Casi
La lluvia era una bella melodía de fondo. El viento soplaba un poco menos fuerte que antes. Gota tras gota, al charco de agua debajo de ellos se movían en sutiles ondas. El pequeño techo sobre las escaleras principales de Grimmauld Place les daba resguardo a sus cuerpos, pero las puntas de sus zapatos se encontraban expuestos a la cortina de agua que los encerraba entre la lluvia y la puerta. Los dos tenían las rodillas al pecho y guardaban silencio.
La mano de Hermione permanecía en la mejilla de Draco. Suavemente, apenas rozándolo. Ella podía sentir con la palma la suavidad de su piel masculina. No había ningún rastro de barba incipiente, estaba pulcramente rasurado. Era de esperar en alguien como él, supuso Granger.
Parecía que estaba congelada. Sentía como si estuviera congelada.
Los dedos de los pies nadaban en sus zapatos, y estaban congelados. Podía sentir la tela húmeda, endurecida y arrugada en el lado opuesto de la rodilla flexionada. Su mano izquierda, la que tenía apoyada en el piso para sostener su cuerpo, estaba tiesa por el frío, y sumergida en agua.
Draco, por su lado, se encontraba… como en las nubes, a decir verdad. Hermione, jamás la había visto con los ojos tan abiertos como en ese momento. Las pestañas negras resaltaban el delicioso tono chocolate, además de que se veían adornadas por unas perlas transparentes de agua. La nariz la tenía un poco enrojecida y de vez en cuando una gota escurría desde el nacimiento del cabello y caía desde la punta. El cabello, bueno, se complacía en pensar que era la primera vez que notaba los rizos naturales de su indomable melena. Aunque la parte superior ya comenzaba a secarse y uno que otro cabello rebelde saltaba a la vista.
Las últimas palabras que dijo resonaban en su cabeza con la fuerza de un cañón en plena guerra.
Te lo prometo.
Ella me prometía eso… Pero dijo algo muy importante, se recordó. O más bien, no dijo. No le prometió que no se iría. Porque lo iba a hacer.
Se iba a ir.
Quiso apartarse. En esos momentos era lo que más deseaba. Alejar esa mano tan suave y pequeña de su rostro con un manotazo nada cuidadoso, y dedicarle la mirada más gélida que le hubiera brindado a nadie jamás. Y tal vez hubiera podido decirle uno que otro insulto. "¿Quién te crees que eres? ¡Por favor!". Pero sus músculos no le respondían. Tal vez ni siquiera hubiera dado la orden su cerebro, y aquel pensamiento hubiera sido uno de los muchos que una persona definitivamente no cuerda no tendría.
Pero ahora podía asegurar que no estaba cuerdo.
Con ella, no podía estarlo. Que lo juzguen si quieren. Pero no podía.
Parpadeó. Una, dos veces. Sintió gotas de agua en sus pestañas caer a sus mejillas. No hizo nada por retirarlas. No quería hacer nada que pudiera alejar la mano de Granger de su rostro. Se sentía tan perfecto ahí. Inhaló hondo, necesitaba oxígeno. Pero trató sólo de inflar el pecho hacia delante y que no se sintiera. Nada. Debía. Alejar. Su. Mano. De. Él.
Hermione no puso evitarlo. La voz de Ginny resonaba en su cabeza, con palabras que parecía que se las había dicho ayer. "No sabes mentir…". Entonces, ¿por qué no?, Hermione hizo lo que una niña con cierto cariño hacia un niño, el cual ella no quiere que sepa, no debe de hacer. Deslizó sus ojos con alevosía. Centímetro a centímetro, recorrió el mapa del rostro de Malfoy hasta posar los ojos en lo que ella aseguraba podían ser el Gran Cañón de su mundo. Un lugar muy turístico, muy visitado. Sus labios. Estaban algo azulados por el frío. Debería de ayudarlo a calentarlos un poco. Se alteró al instante. Pero cuando regresó la mirada a los bellos ojos grises, encontró con que éstos no le regresaban la mirada. Él veía el Gran Cañón de su rostro.
