Todo es cosa de la actuación

¿Por qué una persona tararea? Puede ser que para pasar el rato. Trae una canción en la cabeza y comienza a crear sonidos que asemejen la melodía y la letra. Puede ser que sea un mero acto inconsciente, como un tic. Algo que se hace sin que la persona se percate hasta que alguien se lo señala. Pero lo más común es que una persona tararea cuando quiere pasar inadvertido. Hermione sabía esto. También Malfoy. Ellos también sabían que el tarareo era para —supuestamente— pasar desapercibidos. Los dos también sabía que no funcionaba. Y aún así, Hermione estaba tarareando.

Ella caminaba delante de Malfoy por varios metros, tarareando quién sabe qué canción que había escuchado —si no se la había inventado—, y Malfoy iba a tras, feliz de poder sonreír abiertamente sin temer un buen golpe por parte de Granger.

Habían salido de Grimmauld Place hace un par de minutos, y se dirigían al árbol del parque a unas cuadras, para desaparecerse. ¿Y por qué tarareaba Hermione? Bueno, es muy simple. Estaba nerviosa. Después de que Draco tomara su mano comenzó a sudar y a ponerse inquieta; el corazón latía deprisa y su respiración se agito. Su mano con la de ella se amoldaba a la perfección, como si estuvieran destinadas a estar juntas. Entonces, los dos se percataron de la unión y lo más discreto y distraído que pudieron, las separaron y sin decir palabra alguna salieron.

Granger se adelantó con unos infantiles saltos, intentando evitar que él viera su rostro sonrojado. Él lo vio. Granger… no sabía mentir. Y Draco se sentía bien al verla así, pero cuando ella volteaba a ver si seguía detrás, mostraba su semblante inexpresivo y pasible, como si nada relevante sucediera.

—¿Y a dónde es que vamos a ir? —preguntó Hermione sin voltear a verlo.

Draco no contestó.

El factor sorpresa era lo mejor.

—Malfoy, te pregunté algo —siguió ella, sin volverse aún—. ¿Sabes dónde hay tréboles?

Y de nuevo, el joven Malfoy no respondió. Pero amplió su sonrisa. Tan curiosa como siempre.

Siguieron caminando, y el silencio no volvió a romperse. Hermione había dejado de saltar y caminaba con calma; las manos estaban dentro de sus bolsillos. Era la única manera de controlar los espasmos nerviosos. Y que él no los viera. Claro que los vio. Y sonrió.

Poco a poco se fueron acercando al parque, y después de saludar al vagabundo Tom, llegaron al gran árbol que los cubriría para poder desaparecerse. Hermione se detuvo y se quedó viendo al tronco. Draco levantó una ceja y se detuvo unos momentos. El aire soplaba un poco, moviendo los rizos descontrolados de la mujer. Sus manos seguían en sus bolsillos. Malfoy levantó la mirada un segundo, contemplando el cielo. Se estaba nublando de nuevo. Será mejor que se vayan ahora a no ser que quieran que la lluvia les vuelva a caer.

—¿Lista? —dijo con voz ronca y seca.

Ella se volvió con una amplia sonrisa. Sus ojos brillaban con la ilusión. Hace mucho que no cumplían uno de sus deseos. Desde que fueron al bar de Jazz las cosas habían sido completamente diferente a lo planeado. Fueron a la playa, tuvieron la discusión, regresaron a ser los… ¿compañeros? que eran, después pasó los de la varita y ahí estaban por fin, listos para cumplir otro de sus ridículos deseos.

—Siempre —contestó.

Malfoy asintió y dio tres pasos hacia ella, quedándose estático a su lado. Bajó la mirada y ella la subió. Entonces Hermione sintió que la mano de Malfoy, cual víbora, se deslizó detrás de su codos y después… negro. Sintió que era halada desde el centro de su ser, y todo a su alrededor se fue mezclando, colores y formas, hasta que terminó negro. Y luego volvió la luz.

