Te lo prometo
La risa inundó la sala cuando la puerta principal de Grimmauld Place se abrió. Harry se puso de pie cual resorte al escuchar la sonora y melódica risa de Hermione, y una disimulada entonación ronca por parte de Malfoy. Se escuchó la puerta cerrarse. Unos pasos.
—¿Se puede saber dónde estaban? —dijo Potter en cuanto los cuerpos de Granger y Malfoy se asomaron por la puerta de la sala de estar.
Y después levantó las cejas extrañado.
Los dos venían con los hombros mojados, y las rodillas llenas de lodo y manchas verdes, como si se hubieran estado arrastrando por el pasto húmedo. Los siempre perfectamente planchados pantalones de Malfoy estaban arrugados como nunca los había visto y su camisa estaba fruncida a la altura del pecho, como si alguien hubiera tirado de ahí. Su cabello estaba bañado por rocío y había algo demasiado extraño en su rostro. Algo que nunca había visto de esa manera y jamás pensó llegar a ver. Una sonrisa. Y Hermione no se quedaba atrás. Estaba igual de extraña que el hurón. Su cabello, también rociado con gotas de agua, estaba más despeinado que siempre, y eso era ya decir mucho. La ropa de ella estaba casi en el mismo estado de la de Malfoy, excepto que la camisa no estaba halada del pecho, más bien por la cintura. Y su rostro también estaba algo extraño. Sus ojos brillaban, sí, pero eso siempre era usual. Más últimamente por alguna extraña razón que aún Potter no comprendía. Sus labios estaban curvados con el amago de una sonrisa pero algo más manchaba lo que debería de haber sido su acostumbrada expresión de felicidad. Había llorado. El sonrojo de sus mejillas y el enrojecimiento de la piel alrededor de sus ojos lo indicaba más claro que si hubiera traído un letrero en la frente.
La ira lo inundó de repente. Se expandió líquida por las células de su cuerpo, infestando cada órgano y su sangre. Los paralizados recién llegados no esperaban que un enfurecido niño que vivió se lanzara en un par de zancadas a donde estaban ellos. Todo fue como un borrón. Harry levantó los brazos casi cual zombie, y sus dedos se asieron ahí donde había marca que alguien más lo había hecho antes. Y tiró de él. La espalda de Malfoy chocó contra la pared de la sala principal, ahogando el grito que soltó Hermione por la impresión.
—¿Qué le hiciste? —dijo Harry entre dientes.
Hermione dio tres pasos y estuvo a su lado, tomándolo de los hombros en un inútil intento de alejarlo del rubio platinado, que mantenía una expresión de aburrimiento y nada de sorpresa como uno esperaría.
—¡Harry! —aulló Granger después de varios intentos fallidos para separarlos.
—¿Qué le hiciste? —Volvió a preguntar Harry, acercándose peligrosamente al rostro inexpresivo de Malfoy. El rostro de Harry expresaba toda la furia que estaba sintiendo. Él siempre supo que tener al ex mortígafo cerca iba a traer problemas, tarde o temprano, siempre lo supo. Y odiaba tener la razón, en serio que sí… pero él siempre lo supo.
—No le hice nada, héroe —masculló Draco, por primera vez enseñando un poco de emoción. A pesar de que su voz haya expresado abulia por entre dientes, sus ojos destellaban con fuego, y Hermione temía qué era lo que podía suceder después. No que quisiera comprobarlo, definitivamente.
—¡¿Entonces por qué ha llorado?! —Harry separó a Malfoy de la pared, para volver a estrellarlo contra ella.
Draco torció el rostro con dolor pero no dijo nada. Solo lo miraba con lo que parecía ser una rsonrisa macabra y retorcida que podría helar la sangre de cualquiera pero Hermione ya podía leer entre ella. Era la sonrisa que ponía cuando estaba luchando con todas sus fuerzas para controlarse porque si no lo hacía, el desastre que haría sería… masivo. No quería ver eso, estaba segura.
—Harry —dijo Hermione dejando de tirara de su mejor amigo. Su voz fue mucho más calmada, captando la atención del pelinegro, que la observó de reojo. Obvio, sin soltar al hurón—. Draco no me ha hecho nada; déjale.