Sintió la sangre congregarse en sus mejillas. Se estaba sonrojando.
Definitivamente no sabía actuar tan bien como el otro día con lo del trébol.
Pero esta vez era diferente.
Draco observaba con creciente interés esas dos tiras de carne. Como la vez anterior que estuvieron así de cerca. A pesar de que ella estaba pálida por el frío que estaba sintiendo (el podía ver los vellos de su piel erizándose), sus labios se veían cálidos. Estaban más abultados en el centro del labio inferior y se preguntó como hace unos días, qué se sentiría morderlo, tal vez hincharlo un poco más.
No entendió en qué momento su traicionero y a la vez buen amigo cerebro, dio la orden de que se acercara un poco. Sólo un poco.
Regresó la mirada a los ojos chocolates.
La lluvia seguía escuchándose de fondo.
La mano de ella tembló. No temblor de frío, lo pudo percibir Malfoy, era otro tipo de estremecimiento. Como si estuviera… nerviosa.
¿Qué significaba que Malfoy se acercara a ella, cuando estaban tan cerca? ¿Qué significaba que viera sus labios con tal intensidad?
Hermione, como gran lectora que era, había leído innumerables veces situaciones similares. El chico y la chica, las miradas a los labios y la lluvia de fondo. Claro, ninguna de las novelas románticas que leían tenían al señor Draco Malfoy como protagonista. Y por mucho que estaba comenzando a entenderlo, no llegaba a tanto su escaso conocimiento en el aspecto como para interpretar el acercamiento y las miradas de Malfoy.
Tal vez lo mejor era alejar la mano y decir algo. Sí, eso es lo que haría. Pero no lo hizo. ¿Qué fue lo que hizo? Se acercó un poco. Casi pudo ver al altanero de Malfoy levantar un poco la ceja, divertido.
Se vieron de nuevo a los labios. A quién quería engañar, Hermione moría de ganas de besarlo. Moría en el amplio sentido de la palabra. Moría al grado de que no le importaba que él la empujara y la insultara, con tal de rosar sus labios con los de él al menos una vez. Y si tenía suerte, tal vez lo olvidaría al día siguiente y él sería lo suficientemente cordial y caballeroso como para no decir nada al respecto. Y todos quedaban felices.
Se acercó un poco más y entreabrió los labios nerviosa. ¿Qué se supone que se hace en esos momentos? De repente, todo lo que había leído desapareció de su dañada memoria. No sabía si era cosa del momento o algo definitivo. Ya no podía confiar tanto en sus recuerdos, no como antes.
Tragó saliva con dificultad.
Draco lo notó. También estaba nervioso.
No lo demostró.
Hermione seguía viajando su mirada de los ojos grises a los labios azulados. El beso que se había dado con Ronald fue espontaneo, además de que no sabía lo que hacía hasta que escuchó los colmillos resonar en la oquedad del pasillo. Y cuando ya estaba abriendo los ojos sorprendida al escuchar el carraspeo incómodo de Harry.
¿Qué se supone que debo de hacer ahora?
Malfoy interpretó el miedo en su mirada con una facilidad que lo sorprendió. Fue como si ella le hubiera dicho con palabras que no sabía qué hacer. Pero un Malfoy es un caballero y cuando se le necesita hace alarde de sus modales. Decidió que él tomaría las riendas de la situación. Y mejor ahora a que ella se de cuenta que estaba cometiendo una equivocación atroz y se aleje. Además, siempre queda la esperanza de que lo olvidara al día siguiente.
Entres su labios había una escaza distancia de diez centímetro. Para alguien, sería mucho, para otro muy poco. Pero para Granger y Malfoy, era lo más cerca que habían estado. Al menos sus labios. Siguieron acercándose. Centímetro que acortaban, centímetro que paraban. Se detenían para verse a los ojos y asegurarse que no cometían un error. Después regresaban la mirada a los labios y se acercaban otro centímetro.
