London Eye

Malfoy estaba impaciente; jamás fue paciente y ahora… la sabelotodo lo ponía a esperar.

Había pasado una semana desde que se puso a conocer a Granger y sus necesidades de enferma y descubrió que su temor de tener puntos muertos con ella… fueron innecesarios. Jamás en su vida había mantenido discusiones tan agotadoras y retadoras como las que ha mantenido con Granger. Nunca lo diría en voz alta pero Granger resultó ser una excelente persona debatiendo y digna oponente con la inteligencia suficiente para poder contraatacar correctamente sus argumentos mordaces y cínicos que muy pocas veces podían ser refutados. Habían hablado de todas las áreas de la magia; defensa contra las artes obscuras, adivinación (que ha sido la discusión más larga y frustrante que mantuvieron), transfiguraciones e historia de la magia. Potter tuvo que ir a interrumpirlos en más de una ocasión, ya sea por lo escandalosos o porque era la hora de comer. La sabelotodo le da un nuevo sentido a la palabra come-libros, simplemente recita de memoria las cosas. Y todo había funcionado muy bien hasta que el día anterior se había olvidado de los autores de sus libros favoritos. Después de eso ella no fue igual. No importó que él sacara nuevos temas merecedores de buenas horas de conversación, ella no aportaba nada que pueda argumentarse de regreso.

Comenzaba a ver los estragos que su golpe le provocaba. Hace dos días, la castaña se sorprendió al verlo llegar y resultó que se le había olvidado que ese día también se iban a ver, como siempre lo hacían. O por ejemplo, cuando hablaban de defensa, ella argumentó algo sobre no recuerda qué cosa, pero cuando quiso demostrarlo, el hechizo había desaparecido de su vocabulario y se excusó diciendo que suponía que había un hechizo pero que tal vez se había equivocado. Malfoy sabía que no se había equivocado, que efectivamente existía ese hechizo. Obviamente no se lo dijo.

La verdad, es que eso de perder la memoria ya no se le hacía tan divertido.

—¿Y a qué hora se supone que veremos a este doctorcito?— inquirió el rubio fríamente, viendo con desdén la puerta por la que irían a entrar en unos momentos, tratando de abrirla con la vista.

—Ya te lo dije Malfoy, nos recibirá en cuanto pueda.

Y sí, llevaba al menos media hora diciéndole lo mismo pero el doctor simplemente no aparecía por la puerta.

El hurón tenía los brazos cruzados y estaba elegantemente sentado junto a la castaña, que había llevado un libro para la espera, pero ya llevaba tiempo sin pasar la página. Disimuladamente, la observó de reojo y pudo ver que su rostro estaba contrariado en aflicción, nerviosismo y preocupación. Estaba a punto de hacer algo insólito y decirle que todo estará bien, cuando la puerta se abrió.

—¿Hermione Granger?

Así fue como pasaron a una oficina muy extraña con objetos que Malfoy no estaba del todo seguro de que estaban registrados ante el ministerio de magia pero no dijo nada.

—Buenos días Hermione, señor Malfoy— doctor Brooks entró como siempre revisando los papeles que tenía en una tabla de metal, hasta tomar asiento frente a ellos.

Draco estaba algo impresionado puesto que él no se había presentado pero aquel doctor lo había saludado… bueno, seguro lo reconoció. Lamentablemente era la viva imagen de su padre.

—Veamos Hermione, ¿cómo te has sentido?— preguntó David, tomando una pluma y preparándose para escribir.

Draco observaba atentamente la rutina que mantenían esas dos personas con mucha atención, procurando no dejar pasar ningún detalle. No entendía por qué tomaba aquellas actitudes poco características de él.

Hermione se encogió de hombros y puso una expresión de indiferencia y desgana.

—Igual que siempre supongo— aclaró.

—¿Algún incidente como los últimos?— cuestionó David con tranquilidad, ladeando la cabeza ligeramente.

Malfoy se sentía observando un partido de pin pon. Su cabeza iba de una lado al otro, analizando expresiones y preguntas, al igual que las respuestas, leyendo entre líneas y buscando dobles significados a lo que se diga. Escudriñaba gestos corporales y las respiraciones. Ser un Slytherin era menospreciado en muchas ocasiones.

Hermione se encogió de hombros, viendo fijamente al escritorio, no reunía los ojos con el del doctor Brooks. Malfoy frunció las cejas pues no entendiendo aquella actitud.

