Es mi turno
Hermione abrió los ojos desmesuradamente antes de soltar una carcajada ruidosa y por no decir, molesta. Ginny puso los ojos en blanco y frunció las cejas porque por alguna extraña razón sentía que Granger se estaba burlando de alguna manera de ella.
—¿Qué dijiste?— cuestionó Hermione, incrédula a lo que acababa de escuchar.
Simplemente eso no era posible, jamás lo sería. Pero vamos que no se podía engañar a ella y dudaba mucho si pudiera hacerlo con su mejor amiga, porque muy en el fondo sabía que ahora no consideraba a Draco Malfoy como un enemigo, pero de ahí a tener un sentimiento hacia él, era simplemente una inverosímil. Algo que no era posible ni ahora, ni mañana, ni nunca.
—¡No te hagas la estúpida, Hermione Granger, que sabes cuánto odio que hagas eso!— exclamó la pelirroja, con unas mejillas ligeramente ruborizadas debido al enojo que sentía en esos momentos.
Hermione borró la sonrisa de su rostro y vio seriamente a la de ojos color miel. Siento muy, muy honesta con su conciencia, cuando escuchó la pregunta de Weasley, sintió que su corazón le dio un vuelco sin razón aparente. Esa misma pregunta era –o algo así– la que se estaba haciendo desde hace unos días y ese mismo día, hace apenas unos minutos, estaba por averiguar quién era Draco Malfoy, creyendo que así podría saber qué siente por esa persona, pero todo se arruinó sin saber cómo.
—No lo sé— se encogió de hombros.
Y era la respuesta más sincera que pudo haber dado.
Su mejor amiga soltó un resoplido y frunció los labios como si estuviera meditando algo en particular. Conocía a Hermione desde hace tantos años y podía ver por sus ojos que dentro de ella había una batalla de pensamientos y opiniones encontradas, se veía claramente. Deseaba ayudarla pero ni siquiera Hermione sabía –o eso pensaba ella– que quería ser ayudada. Pero tenía una cosa segura. Definitivamente la castaña veía al hurón de Malfoy con otros ojos.
—¿Qué hay de Ron?— preguntó contorsionando su rostro como si algo le doliera.
Hermione arrugó los ojos y dejó caer a su cabeza hacia el frente, estrellándola con la mesa de madera, causando un sonido seco que sobresaltó a Weasley. Esa era un muy buena, no… una excelente pregunta, pero la respuesta era sencilla, muy a su pesar.
—Lo de Ron simplemente no será posible, además de que hemos dejado pasar mucho tiempo.
—¡Pero no pueden haber desaparecido los sentimientos de años en tan sólo unos pocos meses!
Granger comenzó a golpear con su frente la madera, sintiéndose una muy mala persona de repente, pero vamos que eso no había sido su culpa y simplemente no lo pudo evitar. Por más que le gustaría, ella no manda sobre su corazón y si simplemente veía ahora a Malfoy de una manera distinta no era su culpa y punto.
—Bueno Ginny, pero fue tu hermano el que jamás se atrevió a hablar del tema— fue muy directa y lo dijo con cierto reproche, aunque sabía que ella no tenía la culpa de nada.
—Pero… pero, ay Hermione, tú sabes cómo es mi hermano y lo nervioso que se pone.
Excusaba a aquél que debió de haber dado el primer paso y confesar sus sentimientos pero no lo hizo. Dejó que terminara la guerra y pasaran tres largos meses en los que en cualquier momento hubiera podido tener una oportunidad para ir con la castaña y decirle: "hey, Hermione… ¿recuerdas aquél beso que tuvimos frente a la sala de los menesteres? Bueno… la realidad es que te quiero desde hace un tiempo y quiero que comencemos a salir". O bueno, se la hubiera podido poner más fácil, un simple: "me gustas" hubiera bastado pero todo se fue por el caño directamente al Támesis, el día que obtuvo sus resultados del examen de la cabeza. Ronald simplemente se mostraba retraído cuando estaban juntos, como si temiese decir algo que fuera incorrecto y para acabarla de fregar, simplemente no habían hablado desde lo del tal Fred.