¿Qué es lo que siente una persona cuando da un beso en la boca? Unos, se quedan en blanco. Simplemente el mundo alrededor se pone en blanco, desaparece. El corazón deja de latir. La respiración se congela. No hay nada en este mundo mas que la suave presión de otros labios sobre los tuyos.
El primer beso de Hermione fue algo maravilloso, eufórico, y que ahora era un borrón en sus recuerdos. Pero recuerda que tenía el corazón desbocado y la respiración alocada. Draco en cambio, tuvo una experiencia diferente con su primer beso. Había sido en cuatro año en un juego de verdad o reto en la sala común de Slytherin. Fue con Pansy. Fue nervioso, experimental y puede decirse, bonito.
Pero ahora, por alguna razón, entre más cerca estaban, tan sólo cuatro centímetros, las cosas fueron diferentes a ese primer beso. La lluvia dejó de oírse. Ya no había agua debajo de ellos, ni gotas escurrían desde su cabellos. Él no era una serpiente ni ella una leona. Ella no era sangre sucia y él no era sangre pura. Simplemente eran dos personas. Un chico y una chica normal.
Otro centímetro más cerca y se vieron a los ojos. Asegurándose.
No querían cometer ningún error.
Él olía a menta. Ella a chocolate y té.
Se acercaron más.
Más.
Un poco más…
Hermione cerró los ojos y Draco observó, apunto de cerrar los suyos y…
—¿Qué es lo que están haciendo?
Tal vez no era muy bueno eso de que desapareciera el mundo.
Completamente sobresaltados, Hermione y Draco se alejaron el uno del otro con terror en la mirada. Torcieron los cuellos para poder ver quién es el que les hablaba. ¡¿En qué momento se abrió la puerta y no me di cuenta?!, chilló Hermione en su interior. Harry tenía las cejas fruncidas y su cabeza se movía de un lado al otro. Sus manos estaban en jarras y los veía con creciente confusión. Primero a Malfoy, después a su amiga. De regreso a Malfoy. Y también regresó la lluvia a sus oídos, y recordaron que estaban empapados. Ya sentían de nuevo el agua que los rodeaban. Volvían a sentir el mundo.
Malfoy levantó una ceja, retando con la mirada a Potter, retándolo a decir algo al respecto.
—¡Harry! —sonrió Hermione, sintiéndose sonrojar, además de no saber qué hacer.
Seguramente Harry había visto todo.
Draco lo veía muy bien. Ella estaba incómoda. Tal vez hubiera sido muy mala idea eso de besarse, pero era una buena señal que ella no se alejara, ¿no es así? Quién sabe. Granger estaba algo zafada, no se debía de confiar del todo en sus acciones.
Carraspeó.
Aunque hubiera fallado el beso, seguía siendo un caballero. La rescataría de su amigo.
—Tenías algo… en… sí —acercó su mano al rostro de Grange, quien abrió los ojos nerviosa. Los dedos de Malfoy se enredaron en una hebras de su cabello y retiraron lo que parecía ser un pedazo de pasto seco. No sabía cómo había llegado ahí.
Malfoy no dejaba de verla a los ojos, mientras retiraba su mano.
Harry seguía viéndolos.
No podía creer que aquello hubiera estado a punto de pasar. Era… inconcebible. Eran Hermione y el hurón. Aunque Ginny le había mencionado algo así como que algo similar a un amor platónico por parte de su amiga se había desarrollado, jamás hubiera pensado que el hurón pudiera… ¿sentirse atraído? de esa manera hacia su amiga. Mejor no sacar conclusiones, y decir a lo que iba.
—¿No tenías cita con Brooks? —su voz sonó algo seca y frazada. No fue a propósito.
El gesto de Hermione se torció con espanto.
—¡Tengo cita! —exclamó sobresaltada, al tiempo que se ponía de pie de un sobresalto, abriendo los ojos de par en par.
