¡Lo tenías planeado!

Draco Malfoy y Hermione Granger salían del consultorio del doctor Brooks cada uno en sus pensamientos. Para la gente de aquel pasillo, ya no se le hacía extraño ver al ex Mortífago con la heroína del mundo mágico, aunque realmente no sabían la razón por la que iban. Malfoy le había comentado a David Brooks acerca de cómo él vino a enterarse de la condición de la señorita Granger y aquel doctor le prometió que hablaría con todo el personal del pasillo pidiendo discreción. Hermione no pudo quitarle la mirada al de ojos grises. Jamás se hubiera esperado que él buscara su bienestar… pero después de pensarlo unos segundos, se dio cuenta de que tal vez él simplemente se preocupaba de la imagen que tenía de niño malo, y ella sabía que él no quería que se supiera que estaba con ella para ganarse ese tan anhelado perdón. No pudo evitar sentirse un poco mal acerca de eso, pero de todos modos agradeció esa preocupación. Y eso, lamentablemente fue lo único que estuvo bien en la consulta de ese día.

Caminaban en silencio, acercándose a la línea de chimeneas, aunque jamás las utilicen. Draco normalmente la tomaba por el codo y los desaparecía al árbol en el parque cerca de la antigua y noble casa de los Black. Y así fue que al llegar al lugar en el que siempre desaparecían, la mano fría y áspera del Slytherin se deslizó por su brazo, aprisionándola y llevándosela con él a la obscuridad, hasta que finalmente llegaron a tierra firme. Malfoy, sin siquiera voltear a verla comenzó a caminar. Habían llegado a un callejón obscuro en lo que parecía ser Londres muggle. Granger, sin estar de humor, caminó algo reticente detrás de él, hasta que finalmente salieron a la luz del día. Era una calle muy transitada, con coches y los edificios no era exuberantes o muy llamativos.

—¿Y ahora qué vamos a hacer?— preguntó con la voz más controlada que pudo convocar, llegando a su lado y tratando de caminar a su mismo ritmo.

Malfoy la observó de reojo con esa seriedad tan imperturbable y sus ojos fríos cual nieve. Granger caminaba con un rostro con los músculos completamente controlados. Sus ojos estaban ligeramente vidriosos y veía al frente con decisión, mostrando que trataba con todas sus fuerzas construir una barrera de frialdad y de fortaleza que Malfoy sabía no duraría.

—Granger, no tienes porqué hacerte la dura… — comentó finalmente, con las manos en los bolsillos y doblando una esquina, sorprendiendo a la castaña.

—¡No me hago la dura!— exclamó ella con voz chillona, trotando porque debido a la declaración del rubio oxigenado, se había quedado estática en su lugar.

Finalmente lo alcanzó y sus cejas estaban más fruncidas y su mirada más firme, para sorpresa del príncipe de las serpientes, que había supuesto que ya se abría derrumbado. Aunque a decir verdad, ya llevaba con la bruja enferma más de un mes y en ninguna ocasión la había visto desmoronarse debido a su condición. Era fuerte y valiente, digna miembro de la casa de los leones. Admitía a regañadientes que admiraba eso de ella.

—¿Entonces niegas que esta cita te ha afectado?— inquirió, sabiendo que metía los dedos en la herida pero no le importaba. A sabiendas de que a ella le dolía, no le molestaba hacerla enojar.

—Efectivamente— la terca bruja se cruzó de brazos pero ¡ajá! Malfoy alcanzó a ver que sus ojos bajaban al piso raudamente en una expresión de profunda tristeza.

Los ojos chocolates habían resplandecido por un momento con el usual destello que cubría la mirada cuando había algo en el alma: Pérdida. Malfoy lo sabía y entendía que no debería de meter más la mano en la herida, y hacer que continúe sangrando, pero no podía evitarlo. Ya había pasado tanto desde que había molestado a la castaña, que ahora simplemente fluí de manera natural y él estaba completamente extasiado al ver su dolor.

Sabía que era un bastardo malnacido, pero hey… ¿qué se le puede hacer a la realidad?

—Supongo entonces— continuó, como no queriendo la cosa—, que no saber la fecha del cumpleaños de Weasley y Potter no te ha alterado en nada— se encogió de hombros, como si lo que dijo no hubiera sido la gran cosa.

