—Lo siento.
Hermione no esperaba aquello. Se encontró atónita y muda, mientras las dos simples palabras dichas por Malfoy rondaban en su cabeza como lo hacía un pez en una pecera demasiado pequeña. Se quedó estática en su lugar, incrédula a lo que el latir de su corazón le aseguraba había escuchado. Draco Malfoy le acababa de pedir perdón. Lo siento. Las palabras seguían repitiéndose y no parecían detenerse pronto.
Pero entonces, una suave curvatura en la comisura de su labio le dio un aura travieso y pícaro, el cual, al estar tan avergonzado por haber dicho esas dos palabras, Malfoy no notó.
—¿De qué, específicamente? —dijo Hermione con voz indiferente, pero detrás de su aparente apatía, se escuchaban los resquicios de la emoción.
Malfoy era el que ahora estaba boquiabierto. ¿Qué la mujer no podía conformarse con un simple "lo siento"? ¿Tenía que saber absolutamente todo? ¡Que diga muchas gracias y listo! No era muy difícil. Él decía dos palabras, recibía dos, así de sencillo.
Murmuró algo por lo bajo y desvió la mirada. Hermione aumentó su sonrisa. Se ve tan tierno, pensó con aire soñador.
—Disculpa, no te he entendido —habló con un tono de voz cantarín.
Draco rodó los ojos, y haciendo acopio a toda su paciencia habló:
—Lamento haberme comportado de la forma en que lo hice. Además de haberte hablado como lo hice y haberme ausentado tanto tiempo —contestó reticente y enojado consigo mismo.
—Perdonado. —Sonrió.
Malfoy no sabría describir qué fue lo que sintió en ese momento. Fue como si el hasta el momento desconocido peso que se había cernido en su pecho se había evaporado. Pudo respirar con tranquilidad y su mente estaba despejada.
La había extrañado, se recordó.
Con aquel pensamiento hostigándolo, levantó la mirada. Ella seguía de pie frente a él, observándolo con un brillo burlón que por sorpresa, ahora no se le hacía desquiciante. De hecho, lo encontraba bastante tierno y encantador, al igual que atractivo. Su melena de rizos incontrolables caía con un explicable gracia por sus hombros, y por alguna extraña razón, sus mejillas estaban teñidas por un sutil tono rosado que la hacía parecer de menor edad. Irónico, era casi un año mayor que él. Pero se veía tan… inocente, tan pura, que no sabía si sentirse honrado o deprimido.
Él, que se consideraba manchado y sucio, pasaba sus días con el ser más angelical que había tenido honor de conocer hasta la fecha. Y qué ciego había sido, como ella había dicho, al no ver la grandeza de las cosas. En ese momento, ante los ojos de Draco Malfoy, Hermione Granger era lo más grande que había visto jamás. Y nuevamente se sintió pequeño a su lado. Mas no era un sensación denigrante ni sumisa, era algo más parecido a la admiración hacia alguien que sí lo merecía.
En un momento, Draco ya no se encontraba en Grimmauld Place sino en la Mansión Malfoy, casi doce años atrás. Regresó a ser un niño malcriado de cabellera rubia platinada que estaba acostumbrado a que le den todo con solo tronar los dedos. Un mocoso que se comportaba como si sus pisadas se convirtieran en oro macizo. Entonces un día su padre lo llamó a su oficina privada.
—Ha llegado el momento para que comprendas tu lugar —le había dicho con tono sombrío y solemne.
Para un niño que jugaba a ser grande, lo que le iba a decir su padre era de extrema importancia, y así lo tomó.
Lo que le dijo aquella noche de lluvia, lo adoptó, lo arraigó a sus venas y lo convirtió en su mantra. Algo que debía de seguir al pie de las letras.
—Repítetelo hasta que lo entiendas. Después, hazlo —le susurró varias veces.
Y Draco lo repitió hasta que lo hacía por acto reflejo.
Y jamás pensó que eso que su padre le dijo estaba por debajo de él y tenía que aborrecer y repudiar, se convertiría en lo que lo haría cambiar de parecer. Ahora él se sentía por debajo de ella. Y no en el mismo sentido de cuando Malfoy la ponía por debajo de él.
La suave risa de Hermione lo hizo salir de sus recuerdos y la volvió a ver. Angelical.
—¿Cómo has estado? —averiguó un poco atontado. Carraspeó y levantó el mentón, mostrándose de nuevo imperioso.
Hermione suspiró.
—Bien, supongo —declaró—. Mi cita con Brooks no fue como lo esperaba, y te diría qué sucedió pero no lo recuerdo muy bien. Sólo sé que no fue nada agradable. Vi a los Weasley el otro día, vinieron a vernos, pero aquello también es un borrón, tengo una laguna. Por otro lado, tuve otro de mis episodios de pánico y realmente no quiero hablar de eso además de que no sé la razón, ¿por qué no mejor me dices tú cómo estás?
