía a caminar por los jardines o a las orillas del lago, y a veces se encontraba a sí misma hincada sobre el césped buscando algo. Después de varios minutos se daba cuenta que buscaba un trébol de cuatro hojas. No sabía cómo lo haría pero estaba segura de que Malfoy la ayudaría con ese.
Esto de pensar en las cosas que quieres hacer antes de que olvides por completo que quieres hacerlas es verdaderamente agotados, y más aún porque no sabes si ya has olvidado algo de esos sueños. Tenía que agradecerle a ese hurón oxigenado por darle esa idea que había resultado ser extremadamente buena, lamentablemente la compañía no sería la mejor.
5. Nombrar a una estrella.
Esto no siempre lo quiso hacer. Fue durante el verano antes de quinto año, estaba caminando buscando a Sirius Black para preguntarle algo que había leído en uno de sus libros en la biblioteca y lo encontró en el salón que tiene el árbol genealógico de los Black en las paredes. Se le olvidó por completo su duda al ver tantos rostros pintados con tantos nombres debajo de los rostros.
Bajo la atenta mirada del padrino de su mejor amigo, comenzó a leer aquellas palabras y tardó exactamente cuatro nombres para darse cuenta de que todos eran nombres de estrellas y constelaciones. Fue así cómo Sirius le dijo que en la familia Black era usual llamar a sus descendientes con el nombre de una estrella, o constelación.
Hermione estaba asombrada y al mismo tiempo aterrada. Habían nombres hermosos como el mismo Sirius –quien sonrió con arrogancia– y como Andrómeda, pero habían otros nombres terribles como lo eran Cygnus y Pólux.
Era una tradición hermosa y admirable excepto por esos nombres tan feos que simplemente terminan condenando a los pobres niños. Fue entonces que un pequeño pensamiento comenzó a ganar fuerza en su cerebro: le gustaría nombrar una estrella con un nombre teóricamente razonable y así darle a los niños Black una mejor vida.
Sí, seguramente este punto de la lista no le moleste tanto a Malfoy, después de todo su madre es una Black.
6. Ver el atardecer y el amanecer en la misma noche.
Había visto el anochecer, claro… y el amanecer también. Admiraba los colores con los que se pintaba el cielo, pasando por una gran gama de matices que simplemente hacían que el paisaje se convirtiera en una pintura digna de museo y admiración. Pero jamás lo había visto en la misma noche. Deseaba hacer eso desde que escuchó a una de sus compañeras de la escuela que hizo eso durante un campamento con sus padres y que es increíble. Le contó que ella y sus padres habían visto el sol meterse, después hicieron una fogata y observaron el cielo nocturno y cómo comenzaba a ver una tenue luz amarilla en el horizonte, que poco a poco iba subiendo hasta que una gran esfera anaranjada salía por entre las montañas, arrastrando consigo la luz del día.
Desde entonces, varias noches se quedaba junto a la ventana viendo cómo la luna salía de su escondite, apagando la luz, obscureciendo el día pero condescendientemente dejando una escarcha para no dejar en las penumbras al mundo. Pero se iba a dormir y se levantaba cuando el sol ya estaba en la cima. Jamás podía levantarse lo suficientemente temprano como para ver el primer rayo de luz surcar el cielo.
Ahora lo haría.
7. Mandar un mensaje en una botella.
Nuevamente, no sabía cuál era la razón para querer hacer esto. Simplemente siempre se sintió atraída a la idea de escribir un mensaje, un secreto o alguna idea en un pedazo de papel y confiar en que será resguardado por un cilindro de cristal, para después dejarlo libre en el océano y pensar que alguien algún día leerá aquello y se preguntará la historia detrás de las palabras escritas. Se cuestionará quién escribió el mensaje, por qué y cuándo fue.
Simplemente le gustaba la idea de soltar de alguna manera algo personal, y esperar que alguien reciba esa información. No tiene mucho sentido, lo sabía pero le daba una ilusión que pocas cosas le hacían sentir.
Malfoy definitivamente querrá matarla al leer la lista. Soltó una risitas al pensar en eso. Definitivamente ese Slytherin se metió en el hoyo incorrecto.
Dejó la pluma a un lado y sopló sobre su lista para que la tinta se secara más rápido. En lo que esto sucedía, estiró un brazo para tomar la taza y dar un trago, terminando por hacer una mueca de asco al probar que estaba completamente frío. Si había algo que odiaba con toda el alma era el té frío. Sacó su varita para hacer un hechizo que lo caliente pero cuando la punta de su varita estuvo direccionada a la cerámica se quedó quieta. ¿A caso existía un hechizo para calentar el agua? Habría supuesto que sí pero ahora que estaba ahí… se daba cuenta de que no se le venía ninguno a la mente. Simplemente se encogió de hombros y guardó la varita en su bolsillo.
Ni siquiera se había dado cuenta de que había olvidado un hechizo.
Tomó la pluma, la remojó en la tinta y continuó con su tarea de pensar qué hacer. Una sonrisa traviesa se extendió en sus labios. Lo que iba a hacer técnicamente sería trampa, pero siempre había un primera vez.