Draco sintió que algunas gotas de lluvia desprendidas del súbito movimiento de Granger lo mojaban aún más, pero no hizo aspavientos. Simplemente se dedicó a ponerse de pie con la elegancia que lo caracterizaba. Con toda la decencia que pudo se ajusto el saco mojado, estirando las solapas. El simple rozar de sus dedos en la tela, pareció que exprimió un trapo. El agua cayó. Arrugó la nariz molesto y levantó el mentón. No podía creer que Harry —cara rajada— Potter los cachó a punto de besarse.
—Sí. La tienes —dijo con solemne cadencia. Acto seguido metió los dedos al bolsillo interior del saco y sacó su varita.
Hermione suspiró aliviada. Aún sabía qué era ese palo alargado y delgado. Con una suave sacudida, sintió que un aire cálido la golpeaba, su cabello se agitada y sus mejillas se calentaban. Y entonces, estuvo seca. Malfoy también lo estuvo. Sus labios azulados regresaron a su palidez normal. ¿Estuvo mal que se decepcionara de no poder calentarlos ella? Al menos Hermione se sintió ridícula de haberlo pensado.
Hermione y Malfoy se quedaron viendo un par de segundos a los ojos. Como si no supieran que hacer a continuación. Algo extraño los había unido, pero también algo los estaba separando. Cada uno tenía el propio curso de pensamientos al respecto.
Hermione no podía creer lo cerca que había estado de él. Lo cerca que estuvo de probar los labios que quería probar desde hace unas semanas. Y no puede creer que aquel que se llama su mejor amigo haya interrumpido el momento, aunque claro que no era su culpa. De todos modos, supone que era mejor así. Si se hubieran besado las cosas entre ellos hubieran sido… tensas por así decirlo. ¿Qué se supone que hubieran hecho después? ¿Sonreír, tomarse de la mano y caminar juntos rumbo al horizonte? ¡Por favor!
Mientras tanto, Malfoy observaba los ojos chocolates resplandecer con sentimientos que él no lograba comprender. Pero sabía una cosa. Tenía que agradecerle a Potter por haber aparecido, por lo extraño que parezca que al mismo tiempo lo odiara aún más por haberlo hecho. Pero era mejor así. Porque, la respuesta era simple. Él no se iba a conformar sólo con un beso de Granger. Y eso de que estén en la entrada principal…
Abrió los ojos con terror.
—Cita —dijo con un tono apremiante, tomando a la castaña por el codo y metiéndola a Grimmauld Place. Harry comprendió. Como esperaba, Hermione no lo hizo. No preguntó.
Decidieron llegar a San Mungo por medio de aparición. La red flu estaba fuera de la cuestión, al haberle causado un ataque de pánico hace unas semanas a Granger, así que, después de consideradamente avisarle con antemano, Malfoy los apareció a la sala de espera del doctor Brooks, con olor a antiséptico y un color cegador de un purísimo blanco.
Se sentaron. Habían treinta centímetros entre sus cuerpos. ¿Cómo era posible que él actuara con tal indiferencia después de estar a punto de besarse? Hermione no lo entendía y le ponía los pelos de punta. ¿Por qué se comportaba así con ella después de acercarse tanto, no sólo físicamente pero también del alma? Bueno, es que es obvio, Hermione, se dijo. ¿Por qué querría él besarte? Fue sólo cosa del momento, tú tenías la mano en su rostro y estábamos muy cerca, además de que hablamos de cosas sensibles. ¿Cómo podría llegar a querer a alguien que cree que está por debajo de él?
Lo que no sabía era lo equivocada que estaba.
Draco tenía la misma pregunta. En diferente orden y con otras palabras.
¿Cómo alguien tan grande como Hermione, querría a alguien tan dañado y roto como él?
Nadie en su sano juicio lo haría. Sería un desperdicio de tiempo, ¡valga la ironía!
—¿Hermione Granger? —anunció la enfermera del doctor.
