¿Qué deseas?

El joven Malfoy caminaba tranquilamente hasta Grimmauld Place, con las manos en los bolsillos y, la mirada fría y calculadora. Pero había algo diferente en el perfecto aristócrata. Debajo de sus hermosos ojos de plata se encontraban dos medias lunas de matices morados pálidos que indicaba lo mal que había estado durmiendo en los últimos tres días. Simplemente había tenido unos sueños muy extraños que estaba seguro que ni con el mejor adivino lograría descifrar el mensaje detrás de ellos aunque no importaba mucho realmente, solamente quería que desaparecieran y regresara a sus habituales horas de sueño, donde descansaba y podía desconectarse de su realidad.

Cada noche era lo mismo. Comenzaba todo tranquilo, estando él en un pasillo vacío y obscuro de su mansión, vistiendo sus ropas usuales y manteniendo su mirada gélida y calculadora. Recordaba que siempre intentaba caminar, para poder salir del frío pasillo pero éste simplemente se alarga y se alarga y no parece haber un final. Comienza a correr con desesperación, jadeante y sudoroso hasta que finalmente llega a una puerta. Ansiando salir por aquella salida, empuja con fuerza la madera y una luz lo ciega completamente, normalmente tiene que parpadear un par de veces antes de poder ver a su alrededor. Y ahí está Granger viéndolo fijamente y con lágrimas en los ojos. Está en la pequeña bahía junto a un lago al que jamás había ido y ella comienza a reprocharle "¿por qué lo hiciste?". Siempre lo mismo, le pregunta eso una y otra vez. Y cuando quiere acercarse a ella a preguntarle de qué está hablando, un ruido detrás de él lo hace girar y se encuentra en la torre de astronomía, donde debió de haber asesinado a Dumbledore. Pero está solo, no hay nadie ahí. Lentamente y con pasos indecisos, se acerca al pequeño barandal por el que cayó su desesperante director. Ve al vacío y no hay fondo, sólo una profunda e infinita obscuridad. De repente, escucha que alguien lo saluda, con una voz escalofriante y seca y fría y cuando gira para ver quién es el que ha entrado, siente unas manos que lo empujan y simplemente… cae. Es en ese momento en el que despierta.

Alejando los recuerdos de ese extraño sueño, se encontró de pie frente a la ya familiar casa en la que residía su boleto a la redención. Tocó con firmeza tres veces, pues normalmente ella ya estaba esperándolo cerca de la puerta y con sólo escuchar un leve repiqueteo en la puerta ella la abre. Pero esta vez no fue asó. Tocó nuevamente con mayor firmeza, asegurándose de que el sonido que se produjera fuera mucho más fuerte. Y cuando la puerta se abrió, no fue quien esperaba encontrar.

Harry Potter lo observó con indiferencia, haciéndose a un lado para dejarlo pasar. Para estas alturas, cuando cara rajada abre la puerta, significa que Granger no se encontraba bien. Últimamente pasaba muy seguido, simplemente le pasaba de todo. Hace dos días, después del día de patinaje sobre hielo, en medio de una discusión sobre si los hombres lobos deberían ser considerados o no como humanos o completamente bestias, a pesar de fueran personas casi todo el mes (Malfoy había aprendido a respetarlos aunque sea sólo un poco, pero estuvieron por horas argumentando que aunque eran humanos, tenían habilidades de las bestias y cosas por el estilo), y en una de esas, Granger se enojó cuando él dijo que eran meros animales y quiso atacarlo con un hechizo desarmarlo. Lamentablemente no se obtuvo el resultado que se esperaba. La sabelotodo Granger había olvidado por completo cuál era el movimiento adecuado para elaborar ese hechizo. La tristeza la embargó y simplemente se excusó diciendo que estaba cansada y que se iba a dormir. Eran las cuatro de la tarde y esperó un par de horas pero ella no salió de su habitación. Y ayer que había ido como siempre, Granger se mostró desorientada con lo que hacía, olvidando constantemente lo que iba a decir, sus oraciones simplemente se quedaban inconclusas. Esta vez lo había disimulado más, diciendo que no había dormido muy bien y que simplemente estaba cansada, sí, ajá.

—Malfoy… — saludó Potter con un asentimiento de cabeza –a decir verdad, se habían vuelto más civilizados– y se hizo a un lado para dejarlo pasar—está en la biblioteca… hoy no es un buen día.