Como por arte de magia, los dedos del niño que sobrevivió se vieron laxos y soltaron la camisa de Malfoy. Éste se ajusto la camisa y fulminó con la mirada al dueño de la casa, mientras se acomodaba el cabello.
Los minutos siguientes fueron un poco incómodos, pero soportables. Al menos para Hermione. Ella había bajado a la cocina a preparar unas tres tazas de té y cuando subió. Se encontró a Harry en un extremo del lugar y a Draco del otro. Para ser los hombres que eran, podían ser tan niños a veces. Sonrió. Le gustaba esa actitud. Hasta cierto punto. Colocó las tres tazas humeantes y se encontró dividida de con quién sentarse. Los dos la observaron como indicándole que se siente con cada uno. Optó por irse a la segura. Se sentó en el sillón individual.
Harry les contó que los Weasley estaban bien. Lestrange intentó, en efecto, atacar la Madriguera, mas no lo consiguió. Gracias a la previa advertencia de Malfoy, había colocado cuerpos de aurores suficientes para protegerlos y capturarlos. Lograron hacer lo primero… lo segundo no. Hermione abrió los ojos de par en par.
¿Draco? ¿Fue Draco quien avisó a Harry? Poco a poco fue girando su rostro para ver al rubio platinado. Éste le dedicaba una mirada acerada al de anteojos, casi como si hubiera roto una promesa. Y Granger ignoraba que así era.
—¿Por qué lo hiciste? —preguntó poniéndose de pie. Era como si aquellos ojos grises fueran de repente un faro en una noche de tormenta, y el barco que era Hermione necesitara anclar en ellos. O naufragaría en el intento. Se puso de pie mientras Harry balbuceaba tontería y media intentando no perder el hilo de la conversación. Su mejor amiga estaba actuando demasiado extraño y la mirada de aquél que fue su acérrimo enemigo lo habían puesto algo nervioso.
Hermione dio paso tras paso, acercándose a Malfoy, que permanecía sentado en su sillón junto a la ventana, el mismo en el que Hermione había estado esa misma mañana. El cielo nublado de afuera le daba un aura misteriosa y grisácea, como si fuera parte de él.
—¿Hermione? —dijo Harry cuando la castaña estaba muy cerca del petrificado Malfoy. Ellos no despegaban sus miradas.
Pero es que ella no lo podía creer. Después de todo el odio que profesó hacia Ronald, hacia los traidores de sangre… le dijo a Harry para protegerlo. Y sí, tenía muchas preguntas en la cabeza, como cómo se supone que supo, pero eso no era lo más importante en esos momentos. Lo que quería saber era por qué. Qué había cambiado. Entendía que Malfoy había experimentado ciertas alteraciones en su forma de ser y ver las cosas por estar con ella… pero sólo con ella. ¿Por qué había hecho eso por los Weasley? ¿Tendría motivos ulteriores que ella desconocía?
Malfoy levantó la mirada al verla tan cerca. La luz de la ventana detrás de él hacía que los ojos chocolates se vieran más claros. Hermosos, debía de reconocerlo. Y se sentía… atrapado. No quería mentirle, pero definitivamente lo haría. No permitiría que ella supiera lo que él medio se confesó hace dos días. No lo iba a permitir. Nadie se enteraría.
Hermione abrió la boca para decir algo cuando el repiqueteo en la ventana de la izquierda al fondo la detuvo. Los tres giraron el rostro. Una irritada por la interrupción, el otro aliviado por primera vez al no tener que mentir y el tercero simplemente volteó. En la ventana había una lechuza, una del ministerio, reconocieron. La castaña resopló frustrada, pero al ser la única de pie caminó hasta ella como no queriendo hacerlo. Sentía la mirada de hierro perforarla por la espalda y se sentía molesta. Ella quería respuestas, todos sabían eso. Y tarde o temprano las tendría. Se aseguraría de eso, así tenga que obligarlo.
La lechuza tenía atada en la pata una carta color crema con sello de lacre rojo y un listón a juego. Tomó el sobre y acarició a la húmeda lechuza antes de que saliera volando por donde vino.