Entornó los ojos cuando sintió la resolana atacar sus córneas sin previo aviso. Levantó una mano y la colocó sobre su ceja izquierda, como una pantalla protectora. Miró alrededor. Malfoy permanecía serio a su lado, contemplando su reacción sin expresión alguna.

El lugar era enorme. Una explanada verde repleta de tréboles. Por donde viera había una de esas plantitas de tres hojas. A su izquierda había varios árboles con follaje frondoso. A la derecha se hallaban varios juegos infantiles como los columpios y el arenero y justo frente a Hermione había una calle de pavimento con edificios al frente. Estaba desierto. Nadia se asomaba por las ventanas y no había niños riendo. Estaban solos.

—¿Dónde estamos? —susurró Hermione sorprendida y embelesada con el paisaje.

—Sígueme —respondió Malfoy.

Ella giró la cabeza para verlo y con un movimiento de cabeza la guió a los árboles. La sombra que daba, aunque casi no había sol, ayudaba a que los ojos de la castaña no sintieran que los estaban atacando centenares de agujas. Y de lo que más se sorprendía era que no importaba a dónde volteara, tréboles cubrían el suelo que pisaban.

Al cabo de cinco minutos se encontraron internados en el pequeño bosque del parque. Los árboles no era muy altos, por lo que tenían que estar quitando algunas ramas del camino.

—Aquí estará bien —masculló Malfoy, viendo al piso a su redonda. Asintió conformado y caminó hasta un tronco. Se sentó con meticuloso cuidado—. Bien… ya puedes buscar.

Granger dejó los ojos en blanco. Primero estaba la pose de ése. Una rodilla flexionada, sobre la que repasaba su brazo extendido. La otra pierna estaba estirada y soportaba el peso corporal en la mano apoyada sobre los tréboles. Tenía una rostro de aburrición y un destello en la mirada que a castaña no podía identificar. Y después estaba su voz. Hubo algo en él… Algo que denotaba cansancio. Como si no quisiera estar ahí. Vamos Hermione, sabes que no quiere estar aquí.

—¿Qué? —dijo Granger. No que no entendiera qué dijo sino que estaba dándole un oportunidad de corregir su tono de voz… o lo que sea.

Ahora fue el turno de Malfoy de poner los ojos en blanco.

—¿Tu deseo, recuerdas? Encontrar un trébol de cuatro hojas. Bueno, aquí hay muchos tréboles, supongo que vas a encontrar uno… Y más vale que empieces ya, el cielo se está nublando y en cuanto empiece a llover te regreso a Grimmauld Place. Suficiente es tu memoria como para que también tengas gripa, ¿no crees?

Seguido a su declaración, metió la mano al bolsillo interno de su saco y sacó lo que a Hermione le pareció ser una copia del Profeta. Ella quería decirle que era inservible y lleno de mentiras pero prefería evitar una discusión. Acababa de… recuperarlo, por así decirlo. Entonces pues, se giró y se alejó un poco. Encontró un lugar cómodo debajo de un árbol. La tierra estaba húmeda, pero no tan mojada como esperaba. Los árboles la protegieron un poco. Poco a poco flexionó las rodillas y terminó hincada. Se apoyó en sus talones y suspiró. Iba a ser cansado.

Así, se inclinó y extendió la mano derecha, sin saber muy bien cómo proseguir. Metió los dedos entre las plantas y los abrió, separando los tréboles. Con escrutinio, observó cada uno de los que estaban entre los dedos, buscando alguno diferente. No iba a ser tan fácil, eso lo sabía. Repitió la acción con otro bonche de plantas. Y lo repitió. Y después metió también la mano izquierda y lo buscaba con ambas. Tenía que haber un trébol de cuatro hojas entre todo ese mar de plantas.

Después de unos diez minutos, Draco levantó la vista de la estupenda y completamente ilógica noticia sobre la funcionalidad del ministerio, y la observó. Se veía… bonita, sí. Tenía las cejas fruncidas, denotando su concentración. Mordía su labio inferior, Draco ya se había dado cuenta de que hacía eso constantemente. Ya no estaba poyada en sus talones, estaba a cuatro patas, intentando con todas sus fuerzas encontrar aquel trébol de cuatro hojas. Ya se había desplazado un par de metro, sin éxito, podía saber.