—Créeme Ginny, lo sé— espetó con crudeza—. Pero eso no le quita el hecho de que no tuviera el valor de decirme la verdad y que entonces llegara alguien diferente y que simplemente ha hecho que lo vea diferente. Eso no quita que quiera a Ronald, es mi mejor amigo y así lo será hasta el día que no lo recuerde, pero por mientras, no puedes reprocharme el que comience a gustarme Malfoy, que siempre ha estado ahí, a diferencia de Ronald que lo he visto cinco veces por lo menos desde que me dijeron lo de mi pérdida de memoria.
Hermione concluyó con aquél arrebato dando una inhalación ruidosa para poder reponer todo el aliento perdido. Por otro lado Ginny se encontraba estupefacta y no por la razón que Granger supondría que debía ser. La pelirroja entendió cada una de las palabras que escuchó, y coincidía en que su mejor amiga tenía completa y totalmente la razón en su forma de pensar, por mucho que le pese que su hermano y ella no puedan estar juntos, pero eso no fue lo que la dejó de esa manera, oh no… lo hizo aquél comentario que suponía debería de haber sido inadvertido pero no por ella. Ella sí que lo escuchó.
—Dijiste…— tragó saliva— que Malfoy te gusta.
Las pestañas de Hermione rápidamente volaron y casi deseaban incrustarse en los párpados de sus ojos. La sorpresa y la realización de lo que había dicho fue… simplemente indescriptible, no lograba comprenderlo. Su respiración comenzaba a agitarse y sus manos se cerraban y se abrían en puños, con la fuerte realización de que efectivamente Malfoy le gustaba. ¿Cómo fue eso posible? Él… él era malo. Era pesado y a veces muy cruel con sus comentarios fingidamente indiferentes. ¿En qué momento pudo llegar a tener sentimiento hacia él? Oh merlín, oh merlín, oh merlín… eso no era nada bueno.
—¡Ginny!— chilló con voz aguda, mostrando una expresión de verdadero terror.
La señorita Weasley asintió sabiendo perfectamente cómo interpretar esa mirada, peor había un gran problema. Hablaban de Draco Malfoy, por merlín. No estaban hablando de cualquier chico que es exactamente al resto, no… éste era un individuo, único en su especie. La mirada alarmante de la castaña pedía a gritos silenciosos sólo una cosa: ¡ayuda!
—Oh Hermione, esto es malo, muy malo— comentó frunciendo las cejas y mostrándose totalmente contrariada.
Hermione levantó sus manos y cubrió sus oídos como si así no pudiera escuchar la verdad que se decía dentro de su cabeza: le gustaba Malfoy.
—No necesito que me lo digas, lo sé de sobra— se mostró deprimida, dejando caer sus manos al piso y poniendo una expresión completamente de desolación y profunda agonía.
Weasley estaba contrariada, la confesión de Granger era demasiado difícil de procesar con tal simpleza, es sólo que jamás pensó que eso sucedería. A decir verdad, cuando Harry le dijo que Malfoy se había extrañamente ofrecido a ayudar a la castaña, realmente pensó que alguno se terminaría matando al pasar la primera semana y cuando el caso no fue así, simplemente supo que habían aprendido a vivir el uno con el otro pero definitivamente ni el los más extraños y bizarros sueños podría haber imaginado que terminarían así.
—Hermione, no quiero ser cruel y no voy a juzgar quién te gusta o quién te deja de gustar. Pero estamos hablando de Malfoy, y él simplemente no te verá…— tenía que decírselo, el trabajo de una mejor amiga era ser directa por muy cruel que sea la verdad— jamás te verá diferente. Para él siempre serás una nacida de muggles y casi estoy segura de que espera con ansias que pierdas la memoria por completo para poder continuar con su vida sin necesidad de pasar cada minuto del día al lado de la persona a la que odió por seis años.