Mirándose de reojo se pusieron de pie y caminaron en silencio y alejados, hasta sentarse frente al escritorio de Dr. Brooks.
—Hermione, gusto en verte; señor Malfoy —saludó el guapo hombre con cariño primero y después con formalidad.
Las cosas sucedieron algo así: el doctor hizo las preguntas de rutina, a lo que ella contestó con monosílabas, hasta que las preguntas se hicieron más amplias. ¿Cómo fue el ataque de pánico? ¿Cuánto tardaron en hacer efecto las medicina? ¿Cuál fue la última laguna que tienes? ¿De escala del uno al diez, cómo fue el dolor de cabeza? Y por qué no, la cereza del pastel: Draco sacó la varita de Hermione del fondo de su saco.
David Brooks la contempló en silencio.
Nadie dijo nada por lo que pareció ser cinco minutos.
—Bueno, esto cambian las cosas, ¿no lo creen? —musitó mientras anotaba algo.
Hermione se preguntaba si en algún momento le dejaría ver esas notas. Desde la primera vez que había ido, y no podía creer que lo recordara tan bien, había tenido muchísima curiosidad por lo que él escribía de ella. Cuando sus respuestas eran cortas, las anotaciones eran largas. ¿Qué mas añadía?
—Hermione, necesito que me escuches muy bien, y necesito que el señor Malfoy lo recuerde —Brooks cruzó los brazos sobre el escritorio y se acercó a ellos.
Hizo una pausa.
—Ya no tienes tu varita. Eso no significa que ya no tengas magia. Ahora es como cuando tenías nueve años. Puedes llegar a tener manifestaciones sin necesidad de la varita. Pero ya no será lo mismo. En un caso como el tuyo es extremadamente peligroso. Cuando hacemos magia, ésta surge de aquí —se señaló el corazón— y aquí —ahora la cabeza—. Y requiere mucha de nuestra energía. Si tú tuvieras una manifestación muy grande de magia, lo más probable es que tu cerebro decida "cuidarse". Así que digamos… se apagaría unos momentos. Como si te desmayaras y despertaras unos minutos después. El problema… es que en esos minutos… podrías perder toda la memoria.
Guardó silencio. Hermione sintió un ardor cubrir sus ojos pero no iba a llorar. Ya había aceptado aquel hecho.
Draco tenía otro pensamientos, como era usual.
—¿Cómo podemos evitar las manifestaciones? —inquirió.
Brooks asintió.
—Bueno, sabemos qué es lo que hace que haya manifestaciones: los enojos, la extrema tristeza o encontrarse en una situación de extremo peligro. En cualquier caso, no hay medicina que evite las manifestaciones. Lo único que recomiendo es que no se exponga a situaciones como estas.
Hermione no dijo mucho después. ¡Que fácil sonaba aquello! No te expongas a situaciones así. Bien fácil lo ponen. Ajá, cómo no. ¿Cómo le dices a una personas, más a una chica, que no se ponga triste o se enoje? ¡Es como decirle a un manzano que no dé manzanas! Lo de las situaciones de peligro estaban fuera de la cuestión, prácticamente no salía de casa, y si lo hacía, no estaba sola.
De nuevo Malfoy le avisó cuando hicieron una aparición conjunta. Llegaron silentes al pasillo de Grimmauld Place. Draco quería decirle algo. Sabía lo que estaba pensando, eso era algo que no podía controlar.
Abrió la boca y estaba a punto de decirle…
—¡Hermione! —una fiera de cabello rojizo salió de la puerta de la sala y se abalanzó sobre su Hermione. Oh por Merlín. ¿A caso acababa de decir…?
—Ginny —saludó la castaña con una amplia sonrisa, aunque la alegría no llegaba a sus ojos—. ¿Qué estás haciendo aquí?
—Bueno, esa es una buena forma de dar la bienvenida.
—No me refería a eso. Quiero decir…
—Sé lo que quieres decir.
Se separo del abrazo con una bellísima sonrisa y le tomó la mano.
