Capítulo Undécimo: Ser fuerte.
-Agua…
-Agua…
-Calor…
-No, no primero Agua.
Palabras en forma de susurros iban rompiendo el silencio sepulcral del bosque. Haruka fue rezando, o escupiendo esas palabras mientras caminaba cada vez más lento. El frío le iba entumeciendo el cuerpo, una pequeña escarcha se fue acumulando en las puntas de sus cabellos y en su ropa. Se abrazo y fricciono su piel con sus manos intentando así entrar en calor, su mente sabia que con eso no iba a lograr casi nada, sin embargo continuaba susurrando y friccionando su cuerpo mientras ordenaba a sus piernas seguir caminando.
Vamos, recuerda que debía de hacer según Leonidas- dejo de friccionar para golpearse las mejillas esperando así reaccionar y recordar las palabras de la pareja de su madre- Primero que nada cierra los ojos, segundo escucha todos los sonidos hasta el más mínimo, el oído puede sentir muchos sonidos si uno se concentra-
Respiró con lentitud, cerrando los ojos y por fin pudo calmarse, se olvido del frío, del hambre, y de la sequedad en su boca. Respiraba con quietud, su corazón latía al compas del vaivén de la entrada y salida del aire por su boca. Empezó a escuchar primero el sonido de la respiración, segundo el de las aves, tercero el movimiento de los insectos y por último lo que ella necesitaba, el sonido del agua golpear con las piedras. Sonrió y abrió sus ojos con la misma lentitud, se sacó la escarcha de sus ropas, dejó de abrazarse y caminó con más decisión hacía el lugar de dónde provenía ese exquisito y milagroso sonido. Sus pasos se fueron grabando en la tierra por dónde ella pisaba.
Primero agua, segundo fuego, tercero alimento- se repitió como si tuviera miedo de olvidarse esas acciones- es fácil Haruka, y lo mejor de todo es que no tengo que cavar-
Comenzó a reírse por lo bajo al escucharse decir eso, nunca antes se había quejado de cavar era mejor que estar cantando o estudiando cosas sin sentido. Además el agua era necesaria, y las flores de su madre la necesitaban. Ahora mismo, ella tenía la respuesta a todo el predicamento: debía de sobrevivir… cómo una vez le dijo su madre:
-" Tienes que ser fuerte"- decía mientras lloraba sin cesar todos los años lo repetía de la misma forma con lagrimas en los ojos y luego de entregarle su regalo de cumpleaños-
Ahora con diez años todavía no entendía el por qué su madre sólo lloraba en su cumpleaños y no en el de su hermano. Ser fuerte, ser fuerte eso le pedía y por ende no se permitía llorar ni siquiera en los momentos más tristes. Ahora no podía derramar lágrimas ni tener miedo, tenía que ser fuerte. La niña con cabellos cortos miró sin desesperarse el agua que corría, provocando que chocará entre las piedras haciendo un sonido, el sonido que la había traido hasta ese sitio. Cayo en la tierra, en la costa, llevo sus manos y con ellas agarro una cantidad suficiente para humedecer su garganta. Se lavo la boca antes de tragar, y cuando tenía su boca sin sensación de sequedad trago poco a poco el precioso y necesario liquido. Sintió que su alma regresaba al cuerpo, tranquilidad y una mezcla de: Yo puedo seguir. Se fijo en el reflejo de su rostro:
-A quién soy parecida?- se acaricio con las yemas de los dedos mientras unas gotas iban cayendo de dónde habían venido-
Golpeo con su puño el reflejo y se volvió a mojar el rostro mientras intentaba taparse con su flequillo ese rostro que para ella le era desconocido. Sus ojos verdes comenzaron a intentar visualizar su alrededor, había una gran cantidad de piedras sin embargo ella sólo tenía en su conocimiento el cómo prender fuego, pero nunca lo había practicado. Se llevo ambas manos en su cabeza para acariciarla, sentía frustración peor que cuando una tormenta de arena la tragaba entre sus millones de partículas.
-Agua… hecho- repitió con la excusa de mantener su mente ocupada- comida… fuego…
Se paró de golpe, para empezar a poner en práctica lo que había leído en ese libro de aventura. Sí estaba en un libro significaba que era verdad, como decía su madre: Hay una cierta veracidad en los relatos. Por vez primera sonrió en ese día, miró al cielo y descubrió unas hermosas estrellas, sí los cielos son iguales en todos lados significa que uno puede sobrevivir. Fue su último pensamiento, su cuerpo dejo de temblar y sus manos comenzaron a buscar las piedras que le serían de utilidad.
La primer noche no logró su cometido, sólo pudo encontrar un sitió que le brindo protección del frio y que gracias a la manta que tenía concilio el sueño como pudo. El frío ya lo había solucionado, pero otra cosa era el hambre, con su panza no podía llegar a un acuerdo. Logró engañarla masticando unas hojas que por suerte no eran tóxicas. Mientras las iba masticando, cerro los ojos y decidió que lo mejor sería dormir. Se tapo con la manta y con un pequeño pensamiento saco el cuchillo para colocarlo cerca de ella, por si acaso. Ella no sabía que le podía llegar a pasar durante lo que restaba de la noche.