8. Patinar en hielo.
Técnicamente, ella ya había patinado en hielo incontables veces pero suponía que al ser una actividad muggle, Draco Malfoy jamás lo habrá hecho. Se puede decir que el número ocho de su lista era un sueño frustrado encubierto. Definitivamente era su deseo ver al señor sangre pura haciendo algo completamente ajeno a su conocimiento y sin la ayuda de la magia, en lo que seguramente iba a fracasar miserablemente divertido. Era su oportunidad de burlarse de él sin que se diera cuenta, simplemente era perfecto. ¡Malfoy no lo verá venir, no lo esperaría de ella! Definitivamente ese será un gran día.
Remojó la punta de su pluma y la volvió a acercar al pergamino, escribiendo un gran y redondo nueve.
9. Ir a un baile de gala.
Se podría decir que eso ya lo había hecho, estando en Hogwarts pero no quería ir a un tipo de baile como esos. Quería ir a uno como en los libros que siempre leyó en casa. Las grandes fiestas donde solamente iban las personas más importantes del mundo en este caso serían el mundo mágico, y cada uno se arregla con sus mejores galas. Siempre soñó con ser la protagonista de una historia en la que entra al gran salón y todos simplemente voltean a verla debido a lo hermosa que se ve. Ahora, sabía que eso no era posible porque sus mejor galas eran un vestido largo de seda color amarillo y una túnica a juego, sin mucho glamur o excentricidad y por otro lado, sabía que jamás se vería lo suficientemente hermosa como para llamar la atención de todo el lugar. Le bastaba con poder decir, que había ido a un baile, dejémosle ahí.
Finalmente escribió el número diez pero cuando estaba a punto de escribir su último deseo se detuvo. Sus mejillas ardieron con sólo pensarlo pero la idea había rondado su cabeza desde el momento en que escribió su primer sueño. Era algo que creía que toda mujer debía de experimentar y prefería cumplirlo antes de olvidarlo –bueno, eso era el punto de todo eso.
Se mordió el labio inferior.
Malfoy definitivamente querrá matarla… con sus propias manos.
10. Ser besada apasionantemente bajo el cielo de una noche estrellada.
Exhaló ruidosamente al escribir a última palabra.
—Bueno, eso no estuvo tan mal— dijo sonriendo ampliamente y observando la lista delante de sus ojos.
—¿Qué, no estuvo tan mal?— preguntó alguien entrando por la puerta de la pequeña sala.
—¡Harry!— exclamó Hermione sobresaltándose y pegando el pergamino a su pecho por simple reflejo.
Aquel movimiento obviamente no iba a pasar inadvertido por el joven de anteojos. Potter levantó una ceja inquisitoria y se acercó lentamente a la castaña, que mantenía el pergamino cerca de su cuerpo, prácticamente incrustándolo a su pecho y arrugándolo con sus dedos.
—Hermione…— rió el pelinegro tomando asiento en uno de los sillones del lugar, observando aún a su mejor amiga.
Desde que le dijo lo que le sucedía, Harry la veía de esa manera tan distinta. Antes la observaba con cariño, mucho respeto y siempre con asombro pero a pesar de que esas cosas permanecen en ese mirar esmeralda, ahora veía otra cosa, algo que jamás creería ver intencionado hacia ella. Había pérdida y lástima. Odiaba que la viera así, pero no decía nada.
Últimamente callaba muchas cosas. Simplemente hacía las cosas más fáciles. Antes, con el menor comentario o gesto o acto que le molestara, era motivo para largos argumentos y discusiones que terminaban por agotar a cualquier persona a su alrededor y a veces incluso a ella misma. Pero ahora era diferente. No había razón para hacerles pasar aún más un mal rato, suficiente con el que les estaba haciendo pasar por estos momentos. Después de todo, ella terminaría por no recordar nada. Mejor, hacerlos pensar que estaba todo bien, que definitivamente no se había olvidado del nombre del que le habían dicho era el ministro de magia o tampoco el hecho de que había olvidado por completo el nombre de su mejor amiga de la infancia, antes de Hogwarts. No necesitaban saber eso.
—¿Cómo has estado Harry?— cuestionó la castaña doblando la lista en cuatro, aún bajo la atenta mirada del salvador del mundo mágico.
—Yo he estado muy bien, gracias por preguntar— respondió sonriente, aún escudriñándola— ahora sí dime… ¿qué, no estuvo tan mal?
Oh.
Los músculos de la castaña se tensaron uno a uno lentamente, hasta que quedó como una estatua muy realista. Mordió su labio inferior y se preguntó si debía o no decirle a Harry el trato que había hecho con Malfoy pero su lado racional aún funcional le dijo que era lo mejor porque después de todo, estaría pasando –si se lo hubieran dicho jamás lo hubiera creído– mucho tiempo con el príncipe de Slytherin.