—¿Qué es? —dijo Harry, la impaciencia palpable en la voz— ¿Hermione?
—Espera un poco, Harry.
Cuando abrió la carta leyó tan rápido como pudo. A cada renglón que leía de la pequeña nota hecha a mano, la curvatura de sus labios se ensanchaba. La cosa era simple pero muy emocionante. El cumpleaños de Kingsley era en un par de semanas y se haría un baile en su honor. Iba a ser de etiqueta rigurosa, casi como de princesas. Su emoción creció. Y seguía sintiendo la mirada de plata. La emoción creció aún más.
—¿Ya? —escucho decir a Draco con irritación. Poco a poco se giró con esa expresión de una maniaca extasiada. Agitó un poco la invitación, como dándose aire y sonrió, viendo primero a Harry y después conectó su mirada con la de Draco.
—Parece ser… que iremos a un baile.
xxXxx
Habían pasado dos días desde que llegó la invitación. Las cosas con Draco se habían enfriado un poco. En esos dos días habían regresado a sus calenturientas discusiones sobre cualquier tema, y ya no sólo mágico sino que también más convencional, como el trabajo, las tradiciones arcaicas de las familias sangre pura y el sistema monetario de Gringotts. Hermione, por alguna razón, incomprensible para ella, terminaba más seguido dándole la razón a Malfoy. Éste siempre la observaba confundido y suspicaz, como si ella tuviera segundos motivos. Y por alguna razón, en el fondo de su mente algo le decía que Hermione no era muy buena actuando, pero en otros momentos sentía que sí lo era. No sabía qué pasaba más.
En esos momentos se encontraba de nuevo en la sala de Grimmauld Place. Entre sus manos había una nueva copia de El Profeta, leyendo una noticia sobre la fiesta que va a haber en honor del ministro de magia. Sus pies estaban sobre la mesa, cruzados. Estaba relajado, llevaba aproximadamente cuarenta minutos ahí. La lluvia creaba una melodía suave y relajante de fondo. Y todo estaría perfecto si no sintiera los no muy disimulados ojos de Hermione sobre él. Era como esas veces que percibes que alguien te observa y tienes dos opciones: o volteas o no. El decidió por la segunda. Era para molestarla.
Granger estaba sentada en el escalón de entrada a la sala. Estaba vestida con unas botas, jeans y un suéter muy caliente, tejido. Una bufanda cubría su cuello y un gorrito de lana hacía sobresaltar a su cabello. Llevaba ahí desde que Draco había llegado a las diez con puntualidad. Había intentado entablar una conversación pero él simplemente no contestaba al estar leyendo su periódico que en definitiva contenía puras mentiras como siempre.
—¿Y qué haces? —preguntó por enésima vez.
Malfoy levantó los ojos un segundo, sin voltear a verla. Y continuó leyendo.
—¿Y tú por qué molestas tanto?
Granger dejó los ojos en blanco y frunció los labios, molesta.
—Pero qué pesado —masculló.
—Y qué irritante —¡sonrió! Hermione se sintió ofendida.
Se puso de pie y caminó arrastrando los pies, hasta estar a su lado. Se dejó caer en el sillón, justo a su lado. Sus piernas se tocaban pero ambos hicieron como que era normal, o como si no se hubieran dado cuenta de eso. Pero lo sintieron. Lo sentían.
—Vamos, que estoy aburrida —hizo un pequeño puchero que obviamente Malfoy no vio por estar leyendo su noticia.
—Yo no soy payaso… —estableció. Después bajó el tono de voz y declaró—: ni genio, ni niñera, pero al parecer tu no comprendes eso.