Hermione levantó el mentón y tensó la quijada, luchando consigo misma por mantenerse firme, distante a la realidad. Sus manos se convirtieron en puños e inhaló aire lenta y ruidosamente, tratando de seguir con esa postura indiferente, poco común en la castaña. Draco evitaba sonreír al verla de esa manera.

—En lo más mínimo— espetó la castaña, cruzándose de brazos.

Malfoy relamió sus labios y una ligera curvatura apareció en sus comisuras, más volteó a un lado para que Granger no pudiera verlo. Sus ojos destellaban con malicia y su cuerpo ardía en emoción. No podía creer que molestarla resulte ser una actividad bastante entretenida, debería de hacerlo más seguido.

Continuaban caminando, Granger siguiendo a Malfoy y Draco guiando el camino. Él sabía perfectamente a dónde iban pero no se lo iba a decir, no hasta que llegaran al lugar indicado. Se adentraron a un pequeño parque, nada similar con el que estaba cera de Grimmauld place. Este simplemente era un césped verde, con caminos que llevaban hacia el centro, que tenía una gran fuente y obviamente, estaba rodeado de árboles de gran tamaño, perfectos para dar sombra en ese sol tan desesperante. Hermione iba desorientada, no conociendo esa zona de Londres, aunque no se lo diría al hurón oxigenado, para su satisfacción.

—Vamos Granger, sabes que conmigo ya no puedes pretender— comentó él.

Ofendida, Hermione levantó la mirada para verlo y pudo ver el destello burlesco en sus ojos grises, que estaban extrañamente más cálidos que lo usual, o sea nada. La sonrisa arrogante casi imperceptible le decía a Granger que él estaba regocijándose en el silencioso sufrimiento de la Gryffindor. Inconscientemente comenzaron a disminuir el ritmo de sus paso, haciendo un caminar muy pausado. Malfoy se sintió ligeramente, solamente un poco intimidado, por el escrutinio de su rostro por parte de la sabelotodo. Esos ojos chocolates pasaban a gran velocidad por cada facción de su rostro inexpresivo y pálido, y él intentaba que ella no notara mucho lo que él pensaba.

Pero ella lo hizo.

—¡Es horrible, ¿está bien?! — gritó con voz chillona, dando media vuelta y caminando con demasiada velocidad por donde habían venido.

Draco se sorprendió al ver esa reacción y se quedó estático en su lugar por tan sólo unos segundos, pero para cuando giró para verla, ella ya estaba a unos buenos metros de distancia, caminando con fuerza. Cada paso que daba la menuda bruja era dado para descargar la gran furia y la gran tristeza que tenía. Sus manos continuaban en puño y su cabello rizado y revoltoso, brincaba con cierto toque de gracia. Malfoy no tardó en reaccionar, sonriente al saberla ofendida, indignada y claramente deprimida, y corrió hacia ella. Debido a que era muy alto y con piernas largas, la alcanzó en solamente un par de zancadas. Estiró sus mano y la alcanzó a tomar por el codo, deteniéndola abruptamente e incluso haciéndola girar para enfrentarlo.

—Hey, espera ¿a dónde vas?— preguntó algo serio al verla.

Ella estaba con las mejillas sonrosadas por el enojo, pero su mirada contaba otra historia que la de su cuerpo. Sus ojos que siempre estaba brillando; cuando hablaba, discutía e incluso al estar enojada (cosa que le sorprendía al ex Mortífago como pocas cosas lograban hacerlo), estaban increíblemente opacos. Simplemente era un profundo y obscuro color café, sin vida… aunque sí había algo que solamente él podría detectar. Había el más grande y el más profundo dolor que él le había visto en todo el tiempo que llevaban conviviendo. No había comparación con nada. Se podía percibir que el dolor era más intenso que la sensación de miles de cuchillos atravesando tu cuerpo, proveniente de alguna maldición imperdonable. Más sufrimiento que la sensación de estarse ahogando lentamente y más agónico que el desmembramiento de un brazo sin anestesia. Simplemente se veían… vacíos, y eso lo perturbó.

—¡Lo más lejos de ti si es posible!— encolerizó la castaña.

En una raudo movimiento, ella logró zafarse del agarre y retrocedió dos pasos, pero Malfoy no iba a dejar que se escapara de nuevo, no después de lo que él había hecho. Él había ido a Londres muggle para investigar acerca de este lugar en especifico, solamente para que ella lo disfrutara. Tardó horas en finalmente dar con un buen lugar y no iba a dejar que –técnicamente por su culpa– ella se fuera así nomás. No señor, ella iría a dónde él quisiera y punto.