—¿Cómo vas? —inquirió Malfoy. En su supuesta inocente pregunta, podía hallarse un ápice de burla no muy bien cubierta.

Hermione resopló y apoyó en los talones. Sus manos fueron a parar a sus rodillas y giró a verlo.

—¿Cómo crees? —dijo mordaz.

Malfoy se encogió de hombros.

—Supongo que mal —respondió doblando el periódico y dejándolo a un lado.

—¿Entonces para qué preguntas? —regresó a su actividad.

Aunque estaba viendo a un panorama completamente verde y café, Hermione podía verlo. Podía sentirlo. Ahí, a su izquierda, viéndola con una mueca burlesca en sus labios delgados y pálidos. Sus ojos resplandecerían con diversión, estaba segura. Y le estaba siendo muy difícil concentrarse. Esos ojos grises estaban taladrándola, haciéndola perder el control. Se supone que quería ayudarla, si seguí así, terminaría dándole otro ataque de pánico o qué sabía. Sus dedos ya no estaban tan firmes como antes, podían verse un poco trémulos. Tensó los labios, arrugándolos por completo. Casi hasta podía escuchar la risa ahogada en lo más profundo de su garganta. Y además, por si fuera poco, tenía que controlarse para no voltear a verlo.

¿Qué hacer, qué hacer? No podría seguir buscando el trébol en ese estado, sólo perdería el tiempo. Y si le decía que se vayan y regresaran otro día, al historia sería la misma, sin contar que él se enojaría y casi podía estar segura de que la obligaría a buscar el trébol este día hasta que lo encontrara. Otra opción era perderle que la ayudara pero eso le quitaba la diversión, el punto es que lo encontrara era. Así, Granger pensaba en sus opciones o qué podía hacer para no estar tan nerviosa. Entonces se le ocurrió. Ella era una de esas personas que hablan cuando están nerviosas y así, poco a poco aquel nerviosismo va disminuyendo. Ahora sólo tenía que pensar de qué hablar. Y fue como si un foco muggle se le prendiera en la cima de su cabeza. Pero… ¿se enojará?

No le importaba. También quería saber.

—¿Malfoy? —dijo, sin levantar la mirada. Tenía que parecer que era algo casual, pretender que no le importaba.

Lamentablemente para Granger, el tiempo que llevaban juntos había hecho a Malfoy conocerla mucho mejor. Así, reconoció ese tono que ella usaba como "no queriendo la cosa". Sabía que lo que seguía iba a ser divertido. Sonrió de lado y levantó una ceja.

—¿Sí?

La castaña continuó moviendo los tréboles y acercándose de vez en cuando para comprobar que sólo tenía tres hojas. De vez en cuando, cuando creía que tenía cuatro, un brinco en su corazón la extasiaba… y después se daba cuenta de que era una de las hojas rotas y se le iba la ilusión.

Tuvo que luchar un momento por no detener las manos a la mitad de su búsqueda. Tenía que actuar, así de simple.

—Ya sé que lo hablamos hace unas semanas y que no te pareció muy cómodo, así que dime si no quieres hablar de eso y lo entenderé, lo prometo, pero me preguntaba, ya sabes, y en serio…

—¡Granger! —interrumpió Malfoy el balbuceo. Hermione bajó la mirada totalmente avergonzada, sabiéndose sonrojar.

—Lo siento —se disculpó—. Lo que quería decir es que… ¿recuerdas cuando hablamos sobre lo que quería de la vida?

Malfoy se tensó. Claro, divertidísimo.

Sí recordaba cuando hablaron de eso. Ella le gritó como pocas veces lo había hecho, y seguro se hubieran ido a los hechizos si no hubiera llegado la menor de las comadrejas.

—Sí —gruñó. Mas no quería detenerla. Quería saber qué opinaba. Qué pensaba.

Granger asintió un par de veces. Recordaba ese día casi a la perfección, lo cual era ilógico y muy extraño, pero lo agradecía. En esos momentos ayudaba.