La castaña lo miró de reojo con enfado pero no dijo nada al respecto. Se quedaron en silencio un par de minutos, escuchando sus respiraciones tranquilas y la lluvia golpear el techo. De vez en cuando se escuchaba una página del periódico crujir al ser doblada. Ella veía a través de la ventana como hace un par de días. Las gotas creaban estrías en el cristal, creando sombran en la pared. La resolana era fuerte y el cielo estaba nublado. No había un rayo de sol, y aún así, era un lindo día. A ella le gustaba la lluvia, los truenos y los rayos. Antes de le daban miedo pero hubo una noche de lluvia que llamó a su madre a gritos pero ésta no llegó. Los rayos iluminaban su habitación como flashes de cámaras, y después las paredes temblaban cuando el trueno resonaba. Dispuesta a hacer algo en medio del caos, se puso de pie. Sus pies descalzos se deslizaron por la alfombra de la habitación hasta llegar a su ventana. Corrió la cortina y vio el panorama exterior. Por alguna razón quedó… enganchada. Se enamoró del paisaje. Aprendió a saber cuánto tiempo después del rato llegaba el trueno, le gustaba ver la forma que tomaban los flashes. Se enamoró de la lluvia y todos sus componentes. Nunca volvió a tenerle miedo, al contrario… amaba cuando llovía.
—Vamos a hacer algo —dijo de repente, saliendo de su ensoñación.
—Estamos esperando… —replicó Malfoy sin levantar la mirada de su periódico—. Eso es hacer algo.
La mujer se giró en su lugar para poder verlo de frente. Lo que recibieron sus ojos fue una pared blanca con letras negras de muchos tamaños y en todas direcciones.
—Pero la cita con el doctor Brooks es en dos horas —explicó conectando las palabras, como si fuera una niña pequeña. Y no le importaba, estaba aburrida.
—Y esperaremos por dos horas —tajó
—¡Son dos horas, Malfoy! —espetó frunciendo las cejas, bajando el periódico con una mano. Lo arrugó por completo. Draco obervó molesto primero su periódico arrugado y después a ella.
—Sí, ya lo había dicho —comentó mordaz, antes de agitar su periódico y deshacerse de la mano de Granger. Regresó a leer.
Hermione se puso de pie decidida. Iban a hacer algo. Lo que sea, pero algo, más que estar ahí sentados por dos horas sin hablar siquiera. Giró al cabeza de un lado al otro como buscando alguna señal que la ayudara. Entonces lo vio. Un pequeño contenedor de plástico reposaba sobre un mueble de madera negra. Estaba vacío. Entonces la sala se iluminó y un trueno se escuchó un segundo después. Sonrió. Ya sabía qué iban a hacer. Le iba a enseñar a maravillarse por las cosas que lo rodeaban. Ya sabía ver la grandeza de ellas… ahora le tocaba disfrutarlas. Caminó paso decidido para tomar en contenedor de plástico. Después caminó de regreso con Malfoy.
—Vamos —ordenó.
Acto seguido, bajó la mano libre y le arrancó el periódico de un tirón. Se rompió en tres pedazos.
—¿Qué? —gruñó Malfoy malhumorado, pero ella no tenía tiempo para responder.
—Que vengas —dijo impaciente, tomando la mano de Malfoy y tirando de ella. Él se puso de pie pues sabía que ella jamás lograría levantarlo sola. Algo reticente la siguió dándose cuenta de que salían de la sala.
—¿Adónde? —preguntó con flojera, viendo que ahora se dirigían a la puerta principal. Comenzó a dudar de sus intenciones. Afuera llovía a cantaron, no había posibilidad de que saliera. Estaba loca si pensaba lo contrario.
—¡Vamos! —Hermione abrió la puerta.
El panorama que los recibía no era el mejor, para Malfoy. Las gotas caían una tras otra con velocidad, salpicando el encharcado piso. Los escalones de la noble y antigua casa de los Black se había convertido en una cascada. No se veía más allá de treinta metros, la lluvia volvía todo borroso.
—¿Qué se supone que haces? —inquirió el rubio con una ceja levantada, al ver a Granger quitarse el suéter tejido, mostrando una simple blusa de algodón negra de manda larga y cuello de tortuga. Entonces él comprendió sus intenciones. Antes de que ella pudiera salir a la lluvia, la detuvo por el codo.
—Te vas a mojar y llegaremos tarde con Brooks, además de que enfermarás —explicó con voz razonable y una mirada de advertencia. Qué lindo se ve cuando se pone así. Luego borró la tonta sonrisa que había puesto.
—Oh vamos, será divertido —acto seguido, se zafó del agarre y salió.