Malfoy torció el gesto.
No quería decir cómo había pasado sus últimos días, ¡habían sido desesperantes! Definitivamente eso de sentir demasiadas cosas nuevas en tan poco tiempo era algo muy agotador: culpa, remordimiento por lo que hizo, extrañar a la nacida de muggles. ¡Denme un respiro! Además, no es como que le iba a decir que ella se encontraba en un relativo peligro gracias a su tío, que buscaba vengar a su difunta esposa, además de averiguar lo que él hacía cuando salía de casa y ¡Oh, sorpresa! Los dos caminos llegan a Granger.
Mejor inventaba algo.
—He ido a las empresas de mi padre —dijo con sorprendente fluidez. Hermione no notó que mentía—. He estado algo ausente y quería ver cómo llevaba Blaise las cosas.
—Lo siento —se disculpó Granger, mostrándose afligida.
—No es tu culpa —replicó con rapidez.
Después, Hermione le ofreció asiento y así lo hicieron, quedándose en el mismo diván pero a distancias prudentes. Hablaron un poco de cosas triviales y sin mucha relevancia, pero era como tantear el terreno para buscar minas enterradas. No vaya a ser que se toquen áreas sensibles y la explosión sea inminente. Ambos sabían que tarde o temprano, hablarían al respecto.
Así pues —y por desgracia—, cada palabra que decía Granger era ignorada por Malfoy. El sonido no llegaba a sus oídos, y si lo hacía, su cerebro no lo procesaba y lo convertía a pensamientos o ideas que tuvieran una respuesta. Tal vez ni siquiera llegaban al cerebro. Y no que fuera malnacido, maleducado o un completo idiota, no. Todo lo contrario. Sus ojos grises luchaban contra ellos, para no posarse sobre los labios de ella.
Dos tiras de suave carne rojiza que se movían de arriba abajo de manera incesante y tan seductora que deberían de estar vetadas del público; nadie debería de verlas. Causarían revuelvo y mucha, mucha confusión. Se ven tan suaves, pensó Draco. La sutil carnosidad de ellos servían de telones de un desfile de perlas blancas y Malfoy no pudo alejar el pensamiento de cómo sería la sensación de las afiladas perlas mordisquear la piel de su hombro. Comenzó a sudar frío. Tragó con dificultad, mas su boca estaba de repente seca. Ella continuaba hablando y su voz chillona se tornaba en una armoniosa melodía de fondo, que marcaba el ritmo y compás del baile de su boca. ¿Qué se sentirá besarla?
Por acto reflejo, se levantó del sillón, callando el monólogo de la castaña. Hermione abrió los ojos de hito en hito, completamente estupefacta. Las manos, que estaban a la mitad de un además, se quedaron congeladas en el movimiento y su boca —su boca— estaba entreabierta. La duda y la incertidumbre cruzaron su semblante y en su mirada podría divisarse un poco de miedo. Por un momento Hermione se preguntó si hablarle de la biblioteca de los Black y lo sucia que estaba había sido aburrirlo de más. ¡No se vaya a ir de nuevo!, se asustó.
Draco se volvió para enfrentarla y cuando la vio tan afligida… ¡Maldita sea! ¡Otra vez la culpa!... ¡Estúpida Granger! Tensó la quijada y levantó el mentón, irguiendo su alto y esbelto cuerpo. Quisiera poder decir esas dos palabras que no estaban en su vocabulario y sólo por ella las había integrado. Pero no había que ser insistente. Una vez era más que suficiente. Además… lo hacía por el bien… de ambos.
Entonces, caminando por el pasillo al otro lado del arco que llevaba a la sala, apareció Potter con las manos en los bolsillos del pantalón, silbando una melodía. Parecía moverse con discreción y casualidad, pero Malfoy casi podía notar que lo hacía para vigilarlos. Y con justa razón, pensó Malfoy. Después de lo que ha pasado de seguro el cuatro ojos querrá proteger a su mejor amiga. Se dirigía a las cocinas probablemente.
—Potter. Necesito hablar contigo. —Bueno, eso había sonado demasiado urgente, pero necesitaba alejarse por un momento de Granger, o no podría responder a sus acciones.
Hermione, mostrándose indignada y ofendida, se puso de pie y estiró sus pantalones ausentes de arrugas. Levantó el mentón con exagerada fuerza, lanzando al aire un poco de cabello y rebotando algunos rizos. Dibujó una irónica y cínica sonrisa y volteó a ver a Harry —que estaba de pie en la entrada—, y después a Draco, que la observaba con una tácita disculpa en su inexpresivo rostro. Bueno, al menos ya puedo descifrarlo un poco mejor, se dijo Granger, positiva.