—Hermione, debes de decírmelo… — el doctor Brooks dejó su pluma a un lado y se acercó a la castaña ligeramente por sobre el escritorio. Malfoy continuaba viendo a la sabelotodo con una expresión impasible mientras el remolino de suposiciones revoloteaba dentro de su cabeza.

Ella cerró los ojos y talló sus cejas mientras decía.

—No… no sé si tengo más familia que mis padres, no sé si tenía tías y primos, no lo sé… no recuerdo si fui a una escuela antes de Hogwarts y sé que tiene que ser así pero no logro recordar… nada— su voz era reprochadora, como si se culpara a ella misma de lo que le sucedía y no poder recordar aquellas cosas.

El doctor Brooks asintió parsimoniosamente comprendiendo lo que le había comentado la bruja. Anotó las cosas dichas en las hojas que estaban en la tabla de metal y Draco se sentía completamente fuera de lugar, viendo fijamente a la mujer que molestó hasta el cansancio. Y se sintió… extraño. Era raro pensar que desaparecería. No le gustaba, pero no tenía nada que hacer, cuando ella olvide todo su trabajo sería concluido y la culpa que sentía habrá desaparecido y podría seguir con su vida.

—Sabías que esto iba a ser difícil, Hermione… y sabes que solamente será más complicado con el paso del tiempo.

Malfoy levantó una ceja y giró lentamente, como máquina con falta de aceite, para ver al hombre que dijo aquello, con la sensibilidad que tiene él hacia Weasley: ninguna. ¿A caso no podría haber sido más sutil… entender a Granger? ¡¿Y él qué hacía preocupándose por Granger?! Merlín, que ella olvidara pronto, por favor…

—Lo sé, pero es no le quita que es desesperante…

—Entiendo… y bueno, veo que finalmente conseguiste a alguien que esté contigo durante el día, ¿cómo se encuentra señor Malfoy?— cuestionó sonriente.

El joven aludido, que había estado sentado de una manera relajada y con los brazos cruzados, levantó su mirada fría y perturbadora para posarla sobre la mirada miel del doctor que trataba a la come libros, y se quedó en silencio unos momentos, evaluando a aquel hombre.

—Bien— dijo finalmente.

—Me alegro, bueno, supongo que ambos quieren que les explique un poco de cuál es el rol especifico que debe de adoptar el joven Malfoy.

El aludido claramente no dijo nada pero la castaña asintió vehemente, anhelando saber qué se supone que el hurón hará de ahora en adelante. Excelente haber dicho que no sería niñera de nadie y era justamente lo que estaba haciendo. Cuando su madre le preguntó hace un par de días qué es lo que hacía con Granger, él había dicho que discutir de temas interesantes porque era verdad, pero ahora se da cuenta de que eso iba a cambiar y pronto, y verdaderamente iba a convertirse en la niñera de la niña a su lado.

—Lo principal es saber lo más esencial de la señorita Granger. Rutina diaria, alergias, contactos de emergencia, las pociones que te entregué, además de unas medicinas que te daré hoy, dirección de tu casa o trabajo, además de la información básica de tu persona: nombre completo, edad, fecha de nacimiento y esas cosas. Después, es necesario que sepa las rutinas de emergencia.

—¿Rutinas de emergencia?— preguntaron Hermione y Draco al mismo tiempo.

—Así es… Hermione, tú mejor que nadie sabe lo intensos que pueden ser los dolores de cabeza pero has de haberte dado cuenta de que aumentan su intensidad. Habrá días que esa medicina no servirá y lo mejor es que te traigan a San Mungo cuanto antes, porque puede ser que la infección se esté expandiendo o tal vez el hueso se desplaza.

Malfoy estaba contrariado, a pesar de no mostrarlo en su rostro. ¿Infección, hueso? No sonaba muy placentero definitivamente. ¿No era mejor practicarle un hechizo desmemorisante a la castaña y listo?

—Por otro lado— continuó—, debe de saber que en los momentos de pánico debe de darte la medicina y tratar de hacerte entrar en calor porque la medicina baja mucho la temperatura corporal. Es necesario que sepa ser paciente porque a veces se te irán las cosas y habrá un momento en el que no lograrás hacer magia.

—¡¿Qué?!— Hermione se puso de pie sobresaltada pero Draco sabía que eso ya estaba sucediendo, y tenía el presentimiento de que no era la primera vez que le sucedía.

—Hermione no reacciones así, ya lo sabías… comenzarás a olvidar los hechizos o tal vez sí los recuerdes pero no sabrás si lo que crees saber es lo correcto y los hechizos saldrán mal… es peligroso y por eso tienes que estar con Malfoy en todo momento, ¿ahora entiendes por qué te decía que era necesario?