Últimamente ninguno era un buen día pero no contestó, simplemente asintió a modo de respuesta y comenzó con su andar parsimonioso por la casa de sus antepasados, dirigiéndose por el ya familiar rumbo que lo llevaría hasta la pelo de arbusto. Tardó tan sólo un par de minutos hasta llegar a las puertas dobles de madera, que se encontraban ligeramente entreabiertas. Se acercó para entrar y no alcanzó a escuchar el conocido rozar de páginas al darles vuelta, o el sonido de la silla de madera crujir con un súbito movimiento por parte de la castaña. Simplemente no se escuchaba nada.

Lentamente empujó una de las puertas y se encontró con Granger recostada en uno de los sillones de cuero que rodeaban la gran biblioteca. Una de sus manos estaban sobre su frente y ya podía identificar ese gesto como símbolo de dolor de cabeza. Ella al parecer no se había dado cuenta de que él había penetrado la estancia, pues tenía los ojos fuertemente apretados. Malfoy sonrió ligeramente de lado y cruzó sus brazos, recargándose en la pared y observándola fijamente.

—¿Te encuentras bien?— preguntó repentinamente tras unos minutos de silencio.

La castaña simplemente negó la cabeza lentamente, de un lado a otro con sosiego sin siquiera abrir los ojos. Ese día, para la sorpresa del rubio platinado, la castaña ni siquiera había optado por ponerse ropa. Tenía el cabello húmedo, indicando que se había bañado, más llevaba una pijama, indicando que simplemente ése día no estaba dispuesta a nada. La pijama de Granger era… de Granger. No era llamativa, mucho menos sensual o siquiera atractiva. Eran unos simples shorts color azul cielo con borreguitos y una playera blanca con el rostro de un borreguito en el centro. Era más infantil de lo que hubiera imaginado, pero extrañamente le quedaba perfectamente a la come libros.

—¿Quieres tu poción?— preguntó, suponiendo que el dolor de la castaña era tan intenso que es por eso que no se había levantado e ido por su poción, aunque dudaba que fuera eso.

Finalmente, la castaña levantó la mano y la dejó caer a su costado, abriendo los ojos y quedándose viendo fijamente al techo.

—No es para tanto— aclaró con lentitud, enderezándose y sentándose en el sillón, recargando sus manos a la orilla y mostrando un estado de letargo.

Malfoy quería burlarse de ella por quedarse en pijama pero no comentó nada. Recordaba la experiencia que habían tenido mientras estaban en Londres muggle durante las primeras semanas que estaban en su arreglo, y recordaba cuan intenso aquel dolor había sido. Simplemente no quería aumentarlo al molestarla.

Un momento… ¿en qué momento se había vuelto tan considerado con Granger?

Con una repentina sensación de alarma, se separó de la pared y caminó rápidamente hasta la mesa que siempre ocupaba Granger, y naturalmente él, en el que habían unos libros que habían encontrado en las estanterías y los habían removido para futuras discusiones.

—Bueno, entonces qué tenemos aquí… — dijo tomando dos libros, uno de portada azul marino y muy desgastado y otro de pasta color verde pistache, gastado por las orillas— astronomía y runas antiguas, ¿qué te parece?

Cuestionó volteando a verla pero ella continuaba con una expresión de genuino desinterés y descaro. Su melena estaba comenzándose a secar y el tamaño iba incrementándose, simplemente una cómica imagen que lamentablemente Draco no volvió a aprovechar para molestar a la bruja, ¿qué le estaba pasando?

—Hoy no quiero discutir— comentó ella repentinamente, encogiéndose de hombros y mordiendo su labio inferior, viéndolo con una disculpa tácita.

Malfoy se encontró ligeramente molesto por la actitud de la sabelotodo. Soltó los libros en la mesa sin el menor cuidado, esperanzado de que ella reaccionara ante él, al haber tratado de esa manera a sus preciados libros pero ella continuaba viéndolo como si conociese sus intensiones ocultas. Se giró para enfrentarla, cruzándose los labios y recargándose en la mesa.

—¿Qué tienes?— prácticamente gruñó, frunciendo las cejas y viéndola con la misma mirada que ella a él.

Hermione levantó el mentón mostrándose indignada, poniendo la espalda recta y cruzando sus piernas.

