-CENIZAS-
(Basado en la novela del escritor Mexicano, Bruno Traven)
Reparto de personajes:
-Ash (Cenizas)
-Delia (Madre)
-Serena (La muerte)
-Arceus (Dios)
-Giratina (El demonio)
-May, Dawn, Iris, Misty, Bianca, Melody, Meicy, Molly, Bonnie, Casey, (Hermanas)
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Cenizas nunca había tenido una vida llena de carencias había enfrentado la hambruna, siendo el único varón de una familia de once hermanos, Ash tuvo que ocupar el lugar de hombre de la casa a muy temprana edad, para compensa la muerte de su padre, a pesar de contar con el apoyo de su madre, Cenizas no tuvo mas opciones que suplir las necesidades de hogar, no era fácil sostener a una familia pobre y numerosa, aun así él fue generoso y de noble actuar pues su madre le había enseñado valores y una verdura moral que podría supera la de mucha gente ostentosa y de mayor estatus económico y social.
La vida no era perfecta, eso era una verdad absoluta. Sin embargo Cenizas había hecho todo lo posible por asistir a su madre en el cuidado y sostén de su hogar y de sus diez hermanas. Lamentablemente su humilde profesión de leñador, no podía dar más allá de lo apenas suficiente para llevar su existencia al día, sin ningún soporte para poder superar una enfermedad o alguna contingencia. En cierto punto su familia y el mismo, eran acechados por la muerte en constante sigilo.
Afortunadamente para esto, Cenizas era un joven hasta cierto punto ingenuo la ignorancia a veces era ventajosa y este caso era ejemplo perfecto. Por suerte la humilde existencia donde su madre le había formado, por contradictorio, sonaba simple y sencillo, si las carencias eran constantes y a veces muy desagradables, pero el seguir en su ideal de proveer a su familia de lo necesario para subsistir aunque fuese limitado. Nunca en su joven vida había pedido nada para el solo la cosa había sido así de ordinaria, hasta aquel día; 2 de Noviembre.
Ese día; 2 de noviembre, cenizas, en compañía de su madre, y de sus diez hermanas, se encontraban como todos los domingos, en el gran pueblo. A pesar del humilde termino, era una comunidad considerablemente grande, bien podría ser una ciudad del típico visto en aquellos años coloniales.
Como era costumbre, cenizas entregaría los pedidos de leña correspondientes, aprovecharía la situación para recibir su típica "calaverita" era una oportunidad de bonanza para el y su madre quien también laboraba con simple trabajos como lavar ropa y tejer manteles, puede que las calaveritas no fuesen una gran premio pero bien valían la pena para celebrar estas fechas de bonanza.
Para mala suerte también eran momento en los que tanto el cómo sus hermanas tenía que quedarse mirando mientras una autentica demostración de comida y platillos suculentos y deliciosos desfilaban por doquier, desde el mercado hasta los parques, y ya no decir nada del zócalo donde se encontraba la basílica, sin duda alguna, Cenizas y su madre, sentían mucha abstinencia por el hecho de que su dinero no pudiera permitirles tantos majares para sus hermanas e hijas respectivamente, así que para las pequeñas no había mas que conformarse con los dulces que mama les había comprado con la calaverita suya y de su hijo, sin embargo, el joven había fijado su atención…y su hambre, en algo que a partir de entonces sería el detonante de los eventos futuros:
Un pavo (guajolote) preparado…
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Esa noche cenizas tuvo pesadillas relacionadas a lo que sería el inalcanzable suelo de comer un pavo, la idea de cambiar la rutina monótona y francamente fastidiosa de solo comer leguminosas y pan de maíz, por el capricho de degustar la carne de un guajolote…cuando pudo haberlo dicho a su madre, confeso, que si bien durante toda su vida había dado todo por su familia, por darles lo que él a veces no podía dignarse, comida sus raciones…sola repartirlas entre las más pequeñas. No quería sonar grosero, pero deseaba poder degustar un majar propio, solo para él y sin necesidad de compartirlo con nadie más
Su madre lo entendía, haba exigido mucho de su único hijo varón si era cierto que el deber del hombre de la casa era atender las necesidades de su familia pero claro cenizas no era el padre de las niñas, era su hermano mayor, y como hijo de ella, comprensible entender que también tenía derecho a algún capricho de vez en cuando. Ella estaba muy agradecida con Arceus por el hijo tan maravillosos o que había recibido y como madre devota que era, decidió cumplir con el pequeño sueño de su hijo.