—Oh vamos, que no he dicho nada para que te pusieras así conmigo— bueno… esa era una mentira muy descarada, incluso para él. Y técnicamente, muy en el fondo, aquella era una disculpa tácita porque era su culpa que ella se haya puesto de esa manera, y verle esos ojos así de obscuros, hizo que algo pesado cayera en su pecho, y la sensación era simplemente incómoda.

—¡Suéltame!— gruñó ella con las cejas fruncidas y tratando inútilmente que él la soltara, más su agarre era bastante apretado.

Mucha gente que pasaba por ahí, los volteaba a ver con ojos curiosos y con la morbosidad de saber lo que sucedía con esa pareja. Malfoy odiaba que lo vieran de esa manera y Granger continuaba intentando salvarse de su mano… bueno, por una razón era una serpiente. Ellos sabían manipular de una manera discreta, Granger no sabría qué sucedió pero terminaría haciendo lo que él quiere.

—Verdaderamente eres desesperante Granger…— dijo Malfoy con voz seca y la mirada fría perdida en un lugar cualquiera— ¡me rindo!

Sin más, la soltó y él dio media vuelta para comenzar a caminar por el camino que estaban siguiendo originalmente, antes del arrebato de la come libros. Iba con sus espalda recta y el mentón en alto, viendo directamente al frente y emanando un aura de superioridad digna de la realeza. Sus manos iban en los bolsillos de su pantalón y su caminar era tranquilo, no había prisa, sabía que ella entraría en razón tarde o temprano. Sus ojos grises, imperturbables y usualmente inexpresivos, brillaban ligeramente con el resplandor de la malicia y la arrogancia.

Granger se quedó en sus lugar, viéndolo indignada y con sus delgadas cejas extremadamente fruncidas. Pues que se fuera… ¿a ella qué le importaba? Se cruzó de brazos, viéndolo alejarse lentamente sintiéndose el señor y amo del mundo, como si nadie estuviera a su altura ¡por favor! ¿podría a caso ser más engreído? Le hacía falta un muy buen golpe en su orgullo para que se baje de esa nube de dios que se creó para él solo. Pero entonces, cuando él estaba más lejos y más lejos, se dio cuenta de que verdaderamente él se iba a ir y la iba a dejar sola en ese lugar que no conocía. El pensamiento la puso algo nerviosa y muy a su pesar…

—¡¿A dónde vas?!— chilló ella.

Malfoy sonrió casi imperceptiblemente… sí, ya la tenía. Giró su rostro para solamente mostrar su perfil.

—¡Simplemente sígueme!

Hermione abrió la boca, ¿pues qué se creía éste? Pero muy, muy a su pesar, sus pies comenzaron a moverse con voluntad propia, siguiendo los pasos del rubio platinado, que al reparar en que ella le seguía, bajó el ritmo de su caminar para esperara a que ella estuviera a su lado. Podía verla de reojo, claramente enojada pero no hablaba. Simplemente miraba al frente con toda la dignidad que tenía y ni siquiera dijo algún comentario hiriente o un intento de ofenderlo a él, después de todo se lo merecía. No. Simplemente se movía a su lado.

Poco a poco los árboles comenzaron a ser menos y finalmente llegaron al otro extremo del parque. Se detuvieron en la acera y la castaña se mostraba curiosa y extrañada, ¿qué estaban haciendo ahí? Malfoy miraba a cada lado de la calle y cuando la calle fue segura para cruzar, comenzó a andar, seguido segundos después por la leona confundida. Fue hasta que estaban en el centro de la calle que ella se dio cuenta a qué local se estaban dirigiendo. Había un local muy aburrido, de colores grises que prácticamente parecía una bodega gigante, pero fue el gran letrero en la cima lo que hizo que la castaña pusiera la sonrisa más radiante y más feliz que le habían visto jamás.

El letrero, era de colores rojos blancos y azules. era muy sencillo pero lo que decía era suficiente. "Pista de patinaje", decorado con unos hermosos patines y unos cuantos copos de nieve. Soltó unas risitas y tuvo que detener sus manos antes de que se pusiera a aplaudir como una niña pequeña. Malfoy alcanzó a escuchar la voz de Granger y volteó a verla, analizando y reparando en el hecho de que una –no tan fea– sonrisa se mostraba en el rostro de Granger, pero cuando ella se dio cuenta de que él la veía, se mostró seria e indiferente.