Las manos del rubio platinado se hicieron puños y tensó su quijada. ¿No poder hacer magia? Vamos, que hasta eso era un destino demasiado cruel para la bruja de pelo de arbusto. Muy en el fondo sentía lástima por esa bruja, creyendo que esa condena que la azoraba debería de ser la tortura digna de él, no de ella… ella no era mala, ¿por qué merlín le hacía eso? ¿por qué a él lo dejó libre después de sólo tres meses? El mundo estaba patas para arriba, ya nada tenía sentido. Granger… ¿sin hacer magia? Ni siquiera él podía aceptar eso, era increíble.

El doctor Brooks le hizo un examen extraño en la cabeza y finalmente los dejó ir, dándole unas nuevas medicinas. Eran una pequeñas grageas color marrón que tenía que tomar cada mañana después del desayuno. Supuestamente le ayudarán a tener los nervios más bajos y no tener estrés, o algo así decía el doctor. Les hizo cita para la próxima semana y finalmente salieron. Draco caminaba a paso decidido, seguido muy de cerca por la castaña.

—¿A dónde vamos?— inquirió ella, llegando tras dos largas zancadas al lado del alto y serio Slytherin.

—Hoy cumpliremos tu deseo número dos— antes de que la castaña pudiera preguntar cuál era, él le tomó del brazo y la obscuridad se cernió sobre ella.

Cuando Hermione pudo sentir tierra nuevamente debajo de sus pies, pudo abrir los ojos y darse cuenta de dónde estaba. Ella y Malfoy estaban dentro de un callejón obscuro entre dos restaurantes de comida rápida; estaban el Londres muggle.

La mano de Malfoy se cerró alrededor de la muñeca de la castaña y tiró de ella hacia la luz, caminando por entre la gente rumbo a la gran e imponente rueda de la fortuna a la orilla del Támesis.

Oh merlín…

Hermione definitivamente no estaba preparado para eso aún, pero la mano de Malfoy no la soltaba por ningún instante, tirándola con fuerza hacia la fila que había para subirse. Las palabras se habían escapado de su boca, no tenía voz para pedir que se fueran de ahí, no quería subirse, ya no quería ese deseo.

Su corazón comenzó a latir con fuerza, sintiendo que la sangre recorría su cuerpo con una velocidad que difícilmente se catalogaría como sano. Pero Malfoy no habría ido hasta ahí para nada, ella lo sabía.

Se detuvieron en la fila y fue entonces que se dieron cuenta de que permanecían con las manos –algo así– unidas. Como de película, Malfoy la soltó y ambos dieron un paso al otro extremo para mantenerse alejados.

La fila avanzaba demasiado rápido para gusto de la castaña, que estaba desesperadamente buscando una forma para salir corriendo pero le era imposible ver una salida entre tanta gente, además sabiendo que Malfoy la detendría antes de verdaderamente poder huir. Tragó saliva con dificultad, ¿por qué no pensó mejor sus deseos, sueños o cosas que quería hacer? ¿por qué?

El momento de la verdad llegó y pudieron entrar a una de las esferas que la elevaría por los aires. Al haber muy poca gente, pudieron subirse solos, lo que era perfecto. Mucha gente pudo haber ocasionado que le dé claustrofobia o algo por el estilo y definitivamente nadie quería ver eso. Malfoy se recargó en el vidrio, viendo con desagrado hacia fuera, mientras que Granger se sentó en el banco central, aferrándose con sus manos a las orillas del asiento y cerrando los ojos con fuerza.

Bueno… no se sentía tanto como esperaba que se sintiera pero eso no le quitaba la sensación de estar suspendida por los aires en una increíblemente frágil esfera que podría caer con ellos dentro y sería el final de todo. ¿Cómo la gente se había podido subir a esa cosa? Ahora recordaba perfectamente porqué ella no se pudo subir en ese viaje escolar; el pánico la azoraba y simplemente no pudo cruzar la barrera que la separaba de tierra firme y la esfera. Y ésta vez hubiera sido igual si no hubiera sido por que Malfoy la empujó hasta que entró, sin reparar en que estaba lívida y temblando de pies a cabeza. Él simplemente la ignoró, vaya compañía que era.

Intentaba con todas sus fuerzas controlar su respiración, y tratar de relajarse un poco pues todo su cuerpo estaba engarrotado en esa posición y estaba segura de que no habría algo que lograra moverla hasta que llegaran a tierra. Simplemente nada.