—Y… —comenzó— ¿aún quieres tener esposa y un hijo?

A Malfoy aquella pregunta lo sacó de onda. Lo desconcertó bastante y no supo qué responder al instante. Pero la después la tenía en la lengua. Sí. Todavía quería un hijo y una esposa. Quería la familia que él no tuvo, ser el padre que su padre no fue.

—Sí —volvió a gruñir.

Hermione frunció los labios. Sus respuestas lacónicas pronto la dejarían sin preguntas y regresaría a su nerviosismo, el cual estaba mermándose poco a poco. Pero no iba a detenerse ahora. Sentía aún la mirada de Malfoy, y no dejaría escapar aquella oportunidad. Quería ayudarlo, ese era el momento correcto.

—Yo también, ¿sabes? Bueno, quería… Casarme y tener dos hijos. Un niño y una niña —narró, obteniendo la completa atención del rubio. Éste ladeó la cabeza para escuchar mejor, mientras ella seguía buscando—. El mayor será el niño y será travieso —rió—. Va a molestar a su hermana menor, que se parecerá a mí. Leerá y le gustará ir a la escuela. Y el mayor, no sé, tal vez se parezca a su padre. Y cuando vayan a Hogwarts, la protegerá de todos. Y serán los mejores amigos. Lo tenía todo planeado.

Se detuvo y siguió buscando el trébol de la suerte, sintiendo a Malfoy escudriñarla, pero ya no se sentía tan nerviosa. Había tenido razón, hablar la calmó.

—Yo siempre quise… —dijo Malfoy de repente, haciéndola detener su actividad pero no voltear a verlo—. Yo siempre quise una familia. Un solo hijo, eso sí. Casarme.

Bueno, eso fue muy inspirador, pensó Granger, evitando reír y ofender a Draco.

—Y tu hijo, ¿se parecerá a ti o a tu esposa? —preguntó como no queriendo la cosa.

Draco no supo si sonreír a ver lo mal que ella actuaba o molestarse porque estuviera indagando en su vida privada o sueños frustrados. Por alguna razón, ganó la primera reacción.

Lo pensó un momento, imaginándose la imagen. Su hijo… lo veía claramente. La esposa no tanto, tenía la cara borrosa. Y el pensamiento llegó antes de que pudiera siquiera procesarlo o entenderlo, imaginó que el borrón sobre el rostro de su futura esposa se definía y podía ser que el rostro de la sabelotodo la remplazaba. Desechó la imagen.

—Mi hijo será igual a mí —declaró sin duda o suposición—. Los genes Malfoy son dominantes; tendrá ojos grises y cabello rubio platinado, se parecerá a mi. Y se parecerá a su madre, de eso no hay duda. Pero tendrá el orgullo Malfoy e irá a Slytherin.

Hermione sonrió y asintió.

—No lo dudo —levantó la mirada y la conectó con la de él.

Sus ojos prendidos, brillaron con entendimiento mutuo. Malfoy no pudo evitar sonreír de lado.

—Ya lo verás… Cuando lo conozcas tendrás que reconocer que será mi clon —aseguró con la confianza y altanería que lo caracterizaba.

Granger rió sin desmesura. Se estaba divirtiendo con la platica del futuro que sabía para ella nunca llegaría. Pero era una buena terapia para sus sueños frustrados. El mundo de la imaginación es un país sin fronteras y ella era el presidente que controlaba todo. Ahí su sueño era realidad. Y le gustaba estarlo compartiendo con Malfoy. No quería que se detuvieran las suposiciones.

—¿Y si tienes niña? —preguntó Hermione intentando no reírse. Sabía que Malfoy quería un hijo. Varón. Punto.

—¿Y si tienes gemelos? —replicó.

—Hablo en serio —replicó con la risa mezclada en sus palabras.

—Yo también.

—¡Malfoy! —volvió a conectar sus miradas.