—Simplemente no tengo ganas— espetó, pero después de unos segundos bajó la intensidad de su mirada y su voz—, tal vez un efecto secundario de esas pastillas…

Claro, esas pastillas que le habían entregado hace unas sesiones. Las de color marrón que supuestamente la ayudaban a no sufrir estrés. Tal vez el discutir con él, por muy provechoso que fuera le causaba estrés y era mejor evitarlo. Increíble, simplemente es estupendo. Ahora ni siquiera iba a poder discutir con la castaña, ¡era la mejor parte del día!

—Muy bien, ¿qué quieres hacer, entonces?— se mostraba irritado y no podía evitarlo. Sabía que el estado de la bruja más brillante de su generación no era precisamente su culpa, todo se lo debían a las medicinas y la condición de su cabeza, pero no podía evitarlo.

Estúpida Granger por su estúpida enfermedad.

Ahora no le gustaba del todo.

—No lo sé… —ella se acomodó en su lugar y se mostró pensativa, mordiéndose el labio—¿hablar?

Malfoy, que la había estado observando detenidamente, procesando sus gestos faciales que poco a poco iba identificando y catalogando, memorizando la suave curva de su cuello, y oh merlín, está perdiendo la cordura. Parpadeó un par de veces y se obligó a responder a lo que Granger había dicho.

Soltó un bufido burlesco para disimular su ensoñación aunque sabía que ella no había reparado al hecho de que él se había mostrado ausente por unos momentos.

—¿Hablar?— repitió levantando una ceja, como indicando que no creía haberlo escuchado bien pero al ver la inocente seriedad de Hermione, no pudo más que rodar los ojos y darse por vencido— ¿y de qué?

Granger entrecerró los ojos y mordió más fuerte su labio inferior, subiendo las piernas al sillón y acomodándose para sentarse sobre ella. Malfoy casi se cae al suelo muerto de risa al verla de esa manera; se veía ridículamente tierna y no podía creer que estaba pensando eso pero era simplemente la verdad. Siempre tan dura y adulta, ahora comportándose como una niña y utilizando una pijama de borreguitos, simplemente eso no se ve todos los días. Meramente apretó los labios en una fina línea y controló como siempre sus músculos faciales, asegurándose de seguir mostrándose impasible e imperturbable.

Por otro lado, ella había tenido una revelación hace unos días y poco a poco se daba cuenta de que su pensar era real. Comenzaba a ver a Malfoy de otra manera, no sabía cómo pero lo hacía… no entendía si ahora no lo consideraba como un enemigo o tal vez incluso lo consideraba un amigo pero no podía estar segura. Aprovecharía esta oportunidad y trataría de aclarar esas dudas que tenía respecto, intentando conocer un poco más al temible príncipe de las serpientes. Ella se había abierto con él sin miramientos, y quería descubrir verdaderamente quién era Draco Malfoy, a quién se estaba confesando.

—¿Qué deseas?— preguntó ella repentinamente, viéndolo fijamente con una intensidad perturbadora.

Malfoy no comprendía a qué se refería con esa pregunta, obviamente deseaba muchas cosas. Por ejemplo, salir de ahí. Ya que no podía discutir con la sabelotodo, no le interesaba del todo estar en es lugar, encerrado con una bruja en estado de sopor y hablando tonterías como ella proponía. Lamentablemente él solo se había metido en el embrollo en el que está y tenía que atenerse a las consecuencias de sus actos.

—¿Perdón?— levantó una ceja.

Hermione sonrió de lado y asintió, como si comprendiera que el ex Slytherin no comprendía del todo la pregunta que había realizado.

—En la vida…— explicó haciendo un además con la mano y rodando los ojos como si eso fuera lo más obvio del mundo— ¿qué deseas?

Malfoy simplemente la observó por largos minutos silenciosos. Sus ojos grises resplandecían debido al hielo de su alma, que lo ayudaba a demostrar sin palabras que su pregunta había sido completamente ridícula y tonta, pero no lo diría, simplemente tus palabras no eran merecedoras de ser desperdiciadas de esa manera en algo tan estúpidamente Granger.

—¿Qué es lo que deseas?— preguntó finalmente, volteando la pregunta.

Hermione deseaba muchas cosas. Siempre había querido regresar a Hogwarts a cursar su último año, y después graduarse y entrar a trabajar al ministerio de magia en el departamento de leyes, para poder así hacer un gran cambio en la comunidad mágica. Antes había soñado que saldría con Ronald y finalmente se casarían y tendrían hijos, un niño y una niña. Pero esos sueños ya eran inalcanzable e irrealizables. Pero lo entendía y no se hundía en lo que pudo ser.