—Granger, ¿qué haces?— inquirió de repente Malfoy, rompiendo la línea de pensamiento que llevaba teniendo por quién sabe cuanto tiempo— Tanto querías subirte, ahora ven a ver…

La castaña abrió los ojos a duras penas, viendo a su alrededor solamente cielo, nada más. No se alcanzaba a ver algo que le indicara que estaba cerca de la tierra y eso simplemente ocasionó que soltara un suave jadeo de terror y cerró los ojos con fuerza, arrugando la piel alrededor de ellos y después se puso a negar violentamente la cabeza.

—¿Hay una razón o simplemente eres demasiado complicada?— escuchó la voz más cerca pero no se atrevió a abrir los ojos.

Escuchó pasos acercándose a ella, y quería gritar, que se detuviera, que no se moviera porque el movimiento puede causar de todo; que la esfera se mueva y después algo puede fallar y pueden caer al vacío y simplemente estos pensamientos no la estaban ayudando en nada.

—Dije que quería subirme pero no… — tragó saliva. Su voz sonaba entrecortada y forzada—no puedo, no… no…

Pudo sentir que el rubio oxigenado se sentaba a su lado, rozando ligeramente su pierna con la de él. Podía sentir lo frustrado que estaba, simplemente emanaba aquel enojo con sorprendente facilidad que desconcertaba a las personas pero que poco a poco Hermione se estaba acostumbrando e incluso saber manejarlo.

—No, ¿qué?— gruñó— Articula Granger.

Parecía que estaba dándole una lección de modales o etiqueta, donde a los niños pequeños les enseñan qué decir y qué no, cómo y de qué manera, al igual que enseñarles dónde. Supone la castaña que entre esas lecciones estuvo, no decir tonterías, decir las cosas directamente y no dudaba ni un segundo en que Malfoy aprobara esa clase con sobresaliente, pues efectivamente él hablaba solamente cuando lo creía extremadamente necesario y no decía más de lo debido, además de que era directo, cero rodeos.

Hermione abrió los ojos y giró su cabeza para enfrentar al heredero Malfoy. El rostro del joven estaba algo cerca al suyo pero no le importó. Tampoco a él, él solamente observaba el miedo que había en esos ojos peculiares de color chocolate.

—Le tengo miedo en las alturas— confesó ella después de unos minutos en silencio.

Bueno, Granger cada vez demostraba ser menos inteligente, ¿por qué quería hacer esto si prácticamente la estaba matando del miedo? Jamás lograría comprenderla y… tampoco lo haría nunca. Alejando esos pensamientos se puso de pie, entre enojado por el espectáculo que estaba haciendo (gracias a merlín que estaban solos) y dispuesto a ayudarla un poco, después de todo, le había dicho que harían las cosas juntos.

—Ven… no dejaré que nada te pase— estaba serio, impasible, pero con una mano extendida hacia ella, firme, sin titubear. Sus palabras habían sido un mero susurro pero perfectamente audible.

Los ojos chocolates se quedaron prendidos en los ojos de hielo, imposible de derretir, imposibles de olvidar. Así estuvieron viéndose fijamente por el minuto más largo de la historia hasta que finalmente ella parpadeó. Draco habló con tal seguridad y confianza, que Hermione no tuvo más que extender su mano y tomar la de él, aferrándose con fuerza y sintiendo cómo sutilmente él tiraba de ella y la ponía de pie.

En un instante, él estaba detrás de ella, empujándola suavemente por la espalda baja sin soltar la otra mano, haciéndola dar pasos reticentes hasta quedar frente al cristal que los protegía de los fuertes vientos y les aseguraba protección de caer. Al menos así lo veía él, ella aseguraría que era demasiado frágil y con el mínimo roce se podría romper.

La mano en la espalda de la castaña se deslizó rodeándola y delineando su cintura hasta llegar a estar en el abdomen de la bruja, mandando escalofríos inexplicables por el cuerpo de la mujer pero hizo todo por evitar demostrarlo. Ella intentaba retroceder pero el pecho del hombre se había convertido en una pared de roca que le impedía el paso. Tragó saliva y estrujó la mano pétrea y fría de Malfoy, enterrando sus uñas en su piel pero él jamás se quejó. Su otra mano estaba aferrándose con dependencia en el barandal de metal que había junto al cristal.

—Abre los ojos— susurró él, haciendo que su aliento olor a menta rozara la piel de su oído y… simplemente obedeció, sin darse cuenta de que los había tenido cerrados por todo ese tiempo.