Malfoy sonreía como Hermione nunca lo vio hacer. Si antes había dicho eso, es que jamás pensó verlo así. No era una mueca que denotaba diversión, ni su sonrisa de lado. Tampoco era una mera contorsión de labios. Era un verdadera sonrisa, exposición de dientes y todo. Y sus ojos, sus bellos hermosos ojos grises, resplandecían como si la luz del día proviniera de ellos. Y Malfoy la vio tan bonita como últimamente lo hacía. Su cabello descontrolado y su cálida sonrisa. Pero sus ojos, sus hermosos ojos chocolate se derretían solo para él.

—Será un niño, ya verás. Lo sé. Todos los primogénitos Malfoy son varones. Yo, Lucius, Abraxas…

—Sí, sí, ya entendí… —lo cortó como él lo hacía siempre. Y para su sorpresa, no se enojó sólo sonrió de lado y ladeo la cabeza—. ¿Y si tienes niña, qué? ¿Le dirás que siempre quisiste y dijiste que sería niño?

—Claro que no… no soy tan malo, ¿sabes? Si fuera niña, seguiría siendo una Malfoy —Hermione sonrió complacida hasta que…—: Pero será niño.

Rodó los ojos y negó, ese niño no tenía remedio. Bajó de nuevo la mirada y siguió buscando. Cada vez se estaba cansando más y veía todo igual. Bueno, será porque todo en efecto era igual, ¡sólo tres hojas! Pero tenía espereza. Sabía que lo encontraría tarde o temprano.

—¿Y cómo quisieras llamarlos? A mí me gustan muchos nombres, pero si es niño… Alexandre, ese suena muy bonito, ¿no crees? Y si es niña… Helena, siempre me ha gustado —Malfoy levantó una ceja. No eran tan malos nombres—. ¿Y tú? ¿Seguirás la tradición de los Black?

Draco se sorprendió que supiera. Aunque era de dominio general que los Black utilizaban los nombres de constelaciones y estrellas para nombrar a sus hijos, era cosa que casi sólo sabían los sangre pura. Y aunque ahora no era prejuicioso, no sabía que ella tuviera conocimiento de aquello. Pero, ¿qué no sabe la sabelotodo?

—Sirius Black —comentó Hermione, para explicarse. La duda se mostraba en cada facción del rubio—. Una vez le habló a Harry de su familia y él nos lo contó. Le enseñó el árbol genealógico y se lo explicó. Es muy hermoso, si me preguntas… Así que, ¿qué estrella tiene el honro de llevar el nombre de un Malfoy? —inquirió con burla hacia el egocentrismo del honor de los Malfoy.

Y de nuevo, Draco no se enojó. Al contrario, volvió a sonreír. Algo está mal con él. En serio muy mal.

—No lo sé, cruzaremos ese puente cuando lleguemos a él.

Y ella no dijo nada más. Se sumió en sus pensamiento igual que él. Y Draco, al igual que Hermione, recordaba la vez que hablaron de algo muy similar. Y ahora podía ver que su sueño era un poco más posible. Ya no sentía que su interior estaba hecho pedazos, más bien tenía costuras entre los pedazos, que lo mantenían unido. Fue como si Granger se hubiera metido a su organismo y a mano cosiera parte con parte, formándolo de nuevo. Aún no estaba perfecto, lo sabía, pero ahora era más fácil hablar. Abrirse, como dijo ella. No era que decía cada una de las cosas que sucedían en su interior, eso no llegaría a hacerlo jamás, pero al menos decía una de las pocas cosas que pasaban en su interior. Y sentía menos peso en sus hombros. Y ahora sabía que sí era capaz de sentir algo relacionado con el cariño con alguien, pues sentía algo por ella. La quieres, se recordó.

Sus oídos comenzaron a percibir un zumbido. Como un murmullo arrullador que le gustaba. Después se dio cuenta que Granger estaba hablando.