Pero sabía a qué estaba jugando el hurón oxigenado. Tanto tiempo conviviendo realmente la había hecho entender la forma en la que piensa Malfoy. Obviamente no del todo, el hombre seguía siendo un completo misterio en muchos aspectos y más aún cuando permanecía en silencio y la observaba, ahí jamás podía decir qué pasaba por esa mente tan perturbada.

—No importa realmente… — se encogió de hombros con una expresión de indiferencia y después colocó en sus labios una disimulada sonrisa— ¿recuerdas? Dejaré de existir.

Malfoy se molestó aún más que ella dijera eso. Dejar de existir… ¿cómo podía decirlo así tan casual, tan insensible? Claro, Granger lloraba por dentro eso él lo sabía pero no debía de mostrarse indiferente a su condición. Nunca la había visto llorar, gracias a Merlín, pero sabía que cada lágrima que no era derramada por fuera, la ahogaba por dentro y podía predecir que algún día, ella no soportará más y simplemente dejará salir todo lo que tiene dentro. Verdaderamente esperaba que eso no sucediera con él presente. En fin, ella había comentado varios de sus pensamientos, mostrándose a él, su peor enemigo de la infancia, y no entendía porqué, ahora se sentía ligeramente en deuda.

—Siempre quise una familia…— comentó como si nada, caminando a una repisa llena de libros y leyendo con indiferencia los títulos— esposa y heredero.

Bueno, esa era una forma muy sutil para decir que quería un hijo… un heredero, que propio. Hermione podía imaginárselo. Tal vez no sería el esposo del año, de eso estaba completamente segura. No ha de ser de los que llevan flores en los días especiales, o que dice palabras de amor constantemente. Pero también podía verlo con un hijo, queriéndolo y dándole toda la atención que a él le negaron. Pero entonces captó algo que dijo el rubio.

—¿Quisiste?— inquirió sorprendida, reacomodándose en el sillón para poder verlo mejor.

Él continuaba viendo los libros, pasando su mano por algunos, sintiendo la textura y actuando distante a la conversación, aunque Hermione sabía que él estaba con todo su cerebro en la extraña conversación que habían comenzado a tener.

—¿Quién querría a alguien que está roto por dentro?— Malfoy se encogió de hombros y continuó caminando por entre los pasillos.

Hermione se quedó estática en su lugar, verdaderamente jamás creyó que escucharía esa confesión por el oh grandísimo Draco Malfoy. Simplemente era inverosímil. Después de salir de su asombro, Malfoy ya no estaba a la vista, perdido entre todas las repisas repletas de libros. Hermione se puso de pie rápidamente y cruzó el pasillo en el que vio a Malfoy por última vez y finalmente lo encontró en un pasillo en particular. Libros gruesos y muy antiguos, cubiertos de piel negra o café muy obscuro. Eran los libros de artes obscuras.

Malfoy observaba detenidamente a algunos tomos pero sus manos ya no los tocaban. Estaban sus brazos a sus lados y sus ojos grises opacos.

—No estás roto… — comentó ella con una leve sonrisa, dando unos pasos para acercarse un poco a él—tal vez estás dañado pero todo tiene una solución.

Hermione sonrió abiertamente, esperando a que eso ayude un poco a Malfoy a dejar esa actitud atrás. Simplemente era deprimente verlo así de serio. Bueno, siempre estaba serio pero esta vez era diferente. Era una distinta clase de seriedad. Esas que perturban a las que te ven, la que quiere esconder.

—¿A caso solamente ves la vida positivamente?— cuestionó el con una sonrisa arrogante de lado, girando su cabeza para verla.

Hermione sonrió más abiertamente cruzándose de brazos.

—Parte de mi encanto— jamás había dicho cosas así pero la situación lo ameritaba.

Lamentablemente, no escuchó una contestación sarcástica por parte del rubio, ni siquiera una risotada burlona o un bufido.