—¿Y ese cambio de humor?— preguntó el rubio platinado sin siquiera voltear a verla, pero comportándose como un caballero y abriéndole la puerta del loca.

—Oh nada… — ella se encogió de hombros mientras pasaba por el marco de la puerta—solamente estoy muy feliz de que cumplamos este deseo el día de hoy.

Malfoy entró y ambos se quedaron en la entrada, observando el panorama que los recibía. La gran pista ovalada y de espectacular tamaño se extendía ante sus ojos con varias decenas de patinadores dando vueltas y algunos incluso llegaban a saltar. A su lado izquierdo se extendía una cafetería de comida rápida con varias mesas y sillas de metal, mientras que al lado derecho, había una pequeña caseta con dos o tres jóvenes, que daban los patines. A un lado de ellos, era la renta del equipo.

Recordaba el día que hizo la lista y el pensamiento que tuvo acerca de ese deseo. Su deseo oculto y no pudo haber llegado en mejor momento. Finalmente tendría la oportunidad de burlarse de Malfoy, haciéndolo probar un poco de su propia medicina y lo mismo que pensaba hace unos momentos, darle en su orgullo, donde más le duele. La historia era sencilla pero muy placentera. Tenía la imagen en su cabeza, Malfoy sobre sus patines, cayéndose sobre el hielo y finalmente avergonzado ante la castaña, es una de las cosas que lamentaría olvidar.

Oh, la venganza es dulce.

Malfoy extendió su mano y para su sorpresa, él le entregaba unos guantes y un gorro de lana tejido color rosa muy obscuro. Extrañada, ella lo observó y después conectó sus ojos con los de él, intentando averiguar el hecho, pero él se encogió de hombros y no dijo nada. Lo tomó y se cubrió la cabeza y las manos, siendo hasta ese momento consiente de que en ese lugar hacía frío y ella definitivamente no estaba lista. Llevaba una blusa de manga corta color lila y unos shorts de mezclilla… no es la ropa idónea. Pero entonces, su ropa cambio. Sorprendida vio cómo sus shorts se transformaban en una falda de holanes rosa obscuro a juego con sus guantes y gorro. Unas mallas negras cubrieron sus piernas y sus brazos se vieron rodeados por tela de color negro por igual. Levantó la mirada alarmada y miró que Malfoy también estaba cambiado. Con pánico miró a su alrededor y al parecer nadie los había visto. Eso no impedía que el corazón de la bruja latiera a mil por hora, ¡eso fue una imprudencia! Los pudieron haber visto y no quería ni pensar en las consecuencias…

Finalmente y con muchas miradas amenazadoras por parte de la castaña, se acercaron a la alargada mesa para rentar los equipos. Draco Malfoy fue el que habló primero, pidiendo un equipo para mujer y para sorpresa de Hermione, sacó dinero muggle y pagó el equipo de ella. Los administradores recibieron el dinero y le entregaron un boleto que indicaba que ya estaba pagado y podría pasar a recoger sus patines.

—Diviértete— indicó Malfoy, entregándole el pequeño papel sellado.

Hermione observó fijamente el boleto, parpadeó y finalmente levantó la mirada con una ceja levantada.

—¿Qué?— cuestionó, dándole la oportunidad de cambiar de idea aunque sabía que no sería así— Ah, no… tú también vienes— lo señaló.

Malfoy abrió los ojos desmesuradamente al escuchar ese tono de voz en la pasible leona. Pero Hermione no iba a dejar pasar esta oportunidad.

—Pero tú estás loca— apuntó él, abriendo los ojos de par en par y viéndola con incredulidad y desdén—, jamás me subiré en esas cosas, claro que no.

Cual niño pequeño, el heredero Malfoy se cruzó de brazos. Realmente no iba a hacer eso. ¿Cómo las personas podían mantener el balance en dos pequeñas y afiladas, extremadamente peligrosas hojas de meta? Los muggles verdaderamente estaban locos, chiflados. Él jamás se expondría de esa manera, no señor. Esta vez sería fuerte, no había manera de que la pequeña bruja delante de él pudiera hacerlo cambiar de opinión.