—… y sé lo que has de estar pensando, que no me debería de meter en tus asuntos, pero en serio lo digo. Ha pasado tanto desde entonces, has pasado por tanto. Bueno, no es que diga que fue la gran cosa lo de la playa pero puedo ver que has cambiado, ¡No que no me guste cómo…! Olvídalo, en serio no me gustaba cómo eras antes, pero ese no es el punto…

Draco volvió a extinguir el sonido para poder contemplarla en paz. Sus labios se movían de arriba abajo sin sosiego, diciendo quién sabe qué cosas. Sus rodillas se deslizaban por la tierra, de seguro estaban todas manchadas, al igual que sus manos. No pudo callar el sonido de su voz y siguió escuchando.

—… tal vez sea mi culpa, ¿sabes? —ahora sí le interesó la conversación— Fue tan solo una semana después de la guerra que comenzó todo y yo simplemente no hice nada. Tal vez si hubiera dejado de ser terca por un instante hubiera ido a revisarme con el doctor Brooks y me hubiera compuesto. Y ahora ni tú ni yo estaríamos aquí perdiendo el tiempo, al buscar un trébol que no voy a encontrar…

Problemas. Cuando Granger comenzaba a verse pesimista o realista es que había problemas. Y si no, es que iban a haber pronto. Y él, siendo el realista que era, sabía que no encontraría jamás ese trébol que tanto anhelaba. Era una mutación genética que ocurría en un trébol de mil millones. Casi imposible de encontrar. Lo más discreto que pudo metió la mano a su bolsillo interior del saco, donde guardaba el periódico y extrajo su varita. De vez en cuando decía "sí" o "aja" para que no dejara de hablar.

Y apuntó hacia el suelo donde ella estaba.

—… y yo aquí, buscando algo que nunca encontraré, así de terca soy… Tal vez sea una señal y debo de parar, o seguir hasta el cansancio y… —y se detuvo. Sus ojos se quedaron en blanco.

Hermione parpadeó un par de veces, como si no creyera lo que estaba delante de ella. Boqueó cual pez y extendió su mano con lentitud desquiciante. No podía ver la enorme sonrisa en el rostro pálido de Malfoy. Los delgados dedos de la sabelotodo rodearon el fino y delicado tallo y arrancó el trébol que acababa de encontrar.

—Lo encontré —dijo en un susurro estupefacto y maravillado, como si no creyera que lo hubiera hecho.

—¿En serio? —fingió sorpresa.

Hermione asintió y giró para ver a Malfoy con una sonrisa infantil capaz de derretirle el corazón a cualquiera. Continuó asintiendo con vehemencia, cada vez más fuerte.

—Encontré el trébol de la suerte, lo encontré —dijo, y lo repitió varias veces. Malfoy volvió a preocuparse. El rostro de ella parecía contorsionarse entre la desolación y la emoción—. Encontré el trébol de las cuatro hojas, el de la suerte. Malfoy, ahora tendré suerte… Pero muy tarde, yo…

Y se detuvo. Su mirada perdida se nubló por algo transparente. Malfoy tragó saliva. Parecía que iba a… Y las lágrimas comenzaron a deslizarse por las mejillas de Hermione. Una tras otra, era un río imparable. Abrió sus manos y el trébol cayó el cuelo; se cubrió la boca y sus hombros se agitaron.

—Hey —Malfoy se puso de pie con rapidez y se acercó a ella. Se colocó en cuclillas.

—¡No tengo nada de suerte! —sollozó sin voltear a verlo— No importa lo que haga, ¿no lo ves? ¡No tengo nada de suerte! ¡Voy a olvidar todo! ¡Todo! ¡Quién soy, qué hago en la vida, a ti! ¡Te voy a olvidar a ti, y yo…! No quiero… Malfoy… Yo… Estoy perdiendo la memoria.

Y si creyó que antes había comprendido aquella declaración, estaba muy equivocada. Esta era la primera vez que en serio comprendía la magnitud de lo que le sucedía. Y sólo había bastado un trébol de cuatro hojas que le demostrara que no iba a cambiar la situación… no importaba nada. Un símbolo de la buena suerte para que viera que iba a perderlo. Todo.

—Tranquila, tienes que… —Malfoy estiró la mano y palmeó su hombro con incomodidad, no sabía qué hacer.