Sus párpados poco a poco dieron paso a sus ojos para poder observar las maravillas que se exponían del otro lado. Era exactamente como lo había imaginado. El sol se reflejaba en las ondas que se hacían a lo largo del Támesis. Alcanzaba a ver los coches miniatura moverse en perfecta sincronía por las calles, levando a gente dentro. Las personas se veían pequeñas, atestando las calles, unos corriendo al saberse llegando tarde a alguna cita o caminando tranquilamente por la acera, saboreando un delicioso té de hierbas. Alcanzaba a ver a parejas junto a los puentes, sonrientes y lanzando una moneda por detrás de sus hombros, girando rápidamente para ver dónde caía la representación de uno de sus deseos. Veía a los niños correr entre los puestos de comida rápida y los magos que se instalaban en la calle. Simplemente todo se veía maravilloso. Era ver un mundo entero desde una nueva perspectiva.

—¿Lo ves?— volvió a hablar él.

Ella no sabía a qué se refería, si a lo hermoso que era todo o a que él no iba a dejar que nada le pasara. No quiso averiguar, simplemente asintió sonriente hasta que una pequeña risa salió por entre sus labios.

No pudo ver, la sonrisa de lado casi imperceptible que puso el de ojos de acero, al verla sonreír.

No podía creer que estuvo a punto de perderse esa maravilla por el miedo que sentía. No puede creer que pudo haberse quedado ciega de esa maravilla deslumbrante y simplemente perfecta que ahora se guardaba en su memoria como uno de los mejores momentos de su vida, y no le deprimió saber que se iba a olvidar de eso, no… simplemente la llevó a apreciar cada segundo, atesorar cada detalle que sus ojos captaban. Y todo era gracias a la persona que la sostenía con fuerza, tratando de brindarle la seguridad que le prometió hace unos momentos. No les incomodaba estar tan cerca, nada de eso. Simplemente ni siquiera estaban consientes de esta cercanía. Cada uno estaba en sus cavilaciones.

Lamentable, los momentos como esos no duran para siempre y todo tiene su final. La esfera llegó a la superficie y con cuidado, Draco se separó de ella, más no les soltó la mano hasta que ella puso ambos pies en tierra firme. Después de que ella respirara el aire fresco, se separaron y no dijeron nada al respecto.

Comenzaron a caminar por la calle, sin rumbo fijo, viendo a los artistas de la calle, haciendo pinturas raudas o a las personas que se disfrazaban de personajes de películas muggles o los que se hacían pasar por estatuas o máquinas. Caminaban tranquilamente, silenciosamente.

—Gracias Malfoy — dijo de repente la castaña, levantando la mirada y viéndolo con una tenue sonrisa.

Más el no volteó a verla. Simplemente asintió y continuó con su caminar arrogante y altivo.

—No hay de qué, Granger— finalmente comentó, después de cinco minutos.

Aún les quedaba un poco de la tarde y decidieron comer en un restaurante de comida China que muy al pesar de Malfoy, estuvo delicioso. Él no dejó de quejarse de lo sucio y lo grotesco que se veía todo, más su plato quedó limpio y dejó de hablar al respecto.

Unas punzadas comenzaron a hacerse presente en la cabeza de la bruja, pero decidió ignorarlas, no queriendo que eso estropeara su día tan relajado, y más aún después de las noticias que tuvo en la mañana. Era algo muy fuerte para una bruja saber que no iba a poder hacer magia en algún momento, pero agradeció de todo corazón que Malfoy no hablara de eso, aunque el tema nunca salió de esa cabeza fría y calculadora.

El sol comenzaba a caer y decidieron pasar a comprar un helado antes de que él la regresara a Grimmauld Place. Habían decidió regresar temprano para que Malfoy no tenga que estar tanto tiempo a su lado y a pesar de que él dijera –una sola vez– que no era necesario (obviamente no iba a insistir más), ella le dijo que ni hablar y accedió finalmente a regresar antes.

Comenzaron a caminar tranquilamente, comentando un poco acerca del mundo muggle, o más bien ella hablaba y él escuchaba aunque en su mente sólo le imploraba a los dioses por que ella se callara. Finalmente compraron el helado y se sentaron en una banca, viendo hacia el río y disfrutando del sol en sus pálidas pieles.