Él continuaba observando con atención los tomos que había delante de sus ojos. Era impresionante la cantidad de libros que ahí habían de magia negra pero era aún más impresionante que él ya los haya leído todos. Cada palabra que estaba impresa en tinta en cada una de esas páginas, se había tatuado en el fondo de su mente. Durante el verano antes de quinto año, su padre le entregó un tomo y le ordenó que lo leyera a pesar de las quejas de su madre. Y así, en cuanto terminaba un libro su padre le daba otro y otro más, hasta que ya no hubo libros de artes obscuras en su biblioteca. Bellatrix le dio unos de la biblioteca de los Lestrange pero tampoco habían muchas opciones.

Entonces Granger volvió a hablar.

—Realmente creo…— él volteó a verla con una mirada amenazante, retándola a no decir palabras estúpidas y tonterías que definitivamente no harían sentirse mejor— que los prejuicios pueden ser rotos… los males perdonados y el destino reescrito. No abandones tu sueño Malfoy.

Bueno, efectivamente no fueron las mejores palabras pero tampoco fueron malas. Jamás se lo diría obvio está. Pero ¡por favor! ¿destino reescrito? ¿de qué lugar o fantasía sacaba tal declaración? Ilusa, eso era lo que era Granger. Una bruja ilusa. Frunció sus cejas y la miró con una mueca de repulsión, girando completamente su cuerpo para poder enfrentarla.

—No sabes de lo que hablas, eso no es posible con gente como yo— sin más, caminó hacia ella pero la pasó de largo y regresó a la estancia principal de la biblioteca, con la mesa llena de libros y los sillones alrededor. Claro, la sabelotodo iba a sus talones, y podía presentir que venía molesta debido a sus fuertes pisadas y sus respiraciones ruidosas.

—¿Cómo tú?— inquirió dando tres o cuatro zancadas muy largas y posicionándose delante del hurón, haciéndolo detener su andar. Se miraban con ojos asesinos— ¿y qué clase de persona se supone que eres?

Malfoy giró el rostro no queriendo contestar esa pregunta puesto que él era muchas cosas y no habían palabras suficientes para poder responder a ciencia cierta la pregunta que le hacía la pelo de arbusto. Granger cruzó sus brazos y lo quería matar con la mirada, no entendía aquella actitud y mucho menos entendía cómo de una simple pregunta inocente acerca de los deseos de la vida hayan pasado a una discusión acerca de la persona que es Malfoy. Aunque pensándolo bien, esa siempre fue su intención, descubrir quién era él realmente.

—¿Un Slytherin renegado? — continuó con su arrebato—¿un Mortífago en rehabilitación?

Que ella lo dijera de esa manera, tan cruel y cínica, poco característico de ella, hizo que crujiera sus dientes de pura frustración. Aquella bruja nacida de muggles verdaderamente lo estaba comenzando a sacar de quicio, haciéndolo enojar como pocas veces se había enojado con ella en los últimos dos meses.

—Cállate Granger— masculló entre dientes, agachando la mirada y haciendo que su cabello cayera un poco hacia su frente, creando sombras que perturbaban la ya escalofriante mirada.

Instintivamente Hermione retrocedió un paso, sintiéndose asustada por un momento al verlo así; enojado, furioso, iracundo y todos los sinónimos que le pudieran venir a la mente. Pero no iba a rendirse no ahora que estaba logrando llegar a un lado y la conversación no se basaba en evasivas y respuestas sin sentido como usualmente eran.

—Dímelo…— susurró, pero él hizo como si no la escuchara— ¡ábrete! — ordenó con súplica, viéndolo con las cejas ligeramente fruncidas y un brillo en la mirada bastante particular.

Malfoy giró para dejar de verla, sintiéndose furioso tanto con ella como con él mismo, ¿qué diantres le estaba pasando, por qué respondía las estúpidas preguntas de Granger?

Sus labios dejaban al descubierto sus dientes y su recta nariz estaba arrugada; las cejas fruncidas, las manos en puños y cada uno de sus músculos tensos y engarrotados. Su respiración se comenzaba a agitar y simplemente quería golpear algo hasta hacerse daño.

Estúpida Granger…

Giró para verla, manteniendo ese semblante de bestia, haciéndola nuevamente retroceder un paso más su expresión se mantenía decidida a hacerle hablar, eso lo sabía de sobra Malfoy.

—Nunca me he abierto con nadie…— gruñó entre dientes, mostrándose iracundo— no sé hacerlo y tampoco puedo cumplir mi maldito sueño porque simplemente no sería capaz de amar a alguien— confesó.