Pero nuevamente, Hermione no puso aquel deseo por nada. Ella lo vería patinar en hielo, cueste lo que cueste. Y sí, podía ser que efectivamente las serpientes podían manipular a su antojo y de manera imperceptible a las personas, pero nunca subestimes a una leona que verdaderamente quiere ver algo y disfrutar de eso el tiempo que dure, no importa lo corto que pueda ser.

Dio un paso, acercándose peligrosamente al estático Malfoy, que levantó una ceja al verla acercarse más de lo que era normal entre ellos. Hermione entrelazó sus manos en su abdomen y levantó la cabeza para poder verlo directamente a los ojos. Sabía que lo que estaba a punto de hacer era jugar sucio, pero hey, eso de juntarse con Malfoy no siempre era beneficioso. Al menos no en todos los casos.

—Vamos… —arrastró la palabra viéndolo con inocencia y suplicia— prometiste hacer las cosas conmigo — Malfoy entrecerró los ojos. Definitivamente eso era jugar sucio, pero Hermione no había dejado de estar en su papel de tahúr, aún le faltaba una pieza— o ¿qué? ¿tienes miedo?

¿Cómo osaba la ratona de biblioteca a cuestionar su valentía? Vale que no era un Gryffindor pero tampoco era una rata miedosa. ¡Él jugaba Quidditch! El deporte más peligroso que había en el mundo y estaba seguro de que Potter secundaría su moción, ambos habían tenido una buena cantidad de golpes durante los entrenamientos o los partidos. Y esa… esa bruja desquiciante y demasiado atosigante le estaba cuestionando si tenía o no el valor de subirse a unos estúpidos zapatos para deslizarse de manera estúpida por el estúpido hielo. Estúpida Granger. Ofendido hasta lo más profundo de su ser, se giró para rentar un equipo masculino, sin poder ver la sonrisa victoriosa de la castaña.

Finalmente se acercaron a la caseta para poder pedir sus patines y les entregaron a cada uno los de su talla correcta. Se sentaron en unas bancas alargadas en donde podían dejar sus zapatos y finalmente deslizaron sus pies en las botas. Malfoy miraba de manera curiosa el zapato y de vez en cuando se quejaba de que eran extremadamente incómodos, pero Granger no tenía problema con eso, estaba acostumbrada. No era que era una experta en el patinaje sobre hielo pero definitivamente no era mala. Comprobó las ataduras e inocentemente Malfoy hizo lo mismo. Hermione tuvo que reprimir una sonrisa complaciente.

Se pusieron de pie y se dirigieron lentamente a la pequeña puerta que había a orillas de la pista. Malfoy mascullaba cosas como "no es tan difícil" pero Hermione sabía que cambiaría de opinión en cuanto pusiera un pie en el hielo, y así fue. La primera en entrar fue Hermione, que con delicadeza y suavidad se deslizó unos metros hacia el centro de la pista, bajo la atenta mirada. Vamos, que si era la primera vez patinando de Granger, definitivamente él tendría que poder hacerlo. Con cuidado, puso un pie y confirmó que estaba resbaladizo. Su expresión era seria, no dejaría que ningún músculo cambiara, no mostraría que estaba nervioso. Finalmente puso el otro pie y tuvo que sostenerse en la puerta para no caer de sentón. Había visto lo que hacía la castaña, no debería de ser difícil para él imitarla.

Lentamente y muy a su pesar algo torpe, comenzó a deslizarse por sobre el hielo, siendo consiente de que su espalda estaba ligeramente encorvada, cuando él había visto que Granger –que estaba esperándolo con una tonta sonrisa– lo había hecho derecha, tal vez ése era el truco. Movió un pie para deslizarlo y al mismo tiempo enderezó la espalda.

Grave error.

Malfoy comenzó a sentir que se desbalanceaba y sus pies se movían de una manera extraña, y sus brazos se movían de tal manera que parecían que en cualquier momento se iba a ir volando. No pudo ni pensar en lo que estaba sucediendo, cuando el heredero de la gran fortuna Malfoy simplemente sabía que dejaba de ver hacia el frente y todo se movía rápido, y que sus pies no estaban sobre el hielo.

—¡Merlín!— gritó mientras caía hacia atrás.

En un segundo, el hurón oxigenado estaba completamente acostado sobre el hielo, con los brazos extendido a su lado y las piernas desparramadas, el cabello revuelto y los ojos abiertos de par en par debido a la sorpresa.