Pero entonces, la castaña sintió una gran punzada en su cabeza y levantó la mano para presionarla en su frente, cerrando los ojos con demasiada fuerza y frunciendo los labios. En un principio, Malfoy no se había dado cuenta de eso hasta que reparó que la chillona y desesperante voz de Granger se había dejado de escuchar y volteó a verla, para encontrarse con esa extraña pose que tenía, apretando el helado que estaba a punto de romperse y su rostro contorsionado de esa manera.

—¿Qué sucede?— preguntó tratando de encubrir el miedo y pánico sin mucho éxito, no que la mujer reparara en eso.

El dolor se estaba volviendo muy fuerte, casi insoportable. Una pequeña gota de agua se resbaló por la comisura de su ojos y soltó el helado para poder llevar la otra mano al lugar del dolor.

—Mi cabeza… ¡ay!— chilló de dolor, doblándose sobre sí aún sosteniendo su cabeza que juraba esta vez iba a explotar.

—¿Qué hago?— preguntó Malfoy, dejando su helado a un lado o lanzándolo, Hermione no supo qué hizo con él, pero sí sintió sus manos en los hombros de la castaña y su mirada perforadora sobre ella, tratando de averiguar cómo ayudarla.

Vaya compañía…

—Mi bolso… ay, mi bolso…— señaló a la bolsa de mano que ahora estaba en los pies de la bruja.

Él comprendió que necesitaba tomarse la poción color verde y comenzó a buscar el vial que contenía aquel líquido viscoso. Finalmente lo halló y quitó el tapón para prácticamente ponerlo en los labios de la castaña y verter la poción en la garganta de la sabelotodo. Poco a poco, las punzadas fueron mermando, dándole a la castaña una sensación de des inflamación y de tranquilidad. Sus músculos comenzaron a des tensarse y pudo respirar con normalidad.

Cuando por fin estuvo bien, Malfoy pensó que era mejor que regresaran a la casa del primo de su madre y así fue que llegaron al mismo callejón en el que apreciaron y se fueron a la casa del ex prisionero de Azkaban (al parecer eso corre en la familia). Él no quiso entrar a la casa y se quedó en el umbral, viendo a la castaña abrir la puerta con unas llaves. Tal vez sería buena idea que él tuviera un copia, a lo mejor se lo diría después.

—Gracias… — ella se volteó a verlo cuando la puerta estuvo abierta. Le sonreía débilmente— y lamento eso— levantó su mano, para indicar lo que sucedió tanto dentro de la esfera de cristal como el dolor de cabeza.

Draco asintió con el rostro impasible y su mirada de hierro imperturbable.

—Ni lo menciones… gracias a merlín que estuve ahí— señaló y finalmente dio media vuelta para irse.

Cuando su cuerpo dejó de verse, Hermione se recargó en el marco de la puerta y sonrió tontamente viendo a la nada, ligeramente extrañada y desconcertada.

—Sí… gracias a merlín.


Gracias por leer ;)

Chica Cuervo: espero que tengas pronto tu lista! yo tampoco la he terminado ha decir verdad! y comparto tu opinión, Malfoy irá viendo poco a poco las cosas como son y todo cambiará, pero todo a su tiempo. Gracias por comentar, besos, xoxox.

ShioOh: Oh, linda y espérate que la cosa apenas empiezas! y las novelas chinas también son dramas, muy recomendadas! gracias por comentar, besos, xoxox

PinknOz95: hahahaha qué bueno que te ha gustado el final, y espero que hayas disfrutado este capitulo por igual! ya nos vamos acercando un poco al Dramione que tanto esperas. Gracias por comentar, besos, xoxox.

Clara: bueno, pues qué bueno que te ha gustado! y sí, lo he hecho muy frío pero vamos, fue liberado hace muy poco de la cárcel, él sintiendo culpable, muchos sentimientos nuevos, vamos que simplemente aumentó y se multiplicó su frialdad! tenía que ser, ya veremos si es que ese hielo se va rompiendo poco a poco!. hahaha y bote, bueno reina tenía que ser así para que se haga la historia, déjame ser! ahhahaah broma, broma! pero sí, se puede decir que el tío tendrá algo que ver, tal vez. y del capitulo anterior, bueno sí, ahora "pintar" tiene mucho sentido hahhahaha pero tienes razón, si él supiera que está en un Dramione, bueno ni te digo! hhahahha gracias por comentar, besos, xoxox

The Lady Annabelle: sí, está viendo las cosas un poco diferentes pero aún no está del todo consciente de lo que verdaderamente pasa, ya veremos su evolución a lo largo de los capítulos! espero que te gusten y gracias por comentar, besos, xoxox