Esta bien, iba a decir la verdad… obviamente tenía que hacerlo con mucho tacto, aunque tenía esperanza de que Harry lo aceptara. Ginny no se molestaría ni un poco y de hecho la alentaría a hacer "más trampa" con sus deseos simplemente para molestar a Malfoy. Ronald… el pelirrojo sería otra historia pero por ahora debía de preocuparse por el joven hombre de anteojos que tenía delante.
—Harry… te diré algo pero quiero que seas muy abierto al respecto— habló lentamente, poniéndose de pie y caminando hasta sentarse junto a Potter.
Él la miraba con preocupación pero solamente atinó a asentir teniendo en mente las peores cosas que podría decirle su mejor amiga en esos momentos y realmente, ninguna opción le gustaba mucho.
—Hace una semana me encontré con Malfoy en san mungo…— y esperó la reacción.
—¿Malfoy? ¿ya salió de Azkaban?— preguntó sorprendido, pero después cayó en la cuenta de algo más—¡¿Te hizo algo?!
Hermione por poco suelta una risotada. La rivalidad entre Harry y Malfoy iba más allá del simple hecho de estar en casas enemigas, eso todo mundo sabía, Hermione lo sabía. Eran años y años de acúmulo de insultos y comentarios que simplemente no se terminan por el simple hecho de que haya terminado la guerra.
—No Harry… de hecho, prácticamente yo fui el que le hirió… ¡el orgullo!— aclaró, mordiéndose el labio inferior y mostrándose claramente avergonzada. Harry no pudo evitar sonreír complacido a pesar de no entender mucho a qué se debía— cuando lo vi, simplemente se me olvidó su nombre y después me fui… ¡el punto no es ése, el punto es que volví a encontrármelo! Y me dijo que él sabía… lo que me pasaba.
El señor Potter abrió los ojos desmesuradamente, levantando las cejas como Hermione no lo había visto hacer nunca. Estaba a punto de decir algo pero Granger lo interrumpió.
—Y digamos que hablamos por un tiempo y prácticamente, traduciendo el lenguaje Malfoy— explicaba haciendo gestos y ademanes y saltándose los comentarios sarcásticos y miradas frías—, dijo que quería que le perdonara por todo, ya sabes… y se ofreció a ayudarme.
Uno puede llegar a pensar que se ha escuchado o visto de todo, pero nada en la vida pudo preparar a Harry para escuchar eso. Parpadeó confundido, procesando lo dicho por su mejor amiga. Simplemente era demasiado bizarro escuchar el nombre Draco Malfoy en la misma oración que ayudar, si no se considera que la ayuda sea para si mismo. Pero no… estaba hablando de ayudar a la persona que más odia en todo el mundo mágico.
—Debes de estar bromeando— concluyó, seguro de que Hermione estaba intentando tomarle el pelo.
Las cejas castañas de la bruja se encontraron en la cima de su nariz, claramente ofendida. Estaba hablando muy en serio, como siempre, ¿por qué comenzaba a dudar de ella en esos momentos?
—Hablo solamente la verdad— comentó indignada—. Fue sorprendentemente amable y muy dispuesto a ganarse el perdón que tanto anhela.
Bueno… todos sabemos que eso no es del todo verdad. Era la versión rosa, romántica y fantástica de lo que realmente sucedió, pero Harry no tenía porqué saber eso. Nadie debía saberlo. Simplemente había podido leer a través de Malfoy y saber que había hablado más de lo usual, y había brindado esa ayuda porque finalmente ella terminaría olvidándolo todo y él simplemente necesitaba hacer algo para liberarse de la culpa y había hecho un trato. Ella no era de las que se echa para atrás después de hacer un trato, a pesar de hacerlo con una rastrera y traicionera serpiente. Aunque Harry tampoco necesita saber eso.
—¿Estamos hablando del mismo Malfoy?— entrecerró los ojos haciendo una mueca de incertidumbre.
—¡Harry!— le dio un manotazo en el brazo.
—¡Está bien! ¡está bien!— Harry había levantado las manos para cubrirse de otro muy posible golpe por parte de la bruja más brillante de la generación.
Después de unos segundos de tener los ojos muy cerrados, preparándose mentalmente para recibir un muy bien practicado golpe por parte de Hermione, se dio cuenta de que no llegaba. Con cuidado, los abrió y se dio cuenta de que ella lo observaba con las cejas levantada y el labio fruncido, claramente molesta por su actitud, pero sorprendentemente no dijo nada. Eso sí que era más extraño que Malfoy ofreciéndose a ayudar.
—En fin… ¿en qué te va a ayudar?
Hermione de repente puso una sonrisa tierna en los labios y miró a la nada entre fascinada y extrañada.
—Me va a cumplir mis sueños.
Gracias por leer ;)
The Lady Annabelle: bueno, para éste punto ya sabrá lo de los deseos, pero no hay que subestimarlos! creeme, tienen sus propósito! gracias por comentar! besos, xoxox
Chica Cuervo: que bueno que te ha gustado el Draco que escribo, como dices Malfoy, la verdad es muy entretenido! y no he visto esa película, la veré! gracias por comentar! besos, xoxox
Hagamos una pregunta! cual será la reacción de Draco ante cada deseo?