—Bueno… creo que eso es un "vete" muy aristócrata —canturreó, mas la ironía era palpable en cada palabra y en cada músculo de su rostro.
Tras decir esto y a paso raudo, se encaminó hacia la puerta, y para cuando ella cruzaba el dintel, Malfoy reaccionó.
—No, no es eso, es que…
Pero Granger ya había desaparecido.
Resopló. Pasó sus dedos por su cabello, tirando de él con fuerza y después lo dejó caer. El flequillo despeinado cubrió sus cejas. ¿Qué acaso lo suyo era suscitar la tormenta, antes de que termine el huracán siquiera? Porque si sí, ¡era el maestro! Siempre metiendo la pata, ¡pero esta vez lo hacía por un bien mayo! No fue por maldad, o simplemente para molestarla! Estúpida Granger. Potter carraspeó, llamando su atención de nuevo. Rodó sus esferas de mercurio hasta posarlas sobre las esmeraldas. El niño que vivió permanecía en el umbral, expectante a lo que Malfoy iba a decirle.
—Lestrange se volvió a comunicar conmigo —dijo, directo, franco y sin ambages.
Harry abrió los ojos y se ajustó los anteojos. Eso no lo esperaba… bueno, sí, un poco. Pero no lo vio venir. Se adentró a la habitación, no antes de asomarse al pasillo y asegurarse que Hermione ya se había marchado. Y así fue. Se acercó con paso pausado y calculado, dejando unos cinco metros de distancia entre los dos.
—¿Qué quiere esta vez? —preguntó con apremio.
—Dinero… Como era de esperar, tiene hambre —explicó Malfoy. De repente tenía la mirada perdida y un aire ausente, como si estuviera en un lugar lejano.
Y así era. Pero no era como Harry pensaba, que más bien él no quería estar ahí. Draco pensaba en todo lo que podría pasar causado por su tío. Y —no lo aceptaría— sentía un poco de miedo al contemplar la posibilidad de que él adivinara a dónde se dirigía cada mañana de cada día.
—Lamentablemente no es suficiente información como para ayudarnos, ¡no que diga que no es válida! —aclaró Potter al ver la mueca ofendida del rubio platinado, que se relajó al escuchar lo que aclaró— Pero es verdad; tiene hambre, sí, era de esperar. Aún así no nos da pie para buscarlo en un lugar en específico.
Malfoy asintió un par de veces, consciente de que lo que decía el auror era verdad. Puso una mano en la cadera y pasó la otra por su cabello. Después resopló y dejó caer la cabeza. ¿Por qué todo tenía que ser tan difícil? Busca el perdón, recordó con una burda imitación de la voz chillona de su madre. Será fácil. ¡Sí, claro! Desde que empezó a buscar ese mentado fácil perdón, todo ha sido más que complicado. Y para acabarla de fregar, aún no se sentía merecedor del perdón. ¡Estúpida Granger!
Malfoy volvió a levantar la mirada y observó a Potter contemplarlo de manera suspicaz.
—¿Siguen vigilando a los Weasley? —Harry asintió de forma solemne—. Tal vez deberías de poner unos aurores en la Mansión Malfoy.
Potter frunció las cejas y lo miró escéptico y a la vez expectante. Hizo un gesto con la cabeza, indicándole que continuara hablando.
—También quería saber otra cosa. —Hizo una pausa—. Saber a dónde voy cuando salgo de Mansión Malfoy.
—Vienes aquí.
Draco asintió.
Malfoy podía ver a través de los cristales y los ojos verdes, los engranajes funcionando a toda máquina. El casi imperceptible asentimiento de la cabeza, como si su cerebro estuviera aprobando una lista intangible, como aceptando un proceso mental. Sus labios se movía con suavidad, casi no se notaba. Parecía estar diciendo cosas o sólo moviendo los labios.
—Lestrange busca venganza por Bellatrix… —monologó Potter— ¡Hermione!
Draco endureció su expresión y tensó cada músculo de su cuerpo. Exacto. Hermione. Fácil, claro. Harry estaba igualmente conmocionado, con los ojos abiertos de par en par y su cuerpo de repente laxo. Al verlo así, no pudo evitar crear un escenario detrás de sus párpados. Las luces muggles, el telón de terciopelo rojo y los actores en escena. Ahí, en el centro, el cuerpo inerte de una joven de rizos marrones y mucha gente alrededor. Había un actor rubio, un pelirrojo, y un pelinegro. Y después aparece un quinto actor, con cabello negro y ropaje andrajoso, diciendo: "venganza, dulce venganza".