Bueno, eso estuvo mucho más cruel de lo que había querido en un principio pero eso no le quitaba que sea la realidad. Y Hermione sabía que muchas de esas declaraciones eran verdad, como el de su origen, pero dudaba que Malfoy verdaderamente deseara que ella olvide todo. No que se lo haya dicho directamente pero a veces podía verlo en su mirada o leerlo entre líneas cuando hablar algo al respecto. Además, que a ella le guste no significa que tenía que ir a decirle la verdad, simplemente tenía que guardar el secreto por un tiempo indefinido y ya después ella olvidaría todo y la única que sabría esa verdad iba a ser su mejor amiga.
—Es verdad— declaró después de unos largos minutos en silencio, haciendo que la pelirroja volviese a prestar atención—. Todo lo que dices es verdad pero Ginny, hasta tú sabes que no importa que me guste, terminaré olvidándolo todo y será asunto olvidado. Simplemente debo de fingir que nada ha cambiado y listo, él jamás lo sabrá.
Ginny simplemente la miró con pena. Hermione siempre fue tan mala mintiendo, ¿cómo pensaba engañar a Malfoy?
Y así, la tarde comenzó a pasar lentamente hasta que dieron las seis de la tarde y Ginny la obligó a arreglarse cuidadosamente para Malfoy. A pesar de que ya habían acordado que las cosas sucederían como hasta el momento, Weasley declaró que no venía de más arreglarse un poco para mostrarse linda y femenina. Prácticamente y muy a su pesar, Ginny sentó a Hermione con un cabello húmedo y lo rizó mechón a mechón, hasta dejar el cabello lleno de chinos. Aún se veía desordenado e incontrolable pero se veía bien. La maquilló ligeramente, poniendo simplemente rímel, un poco de rubor en las mejillas y los labios de un color rojo opaco. El menudo cuerpo de la bruja se vio cubierto por un suave vestido de seda a juego con los labios, que era de tirantes delgados, ciñéndose en el pecho y después en caída libre hasta las rodillas. Era lo suficientemente atractivo sin pasar a lo vulgar, y no era por presumir pero Hermione se sabía hermosa. Se colocó unos zapatos de tacón no muy alto puesto a que no estaba acostumbrada a utilizarlos y una pulsera de plata en una mano. Simplemente se veía espectacular.
Y entonces el reloj marcó las siete de la noche y como en sincronización, la puerta sonó. Era increíblemente formal aquél rubio, simplemente sorprendió a las dos brujas que queriéndolo o no, esperaban ansiosas la llegada del hurón oxigenado. Ginny sonrió con emoción mientras Hermione lo hacía con nerviosismo, y la pelirroja se dirigió a abrir la puerta, dejando atrás a la castaña.
Weasley abrió la puerta con una amplia sonrisa y le dio una exagerada bienvenida al muy elegante y sorprendentemente aún vestido de negro Malfoy. Lo guió sin poder quitar su enorme sonrisa, al pequeño salón en el que Hermione esperaba. Y así fue cuando los ojos chocolates y grises se conectaron. El corazón de Hermione latía con fuerza y se sentía increíblemente nerviosa mientras Malfoy seguía con un rostro impasible, tanto como si ella estuviera con sus usuales vestimentas. Simplemente no dijo nada, ni abrió los ojos, nada. Se quedó callado con su mirada glacial y calculadora que ahora hacían a Hermione sentirse ridícula vestida de esa manera. Los tacones eran muy incómodos, y ahora que lo pensaba el vestido era demasiado revelador para su gusto. Sentía que el labial en cualquier momento se correría y definitivamente podría jurar que se veía como una niña pequeña disfrazada.
—¿Nos vamos?— preguntó Granger de repente, haciendo una mueca y él solamente asintió y comenzó a caminar a la puerta principal, seguido muy de cerca de la castaña avergonzada y de la pelirroja indignada. Hermione era su obra de arte y simplemente fue ignorada. ¿Quién se creía Draco Malfoy?