Ahí estaba, su secreto. Dejando a un lado la culpa que sentía de todo y su anhelo por perdón, estaba el hecho de que buscaba algo para llenar ese otro vacío. Tal vez era por eso que la ayudaba a realizar sus sueños sin realmente oponerse mucho como se suponía que debía de hacer. Porque él no encontraba la oportunidad de realizar su sueño. Era pesimista y muy realista, no vivía en una fantasía y tampoco era ingenuamente iluso. Las cosas son como son y entre más rápido se acepten mejor. Él lo aceptó el mismo día que lo marcaron y ha vivido con eso por un tiempo. Desde ese momento supo que no sería capaz de amar a alguien; simplemente estaba maldito y maldeciría a cualquiera que se acerque.

Hermione se quedó en silencio al escuchar eso, simplemente no tenía algo que decir ante esa declaración.

—Yo guardo todo dentro de mi— se golpeó el pecho, para señalarse de una manera brutal—, porque prefiero que el dolor me destruya a que lo haga alguien más, ¡por eso desearía olvidar! No recordar mi pasado, no recordar que lo que siempre he querido ya no puede convertirse verdad debido a lo maldito que estoy…

Hermione se comenzaba a cansar de toda esa palabrería. Ver el rostro descompuesto de Malfoy comenzaba a descomponer el de ella, y las palabras crueles y brutales se deslizaban por sus oídos, comenzando a contagiarla de tal desamparo.

—¡Deja de hablar de esa manera!— aulló ella con voz aguda, haciendo que su gran melena se agitara.

Malfoy sonrió de lado pero no había ningún atisbo de sinceridad en aquella curvatura. Simplemente era una pantalla débil y burda que era más una ofensa que una máscara.

—No puedo dejar de hablar de esa manera, Granger, así habló yo… — comentó descaradamente soltando un bufido seco— a diferencia de ti, la oh tan positiva sabelotodo, yo sí soy realista. Los errores me han convertido en mi propia condena. La vida se acabó para mi.

Hermione no pudo evitar que una gran risotada se escapara de entre sus labios, lanzando la cabeza hacia atrás, pero al igual que con el rubio, fue una farsa.

—¡No seas dramático!— chilló— La vida te ha dado una segunda oportunidad… estás fuera de Azkaban, vivo

Explicaba, haciendo ademanes con las manos, frunciendo las cejas y viendo a todos los rincones del suelo, más no levantó la cabeza. Malfoy por otro lado, continuaba con esa mirada glacial que simplemente podía erizar la piel de cualquiera a pesar de que hayan treinta grados centígrados en el exterior.

—¿Y de qué me sirve estar vivo si no puedo hacer nada importante en mi vida?— el cinismo en sus palabras era palpable y a la vez deprimente.

La castaña abrió la boca claramente indignada, y se podría decir que en su mirada hubo un brillo característico de esas personas a las que se les había lastimado alguna vez. Pero fue tan raudo que Malfoy no pudo decir a ciencia cierta que lo que vio, no fue un barato producto de su imaginación.

—¿A caso soy tan insignificante para ti… que ayudarme no vale de nada?— comentó ella, sin poder voltear a verlo.

La verdad es que esas palabras, le habían dolido más de lo que sería prudente. Simplemente fue un estrujón en el corazón y después un peso en el pecho, similar al vacío que se siente cuando una persona a la que se aprecia se marcha. Pero Malfoy estaba pensando en cosas muy distintas. ¿Y cómo llegó ella a esa conclusión? Bueno, que lo insinuó, pero eso no es verdad. Si Granger –o más bien lo que hacía por ella– fuera tan insignificante, simplemente no lo haría.

—No te hagas la víctima Granger, que realmente eso no te va— gruñó Malfoy, acercándose peligrosamente a la bruja ofendida, enojada y ligeramente asustada. Sus ojos la penetraban con fuerza, minimizándola a nada.

Entonces, la puerta de la biblioteca se abrió de repente, dejando entrar a una pelirroja con una gran sonrisa, que se borró en cuanto vio a Malfoy tan cerca de Granger, y ambos con expresiones asesinas tatuadas en sus rostros. Hermione y Draco no sabían cómo es que la conversación había tomado giros tan drásticos, pero Malfoy sí tenía a quién culpar.

Estúpida Granger.

—¿Interrumpo?— preguntó Weasley con fingida inocencia.

—¡Ginny!— se sorprendió Hermione, dando un paso para atrás para alejarse un poco del hurón oxigenado.