La lluvia perforó su piel con fuerza, casi dolorosa. Le caía y humedecía cada centímetro de su cuerpo. Extendió los brazos y levantó el rostro, dejando que la lluvia cayera sobre su rostro. Giró lentamente, sintiéndose abrazar por el agua. Malfoy la observaba. Ni iba a negarlo, se veía linda. Tierna, incluso. Pero endemoniadamente patética. Todavía bonita, sí.
—Granger, no seas infantil —subió su tono de voz para que ella lo escuchara por sobre la lluvia—. Correr en la lluvia dejó de ser divertido a los cuatro años.
Hermione se detuvo con una sonrisa torcida que poco a poco se fue desvaneciendo. Su cabello estaba pegado a su rostro, cuello y hombros. Su nariz goteaba al igual que su ropa. Esa blusa de algodón se pegaba más de lo correcto.
—Porque dejaste de ser niño a los cuatro años, al parecer —dijo con una sonrisa triste y divertida a la vez. Se acercó unos pasos y extendió su mano—. Vamos, haré que vuelvas a sentirte como un niño.
Draco no se movió. Fue como si ni siquiera ella estuviera ahí. Perfecto, si así quieres jugar. Hermione tomó el contenedor de plástico que había dejado en el suelo y se acercó a un charco visiblemente profundo. Malfoy la observaba intrigado y algo preocupado. Como esas veces cuando todo parece normal pero algo no anda bien y no sabes qué es. Así estaba en esos momentos. Entonces ella se puso de pie con el contenedor lleno de agua. Y por qué no, se acercó él. Sus ojos chocolates resplandecían como los de un felino a punto de atacar a su presa. Y Draco supo que él era la presa.
—Granger, no te atrevas… —advirtió—. No lo hagas… Granger… —pero ella seguía acercándose con una sonrisa malévola en el rostro; cada vez aceleraba sus pasos—. ¡Ni se te ocurra! ¡No! ¡Hermione!
Pero fue muy tarde. El traje perfectamente planchado de Malfoy goteaba. Su nariz también. Y su cabello igual. Hermione sólo reía… a carcajadas.
—Me las vas a pagar —gruñó.
Entonces salió de la casa completamente vestido y sintió los mismo que Hermione antes. Las gotas perforaron su cuerpo con fuerza. Pero no le importó. Quería venganza. Y ella iba a pagar. Se agachó a tomar el contenedor de plástico que ella había tirado y rápidamente lo llenó de agua. No despegó su mirada de la de ella. ¿Quién es la presa ahora?
—¡No! Draco, no —Hermione retrocedió al verlo tan cerca. Y trató de huir. Giró su cuerpo. Pero enconches sintió una mano envolver su cintura con fuerza y su cuerpo ser halado. Su espalda se pegó con el pecho de Malfoy y sus pies se despegaron del piso. Después, un balde de agua cayó sobre ella.
Así estuvieron jugando por aproximadamente cuarenta y cinco minutos. Uno agarraba al otro y lo tiraba sobre el agua, giraron bajo la lluvia y saltaron sobre charcos. A cada rato Draco decía que se veían patéticos y que ese no era un comportamiento adecuado. Después se tomaron de las manos y giraron juntos, casi como un reguilete. Después, se sentaron frente a la puerta, cubiertos de la lluvia. Sus ropas y cabello chorreaban agua y por alguna razón, no tenían frío. Respiraban agitadamente por todo el movimiento.
—¿Lo ves? —dijo Granger con una amplia sonrisa, volteando a verlo— Divertido.
Malfoy resopló y rodó los ojos.
—Ahora los dos estaremos enfermos, muchas gracias.
La castaña lo empujó con poca fuerza.
—¡Malfoy! Esa es la forma adulta de ver las cosas —explicó con un ademán—. Tienes que verlo de la forma infantil.
Entonces el de ojos grises volteó a verla con una expresión de extrañeza. La lluvia creaba una cortina que los encerraba en un pequeño espacio. La puerta, ahora cerrada, servía para recargar sus espaldas y las gotas de agua de música de fondo.