Sin prestar demasiada atención al camino que estaba tomando o no poniendo mucha resistencia para cuando la desapareció a otro lugar, Hermione estaba adentrada en el mundo de sus pensamientos. Seguramente seguía enojado por la discusión que habían tenido esa mañana. Ella se sentía culpable puesto que fue ella la que le hizo que se abriese, que le contara la verdad sin que él quisiera hacerlo y cuando lo hizo, pudo ver que Malfoy simplemente se encontraba en un mundo de obscuridad y que no veía la salida. Sentía que no podía cumplir su sueño porque no era merecedor de ser feliz. Definitivamente Draco era un misterio y ella estaba dispuesta a ayudarlo a encontrar la respuesta del enigma.
Llegaron a un establecimiento mágico en una calle desconocida. Las luces eran de tonos rojizos y muy tenues, dejando el lugar en una obscuridad que extrañamente no era intimidante. Eran mesas bajas con silloncitos alrededor, todos acomodado de manera que enfrentaran el escenario que simplemente captó la atención de la bruja. Era exactamente al escenario que vio en la película de sus padres. La banda estaba compuesto por tres músicos y una cantante. Uno tenía un saxofón, uno estaba sentado detrás de un gran piano de cola color negro y un hombre bajito tocaba un contrabajo. La voz de la cantante, una mujer con curvas y vestido blanco, simplemente era melodiosa, remontaba a Hermione a las películas de los años veinte, en los bares clandestinos durante la prohibición, todos con trajes color blanco y las mujeres con vestidos con flecos y hermosos adornos en las cabezas. Hermione sonrió con emoción, sintiéndose completamente feliz a pesar de estar con el rubio a su lado. Malfoy la guió hasta sentarse en una mesa alejada del escenario y la pequeña pista de baile. Llegó un mesero y Malfoy ordenó dos copas de su mejor champán, el cual trajeron con una impresionante velocidad.
El ambiente era relajado y cálido, abrazaba a los clientes y los ayudaba a disfrutar de cualquier instante de su velada. Unas tres parejas bailaban con delicadeza en la pista de baile, con sus cuerpos pegados y mirándose con intensidad. La imagen simplemente era atrayente y Granger no podía despegar sus ojos de los giros sutiles y del suave contoneo de cuerpos unidos, moviéndose como uno. Disimuladamente observó de reojo a Malfoy y éste estaba desparramado en su asiento, viendo con repugnancia su copa de champán hasta que después de parecer meditarlo unos buenos momentos, tomó todo su contenido de un jalón. Granger evitó resoplar y regresó su mirada a la pista. Los músicos ya habían cambiado de canción y deseaba como nunca lo había hecho, estar ahí entre ellos, bailando. Apretó las manos en puños y cobró todo el coraje que encontró dentro de sí, y se giró para enfrentar a Malfoy, sus ojos fijamente sobre los de él.
—¿No quieres bailar?— preguntó disimuladamente, que no pareciera que ella quería bailar.
Malfoy levantó la mirada con aburrimiento y la observó con dureza. Simplemente genial, seguía enfadado. Hermione se sintió completamente avergonzada cuando él pasó su mirada por ella y continuaba con esa expresión de superioridad arrogante.
—Si mis dos opciones son quedarme aquí o bailar contigo…— frunció las cejas como si verdaderamente estuviera meditando sus posibilidades y Hermione estaba nerviosa por el veredicto final— me quedo aquí.