Había problemas, Hermione lo sabía. Aquella mirada sólo podía significar problemas. Para ella. Ginny tramaba algo.
Se giró para enfrentar al hurón platinado.
—Lo siento, Malfoy, pero he de pedirte que te retires… por una semana —sonrió como si nada—. Esta semana, será semana de chicas.
Malfoy levantó una ceja con escepticismo, totalmente sorprendido. Ya había durado una semana separado de Granger, y fue porque se pelearon. ¿Ahora esa era la tonta excusa que los volvería a separar por otra semana?
—Creí que eso era cosa de un día —dijo más duro de lo que pretendía, cruzándose de brazos.
Weasley dejó los ojos en blanco como solo ella sabía hacerlo.
—No con nosotras. Será nuestra semana. Ahora vete, ya verás que valdrá la pena cuando vengas por ella el sábado para el baile.
Ooohhh… Ahora cobraba sentido la semana.
Asintió con caballerosidad, casi como si fuera un Lord de 1800s. Después preguntó por Potter y le dijo lo que sucedió en la cita con Brooks, así al menos él cuidaría de que Weasley no lleve a Hermione a esos extremos o que cualquier otra persona lo haga. No podía creer que estuvo a punto de besarla aquel día. A punto de, tan cerca. Y fueron interrumpidos. Después iba a decir algo de lo que se iba a arrepentir, y volvieron a interrumpirlos. Tal vez era una señal. Merlín tal vez no quería verlos tan cerca, tal vez.
Hermione lo vio irse. Había dejado de llover y salió por la puerta principal, diciéndole un apenas audible "adiós". Algo decepcionada giró su rostro para ver a Ginny. Tenía una amplia sonrisa. Sus ojos brillaban.
Y por alguna razón, la mirada que Ginny le dedicaba la asustaba mucho más que pensar que casi (¡casi!) besaba a Malfoy.
Gracias por leer ;)
N/A: perdón por no haber publicado la semana pasada! Lo que pasó es que mi compu se echó a perder! La llevé a que la reparaban y me dijeron que me la daban el viernes en la mañana y yo: perfecto, escribo rápido el capítulo y ya quedó! Pero nooooo, fui a recogerla pero no estaba, y me la entregaron hasta este lunes. De todos modos, reitero como siempre que no abandonaré la historia, tengo el final tan perfecto en mi cabeza que no quiero dejar de publicarlo! Hahaha
Ahora bien, tanto tiempo sin compu me dio mucha oportunidad para leer muchísimo (las que me tienen en Face se habrán dado cuenta, porque se subían mis actualizaciones de goodreads) pero entonces, encontré un libro que a varias les ha de gustar: Fangirl de Rowell. Es, literal, la vida de una fanática de una parodia de Harry Potter que lee y escribe fanfiction! Ahahhaha la que no se sienta identificada con ese libro, no sé… el punto es que cuando lo leí me acordé de todos ustedes y tenía que recomendárselos. No es una obra de arte, pero es bueno!
Lovemexem: muchísimas gracias por tus palabras, en serio, me llegaron al alma. Fue muy bonito, gracias! y qué bueno que te gustó el capítulo y la enseñanza que dejo, y muchas gracias por comentar! besos, xoxox
PinknOz95: te juro muero por ver qué pasa cuando Hermione y Rosie lleguen a casa de los Malfoy! OMG! hahah y bueno, aún te digo que falta poco para es beso tan ansiado, te juro que falta poco, pero tiene que ser algo grande y no cosa del momento, espero que entiendas y que no te haya defraudado mucho hahahha muchísimas gracias por comentar, besos, xxoxox
Bliu Liz: en serio? wow, me siento especial de que releas los capítulos, muchas gracias! y bueno, no es por presumir ni nada, pero me costó trabajo ese capítulo y toda la enseñanza, me alegra saber que logré mi propósito! muchas gracias por comentar! besos, xoxox
Zharytha: muchas gracias por el apoyo y comentar! besos, xoxox