—¿Tranquilizarme? —aulló escandalizada. Su rostro estaba rojo por el llanto, y éste continuaba cayendo sin control— ¿Tengo que tranquilizarme? ¿Cómo? Dime qué tengo que hacer para poder olvidar que olvidaré todo, dímelo. No puedo creer que estoy llorando… Eso no es bueno… Sólo lloro cuando no hay solución y yo…

—Calla, te dolerá la cabeza si sigues llorando —de nuevo palmeó el hombro de la mujer.

Hermione lo perforó con la mirada.

—¿Una palmeada, en serio? ¿Esa es tu gran táctica de consuelo? —lo regañó entre lágrimas y sollozos. Malfoy se desconcertó, en qué momento había pasado su llanto a su forma de consolar.

—Yo… —por primera vez en su vida, no supo qué responder.

—Olvídalo —y por arte de magia, ella se puso de pie aún con lágrimas en los ojos y caminó para salir del pequeño bosque que los rodeaba.

—¿A dónde vas? —gritó Malfoy, pero Hermione ya estaba muy lejos. Rápidamente se puso de pie y la siguió.

La alcanzó más rápido de lo que creía, estiró su brazo y la giró del codo.

—¡Suéltame! —gimió con voz quebrada. Estaba hinchada roja y húmeda.

—Detente, Hermione… —y no supo cómo continuar.

—¡Voy a olvidar todo! Adiós memoria, adiós recuerdos, adiós vida…

y al no saber que más hacer, y como al parecer a Hermione no le gustaban sus apreciables palmeadas en la espalda, hizo lo primero que pensó y lo que había hecho la noche anterior. La atrajo hacia él en un fuerte abrazo. Con su meno izquierda rodeó su cintura y con la derecha la agarro por la nunca, llevándola hacia su pecho. Pronto sintió que las gotas cristalinas mojaban su camisa y saco, pero no el importó.

—Voy a morir… —susurró Hermione. Su voz contorsionada—. Es como morir, ni siquiera yo sabré quién soy…

—Cuando alguien se olvida de ti, es cuando mueres… Y yo siempre voy a acordarme de ti, tú no vas a morir —le susurró.

Hermione se hundió en su abrazo, asiéndose de la tela y llorando. Llorando por primera vez de tristeza al en serio comprender lo que le sucedía y de felicidad. Porque había logrado que la abrazara de nuevo. Y sabía que exageró con el drama que había hecho de llorar y todo, pero lo había conseguido. La había abrazado y ese era el mejor consuelo que pudo haber pedido. Y aunque sí se sentía triste y desolada, veía un rayito de luz en la tormenta dentro de ella. Y la luz provenía de los ojos grises. Sí, estaba feliz. Después de todo, todo es cosa de la actuación.


Gracias por leer ;)

Lovemexem: sí, lamento no haberte dicho antes pero será los viernes haha, y sí, a mí también me gusta y espero que en este capítulo te gustara más! gracias por comentar! besos, xoxox

bellatrixa: la escena del beso… la tengo tan planeada en mi cabeza y me encanta, espero que también a ustedes! y spoiler: no faltará mucho! ya verás, ya verás, y también quién lo dará primero!

Bettylu: dos?! hahah si apenas puedo uno! haha tal vez en unas dos semanas publique dos, porque tengo una semana libre de la uní por quién sabe qué actividad, chance ahí publique dos! no aseguro nada! me halagas mucho y me siento muy feliz de saber que es de tus favoritas! gracias por comentar! besos, xoxo

PinknOz95: tú y yo linda! quién no quiere unos de esos?! para el lemmon falta un poco y lo tengo planeadisimo! sé que te gustará! haha este fin paso a leer el one shot, el título está buenísimo! y claro que me gustará! me esta gustando tu fic, el one shot será igual! y bueno, qué crees? he mejorado en mate, no mucho pero estoy aprobando, eso es lo importante para mí! hacha ya hice mi examen parcial y cuando me den el resultado final te lo digo! gracias por comentar! besos, xoxo