Mama era tan astuta como humilde, y como mujer formada a la vieja escuela, tenía el deber de servir a un hombre en lo que refería cocinarle de la forma más adecuada. También era una mujer servicial y en disposición a cumplir bien su trabajo, cuando ella contaba con los instrumentos adecuados, en una ocasión días posteriores a la plática con su hijo una de sus mas "agradables" clientas había mal pagado por sus servicios refutando la falta de suavidad en sus cobijas, a consecuencia de ello, no le pago por su labor sino que le obligo a regresar con las mismas mantas hasta que estas estuviesen del gusto fino y exigente.
En pequeña retribución personal por no decir; venganza…mama se llevo uno de esos preciados guajolotes, con el ave entre sabanas emprendió la retirada astuta y sigilosa, cenizas había pasado esos días sin probar bocado alguno ella como piadosa madre, le compensaría por su auto renuencia a comer, y vaya forma de romper su ayuno.
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Esa tarde mientras cenizas estaba en el monte, mama había llegado con su tesoro, pero tenía un pequeño obstáculo, más bien diez obstáculos, las pequeñas que inocentemente jugaban cerca de la casa y que en cuanto supiesen que mama consiguió carne…solo el hecho de no sestar preparado impediría que se abalanzaran sobre el ave.
Después de una titánica tarea, mama consiguió "silenciar" al ave, esconderla en un sitio más o menos seguro y adecuado, prepararlo en la madrugada, limpiar las evidencias y tenerlo listo para su hijo cuando este saliese a trabajar, apenas un par de horas antes de que saliese el sol.
Cenizas se levanto de su catre, miro el plato de frijoles en su huacal y aun con el hambre en su punto luego de días sin comer; se jacto de no robar bocado y tomando sus herramientas partió rumbo al monte. –Cenizas. –Mama llamo a su hijo antes que este saliese del pueblo. –Por favor tomarlo… -Le ofreció el morral de la comida a su hijo. Este miro con seño triste, no quería faltarle respeto a su madre rechazando el morral pero seguía aferrado a su sueño.
-Es para que lo comas tu solo. Como lo habías deseado. –Ella le dijo en tono suplicante. Cuando volvió la vista, reviso el morral con cautela, apenas rebusco un poquito para descubrir que no era mentira. Entonces sorprendido Cenizas miro a su madre.
-¿Porque? ¿Por qué me lo das a mí y no a las niñas…? –Pregunto dudoso.
-Cenizas…yo eh pasado a vida completa deseando poder tener algo para mi sola, se que haces lo imposible por ayudarme a mí y a tus hermanas, pero no tienes la obligación de tu padre. Tú también tienes derecho a disgustarlo a tener algo para ti solo. Tu eres mi hijo también, el único hijo que tengo; y como el hombre que eres también mereces lo mejor. –Le sonrió con ternura, Cenizas asintió y reprimiendo las lagrimas tomo el morral y emprendió la marcha hacia el monte, esta vez; se tomaría un gran descanso para romper su ayuno y disfrutar del regalo que su madre le había dado.