La risa de cierta castaña no tardó en llegar. Malfoy se incorporó rápidamente, poniendo las manos en el hielo para poder ver mejor a la Gryffindor que estaba carcajeándose a morir. Su cuerpo iba de adelante hacia atrás, riendo como si su vida dependiera de ello. Ella comenzó a deslizarse sobre el hielo , acercándose a la serpiente que la miraba ceñudo, hasta que ella llegó junto a él, frenando con habilidad y destreza. Tal vez Malfoy no sea un erudito de excelencia pero definitivamente era brillante, y más aún, perspicaz. La forma en la que se movía Granger era comparable con la forma en la que patinaban los patinadores del centro, que definitivamente tenían una cosa en común. Experiencia.

La indignación y el enojó lo embargó, frunciendo las cejas y mostrando los dientes como si de un perro rabioso se tratara.

—Tú… — simplemente no podía creerlo—Hermione Granger, tú… ¡tú sabes patinar en hielo!... — pero entonces entendió por qué le había insistido que patinara— ¡lo tenías planeado!

Hermione solamente pudo soltar otra gran risotada, asintiendo descaradamente pero después inclinándose y estirando su mano hacia Draco.

—Vamos, que te ayudaré— declaró con una fingida seriedad, a pesar de que en sus ojos se veían aún el brillo burlesco que había adoptado.

—No gracias— declaró girando la cabeza y dándole a indicar que no necesitaba la ayuda de nadie. Sus ojos grises resplandecían con el fuego de la furia, indignado y ofendido… él, que amablemente la estaba ayudando, de todo corazón y era tratado de aquella manera.

—Con que ahora puedes, ¿eh Malfoy?— Hermione se enderezó y ahora sí estaba seria.

Se había molestado de que él la rechazara de esa manera, ella simplemente le había brindado su ayuda sincera, después de que obtuviera lo que tanto deseaba: humillar a Draco Malfoy.

—Claro que sí… — masculló él, y Hermione tomó esto como su marca de salida, girándose con los patines y comenzando a deslizarse grácilmente, al ritmo del resto de los patinadores. Malfoy intentó pararse pero simplemente le era imposible no resbalarse en el hielo — ¡eh, espera!

Hermione sonrió al escuchar su grito, se sentía satisfactorio saber que era necesitada por el arrogante y orgulloso rubio. Recobró su compostura de seriedad y giró para acercarse gran velocidad al ex Slytherin. Con el rostro impasible extendió la mano para que él la tomara.

Y así fue, pero ella no había contado con que él verdaderamente se apoyaría de la mano de ella, impulsándose rápidamente hacia arriba. Pero ella no estaba preparada y para cuando Malfoy llegaba a estar completamente parado, ella perdió completamente el balance, sintiendo que ahora ella caía.

—¡Malfoy!— gritó ella sin poder evitar que una sonrisa se mostrara en las comisuras de sus labios.

El joven hurón se dio cuenta mientras subía, que ella perdía el balance debido a su tirón, y colocó las manos en sus hombros, tirándola hacia él en un intento de estabilizarla. Lo que no contó es que ambos caerían.

Malfoy volvió a golpear el hielo, pero esta vez algo había cambiado. Podía sentir cada centímetro y cada curva del cuerpo de la castaña sobre el suyo, y qué cuerpo. El rostro de la bruja estaba tan sólo a centímetros del suyo, con todo el cabello enmarañado creando una cortina de rizos que enmarcaban la cara de ella. Sus mejillas estaban algo sonrosadas y una sonrisa se extendía descaradamente por sus labios.

Hermione sentía contra su pecho, el latir tranquilo y pausado del corazón de Malfoy. Qué extraño, hubiera jurado que él no tenía corazón. La respiración cálida del hombre debajo de ella rozaba sus labios de una manera escalofriantemente placentera.

—Así te ves más tú— dijo él en un susurro—, sonriendo y gritando… mucho mejor.

Completamente avergonzada, Hermione se quitó de encima suyo y ambos se lograron poner de pie. La castaña sentía que sus mejillas estaban completamente encendidas y sentía su cuerpo caliente. No podía ni ver a los ojos grises insensibles donde seguramente en esos momentos habría nada más que burla o incluso asco, mejor no lo vio y simplemente levantó sus dos manos.