Hermione se enojó hasta la médula. Frunció los labios y las cejas y sintió que su rostro de calentaba y se ruborizaba y simplemente se sintió explotar. Pero perfecto, no iba a decir nada, es más, ni siquiera iba a permanecer ahí sentada. Ella había querido ir a ese club de jazz a bailar a pesar de haberse dicho que no, pero ya que estaba ahí, no iba a haber nada que la detuviera. Se puso de pie bajo la atenta mirada interrogante de Malfoy pero ni se dedicó a verlo, simplemente caminó a la barra a un lado derecho en el que varios hombres pulcramente vestidos y solo estaban. Se acercó con el valor que simplemente no sabía que poseía y le pidió a uno de los jóvenes que bailara con ella. Encantado, un hombre alto de cabello negro hasta los hombros y barba de un par de días, la escoltó a la pista y rodeó la menuda cintura con una mano. Ella le advirtió su poca experiencia y él le dijo que no se preocupara, que solamente se dejara llevar. Y qué buen bailarín resultó ser ese hombre, simplemente parecía que Hermione sabía bailar. Él le comentaba cosas sin sentido y ella igual, manteniendo una conversación afable y amable. Se movían con gracias y ella reía de vez en cuando ante las ocurrencias de su pareja de baile.
Pero entonces, una mano pálida, blanca como el marfil y fría como el hielo se deslizó por entro los cuerpos a la altura de los abdómenes. Hermione y el hombre con el que bailaba, rompieron su contacto visual para voltear a ver el motivo de su interrupción, y para sorpresa de Granger, era el mismísimo Malfoy el que estaba a su lado, con su rostro impasible como siempre, aunque ligeramente molesto a decir verdad. Con un sutil y grosero movimiento de cabeza, indicó al otro hombre que se marchara, mascullando algo, gracias a merlín ininteligible.
Bastante enojada, Hermione enfrentó al hurón oxigenado con brazos cruzados. Seguía sin poder comprender cómo es que le gustaba… ese.
—¿Así que después de todo sí quieres bailar?— gruñó, creyendo que ese era el motivo para su interrupción pero noooo, claro que no. Simplemente era Malfoy actuando como Malfoy.
—Claro que no— Draco la miró como si aquello hubiera sido una verdadera sorpresa o una insinuación fuera de lugar.
—¡No sé qué hacer contigo!— fue la simple declaración de Hermione, antes de dar media vuelta sobre sus talones y dirigirse con gran velocidad a uno de los rincones más obscuros del lugar, que daban paso a la sección en la que se encontraban los baños.
Los pasos eran marcados, dándole a conocer a las personas lo molesta que se encontraba en esos momentos. Simplemente iracunda, histérica y, completamente indignada. ¿Qué no se suponía que él la ayudaría a cumplir su sueño? Bueno, pues tenía que felicitarlo porque le acababa de arruinar uno de ellos. Tan perfecto, tan anhelado y tan ansiado y todo se había visto arruinado por el maldito humor de esa cucaracha. ¿Por qué tenía que comportarse como si le pagaran por verse deprimido? Con esa actitud, quién sabe, tal vez ella acabe con más problemas de los que ya tiene. Pero bueno, Hermione entendía que ella lo empujó a decir cosas que no quería y que por eso estaba enojado pero al menos pudo haber hecho el mínimo intento de comportarse durante la noche. ¡Además! Ya había tenido el tiempo suficiente durante la tarde para calmar aquél enojo, ¿era realmente necesario arruinarle la velada de esa manera tan insensible?
Cuando finalmente llegó a un rincón en el que estaba segura nadie notaría su presencia, sacó su varita de por entre su vestido y la apretó con fuerza cerrando los ojos. Pero no hacía nada, simplemente se quedaba ahí con la vara de madera fuertemente sujetada entre sus dedos.
—¿Es que no te ibas ya?— cuestionó alguien detrás de ella.
No era necesario que girara la cabeza para saber de quién se trataba, pero aún así lo hizo. Malfoy continuaba viéndola con una seriedad escalofriante y solamente ella podía divisar el enojo que la máscara de frialdad expertamente cubría. Algo reticente, conectó su mirada con la de él, sabiendo que no tenía otra escapatoria, le tenía que decir la verdad.