No pensó que aquel día en el monte, Cenizas iba a tener algo más que el lujo de comer un guajolote…
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Cuando se hubo adentrado en el monte Cenizas eligió un clro donde podría degustar de su manjar. Sin embargo apenas iba a abrir su morral, unas botas martillaron sobre el tronco. Cenizas levanto la vista ante la impresión o el susto ¿Quién era el extraño que le sorprendió? Un hombre encapuchado con botas de espuelas, con vestimentas de charro, sombrero y capa incluidos, le sonrió, Cenizas nunca pudo contemplar su rostro o definirlo en un buen enfoque, después de todo el ángulo donde estaba y el sombrero le impedían hacerlo, lo que sí pudo distinguir fueron los ojos brillantes de ese hombre, brillosos como candiles infernales…al distinguirlo Cenizas tembló…sabia quien era ese hombre.
-Hola…compadre…-El hombre llamo con una voz áspera y en tono de broma. –Que rico guajolote tienes ahí. ¿Me podrías convidas un poco? –Pregunto a Cenizas quien se mostro ahora renuente. –Si me convidas un solo pedazo de la pechuga…te regalo mis espuelas, son de plata pura… -Le dijo aquel hombre que además de espuelas un fuete traía…y el mismo uso para apuntar a sus botas.
-Y yo para que quiero espuelas…Si ni botas ni caballo tengo. –Cenizas cuestiono en esta vez molesto y más que nada cauteloso, pues sabía bien de quien se tetaba ese hombre de extraña y sospechosa amabilidad.
-Entonces mira… ¿Vez? los botones en mi cinturón, son de oro puro. Si me das, un pedazo de huacal…te los regalo todos… -De nueva cuenta, el hombre ofreció una posesión suya, en realidad el comportamiento de ese hombre era demasiado sospechoso, los ropajes que vestía indicaban que tenía mucha riqueza, por lo tanto no tendría porque tener hambre, este no era su impulso por comer lo que provocaba que quisiera cambiar una pieza insignificante por cosas tan valiosas.
-Y yo para que quiero ese oro, no vez acaso mis ropajes…soy solo un simple leñador…alguien como yo, mas si es de mi edad, nunca llevaría oro consigo. Porque iba a aceptar entonces tu oro. Tu ni hambre has de tener.
-De acuerdo….de acuerdo…que te parece entonces compadre….si te regalo algo mas…Vez estos árboles. –Señalo a todo en derredor. –Todo este bosque, si solo me da una ala de ese guajolote. Te regalo todo este bosque, todo lo que vez en este monte será tuyo. Así podrás tener todo estos árboles y esta madera…que dices compadre. –Un último intento de convencerlo.
-¡Yo no soy tu compadre! Y tú no puedes darme este bosque porque ni siquiera es tuyo. Este bosque tan hermoso no puede ser tuyo…Giratina. Este bosque es propiedad de Arceus nuestro señor. –Sin vacilar y con todo el valor que pudo reunir. Cenizas desenmascaro al demonio que estaba al acecho tentándole. Giratina al verse descubierto y enojado por la negación de este joven claramente molesto golpeo su fuete en su pierna para luego retirarse de ahí.
Cenizas espero un tiempo considerable. Luego procedió a guardar su guajolote en su morral para luego retirarse a otro sitio. No supo porque ahora que tenía algo propio Giratina había venido a tentarlo…que mala suerte. Cuando se alejo considerablemente, más precisamente hasta el filo de un rio calmo, el sitio adecuado. Coloco su manjar encima de un tronco cortado y apenas iba a poner su almuerzo, una figura refinada y pulcra. Cenizas miro al filo del agua, entonces observo en la cima de una roca un señor de porte y humildad entremezclados, con vestimentas humildes, unos hábitos de color blanco, muy blanco; tanto que podría resplandecer en el viento. Al igual que sucedió con la anterior figura; este hombre ocultaba su rostro detrás de una capucha tan grande que ocultaba su rostro en la penumbra de sus hábitos.
-Usted también mi señor…-Cenizas pregunto con mucha pena.
-Cenizas, hijo mío. Por favor. ¿Podrías darme un pedazo de ese almuerzo tuyo? –El hombre llamo al joven leñador.