Apenas se despertó su panza le hizo recordar lo primero que debía de hacer como de suma importancia. Se levantó con desgaste, su cuerpo al principio no le respondió pero luego bajo las exigencias de su estomago logró caminar hasta el lago. Sus ojos verdes se fijaron en que el paisaje cambiaba drásticamente de la noche a la mañana. Con sus manos mojo su rostro, y sonrió con lo que encontró, unos peces un poco más pequeños que los del planeta de Neptuno pero eran con la misma fisionomía.
-Por suerte me enseñaron a pescar-
Sin esperar mucho se fue sacando la ropa, dejándola a un costado sobre un tronco. Quedó en ropa interior y con mucho cuidando entro dentro del lago, al principio sintió frio, pero a los minutos logró acostumbrarse. Se quedó quieta hasta que se mimetizo con el lago, los mismos peces nadaban entre sus piernas, tranquilamente sin sentir miedo de su presencia. Cerró los ojos y de un movimiento agarró uno y lo lanzo hasta la orilla. Caminó con cuidado ya que tenia algo de miedo de la profundidad del lago. Sí Haruka le tenía miedo al lago, al mar y a cualquier lugar que el agua le llegará a tapar hasta el rostro. Cuando llego a la orilla agarró una piedra y golpeo con ella al pez que terminó de morir bajo esa acción.
Comer pescado crudo, con desesperación hasta el punto de casi querer devolverlo. Para ella era la primera vez que sentía este tipo de desesperación, trago sin masticarlo, sin sentir ese aroma que le invadía todas las noches en el reino de Neptuno, bueno el olor al puerto como la princesita molesta le decía. Cómo era su nombre? Haruka tiró los restos del pescado para limpiarse con el brazo los labios
-Michiru- susurro ese nombre pero no le sonaba lindo como decían las demás personas que conoció en ese reino- Sí me vieras pequeña molestia en estos momentos dirías: ERES UN SALVAJE, LIMPIATE CON LA SERVILLETA!
Haruka comenzó a reírse, mientras unas lágrimas caían de sus ojos.
-Dime por qué Madre… siento que mi cuerpo no me responde es cómo que la misma diosa me ha abandonado- se paso la mano con la que había comido por los cabellos haciendo que estos se peinaran para atrás logrando que su frente se viera- Estoy cansada… y sólo ha pasado un día-
Se levanto con parsimonia y de nuevo se repitió mientras veía su mano
-Tú puedes… esto no es nada comparándolo con el desierto- cerró su mano formando un puño con decisión- ahora necesito fuego... porque no voy a comer pescado crudo siempre.
Esos libros que su madre le hacía leer en estos momentos le encontraban una gran utilidad. Esas tardes que ella debía de mantenerse quieta con un libro sobre su regazo y escuchar el cómo su maestra le daba lecciones a un grupo de niños. Ella no era de los que se sentaban a escuchar con admiración y deseo la lección sino todo lo contrario era mandada y se le exigía que por lo menos prestara atención y no sólo pensará en el recreo o escaparse de las clases de la maestra. Pero, ahora mismo lo que había leído bajo reclamaciones de todos los mayores le estaba sirviendo. Y gracias a eso pudo sobrevivir esos días hasta llegar nuevamente a la cabaña, apenas piso el territorio sintió el peso extra de un cuerpo pesado y unos gritos para nada amables.
-DOS SEMANAS! Tardaste dos SEMANAS!- su maestro agarró un tronco de un árbol y de la nada se lo lanzó a la pequeña sin importarle que saliera herida o no- Creo que le tendré que decir a la Dama de Urano que no eres apto, que no vales la pena para merecer aunque sea la mínima posibilidad competir por el título de Sailor Urano.
El tronco terminó golpeándole por el estomago y el peso del mismo provocó que Haruka terminará en el piso sin ningún daño, por suerte pero si su estado emocional estaba alterado por la sorpresa que se llevo. Y además el saber que habían pasado catorce días desde la ultima vez que había estado en ese sitio. Con todas sus fuerzas aparto el tronco y se levantó. Cerró los puños y se colocó en posición de defensa, sin embargo eso no le funciono su tutor la golpeo en el estomago logrando que se volviera a desmayar. El no había desacelerado el golpe por ningún motivo, respetaba la decisión de la Dama por ende iba a seguir siendo rudo y estricto hasta el punto de no importarle ser un completo demonio.
Haruka volvió a despertarse en un lugar desconocido y de nuevo tuvo que volver a pensar que debía de hacer para sobrevivir. Lo que no sabia su maestro es que ella estaba más decidida a conseguir salir victoriosa. Apretó los puños y abrió su mochila para encontrarse con todas las cosas, hasta las piedras que usaba para prender las fogatas. Suspiró para emprender el camino hasta el lago, su escondite. Desde ese momento sabía que no podía dejarse vencer, debía de ser más astuta que su maestro y aprender a vencerlo… tanto con inteligencia como con habilidades.
Lleno su mochila con piedras y emprendió su viaje. Desde ese instante se iba a entrenar y mejorar. Total los mejores guerreros no bajan los brazos, una vez había escuchado decir.
Lo se es corto... pero no sabía que escribir :) tengo las ideas en la cabeza pero me cuesta llegar a ellas.
Perdón y espero que me sigan leyendo prometo publicar en poco tiempo.
Entropia