—Déjame ayudarte— habló nerviosamente Granger, sintiendo que le debía eso por burlarse así de él, cuando Malfoy solamente la había estado ayudando todos los días.

Sorprendido, Draco levantó sus manos y las colocó sobre las de Hermione, sintiendo cómo sus guantes cálidos se aferraban a sus manos y comenzaban a tirar de él. Malfoy estaba sorprendido, ella patinaba en reversa e impresionantemente él estaba patinando.

No era tan difícil después de todo, o será tal vez que Granger le estaba diciendo qué hacer y cómo hacerlo, enseñándole pacientemente a patinar. Así estuvieron toda la hora que duraba la renta de sus equipos y para sorpresa de los dos magos, finalmente Malfoy pudo dar una vuelta a la pista él solo, sin necesidad de Granger. Rieron y hablaron un poco, solamente para matar los silencios que a veces caía sobre ello, pero casi todo el tiempo fueron regaños por parte de Granger y reclamos por parte de Malfoy.

Pero ambos habían disfrutado cada minuto que duraron en ese establecimiento.

Caminaron de regreso por el mismo parque en un silencio que no era incómodo, hasta que llegaron al callejón obscuro que les permitió desaparecer y aparecer frente al árbol abandonado del parque cerca de Grimmauld Place. Continuaron caminando por el parque y finalmente por la acera, acercándose a la antigua y noble casa de los Black.

Y Hermione finalmente rompió el silencio con la idea que le había rondado la cabeza por la mitad de ese día.

—Eres diferente a lo que creía— se sinceró avergonzada y mirando al piso.

Malfoy sonrió arrogantemente y en sus ojos hubo un raudo destello.

—Yo te sigo considerando insoportable… — declaró él.

Hermione resopló con una sonrisa, y nuevamente guardó silencio, casi llegando a la casa de Harry. Pero lo que le había dicho era verdad. Durante los casi dos meses que llevaban conviviendo, no se había esperado que Malfoy pudiera ser algo similar a divertido. O ameno, o al menos amable. Simplemente era una sorpresa la forma en la que se comportaba, era como si nunca lo hubiera conocido y ahora se daba cuenta de que así era.

Finalmente llegaron a los escalones y ella se giró para despedirse pero él habló antes de que ella siquiera pudiera decir adiós.

—Pero he de admitir que siempre he admirado tu astucia y la increíble cantidad de bondad que tienes…— Malfoy estaba serio, perforándola con su mirada de mercurio, intimidándola y reduciéndola a nada— y esa es una de las muchas razones por las que era algo rudo contigo durante todos esos años…y por eso, lo siento de verdad.

Sin más, Malfoy dio medie vuelta y comenzó a caminar de regreso al parque para así poder desaparecer hacia su mansión. Hermione estaba estupefacta, jamás había pensado que él fuera a decir semejante cosa acerca de ella.

—Gracias… — susurró aún pasmada, sin poder salir de su asombro.

Observó la figura de Draco Malfoy alejarse con la elegancia digna de la aristocracia, con las manos en los bolsillos y sin mirar atrás una sola vez.

Y ella sabía que muy a su pesar… comenzaba a ver diferente a ese inexpresivo e insensible hurón oxigenado.


Gracias por leer ;)

PinknOz95: Celic, qué bonito nombre! te juro eso fue lo que dije en voz alta al leerlo! y bueno, qué bueno que te ha gustado el capítulo, lo sé, el ataque fue fuerte pero tranquila, no pasará seguido, fue la situación alarmante lo que lo ocasionó! hahahha es un caballero muy extraño, pero sí, es un amor (en una extraña manera) hahhah el tío… no diré nada, no hay que arruinar la sorpresa! Y me leí el capítulo y me ha gustado! no sé si lo comenté, creo que sí, pero bueno, espero ansiosa los que siguen! gracias por comentar, besos, xoxoxo

florperlachiquis52: Qué bueno que esta vez no te he hecho llorar, me pone feliz hahah que no sea tan depresivo, y espero que te haya gustado este capitulo que dudo te haya hecho llorar hahah sé que fue drástico que no reconociera a los elfos pero creo que es simbólico, es el comienzo de su desprendimiento de la magia, tenía que pasar. Gracias por comentar! besos, xoxox PD: CÓMO TE LLAMAS? YO SOY MARÍA (UN PLACER) hahah