-Señor. ¿Porque…señor? Esta comida que es para usted…solo un animalito mas…tú no quieres tanto la comida por el hambre…más es tu interés en la acción señor. Un pedacito de esto para ti no es nada…tú tienes todo. Y para mi…esto es todo… -Cenizas dijo prácticamente con la vista clavada al suelo por la pena de no ser digno de ver al creador alabado de frente. –Lo siento señor Arceus…pero no puedo darte de mi guajolote. –Cuando volvió la mirada para verle, descubrió que el señor ya no estaba. Se sentía mal y triste, pero el apetit y su hambre insistente…pudieron más, forzándole a guardar el guajolote de nuevo en su morral a fin de moverse a un sitio más íntimo y privado donde comer.
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Finalmente lo había encontrado una péquela cuña que hacia como cueva, en la empinada de una cañada ofrecía el sitio adecuado para comer lejos del agua en caso de lluvia y atajado del sol, sin duda brindaba también una vista bonita del resto de la cañada. Finalmente y con la ansiedad de un niño, Cenizas puso su "mesa" saco su comida del moral, y apenas estaba a punto de tomar una pierna cuando sintió un frio en su espalda, luego pisadas suaves, sigilosas y sagaces. Entonces…la vio llegar.
Era una figura frágil de fluido andar, entonces miro a aquella entidad que iba vestida de forma humilde. Cenizas la miro aparecer…era una joven mujer, no sabía si de igual edad que él o quizá algo mayor, llevaba un sombrero de paja descuidado que ocultaba su rostro salvo, su largo cabello castaño miel. Entonces, a diferencia de anteriores figuras esta le encaro de frente, y de cerca; era una joven de hermosos ojos pálida piel y cuencas demacradas. Sus únicas pertenencias a parte de sus ropajes humildes, fueron un morral y un guaje que fungía de cantimplora.
-Por favor… -Dijo la joven…-Tengo mucha hambre…hace miles de años, que no como nada…podrías al menos darme un pedazo de ese guajolote tuyo. –La joven suplico con mucho apetito y su boca casi salivando después de degustar ese olor.
-Bueno…supongo...que a ti no te puedo decir que no. –Cenizas miro a la joven luego a su guajolote, supo de quien se trataba y no hubo duda en esta ocasión ni arrepentimiento. Simplemente su hora había llegado. Así fue como usando su cuchillo, partió su guajolote en dos e invito a la joven a sentarse junto a él para así, poder invitarle a su festín.
-Me das…así sin más… -La joven aparentemente sorprendida…pregunto buscando respuesta.
-Porque…tú tienes hambre. Por lo que veo un hambre más grande que el que pueda llegar a sentir yo. Y también…porque tu no das tiempo de nada…cuando tu apareces...ya no das tiempo de hacer nada y no decir nada. –Cenizas reprimió una lágrima, ni siquiera podría despedirse de sus hermanas, y seguro que tampoco de su madre, no pensó que ese día no la vería nunca más. –Ven vamos te invito la mitad de mi guajolote. Al menos comamos igual, acabemos con el hambre que tenemos. Ya después ajustamos cuentas tú y yo. Pero ahora vamos a comer…
Cenizas sintió algo de pesar, peo aun así…no estaba del todo triste, esta joven le acompañaría en su festín, y a pesar de saber ya quien era. No le importo. Por el momento ella sería su compañera en este banquete. Podría decirse que estaba en paz. Aquella joven no era más que la muerte, y si bien había venido ya por él, ahora seria participe en su última comida…Cenizas se aseguraría de disfrutarlo todo. El guajolote principalmente…y de su compañera que en cierto punto…era muy linda. ¿Qué más quería…?
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FIN.
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N.A: Como sabrán, después de leer estas líneas y de haber visto la obra de Bruno Traven…ya pueden darse una idea de cómo terminara esto. Así que solo queda desearles feliz 2 de Noviembre: Día de Muertos. Gracias y buenas noches.