No soportando más aquella imagen, parpadeó disipando la fastuosa onírica. Y lo peor de todo es que no podía nombrar al sentimiento que lo azoró de repente. Ese… nudo en la garganta que se formó, ni la presión invisible en el pecho. Inhaló hondo y carraspeó.
—Tal vez sería conveniente que conectemos la Red Flu de la mansión con la de Grimmauld Place, así mi tío no sabrá si es que salgo de la casa. Por otro lado, y como bien te había dicho, necesita dinero. Deben de estar alertas, un hombre con hambre comete imprudencias. Hará algo tarde o temprano y los aurores deben de estar pendientes si es que quieren atraparlo rápido. No lo subestimen, es una serpiente maestra para ser escurridiza.
Harry asintió a medida que escuchaba las palabras. Tener a Malfoy de su lado —podía decirse—, era muy conveniente. Nadia sabía de eso en el departamento y no necesitaban saber de su involucramiento.
—No te preocupes me encargaré personalmente de eso, y hablaré con alguien del ministerio para que conecten nuestras chimeneas —aseguró confianzudo en sus palabras.
Se quedaron silentes por un momento, analizando en sus interiores lo que había pasado. Cada uno absorto en las estrategias que podía emplear en distintas situaciones a las que se pueden presentar, y, en el caso de Malfoy, cómo pedirle perdón a Granger por haberse comportado de una manera tan insensible, sin la necesidad de decir esas dos palabras.
Entonces recordó algo.
—Por cierto, ¿de qué fue el episodio?
Potter levantó la mirada con celeridad, como sorprendido de que se rompiera el silencio de forma tan abrupta. Después de que procesó lo que le había preguntado, rió de forma amarga.
—La red Flu. —Bueno, esto es irónico—. Los Weasley venían de visita, ya sabes, para verla antes de… En fin, decidieron viajar por red Flu y al parecer Hermione no lo sabía, pero cuando las llamas se tornaron verdes… fue algo feo. Lo bueno es que por lo de la última vez, ya sabía qué hacer.
Pánico. Ataque… de pánico. Suspiró.
Estúpida Granger.
Por un momento agradeció haberse peleado con ella. Malfoy no podía creer que lo estuviera considerando pero estaba… feliz de no haber estado ahí. Verla de nuevo, así tan… indefensa, tan frágil… no es algo que quisiera ver de nuevo. Verla llorar —aunque no lo haya hecho con su súper mantra de no llorar por lo que puede solucionarse y esas tonterías que le dijo cuando la reencontró—, sería algo que no soportaría. Tal vez ella sufrió, seguro que sí. Pero al menos él no sufrió al verla en ese estado. Y jamás, nunca, ni por los millones de galeones que le ofrecieran, creyó que llegaría a decir eso. Sufrir al verla sufrir, este mundo está de locos, pensó.
Entonces, cuando Potter abrió la boca para decir algo, el estremecimiento similar a un estallido sacudió los cimientos de Grimmauld Place, pero un aullido desgarrador proveniente de un piso superior, perforó sus cráneos, retumbando en sus oídos y en las paredes.
Se voltearon a ver más pálidos de lo normal.
Hermione.
Gracias por leer ;)
kirstty: Hola! me alegra saber que te ha gustado! muchísimas gracias y sí, las madres son sabias y ellas saben cómo manejarnos hahah y sí, las cosas tienen que ser lentas, poco a poco… si Draco cambia de un día a otro, así, un mega paso, es irreal y no duraría! y bueno, Hermione irá olvidando poco a poco cosas irrelevantes, mas después serán cosas más impactantes, aunque ya hubieron dos: Fred, elfos domésticos. Ya veremos qué más irá olvidando. Gracias por comentar! besos, xoxo
PinknOz95: hahahhahhahhaha me matas de risa! hahhaha sí, eso paso, y sí, ya huela a cosas romanticonas! ya verás, ya verás! awww muchísimas gracias! pues es mi tercera historia (sólo hay dos arriba, la otra la bajé porque se está editando para novela aaaahhh!) y pues, muchísimas gracias, me siento súper halagada al saber que te entretengo tanto, espero que siga así la cosa! hahah ah! ni me lo digas! semana y media y ya parezco zombie! el semestre pasado estuvo súper tranquilo, entonces decidí meter sobrecarga y bueno… no fue mi mejor decisión hahaha pero voy bien! hahaha y no, por suerte sí me caen bien mis maestros! hacha claro que sí, ya me pasaré a leerlo otro capitulo! hahhaha podré, lo prometo! aunque los caps sean más cortos ahora! hahahaha muchísimas gracias! besos, xoxox