—¡Oh, vamos! —rió Hermione— No puedes… No es cierto… ¿En serio? Vaya, vaya, vaya… ¿Quién lo diría? Draco Malfoy. ¿A caso tengo que enseñarte cada aspecto de la vida para que sepas vivirla? No me queda mucho tiempo, ¿sabes? A estas alturas probablemente debería de haber olvidado dónde vivo, tú sí que no me das ni un respiro.
Rió, burlándose como siempre de su condición. Algo de lo que ella dijo le causó un cosquilleo en el estómago a Malfoy pero no supo identificar qué era. Se indignó al saber que ella se estaba riendo de lo que sea que se estaba riendo, pero que finalmente era de él.
—¿De qué estás hablando? —refunfuñó desviando la mirada.
—Ah, las cosas simples son tan devaluadas. No es tan complicado apreciarlas, a decir verdad —habló para sí, y después se giró a verlo— Los ciclos —explicó Hermione con una gran sonrisa, llevando sus rodillas al pecho y abrazando sus piernas—. Todo en la vida es un ciclo. Lo vemos siempre pero pasa inadvertido. Por ejemplo, lo más sencillo. Te levantas y desgastas energía, para dormir después y recuperarla. El sol sale cada mañana y se pone cada noche, lo mismo con la luna. Las cuatro estaciones. El agua es otro ciclo. Está acumulada en la tierra y después se evapora. ¿Ves las nubes? Se condensa el agua para finalmente… caer. La lluvia. Parte fundamental de nuestra vida, ¿no lo crees?
Él levantó una ceja. Había seguido el recorrido de los dedos de la castaña a su lado, desde los charcos del agua, hasta las nubes y después de regreso a las gotas de agua.
—Créeme, me encantó la lección del mar y todo eso, pero no irás a decírmela de nuevo.
—Claro que no. Ay Malfoy, primero le quitas crédito a las grande cantidades de agua, y lo mismo con las pocas —se rió unos momentos más. Esta vez Malfoy no se indignó.
En cambio, ella se quedó pensando un poco el cómo explicarse mejor. Ella veía las cosas diferentes a él, lo sabía. La vida de Draco Malfoy siempre fue en blanco y negro, sin cambios. Lo que se le decía lo hacía, no había puerta número dos. Era obvio que cuando viera la lluvia para él fuera sólo lluvia. Nada más. En cambio ella sí que veía más. Para ella, las gotas formaban un matiz muy importante de la vida. Uno que iba a enseñarle en esos momentos. Ahora que podía.
—Agua. Estamos conformados setenta porciento de ella. El agua alimenta las plantas que limpian el aire que respiramos. Nos quita la sed. Sirve para refrescar las bebidas. Es la fuente de la naturaleza. Y… se puede jugar con ella.
—¿Y dónde se supone que quedó lo infantil?
—Que los adultos ven la parte que te acabo de decir. Enfermedad. Ropa mojada. Pérdida de tiempo. Blanco y negro. Los niños, en cambio, ver un mundo de posibilidades. Algo que la gente mayor ya no ve. Ellos ven diversión… un espejo… una pecera… el fondo del mar en un charco… un río caudaloso… la oportunidad de molestar a sus madres. Nosotros vemos sólo agua. Ellos nos, ¿lo entiendes?
Él se quedó con una expresión sólida. Sin emoción. Excepto por sus ojos. Ellos resplandecían con duda.
—No.
—Draco, en serio que me lo haces difícil.
Extendió su mano y la colocó en la lluvia. Las gotas caían en su palma y rebotaban con gracia hacia todos lados. Los dos jóvenes observaban la acción y el movimiento como si estuvieran hipnotizados. Lo único que rompí el silencio eran las gotas transparentes que chocaban con otros charcos, creando ondas.
Hermione inhaló hondo.
—Los niños ven el agua de distintas maneras pues eso representa. Un mundo de posibilidades… oportunidades, puertas a otros planetas. Lo que es el mundo. Y lo ven todo… en agua. Cuando ellos brincan en los charcos, no lo hacen porque sí. Lo hacen porque cuando sus botas de lluvia entren en contacto con la superficie, estallara el agua como si fuer una bomba, salpicando decenas de gotas y quieren que las suyas sean más altas. Y saben que pueden caer, resbalar y lastimarse… pero no piensan en eso realmente. Ellos piensan en las gotas. La posibilidad de tener las más altas. O tal vez son monstruos que atacan a Atlantis, yo qué sé. Lo que sí sé es que ellos ven como lo mejor del mundo lo que a nosotros nos puede irritar. Ellos aprenden a disfrutarlo.