Pero esa castaña conocía a su mejor amiga, incluso, se atrevía a decir, más que sus hermanos.

Malfoy pareció salir de su trance y simplemente se puso recto de nuevo y tranquilizó sus músculos faciales, dejándolo de nuevo con un rostro vacío de emoción y una mirada fría y calculadora. Se estiró la corbata y se ajustó el saco. Caminó lentamente hacia la salida, con ese andar aristocrático y elegante, que jamás dejaba de sorprender a las personas.

—Weasley.

—Malfoy.

Continuó su camino y cuando llegó a la puerta, Ginny se hizo a un lado con ojos fijos en el alto rubio y éste, giró para ver a Granger. ella podía ver un profundo enojo en esa mirada glacial, aunque si lo dijera nadie le creería. Ella simplemente estaba aprendiendo a ver a través de la máscara de frialdad.

Se sintió culpable.

—Yo me retiro Granger… — su voz grave y ronca demostraba lo mucho que se estaba esforzando por controlar el tono— mañana iremos al club de Jazz, pasaré por ti a las siete.

Sin más, salió por la puerta, pero alcanzó a escuchar a la pelirroja menor decirle a la pelo de arbusto:

—Yo estaré contigo el resto del día.

Ginny se asomó por la puerta y alcanzó a ver la cabellera rubia platinada perderse por el pasillo y cuando estuvo segura de que estaban fuera del alcance auditivo del Slytherin, cerró la puerta y se giró con una expresión peculiar, para observar a la aún estática bruja.

—Bueno… eso ha sido intenso, escuchaba los gritos desde el pasillo— se cruzó de brazos y se detuvo a un par de metros de Hermione. Ella permanecía con ese sentimiento de culpabilidad.

—Sólo Malfoy siendo Malfoy— explicó, caminando hasta la silla de madera en la que siempre se sentaba durante las largas horas de estudio.

—¿Y qué se supone que significa eso?

Ginny también se sentó en una silla, frente a la triste castaña.

—Nada…— comentó en voz baja. Muy baja.

Weasley simplemente dejó caer los hombros y puso la mirada en blanco.

—Ajá, nada

Ginny no podía evitar ver las señales, llevaba ya un buen tiempo viéndolas. Además, Hermione podía ser muy obvia sin saberlo y Weasley simplemente era muy perspicaz. Conocía a Granger como la palma de su mano, y ella simplemente se dejaba leer como un libro abierto.

—Hermione… sabes perfectamente que mientes terriblemente— rió.

—Ginny por favor, dame un respiro, estar con Malfoy todos los días a todas horas es simplemente agotador— masajeó las cienes mientras cerraba los ojos y trataba de alejar la recurrente sensación de punzadas dentro de su cabeza.

—Tú fuiste la que le pidió que esté todos los días a todas horas— sus ojos color miel giraron, mostrando lo irónico del asunto, e imitó la voz de Granger burdamente, ganándose una mirada asesina.

—Y fue un gran error— aclaró levantando sus cejas tan alto que pudieron haberse enredado en eso que llama cabello.

—¿Lo es?— la voz de la novia de Harry Potter fue cantarina e incrédula.

—Totalmente— cortó de un tajo la conversación.

Pero la pelirroja no se iba a callar… oh, no.

—Qué extraño… hubiera dicho todo lo contrario— Ginny se cruzó de brazos y volteó a un lado, frunciendo los labios luciendo desinteresada a la respuesta.

—¿Qué quieres decir?— preguntó, moviendo uno de sus dedos sobre una línea en la madera.

—Hermione… ¿qué es realmente lo que sientes por Malfoy?


Gracias por leer ;)

PinknOz95 : Celic, hahaha qué bueno que te ha gustado, tomaré en consideración la pena de muerte a Lestrange y bueno, haha lo del patinaje fue divertido! gracias por comentar! besos, xoxo

florperlachiquis52: Si te parece bien, te llamaré Vero! hahahhahah me has matado de risa, soy igual! mi nombre completo nadie me lo dice porque siento que me regañan y no te preocupes, tu secreto está a salvo conmigo! y sí, efectivamente es por eso que Herms no quiere que ellos se involucren y Ron, como tu dices, era de esperarse pero Harry, bueno el pobre está aún en shock por su deterioro y sabe que sufrirán los dos! en fin, es algo fuerte, ya veremos qué es lo que sucede! gracias por comentar! besos, xoxo