—No… — negó con cabeza, mostrándose entre avergonzada y desahuciada—no recuerdo, no…— talló una de sus cejas con dos dedos y cerró los ojos para no verlo al decir la verdad— no sé cómo aparecerme.
No hubo una respuesta inmediata ante su declaración, pero a pesar de tener los ojos cerrado, Hermione casi podía sentir que él se estaba burlando. No podía estar más equivocada. Malfoy continuaba con el semblante serio pero sus ojos habían dejado de brillar con la arrogancia y altivez de siempre. Se mostraba molesto y ya no por lo que sucedió en casa de los Black en la mañana, pero por la inhabilidad de la castaña de desaparecerse. Lo cual era obvio que pasaría en cualquier momento, pero vamos, ¿tenía que ser en ese momento? Era simplemente perfecto, Granger siempre elegía el momento oportuno para simplemente olvidar lo que no debería de olvidar en ese momento. Pero por otro lado, estaba enojado con ese maldito golpe que sufrió al final de la batalla de Hogwarts. Podía decir con toda seguridad que Granger tardó unos buenos intentos en perfeccionar la aparición, como que para una tontería arruine ese y muchos más esfuerzos.
—Vamos, yo te llevo— declaró Malfoy que tampoco tenía muchas ganas de permanecer en ese lugar, y colocó una de sus manos en el codo de la sabelotodo, dispuesta a llevarla de regreso a su casa, así él podría regresar a la suya y olvidar por completo ése día.
Sí, ajá.
—¡No!— exclamó encolerizada, retrocediendo un paso hasta quedar completamente pegada a la pared. Uno que otro cliente alcanzó a escuchar el grito de Hermione y se mantuvieron curiosos y pendientes de lo que sucedía entre esa peculiar pareja.
Malfoy odiaba las escenas jamás le habían gustado los desplantes y le había gustado poder decir que había tenido solamente uno con Granger, el día que fueron a patinar en hielo, pero definitivamente no estaba de humor para tener otro en esos momentos.
—¿Se puede saber qué te sucede?— masculló el rubio platinado por entre dientes, arrugando un poco la nariz y frunciendo las cejad con fuerza.
Demasiadas cosas. Esa era la respuesta que Granger hubiera dicho sino fuera porque en esos era otro problema completamente. Él, el gran Draco Malfoy, el siempre frío e imperturbable hombre, el duro Mortífago, el que tomó todas las decisiones incorrectas, el que se había ofrecido a cumplir sus sueños, era un mentiroso. Un gran, gordo y estúpido mentiroso. Claro, porque como era superior a todos y nadie lograba entenderlo, actuaba indiferente a cada situación. Siempre fingiendo que nada lo altera, que él vive su vida, enfrentándose a sus propios demonios sin necesidad de otra persona que lo ayude, pero Hermione sabía que era un gran mentiroso porque eso no era verdad, ni una pizca de sinceridad. Y ahora lo podía ver claramente. Él se mostraba con aquella actitud debido a la discusión que habían tenido en la que hablaron de la imposibilidad de la realización de Malfoy con su sueño. Ahora estaba en pocas palabras, intolerable e insufrible. ¡Claro que era afectado! Ningún ser humano podría vivir sin ser receptor emocional.
—Simplemente ya me cansé— declaró, cruzándose los brazos y viéndolo fijamente, no dejándose doblegar por la mirada de acero.
—¿De qué estás hablando?— cuestionó Draco con tono cansado, no sintiéndose con ganas de descifrar los acertijos estúpidos de Granger.
Era el momento de decir la verdad, sin detenerse. La idea estaba en su cabeza, ¿y de acá a cuando Hermione retenía las palabras que quería decir? Inhaló hondo ruidosamente, ni él ni nada la detendría ahora.
—Lo único que tengo a mi disponibilidad es tiempo limitado y por si no te has dado cuenta lo estoy desperdiciando contigo— declaró viéndolo con severidad.