Draco se quedó pensativo unos momentos. Bueno, ella tenía un poco de razón en eso. Cuando le dijo que iba a jugar en la lluvia lo primero que pensó fue en los niños corriendo como locos y saltando sobre el agua, mojándose y enfermándose. Y desde lo de el mar aprendió a ver las cosas diferente, en eso tenía razón. Veía a la lluvia como algo que iba más allá que sólo agua cayendo del cielo. Regaba las cosechas que lo alimentaban, le daba agua a mucha gente y bueno, era parte de un ciclo como lo había dicho antes Hermione. Claro que lo veía. Pero entendía lo que ella quería decir.
—Debes de aprender a maravillarte de todo lo que te rodea —lo sacó ella de sus pensamientos—. No sólo a ver lo importante que es, pero admirarlo por su grandeza. Embelésate. Maravíllate. Porque hoy es grande, pero mañana puede no suceder, y tú desperdiciaste la oportunidad. No des las cosas por sentado, ni siquiera respirar. Pues eso también es un ciclo. Naces y mueres. Pero cada respirar es una posibilidad nueva. Nunca la dejes pasar. Toma la oportunidad, la posibilidad de hacer algo nuevo. Y siempre habrá puertas que se abran y se cierren. El punto es seguir intentando abrirlas y maravillarte con lo que hay detrás. Y disfrutarlo.
Se giró un poco para verlo. Él estaba observándola con intensidad. Atento a lo que ella pudiera decirle.
—Sé que lo hemos hablado muchas veces. Y que no te gusta que lo saque a relucir —subió una mano y con cierto temor la apoyó en la mejilla de Malfoy—. Pero debo asegurarme de que lo entiendas. No dejes de pasar tu vida porque sí. Disfrútala. Ya sabes ver la grandeza de todo aquello que te rodea. Ahora aprende a que eso te beneficie. Que enriquezca tu vida. Las cosas, las personas y las situaciones. Todo es un mundo de posibilidades, como el agua. Pero puedes quedarte adentro y verla caer o salir a jugar. Y vas a equivocarte, no te mentiré. Muchas veces, y dolerá. La puerta que elijas será la incorrecta. Pero nunca te quedarás con el hubiera. Y tal vez no recuerde esto el día que yo me vaya, pero por ahora sabré que tu vida tiene un sentido, eso que a ti tanto te faltaba, que anhelabas. Y encontrarás eso que tanto deseas. Te lo prometo.
Gracias por leer ;)
Quiero compartirles que la historia de Hermione con miedo a la lluvia y cómo lo supero, es mía, completamente verdadera. fue hace muchos años y ahora amo la lluvia con todo mi ser. Me inspiró porque ha estado lloviendo mucho aquí donde vivo. Díganme, ¿les gusta la lluvia?
Lovemexem: wow! me alegra saber que es tu favorito, en serio! me pone muy feliz hahaha muchas gracias por comentar! besos, xoxo, y espero que este también te haya gustado tanto!
Bliu Liz: sé que tu comentario está en el capítulo 16 pero espero que ya hayas llegado! muchas gracias, y sí, es sabio leer entre líneas, te lo aseguro que hay muchas cosas escondidas que dice qué sucederá al final! gracias por comentar! besos, xoxox
PinknOz95: no sé por qué te imaginé teniendo una crisis como de fangirl, ya sabes de esas que te mueres y te agarras la cara y no sé,… haha al menos así me pongo yo! hahaha ay linda, exacto, no tienes idea lo que te espera! no, no hahahha falta poco es lo único que puedo decirte! y bueno, mate… eee…. gracias por comentar! hahaha besos, xoxox
Clara: al principio, cuando salía que era un guest, me quedé toda extrañada de quién es? y luego vi que mencionabas a Jorge y ya todo entró en orden! hahah sí! es una buena táctica! yo he aplicado esa una vez y muy efectiva, en serio! ahhaha