Bueno, eso definitivamente no se lo esperaba Malfoy. Entendía eso de que tenía el tiempo limitado, los días se acababan y simplemente no sabía cuando llegarían a cero, vivía con la incertidumbre a cada momento del día. Siendo honestos consigo mismo, eso a de ser una de las peores cosas que alguien podría sufrir. Saber que en cualquier momento, tal vez al segundo siguiente, simplemente ibas a olvidar quién eres, y tendrás la mente en blanco. Pero por otro lado, se sintió completamente indignado con ella al decir que desperdicia su tiempo con él, bueno, eso lo decidió ella no él, así que no venga en esos momentos a reprocharle el asunto.
—Lamento si te vienes enterando ahora— espetó con crudeza, cruzándose brazos.
Hermione apretó sus manos en puños. Era impresionante lo infantil que Malfoy podía llegar a ser en unos momentos.
—¡Malfoy!— rodó los ojos claramente molesta— Hablo en serio, todo mi tiempo, lo estoy pasando contigo.
—¿Y?— no entendía a qué iba.
—Y que ya me cansé de que simplemente seas así, tan pesimista y deprimente y eso definitivamente no es bueno para mí— habló con rapidez, moviendo la mano de un lado a otro y concluyó inhalando aire ruidosamente.
—¿Y qué sugieres?— preguntó con molestia.
Si alguien le preguntara qué es lo que la pelo de arbusto le iba a decir en ese momento, simplemente hubiera dicho que terminaría con el trato que tenían, diciéndole un "gracias por participar" y su extraña relación se terminaría. Y lo que fue la gran sorpresa de ese pensamiento, era saber que él no quería que ese trato terminara. ¡Ella le quitaría la culpa! Si bueno, era un pensamiento egoísta, realmente no le importaba que ella quedara sola y lo que tanto habían trabajado quedaría la historia, pero no podía dejar de ser él así como así.
Pero Granger, siendo Granger, lo sorprendió.
—Te quejas de que la vida y no sé qué cosas, y de cómo no mereces nada y todas esas tonterías que siempre dices, queriendo olvidar todo y no sé qué.
Hablaba con rapidez, sin verle a los ojos pero con determinación en la voz. Malfoy ahora, simplemente quería irse y no escuchar lo que sea que iba a decirle.
—Granger…— amenazó suavemente, advirtiéndole a que dejara de hablar.
Pero claro que no iba a obedecer, claro que no.
Estúpida Granger.
—¡Es mi turno! — chilló con voz aguda, dejando estático al rubio platinado— Es mi turno de ayudarte en algo, y eso será a disfrutar la vida. Mañana será mi día y haré que des las gracias por poder haber tenido una segunda oportunidad. Yo, Hermione Granger, haré que veas las cosas cómo las veo yo.
La canción que estaba en mi mente durante el bar es Billie Holiday – All of Me. Se las recomiendo si les gusta el jazz.
Gracia spor leer ;) Hagamos una pregunta: ¿Qué será lo que sucederá ahora? ¿Cómo lo hará entender?
florperlachiquis52: Vero, qué te puedo decir, muchísimas gracias, qué bueno que te ha gustado! y sí, cada vez se acercan más, pero no todo será fácil, el pobre de Draco tiene que luchar con muchos demonios internos, no será sencillo pero creo que Mione podrá ayudarlo, quién sabe, ya veremos!
Guest: queridísima anónima, qué bueno que te guste la historia, y sí, normalmente actualizo rápido excepto cuando tenga dificultades acá en el mundo real :( hahaha y bueno, el final lo tengo todo planeado, a mi me gusta muchísimo, espero que lo vean de la misma manera hahah
Andysvr: muchisisimas gracias, me alegra saber que te ha gustado, enganchado y todo lo demás! espero que te siga gustando!
PinknOz95: Celic, hahah yo también me reía con lo de la pijama de borregitos hahaha no te preocupes, aquí estás aunque no comentes, yo lo sé, y muchísimas gracias por el apoyo! suerte con todos los exámenes y extras!
